검은 고양이 [黒猫 ] 🎃 SJ

Summary

"Lero Lero Kuro Nero~" Fueron las infantiles palabras del azabache para bromear con el mayordomo de la familia en aquella fría y oscura noche de Halloween. "Cariño, si caminas tan tranquilo... Un gato aterrador te seguirá". [Inspirada en "The Black Cat Nero" ATEEZ] Portada en proceso. •Wattpad 2023

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Gato Negro

—Eres mi lindo gato negro—Canturreó con dulzura el infante—Una cinta roja te quedaría muy bien—Dijo, tomando entre sus suaves y blancas manos el objeto anteriormente mencionado—Pero cuando te enojas rasguñas y lastimas a los demás—Bufó está vez tras hablar.

En una fría noche del treinta y uno del mes de octubre, iluminado únicamente por faroles de escaso brillo, se encontraba el pequeño heredero de la familia Choi, jugando en el jardín de la casa con un peluche de gato, el cual tenía una bonita cinta de color rojo atada a su cuello.

El resto de sus familiares se encargaban de atender a los invitados de la mansión. Su nuevo producto había sido todo un éxito en esa noche de muertos y debían festejarlo como se merecía. Pero para el azabache, nada de aquello le llamaba la atención, no por el momento.

Portaba elegantes prendas de color blanco con detalles dorados, su frente estaba expuesta ante la brisa, sus largas pestañas caían con gracia sobre sus ojos de tonalidad miel y sus labios color rosado resaltaban la mayoría de las facciones en su joven y adorable rostro.

A su cuidado se encontraba un hombre de joven aspecto, alto, con ojos tan negros como la noche misma, piel pálida como la Luna que los vigilaba desde la distancia en el cielo, acompañada de sus hijas las estrellas, y rubios cabellos que le hacían ver cómo un verdadero ángel.

Aunque... La realidad de ese hermoso rubio era bastante distinta.

La realidad de toda la familia Choi era bastante distinta a la estereotipica familia de alta clase que solo algunos estaban acostumbrados a ver.

El hombre, mejor conocido entre los integrantes de aquella familia, como el "simple" mayordomo, parecía mostrar una expresión serena, tomando de vez en cuando el reloj entre sus manos para asegurarse que la cena se sirviese a tiempo entre el gentilicio que opacaba cada lujoso y extenso terreno de la propiedad.

—Binnie—Le llamó el infante. Soobin se acercó hasta la banca de piedra, donde el menor observaba la Luna.

—¿Si, mi señor?

—Papi, mami, incluso mis hermanas dicen que todo esto será mío algún día—Comentó, moviendo sus pies de atrás hacia adelante.

—Así es mi señor, para eso es usted atendido de la mejor manera y con la mejor educación del país—Concordó el mayor, sin comprender realmente lo que le molestaba al más bajito—¿Hay algo que le incomode al respeto?

—Ellos dicen... Dicen que no puedo tenerlo hasta que consiga una bonita esposa—El menor abultó sus labios en un marcado puchero, dejando de acariciar el peluche—¿Por qué me tengo que casar, Binnie?, ¿No pueden simplemente poner todo a mi nombre?

—Porque son las reglas, mi señor—Yeonjun solo bajo la cabecita, fastidiado por aquella idea—El señor Choi dice que es para mantener la postura de los herederos, que todo vaya a la perfección según lo planeado, sin ningún margen de error. Pero no tiene que preocuparse por eso en estos momentos, su única obligación es estudiar y jugar, después de todo, aún tiene mucho que vivir de ahora en adelante—Soobin tocó la naricita de botón del niño, haciéndole reír.

Soobin podría considerarse un mayordomo que consentía mucho a su pequeño amo, pero este no podía evitar cumplir cada pequeño capricho.

A pesar de ello, Yeonjun nunca dejaba de mostrarse como un niño amable y muy inteligente. Sabía usar bien sus cartas pese a su corta edad.

En una ocasión, el demonio casi cometió una atrocidad contra otro infante en cuanto vió que molestaba y hasta ofendía a Yeonjun en todo el sentido de la palabra. Sin embargo, el joven rubio calmó su sed de sangre en cuanto recibió un inocente beso en la mejilla por parte del más bajito. Sorprendiéndolo.

—¡Juega conmigo!—El rubio abandonó rápidamente sus pensamientos al sentir que Yeonjun tomó una de sus manos, arrastrándole hasta la parte más profunda del jardín, en dónde les esperaba nada más ni menos que el silencio mismo.

