Rare Society

Summary

Los deltas son criaturas muy extrañas en la sociedad. En general, ningún alfa desea “bajar” su estatus, por lo que no es algo común de ver, casi que no es considerado real. Nadie se imaginó que el presidente de las Naciones Unidas de Londres caería y dejaría en estado a su secretario alfa. Es un OS que pertenece al Cliché Fic Fest 2023 organizado por @larries_fanfics en Wattpad Gracias a @Louis4larrie por el prompt ♥

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1
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n/a
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16+

Capítulo único

El presidente avanza con molestia a su despacho, el aroma a café amargo llena la habitación. Harry no quiere discutir a los gritos con nadie, pero no puede evitarlo cuando le piden ignorar temas de vital importancia como lo es rescatar a niños y omegas de una guerra. La única persona que lo sigue a cierta distancia es otro alfa, su secretario.

—Recuérdame porqué no lo maté ahí mismo —espeta el ojiverde cuando escucha la puerta cerrarse.

—Es el corresponsal de Estados Unidos, no podemos pelearnos con él. Todo irá en picada y el mundo dejará de ser mundo.

—¡Esos niños son importantes!

El alfa más bajo camina hacia el otro hombre y se coloca detrás de él. Deja su libreta en el escritorio y masajea los hombros del presidente de las Naciones Unidas. Entiende a Harry, por supuesto que lo hace, él también desea proteger a esos niños. Aunque entiende de dónde viene la queja del otro político, es muy arriesgado ir a un país del tercer mundo, uno donde no se conoce el terreno ni cómo el grupo terrorista controla a las masas.

—Lo son, pero tenemos que pensar con la cabeza fría. No es seguro enviar tropas en este momento, dejaremos a muchas familias sin alfa.

Harry toma una respiración profunda y gime cuando Louis desata un nudo que tenía cerca de su cuello.

—Tenemos que encontrar una forma, Lou.

—Lo haremos, todos los métodos diplomáticos que conocemos han fallado. Ahora debemos buscar una forma que perjudique a la menor cantidad de personas. Sabemos que han minado el ingreso a ciudades y que tienen controlado el tráfico aéreo.

El alfa toma la libreta de su secretario, abre la agenda y suspira cuando nota que tiene una reunión con el mandatario de un país árabe. Ellos pretenden ser neutrales, que no apoyan ningún crimen de guerra pero sus informantes les han dejado claro cuál es la posición de varios países. Harry se muerde el labio cuando Louis logra aflojar aún más su hombros.

—Debemos resolver esto cuanto antes, no nos podremos ir de vacaciones.

El ojiazul se moja los labios y niega.

—Nos iremos de vacaciones igual, no quiero esperar más, ya te lo he dicho.

—Pero Lou…

—Lou nada. La última vez fue por lo que podría pasar ahora que la reina murió, no pasó nada. La anterior fue por una posible guerra civil que nunca existió.

—Lo sé, lo sé, pero…

Louis muerde el lóbulo de su oreja, el presidente tiene que contener su gemido.

—No voy a esperar más.

—Está bien, se hará como tú digas.

Louis se aleja de su jefe y toma su libreta unos segundos antes que entre una omega. Michelle es la recepcionista del piso, su aroma dulce a chicle hace que los alfas frunzan sus narices. La chica les sonríe y parpadea varias veces, el ojiazul alza una ceja.

—Señor Styles, el señor Rahman informó que no podrá asistir a la reunión a la hora pactada. Dice que demorarán al menos cincuenta minutos en llegar.

El ojiverde toma una profunda respiración y asiente.

—Está bien, dile que la reunión debe ser hoy mismo, lo esperaré en la sala de juntas.

—Sí, señor.

La mujer se va desprendiendo feromonas y exagerando el movimiento de sus caderas. Louis frunce el ceño y niega, no puede creer que la recepcionista piense que eso funciona. Camina con cierta molestia hacia las ventanas y abre una. Voltea y se encuentra con Harry frotando su cara, estresado.

—Tendremos que quedarnos más tiempo aquí, lo siento.

—Eso no es un problema —responde el secretario, acercándose a su jefe—. ¿La viste?

Harry frunce el ceño.

—¿Ver qué?

—Lo que hizo, es una falta de respeto.

—¿Michelle? —pregunta, una sonrisa se forma en sus labios cuando nota la furia en el rostro de Louis.

—No te rías, no es gracioso.

Harry se levanta y se acerca al ojiazul, deja un pequeño beso en sus labios y sonríe.

—Eres lindo.

—Lo sé.

—Deberíamos revisar de nuevo todos los papeles y ver cómo lograr que esta gente esté de nuestro lado.

—Estás muy estresado, Haz. Deberíamos aprovechar este tiempo para relajarnos.

