Capítulo 1 – Luz robada
Nada podía describir el enmaraño de sentimientos que envolvían al joven cazador de amatista mirada, basto una breve fracción de segundo para verse sumido en la desesperación. Asustado y alterado, hicieron falta diez personas para contener a Zero cuando bruscamente intento levantarse de la cama en que se encontraba. Varios minutos fueron requeridos para que los enfermeros consiguieron atarlo a la cama. El doctor a cargo del menor debió inyectarle un tranquilizante que evitara que pudiera continuar efectuando movimientos tan bruscos, si tal forcejeo seguía mostrándose, terminaría por lastimarse aún más si se llegaba a arrancar alguno de los cables que se encontraban conectados a su cuerpo. Kaien Cross, sentando a un costado de la cama en donde dormía ese chico que por años crio, sentía un agonizante dolor en su corazón, haber presenciado tan abrumadora reacción por parte de su hijo le causó gran aflicción. Mirando a ese chico dormir, conectado a diversas maquinas, en su mente aun podía escucharse con claridad el diagnóstico dado por el doctor, esa sentencia que consiguió quebrar a mano limpia al joven cazador.
Zero Kiryuu, el más poderoso cazador de vampiros había quedado discapacitado, protegiendo a sus compañeros se le fue recompensado con ser despojado de su vista y con un daño irreversible a sus piernas quedando confinado a implementar soportes o una silla de ruedas para movilizarse por el resto de su vida. Cientos de estudios fueron realizados y todos ellos concluyeron en el mismo resultado. Zero jamás podría volver a ejercer como cazador. Tal noticia para aquel chico fue algo imposible de asimilar, no lograba creerse ni una palabra sobre su condición, pese a escuchar lo mismo de varios médicos, intentaba negarse a darles razón, más poco a poco se fue dándose cuenta de que todo era verdad, sus ojos permanecían en perpetua oscuridad y sus piernas apenas poseían un mínimo de sensibilidad en ellas. Finalmente, al ser consciente del estado en que se encontraba, algo dentro de Zero se quebró arrebatándole todo deseo por continuar viviendo.
Kaien, que desde el principio permaneció cuidando de Zero, se preocupó al contemplar el rápido deterioro mental, emocional y físico de su hijo, con cada día su estado iba empeorando, era como si Zero se fuera deteriorando por el simple hecho de permanecer en aquel hospital. Lentamente, ese chico que consideraba su hijo parecía estarse entregando más a una desesperación solo visible para él. Kaien no podía continuar viendo dicha escena, no podría soportar que su hijo siguiera debilitándose más, debía evitar ese fatídico escenario al que ese chico estaba siendo arrastrado—. Zero-kun —pronuncio el nombre del menor mientras le sujetaba una de sus manos con afecto—. ¿Te gustaría ir a casa?
—¿Casa? —preguntó el menor ido, la mente de Zero parecía encontrarse alejada, como si se hubiera recluido en alguna parte profunda donde pudiera evitar encarar su realidad.
—Sí —afirmó Kaien conteniendo sus ganas por llorar, habían pasado años desde el día en que los dos pequeños a quienes crio con tanto esmero tomaron sus propios caminos y se alejaron, aun si dicho acontecimiento ocurriría tarde o temprano, Kaien muchas veces pidió por poder continuar viviendo junto a ellos, más Yuuki y Zero partieron demasiado pronto. Viviendo con los recuerdos, muchas veces, cuando se cruzaba con Zero en la asociación de cazadores, tuvo intención de pedirle volver, de decirle que la residencia Cross siempre seria su hogar, el sitio donde alguien estaría esperándolo y recibiéndolo con amor, más nunca encontró fuerzas para ello, permitió que aquel chico creara una barrera aún más grande, y ahora una nueva oportunidad estaba siendo puesta frente a él, podía compensar su propia debilidad.
Hablando con los doctores, Kaien consiguió la autorización necesaria para llevarse a Zero, aun si algunos médicos no estaban muy seguros, ninguno podía evitar coincidir en que el menor debía ir a donde pudiera sentirse cómodo. Dentro del cuarto, Kaien con cuidado vistió a su hijo con algunas ropas nuevas que le había comprado, el invierno poseía poco de haber comenzado, así como las bajas temperaturas. Tras terminar de vestir apropiadamente a Zero, Kaien con cuidado lo movió de la camilla a una silla de ruedas colocándole una cobija encima para mantenerlo caliente.
