Capítulo 1

Capítulo 1
No quería abrir los ojos, de verdad que no lo quería hacer esa mañana, el lugar donde dormía era un poema a la tortura emocional, encerrado en ese frio y solitario sótano, sin nadie cerca, sin una ventana decente para enterarse siquiera de la hora que era. Gruño entre las sábanas, odiaba el lugar pero también sabía que era un mal necesario, como los golpes del heichou.
―¡no, no, no. ¡No puedo pensar así! ―se regañó a sí mismo por ver tranquilamente el acto barbárico que hicieron con él ― demonios...
Dando un suspiro triste al fin se levantó de la cama, el solo imaginar a Rivaille tumbando la puerta del sótano para hacerlo levantarse le aterro. Miro mas calmadamente el sitio donde durmió, una especie de bóveda subterránea de piedra, vulgarmente llamado sótano, con una cama y una mesa, demasiado básico.
―que... ―sintió un dejo de curiosidad al ver que sus pies descalzos chocaron con un saco de lona ocre al borde de la cama, estaba seguro que cuando se fue a dormir eso no estaba allí.
Eren se incorporó vacilante hasta el objeto en cuestión, alzando el saco para ver su contenido pero el sonido de la puerta siendo abierta escaleras arriba lo detuvo, instintivamente se paró firme y puso su puño cerrado al frente, como se acostumbraba a saludar en la legión.
Espero paralizado, oyendo el sonido hueco y duro de unos pasos sobre la escalera de piedras, deseaba con el alma que fuera quien fuera, menos Rivaille, pero no tuvo nada de suerte con su deseo.
―Eren. ―entró estoicamente al sótano, mirando con su acostumbrada frialdad.
―¡Buenos días, señor! ―se cuadro más aún, tieso como un palo de madera clavado al suelo.
―Vístete, necesito que empieces tus labores del día. ―centró sus orbes afiladas en el saco de lona.
―Sí, señor.
―Te espero en el comedor. ―sin más palabras salió de la habitación tan solemnemente como entró.
Eren dio un profundo suspiro de alivio, ese hombre le descompensaba el cuerpo de algún modo extraño, apenas sentía su presencia se le aceleraban las pulsaciones, le dolía la cabeza y sentía como ganas de vomitar, un perfecto cuadro de estrés. Olvidando lo anterior, rápidamente volvió a cumplir con la orden del heichou, se desvistió dejando sus pantalones de dormir y su camisa en una esquina de la cama, bien dobladas, tomó el saco de lona y se dispuso a sacar su nuevo uniforme de la legión de exploración.
―¿¡qué diablos es esto?! ―miró perplejo lo que contenía el saco, no era ni remotamente lo que esperaba ―tiene que ser una broma.
―No lo es... ―una voz emocionada resonó repentinamente en el sótano.
―¿Mayor, Hanji? ― volteo asustado a ver a la científica que apareció como si nada en el lugar.
―Buenos días, Eren.
―Me han dejado un saco con ropas que no son mías. ―señaló contrariado el objeto.
―No es un error ― la mujer sonrió de un modo casi lujurioso.
―eh... tiene que ser una broma, ¡una broma muy pesada a mi parecer! ―a pesar de que esa mujer era de rango superior al suyo, se atrevió a encararla, y peor aún, llevarle la contraria.
―El heichou tiene un modo particular de darle la bienvenida a los nuevos soldados. ―sonrió feliz, tanto que asustó a Eren.
―No.
―Si ―sus lentes brillaron malévolos.
―Pero es estúpido.
―Si el heichou quiere que te lo pongas, póntelo y sal al comedor.
―No voy a ponérmelo.
―Eren... ―Hanji se le acercó con un aire tenebroso, su mirada parecía crispada en algún pensamiento terrorífico ―te recomiendo hacerle caso a Rivaille y no tentar tu destino, aún no conoces la verdadera fuerza bruta que puede llegar a ejercer ante la insubordinación.
―... ―se le erizo la piel en un segundo, los recuerdos del juicio volvían a estar frescos en su mente, el dolor, la tortura, el deseo animal de lastimarlo que despedía por los poros el pequeño moreno no fue una pantomima. ―está bien.
―¡Perfecto! ―la científica sonrió totalmente complacida ―no te preocupes tanto, Eren, solo serán unas horas cuánto mucho, el heichou no es tan malo como lo pintan.
Hanji salió del sótano casi que dando saltitos, como satisfecha por convencer a Eren de cumplir las excentricidades de Rivaille.