Las mejillas del mayor estaban levemente ruborizadas, no podía rebajar su puesto al nivel del infante, ¿Cómo podría invitarle a él a jugar? Simplemente no era el indicado, para eso estaba el resto de la servidumbre.

Aún así, el hombre de rubios cabellos hizo de su mayor esfuerzo. Después de todo, gracias a sus habilidades, podía crearle al menor sombras amigas con las cuales jugar entre todos, lo suficientemente amigables como para satisfacer el pedido del pequeño Choi.

Debía aclarar el hecho de que el joven Choi era el único de aquella casa que conocía perfectamente la mayor parte de sus habilidades.

Yeonjun siempre se esforzaba en todo para impresionar a Soobin, se ponía sus mejores prendas, le entregaba las mejores calificaciones a pesar de su corta edad, el pequeño estaba dispuesto a ser el mejor entre los mejores para que el mayordomo familiar no tuviese que mirar a nadie más, únicamente a él y solo a él.

Y aunque se escuchase, se viese y fuese un vil e infantil capricho, Soobin estaba dispuesto a cumplir todas sus órdenes.

—Soobinnie, ¿quieres casarte conmigo?

Fue lo que le propuso el infante de cuatro años en un tono cantarín y aquello le pareció divertido.

Un humano realmente joven pidiéndole matrimonio a un Demonio, eso era un caso curioso, incluso emocionante.

—Mi señor, aún es usted muy joven—Yeonjun se aferró a su brazo y comenzó a llorar ante su explicación, formando un completo berrinche. Con ello, asustando un poco aquel con apariencia de hombre mortal, quien desvaneció las sombras con un chasquido de sus dedos.

—Pero una niña fea no me va amar como Soobinnie, Soobinnie si me ama, no una niña fea, no quiero tener una niña fea de esposa—Se quejó, moviéndose de atrás hacia adelante, jalando la manga de la prenda del rubio.

Soobin suspiró, se arrodilló ante él y con el meñique alzado, le hizo prometer al menor que no vería, no obedecería y no se enamoraría de nadie más que no fuese Choi Yeonjun, que no fuese él, quien parecía estar dejando de sollozar.

—No llore, joven amo—Soobin sacó un pañuelo de entre sus prendas, limpiando con delicadeza las lágrimas del infante—Usted aún es muy joven para decidir si quiere o no casarse con una bella dama, pero cuando sea mayor, todas esas dudas que ahora se crea en su cabeza, se aclararan cuando se presente ante la sociedad. Yo me encargaré de elegirle como siempre, lo mejor de lo mejor.

—¿Lo mejor de lo mejor?—Soobin asintió—Yo quiero a Soobinnie—El mayor le vió directamente a los ojos, reteniendo otro suspiro. Las reglas del señor Choi eran claras, su único hijo varón no podía y no tenía permitido decidir por sí mismo con quién contraria matrimonio, a menos que las reglas fuesen cambiadas antes de que terminase el plazo de edad—Pero Binnie no tiene apariencia de esposa.

—No, mi señor. No la tengo—Dijo, tratando de hacerle entender al infante.

—¡Entonces yo seré la esposa!—Anunció, descolocando al hombre.

—¿Qué? Mi señ-

Yeonjun le dió un pequeño piquito, riendo con travesura y alejándose del mayordomo de su familia, encaminándose con su peluche en brazos hacia el salón de baile con el resto de los invitados.

—¡Lero Lero, Kuro Nero!—Fueron las infantiles palabras del azabache para bromear con el mayordomo de la familia en aquella fría y oscura noche de Halloween.

Soobin volvió a suspirar, formando una derrotada sonrisa.

—Que niño tan astuto y lindo—Murmuró. "Lero Lero, Kuro Nero" o mejor dicho, "Atrápame si puedes, gato negro" no era más que una invitación para provocarlo, teniendo en cuenta que el menor sabía de sus habilidades con la oscuridad, no cabía en dudas que el pequeño travieso sabía que él siempre lo atraparía como su presa—Es tan tierno, quiero darle un abrazo.


Con el pasar de los años, el heredero de los Choi se convirtió en un apuesto muchacho. Sus facciones delicadas de la niñez ahora estaban siendo reforzadas con la madurez y el pasar de los días.

