{Yesung} Going Home

Summary

Este mundo es, tanto para ti como para mí, un lugar despiadado y aterrador, así que regresa sea cuando sea... :: → Extensión: Único → Género: Angst → Palabras: 1 591 → Pareja: La pareja de Yesung en este relato queda a criterio de ustedes. :: 📎 Inspirada en la canción de Kim Yoon Ah "Going Home".

Genre
Drama/Romance
Author
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Único

En el camino de regreso a casa confía su corazón al poniente sol y mientras desempolva los recuerdos se entristece viendo las motas elevarse y agazaparse sobre sus cabellos. Entre los incontables pensamientos del baúl de su mente vagabundea al tortuoso y amargo fin. Paso a paso, comprime los párpados y se atraganta con los silenciosos sollozos que nacen de su garganta trozada. Sobre el trayecto, con la sombra del pasado arrastrándose tras sus talones, los perpetuos ojos ajenos clavados en su espalda y la caja aterciopelada carcomida entre sus manos, él derrama su amargura y saborea la resignación ante el saber de haberse quedado sin nada.


Aquel ser, que al sucumbir ante la angustia no contaba con otro anhelo más que arrancarse el alma, observó la brizna que flota en su cabeza y estalla como burbuja, continúa, el camino que alguna vez trazó marca un cambio. Los arboles envejecen, las hojas viejas y congeladas caen vencidas dispuestas en un cántico seco, y junto a ese otoño que se resiste a partir el frío lo empieza a envolver, esculpe a Jongwoon sobre el apabullante paisaje y cuando sus pies se elevan cortamente al igual que esas hojas, se desmoronan uno tras otro volviéndose un crash arrastrado e inagotable.


Allí el viento del presente lo azora y de pronto detiene su andar, para ese momento percibe el murmullo de la lástima y el recelo intruso cosquilleándole en la nuca, pero sus párpados desprovistos de cualquier afán no le permiten regresar, en su lugar se baten con posma en un último impulso ante una banca larga que le hala a entregarse al descanso ineludible.


Se permite asir como un imperceptible suspiro del frío madero, sobrecogido se deja vencer, abraza sus piernas y oculta el mirar oscuro en un vacío más profundo. A su costado queda la pequeña caja, pareciendo abandonada porque aquel vaho hecho hombre, finalmente empieza a difuminarse y solo ahí, él se tranquiliza ante la sensación e inconscientemente el peso que llevaba sobre sus hombros y le provocaba encorvarse, se aligera al empezarlas a soltar.


«No podemos saber lo que nos espera en los días y años que están por venir...»


Con sus últimos resquicios de voluntad, alza el cansino mirar y observa por unos arrebatados intervalos el horizonte, luego se permite vagar hasta donde el valor le fraguó. El destino es despiadado, aterrador y se ensaña cruelmente cuando más uno se aferra al querer.


«...porque el futuro es incierto»


El pelinegro se entregó a las últimas memorias que atesoraba, se permitió perforar con nostálgico ardor en sus pesares y todo regresó a él como un ramalazo encrudecido; se asimiló a sí mismo vuelto un manojo de aprensiones y convulsiones, percibió con consciencia el golpe implacable del reloj en sus oídos, sintió cómo nuevamente lo consumían aquellos ojos que al día de hoy le sabían perseguir con ese sentir indeseado e ignorante y de repente, ese sujeto cargado de inesperada desolación que se detuvo delante de él, acuoso, esquivo, incapaz de retención, que engarrotó sus brazos con una fibra sedativa unos segundos, como tratando de contenerlo y de transmitir una fortaleza que no poseía pero que, sin otra opción, lo soltó y empujó con ferocidad a un pozo tan hondo que apenas y logró apresar por un instante la ola de emociones que se agolparon en su ser y estallaron luego en ecos de interminable dolor y suplicio.


«Lo siento, lo siento tanto Jongwoon»


Pero nadie sintió el lacerante y desgarrador dolor que nació de sus entrañas, nadie fue capaz de percibir cómo por dentro todo bullía y se trizaba; quien existió en esa época murió ante esas devastadoras palabras, el temblor casi lo extinguió y de los retazos que quedaron escaparon ruegos que lo acompañarían hacia el final. En la mano del hombre de cabellos azabaches reposa galante una alianza que compartía con aquel que se le había sido arrebatado por ese mismo perverso destino, ese que se obsesionó un día con él y que, sin más, lo lanzó a la más profunda soledad, una interpuesta que no logró aceptar, donde se convirtió en una substancia inanimada como esa banca fría que absorbe las últimas lágrimas que surcan sus mejillas.


La nitidez del vacío de su corazón se aguzó tanto que dudó si incluso vivió. Se atrevió a jugar con los hilos de su fin una única vez solo para sopesar lo último de sus cavilaciones. Años habían transcurrido desde que se le fue arrebatado hasta el sentido y se volvió miserable, navegó en añoranza vuelto remiendos hasta que ese día, macilento y taciturno, en la deriva, decidió que se volvería uno más junto a los recuerdos.


