Desliz
I
Siente un ardor en su garganta. Un mal sabor de boca. Algo asqueroso que pocas veces a sentido tal sensación horrible. Como pequeñas pero dolorosas agujas clavadas sin compasión en su garganta. Con la intención de molestarlo por bastante tiempo. Y las cosas no podrían ser peor para él quien poco a poco abre sus párpados, dejando que la muy poca iluminación de la opaca habitación abra pasos a los orbes zafiros de sus ojos. Y una fuerte oleada de confusión arrasa sin aviso.
Está encima de algo, o mejor dicho alguien quien tiene el torso desnudo. Y a la tan poca iluminación se le hace imposible saber quien rayos es. Al parecer esta recostado en su pecho, y uno de sus brazos le rodea sus espectorales al supuesto desconocido. Esté mismo mantiene un agarre en su cintura. Además que creé que el lugar donde está es totalmente desconocido. Por no decir quizás, peligroso.
Él no debe estar ahí, oh vaya que no.
"¿Dónde carajos estoy?" Pensó el de cabellos oscuros empezando alertarse y sospechar de su actual situación. Realmente quiere desaparecer de ahí.
Mordió su labio inferior con furia y desesperación. Deseando de verdad desaparecer de ahí. Un dolor insoportable invadió su cabeza. Una terrible jaqueca. Superando ya, el apenas perceptible asco en su garganta. Se fue levantando, apenas sentado. Intentando no moverse mucho. Maldiciendo en su mente el no poder recordar absolutamente nada de la noche anterior. Odiar se por si cometió algo imperdonable. Cosa que ya empezaba hacer puesto el hombre acostado a su lado no le daba buena espina para nada.
"Mierda,mierda,mierda,mierda,mierda,mierda,mierda,y más mierda..." decía entre pensamientos confusos y tediosos.
¿Había algo que podía empeorar su terrible dolor en la cabeza? Pues tal parece que la respuesta es un rotundo y espeluznante sí.
Oh Joder, que maldito dolor de caderas, piernas y culo está sufriendo el joven de hermosos orbes zafiros. Y en especial por esa zona que abarca toda su retaguardia. Había dejado salir intencionalmente un ahogado grito de puro dolor que no quería dejar escapar. Algo sumamente molestoso y horrible.
Y cada vez más sus sospechas de lo que estaba sucediendo aumentaban. O de lo que había sucedido. Maldita sea, juraba querer derrumbarse ahí mismo y no salir jamás al mundo exterior por bastante tiempo canalizando su gran irá y dolor. Más emocional que físico. Quería matarse ahí mismo. Pero su parte cuerda le decía que no arreglaría absolutamente nada con eso. Y volver a dormir para huir de la terrible realidad es algo muy tentador. Además que no sabía exactamente que hacer. Ni siquiera sabía con quien carajo se había acostado. Jamás espero perder su virginidad de ésa manera. A sus 22 años con alguien que habrá aprovechado su estado para sucumbir lo a donde esta ahora. ¡Y para peor, él fue quien hizo el rol de recibir! ¡La perra en cuatro!
Todavía quería creer que eso era una pesadilla o que en verdad no habían llegado tan lejos... Aunque el dolor en su probablemente desvirginado culo era insoportable. Parecía que no podía ni moverse. Entonces la habrán dado muy fuerte la noche anterior. Y no quería ni imaginárselo.
Se quitó con cuidado las sábanas. Para comprobar que estaba completamente desnudo haciéndolo querer huir de ahí ya. Y también por curiosidad aunque con nervios, destapó al hombre a su lado quien igual estaba desnudo, ambos como Dios les trago al mundo. Los colores le subieron al ver el miembro reproductor a otro hombre. Estando flácida la causaba escalofríos, no quería ni imaginar cuando estuviese despierta, erecta.
"¿Esa cosa entró en mi...?" Pensó tragando saliva con horror y asco.
De pronto sintió algo raro e inexplicable en ése momento por su parte baja. Con ayuda de su mano reviso casi a oscuras (aunque juraba que ya era de día) su entrada. Y para su enorme desgracia, había algo viscoso, pegajoso y tibio saliendo de su entrada. Y parecía ser bastante aunque también algo seco. Se sentía bastante extraño. Pero no hacía falta profundizar con más detalle lo que es.
Intentó pensar en bastantes cosas en ése momento. Varias formar de desaparecer. Pero Joder, le es difícil pensar con claridad y razonamiento cuando el maldito dolor de cabeza es uno de sus mayores problemas. Pero nada comparado con el dolor del trasero.
Aunque quería huir de ahí lo más rápido posible, necesitaba sacarse de sus dudas. Y la única persona que ha de sacarlo de la duda es aquel hombre con él que parece se acostó.
Pero por el momento sólo quería vestirse. Cubrir su desnudez por lo menos para luego pensar con un poco más de tranquilidad sin mencionar que le hacía falta unas buenas pastillas para el dolor y sacar ése asqueroso sabor de su boca.
Intentó sentarse en la recamara con los pies fuera del colchón pero tan sólo el simple movimiento y embrocarse le dolía hasta el punto de soltar un fuerte quejido. Así que volvió a recostarse en su lugar mirando con énfasis aquel hombre a lado suyo que seguía dormido como un oso invernando. Lo miró de cerca. Por la poco iluminación que había en el lugar, le era difícil averiguarlo.
Y de alguna forma lo detestaba. Sea o no un desconocido, lo detestaba por lo que le había hecho. Un rencor que empezaba a crecer. Observó como el hombre de cabellos revueltos se movía un poco. Dando señales de que despertaría. Y no sabía que hacer. Una clase de nervios y miedo le invadió, no queriendo hablar con él tan rápido. Y que lo vea en ése estado.