Finalmente, ahora que se había presentado oficialmente ante la sociedad, miles de solicitudes y ofertas para el negocio familiar le abundaban en gracia y fortuna. Tenía millones de pretendientes a su disposición, pero el chiquillo seguía negándose a la confirmación de alguna de estas.

Porque ninguna persona en el mundo sería capaz de compararse contra el apuesto hombre a sus espaldas.

Nuevamente, en una fría noche de muertos y esencia de colores anaranjados, algunos años después de la sustitución, mientras veía el rosal de su jardín, unas grandes manos apresaron con delicadeza, pero con posesión, de su pequeña cintura. Brindándole un pequeño escalofrío a su cuerpo, los pequeños besos húmedos que empezaron a recorrer desde su nuca, hasta su mentón.

—Cariño, si caminas tan tranquilo, un gato aterrador te seguirá—Yeonjun se rió ante las palabras que le fueron susurradas en su oído.

—¿Un gato aterrador?— Cuestionó con burla, dándole con una sonrisa, un piquito al rubio tras su espalda—Eres el único gato que me persigue, Soobin-ah.

—Y el único que será capaz de robar y cumplir todo lo que usted quiera—Soobin volteó completamente al chico, acariciando su mejilla—¿No soy un gato lindo, mi señor?—La voz suave y chillona con la que había soltado aquello se volvió mucho más grave, conforme sus pálidas manos acariciaban sus mejillas con dulzura—Hoy finalmente es la noche—Los ojitos de Yeonjun brillaron en medio de la oscuridad, acelerando el palpitar de su corazón maldito—Si te enamoras de la dulzura, no podré ayudarte si te arrepientes.

—No me arrepentiré—Le aseguró—Te lo prometo.

—Buen niño.

Las hermanas Choi, con ayuda de los sirvientes, decoraron la habitación y el camino a este mismo, para que después de mucho tiempo, la pareja pudiese entregarse completamente el uno al otro.

Los nervios invadieron al más joven, ruborizándolo un poco cuando vió las miradas cómplices de sus mayores mientras era escoltado por el demonio hasta la habitación repleta de rojas rosas.

Dichos nervios poco a poco se fueron desvaneciendo, cuando su cuerpo fue delicadamente puesto contra el colchón de la amplia cama. Privándoles del exterior solo estaba aquella cortina de color vintage, la cual rozaba levemente contra el suelo de mármol, mientras aquella mirada penetrante se clavaba en sus expresivos ojos, mandándole severas corrientes eléctricas.

Su estómago comenzó a revolotear cuando sus prendas se deslizaron por su nivea piel, y le abandonaron conforme esas frías manos recorrían e iban conociendo de una nueva manera todo de él.

Yeonjun comenzó a ponerse tímido cuando el rubio le permitió desnudarlo, haciéndole tragar en seco cuando el miembro erecto del demonio quedó frente a su rostro.

Esa cosa era aún más extensa y gruesa que el suyo propio. Por no mencionar que la diferencia era bastante notoria.

Más dudas al respecto tenía, ¿sería capaz de entrar eso en su cuerpo?

—¿Estás listo para esto?—Preguntó el demonio con una traviesa sonrisa, pasando su húmeda lengua por el pálido y suave cuello del azabache, volviendo a recostarlo contra el colchón.

—B-Binnie—Yeonjun dejó escapar un jadeo tembloroso cuando las manos de Soobin se posaron en uno de sus pezones color café, dándole un pequeño escalofrio—Lo estoy—Afirmó.

Al principio era únicamente el comienzo de besos húmedos, besos que dominaba el más alto, mientras los brazos del mortal se enredaban en su cuello, presentando espasmos cuando el demonio tocaba su cuerpo.

La espalda del menor se arqueó sorpresivamente al sentir la húmeda lengua del rubio pasar por su sensible pecho. Su entrada se contrajo hasta el punto de sentirse incomodo por el lubricante natural que había empezado a salir tras oler el aroma de su pareja, y su miembro se irguió por el contacto de este, haciendo sonreír a Soobin.

Con lentitud fue bajando hasta llegar a la unión de sus piernas, besando la zona interna de cada muslo para ver cómo el menor se retorcia bajo su cuerpo.

Yeonjun se sintió aún más avergonzado cuando escuchó la leve risa de Soobin.

—¡N-No te rías!

—Disculpeme, es que se ve muy lindo.