―Demonios. ―contuvo la respiración mientras metía la mano en el saco y sacaba la vestimenta evidentemente humillante que llevaría por ese día.
La colocó sobre la cama y dio incontables vueltas por el sótano como buscando fuerzas y voluntad para ponérselas. Sudaba frío, estaba teniendo un nuevo ataque de pánico cuando escucho otra vez pasos por las escaleras empedradas. Palideció en segundos, ese tenía que ser el heichou Rivaille listo para darle la paliza de su vida por no obedecer, en una desenfrenada carrera tomó las ropas y trato de ponérselas en una angustiosa prisa, al menos si el moreno entraba al sótano, que lo consiguiera vistiéndose y obedeciendo la orden.
―¿Eren? ― una voz femenina resonó en la habitación.
―¿Petra? ―se quedó a medio vestir, con la ropa atorada entre sus brazos extendidos arriba y el torso, tanto apuro causó que no desabrochara correctamente los botones de la ropa.
―Creo que necesitas ayuda. ―la rubia tapó su boca con la mano para no soltar una risita, la posición del pobre castaño era evidentemente jocosa y comprometedora.
―¿po― podrías ayudarme?
―Claro. ―miro un poco sonrojada el torso desnudo de Eren, por más seria que fuera, esto la sacaba de su espacio seguro ― ¿y... esa ropa?
―El heichou me mandó a usarla.
―Oh. ―con mucha delicadeza desabrocho los botones de la espalda y las cintas de raso anudadas delicadamente ― ya.
―Gracias, Petra. ―respiro aliviado al poder terminar de vestirse.
―Eren, te falto esto. ―tomó entre sus manos un delicado delantal casi transparente y con encajes en el borde que cayó al suelo.
―No. ―sus mejillas se tiñeron de un rojo el doble de intenso que el de su compañera de armas.
―El heichou se molestara.
―¡Que se moleste! ya estoy haciendo demasiado con ponerme un vestido.
―Es un uniforme de sirvienta. ―acotó Petra en un susurro.
―¡Es lo mismo! Es ropa de mujer, y yo soy un hom..
―Antes que un hombre, eres un soldado que desobedece la orden de su superior. ―Una voz nueva interrumpió a Eren.
Era su muerte, si, estaba ya muerto tres metros bajo tierra, enterrado y siendo llorado por sus amigos Armin y Mikasa, ya no había salvación, esa llegada abrupta de Rivaille justo cuando se estaba quejando en grande lo mandaría como mínimo al infierno, dolorosa y sádicamente.
―Termina de ponerte la ropa. ―en dos zancadas acabó quitándole la prenda a Petra y dejándola en las manos obviamente temblorosas de Eren ―cinco minutos para que estés en las caballerizas.
―Si ―se puso firme, conteniendo las ganas de soltar un grito de terror.
Otra vez Rivaille desapareció por las escaleras, aunque su esencia permaneció helándole la sangre a ambos jóvenes. Petra quedó tan muda como Eren, pero por motivos muy diferentes, no le temía al cabo, ya le conocía perfectamente y por ello su asombro estaba desencadenado gracias al comportamiento “curioso” del mismo para con Eren.
―¡Soy un hombre muerto! ―chillo entre gemiditos al tiempo que se amarraba a la cintura la última pieza del atuendo torturador que le dio Rivaille ― y humillado.
―Suerte, Eren. ―Petra le despidió tímidamente, pensando en la leve, muy leve sonrisa que tenía su superior al subir las escaleras, era raro verlo reír y mucho más sonreír, ya que ese acto tan natural del ser humano parecía imposible de ejecutar en la cara del moreno.
Finalmente Eren tomó el valor, o el temor de subir a la superficie, caminando incómodo por el peculiar aire fresco que le daba entre las piernas y bajo el vestido, una sensación dudosamente cómoda, tenía que lidiar además con el factor pudor y vergüenza, hasta unos segundos atrás solo necesitaba obedecer para salvaguardar su pellejo, pero ahora tenía que hacer de tripas corazón cuando dos soldados cruzaron delante de él en la antesala del comedor, ambos le miraron con incomodidad pero ninguno se atrevió a burlarse, más bien, sintió sus miradas como de condolencia, sintió como si esa bienvenida Rivaille se la daba a cada uno de los recién ingresados.