Por sobrevivencia se recostó de nuevo tapando a ambos con la sábana y fingiendo dormir. Intentando calmarse para no ser descubierto. Volteando su cuerpo para no quedar a cara con él.
II
Ya no sentía esa sensación, ése cálido cuerpo a lado suyo. Ni la respiración por su pecho. Ya no estaba tan cómodo como antes. Se removió un poco intranquilo, abriendo sus ojos para encontrar a la persona en otra posición. Juraba haberlo escuchado hace unos instantes soltar toda clase de quejidos .
Lo abrazo por detrás y rodeó su cuerpo con sus piernas de manera posesiva. Su rostro cerca del ajeno. Y sus brazos rodeando la cintura hasta su vientre.
"Tan suave y cálido" piensa el mayor volviendo a cerrar sus párpados. No queriendo despertar jamás de lo cómodo que está. Tiene cosas que hacer pero por el momento sólo quiere descansar en esa gran comodidad de tener un cuerpo como ése entre sus brazos.
Vaya que el periodista la había sorprendido la noche interior en aquel bar. No tiene buena resistencia con el alcohol y quizás si se había aprovechado de su estado de ebriedad. Pero por otro lado le había fascinado. Mucho más. Es decir, pasó un momento único e inolvidable en su vida, algo especial y quería repetirlo.
Quería tenerlo sólo para él.
Aquella noche la recordaba bastante bien, todo lo opuesto a quizás su compañero. Había sido una noche tranquila y monótona como todas las demás o eso parecía ser. Había ido a beber un poco y divertirse con un juego de barajas después de haber hecho un trabajo y cobrarlo. Eran apenas las ocho de la noche. Muy temprano.
Por casualidad aunque para él fue obra del destino, en el juego de barajas se encontró con un hombre que decía ser periodista. Kudo Shinichi. Al principio fue un pequeño interés, él es muy bueno (demasiado para ser tan siquiera su primera vez) en el juego de mesa hasta empatarlo. La noche de barajas por primera vez en varios años le había sido muy interesante y divertida con él. Luego hablaron un poco. Conocerse un poco más. Cosas básicas y no tan privadas.
Le había retado a Kudo a tomar y aunque esté no quería en un principio mencionando que jamás había tomado, al final accedió por unos retos. Y parecía que Shinichi era el único en ése lugar que no tenía ni idea de con quién estaba tratando. Trayendo puesto su elegante y oscuro traje con copa y monóculo.
Y ahora que se lo preguntaba... ¿Cómo había hecho el periodista para entrar a dicho lugar? No a cualquiera le permiten el acceso. En fin.
Al dar las nueve de la noche, iniciaron su pequeño juego para conocerse. Aunque ciertamente Kudo se veía desconfiado, poco a poco empezó a abrirse con él. El mini juego consistía en lanzarse preguntas de cualquier tipo, y si el contrario no se animaba a contestarlas su castigo sería tomar un vaso entero lleno de cerveza. Al cuarto vaso de cerveza que ingirió Kudo empezaba a actuar de una manera que parece no ser habitual en él. Prácticamente estaba dejando de ser sobrio. Siendo más efectivo en contestar preguntas un tanto íntimas y dejarse tocar por el mayor. Aunque sólo fueran unas palmadas y caricias en las espalda y cintura, mucho después eso subió de tono.
"¿Y como es que te llamas?" Le había preguntado Shinichi casi al final. Entablando un ambiente un poco denso. Haciendo al otro preguntarse como es posible que no lo haya reconocido por su llamativo traje y su aura oscura.
El hombre de monóculo sonrió divertido. Encantado y confiado.
"Llámame Kaito Kid. Un placer. "
"Uhm... creo que he oído de tí... o tal vez no, Hehe fue divertido charlar contigo." Admitió el de orbes zafiros con una risa un poco tímida. Se sentía extraño. Como en un sueño, sentía ser ligero y poder flotar. Con un exceso de confianza en hacer lo que se le viniera en gana y sin preocupación alguna. Sin temer en esos instantes a las consecuencias de sus actos.
No pensaba mucho las cosas que sucedían. Una sensación extraña y ligero mareo. Aunque muy en el fondo la necesidad de querer irse a dormir. Pero de alguna manera se sentía cómodo hablando con aquel hombre de hipnotizantes ojos ambarinos. Una color naranjizo amarillento fuerte rozando un rojo ardiente pero sangriento. Digamos que su gran cercanía y aparte de estár en ése estado sigue siendo bastante observador. Además que el mayor le permitía tales observamientos.
"Lo mismo digo. " contestó Kid con una sonrisa socorrona. Bastante animado a decir verdad. Pensando en que había experimentado por primera vez una increíble serendepia.
Y no se arrepentía nada de aquello.
"Creo que ya es tarde. Debería irme..." opinó el llamado periodista. Sólo un leve agotamiento en sus ojos. Más preocupado en como llegar a casa en dicho estado que en dormir en paz.
Aquel comentario alertó a su acompañante quien de inmediato borró su sonrisa formando una mueca preocupante y decepcionante.
No sabia por que pero... Kaito Kid no quería que se fuera.
"Oh supongo que si. Pero antes, una ultima pregunta" dijo esbozando una sonrisa natural y des preocupante, invitándole otro trago de cerveza a Shinichi quién no se negó y acepto gustoso (aunque prácticamente sin sus cincos sentidos alertas) esbozando una dulce y sincera sonrisa.
¿Cuánto ha pasado desde que alguien le regaló ésa clase de sonrisas tan hermosas que hacen un remolino en su corazón y mente? Sin duda las emociones que vivía en ese instante eran nuevas, desconocidas pero extrañamente agradables como dolorosas. Y también han sido tan pocos que hasta puede contarlos con una sola mano aquellas personas que le han regalado sonrisas sinceras, sin engaños.