Soobin separó aún más aquellas largas piernas, viendo con perfección la rosada entrada rebosante de lubricante natural.

Por instinto, lamió aquel liquido con la punta de su lengua, degustando de su curioso sabor, sintiendo su miembro ponerse aún más erecto al oler la esencia que provenía de aquella zona.

La voz de Yeonjun se perdió en su garganta cuando el demonio se atrevió a introducir profundamente su lengua en su estrecha y cálida cavidad.

Su espalda se arqueó nuevamente y cubrió con ambas manos sus labios, abriendo de más sus ojos, su miembro golpeó contra su estómago, retorciéndose al sentir que el rubio se movia de forma irregular en su interior, dándole "cosquillas" en su vientre

—¡S-Soobin!

—¿Le gusta esto?

Yeonjun gimió en respuesta en el instante que su pecho volvió a ser víctima de los pesados y largos dedos del más pálido, mientras su traviesa y cálida lengua estaba dispuesta a seguir probándolo.

El azabache terminó apretando las sábanas a su costado, a veces cerrando inconscientemente sus piernas, apretando la cabellera rubia para que no se separara.

Cuánto amaba no estar comprometido, de esa forma no tendría que preocuparse por otros, únicamente su cuerpo sería de ese ser infernal que había estado a su lado desde la infancia, cuidándolo cautelosamente hasta ese momento.

—Creo que es suficiente, con esto se sentirá mucho mejor.

Soobin escupió un poco sobre su entrada, comenzando a meter el primer dígito de lleno en su interior.

El azabache apretó los ojos y formó una pequeña mueca por la incomodidad, volviendo a retorcerse sobre el colchón, siendo consentido con los besos del mayor.

Yeonjun ahogó un pequeño gemido al sentir un segundo dedo.

Era realmente lindo ver cómo sus piernas temblaban por la intromisión en su parte baja, escuchando su respiración pesada, con su corazón golpeando su pecho para que sólo ellos dos pudiesen oírlo con claridad.

—S-Se siente tan raro...—Soltó, su carita estaba rojiza y ya empezaba a perlarse—O-Oh...

Yeonjun separó sus labios cuando aquellos dedos comenzaron a moverse en su interior, primero a modo de círculos, reconociendo la zona, antes de que empezarán a moverse de una forma más curiosa. El demonio abría y cerraba sus dedos como si fuesen las cuchillas de una tijera, atreviéndose a sacarlos y volverlos a meter con fuerza.

—S-Soo... Soo—Balbuceó Yeonjun cuando dos dedos más se unieron sin problema, hasta el momento en que el aire escapó de sus pulmones. Clavó sus pequeñas uñas de color negro en la gran y pálida espalda del hombre que se encontraba sobre su cabeza, dejando escapar un pequeño gritico ahogado, conjunto a unas pequeñas lágrimas—D-Duele, duele, duele.

—Lo sé—Consoló, acariciando con cariño la cálida mejilla del muchacho de orbes almendrados.

Yeonjun sabía que el pene de Soobin no entraría con facilidad en su cuerpo, apenas había entrado la cabecilla cuando ya estaba sollozando en los brazos del rubio.

El chico clavó sus pequeños colmillos en el hombro del rubio, cerrando sus ojos mientras el miembro se comenzaba a introducir completamente, siendo recibido por sus calidas paredes anales, sacándole un jadeo algo ronco al demonio.

—¿Y-Ya está?—Soobin acarició su cabeza con la punta de su nariz, abrazándolo, mientras le susurraba palabras de aliento y uno que otro halago para mantenerlo sereno.

—Ya estoy adentro, mi vida—El azabache dejó escapar un suspiro de alivio—¿Cómo se siente?

—Es... Extraño—Yeonjun se movió ligeramente, soltando algunos chillidos—S-Siento que me puedes matar... ¿Entonces es así como se hacen a los bebés? No me puedo imaginar a mis hermanas y a mi madre pasando por esto... Es cálido de alguna forma—Yeonjun chilló cuando el demonio comenzó a moverse de forma lenta, hundiendo aún más sus uñas en la espalda ajena—S-Soobin...—El azabache intentó ocultar su rostro en el cuello ajeno, cuando empezaron los vaivenes más fuertes—N-No va a poder entrar otra vez, e-es muy gra... ¡Grande, ah!

Yeonjun no dejó de gritar el nombre del demonio cuando esté empezó a azotar su parte baja con embestidas profundas y fuertes, haciéndole jadear y perder la respiración por breves periodos de tiempo.