Luego de dudar se atrevió a salir fuera, tenía el tiempo contado y los cinco minutos se agotarían pronto, en una rápida carrera llegó a las caballerizas, respirando agitado e incómodo por sentir como el fondo del vestido le daba comezón en la baja espalda.
―¿Heichou Rivaille? ―dio unos pasos dudosos dentro de las caballerizas, mirando todo el pasillo hasta que escucho como un caballo resoplaba y relinchaba en su box ― ¿señor?
Hizo un vistazo al lugar y encontró al nombrado moreno con un cepillo grueso en mano desenredando las crines de su caballo, no mencionare que Rivaille estaba montado sobre un balde de madera puesto boca abajo para poder alcanzar su cometido.
―Heichou. ―se cuadró ante el nombrado, sintiéndose ridículo en todo el sentido de la palabra.
―Esto es para que intentes ser un hombre, mocoso. ―masculló fríamente y sin mirarle, estaba más apasionado con el acicalamiento de su caballo.
―No... no pongo en duda sus objetivos, señor, pero es humillante ― tragó saliva audiblemente ante su comentario, no sabía como Rivaille reaccionaría esta vez.
―Ya lo veras. ―sonrió cínicamente al tiempo que bajaba del cubo de madera y encaraba a Eren ―Limpiaras todas las porquerías de las caballerizas.
―¡Sí, señor! ―pensó que no era una labor horrible, solo agotadora, y además, el sitio estaba alejado del resto de los soldados, afortunadamente nadie le vería hacer el ridículo.
―Por hoy no me llamarás señor, quiero que respondas claramente “Si, Rivaille sama”.
―¿eh? ―un rostro notablemente perplejo se dibujó en Eren, ¿acaso había escuchado mal al moreno?
―¡Quita esa cara de idiota!
―¡Si, señor! ―ni pudo terminar el saludo cuando Rivaille ya le había barrido las piernas con una certera patada haciéndolo caer de bruces al suelo lleno de heno y suciedad de caballo.
―“Si, Rivaille sama” no lo olvides pequeño mocoso. ―levantó ligeramente el borde del vestido de Eren con la punta de su bota, mirando seriamente las piernas del pobre chico ―cuando termines, ponte tu equipo 3d y ve a mi habitación.
―Si... Rivaille sama. ―se mordió los labios de coraje, aquel ataque no lo vio llegar y acabó con un buen golpe en la espalda.
Eren suspiró derrotado, estaba claro que su superior era, primeramente un hombre frío, brusco, fuerte, violento, y ahora ¡también fetichista!. Su vida parecía correr más peligro junto al moreno que en el campo de batalla, pero no había más salida, debía comenzar a cumplir su labor. Con mucha incomodidad se dedicó a limpiar uno a uno los box de los caballos, eran alrededor de 20 y el trabajo fue duro sin duda alguna, lo peor no era cargar estiércol, lo verdaderamente malo era tratar con algunos caballos locos, trastornados seguramente por la vida que llevan, unos ni lo miraban cuando entraba pero otros se volvían realmente agresivos queriendo patearlo o morderlo sin misericordia, en un momento hasta llegó a pensar que todo eso era causado por sus ropas, totalmente disonantes de lo que acostumbraban ver esos animales.
Y finalmente medio día le tomo terminar, estaba agotado, sucio y muerto de hambre, su cabello lleno de paja y oloroso a sudor de caballo, todo su vestido de sirvienta algo polvoriento pero nada serio, mientras limpiaba recordó la obsesiva compulsión de su heichou por la limpieza y de que sospechaba que ese traje blanco y negro debía terminar impecable al final de sus labores, suspirando derrotado se miro a sí mismo, estaba sudado, con sus botas y manos llenos de tierra y polvillo de heno, definitivamente debía darse un baño antes de ir a encarar a Rivaille, juraba que si se presentaba en esas fachas recibiría la paliza de su vida.
―Un baño rápido y regreso a mis labores. ―salió de las caballerizas casi corriendo, para no perder su tiempo.
El lugar donde se aseaban los soldados estaba desierto, perfecto para Eren que no tenía las más mínimas intenciones de chocar con nadie en esas fachas. Con más calma lleno una tina de piedra con agua y se desnudo dejando cuidadosamente el traje de sirvienta en una pequeña mesa de madera fuera de los baños, aquella agua le sentó como gloria, quitándose toda la suciedad de encima, sin prisas restregó su cuerpo y cabello con jabón y paso a enjuagarse, se perdió en el relajante baño, descuidando sus alrededores por el ruido del agua que ayudó a evitar que sintiera como una sombra entraba a los baños, se quedó contemplando a Eren unos instantes hasta que dio media vuelta y se fue, aquel extraño acontecimiento no lo percibió el chico, estaba tan feliz de su aseo.