Dirigiéndose hacia la planta baja, mientras recogía los medicamentos recetados para Zero, se sorprendió de ver ingresando a Yagari y Kaito, quienes lucían expresiones bastante preocupadas las cuales se vieron reforzadas cuando ambos se encontraron con Zero inmóvil sobre la silla de ruedas—. ¿Por qué no me contactaste antes? —preguntó Yagari al instante un tanto molesto tras haber discutido un poco con Kaien.
—¿Cómo supiste a dónde venir?
—Preguntamos al jefe a cargo, él nos explicó todo —respondió Kaito mirando al de mirada amatista inmóvil sobre la silla de ruedas—. Pero nunca nos dijo nada sobre Zero.
Kaien, de cierta forma, encontraba sorpresivo contemplar a Yagari mostrar por primera vez una mirada diferente a su inexpresiva expresión de siempre, ni siquiera parecía ser la misma persona tan brutal y salvaje que conocía. Una vez conversaron y los recién llegados fueron puestos al tanto sobre lo dicho por los doctores, tanto Kaito como Yagari tomaron una decisión, en dichos momentos sus deberes como cazadores quedaría relegados a un segundo plano, su prioridad seria ayudar a cuidar del menor.
—Zero-kun, no debes preocuparte —dijo Kaito con el tono más animado que le fue posible al tiempo que daba unas pequeñas caricias a la nuca contraria—. El director Cross, Yagari-sensei y yo cuidaremos de ti.
Yagari en cierta forma apenas podía creer que estuviera frente al mismo Zero que hacía solo unos meses atrás mostraba un porte confiado y listo para salir a cazar vampiros en cualquier momento, ante él ahora se hallaba un chico cuyo aspecto hacía creer que en cualquier momento se rompería, apretando sus puños y aun si era impropio de él, estaba dispuesto a cuidar de Zero.
Cross contento por contar con más personas tan cercanas a Zero, confiaba en que eso aliviara un poco el corazón de su hijo. Tomando un taxi los cuatro emprendieron el camino a casa de Cross. Al llegar con gran cuidado bajaron a Zero y lo llevaron dentro, más concretamente a la que tiempo a tras fue su habitación. Dejando a Kaito brindarle un baño al menor, Kaien y Yagari se dirigieron a la cocina para preparar la comida.
—Dime, ¿Cuánto crees que Zero dure en ese estado?
Kaien pese a querer comportarse como siempre lo hacía le era difícil ver a Zero estar tan quieto, era como ver un muerto—. No lo sé —expresó el de cabellos cenizos soportando lo más posible su llanto, en esos momentos no podía mostrarse débil, debía ser fuerte por ese chico que, ahora más que nadie, lo necesitaba—. Solo espero que encuentre fuerzas para superar esto y pueda seguir adelante.
Durante la comida Kaito se ocupó de hacer comer a Zero lográndolo a duras penas, que el menor apenas tuviera una mínima reacción complicaba poder darle apropiadamente cualquier comida, debía ser cuidadoso con la porción de comida a darle y en varias ocasiones tuvo que pronunciar varias veces el nombre del menor para conseguir hacerlo reaccionar para que continuara masticando. Avanzado más el día, los cazadores poco a poco pudieron darse cuenta hasta donde había llegado el shock de Zero, resultaba doloroso, pero era evidente que dicho chico emocionalmente estaba desecho, en su estado actual el único tratamiento efectivo seria brindarle tanto afecto como amor posible. Caída la noche, una vez comprobaron que el menor se encontraba completamente dormido los tres optaron por conversar en la estancia más próxima por si se presentaba alguna situación.
—Espero me estés jodiendo —hablo Yagari sin el menor rastro de delicadeza más moderando su tono de voz—. ¿De verdad crees que esas malditas sanguijuelas podrían intentar atacar a Zero?
Kaien tampoco deseaba contemplar dicha opción, sin embargo, considerando algunos factores Zero, en su estado actual, podría volverse una presa más que deseada, sobre todo, por aquellos vampiros ansiosos por incrementar sus poderes para alcanzar aquellos escalones más altos dentro de la jerarquía de los vampiros—. En su estado actual Zero-kun es presa fácil, de momento está a salvo, pero si algún vampiro llega a enterarse de su estado dudo mucho que se queden de brazos cruzados —diciendo esto, Kaien pensó si sería apropiado compartir un pensamiento, algo que surgió en su mente desde el momento en que recibió el primer informe sobre la condición de Zero, para aquel chico podría ser duro, pero ahora Kaien, como padre legal, poseía libertad para tomar decisiones sobre el menor—. Yagari, quiero que vayas a la asociación y reúnas los papeles necesarios para dar de baja a Zero-kun como cazador.