De sus ojos siguieron brotando algunas lágrimas por el dolor que poco a poco disminuía, floreciendo el curioso cosquilleo en su pecho y vientre.

El primero en venirse fue él, arraigado a los estímulos que el rubio producía en sus erectos pezones, conforme su extenso falo se introducía sin vergüenza entre sus piernas.

Sus manos vagaban por casi todo el lugar, sin saber dónde colocarlas exactamente. A veces viajaban al cuerpo más fornido, aventurándose en acariciar cada poro que estuviese a su disposición, otras, simplemente las colocaba entre su pecho o cubria ligeramente su rostro, para finalmente ponerlas a cada lado de su cabeza, apretando las sábanas.

—Ah... Soobin-ah...—Yeonjun se estremeció al sentir la húmeda lengua de Soobin pasar sobre sus labios, aprisionando sus manos con solo una de las suyas—Mgh...—El azabache mordió sus labios, intentando cerrar sus piernas aún si el mayor se encontraba entre ellas, arqueando su espalda para que su expuesto pecho fuese víctima de los filosos colmillos del más pálido.

Yeonjun trató de moverse por si mismo contra el pene de Soobin, mientras este dejaba evidentes marcas por todo su cuerpo, como si fuese una especie de lienzo en blanco y él el pintor.

Sus piernas entonces fueron elevadas hasta los hombros del más alto, permitiendo que las manos más grandes se marcaran en su cintura, mientras él volvía a correrse entre su estómago y las sábanas.

—¡B-Binnie!

Su voz pronto comenzó a mezclarse con el obsceno sonido de sus cuerpos volviéndose uno. El azabache veía con orbes cristalizados cómo su miembro golpeaba su propio estómago, tirando pequeñas tiras pre-seminales mientras unos orbes tan rojizos como la sangre lo veía como una simple presa.

La mirada de Soobin fácilmente podría compararse con la de un lobo hambriento.

Yeonjun rodó sus ojos almendrados cuando el mayor aplastó placenteramente sobre su vientre y casi estómago, el lugar donde su enorme polla golpeaba su interior de forma dulce, haciéndolo venirse tan rápido como las veces anteriores.

Agotado, y con la mirada perdida, no hizo ningún berrinche cuando el demonio lo colocó boca abajo, haciéndole agachar la cabeza hasta la almohada mientras elevaba su pelvis, brindándole algunas caricias a la piel desnuda de sus piernas, retorciéndole con espasmos y jadeos, a veces un tanto roncos.

Se aferró nuevamente a las sábanas con ojos llorosos y mejillas carmín al momento en que el demonio azotaba su trasero con embestidas mucho más rudas, acompañadas de sus grandes manos amazando y golpeando sus nalgas.

A ninguno le importaba realmente si aquello dejaba o no evidentes marcas.

—Eres tan sexy—Yeonjun separó sus labios para soltar un pequeño grito ante el azote que el demonio había vuelto a hacer con su mano. Gimiendo al sentir la húmeda y cálida lengua contra su nuca y la parte trasera de su oreja.

—Lo sé—El azabache gruñó, ayudándose con la punta de sus pies para poder impulsarse contra el pene del rubio, haciendo movimientos circulares para lograr escuchar la respiración agitada de Soobin—¿Recién te percatas? Te creía más listo Soobin-ah, agh... S-Siempre me he preparado para ti... De cualquier manera—Soobin chilló sorprendido al recibir una mordida en una de sus manos—¿Y quién te ha permitido dirigirme la palabra de manera tan informal? Hay que darte un castigo, te mandaré a dormir con el perro.

—Discúlpeme su majestad—Respondió con evidente sarcasmo, pasando sus filosos colmillos por sobre el blanqueamiento cuello expuesto—Suponía que para este punto ya estaría exhausto, pero me ha sorprendido—El demonio rió contra su oreja, Yeonjun gruñó bajo cuando una fuerte estocada dió directamente en su punto dulce. Fue volteado entonces de costado, alzando la voz y dejando escapar una que otra pequeña maldición cuando sentía que sería partido a la mitad—¿Cómo podría hacer para que el bello amo me deje dormir con él y no con una bola de pelos?