Parece que aquel joven recién graduado de la universidad (según le había contado hace minutos) es el único que puede causarle dichas sensaciones.
Tal vez después mande a uno de sus hombres expertos en eso a que investigue al individuo mucho más a fondo. Aunque él pueda hacerlo, quizás luego se ocupe en cosas de su trabajo o... En cosas especiales como aquel joven, Kudo Shinichi.
"Di" respondió Kudo encogido de hombros pero sonriendo interesado. Jugando un poco con sus dedos y moviendo sus piernas.
Kaito pensó que se comportaba por unos leves instantes en un niño. Un tierno niño que ha caído en manos de alguien como él, un pequeño cuervo que aún no sabe volar y él lo guiará. Pero protegería de otros peligros... Incluso cuando muy probablemente Kid es el peor.
"¿Desearías besarme?" Preguntó con inocencia, cuando claramente su intención había sido otra.
Kudo hizo una expresión que le pareció graciosa. Y linda, demonios, sobre todo linda. El de cabellos oscuros con orbes zafiros mostró confusión para después de procesar por completo la pregunta y pensarlo un poco, teñirse sus mejillas de un adorable rubor. Hasta se podrían escuchar los acelerados y fuertes latidos de su puro y misterioso corazón.
"Ehm, pues y-yo no sé..." dijo nervioso y formando un puchero mientras sus ojos reflejaban una decepción por no saber que decir. "Es q-que apenas te conozco y-y, seria descortés hacerlo Hehe..." río nervioso y aun con sus mejillas sonrosadas. Pero sus ojos aún mantenían la mirada con el mayor.
Y eso le agradaba a Kaito.
"Moh, ¿Es que no te parezco atractivo y maravilloso?" Insinuó fingiendo dolor, formando un puchero. Su actitud le resultaba encantadora y divertida al periodista quien soltó una suave carcajada que sacudió a Kid.
Esas risas son su perdición.
"Bueno, si me pareces alguien genial y... Eres muy atractivo. Eres un buen partido. " alago el más joven de los dos sincero.
"Gracias, soy el mejor. " dijo en tono bromista causando otra sonrisa en el menor. Sus ojos se achinaron dando el aura de una persona pura, alegre y adorable.
Luego un silencio invadió el ambiente. Insólito. Ni incómodo ni cómodo. Sólo neutral pero nada molestoso.
Shinichi miró su reloj de manecilla en su muñeca izquierda. Abriendo sus ojos por la sorpresa, mordiendo su labio inferior un poco preocupado. Cada detalle de ésto no pasaban por alto para su acompañante. Quién no paraba de sonreír tétricamente.
"En serio debo irme. Ya es tarde. " avisó con amabilidad. Le gustaría quedarse un poco mas de tiempo pero en verdad debía irse.
Se puso de pie y dio algunos pasos, tambaleándose, casi cayéndose por sus propios torpes pasos. Y digo casi por que alguien con buenos reflejos le tomó de la cintura.
"Oh gracias."
"¿Crees poder llegar hasta tu casa?"
"Mmmm... No, pero, ¿Me llevarías? ¡Por favor! ¡Te lo pagare luego!" Dijo apresurado e insistente. Sin tomar en cuenta que el mayor aún mantenía el agarre con fuerza. Sus ojos suplicantes. Se veía tan deseable.
"Ya que has alegrado mi noche, te llevaré en mi auto. ¿Qué dices?"
"¡Muchas gracias!"
Kid llevó al joven adulto de veintidós años a fuera del bar, sujetándolo con firmeza pero a la vez con delicadeza. Como si fuese la más valiosa y bella joya del mundo, la misma Pandora en sus manos incluso aunque ya la tenga. De hecho, considera que Shinichi es ésa hermosa joya.
Al llegar a fuera, entraron al vehículo en la parte trasera. Kid le dio las indicaciones al chófer para que manejará.
Shinichi habló con el mayor de cosas triviales y sin importancias. Anécdotas graciosas e interesantes, riéndose por casi cualquier cosa. Sin tener noción del tiempo, sin darse cuenta que no le había dado su dirección de casa y lo estaba llevando a quien sabe que lugar. Y por accidente, sintiéndose en mucha confianza con Kaito revelando en susurrós su identidad.
"¿Tú eres Conan Edogawa?" Dijo extrañado pero sin quitar su sonrisa que ocultaba muchas cosas. Kid había escuchado muchos rumores sobre un detective muy famoso que andaba en al anonimato con el nombre de Conan Edogawa. Dicen que sólo un policía le ha visto el rostro. Un inspector.
"Shh, es un secreto." Dijo divertido y relajado.
"Vaya que cada vez me sorprendes más. " agregó Kaito. Le creía, por supuesto que le creía y además él sabe que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad.
Otro breve silencio invadió el lugar. Está vez el ambiente se ponía caliente.
Kaito sintió los labios del contrario contra los suyos. Kudo sentado en su regazo y con sus piernas a los costados de la cintura del mayor. Y los brazos del detective rodeando su cuello. ¿Le había sorprendido? Claro que sí pero también le fascinó el momento. El beso era inocente, torpe pero agradable. Quizás el primer beso del joven Kudo, y éso sólo le calentaba más.
"¿Puedo besarte?" Preguntó al terminar el beso, tímido y con sus mejillas calientes. Una vista totalmente adorable.
"Hahaha, pero si ya lo hiciste mi querido detective." Dijo divertido mientras le daba un apretón en esas adorables y suaves mejillas coloridas. Para después continuar su labor de seguir besándolo con pasión.
Kaito rodeó su cintura en busca de tenerlo más cerca. Lamió los suaves y tibios labios de Shinichi quién por accidente los abrió avergonzado, Kid aprovechó e introdujo su lengua para hacer más lujurioso el beso.