Impactado por aquella noticia, Yagari pese ello, pudo conservar la suficiente compostura para entender dicha decisión, en su estado actual Zero ya no podría cumplir con dicha labor, sus días como cazador había terminado a prematura edad, con solo veintidós años y una sangre deseaba por muchos, Zero debería vivir donde pudiera estar protegido y cuidado. Soltando un suspiro, jamás pensó llegar a tener que hacer tal proceso tan pronto, tramitar esos papeles que ningún cazador deseaba ver sino hasta cumplir sus setenta años—. Mañana ire a iniciar los trámites y solicitar un adelanto para nuestro periodo de descanso, nunca nos hemos tomado un descanso, así que creo que podré conseguir que nos den algunos meses.
Pasaron algunos días en los cuales Kaien, Yagari y Kaito encontraron sorpresivo la rápida adaptación que tuvieron para encontrar una dinámica que les permitiera convivir, era como si desde el principio hubieran vivido siempre como una familia. Los primeros días de vivir juntos, les fue complicado no ejercer demasiada atención sobre Zero quien, pese a continuar en ese estado desprovisto de vida, daba la sensación de sentirse demasiado hostigado, así como incómodo.
El invierno quedo atrás, vino la fresca primavera y acto seguido el cálido verano, cuatro meses transcurrieron serena y lentamente. La vida dentro de la residencia Cross seguían siendo la misma, para Zero aún seguía siendo difícil aceptar todos los cambios que tuvieron lugar, sin embargo, al mismo tiempo podía percatarse que pese a haberse vuelto un completo inútil, existían personas dispuestas a estar a su lado para cuidarlo y protegerlo. Sentir como Kaien, Yagari y Kaito día con día hacían su mejor esfuerzo le causaba un sentir extraño, pese las dificultades por las cuales los estaba haciendo pasar, ninguno de ellos en ningún instante expreso sentirse molesto o irritado, más bien, parecían estar buscando la mejor manera para cuidarlo lo mejor posible. Kaien ya no usaba tanto ese lado infantil de tiempo atrás, Yagari pese a su seria forma de ser brindaba un aura que Zero tiempo atrás sintió a través del amor de su padre y Kaito a su manera buscaba entretenerlo para intentar distraerle la mente de su condición.
—Zero-kun, estamos en el jardín. Si permaneces tanto tiempo encerrado tu piel podría dañarse —comentó Kaien mientras movía al menor de la silla de ruedas al columpio que había sido instalado bajo la sombra de un árbol para poder darle un sitio donde sentarse a disfrutar del aire fresco—. Kaito y Yagari fueron a hacer las compras, hoy prepararemos tu platillo favorito.
Escuchando al director Cross, Zero divagaban en sus pensamientos, estaba siendo una completa carga para su padre como para Yagari y Kaito que por propia voluntad habían decidido cuidarlo, ellos estaban dando tiempo de sus vidas para estar a su lado y ayudarlo lo más posible a acostumbrarse a su nueva vida, aun si no deseada depender y molestar a nadie, ni siquiera su parte vampira podría devolverle su antigua vida, únicamente le quedaba aceptar y sobrellevar todos los cambios que estaban teniendo lugar.
—Pa… pa… papá.
—Zero-kun…
—Papá… ¿Dónde estás?
—Ze… ¡ZERO-KUN! —exclamó Kaien abrazando con alegría al menor, por primera en mucho tiempo lo escuchaba pronunciar una palabra, más su alegría se vio incrementada al escuchar que por primera vez aquel chico lo llamaba papá, desde mucho tiempo tras ansió poder contemplar el día en que Zero finalmente pudiera reconocerlo como esa figura paterna que siempre se esforzó por ser, su emoción fue tan alta que ni siquiera pensó en controlarse—. ¡Aquí estoy! ¡Papá está aquí contigo!
