Un regalo sorpresa.

Summary

Los estragos de su ausencia comenzaba a pesar para Katsuki, pero una pequeña sorpresa, podía ser el remedio para todo. (OST escrito para el cumpleaños de Katsuki)

Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0
Age Rating
18+

Ost

Desde que su día inició dando los primeros rayos de sol sobre su rostro, su humor se había levantado con el pie izquierdo.

Sí, en otras ocasiones sucedía lo mismo desde que él se marchó, pero vaya que ahora todo su mal genio se multiplica al doble.

¿Por qué?

Bueno, sería el primer cumpleaños que no pasaría con Izuku. Y aunque sus amigos se aferraron a la idea de realizarle una fiesta y de esa manera conseguir animarlo, Katsuki se negó de todas las formas posibles. Incluso Denki y Eijiro se habían ganado un par de patadas en sus traseros y golpes sordos sobre sus cabezas que casi provocan que Hanta muera de tanta risa.

Y de tantos intentos fallidos, todos se lamentaban de que Izuku no estuviera presente para animarlo un poco y conseguir que conviviera con los demás.

Pero fuera de todo eso, nadie entendía los pensamientos y decisiones que aquel rubio cenizo tomaba.

¿Por qué dejar que Izuku se fuera a finalizar sus estudios al extranjero cuando está más que claro que no puede vivir tan lejos de él?

La respuesta es fácil, pero muy contradictoria a la vez:

«Yo no soy quién para prohibirle cumplir sus metas. Si Deku necesita ir a estudiar lejos de Japón para superarse, lo apoyaré».

Fue su respuesta cuando la mayoría le preguntó si estaba dispuesto a sobrellevar una relación a distancia. Y aunque él dijo estar seguro, la verdad era que estaba mintiendo.

Los primeros días fueron algo difusos para él. Levantarse, asistir a clases, convivir con sus amigos y responder los mensajes de Izuku a la velocidad de la luz. Pero con el tiempo, el responderlos comenzaba a ser tan complicado; sonriendo con pesadez mientras su pecho dolía. Su ausencia se hizo presente más rápido de lo esperado.

Una semana, solo eso duro y su mal humor se disparó hasta el cielo como en los viejos tiempos, pues su masita verde llena de dopamina no estaba cerca para aligerar sus necesidades.

Necesidad de probar aquel dulzor de sus rosados y suaves labios, necesidad de sentir sus dedos juguetear entre sus mechones de cabello, necesidad de ver su reflejo en aquellas hermosas gemas esmeraldas; necesidad de escuchar sus gimoteos y gemidos mientras entraba tan profundo en él y enterraba sus largos dedos sobre su pálida y pecosa piel.

Sí, no era secreto para muchos que aquel par parecían animales en celo -que para mala suerte de algunos, tuvieron que presenciar dicha acción en lugares inapropiados- y, por ende, sabían que el rubio no aguantaría mucho la ausencia de Izuku.

Las chicas temían que en su necesidad fuera capaz de engañar al lindo chico de cabello revoltoso; pero fue una gran sorpresa para ellas encontrarlo trabajando en el cine.

«—¿Desde cuándo trabajas aquí? — le pregunto Uraraka aún sorprendida».

«—¿Acaso eso importa, cara redonda? — pregunto de vuelta con bastante tranquilidad».

«—¿Pero por qué comenzaste a trabajar? — pregunto ahora Mina, misma que parecía necesitar las uñas de alguien más si seguía ansiosa».

En aquel momento Bakugo se sintió algo acorralado, sabía que en algún momento se enterarían, pero nunca imaginó que lo interrogarían en su trabajo, sin importarle que tuvieran la vista de los clientes y empleados del lugar sobre de ellos. Suspirando y pasando su mano por detrás de su nuca, respondió con total sinceridad.

«—Bien, tenía que buscar en que más gastar mi tiempo ahora que el estúpido de Deku no está. Así qué… busque trabajo…».

«—¿Preferiste gastar tus energías en un empleo que en buscar un reemplazo para Izuku? — respondió casi al borde de las lágrimas Toru».

«—Creo que nos preocupamos por nada— secundo Tsuyu».

«—¿Pero qué mierda piensan de mí exactamente?»

«—Eso es algo muy varonil de tu parte, Bakugo— habló al fin Kyoka, dando un par de palmaditas sobre el hombro del rubio que parecía estar enfurecido».

Aquello fue algo que le molesto, pero no pensó que el “rumor”, correría tan pronto a oídos de los demás, incluso su madre le marco y grito por no haberle avisado que necesitaba dinero, cosa que tuvo que aclarar, aunque le resultará ser un fastidio.

