Capitulo 0 | Ataque
Día 0
3:47am
Soltó un bostezo ahogado, mientras que torpemente miraba entre todo el papeleo que tenía pendiente. Murmuró algo similar a una maldición para soltar la pluma, necesitaba estirarse después de estar tanto tiempo trabajando, necesitaba encontrar rápido a un reemplazo para el puesto de Gran Maestro de la Academia, necesitaba ir a casa y dormir.
Tomó aire en un intento de recuperar las energías y continuar con el trabajo, pero en cuanto se dispuso a continuar, el sonido del elevador lo distrajo.
— ¿Quién será tan de madrugada? — pensó, mas no tenía energía para levantarse a averiguarlo. No podía ser Panah, se había marchado ya a su casa desde hacía al menos 6 horas y, aunque hubieran eruditos a altas horas de la noche, no creía que alguien tuviese el descaro de subir a su oficina temporal para algún asunto de no ser sumamente importante.
Una muy físicamente agotada Dehya se apareció en su campo de visión. Frunció el ceño confundido y se dispuso a ponerse en pie e ir hacia la desgastada mercenaria. Estaba por pedirle que se tomara un minuto de descanso, pero no parecía dispuesta a eso.
— ¡Alhaitam! — la voz alarmada de la chica lo puso en guardia, un mal presentimiento se hizo presente — ¡Eremitas radicales! Quieren... La Academia ¡Piensan atacarla!
— ¿Eso es todo? Tendrían que pasar por sobre los guardias — comentó, sin restarle importancia, conocía a Dehya y sabía que la muchacha hablaba enserio, se apresuró a sujetarla para que no cayera — Informaré inmediatamente a la Matra, tómate unos momentos para respirar, que tendrás que explicar todo lo que sepas a detalle.
— ¡No me entiendes, es una emboscada! — exclamó, safándose del agarre del escriba con rudeza — Quise venir tan pronto como me enteré pero me descubrieron e intentaron matarme. No sé cuánto tiempo pasó desde eso, pero es probable que ya estén aquí ¡Hay que hacer algo para ya!
Quiso tranquilizar a la mercenaria, pero al momento una explosión resonó sobre sus cabezas como si le estuvieran dando la razón a la fémina. Los escombros cayendo sobre ambos apenas le dió tiempo de tratar de alcanzar a Dehya. Las probabilidades de que sobrevivieran eran muy pocas, pero quería aferrarse a eso.
Día 0
5:42am
Sentía su cuerpo adolorido, abrió los ojos con dificultad solo para encontrarse en la oscuridad absoluta. Lo único que le permitía observar el panorama era la tenue luz de algo parecido a un escudo que lo protegía del mar de escombros sobre él. Trató de incorporarse mejor dentro de la cápsula, sabía de quién se trataba, había sucedido algo similar en el desierto cuando encontraron las ruinas del sacerdote que servía al Rey Deshret. La única diferencia es que esta vez, el escudo desprendía un ligero aroma a lavanda.
— Dehya — musitó al momento de que todo lo sucedido llegó a su mente, intentó incorporarse a pesar del dolor que su cuerpo sentía, llamando a su compañera y asumiendo que ella también estaría en un escudo protector — ¡Dehya ¿Me escuchas?! ¡Dehya!
No había respuesta, al menos no que escuchara. Siguió gritando y tratando de oír algo o a alguien, quién fuese. Pero a pesar de lastimar su garganta tratando de que alguien le respondiera, parecía que no habían señales de vida... cerca a él, porque de seguro estarían a salvo ¿Verdad?
— ¡Por favor Dehya! Sé que me escuchas ¡RESPONDE, MALDITA SEA! — el temblor de su cuerpo y de su voz, su agitada respiración y el creciente pánico en su interior le indicaba el inicio de un ataque ansioso, más no lo quiso atribuir a eso y lo asumió a la adrenalina del momento, con sus temblorosas manos comenzó a golpear desesperadamente el escudo, esperando a hacer ruido suficiente para ser escuchado — ¡Alguien! ¡Quién sea, respondan! ¡RESPONDAN! ¡DEHYA!
Día 0
8:33am
No sabía cuánto tiempo había estado allí abajo, ni cuánto tiempo estuvo gritando en busca de alguien, mucho menos cuánto tiempo había pasado desde que se consumió totalmente en la ansiedad que sentía. Detuvo sus gritos solo cuando se lastimó las cuerdas vocales lo suficiente para no poder emitir ruido alguno.
