Flor de cerezo
30 de Marzo.
Primavera.
Edades: ambos 24.El sonido del monitor cardíaco era lo que más se escucha aparte de unos sollozos. Ver a su pareja conectado a tal aparato, junto a una máscara que lo ayudaba a respirar, lo destrozaba. Él sabía que en cualquier momento aquella máquina podría hacer ese último ruido que no quería escuchar.
—Hey, deja de llorar, no me duele nada, no estoy sufriendo.— El hombre que estaba en la camilla trataba de calmar a su pareja.
—No deberías irte, todavía te falta mucho por vivir, prometiste que íbamos a conseguir una linda casa cerca de los campos de cerezos y verlos juntos cada primavera.—
—Lo sé, y esto no estaba en mis planes tampoco, pero mira, ya es primavera, y desde aquí se puede ver un árbol de cerezo.— Dirigió su mirada a la ventana que por suerte tenía una linda vista hacia un cerezo, árbol que le encantaba junto a su esposo.
El que se encontraba sollozando, se subió a la camilla, abrazó a su pareja y lo acompañó a ver el paisaje. Estuvieron así un rato hasta el de la máscara de oxígeno volvió a hablar haciendo que el otro gire su cabeza para verlo a los ojos.
—Es muy linda vista, y agradezco compartirla por última vez contigo.— Los ojos de su pareja se volvían a cristalizarse. —Por favor, continúa tu vida, no dejes que yo te retenga, ¿si?—
El de ojos llorosos solo se limitó a asentir con la cabeza. —Te amo.— Fue lo único que salió de sus temblorosos labios.
—Yo también te amo, mi flor de cerezo.— Fue lo último que dijo antes de cerrar sus ojos. Ahora se escuchaba el ruido que, el ahora viudo, no quería oír. La máquina y su llanto era los únicos sonidos en aquella fría habitación blanca, que pronto será deshabitada, para que otra pobre alma ocupe su lugar.