—No soy tan débil, no me subestimes—Yeonjun sonrió entre dientes, subestime, viéndole con el ceño algo fruncido, una mueca que delataba cuan cegado de placer estaba—Dale a tu amo todo lo que tienes, sin contenerte—El de orbes almendrados se levantó con algo de dificultad, tomando el rostro contrario entre sus manos—Es una orden, Soobinnie.

En un par de estocadas más, ambos llegaron al clímax llamándose mutuamente, con la primera corrida del ser de oscuridad en el interior del menor.

—Ahora vamos por lo divertido.

El azabache sonrió con travesura al oírlo, relamiendo sus labios antes de unirlos con los del demonio.


Yeonjun dejó caer su cabeza contra el hombro del mayor, mientras este tomaba sus brazos y los llevaba por detrás de su propia cadera. Yeonjun se sentía cada segundo más expuesto, el sonido de sus pieles sudadas chocando, las bolas del mayor haciendo rebotar sus glúteos ahora rojizos mientras su boca soltaba jadeos y súplicas. Las mordidas y los besos húmedos que Soobin le robaba...

Lo estaban cegando de placer.

Por más que parecía necesitar caer contra la gravedad, Soobin no se lo permitía, aumentando sus ganas de ser follado una y otra, y otra vez por el rubio, quien le estaba sosteniendo por su húmedo pecho, jugando con sus pezones de una manera muy torturosa, obligándole a que más gemidos salieran desde lo profundo de su garganta.

Soobin estaba encantado con escuchar sus gemidos y sus lloriqueos, más cuando estos habían aumentado cuando él mismo tomó el miembro del más joven entre sus manos para hacerlo correr por una sexta vez esa misma noche.

Su pene era pequeño, rosadito, simplemente adorable a su vista.

Yeon se desvaneció entonces al sentir el caliente semen caer por sus muslos, sin dejar de sonreír ladino, sintiéndose exquisitamente sucio.

—Su turno, mi señor—Soobin besó el dorso de la mano más pequeña, cambiando las posiciones entre ambos.

De solo sentir la polla de Soobin meterse con mortal lentitud en su entrada, le hacía mojarse, le exitaba, ya se estaba acostumbrando a tenerlo enterrado hasta el último milímetro.

Y es que por más que ya tenía todo el miembro en su estrecha cavidad, quería más, quería sentirlo todo aunque ya no hubiese más nada que meter, aunque su cuerpo suplicara que ya estaba lo suficientemente lleno.

Yeonjun soltó un agudo gemido al sentir la mano del mayor acariciar otra vez su descuidado miembro, jugando.

—A-Amo cuando lo haces... Tan lento, pero duro—Yeon jadeó, apoyando sus manos contra el pecho desnudo—¿Y ahora me dejas jugar con esto? Tú solo estás disfrutando la vista.

El azabache saltaba con mucho gusto sobre el erecto y gran miembro del rubio, viendo mutuamente sus expresiones, de cuánto les gustaba aquello, divirtiéndose al escuchar los chapoteos junto a la voz aguda de Yeonjun.

—Mgh... S-Soobin-ah...—Llamaba Yeonjun después de separarse de sus labios, moviendo de forma circular su trasero para masturbar la apretada polla en sus paredes. El rubio por su parte, limpiaba con la yema de sus dedos y con cuidado las lágrimas de placer que dejaba escapar el más joven—Binnie, dime que me amas.

—Lo amo, mi señor—Yeon sonrió como un bobo, volviendo a gemir en alto cuando las manos del rubio se posaron en ambos glúteos, separándolos un poco más para arremeter con fuerza contra su ahora rojiza y bastante húmeda entrada.

Caliente.

Solo eso podía pensar. El semen de su Soobin era realmente caliente, le quemaba, le hacía sentir que, sí, finalmente ya se había unido completamente y por primera vez a ese demonio por el cual estaba tan encaprichado desde niño.

Las manos más grandes apresaron su cuello en señal de dominancia, cuando volvió a ser depositado como un cristal contra el colchón, con una traviesa y coqueta sonrisa formada en sus labios, llamando al demonio constantemente por su nombre mientras su próstata era maltratada de forma exquisita.

—¿Qué pensarían sus padres si nos viesen en esta situación? ¿El señor Choi sería capaz de cortar mi cabeza?

—Ni aunque siguiesen aquí... Serían capaces de arrebatarme de tí. Deja de hablar tanto y mejor dame otro besito, Binnie.