—Papá… no me dejas respirar… —le resultaba extraño, Zero encontraba extraño llamar al director padre, incluso ser abrazado por él era algo extraño, antes nunca permitió que Kaien lo abrazara de tal forma, siempre evito dicha clase de contacto por un miedo a olvidar el amor y el cariño de su verdadero padre, pero ahora que permitía aquello, deseaba permanecer así cuanto pudiera serle permitido, había pasado mucho tiempo desde la última vez en que habían sentido un calor tan agradable y cálido rodearlo. Encontrándose en aquel cálido abrazo, Zero fue dejándose envolver, un sueño fue haciéndose presente hasta que finalmente cayo dormido con una pequeña sonrisa apenas notoria, dibujada en sus labios.
Cuando Kaito y Yagari volvieron de hacer las compras, se sintieron sorprendidos por encontrar a Zero recostado a lo largo del columpio con su cabeza recargada sobre el regazo de Kaien quien lucía un semblante alegre y aliviado, dejando las cosas en la casa acompañaron a Cross a disfrutar de la agradable brisa que soplaba aquel agradable día de verano. Con el buen tiempo había sido buena idea dejar a Zero tomar una pequeña siesta al aire libre, eso podía ayudarle a olvidar las palabras de los médicos y centrarse en otras cosas.
Cuando llego la hora de comer Zero pudo quedarse un poco más disfrutando del agradable clima acompañado por Yagari en tanto Kaito y Kaien se iban a preparar la comida. Estando en completo silencio ambos pensaban si sería apropiado decir algo, pese a siempre haber mantenido una relación profeso-aprendiz durante los últimos días aquello había cambiado a una convivencia mucho más familiar.
Para cuando la comida estuvo lista Yagari llevo a Zero devuelta a casa hasta el comedor, mientras comían Zero continuaba pensando muchas cosas, aun no estaba muy seguro sobre si estaría bien abrir su corazón a quienes estaban cuidándolo, desde lo ocurrido a su familia se había mantenido muy reacio a entablar relaciones tan afectivas con otras personas, no queriendo verse viviendo la misma situación y para proteger a quienes lo rodeaban se había forzado a sí mismo a crear barreras ante los demás, pero desde que su vista se le fue arrebatada y pasar a deber depender en su totalidad de otras personas pensaba si estaría bien que alguien como él pudiera permitirse aquello.
—¿Zero-kun, que ocurre? —inquirió Kaien al percatarse que su hijo apenas había tocado su comida—. ¿Acaso no te gusto la comida que papá tanto se esmeró en hacer? —agregó con tono infantil y llorón.
—¡Oye, que lo hicimos los dos! —reclamó Kaito parte del crédito por la preparación de la comida golpeando con algo de brusquedad la mesa.
—¡Eh, tranquilos!
—Yo… —al instante en que Zero hizo señal de hablar todo quedo en silencio—… yo… solo pensaba si estaría bien dejar en el pasado todo lo que me volvía cazador y dejara salir comportamientos que no pude mostrar antes… eso… eso es lo que pienso…
Escuchando las palabras de Zero los tres mayores dejaron sus asientos y se acomodaron alrededor del menor quien se sentía un poco inquieto al solo escuchar pisadas y ni una sola voz. Como primer contacto sintió los brazos de su padre rodearlo—. Zero-kun, eres libre de ser quien quieras ser, como tu padre, estoy dispuesto a aceptar cualquier tipo de persona que sientas deseos de ser.
Cuando un segundo abrazo lo rodeo supo que era Kaito—. Serio, mimado, tranquilo, caprichoso, no importa qué clase de comportamiento tengas, yo continuare estando a tu lado, seguiré siendo como un hermano mayor para ti.
Por último, Zero sintió como la mano de su profesor se posaba sobre su cabeza—. Cazador o no, sigues siendo mi responsabilidad, Kaien y Kaito son un par de idiotas que si te dejo bajo su cuidado son capaces de mandarte al manicomio, así que me quedare para evitar que eso pase.
Sintiendo el calor de esas tres personas que aceptaban cuidarle, Zero se sintió enormemente contento, un miedo fue arrancado de su corazón, que las personas más queridas para él le hubieran expresado tales pensamientos fue cuanto necesito para darse fuerzas suficientes para atreverse a enfrentar tal situación. Cuando cayó la noche y se encontró en su habitación cayo dormido con una pequeña sonrisa dibujada en sus labios, aun si no estaba del todo seguro como sería su verdadera personalidad sentía felicidad por tener a su lado a personas que estaban dispuestos a continuar cuidando de él.