—No, no, debemos…

Su respiración se corta, Louis está acariciando su miembro sobre la tela. Cada vez que el alfa lo toca su lobo se convierte en un ser que no puede coordinar ni dos palabras. En consecuencia, él tampoco puede. Su mano toma la muñeca de su secretario, los ojos verdes se encuentran con los azules.

—Harry.

—Louis.

—Estás estresado, apestas, debes relajarte, deja que las cosas fluyan.

—Louis, sabes que no…

—Nadie va a interrumpir.

—El secretario de Mary lo hará, lo sabemos.

Louis frunce sus labios, sabe que Harry tiene razón. El presidente aleja la mano del alfa y se acerca a su biblioteca, empuja la estantería y logra abrir la puerta de la pequeña habitación secreta. Es una habitación insonorizada que se creó para casos especiales de ataques terroristas o tiroteos. Louis sonríe y corre hacia la habitación con emoción. El más alto vuelve a su escritorio y toma los elementos que necesitará antes de seguir a su secretario.

El ojiazul lo besa con ganas una vez que el presidente cierra la puerta, sus manos recorren el cuerpo de Harry. Los últimos días no han podido tener ningún tipo de contacto, las reuniones y cenas diplomáticas los dejaron agotados y ellos solo llegaban a casa a dormir. Harry muerde el labio inferior de su pareja y sonríe.

—¿Acaso mi alfa está necesitado de mi polla? —susurra en sus labios. Louis asiente. —Se ve que no.

—Sí, alfa, sí, la quiero tanto.

Ambos hombres se desabrochan los pantalones y los dejan caer al suelo. Se mueven por la habitación, Louis es apoyado contra el pequeño escritorio y Harry baja su ropa interior de inmediato. El ojiverde no pierde el tiempo y besa los muslos de su pareja. El secretario se muerde el labio para no soltar ningún gemido.

Harry toma el lubricante que se le cayó en medio del beso y esparce una buena cantidad en sus dedos.

—Puedes soltar todos los ruidos que quieras, ya lo sabes.

—Lo sé.

Louis no se calla cuando el mayor introduce su dedo medio en el agujero de su pareja.

—No puedo esperar a que lubriques para mí.

—Sí, no puedo esperar más, no me harás esperar más.

Harry introduce otro dedo en el interior de su secretario. El alfa más alto deja besos por toda la espalda del chico que está aferrado al escritorio. Los gemidos de Louis suben de tono al sentir que Harry lo abre aún más, sus piernas se sienten como gelatina y ni siquiera han empezado.

—Haz, estoy listo.

—Aún falta, amor.

—Me correré si sigues.

—Tendrás que contenerte, Louis.

El alfa golpea levemente su cabeza contra el escritorio, no cree que pueda, no sabe siquiera cuánto más puede durar. Harry se ríe al escuchar el golpe y saca sus dedos del interior del ojiazul. Atrae a Louis hacia él y se besan, sus lenguas luchando por dominar el beso. Las manos de ambos recorren el cuerpo del otro con desespero. Sueltan un gemido ronco cuando sus erecciones se rozan.

—¿Señor Styles? —la voz del secretario de Mary interrumpe su sesión de besos. —¿Señor Tomlinson?

Harry sonríe con malicia, toma a Louis y lo apoya contra la puerta de la habitación. El alfa más bajo frunce el ceño mientras se deja hacer. El ojiverde cubre con todo su cuerpo a su pareja, no le permite al otro alfa moverse.

—Michelle, no están aquí —la voz del beta se escucha más distante, como si estuviera en la puerta del despacho.

Harry introduce su miembro en Louis con una sonrisa. El ojiazul jadea con sorpresa, intenta sostenerse de la pared y alejarse del otro alfa.

—Haz, no, están del otro lado.

—¿No quieres que sepan lo mucho que disfrutas de tu alfa? —pregunta en su oído y lo embiste contra la pared—. ¿No te gusta pensar que pueden encontrarnos?

—Me encanta, me encanta, pero…

Sus labios se encuentran con los de su alfa y no puede seguir hablando. Harry lo mantiene pegado a la pared y lo embiste sin piedad. Si no supiera cómo está compuesta la puerta de la habitación, sabe que los escucharían incluso pisos más abajo. Louis toma el cabello del presidente y tira de él. Ambos gruñen en la boca del otro.

—No han salido de aquí —escuchan a Michelle. Harry azota a su pareja.

—¡Alfa! Alfa, por favor.

—¿Tú ves a alguien aquí? No los llamaré, sus teléfonos están ahí en el escritorio —habla el beta.

—Me tomas tan bien, alfa, tan bien.

—Sí, sí, alfa, no pares.

Harry puede sentir el orgasmo formándose en su pareja. Lo sostiene con firmeza, esperando a que se libere.

