Casa de canje
Bakugō Katsuki era un hombre simple, más de lo que otras personas podrían imaginar. Él solo quería tomar las decisiones más cómodas y correctas, pero muchas veces por consiguiente terminaba haciendo cosas que otras personas podrían considerar desalmadas.
Recientemente su padre falleció, dejándole como herencia algunas cosas inútiles como muebles. Su madre se encargó de enviarle todo, y ella se quedó con la casa y otro par de cosas. Entre las cajas que se quedó Katsuki, había algunos juguetes muy viejos que en un momento pensó en tirar, pero cuando notó que estaban muy bien cuidados y con la caja cerrada decidió que sería mejor venderlos.
Así que se dedicó a investigar un poco, en el internet de una biblioteca buscó información, encontrando que eran figuras de acción de edición limitada de All Might, Las primeras que habían salido en los años setenta. Ya que no venía un precio actual, tenía que investigar con varios expertos para asegurar el precio y que no lo timen.
Primero acudió a una tienda de cómics, le dieron un aproximado de dos mil dólares, pero no le aseguraron nada. Después en un museo donde le dijeron que ahí no podían valorar ese tipo de cosas. En la casa de préstamo solo le ofrecían veinte dólares “por un simple juguete”.
Al final encontró a un hombre coleccionista quien ya era poseedor de esa pieza y le dijo que mínimo debía venderlo en cinco grandes.
Encantado, Katsuki se dedicó a encontrar un comprador. Tenía planes de pagar un anuncio en el periódico, también investigaría cómo utilizar internet para llegar a personas de otras partes del mundo, pero antes de nada, iría a ofrecerlo en diferentes tiendas que se dedicaban a comprar objetos de colección o cosas raras.
Su primer intento fue la casa del canje. Jamás había entrado a ese lugar, pero sabía que ahí compraban lo que sea que le llevaras y podías encontrar cualquier cosa que nunca imagines.
Entró al establecimiento, siendo rodeado de un montón de artículos increíbles, más de la mitad ni siquiera sabía qué eran o para qué servían. Al fondo se encontraba un pequeño mostrador donde un señor con lentes estaba leyendo algo, parecía muy concentrado, pues no se enteró de la intrusión de Katsuki.
—Buenas tardes —dijo el rubio para llamar la atención. El hombre del mostrador volteó rápidamente, sonriendo en seguida y dejando las cosas de lado para atenderlo.
—¡Hola! Buenas tardes, mi nombre es Izuku Midoriya y esta es la casa del canje, donde puedes venir y canjear cualquier objeto por otro con el mismo valor ¿Qué le puedo ofrecer? —y como si fuera un comercial de teletienda, Izuku le dijo cosas inútiles.
Sin una palabra más, Katsuki sacó de la bolsa que cargaba el juguete, posándolo frente a Izuku en espera de la misma reacción sin interese que le dedicó el tipo del museo. Pero para su sorpresa, Izuku abrió los ojos llenos de sorpresa y adoración.
—¡No puede ser! ¡Es el único y original All Might de la era de oro! Completamente conservado y nuevo —sin permiso, Izuku tomó el objeto entre sus manos y lo acercó a su cara para admirar sus detalles.
Suspiró, como si estuviera viendo la foto de su amor imposible, y sonrió como un maniático. De pronto su carácter cambió a uno más serio y profesional, como meditando cuál debería ser su siguiente movimiento.
—Bien ¿Cuánto ofreces? —preguntó Katsuki, dejándole escoger primero, pues Izuku parecía ser alguien que sabía de esas cosas y no quería ser estafado.
—Am… ¿Qué gustos tienes? Tengo algunas cosas que podrían interesarte.
—¿Qué tienes? —Katsuki decidió dejarse llevar por su curiosidad y ver si Izuku tenía algo que pudiese servirle que costara aproximadamente cinco mil dólares.
—Mmm… —Izuku sujetó su labio inferior entre dos dedos, mirando alrededor de su tienda—. ¿Qué tal esta figura coleccionable de Darth Vader de la promoción de la primer trilogía? —el hombre corrió hacia un estante muy alto, subiéndose a un banquito para poder bajar a una figurilla del mismo tamaño que la que traía él.
—Descarta cualquier juguete —dicho eso, Izuku subió de nuevo la figura y bajó en busca de más objetos.
—¿Tal vez una máquina de coser de la marca Singer de primera generación? Te aseguro que esta tiene un valor de diez mil dólares —le mostró una máquina arrumbada en una esquina llena de polvo.
—No lo creo —Katsuki pensó que sería mucho más difícil de vender aquello, no conocía sobre coleccionistas de máquinas de coser.
—¿Tal vez esta vieja máquina tragamonedas de los años veinte?
—Menos… —jamás había visto una máquina como esa, era enorme y lucía demasiado compleja ¿Cómo se desharía de esa basura si con trabajos logró encontrar un interesado en la figura de All Might?