Salió repuesto, con un aire de tolerancia y resignación recargada, solo debía ir donde Rivaille y terminar sus locos caprichos de limpieza.
―Otra vez a cargar puesta esta tortura ―rebusco entre el vestido su ropa interior ― ¿donde esta?
De serena búsqueda paso a modo angustia, ¡sus bóxer habían desaparecido!, Eren pensó, más bien, juraba que los había dejado al lado del vestido y ahora no aparecían como si la tierra misma se los hubiese tragado, frustrado dio vueltas por el baño, desnudo aun y con una simple toalla tapando sus noblezas, el tiempo se le iba y debía presentarse ante Rivaille.
―Buscaré otros en el sótano. ―suspiro derrotado y tomando el resto de las ropas para vestirse.
Acabó sintiéndose tan o más humillado que antes, otra vez el traje de sirvienta puesto, sus botas del uniforme y sin ropa interior puesta. Sus mejillas ardían en rojo vivo al meter la mano bajo el vestido y sentir carne y solo carne, si antes se le colaba un airecito fresco pues ahora sentía que una ventisca le daba en todo el trasero.
―Esto es vergonzoso... ―se acomodó las botas y salió otra vez con prisas rumbo a su bella habitación en el sótano.
Era una carrera contra reloj porque los baños estaban totalmente en la otra punta del castillo, debía lidiar con el recorrido y su suerte, quien lo viera podría jurar que actuaba como un ladrón sigiloso, escondido cada dos por tres entre las esquinas, moviéndose cuidadosamente hasta que estuvo fuera del castillo y a dos pasos de su salvación.
―Solo entro al sota...
―¡Eren! ―una voz fuerte y clara le hizo detenerse en seco antes de poder caminar un paso más.
―Si se... si, Rivaille sama ―un aura negra lo rodeo al saber que el cabo lo vio.
―¿Qué diablos haces allí parado como un estúpido?, ¡sube aquí inmediatamente!
―Si... Rivaille sama. ―agacho la cabeza derrotado, no recordaba que ventana de la habitación del heichou quedaba frente a la torre donde estaba el sótano, perfectamente alineada, con una vista preferencial a la entrada del mismo.
¿Opciones?, pues no le quedó ninguna a esas alturas, solo terror recorriéndole los huesos hasta el tuétano, ni siquiera pudo ponerse su ropa interior, tan solo tomó su equipo 3d y salió disparado a la habitación del moreno en lo alto de la torre, fue una subida dolorosamente tensa, tratando de amarrarse bien las correas de su equipo al tiempo que le estorbaba el condenado vestido y sus pliegues abombados, detestaba esa ropa, detestaba las absurdas torturas de Rivaille, detestaba hasta al mismo Rivaille más que nunca en ese instante que su cara dio completamente de lleno contra la del moreno, parado en la entrada de la habitación como una estatua de mármol blanco, fría, inexpresiva y tan ilógicamente dominante.
―Tardaste demasiado en subir las escaleras, eres un flojo. ―le dio una mirada despectiva al pobre Eren, como si él fuera un simple saco de excremento que alguien tiró en la entrada de su habitación.
―Lo lamento, Rivaille sama, tuve un percance con mi ro… ― quedó silenciado repentinamente al ver que Rivaille dio algunos pasos acortando la distancia entre ambos brutalmente.
Trago grueso y cerró los ojos, juraba que lo que recibiría sería un golpe certero a su cara o al estómago, sus manos se crisparon en el intento de hacerse una barrera protectora, pero nada más lejos de la realidad, el moreno no le golpeo, solo se limitó a encararlo y posar sus manos sobre las correas que se medio ocultaban entre los pliegues del vestido de sirvienta, Eren sintió aquellas manos toqueteando sus muslos, esos dedos repentinamente metidos bajo el vestido, no supo cómo reaccionar, tan solo se le subieron los colores al rostro de imaginarse el mismo haciéndole eso a alguna mujer, con vergüenza ladeo su mirada y trato de sacar alguna oración de su garganta, pero no pudo, se le secó en un grueso paso de saliva, sintiendo un tirón brusco y casi asfixiante después de aquellas caricias, el heichou había apretado sus correas casi a un punto de causarle un torniquete.