—Tal vez fueron por un café, tenían que hacer tiempo hasta la próxima reunión —concluye la omega, cerrando la puerta y yéndose con el otro secretario.

—¡Harry! ¡Alfa!

—Eso es alfa, córrete para mí.

Louis gruñe cuando el orgasmo lo alcanza, sus manos tiran del pelo rizado y su semen mancha la puerta de la habitación y su estómago. Harry continúa embistiéndolo, buscando su propia liberación. El ojiazul siente sus piernas temblar por la sobreestimulación.

—Úsame, alfa, dame tu nudo.

—Te daré todos mis nudos, Lou.

Harry sale del interior del alfa y se aleja unos pasos de él, su mano masturba su erección, su nudo está a punto de crecer en la base de su pene. Jamás se queda dentro de Louis, su cuerpo no está preparado para recibir un nudo, una sola vez lo intentaron y eso fue suficiente. El ojiazul cae de rodillas y coloca su rostro frente al miembro de Harry.

—Dame tu nudo —le exige.

—Trágatelo todo alfa.

Louis introduce lo más que puede en su boca y con sus manos acaricia el nudo del ojiverde. Los gemidos roncos del presidente resuenan en la habitación y toma el cabello de Louis. El semen del alfa sale sin aviso pero el secretario está más que listo para recibirlo.

—Te amo, Louis —susurra Harry y limpia los restos de semen del rostro de su pareja. Louis se ríe.

—Te amo, Harry.

—Eso estuvo divertido, deberíamos repetirlo.




Louis suspira una vez más, están en la última gala antes de sus vacaciones. Sus merecidas y tan deseadas vacaciones. Puede ver a Harry hablando con el representante de Estados Unidos, él no tiene ganas de estar allí, no quiere fingir que le interesa hablar con ese hombre.

—Louis —le llama Michelle, el alfa voltea y le sonríe—. ¿Qué harás estas vacaciones?

—Estaré en el campo, me tomaré en serio el alejarme de todo —responde con emoción, la chica asiente y mira detrás de él.

—¿Sabes qué hará el señor Styles?

La sonrisa del alfa se borra y debe contenerse de soltar feromonas.

—No lo sé, Michelle. Por suerte para ti, tienes unas semanas con mucho menos estrés.

—Sí, aunque es divertido también. Tendrás que darme consejos sobre cómo lidiar con alfas como Harry.

—Nos conocemos hace muchos años, desde la universidad, ya sabemos qué decir para que el otro se relaje o no se lo tome mal.


Se conocieron cuando eran apenas unos jóvenes adultos dando sus primeros pasos en diplomacia. Tanto Louis como Harry trabajaban dentro del consejo superior de la universidad, representando a los estudiantes y asegurándose que las reglas se cumplieran. Muchas horas juntos les hicieron darse cuenta que sentían algo por el otro, una atracción física que no podían negar y una conexión envidiable. Se sintió erróneo, no era muy común la atracción a una persona del mismo género secundario, les tomó tiempo aceptarlo.

Se dieron una oportunidad en una noche de fiesta luego de los exámenes, el alcohol les dio la valentía necesaria e intercambiaron algunos besos.

Estuvieron incómodos una semana por ello pero se dieron cuenta que no podían dejar de pensar en el otro. No fue hasta la semana siguiente que hablaron y comprendieron lo que les sucedía. Sin embargo, Harry obtuvo una beca de intercambio a una universidad extranjera y su amistad nunca pasó a mayores. Para cuando el ojiverde volvió a Inglaterra, ambos habían terminado sus estudios.

Fue Harry quien buscó a Louis para ofrecerle su trabajo actual, siempre supo que quería a Louis como compañero laboral, incluso quería brindarle un mejor puesto pero solo estaba vacante el de secretario. El alfa aceptó y comenzó a trabajar allí. El ojiazul se dio cuenta de inmediato que sus sentimientos por el otro alfa no habían cambiado, Harry estaba incluso más guapo y maduro que hace un tiempo atrás.

El ojiverde tomó la iniciativa cuando su celo lo sorprendió durante una cena diplomática. Su lobo se apoderó de él, su cabeza sólo repetía el nombre de Louis y quería estar sobre él. Louis aún no sabe cómo hizo esa noche para manejar la situación satisfactoriamente, Harry lo besó durante todo el viaje pero eso fue todo lo que hicieron antes de que el ojiazul lo dejara en su hogar.

Esa vez, la incomodidad no fue un problema. Ni bien Harry volvió al trabajo, hablaron sobre lo que pasó y aclararon sus sentimientos. Ambos estaban en la misma página, ambos decidieron comenzar una relación a escondidas para evitar las preguntas incómodas y que los cambien de oficina.

—¡Louis! —lo llama molesta la omega. El alfa parpadea y la mira con confusión.

—¿Si?

—No me estabas escuchando, ¿acaso escuchaste algo de lo que dije?