Pero todo aquello fue suavizado por su linda bolita verde que en cuanto se enteró, no dudo en marcar sin importarle la diferencia de horario: «Kacchan, no te sobre esfuerces. No quiero que descuides tus alimentos ni mucho menos tus estudios por ese trabajo. Sabes lo mucho que me importa tu bienestar».

Palabras suficientes para hacer su corazón brincar de gusto y emoción, pero, era Katsuki Bakugo, y el no reprocharle y sacarle en cara que no era un maldito debilucho no sería parte de él.

Pasó un mes, y los mensajes de Izuku se habían vuelto tan escasos y casi podría contarlos con sus manos; sus llamadas también habían disminuido y cada vez que este le marcaba con la esperanza de oír su voz, corría con la mala suerte de que Izuku se encontrará dormido o en clases, ¿cómo lo sabía? Bueno, Izuku le mandaba un sin fin de stickers y emoticones pidiéndole disculpas por no responder.

Era tan frustrante y desesperante, que anhelaba que su primer periodo vacacional llegará lo más rápido posible.

Y con ese mismo bajón emocional, su cumpleaños llegó.

Se sentía tan solo a pesar de que sus amigos no dejaban de ir tras de él como perros callejeros en busca de algo de atención. Y para empeorar el asunto, Izuku no había mandado mensaje alguno desde hace un par de días.

¿Acaso había olvidado aquella fecha? Joder, ¿Quién olvidaría que aquel día nació un maestro del sexo y placer?

No entendía dicha ausencia, en otras ocasiones en las que estaban a una sola avenida de distancia, el pecoso no dejaba de mandarle mensajes recordándole lo especial que era aquel día y lo afortunado que se sentía de poder ser novio del apuesto y atractivo Katsuki. Su Kacchan.

Pero en esta ocasión, no había nada…

Como todos los días de su aburrida rutina, camino hacia su trabajo de medio tiempo con un par de bolsas extras, pues sus amigos le pidieron no rechazar sus obsequios como lo hizo con la fiesta. Vaya sorpresa la suya al ver que sus compañeros de trabajo lo esperaban con una gran tarta y globos por doquier al igual que un letrero de: «Feliz cumpleaños», en la sala de empleados.

No fue un mal día si le pedían ser sincero, tenía muchos amigos que se preocupaban por él y hacían su mayor esfuerzo por darle un buen día para recordar; pensaba en ese momento mientras caminaba de vuelta a casa. Estaba agotado como cualquier día, sólo quería llegar, cargar su celular -pues este se había quedado sin batería a mitad de su jornada laboral-, tomar una ducha e ir directo a la cama para caer en los brazos de Morfeo y tal vez, soñar que Izuku era aquella almohada que abraza todas las noches con deseo y anhelo.

Al momento de introducir la clave y abrir la puerta de su departamento, no pasó desapercibido un olor tan peculiar que lo hicieron tensarse al momento, llevándolo a quitar sus zapatos y caminar por aquel corto pasillo y así poder encender las luces, siendo recibido por un estruendoso ruido seguido de un grito lleno de entusiasmo a la hora de gritar «sorpresa».

Quedó quieto ante la sorpresa, pero su falta de inmovilidad fue al ver a su novio frente suyo que no dejaba de sonreírle; este llevaba un sombrero de varios colores y brillos sobre su cabeza, seguido por aquellos trozos de papel que salieron de aquel cañón de confeti -he de allí el estruendoso sonido-, a las espaldas del rizado, había un enorme letrero hecho a mano con la leyenda: «Feliz cumpleaños a mi Kacchan explosivo favorito». Sin hacer de lado los globos de color naranja y negro a su alrededor seguido de los números que indicaban la edad cumplida.

¿Acaso era un sueño? No lo sabía, pero tenía que averiguarlo…

A largas zancadas, camino hasta donde Izuku se encontraba, no tardando en atraer su pequeño y delgado cuerpo al suyo una vez lo tuvo entre sus brazos.

—¿Kacchan? — pregunto algo cohibido. Razón suficiente para hacer sonreír a Katsuki quien aún seguía aferrado a su cuerpo mientras hundía su rostro en su blanquecino cuello y dejaba que sus fosas nasales se inundarán de la esencia de su loción.

Maldición, era él. Izuku, su Deku; estaba con él y eso, eso lo hacía inmensamente feliz…

(...)

—Joder, ¿por qué no me dijiste que vendrías— hablo Katsuki sobre el hombro del pecoso, el cual seguía a horcajadas sobre las piernas del rubio, dejándose abrazar y besar por el mismo.

—Se supo que esa era la sorpresa, que no me esperarás.

—¡Agh! pero me hubiera gustado ir por ti al aeropuerto.