Estaba sentado ahora, abrazando sus piernas mientras temblaba, en cualquier situación normal no se permitiría dejarse llevar por sus sentimientos pero en ese momento se sentía aterrado, hipeaba pero ya no podía llorar, jalaba su cabello en un intento inútil y desesperado de mantener la calma. Ya para ese punto, esperaba que la Reina Menor Kusanali deshiciera el escudo y lo dejara morir. Ya estaba perdiendo las esperanzas.
Día 0
1:27pm
No supo en qué momento se había quedado dormido, había soñado con estar en el campo abierto, el sol brillaba y el viento soplaba, había gente por todos lados, solo para despertar nuevamente y darse cuenta que estaba encerrado en ese infierno en miniatura. Era irónico, normalmente odiaría estar entre muchas personas y preferiría estar solo, pero en ese momento era lo que más anhelaba.
El aroma a lavanda que se desprendía de la cápsula le había ayudado a calmar los nervios y tranquilizarse un poco. Cerró los ojos, tratando de volver a aquel sueño en el que estaba antes de despertar. ¿Eso era posible, al menos? No lo sabía y le frustraba, pero a ese punto ¿Qué importaba? Ya solo debía esperar a morir de una vez por todas.
Día ¿0?
5:07pm
Voces tenues se escuchaban a la distancia, por un instante creyó haberlo imaginado gracias al inquietante silencio que había. Pero no era así, a como las voces parecían acercarse, más se convencía de que era real. Jadeó con la intención de renovar fuerzas y comenzar a hacer ruido nuevamente, la chispa de la esperanza que se estaba extinguiendo volvió a aparecer. Finalmente saldría de ese lugar.
Comenzó a golpear el escudo y gritar, queriendo llamar la atención de quien fuera, su garganta dolía por forzarse tanto en ser escuchado. Sus manos dolían y estaba seguro que sus nudillos sangraban. Gritó por ayuda, gritó tanto, golpeó tanto, hizo tanto ruido como le fue posible. Tanto que no se percató hasta más tarde que solo fue una mala pasada de su cerebro y que nunca hubo tal ayuda.
Gritó nuevamente, está vez era un grito frustrado, golpeó el escudo tantas veces como su poca fuerza le permitió. Dejándose desplomarse luego de un rato de desahogarse un poco.
—
Reina Menor Kusanali... Por favor... Solo déjame ir de una vez
— rogó, en sus pensamientos, cerrando los ojos con la intención de volver a dormir.
Día ¿0? ¿1? ¿2?
??? ¿am? ¿pm?
Abrió los ojos, encontrándose con la inmensa oscuridad que lo envolvía. Se sentía tan desorientado, no sabía nada. No sabía que hora era, o que fecha, o si lo encontrarían siquiera. Aunque por el hambre que sentía asumía que no habían pasado más de dos días.
La luz emitida por el escudo que lo mantenía a salvo pareció flaquear por un segundo, como si estuviera a punto de apagarse. Frunció el entrecejo, el aroma a lavanda era más tenue también, resaltando otros malos olores que alzaban fuerzas por el pequeño lugar. En algún punto tuvo que hacer sus necesidades y por razones obvias no había un baño privado en el que hacerlo.
Odiaba todo, quería que se acabara todo de una vez por todas. Qué lo rescataran o que el escudo desapareciera y ser aplastado por los escombros.
También, llegó a repetir varias veces en voz alta, líneas de libros que había memorizado antes. Aunque ese pareciera el inicio a su decenso hacia la locura, era su ancla a la realidad, un recordatorio de que lo sacarían de allí y podría volver a leer todos esos libros.
Como ya se le estaba haciendo costumbre, volvió a cerrar los ojos con la intención de volver a dormir.
Ayuda, acabo de migrar de Wattpad y no entiendo como funciona esto jajan't
Hola, inicialmente esto iba a ser un BL HaiKaveh/Kavetham, pero a como iba escribiendo, lo último que se me cruzó por la cabeza fue un romance.
Por si acaso, voy a estar publicando esta historia acá y en Wattpad, y si todo sale bien, voy a subir """archivos""" de las víctimas en Tiktok, como si fuera la perspectiva de la Mahamatra.
– DaruMaru