—Mich, lo lamento, estoy…

—Muy estresado, ya lo sé, los vi estas semanas.

—Buenas noches Michelle, Louis —saluda Harry con una pequeña sonrisa.

—Hola Harry, estábamos hablando con Louis sobre sus vacaciones —cuenta la omega, el ojiverde alza una ceja—. ¿Qué harás tú?

—Descansaré, iré a un lugar tranquilo, con playa. Aún no sé dónde.

—Pero sus vacaciones empiezan mañana.

Louis se ríe y niega, Harry no sabe mentir cuando se trata de su vida personal.

—Irá a Bristol, lo de siempre. Solo quiere parecer misterioso.

Harry golpea suavemente su hombro y la omega se ríe.

—Oye, Bristol es genial, por eso nuestra casa está allí.

—¿Tus padres ya te dieron la escritura? —habla Louis antes de que Michelle pueda decir algo.

Su casa en Bristol es sagrada, pero nadie en el trabajo sabe que compraron una casa juntos. Está frente al mar, en un barrio tranquilo y es perfecta para ellos. Tiene tres habitaciones, la compraron pensando en el futuro. La idea de poder ir con sus hijos a la playa los convenció de comprar la propiedad.

Para la suerte de ambos, un compañero llama a Michelle y la omega se despide con una sonrisa.

—Eres un idiota.

—Soy tu idiota.

Louis intenta mostrarse enojado pero no puede ocultar su sonrisa.

—Para tu suerte, ya dejarás de mentir pronto, lo haces pésimo.

—No sé cómo lo tomarán, me preocupa.

—Estaremos bien, Haz, no te preocupes.




Louis no puede contener su emoción cuando baja del auto, el olor a mar y el ruido de las olas lo relajan y lo hacen sentir en casa. Bajan todo su equipaje y se cambian para poder disfrutar de un buen día de playa. Es su aniversario y decidieron pasarlo como a ellos más les gusta, solos, libres y en su hogar. Harry se encarga de la cena esa noche, un salmón con papas, un plato no muy elaborado.

—¿Deberíamos ver una película? —pregunta el ojiverde nervioso.

—¿Tú quieres?

—No lo sé, no sé qué hacer.

—Tomemos más vino y caminemos por la orilla, tal vez eso nos ayude.

Lo habían hablado durante todo el viaje, están seguros que quieren ser una pareja formal y pública. Los últimos tres años han podido engañar a demasiadas personas pero ambos están agotados. Harry está ansioso, sabe que Louis no estará bien y tiene miedo de no poder cuidarlo como se merece, sabe que su pareja es el que más está sacrificando en su relación. Hay gente que incluso podría discriminar a Louis, prohibirle la entrada a reuniones o cenas. Todo por él.

Harry no puede estar más agradecido y a sus pies.

Louis está seguro, confía más en su pareja que en sí mismo. Quiere formar una familia con Harry, incluso si no tiene hijos propios. El deseo de ser marcado inició luego del primer beso con el ojiverde, durante su celo no puede pensar en otra cosa. Tanto él como su lobo desean dar el paso.

El aire fresco los ayuda a relajarse y despejarse. El alcohol los ayuda a desinhibirse, las manos del ojiazul recorren el cuerpo del más alto con deseo, los labios de Harry besan la piel expuesta que tenga a su alcance.

Cuando llegan a su habitación, sus pechos ya están al descubierto. Louis cae a la cama y se ríe, los ojos verdes lo observan con admiración y amor. Aún no puede creer que ese hombre esté en su vida a diario. Harry sonríe y besa sus manos.

—Te amo, te amo demasiado —empieza el más alto, el ojiazul se muerde el labio para no sonreír—. Te cuidaré y te adoraré como te mereces y más.

—Te amo alfa, muchísimo, y confío en ti, lo sabes.

Harry asiente y se inclina para besar a su pareja una vez más. Se encarga de demostrarle a su pareja con besos y lamidas lo mucho que lo aprecia, aunque Louis ya lo sabe. El ojiazul los desviste con cierto apuro, no quiere esperar más.

Esa noche Harry se aboca por completo al menor, se toma su tiempo para prepararlo, no quiere ir rápido, no quiere ser duro con él. Louis los voltea por un momento para por fin introducir el miembro de su pareja en él. El ruloso se ríe por la impaciencia y lo deja tomar las riendas mientras él se concentra en preparar su cuello.

—Hazlo, Haz.

Harry los voltea, sus manos temblorosas acarician su cintura y sostiene a Louis cerca de él. El alfa lame la zona una última vez antes de morder a su pareja, el ojiazul gruñe involuntariamente antes de desvanecerse por unos segundos.