—¿Eh? ¿Me estás diciendo que no te gustó mi regalo sorpresa? — pregunto Izuku exagerando el tono y fingiendo demencia; a Katsuki le fascinó aquella sorpresa, tanto que no sabía cómo expresar la maldita felicidad que sentía. Y ante su silencio, el pecoso no hizo más que reír.

—¿Alguien más sabía que vendrías?

—¿Eso importa?

—¡Maldición, claro que importa! — explotó mirando a Izuku a los ojos después de un largo rato.

—Tranquilo, ni mi madre sabe que pedí permiso para venir aquí. Eres el único hasta ahora.

Katsuki sonrió de oreja a oreja al escuchar eso; aquel gesto lo hacía sentir tan jodidamente especial que abrazó una vez más al pecoso para dejarse querer con las caricias que este le daba.

Pero aquella comodidad se vio interrumpida en el momento en que Izuku se retorció entre sus brazos para alcanzar su trozo de pastel que se encontraba sobre la pequeña mesa de madera que estaba enfrente del sofá dónde se encontraban sentados. Al mirarlo de reojo, no pasó por alto el cómo su cuello estaba limpio de cualquier marca suya, llevándolo a pensar que todo su pequeño cuerpo debía estar en las mismas condiciones.

Comenzando a acariciar su cintura, llamando su atención.

—¿Quieres más pastel? — preguntó en su inocencia, viéndolo asentir y cumpliendo uno de sus caprichos que era ser alimentado como si fuese un bebé. Pobre de aquel que descubra aquello y se burle de Katsuki, pues no viviría para contarlo.

Al momento de introducir el primer bocado, no esperaba que el cenizo atacaría su cuello, dejando un par de marcas nuevas seguido del dulzor del pastel; antes de que siquiera pudiese quejarse, este abrió su boca como señal de introducir un trozo más, y aunque dudo, Deku obedeció. Ahora eran sus labios los que se mantenían unidos, saboreando y disfrutando del sabor que había quedado en sus cavidades bucales, jugueteando con sus lenguas húmedas mientras su cálido aliento los golpeaba. Acciones suficientes para que ahora Izuku se moviera de atrás hacia adelante, frotando ambas erecciones y soltando más que suspiros de sus labios.

Ante el meneo de sus caderas, Katsuki liberó un gruñido al mismo tiempo que acercaba las caderas de su acompañante hacia su pelvis. Había pasado mucho tiempo, y mentiría si dijera que no extraño lo lascivo que solía ser su adorable novio a la hora del sexo.

Llevando sus manos hacia su redondo trasero, apretando el mismo y haciéndolo brincar con lentitud como si de verdad lo estuviese embistiendo. Subiendo ahora sus manos, introduciendo las mismas por debajo de su camisa, sintiendo como su cuerpo reaccionaba ante el toque de sus manos frías; aquella tela de momento a otro cayó al suelo y ahora su boca estaba mamando uno de sus pezones, saciándose de aquellos sonidos guturales. Bajando una vez más sus manos, pero esta vez introduciéndose en sus pantalones y ropa interior, bajándolos un poco para ahora llevar uno de sus dedos a la entrada de su trasero. Sonriendo al ver cómo sus dedos se incrustaban en sus hombros por encima de su camisa y su cabeza se hacía para atrás.

Entrando y saliendo con dos dedos para conseguir estimularlo y prepararlo, había pasado el tiempo y lo último que quería en su encuentro después de un par de meses, era lastimarlo. Y una vez listo, lo obligó a levantarse y ayudarlo a retirar el resto de su ropa, al mismo tiempo que él se deshacía de su camisa y desabrochaba sus pantalones para poder al fin liberar su enorme pene que estaba demasiado duro.

Al elevar su mirada, sonrió ladinamente al ver cómo Deku lamía sus labios mientras sus ojos destellaban, le debió de haber dado una magnífica vista para que por sí solo, colocará sus rodillas a cada extremo de sus piernas, tomar su pene y acariciar su glande antes de introducirlo lentamente en su interior.

Una, dos, tres… las embestidas no paraban al igual que sus gemidos no dejaban de salir. Ambos se habían corrido pero el deseo sólo aumentó, igual que las marcas: rasguños en la espalda, mordidas en sus hombros y un par de marcas rojizas esparcidas en ambos cuerpos. Realmente se extrañaron, y era algo que no demostraron solo entregándose al placer, pues sus susurros y murmullos que salían de sus bocas dejaban en claro todo aquello.

Izuku, no dejaba de brincar sobre el erecto falo, suspirando al momento de sentir como una vez más Katsuki untaba pastel sobre sus pezones para después comenzar con la succión. Llevándolo a correrse una vez más, estrujando el pene en su interior que agonizaba por terminar. Y claro que haría que eso sucediera.