—¿Un teléfono de pared de los cuarenta? ¿O tal vez este casco usado en la segunda guerra mundial? ¿Un dibujo de Mickey mouse autografiado por Disney? ¿la colección del último juego de cartas lanzado por Pokémon? —Katsuki pensó y escuchó por cada una de las ofertas, pero en todas llegaba a la conclusión de que solo sería trabajo extra, y él solo quería sacar provecho de la basura de su padre.
—¿Por qué no solamente pagas con dinero? —terminó preguntando, que sería lo más cómodo para Katsuki. Izuku borró su sonrisa y frotó sus manos.
—Bueno, honestamente no tengo el dinero para adquirirlo. Después de todo, esta es una casa de canje, usualmente la gente que viene con objetos se va con otro entre manos, y a veces llega gente coleccionista buscando qué comprar o simplemente otros me venden objetos raros a un módico precio que con el tiempo adquieren valor, así funciona esto, así ha funcionado desde mi tatarabuelo —Izuku se hundió de brazos con algo de desánimo.
Sabiendo que él no fue el mejor en saber administrar la tienda, y que no había podido sostener la parte donde compraba objetos que ya tenían un valor muy elevado para lo que eran. Muchos de los aparatos o juguetes que tenía no los compró, ya estaban ahí desde antes de que naciera o los había cambiado con otras personas.
Katsuki le miró, notando que Izuku realmente se sentía mal por no lograr convencer a Katsuki de darle el objeto a cambio de algo.
—B-bueno, si quieres puedes echar un ojo y si algo te interesa dime ¿Vale? —ofreció como último intento. Katsuki aceptó en silencio y se puso a revisar el lugar.
Dio unas cuantas vueltas por estanterías llenas de cosas, siendo seguido de cerca por el dueño del lugar. Encontró un pequeño juego de arcade que lucía muy viejo, y a pesar de eso estaba bien conservado.
—¿Eso de ahí? —señaló la máquina.
—Oh, eso es un juego de arcade de Pacman, se usaban en las primeras tiendas de videojuegos. Aún funciona, pero me temo que este tiene un valor mucho más grande que la figura, de cincuenta mil dólares.
Katsuki cabeceó asintiendo, realmente era mucha la diferencia de dinero, pues All Might era relativamente nuevo a comparación.
—¿Y eso de allá? —ahora Katsuki señaló de improvisto una pila de revistas varias. Izuku se acercó para tomar un montoncito y mostrárselas.
—Son algunas viejas ediciones de revistas populares, de diferentes lados del mundo. Están Time, Rolling Stone, P-Playboy, People… puedes llevarte varias si quieres —Izuku había tartamudeado cuando mostró la portada de la revista playboy, habiendo en ella la famosa actriz en una pose sugerente.
Su rostro se había coloreado un poco, seguramente más por el hecho de que aquella era ese tipo de revista y no tanto por la chica en la portada, pero siguió mostrando las demás sin ningún problema.
Katsuki lo miró, lo contempló, y pensó “joder, eso fue muy lindo”. Un pequeño gesto de timidez en un hombre que lucía de, no sé, treinta cinco años le calentó como no debería haberlo hecho.
Izuku seguía en su tarea, pensando que Katsuki estaba muy interesado en el tema de las revistas, cuando el rubio repentinamente levantó su mano y acarició con la punta de sus dedos la mejilla pecosa del hombre. Izuku se detuvo de golpe, calló y miró fijamente un punto con el rostro rojo y sorprendido.
—Me estaba preguntando si también puedo canjear productos por servicios —dijo descaradamente, paseando su dedo pulgar por el mentón de Izuku hasta rozar el labio inferior de este.
Izuku ahora era un tomate, o tal vez una fresa con lentes. Era evidente que había captado el mensaje, después de todo era un hombre mayor igual que él y no podía ser un santo. Izuku lo miró levemente, inquisitivo, y tartamudeó al hablar por los nervios.
—Eh b-bu-bueno… n-no tengo ningún servicio para o-ofrecer…
—Sabes de lo que estoy hablando —al decir eso, Katsuki se acercó lo suficiente para tener a Izuku a un par de centímetros cerca de su cara. El más bajo solo atinó a apartarse levemente mientras dejaba las revistas en su lugar.
—Y-yo no, no puedo hacer ese tipo de servicio… —intentó ocultarse atrás del mostrador, pero Katsuki le siguió como un animal persiguiendo su presa.
—Piénsalo, cualquier cosa que hagamos no saldrá de aquí, y podrás quedarte el juguete —ofreció, recargándose con casualidad en el mostrador.
Izuku lo miró, pareció pensarlo un buen rato y al mirar una vez más el juguete, lo consideró.
—Hi-hipotéticamente, si te dijera que sí ¿Qu-qué clase de cosas haríamos? —desviando su mirada y jugueteando por sus dedos, fue atacado por Katsuki quien una vez más se acercó para acariciar sus labios.