Louis no puede explicar todo lo que siente, puede sentir un orgasmo prolongado, puede sentir el amor que Harry siente por él, la protección, la conexión. Le cuesta volver a la realidad, incluso con su alfa lamiendo la marca a conciencia. Sus manos se aferran a la espalda del mayor, dejando marcas allí.

—Lou, amor, vuelve a mí.

Las palabras de Harry suenan distantes, como si estuviera a metros de él y no en su oído. Su cuello duele y su alfa gruñe de nuevo, luchando contra la mordida. Vuelve en sí tomando una bocanada de aire y abre sus ojos. Su alfa lo mira preocupado, analiza sus facciones y vuelve a atender su mordida.

—Haz.

—Lo sé, lo sé, amor. Puedo sentir lo que duele.

Louis toma respiraciones profundas en un intento de no pensar en el dolor que recorre su cuerpo. Harry continúa lamiendo la herida hasta que su pareja comienza a relajarse y a sentir alivio. Deja besos en toda la zona mientras el ojiazul acaricia su cabello con parsimonia.

—¿Mejor?

—Sí, te amo.

—Te amo, Lou.

—Deberíamos descansar, tal vez pueda dormir antes de que empiece lo peor.

—Descansa, amor.

Louis se despierta con fiebre y dolor en sus extremidades a las pocas horas, antes del amanecer. Harry se encarga de curar la mordida, le trae un medicamento y ayuda a que se relaje y vuelva a dormir. El alfa no sabe cómo ayudar a su pareja, se siente impotente. Se habían preparado, habían leído sobre el proceso, los cambios, incluso fueron al médico de Louis para poder estar seguros en todo. Pero había ignorado un detalle importante: él sentiría todo a través de su conexión.

Se queda despierto cuidando al delta, le coloca paños fríos en su frente y le prepara el desayuno. Se alarma cuando nota a ojiazul doblarse de dolor y llorar aún dormido. Harry lo sostiene contra su pecho, cura su herida y coloca una bolsa de agua caliente sobre la zona abdominal. No sabe si eso funciona, pero ha leído que es útil.

—Está todo bien, amor, te tengo —susurra el ojiverde y sonríe cuando escucha la risa de su pareja.

—Lo sé, puedo sentirte. Soy muy afortunado de tener un alfa que me cuide así.

—¿Sirve lo de la bolsa? Puedo buscar otra cosa que ayude.

—Haz, sí, sirve. Quédate quieto, te has movido toda la mañana.

—Pero te duele…

—Ya sabíamos que eso pasaría, estoy bien, es un poco de dolor. Fui un alfa, ¿recuerdas? Puedo soportarlo.

—Luego podríamos tomar un baño para que te relajes.

—Estoy bien así, contigo abrazándome.


Los próximos días resultan ser peores para Louis. Su cuerpo se adapta a los cambios de su cuerpo, su abdomen le duele cada vez más mientras forma su útero. Harry lo mima, lo sostiene, se asegura que esté cómodo y rodeado de su olor. La marca está completamente curada, es de un tono grisáceo y sano, es perfecta.

El olor de Louis ha cambiado, su aroma usual a canela es reemplazado por un olor a pino suave, Harry está fascinado por el cambio, su nariz roza las glándulas de aroma cada vez que puede. El ojiazul se ríe del comportamiento de su pareja, sintiéndose feliz y aceptado, e incluso libera feromonas para mezclarlas con las del alfa.

Una semana después Harry está aliméntandolo en su cama, está detrás de Louis, su pecho pegado a la espalda del delta. El ojiazul está muchísimo mejor, finalmente los dolores han pasado y él ya es un delta por completo. Debían ir al médico para chequear su condición y los recaudos a tomar de ahora en adelante.

—Haz —empieza Louis, luego de terminar de comer la fruta que trajo el alfa para él—, puedo hacer todo, estoy bien, ya ha pasado.

—Déjame consentirte —responde, besa su sien y le acerca el vaso de jugo de naranja.

—No estoy inválido.

—Lo sé.

—Puedo tomar el jugo, no soy un bebé.

Ambos se ríen y Louis quita el vaso de las manos de su pareja. Harry coloca sus manos en el abdomen del delta.

—Estoy muy emocionado —dice con ilusión—. Quiero darte todo, todo y más.

—El médico nos dirá cómo está todo y luego, cuando tenga mi celo, podemos intentarlo.

—Nos imagino aquí, escuchando el mar como ahora, con un niño travieso correteando por el pasillo.

Louis acaricia las manos de Harry sobre su vientre.

—Lo lograremos, seremos una familia de tres pronto.



Todo ha salido bien, la transformación fue perfecta según su doctor. Tienen prohibido tener relaciones o abrir la mordida hasta que Louis tenga su primer celo, eso podría ser en dos o tres semanas. Vuelven a su hogar en la playa y disfrutan sus días de paz, sin interrupciones. Sus familias los visitan y los felicitan por su unión, piden verlos más seguido y que no se estresen con el trabajo. Ninguno habla de futuros hijos, a pesar de que saben los deseos de la pareja, todos son conscientes de los riesgos que implican para Louis y no quieren presionarlo.