Una batalla de lenguas en busca de sólo más contacto, de compartir sus saliva y un deseo frenético de poseer a la otra.
El aire empezaba a escasear en especial para él detective quien tuvo que separarse en busca de oxígeno y después de un rato ser atacado de nuevo por los fieros y seductores labios del mayor.
Kaito subió sus manos, dando unos apretones y caricias en las curvas de Shinichi y subir hasta su espalda. Causando que Kudo soltará suspiros satisfactorios pero a la vez se pusiera por primera vez alerta desde que bebió.
"De-Detente..." dijo entre jadeos intentando separase del cuerpo mayor siendo algo inútil. Un hilo de saliva desprendía de sus labios uniéndolos con los de Kid.
"¿Detenerme? Pero si eres tú el que quieres más." Dijo con malicia y deseo. Empujándolo hacia él en esa posición, para a traerlo a su cuerpo.
Como respuesta soltó un jadeo indeciso, confundido.
Shinichi no sabía por qué hacia eso. Sólo tal vez el deseo de sentirse así, bien, que le brinden caricias y calentar a alguien tan atractivo como Kaito. Y vaya que lo estaba haciendo. Podía sentir en sus muslo un bulto formarse en los pantalones ajenos. Pero... ¿Por qué exactamente Kaito? No tenía ni idea. Sólo un extraño impulso a dejar de seguir las leyes, la cordura.
De un momento a otro salieron del auto. Y al parecer estaba lloviendo.
Kaito cargaba a Shinichi quién rodeaba con sus piernas la cintura del mayor. Escuchando como Kid le daba unas indicaciones al conductor y se instalaba dentro de una morada. Las frías e imparables gotas de lluvia mojando sus cuerpos cubiertos por su ropa pero sólo por unos momentos y en realidad parece no molestar a ninguno de los dos.
"¿Dónde estamos?" Se atrevió a preguntar al fin.
"¿Uhm? Es mi mansión. Aquí pasarás la noche." Respondió como si nada el hombre sujetándolo con firmeza y teniendo cuidado.
"Oh, no es necesario que te tome esas molestias." Dijo sin molestarle que vaya a dormir con un hombre que apenas lleva pocas horas de conocerle y que posiblemente puede hacerle daño. Lo único que pasaba por su mente era lo generoso que es Kaito Kid por el detalle de alojarlo en su casa.
Y de reojo observaba la enorme y lujosa mansión. Que parece estar protegida por sistemas de seguridad, tipo la casa blanca o mucho mejor .
"No es ninguna molestia."
"Es muy grande y bonita." Dijo soltando un suspiro. Sintiendo la respiración de Kid por su cuello. Tan calmada pero a la vez estremecedora.
"Me alegro que te guste..."
Entraron a la casa, hasta llegar a la habitación. Donde Kid depósito cuidadosamente el cuerpo menor en la gran cama matrimonial y a su vez, acercarse a esté. Para proseguir a despojar lo de sus ropas.
"Kuroba Kaito por cierto. Y espero escuchar mi nombre durante la noche." Dijo con una sonrisa maliciosa, atrevida y seductora. Quitándose el monóculo y su sombrero de copa para dejarlos en una mesa de noche cerca de ahí.
"¿Qué vas a...?"
"Confía en mí, te va a gustar. Así calentaremos nuestros cuerpos mejor".
Fueron sus últimas palabras antes de proseguir a fundirse el uno al otro. Lo recordaba perfectamente. Cada gesto, cada suspiro y gemido de placer que lanzaba Shinichi durante su unión. Marcar toda esa blanquecina piel, lamer cada rincón y penetrar aquel hueco por sus glúteos. No sabe si había sido sexo o hacer el amor. Pero estaba seguro que le ha encantado.
Hasta podría a volver a calentarse si seguía pensando en esas cosas. Y la única forma de saber si aquel desliz fue sólo sexo o en verdad hacer el amor, será con lo que sintió Kudo. Sí el igual sintió algo más en todo ése placer. Y para saber la respuesta debe... Esperar a que despertará.
III
"¿Entonces no recuerdas nada?" Preguntó Kuroba con curiosidad.
Hace unos cinco minutos que el de cabellos oscuros se había dignado a despertar por el rugido de su estómago. Si, al parecer no sólo era su dolor en su jodido culo, la intensa migraña en la cabeza y el sabor asqueroso en su garganta. También es el hambre. Tiene mucha hambre. Y su estómago lo delató sin vergüenza alguna por lo que al final no le quedó más opción que levantarse con timidez.
Hablaron un poco llegando a la conclusión que aquella inolvidable y sensacional noche ha sido por completo olvidada para el de ojos azules. Lo único que recuerda Kudo es la parte donde se hacían preguntas de cualquier tipo y por cada pregunta que no se quisiera contestar debería beber una vaso entero de cerveza. Lo demás es por completo borroso, en negro. Cada vez que intenta no recuerda nada y le duele intensamente esa parte de su cabeza. Por lo que piensa que debía esperar para que el dolor se fuera y su mente estuviera más fresca. Aunque ya empezaba a tener vergüenza de imaginar lo que había hecho.
Pero sencillamente no quería saberlo, ni escucharlo. Nunca en su vida le había repudiado saber la verdad detrás de algo.
Al quedarse callado y con la mirada abajo, intrigada, Kaito decidió continuar. Él no se sorprendía que Kudo no pudiera recordar lo de la noche anterior, sin duda no le daba aguante al alcohol. Y ése detalle le parecía tan puro. Aunque Shinichi ya no fuese puro en ése sentido de la palabra, tiene algo que a Kaito simplemente le daba por tirarse lo en cada rincón del mundo. Y quizás sólo fuese el deseo sexual o tal vez, algo mucho más profundo y duradero.