—Solo será un simple trabajo de boca, tienes unos labios muy bonitos —habló con completa sensualidad, mordiendo su propio labio.
—¿Solo una mamada? —preguntó Izuku en un susurro, como si lo que estaban haciendo fuera algo prohibido. Katsuki asintió con la cabeza y su mano abandonó el mentón de Izuku para viajar a su nuca y acariciar el cabello verde.
Izuku tragó saliva, y tomándose su tiempo para prepararse mentalmente, aceptó el trato con un movimiento. Se puso de rodillas, su rostro exactamente enfrente de la entrepiernas de Katsuki.
El rubio respiró pesado ante la anticipación, ya sentía su miembro medianamente duro. Izuku tomó la hebilla del cinturón y comenzó a bajar la ropa.
—S-solo debo advertirte una cosa. Yo… yo jamás he hecho algo como esto, con un hombre, así que probablemente lo haga mal —al terminar de decir eso, bajó la ropa interior de Katsuki descubriendo el pene que lo esperaba ansioso—. Ay Dios mío —murmuró para sus adentros, pues era más grande de lo que imaginó y aún no estaba erecto por completo.
—Confío en ti, lindo —dijo Katsuki, acariciando el cabello de Izuku entre sus dedos—. Tal vez me corra con solo un beso, te vez tan suave y caliente.
Izuku estaba que se desmayaba, el cliente estaba siendo muy pervertido y él solo quería terminar eso rápido.
Temeroso, tomó el pene entre su mano derecha, comenzando a masturbar levemente como hacía consigo mismo. Katsuki suspiró y tensó levemente su cuerpo en respuesta al placer. Se lamió los labios, y convenciéndose de que lo haría bien, le regaló un beso a la punta del pene. Katsuki gimió despacio en aprobación, por lo que Izuku se animó a dar más besos a lo largo de la extensión. Besó desde la punta hasta la base, viajando por un lado mientras que su mano seguía masturbando.
—Usa la lengua, bebé —susurró Katsuki, sin dejar de acariciar.
Izuku tragó saliva, pensó que se librería de eso si usaba solo besos en “trabajo de boca con labios lindos”, pero obviamente pediría el paquete completo de lo que significa una mamada. Sacó la lengua y con lentitud lamió desde la base hasta la punta en un camino de regreso, probando el sabor salado del sudor del hombre. Terminó dando pequeños lengüetazos en la punta, concentrándose en el frenillo del pene.
—Ah, joder, como un niño con una paleta —dijo el cliente, tomando con algo de fuerza la cabeza de Izuku para mantenerlo en su lugar. Entonces empujó levemente su cadera para meter el pene en la boca del otro, quien solo permitió la acción cerrando sus labios alrededor del eje. Izuku contribuyó al movimiento, subiendo y bajando su cabeza, sacando y metiendo el miembro del rubio.
Katsuki jadeaba, intentando llegar más profundo. Duraron bastante tiempo en esa rutina, Izuku comenzó a sentir su quijada entumecida, pero el rubio no parecía acabar pronto.
Con una mano sosteniendo el cabello de Izuku, la otra mano de Katsuki se dirigió a sostener la base de su pene para sacarlo de la boca de Izuku y masturbarse rápidamente. El más bajo observó atónito el movimiento frente a sus ojos, y cómo el rubio se corría manchando sus anteojos y partes de su frente y nariz. Con un suspiro, Katsuki terminó, posando la punta de su miembro en los labios cerrados de Izuku para tomar algo de aire antes de retomar la compostura.
—Maldición… —Katsuki rápidamente guardó su miembro en su ropa interior y volvió a ponerse los pantalones, sacando de la parte trasera de esos un pequeño paño.
Se agachó hasta quedar en la altura de Izuku, pasando el paño por la cara, quitándole los lentes para intentar limpiarlos. Izuku tenía el rostro sonrojado, y no sabía qué decir, pero mantenía la mirada en el rostro de Katsuki.
—Eso estuvo muy bueno —susurró el rubio, intentando ponerle a Izuku sus lentes, el más bajo terminó acomodándoselos correctamente. Katsuki al final le regaló un pequeño beso en los labios.
—Gracias —sin poder evitarlo, el pecoso soltó una sonrisa complacida al ser elogiado por su trabajo, y aún manteniendo el rostro rojo lleno de vergüenza.
Ambos se levantaron del piso, Izuku tomó su lugar en el mostrador, y Katsuki se apartó para ya retirarse, dejando el juguete con Izuku.
—Veré si puedo conseguir algún otro juguete de colección para otra mamada de cinco mil dólares —bromeó, con una media sonrisa llena de burla y confianza. Izuku se coloreo de rojo de nuevo, pues cayó completamente en cuenta de lo que acababa de hacer.