Harry es una bola de nervios esa mañana, teme que alguien le diga algo a su pareja, sabe que él reaccionará mal, lo defenderá y causará problemas.

—Quiero que te relajes —pide Louis antes de salir del auto—, ellos hablarán, lo sabes.

—No quiero que te perjudique.

—No lo hará, nunca me interesó lo que dijeran. No te estreses, no te preocupes de más, tu alfa ya tuvo suficiente estas semanas.

—Te amo, Lou. No sé qué hice para merecerte.

—Te amo, Haz. Yo no te merezco —responde, deja un pequeño beso en sus labios y sale del auto.

Louis sabe que salir de la burbuja en la que ha estado será difícil, pero el silencio lo aturde. Todos lo miran con sorpresa en silencio, todos dejan sus actividades y conversaciones para prestarles atención mientras se encaminan hacia el ascensor. Puede sentir el aroma a molestia de su pareja y tiene que contenerse para no voltear e intentar calmarlo.

—Tranquilo —susurra Louis y toma su mano cuando las puertas del ascensor se cierran.

—¿Has visto cómo te miraban?

—Lógico, era un alfa con olor a canela y ahora huelo a pino y soy un delta.

—¿Por qué te lo tomas tan bien? —pregunta indignado.

—Tal vez porque ya no soy un alfa —bromea y ambos se ríen.

Las puertas del ascensor se abren y avanzan por el piso hasta llegar a su despacho. Puede ver a Michelle boquiabierta, es la primera vez que la chica está sin palabras. La omega se levanta y se tropieza, tirando un montón de papeles cuando quiere seguir al presidente y su secretario. Ellos ya habían cerrado la puerta, el aroma a alfa molesto queda en el ambiente.

—Ya está, luego hablaremos con recursos humanos y listo —dice Louis en un tono tranquilizador, acariciando su cabello y rozando sus narices.

—Hasta Michelle reaccionó raro.

—Bien.

—¿Bien? —pregunta con una sonrisa con hoyuelos.

—Si, ella quería robarme a mi alfa.

Se ríen y Harry besa sus labios.

—Jamás elegiría a otra persona, no hay nadie como tú.

—Más te vale.

Vuelven a reírse y empiezan a trabajar. Louis detalla todas las actividades importantes de la semana y organiza la agenda hasta la posible fecha de su primer celo como delta. Harry admira la organización de su pareja mientras lee todos los correos importantes que recibió durante su ausencia.

Nadie les dice nada en todo el día, ni siquiera los de recursos humanos cuando se enteran de su relación formal. Louis cambiará de oficina una vez que ellos decidan cuál es el mejor puesto para él, no quieren que el delta termine en un puesto inferior.

—Te tienen miedo —comenta Louis entre risas cuando se suben al auto.

—Bien, que sepan que no se tienen que meter contigo.

—Llegaremos a casa y te relajarás, deja tranquilo a tu alfa.

—¿Me ayudarás? —pregunta alzando sus cejas, Louis se ríe y rodea sus ojos.

Por supuesto que lo ayudaría.




Louis se despierta esa mañana incómodo, acalorado pero con ganas de estar encima de su alfa. Se acomoda sobre Harry, su nariz se apoya en su fuente de olor e inhala. El ojiverde lo atrae aún más y acaricia la piel desnuda de su espalda. La mejor parte de los fines de semana es esa, la posibilidad de quedarse más tiempo en la cama abrazados. El delta sobresalta cuando siente un líquido salir de su agujero.

—¿Lou? —pregunta su pareja preocupado, puede sentir el pánico a través del lazo. —¿Qué sucede?

Louis abre la boca para responder pero un dolor en su vientre lo hace doblarse y gemir. Harry se despabila y se acerca al delta, buscando el problema. El alfa inhala y gruñe con el aroma adictivo que comienza a esparcirse por la habitación. Estaban esperando el celo del ojiazul, están preparados.

El delta se arroja sobre su alfa, gime en su oído y se aferra a él.

—Tranquilo, Lou, no dolerá más. Será solo el principio —susurra mientras acaricia su espalda.

Harry se había preparado, incluso había hablado con el doctor de Louis por privado para saber qué esperar y cómo ayudarlo. Será un celo largo y duro para su pareja, tiene que cuidarlo, mimarlo y estar preparado para todo.

—Te amo, Haz.

—Te amo más, Lou. Te cuidaré, no te preocupes.


El celo con su pareja siendo delta fue mucho mejor de lo que imaginó. Se sintió cuidado y amado incluso cuando su racionalidad desapareció por completo y solo pensaba en el nudo de su alfa. Recuerda los masajes de Harry, el baño que le dio y un desayuno que lo obligó a comer para tener fuerzas para lo que seguía.