El líder de los Choi suspiró exahusto en su oficina al ver el montón de papeles que aún debía firmar en medio de la guerra entre ambas naciones.

Estaba por empezar a gruñir de frustración cuando el apuesto ser del que estaba enamorado apareció detrás de las puertas de color negro, haciéndole formar una encantadora sonrisa se alivio.

—¡Soobin-ah!—Canturreó dulcemente, tirándose en los brazos más fornidos mientras restregaba su carita en el pecho del rubio—¿Qué me trajiste? ¿A mis hermanas les gustaron sus nuevos vestidos?—El rubio asintió.

—Ellas mismas se lo agradecerán más tarde, pero no cabe dudas de que les han encantado.

—¿Eh?—Yeonjun ladeó la cabeza—¿Y por qué no pueden ahora? No recuerdo haber leído algún compromiso pendiente de alguna de ellas, y los hermanos huening no mencionaron algo al respecto—El azabache formó un puchero, moviendo ligeramente sus hombros en un pequeño berrinche—Soobinnie, ¿tú sabes el por qué?

—Asi es, observe.

El azabache miró con curiosidad la cinta de color rojizo que el de hoyuelos sacaba de su bolsillo, caminando con tranquilidad a las espaldas de Yeon para colocarla en su cuello como un collar o bufanda, haciendo un perfecto moño en la parte de su nuca.

—Es suave...

—¿Sabe por qué nunca me ha gustado que sus castigos sean siempre mandarme con la bola de pelos llamada "perro"?

—Porque prefieres los gatos.

Yeonjun se sorprendió cuando Soobin lo elevó en brazos, adueñándose de sus labios.

Al verse directamente a los ojos, el pecho del humano latió con fuerza. Sabiendo lo que venía.

—Usted para mí es como un lindo gato negro. Por lo que esta cinta, es mi regalo—Las mejillas de Yeonjun comenzaron a ruborizarse, mirando con algo de vergüenza la burlesca y traviesa sonrisa contraria, sintiendo un escalofrío recorre su espina dorsal al escuchar el siguiente susurro—Solo para nuestros juegos, mi amor.

El menor terminó sobre el escritorio con las piernas abiertas, recibiendo de lleno las embestidas del rubio, tirando en el proceso aquellos documentos que debía leer y firmar.

Conociendo al demonio, una sola y "rápida" ronda, no sería suficiente como para saciarlo.

Menos viendo cómo aquella hermosa cinta roja hacia juego con las marcas que él mismo dejaba en el fino y blanquecino cuerpo.

—¡SOOBIN!

—Shh, mi niño. No quieres que todos se enteren lo rico que puedo comerte estando en el trabajo, ¿verdad?— Yeonjun sonrió embobado, asintiendo. Ambos compartieron un pequeño beso, provocando un chasquido.

—Tienes razón, Binnie.

Su niño tenía un alma pura pese a lo travieso y pervertido que solía llegar a ser, por lo que, la maldad que cayó en aquel hogar fue lo suficiente como para despertar la ira de la verdadera oscuridad que habitaba en él.

Las personas que habían herido a su pequeño, la pagarían muy caro desde ese día, hasta que llegase la persona indicada para cumplir el sueño de su joven amo.

Del único humano, que en su anterior vida había venido acompañándolo a pesar de sus crímenes. Él único humano por el cual esperó milenios, sumido en su profundo arrepentimiento.

Bien podrían decir que las guerras traían desgracias, pero él se encargaría de cobrar venganza a todo aquel impuro que pisara el hogar de la persona que alguna vez, sonrió allí dentro antes de la desgracia.

“Ten cuidado, puede que el Fantasma del niño sea el más aterrador por sus ojos blancos, pero es ciego, así que no puede hacerte daño. Al que debes de temer, es al Demonio que siempre está cerca de él".

Los rumores con el pasar de los años solo llegaron a aumentar, y más de un intrépido se atrevió a desobedecer las advertencias, claro que no debía quedarse con los brazos cruzados.

Pero quién diría... Que su última víctima atraería a la persona que cumpliría el último y más grande sueño de Yeonjun.

"Eso estuvo muy cerca" Se escuchó en un murmullo aquella grabación "Casi me encuentran... Yerim, de verdad, manda a alguien mucho más capacitado, s-se que esto no vale casi nada, pero déjame explicarte la situación. Esto es para la próxima persona que venga a esta casa. Las terribles historias sobre la Mansión Roja, son ciert- joder" La grabación se cortó abruptamente, pero se había podido ver cómo abrieron la puerta del armario donde el hombre se había escondido.