Al momento que salió el último hilo de semen, Deku sacó aquel falo de su interior, dejando a un confundido Bakugo que solo veía sus acciones, no tardando en abrir la boca y dejándose llevar por el placer en el momento en que Izuku se deshizo de aquel condón para comenzar a masturbarlo y al mismo tiempo introducir sus bolas a su boca. Succionando estás al son en que su mano también hacía su trabajo, llevándolo a terminar algo rápido.

(...)

Un suspiro salió de sus rojizos labios al sentir los sutiles besos que Bakugo dejaba sobre su hombro desnudo. Después de aquella sesión de sexo, Izuku obligó a Katsuki para cargarlo hasta la bañera pues sentía todo su cuerpo pegajoso y sudoroso. Fue suficiente con un simple puchero para que el rubio cediera a su petición.

Ahora estaban ahí, ambos en la bañera disfrutando del agua cálida y su silenciosa compañía.

—Así que me extrañaste— soltó de repente. Haciendo sonrojar al pecoso.

—Tú no te quedas atrás.

—Tienes razón— suspiró — es duro tener a mi estúpido novio lejos de mí.

—Siempre tan romántico— se burló, ganándose un fuerte mordisco sobre su mejilla—, ¡Detente!

—¿Qué extrañas de mí?

Izuku llevó su dedo índice sobre su mentón, dándole una imagen pensativa.

—Dormir contigo, es difícil acostumbrarse a dormir solo de nuevo después de que estos grandes brazos me abrazaron por más de dos años— respondió, frunciendo sus labios y tirando de los brazos de Katsuki para que esté lo abrazara con más fuerza. Mismo que no borraba su sonrisa bobalicona.

—¿Qué más?

—Tus comidas—Katsuki asintió, cuando ellos pasaban la mayor parte del tiempo juntos, él se encargaba de preparar sus alimentos—, también ese ceño molesto con el que solías mirar a las chicas y chicos que me miraban de más.

Rio al escuchar un gruñido, eso también era cierto, su Deku era tan bonito que atrapaba la mirada de cualquiera, y eso lo enfureció.

—¿Nadie ha intentado algo verdad? — Izuku negó.

—Cada vez que lo intentan, mencionó que tengo novio y que este sería capaz de rodar cabezas extranjeras si intentan siquiera ligarme o tocarme— respondió entre risas.

—Bien hecho— dijo con orgullo.

—También echo mucho de menos tus besos, tus mimos y caricias — mencionó con un tono lastimero.

El rubio se sentía igual, extrañaba muchas cosas de su tierno novio, pero lo que más echaba de menos era la cercanía que tenían al momento de estar solos. Eso fue lo más difícil de todo. Y no quería dejarlo ir, pero tampoco podía privarlo de su libertad.

—¿Cuándo te irás? — preguntó de repente.

—El sábado en la noche. Tienes Izuku por un par de días.

Katsuki asintió. Aún faltaban meses para que Izuku regresará de forma permanente pero dos días eran suficientes para soportar hasta sus vacaciones, y aquellos dos días, no los desperdiciara por ningún motivo.

Colocándose de pie, ayudó a Deku a salir de la bañera para después cargarlo al estilo princesa.

—¿Q-qué haces?

—Disfrutaremos hasta que tengas que marcharte, así que prepárate, no te dejaré salir de la habitación ni para tomar agua.

—¡¿Q-qué?! —exclamó— ¡Oye, pero tengo que ir a ver a mi madre! ¡Qué pasará con tu trabajo!

—Mi suegra entenderá porque no la fuiste a ver— cuestión, tomando camino hacia la habitación de junto—, o simplemente podemos no decirle a nadie que estuviste aquí. Y puedo pedir incapacidad por solo unos días.

—¡Eso es secuestro! — volvió a levantar la voz en el momento en que su espalda tocó el colchón.

—Bueno, debiste decirle a alguien más que vendrías. Pero como no lo hiciste, supongo que tomaré eso a mí favor— sonrió victorioso al ver que no salía palabra alguna del contrarió. Acomodándose entre sus piernas para proceder a dejar un camino de besos desde su clavícula hacía su cuello.

Izuku frunció sus labios al igual que su ceño, pues lo que él consideró adecuado, ahora se estaba usando en su contra. Aunque tal vez… solo tal vez, no sería tan mala idea estar con su novio Katsuki dentro de aquella habitación por aquel par de días. Después de todo le encantaba perderse en los labios y caricias del cenizo.

Además de que ambos podían tomar aquel cumpleaños como pretexto, sumando a ello su tiempo separados y por su infinito amor que les exigía más de cada uno.