―Eres un tonto de primera mocoso, ¿acaso no sabes cómo llevar correctamente el equipo? ― volvió a tensar las correas de Eren pero esta vez en la cintura.
― l―lo lamento señor, me coloqué el equipo mientras subía las escaleras aquí.
―¡Si, Rivaille sama! ―repentinamente jalo del arnés de la cintura haciendo que Eren chocara contra el cuerpo del moreno, medio agachado para que sus ojos se cruzaran sin ningún impedimento ― Recuérdalo, descerebrado.
―Si, Rivaille sama. ―hablo entrecortado por la presión en su estómago y pecho, dolorosa e incómoda.
―Necesito que cumplas con otro trabajo. ―le soltó bruscamente dejándole al fin respirar ― Ven aquí, Eren.
El pobre miró asustado como el heichou paseaba por su habitación hasta quedar frente a un pequeño balcón, tenía una vista verdaderamente privilegiada de casi todo el castillo, y del sitio donde quedaba el sótano.
―Dígame. ―se movió cuidadosamente cerca del moreno.
―Quiero que limpies los vitrales que están allí, me afean la vista todas las mañanas cuando pega la luz del amanecer, es insoportable que estén sucios.
―¿Los vitrales? ―miró perplejo al moreno.
― ¿Qué parte de la orden que te di no entendiste, Eren?
―Si, Rivaille sama ―se tragó las ganas de decirle que no llevaba ropa interior, pensó que era realmente vergonzoso contarle eso y de seguro el heichou le golpearía por dejarse robar su ropa interior.
―Muévete, estaré viendo desde aquí que cumplas con el trabajo correctamente.
―Déjeme ir por un balde de agua, jabón y empoja… ―era una excusa perfecta para ir por su ropa, pero fue rápidamente aniquilada al ver que Rivaille tenía todos los implementos a los pies del balcón, ese hombre le asustaba realmente con su obsesión de limpieza.
―No quiero pensar que me estás dando excusas, soldado.
―¡No, Rivaille sama! ― se cuadro firme ante su heichou, ya para que luchar contra la crueldad de su mala suerte.
La siguiente duda se le presentó al pobre de Eren al estar parado bajo el enorme vitral de la fachada, limpiarlo le llevaría sus buenas horas, pero el problema era estar colgado de allá arriba y que alguien pasara por debajo y decidiera “echar un vistazo hacia arriba”, su cuerpo se descompuso en un escalofrío tétrico, verían un lado de él que ni él mismo ha visto, si se enrollaba el vestido entre las piernas quizás se salvaría de ello, entre esos pensamientos tomó la esponja y el balde de agua, miro a donde dispararía el cable del equipo dejándolo bien sujeto a otra de las torres, dio un hondo suspiro y alzó disimuladamente la vista hacia el balcón donde estaba Rivaille parado aun, limpiado convenientemente sus pistolas, eso parecía un mensaje subliminal que le gritaba “ haces algo mal y te disparare”, Eren no tenía suerte sin duda alguna.
La hora siguiente Eren se jugó en una suerte de limpiar el vitral sin dejar que el vestido mostrara sus noblezas al aire, estratégicamente se lo enrollo apretando fuerte los muslos, siendo delicado en sus movimientos y tomándose la precaución de estar al pendiente de que nadie se decidiera a verle trabajar parado bajo él. Había corrido con suerte, pero nada dura para siempre, Hanji fue la primera persona que se tomo la molestia de ir a verlo trabajar, se quedo detenida a una muy conveniente distancia, con unas carpetas en mano y divirtiéndose de lo lindo ante la tortura del vestido de sirvienta puesto.
―¡Te ves encantador, Eren! ― le gritó efusivamente desde su lugar.
―Por favor… no se quede allí parada, mayor Hanji. ―el castaño apretó más aún los pliegues del vestido entre sus muslos.
―Solo quería decirte que tuvieses cuidado allí arriba.
―¡Hanji! ― Rivaille le gritó desde su puesto en el balcón ―lárgate.
―Solo estoy previniendo a Eren sobre las ventiscas que pegan al atardecer por aquí.
―¿Ventiscas?