Kuroba estaba decepcionado sin duda. Él ya se había previsto que el detective no recordará nada, al menos no por un buen tiempo. Y éso mismo le decepciona. Que Shinichi no tuviera memoria de aquello tan fascinante, exótico y especial de aquella noche 21 de junio. Y agrego, que el día anterior fue su cumpleaños. Y digamos que fue el mejor desde hace varios años. Kudo le había hecho ése día único y especial. Siendo algo mucho más que cualquier desliz de alguien ebrio. Pensando que en realidad Shinichi si lo deseaba tanto como él y lo gozó incluso si hubiese estado sobrio.
"Pero por supuesto que lo deseaba." Pensó el de cabello revueltos. Convencido de lo que piensa. Formando una sonrisa risueña.
El joven detective se cubría lo más que podía con las sábanas, evitando chocar con el cuerpo ajeno desnudo y haciendo algunas muecas de dolor.
"Oye tranquilo, no es como si hubieses hecho algo grave. De hecho, hiciste algo maravilloso en la cama. Deberías sentirte orgulloso, no a cualquiera le doy mi cuerpo. Eres diferente. Eso importa, ¿No~? " dijo con sultura y diversión el mayor. Dejando en más vergüenza el detective quien quiere desfallecer ahí mismo y aparte se siente molesto por lo directo del mayor.
Sigue sin recordar alguna mierda.
A pesar de que Kaito le haya contado con lujo y detalle lo que sucedió para después haberle hecho la pregunta de "¿Entonces no recuerdas nada?" Al notar la mirada confusa y pérdida de Kudo. Y para su propia desgracia sonaba bastante sincero en su explicación.
Maldición. ¿Por qué a él?
Aunque se sorprende por el hecho de que también Kaito haya perdido su virginidad con él. El hombre parece moldeado por los mismos Dioses griegos y lleno del pecado de la lujuria. Un atractivo perfecto. Aunque su aura en su traje oscuro resalta peligro y muerte, sin aquello sólo lo varonil y apuesto que es. Como un imán de hormonas alborotadas. Y lo que le cuelga entre las piernas es sin duda uno de sus mejores factores. Algo envidiable y deseado por lo que supone, su mayoría son mujeres queriendo ser penetradas y desgarradas por eso.
Quizás ya no se arrepentía tanto del desliz... ¿¡Qué mierda piensa!? ¡Por supuesto que debe preocuparse y odiar a Kaito por lo que le hizo estando ebrio! ¡Le había jodido su vida! Adiós a llegar virgen al matrimonio.
Mierda. ¿Quién lo iba a querer después de haberse acostado con un hombre que conocío en un bar en una misma noche?
El pobre Shinichi sumido en sus pensamientos, sólo son interrumpidos por la risa divertida de Kuroba quien enfada aún más al detective.
"Sólo olvida lo que paso..." sugiere o más bien el súplica al hombre con una mirada desolada, arrepentida.
Kaito nunca odio tanto que alguien se arrepintiera de sus actos como ahora mismo lo hace. No es la primera vez que le suplican pero, siendo el detective es diferente. Completamente diferente. ¿Olvidar lo que ocurrió? Incluso intentándolo duda que se cumpla el cometido.
Él tiene ciertos instintos que lo hacen especial. Diferente a muchos. Ser impulsivo pero astuto. Quizás homicida y temperamental. Un problema de bipolaridad que hasta un crío de cinco años sabría que lo tiene. Y digamos que la necesidad de ahorcar al ser con quien se acostó surge en sus pensamientos, ya es costumbre que cuando algo le molesta, un obstáculo que impide conseguir lo que quiere sencillamente lo elimina a cualquier costo. Pero por alguna razón el pensar que Kudo ya no exista más es algo que no le gusta. Por primera vez en mucho tiempo no se atreve a eliminar algo que lo irrita, le molesta. Por que ese aquello es también lo que desea, lo que quiere. Y al parecer debe aguantar ciertas cosas del joven detective para tener lo que quiere.
¿Y qué es exactamente lo que quiere? Se pregunta Kuroba. Por que tampoco ansia insistir le a alguien que quizás no valga la pena, alguien que creé que olvidar lo de la noche anterior es lo mejor, que creé jamás debió suceder. Cuando fue él quien entregó sus labios a la disposición de los de Kaito.
Fue quién provocó al de ojos ambarinos rojizos, como si el mismo Shinichi fuese un imán del peligro trayendo así al más alto, el que muchos no desean enfrentar, Kaito Kid. Al que pocos, realmente pocos saben su verdadera identidad, convirtiendo a Shinichi en uno de éstos. Kuroba piensa que, por el momento intentará mejorar las cosas entre él y Kudo, total sigue sin recordar lo de la noche anterior. Por lo que Kuroba tiene una ventaja y es que, sabe que Shinichi es Conan Edogawa y esté no sabe que Kuroba Kaito tiene una doble identidad, siendo uno de los terroristas más buscados en el mundo, con el sobre nombre de Kaito Kid. No tiene ni idea que con el hombre con quien se acostó es el mismísimo Kid en persona.
Mientras Kaito se muestra pensativo analizando la situación, Kudo sólo atina a estar incómodo. Es ahora cuando por una parte agradece de alguna forma no ser mujer. Ya que si hubiese sido así, el esperma de Kaito en su interior hubiese creado algo mucho más conflictivo. Como un embarazo no deseado (al menos para Kudo), un vida creándose en su vientre. Agradece que los hombres no tengan ésa clase de fertilidad como en las mujeres. Y no es que deteste el procrear bebés, nada de eso. Sencillamente que la idea de haber quedado embarazado por medio de un desliz no le es agradable. Además que sería con un hombre que no tiene ni puta idea de quien es y por el momento no desea tener hijos que criar o cuidar. Todavía piensa que es joven.