Entonces fue así como Jongwoon dejó que el alma se le acabara por consumir, que el mismísimo espíritu se le desgarrara e hiciera añicos hasta que de él ya no quedara nada más que una seca cáscara y moronas maltratadas. Finalmente, la hora había llegado y empezó a marchitarse encima de aquella banca larga, se hizo pequeño como las hojas de los árboles en la transición del otoño al invierno, comenzó a trozarse en tanto que de su angustia ya no quedaba nada porque inició a morir.


Y cuando la esencia humana empezó escapársele del cuerpo y apenas una hebra lo unía a la vida, vio cómo regresaban las sonrisas, las palabras tímidas, su cálida mano, el abrumador calor y él, llamándolo primero una, después dos y tres y cuatro y cinco veces.


—Jongwoon —su nombre en esa voz resultó como una caricia que le regresó al nuevo presente, Jongwoon alzó el rostro y un rayo de sol le pegó, parpadeó buscándole ávido, vehemente, deseoso y al hallarle tan sublime a como lo aguardaba en sus memorias, no se pudo evitar el efecto de sonreir. Era una mueca vacilante y trémula, pero para el llamante fue una expresión hermosa que anunciaba el codiciado reencuentro. Estaba ahí, luciendo celestial con su mano extendida invitándole magnánimamente, pronto su corazón emprendió un ritmo y a sus oídos el latir resonó claro, fuerte, gozoso porque el valor y la voluntad retornaron a él—, es tiempo de que dejes tus cargas, es tiempo de que vivas la vida que soñaste.


«Este mundo es, tanto para ti como para mí, un lugar despiadado y aterrador, así que regresa sea cuando sea...»


El peso en sus hombros de repente se alivianó, la intranquila sensación de vacío empequeñeció y de a poco como lo hace el hálito al escapar de sus labios se desvaneció y del larguísimo angustioso día a día no quedó ningún rastro. Jongwoon elevó su mano lentamente, aun embelesado por esa presencia irreal que le miraba con una devoción y amor persistente, y en un suspiro se aferró a él, un calor soportante le reconfortó el alma cuando sus pieles hicieron contacto, entonces sollozó breve, ya no por el desconsuelo de la pérdida sino porque había llegado a su hogar, había regresado a él.


—Esperaste demasiado ¿no es así? —. Apenas logró musitar, con el fantasma de una voz lastimada por años de dolor atorados en su garganta.


Los labios ajenos se posaron con suavidad sobre su dedo anular, y por unos segundos que transcurrieron lentos se quedó así, aquello significó un aliciente para quien guareció la esperanza de volverse a ver, luego sus ojos se encontraron y ambos se correspondieron con la misma intensidad. —¿Y tú?, soportaste demasiado y es que no hay manera de describirlo. Probé a desear ardientemente que te deshicieras de tu lastre y seas feliz.


Sonrió, ya libre de los pesares Jongwoon deslizó sus pies fuera de la banca, sin apartar los ojos de él temiendo que si lo hacía desapareciera y acabara siendo un espejismo. Al tocar el suelo la emoción lo abrigó, asimiló su fragancia que se filtró a través de sus fosas nasales embriagándose con la dulzura y sin evitarlo atrapó su otra mano y la llevó directo a su pecho donde su corazón latía desenfrenado. —La única manera de serlo era teniéndote a mi lado.


Le acercó más y tocó su piel y cabellos, llevó una de sus manos a sus labios y la acarició en un gesto de reciprocidad. Tal como recordaba, con la fascinante inmensidad de su necesidad por él. Jongwoon lo contempló, extasiado, complacido y enamorado, sintiendo su presencia desde el alma hasta el corazón. Luego acortó el trecho que aun los separaba y le besó con mesura, depositando su sentir y el mismo afán acallado por circunstancias inesperadas. Al separarse unieron sus frentes, de pronto serenos y tranquilos. —Estoy rezando para que el día de mañana solo cosas verdaderamente buenas nos estén esperando, para que un nuevo sol se eleve, para que se hagan realidad los deseos con los que más ansias soñamos.


Sus ojos brillaron conocedores y ansiosos y antes de partir, se aferraron a la caja aterciopelada abandonada. En el camino de regreso a casa confían su corazón al poniente sol y mientras desempolvan los recuerdos del baúl se alegran viendo las motas elevarse y agazaparse sobre sus cabellos. Finalmente, Jongwoon suspiró de forma más ligera y atrajo la calidez a su cuerpo en un abrazo, sus ojos se cerraron en calma y le escuchó en lo que fue su promesa a la eternidad.


—Ya que no podemos saber lo que ocurrirá mañana, no puedo más que decirte que todo irá bien, porque has regresado a tu hogar, has regresado a mí —. El abrazo se hizo más profundo y conforme los últimos rastros de dolor desaparecían acarició su espalda trasmitiendo paz.