Le sonríe a su alfa cuando entra a su habitación solo en bóxers, puede notar todas las marcas en su pecho y cuello, lo había marcado como suyo a lo largo de la semana y Harry no tuvo ningún problema con ello.

—Puedo ver que has vuelto por completo.

—Eso parece —responde Louis, acariciando su estómago hinchado. Los ojos verdes brillan de solo pensar que en unos meses esa imagen se podría repetir pero con un cachorro.

—Por suerte tenemos todo el día de hoy antes de volver al trabajo.

Se besan con parsimonia, disfrutando el contacto con el otro. Sus lenguas se rozan con cariño, sin ninguna dominación de por medio. El delta se coloca sobre el ojiverde y besa su mandíbula y cuello. Suelta sus feromonas y lo marca con su olor hasta que está satisfecho.

—Gracias por cuidarme, alfa.

—No tienes que agradecer, Lou.

—Me cuidas tan bien, me das todo lo que necesito y más, tengo al mejor alfa del universo.

El lobo de Harry se pavonea escuchando al delta, Louis puede sentir lo complacido que se siente a través del lazo.

—Es un honor ser tu alfa, Lou.



Louis se levanta para dirigirse a la sala de juntas, su mundo da vueltas y cae de nuevo sobre la silla. Harry se acerca a él preocupado, una sola vez le había pasado eso a su pareja antes, y fue por culpa del estrés universitario.

—¿Estás bien? ¿Sientes que se te bajó la presión o tienes vértigo de nuevo?

—Estoy bien alfa, fue solo un mareo.

—No tienes que ir si te sientes mal.

—Puedo ir, Haz. No te preocupes.

Harry ayuda a su pareja a levantarse y caminan juntos hacia la próxima reunión. El presidente quiere estar atento a lo que hablan pero solo puede observar a Louis y sus anotaciones en la libreta. El representante de Japón se enoja con él por no prestarle atención y faltarle el respeto. Muchos diplomáticos fueron muy vocales respecto a la relación con su secretario y han utilizado eso en su contra.

Louis tiene que explicar que no se siente del todo bien y el alfa solo está preocupado. Harry aún no sabe cómo hace el delta pero la conversación vuelve a ser amena cuando retoma el tema anterior. Es más, el ojiazul incluso menciona las ideas que tenía el mandatario en el encuentro pasado y discuten sobre los progresos en los tratados de paz en Asia.

Harry mantiene su mirada en su pareja todo lo que resta del día, tiene el ceño levemente fruncido mientras busca algún problema. No quiere ilusionarse y pensar que Louis está en cinta, no quiere tampoco que él piense en eso ni que se presione por tener un bebé. Olfatea el aire, quiere ser disimulado pero sabe que no es bueno en eso.

—¿Qué te pasa? Me estás acosando —pregunta el ojiazul, aún con su mirada en su computadora.

—Nada, ¿estás bien?

Louis suspira y se ríe.

—Fue un simple mareo. ¿Vas a ponerte así cada vez que me pase algo?

—Tal vez.

Se ríen y el delta niega con su cabeza.

—Estoy bien, si esto sigue iré al médico. Quizá mi cuerpo ahora tolera menos estrés y me pone límites mucho antes de lo que estoy acostumbrado.

—Si ocurre una sola vez más vamos al médico.

—Sí, papá.

Harry rodea sus ojos pero le sonríe a su delta.


Puede que Louis le haya mentido a su alfa, no quiere preocuparlo y no quiere que esté encima de él. Tiene náuseas a la mañana cuando siente el olor de otras personas en la oficina y solo quiere estar rodeado del aroma de Harry. También se vuelve a marear cada vez que se levanta, pero lo disimula bastante bien, con su mirada fija en su teléfono o tablet, como si estuviera leyendo algo.

Harry le comenta que tiene una reunión extraoficial con el representante de Canadá pero su pareja no está invitada. El alfa refunfuña pero el delta sabe cómo calmarlo, es más, necesita alejarse de él unas horas. El ojiverde le promete a su pareja que estará fuera solo unas horas, solo una copa, una corta charla con un viejo conocido y volverá a casa.

Harry le deja su saco para protegerlo del frío en el camino a casa, Louis frunce el ceño cuando lo olfatea. Hay un olor distinto en él, que no es de ninguno de los dos, eucalipto. No puede hacer conjeturas, hace más de un mes que está pegado a Harry, incluso en eventos formales. Se da cuenta qué sucede cuando su lobo no se siente traicionado, ni siquiera ha reaccionado mal, solo quiere ponerse la prenda.