Y hablando de no saber quien es... Ahora que la habitación está iluminada ya que Kaito abrió las cortinas transmitiendo que la luz se reflejará (tuvo que desviar su mirada pues el hombre nunca se puso alguna prenda de vestir) en la habitación y haciendo memoria mucho antes de la noche anterior, podía jurar que ya había visto a Kuroba por lo menos alguna vez.
Quizás en una de las ocasiones en que su trabajo de periodista le obligaba hacer entrevistas a una institución de mercado tecnia y en uno de los altos cargos se encontró a Kaito. Y aunque probablemente no cruzaron palabras si algunas miradas. Todo hasta ahi bien pero,¿Qué hacia Kuroba en un bar como ése? ¿Tan siquiera se lo encontró ahí? No recuerda nada que le sea útil.
Kudo sólo fue al bar para investigar de incógnito sobre unos casos de asesinato. Con ayuda de su amiga Haibara que le consiguió un pase para poder entrar. También recuerda el haber jugado barajas con un hombre vestido de manera sospechosa. Luego escuchar el nombre de Kaito Kid quien solamente sabe que es un criminal muy buscado. Y de ahí nada.
Y para peor, Kaito sabe que él es Conan Edogawa. La había cagado totalmente.
No volverá a tomar el resto que le quede de vida.
¿Ahora que debe hacer?
"¿Tienes hambre?" Dijo Kaito rompiendo ése ambiente denso. Kudo asintió un poco aturdido pero aliviado. Al menos (o eso creé) no se preocupará por algún chantaje conforme su identidad.
Decidido a que después de la merienda, conversara civilizada mente con Kuroba sobre lo ocurrido y que ninguno de los dos salga afectado.
"¿Me prestarías algo para limpiarme?" Pregunta el japonés avergonzado. Pero le es necesario.
"¿Limpiarte?"
"Ya sabes... Aquí..." dijo señalando su parte baja sin descubrirse con la sábana. Un tomate no podrá competir contra el color de su rostro en ése momento.
Y joder, esa mirada avergonzada y tímida sólo provocan más al "humilde" Kaito quien después de haber decidido intentar olvidar al supuesto periodista, le ofreció comida al hambriento Shinichi sabiendo el hambre que esté ha de traer.
"Oh ya... Por lo que debo traer la comida hasta acá ya que no te puedes ni levantar y dudo que quieras que te cargue, ¿cierto?"
"Por favor"
Kaito no es blando. Nunca lo fue. Pero hay algo en esa aura del de orbes zafiros que radia una fuerte necesidad en Kuroba de complacerlo en ciertas cosas por el momento.
Y hará más difícil la tarea de olvidarlo. Mucho más complicada.
Antes de haber ido por el desayuno, le dio al inválido chico el papel que tanto ha buscado y lo dejó tener su "privacidad" por unos momentos. Por alguna razón se siente orgulloso de haberle llenado de ése modo. Su esperma escurriendo en esa desvirginada entrada y deslizándose por las sábanas. Mierda, de tan sólo pensarlo podía jurar que le crecerá una erección que será difícil de controlar. Así que mejor intenta desde el principio no imaginárselo. Sino acabaría montando al indefenso detective que ya tiene suficiente con sus dolores (y lamentos).
Le prepara algo típico y rápido. Unos huevos revueltos con tocino y arroz, jugo de manzana y un pequeño racimo de uvas. También le lleva unas pastillas para el dolor de migraña.
Esperando que le agradezca tanta amabilidad por parte suya.
Quizás que se la mame. Le chupe su pene como agradecimiento. No le parece mala idea pero lo que si es realmente malo es que en pensar tales cosas en esos momentos no es de mucha ayuda. Y menos sino hay alguien que te quite lo caliente.
IV
Puede percibir claramente aquella mirada de deseo y éxtasis en su acompañante, su ahora, amante indecente. Haciéndolo sentir de una manera especial. Incitando le que se dejé llevar. Querer unirse de alguna manera con aquel hombre de hipnotizantes ojos ambarinos. Sentir su (posiblemente) duro miembro al tacto con su piel. Querer calmar aquella comezón. Sabiendo que sólo Kaito puede absorber su calentura en esos momentos. Sin saber en que demonios se está metiendo realmente. Sin importarle las consecuencias del día de mañana y que se moleste consigo mismo. Sin importarle que rompe con sus propias normas y sólo ser egoísta. Egoísta para sentir placer y sentir profundamente ése miembro adentrarse en él.
¿Le importa tan siquiera que es él quien recibe?
Sólo lo quiere a él... A Kaito.
Sólo quiere que Kaito Kid o como le dijo hace unos momentos, Kuroba Kaito le en vuelva en un manto de eterno placer. Su primera relación sexual y quiere que sea perfecta. Sólo puede desear tanto a una persona que acaba de conocer en un bar y siente que tuvieron alguna conexión profunda. Y no siendo el único en percibirla.
Sólo es el deseo que lo conduce a esa situación aunque no para de tener culpa, quiere seguir hasta al final. Sentir cada una de las marcas de Kuroba hasta dejarlo sin aliento. Que a la mañana siguiente el dolor sea tanto haciéndole recordar su amorío con el hombre. Satisfacer al otro. Unirse como si fuesen dos personas casadas y atadas al hilo rojo, ser predestinados.
Sabiendo que posiblemente olvide todas esas emociones al día siguiente. Se lo había dicho entre suspiros a Kuroba. Y aún así sólo puede esperar que suceda lo inevitable.