Allí comprendió todo, como una película en cámara lenta, la ropa de sirvienta, la limpieza de los establos, el baño, el robo de su ropa interio,r y ahora, el limpiar los vitrales que no estaban sospechosamente tan sucios como el heichou Rivaille le dijo, todo, completamente todo fue un entramado y bizarro plan para hacerle pasar vergüenza, Eren apretó la esponja con tanta rabia que se le escapó de las manos llenas de jabón, deseaba bajar y decirle cuatro cosas bien dichas al moreno, así le cortara la cabeza después, así le diera veinte palizas peores que las del juzgado, no importaba, ahora lo importante era resarcir su herido ego, su hombría herida. Mientras pensaba en voz alta sintió un tirón brusco de uno de los cables, eran las advertencias de Hanji vueltas realidad, un viento fuerte soplo de abajo hacia arriba, con tal fuerza que Eren intentó sujetarse pero no pudo, sus botas estaban llenas de agua jabonosa, sus manos también y el tener que maniobrar con el vestido era una desventaja, finalmente no tuvo más remedio que intentar bajar soltándose de la torre, consecuencias, tanto Hanji como Rivaille tuvieron unos segundos de vista privilegiada del trasero pálido de Eren.
―Eren. ―Hanji se quitó los lentes con una mirada seria y solemne.
―¡la…lamento que haya tenido que verme! ―se inclinó muerto de vergüenza ante la chica.
―No te preocupes ― la castaña le dio unas palmaditas suaves en el hombro ― Me parece más sexy tu trasero de titán.
Hanji se fue tranquilamente dejando a Eren con un rostro lleno de vergüenza, sus puños apretados y todavía conteniéndose todas las ganas de matar a cierto heichou morboso y lleno de artimañas para avergonzarlo, en esos momentos su raciocinio se fue de paseo y subió en una rápida carrera a la habitación de Rivaille, necesitaba pedirle razones y lo haría así lo lanzara por el balcón después.
―¡Usted es un enfermo pervertido! ―abrió de golpe la puerta de la habitación donde estaba Rivaille tranquilamente de pie como esperándolo.
―Cuidado con lo que hablas, mocoso estúpido.
―¡Es un sucio hombre que roba ropa interior y maltrata a la gente! ―le gritó señalándole con su dedo índice acusadoramente.
El mundo le dio vueltas en un segundo, vio el techo de piedra volando sobre él y después un duro y frío golpe contra el suelo, no supo en qué segundo Rivaille hizo palanca tomando su brazo extendido y lo lanzó al suelo como un saco de papas, ese movimiento lo atonto unos segundos, le daba vuelta la cabeza y sentía una incómoda presión sobre su estómago, al abrir los ojos noto que Rivaille estaba sentado cómodamente sobre él, haciendo ni el mínimo esfuerzo por evitar poner todo su peso en él.
―Podría matarte ahora mismo. Me sería tan sencillo patearte la cabeza hasta que se desprenda de tu cuello… pero me mancharía la ropa y el piso. Sería realmente molesto limpiar sangre, cuesta quitarla de la losa y la ropa blanca.
―No me puede matar, soy valioso para todos. ―masculló con todavía una gota de valor en sus venas.
―Eso es lo más molesto. ―sin prisas se arrodillo sobre Eren, enterrando su rodilla encima de su ingle ―Que tienes razón, mocoso.
―Aceptare la disculpa y olvidare lo sucedido, heichou ―intentaba resarcir el lio que armo, temía por su integridad física al sentir como el moreno estaba perdiendo la delicadeza y su presión con la rodilla aumentaba en su ingle.
―Yo aceptaré tu disculpas, Eren…. Discúlpate ―movió ambas rodillas sobre el cuerpo del castaño haciéndole soltar un sonoro gemido de dolor.
―aaahhh…. ―dolía, dolía un mundo tener tal peso encima de él, sentía que se le aplastarían las caderas de un segundo a otro.
―Haremos algo más divertido, Eren, me suplicaras para que te perdone. ―sin prisas se bajó de encima del menor y le arrancó de un solo movimiento el delantal del vestido, luego de ello le amarró las muñecas con el ― jugaremos un poco.
―¡Qué intenta! ―de un tirón sintió como Rivaille le puso de pie y lo lanzó sin piedad contra una de las paredes de piedra de la habitación.
―Tú te lo buscaste, mocoso estúpido… ―sujeto las manos de Eren sobre su cabeza mientras metía descaradamente una de sus manos bajo el vestido, toqueteándole nuevamente los muslos desnudos.
Continuará…
Lamento interrumpir el momento de romance apache que le dará el pequeño heichou a Eren, pero verán que valdrá la pena, quería que se entretuvieran con la desventurada experiencia, todo tendrá sentido en el próximo capítulo, ya verán, así que lo que les suena exótico tendrá su lógica luego.