Inicio
En esta sociedad había una condición en algunos seres humanos que era percibida como una maldición, una alteración a las personas que no era natural.
La heterocromía, esta enfermedad se desconocía del porqué aparecía en la gente, pero quien tenía dicha condición poseía ciertas particularidades o poderes sobrenaturales que hasta el momento eran desconocidos sus límites o sus orígenes.
Existía un estigma sobre las personas que tenían este padecimiento, que constituía prácticamente menos del 0.5% de la población, los casos eran muy extraños que apareciera y no eran percibidos como algo positivo o aceptados por la sociedad.
Es por esa razón que el mundo rechazaba esta clase de personas por el desconocimiento de su situación, temían sobre él porque podían tener ciertos poderes que podrían dañar a la gente a su alrededor.
Al menos era lo que se comentaba entre la sociedad, que eran un peligro para los demás y que debía tener cuidado de estas personas.
En cuanto se identificaba una persona así, existía un registro que permitía tener localizados a esta minoría y así tener un expediente.
Era una forma de tenerlos vigilados y controlados en caso de tener que utilizar medidas necesarias para la contención del posible peligro que podrían implicar.
Tenían prohibido ocultar su condición, estaba regulada la generación de pupilentes a color, ya que eso provocaría que pudieran encubrir el registro ante la ley. Así que no era legal la adquisición de dichos aditamento para los ojos.
Pero tampoco había leyes que les prohibiera ser parte de la sociedad, sin embargo, lo cierto era que no es que se les considerarán con los mismos derechos. En situaciones de conflicto, se les privilegiaba a otras personas por sobre ellos y no existía algún ente que pudiera defender sus derechos.
En simples palabras, eran marginados.
Furihata Kouki, un joven de 19 años que hacía un año aproximadamente que había terminado la preparatoria. Pero no había podido entrar a alguna universidad por falta de recursos económicos.
Había sido echado del orfanato que lo acogió durante toda su infancia y parte de su adolescencia hasta que lo adoptó una mujer a la que consideró su madre y quién lamentablemente había muerto de un accidente. En la actualidad, tenía que preocuparse por sobrevivir por su cuenta.
Después de meses de estar buscando un trabajo, encontró uno en el turno nocturno de una empresa que requería personal de limpieza. Aunque se le complicaba demasiado sus horarios para seguir estudiando y entrar a la universidad, no tenía de otra opción. Sin embargo, por su condición, en muchos otros lugares le habían rechazado de inmediato su solicitud.
Así que, tenía que acostumbrarse y hacer que funcionara dado que no tenía muchas opciones. De cualquier manera la paga era buena y también se ahorraba tener que interactuar con gente. Al final, había tomado el lado positivo de esa situación.
Su rutina consistía en despertar por la tarde e ir a la biblioteca pública para estudiar para el examen de ingreso, utilizaba el transporte público para llegar a dicho sitio y pasaba largas horas ahí leyendo y haciendo ejercicios de todas las materias. Por la tarde regresaba al pequeño departamento que había podido rentar cerca de una estación del metro y de algunas avenidas.
Cuestión que de primera instancia consideró que había sido una ganga por el precio, pero al poco tiempo entendió que se debía por el constante ruido que no permitía conciliar el sueño. Pero Kouki agradecía la facilidad con la que le resultaba quedarse dormido.
Después se arreglaba para ir a trabajar por la noche, cuando tenía dinero para solventar la gasolina iba en una moto que había adquirido en rebaja, en caso contrario, regresaba caminando a casa. Y así, el ciclo se repetía una y otra vez.
Faltaban solamente unos meses para que fuera el examen de admisión, así que su rutina sería así hasta que lograra entrar.
No tenía familiares, sus padres lo habían abandonado desde que nació y había sido criado en un orfanato. Tampoco tenía personas cercanas, amigos o algo por el estilo. Estaba acostumbrado a estar solo, desde que había muerto la persona que le había dado un hogar, no tenía con quien más interactuar.
Quería cumplir la promesa que le había hecho a esa persona.
Por eso tenía que esforzarse mucho, a pesar de las incontables veces que deseaba que las cosas fueran diferentes.
Aunque ya había descartado esos pensamientos porque no le hacían nada buen. Había dejado uno de lado en particular, el cual, durante mucho tiempo había sido un problema para él.
Y ese era; tener heterocromia