Ésa es su personalidad. No es ni verdadera ni falsa. Sólo una forma de liberarse y sentirse bien consigo mismo. Puede parecer una falta a su moralidad pero en verdad... Siempre ha sido así. A veces puede ser serio y amargado. Pero en ocasiones alguien apasional e infantil. En busca de placer, y ése placer sólo puede ser dado por Kaito.
"M-Mas Kaito... Dame más..." pide el de orbes zafiros entre suspiros complacidos sintiendo como su piel es marcada por el nombrado. Como con cada lámida húmeda se estremece y cae en el pecado de la lujuria, en el deseo carnal. Aunque sinceramente nunca fue creyente de esas cosas.
"Eres tan perfecto... Pareces un hermoso ángel en las manos de un demonio como yo." Dijo para succionar esos apetecibles frutos del detective. Eso botones rosados que querían atención y su lengua lo haría con gusto.
"Tú no eres un dem-demonio K-Kaito... S-Solo eres alguien especial... para mí. " dijo con dificultad pero sincero.
Kaito había pensando parar. Pensando las cosas dos veces antes de desarollarlas. Al principio dudando sí entregarse a Kudo es lo mejor. Pero las palabras del detective son un estímulo para Kaito, y su cuerpo un afrodisíaco. Algo que lo calienta de sobre manera. Además sólo es placer. Sin embargo Kaito se toma las cosas muy enserio, y ése placer es mas que un desliz.
Él también tenía la pequeña creencia de estar virgen hasta el matromino o que perder la virginidad será con la persona que amará, respetará, complacerá y le será fiel de por vida. Muchos han pensado que él es un mujeriego que se acuesta con cualquiera ya sea hombre o mujer (en especial estas) pero créanme que no hay que dejarse engañar por las apariencias.
Y si por algo hará totalmente suyo a ése hombre es por que cumplirá con ciertos requisitos. Aunque no porte ningún anillo de compromiso.
Aún.
¿Arrepentimientos? Kaito no los tiene. Se enganchó con la idea de tener el corazón, mente y cuerpo de ése detective. Marcarlo por completo. Nunca ha creído en el amor a primera vista.
"Ah, Ah... ¡Mhh! ¡Kaito! " gemía sucumbido ante el nuevo placer, como agonizando por él. Sacándolo de sus pensamientos.
El mencionado lo penetraba con la lengua. Acariciando su falo con el pre-semen y humedeciendo su estrecha entrada. La entrada al paraíso. Admirando como se retorcía. El verlo tan sumiso sólo le ponía más duro.
Olvidándose de casi todo. En un espacio donde sólo ellos dos existen. Kaito queriendo complacer a su detective con mimos. Kuroba sentía que en cualquier momento podrá romperlo y que dejé de ser puro, siendo un enorme placer.
"Shin-Chan... Si sigo con ésto no podre detenerme y podría lastimarte. Dime... ¿Quieres todo de mí? " su sonrisa es única. Maliciosa. Queriendo escuchar al menor decir su condena.
"¡Sí! ¡Ahhh~ Ahí!" Gemía más alto y sin control, sintiendo como los habilidosos dedos de Kaito ahora profanaban su entrada, llegando a rozar su próstata que quería más. Quería sentir más de ése inmenso placer. Una sensación embriagadora.
Su cara en un lienzo rojo y sus orbes plasmando su deseo. Queriendo ser penetrado. Queriendo sentirse lleno. Sentir ése expectante dolor y no olvidarlo jamás. Sucumbir ante él y darle el acceso a todo su cuerpo. Sin escuchar realmente las palabras de Kuroba.
"Aunque para eso tendrás que ser mi..." no podía creer lo que ve ante sus ojos. Como Shinichi se remueve, queriendo tener mas contacto con sus dedos. Rogando con sus ojos por mas y su lengua fuera de sus labios como un perro sediento. Por muy vulgar que sonase simplemente es la realidad. La humedad y lo apretado del ano de Kudo es agradable. Como si quisiera absorber sus dedos en busca de ése maravilloso placer. Como una gata en en celo queriendo, necesitando procrear mininos. Ésa idea es algo que remueve por completo a Kuroba.
Esto es algo mucho más que un simple gustar o enamoramiento.
A Shinichi le encanta ése sonido de como alguien se quita los pantalones y ropa interior. Dejando a flote su erecta y palpinante polla queriendo ser complacida. Sólo atina a removerse más mientras un fuerte y agradable cosquilleo invade su parte trasera. Queriendo ser atendidas ambas partes.
"Me haces perder la cabeza querido... Dime que lo quieres"
Apenas consiente (en su estado ebrio) de lo que hacía se sentó causando que los dedos humedecidos del mayor salieran de su entrada causando un bufido de molestia en el detective. Tenerlos ahí le sentaba demasiado bien.
Al quedar sentado en la orilla de la cama pudo observar con más lujo y detalle la hombría del más alto. Empezandose a preocupar y poner nervioso.
"¿E-Esa cosa tan siquiera entra en mí? " creé pensar. No es que fuese precisamente descomunal el tamaño del miembro de Kuroba, sólo más grande que el promedio y por lo tanto que la suya propia. Nunca se imaginó que le gustasen las pollas. O los hombres en sí.
Sentía una mínima atracción con su amiga de la infancia Ran, pero nada comparado con lo que siente en esos momentos.
"Hahaha claro que va entrar." Respondió haciendo saber al detective que lo pensó en voz alta, sonrojandose aún más viéndose tierno. "¿Te da miedo?" Dijo con burla irritando al más bajo quien forma una mueca graciosa.
Siente el miembro del mayor contra su mejilla. Ya que esté se haya parado y debido a la posición le da una buena vista de lo que le viene. Nunca se imaginó tener pensamientos tan indecentes, sucios. Obsenos que sólo lo excitan más.