—¡Boo!

—¡YEONJUN!—A Beomgyu casi le dió un infarto en su oficina, anteriormente la del mayor, recostando la mayor parte de su torso en el escritorio para regular su irregular respiración, soltando la tableta de sus manos con las últimas palabras de su cuñado—¡NO TE APAREZCAS ASÍ COMO SI NADA!—Se quejó con un puchero, viendo al fantasma de ojos blancos—Sabes bien que no puedo alterarme, tonto.

—¡Traje algo para ti, Gyu!—Respondió el mayor, mostrando la cinta roja que muchos años atrás llegó a usar en sus travesuras junto a su pareja—¡Hoy es noche de fantasmas. Así que traje algo para Taehyun y para ti!—El azabache se acercó, tocando y acariciando suavemente el vientre del chico como disculpas.

—¿Noche de fantasmas, uh?—Repitió el menor, tomando entre sus manos aquella cinta—Hace unos años en el día de fantasmas... Los conocí. El tiempo realmente pasa muy rápido.

—Si, y ahora vas a tener un lindo bebé—El fantasma sonrió alegre—Mis hermanas prepararon regalos para el heredero Choi—Anunció—Beommie, desde que llegaste... Tus gritos y los llantos de Taehyun han sido la melodía favorita de Soobinnie desde entonces—Confesó, formando una burlesca sonrisa. Si bien estaba algo apenado, no podía negar que le encantaba ver feliz a Soobin asustar y hacer de las suyas con sus víctimas—Yo también quiero tener un bebé con Binnie, por eso vine a despedirme.

—¿A qué te refieres?—El menor estaba muy confundido, incluso ladeó su cabecita. No era lógico que un fantasma pudiese concebir, ¿no? Estaba muerto—¿Despedirte?—Yeonjun asintió.

—¡Mis hermanas y yo ya estamos finalmente en paz! Está noche, cuando el reloj de las diez, todos cruzaremos las puertas del más allá. Binnie Hyung dice que es porque gracias a ti, ¡finalmente nuestros deseos están cumplidos y será más fácil renacer de ahora en adelante!

—Oh—Murmuró el azabache—E-Eso no... N-No me lo esperaba.

Si bien su estadía en el lugar al principio había sido... Macabra, con el tiempo se fue acostumbrado a las siniestras presencias de los fantasmas, pero de quién nunca logró quitarse el miedo.

Fue de Soobin.

Y ahora que el fantasma de ojos blancos le decía que se estaba despidiendo...

No sabía si sentirse agradecido o triste, después de todo, le agarró cierto cariño a Yeonjun. Sus días monotos como un ciudadano de Corea común, se habían acabado gracias a él. De cierta manera, decirle "Adiós" si le afectaría.

Probablemente horas después estaría llorando en brazos de Taehyun, pero no sería algo que no pudiese superar con ayuda de su esposo.

Quizás.

—¿Prometes no olvidarte de mi?—El fantasma extendió su meñique, sorprendiéndolo y sacando de su ensoñación al menor.

¿De verdad le diría "Adiós"?

Beomgyu tragó en seco al ver a Soobin en el marco de la puerta, amenazándole con la mirada.

Debía obedecer al mayor, a menos de que quisiera ser degollado sin piedad por el demonio de ojos rojos. Yeonjun seguía esperando pacientemente por una una respuesta, con una calmada sonrisa. Así que con una expresión más relajada, luego se soltar un suspiro, Beomgyu correspondió, entrelazando su dedo con el del que alguna vez fue el heredero de los Choi.

—Lo prometo.

Yeonjun sonrió aún más en grande, el pacto finalmente estaba hecho. Esa noche sería finalmente libre junto a sus hermanas y su Soobin.

Por lo tanto, la maldición de aquella mansión, en especial la maldición del pequeño fantasma sin visión, sería heredada a Beomgyu en una tragedia para su próxima vida.

Simplemente, ya no era y no sería problema suyo, pero el Karma de la Luna nunca se sabría cómo funcionaria.

Después de todo, todo era culpa de los pecados que el demonio había cometido en anteriores épocas, así que ser el sacrificio perfecto, era algo que estaba dispuesto a realizar.

Si con eso liberaba a Soobin de la oscuridad.

Él estaba satisfecho.