"¡Claro que no!... Sólo quiero..." dijo inflando sus mejillas.
"¿Hm? ¿Qué quieres?" Pregunta con una sonrisa encantada. Le parece adorable la actitud del detective.
El tacto de las manos de Kudo en su hombría le fue inesperado, pero no desagradable. Las siente tibias y sin duda un poco pequeñas que las suyas propias. Acariciando su miembro con timidez y su aliento chocando con su glande, volviéndolo loco. Un cosquilleo eléctrico recorre su espina dorsal y los latidos de su corazón se aceleran con fuerza mientras que una sonrisa complaciente surca sus seductores labios. Observando con deleite como su pene entra a la cavidad del contrario por voluntad de esté. Dando unas merecedoras lámidas por todo el falo, algunos leves mordiscos en su glande para después ingerir el miembro en su boca, succionando el grosor de su hombría con ganas.
Mierda. ¿No podía ser acaso eso mas provocativo? Su amado detective se la ésta mamando como si su vida dependiera de ello. Como si estuviese necesitado de que los ojos de Kaito sólo tengan atención en él.
Aunque siempre lo han estado desde el juego de barajas. Pero ahora, ¿Cómo no estarlo? Si aquel hermoso ángel le está chupando su miembro viril de la manera mas jodidamente sensual en su peligrosa vida. Aunque ciertamente se nota inexperto, sigue siendo excitante por el único hecho de ser él quien lo hace. Y sus bonitos zafiros lo miran como si él fuese su amado. Su todo, mirada que devuelve Kuroba sonriente. Jadeante por ése placer tan estupendo dado por su lindo detective, así es, por que es suyo. Aunque tampoco permitiría que se rebaje como una puta. Su Shinichi es algo más valioso y provocativo que eso. Algo que merece tener título formal. Más que un amante. Más que un desliz de una sola noche. Algo que haga saber al mundo entero que Kuroba Kaito y Kudo Shinichi están unidos seriamente.
"Quiero chupartela. " dijo apenas sacando el miembro de Kaito de su boca. Dejando un visible hilo de saliva conectado a la glande y sus inchados labios. Y sus preciosos ojos dilatados.
"Pero si lo estas haciendo cariño, sois increíble. " dijo mientras apretaba con suavidad una de las mejillas del contrario.
"¿Te gusta?" Dijo con ilusión. Queriendo complacerlo. Sólo eso.
"Por supuesto. Continúa. Me encantas. " dijo para tomar del cabello a Kudo y sin ser muy brusco acariciarlo. Dejando que vuelva a chuparsela . Con un tono de voz grave que sólo caliente más al de cabellos oscuros.
Pudiendo apreciar como Shinichi se excitaba por tan sólo chuparsela.
Y de un momento a otro ya estaba adentrándose en su interior. Con el sudor en sus pieles y admirando el placer desbordante en el contrario. Como uno se retorcía por las embestidas que daba en ése dulce punto que es su perdición. Como siente el miembro del otro llenarle con locura. Y el sueño amenaza con ser su esclavo.
Como con cada estocada puede sentirse en la paraíso o en el mismo infierno. Como el fuerte dolor puede ser placer y en cualquier momento derrumbarse entre las embestidas de Kuroba. Como esté se adentra más en su interior siendo humedecido por su entrada. Tan mojado y caliente. Algo sumamente lujurioso.
Los gemidos y gruñidos reinan el amplio lugar. Donde sólo una lámpara alumbra la habitación. Y donde sólo ellos dos pueden conceder el orgasmo al otro.
V
Pocas horas después el deseo de devolver le llega por su garganta. Después de haber terminado, llegar al orgasmo máximo y descansar un poco, le súplica al mayor el deseo de querer vomitar. Esté lo carga hasta el inodoro sin despejarse de él observando cómo Kudo sólo vomita probablemente la cerveza consumida hace horas.
El reloj marcó las 3:35 de la madrugada cuando por fin regresaron a la cama más calmados. Y se dispusieron a entregarse al Dios del sueño donde sólo el otro aparecerá en ellos.
Y es así como después de desayunar, tomar algunas pastillas y descansar un poco los recuerdos de la noche pasada lo atacan sin disimulo.
Así que se puede imaginar la alterada y preocupada mirada del detective al recordar las cosas que dijo e hizo. Sintiéndose de lo peor. Y la mirada de Kaito no es de gran ayuda.
Mira un reloj cercano a la misma recamara, marcando las once de la mañana.
"Cuando esté mejor me iré para no quitarte más tu tiempo y te pido que por favor, nunca menciones esté desliz entre tu y yo."
"¿Desliz? ¿Eso fue para tí?" Dijo Kaito con una mueca de decepción, aborrecimiento. ¿Por qué las palabras del detective son tan hirientes? Su actitud sin duda es diferente a la de la noche anterior.
Pensó que recordando se solucionarían las cosas para bien.
¿Entonces por qué el destino lo puso en su camino? Shinichi en verdad parecía amarlo o... Quizás sólo fue un fuerte deseo por una noche, la curiosidad del detective por sentir placer. Algo que parecer haberse borrado de su mente. A pesar de haberlo marcado de varias maneras, ¿Eso ya no significa nada?
"Es lo que es. Sólo... Guarda Silencio."
Por que esas son las palabras que no salen de la cabeza de Kuroba. Por que no puede olvidarlo a pesar que ya ha transcurrido un semana desde aquel 《desliz》como llama Kudo.
Pero él es Kaito Kid, él siempre consigue lo que quiere. Sin importar que.
《Error leve no intencionado causado generalmente por falta de reflexión o de cuidado.》
Para eso fue Shinichi, algo que promete jamas repetir, aquello denominado desliz.
Primera parte:
"Desliz"
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