Louis se dirige a la farmacia, compra tres tests y vuelve al trabajo para realizar el examen lo antes posible. Sigue las instrucciones al pie de la letra y espera en el baño privado que comparte con Harry en su oficina. Los tres tests dan positivo. La emoción que tiene en el pecho era abrumadora, lágrimas caen por sus mejillas sin parar. Va a tener un cachorro, un cachorro de él y de Harry, por fin su familia estaría completa.

La llamada de Harry no se hace esperar.

—Amor, te siento muy contento.

Su voz ronca provoca que sus rodillas flaqueen. Puede notar la sonrisa del alfa desde el otro lado de la línea. Necesita su calor, su abrazo, su protección. Necesita decirle que tiene un cachorro suyo en el vientre.

—Así es Haz –consigue decir en medio de toda su emoción.

—No puedo dejar de sonreír desde hace unos minutos, me da mucha curiosidad. ¿A qué se debe tanta emoción, amor?

—Mi hermana me comentó que aprobó todos sus exámenes, estoy muy feliz por ella —miente a medias. Su hermana sí pasó sus exámenes, pero esa felicidad no es tan abrumadora.

Harry sospecha, está seguro que no es solo eso pero no puede insistir, el canadiense ha llegado a su reunión y debe colgar. El delta se obliga a calmarse, no puede darle ningún otro indicio al alfa, quiere sorprenderlo, darle la hermosa noticia de forma especial.

Decide terminar su jornada laboral para poder hacer unas compras, sabe que no habrá ningún problema con ello. Compra un chupete y unos escarpines de lana blancos, la ilusión en Louis no deja de crecer. Estar en una tienda para cachorros le llena el corazón. Acomoda todo en una pequeña caja negra, con un gran moño dorado. Por dentro está llena de papel picado, para que no le sea fácil ver a Harry las tres pruebas y las dos primeras compras para su bebé.

Deja el regalo en la habitación y prepara una cena sencilla, unas pastas con una salsa de tomate comprada. Es una de las pocas cosas que puede hacer sin cometer errores.

Harry llega a su hogar con una sonrisa y ojos brillantes. Un fuerte abrazo lo recibe ni bien cierra la puerta, unos brazos más que cálidos y cómodos, que se aferran a él. Intercambian un dulce beso y avanzan al living, el ojiverde puede sentir el aroma de la cena ya lista.

—Lou, ¿qué sucede?

—¿Por qué?

—Has hecho la cena, amor.

Louis se sonroja y se ríe, se expuso sin querer, jamás haría la cena si no fuera una ocasión especial. Sienta a Harry en el sofá y le hace unas señas para que espere allí. El alfa se ríe y se quita la corbata mientras su pareja va a buscar su regalo.

—Cierra los ojos amor, tengo un regalo para ti –pide el delta desde la habitación.

Harry hace lo que le piden, con una sonrisa de lado y abre sus ojos cuando siente un peso sobre sus piernas. La ansiedad y los nervios de Louis se sienten en su pecho y en las feromonas que suelta. Frunce el ceño, tratando de mantener la sonrisa.

—Lou, ¿qué es esto? ¿Acaso olvidé algún aniversario? ¿No empezamos a salir el 24 de junio? —pregunta extrañado.

La confusión del alfa lo hace reír, niega con la cabeza con una sonrisa y se mantiene callado. Harry abre lentamente la caja y su ceño se frunce un poco más. La felicidad del delta se siente en su pecho con fuerza. Mete la mano, mueve el papel picado, busca algún objeto dentro de la caja y siente una tela suave. Toma la pieza con cuidado y su boca se abre ligeramente al ver lo que sostiene.

Escarpines para un recién nacido.

Los ojos de Harry se llenan de lágrimas de inmediato al entender la indirecta. La enorme felicidad del alfa abruma al delta y llora sin poder evitarlo.

—Continúa –logra pronunciar Louis. El alfa saca con rapidez todo el papel picado hasta que los ve.

Tres tests de embarazo positivos.

Las lágrimas salen con fuerza del alfa mientras se aferra a las pruebas como si fueran el aire para respirar. Tenía sus sospechas, su ilusión estuvo en las nubes estos días pero jamás presionaría a Louis. El ojiazul llora con más fuerza mientras intenta secar las lágrimas de las mejillas de su pareja. La sonrisa de Harry es enorme, sus labios rosados están levemente mojados por sus lágrimas. Esa sonrisa hace que el mundo de Louis se frene por apenas unos segundos.

Louis lleva sus manos a la caja y saca el chupete que compró hace poco más de una hora.

—Tendremos un cachorro —dice con dificultad, con la voz rota. Harry asiente, mirando los tests que tiene en sus manos. —Mira, tendrá unos piecitos así cuando nazca –susurra señalando los zapatitos pequeños de color blanco.

Harry deja la caja a un lado, se levanta y abraza con fuerza a Louis. El alfa lo llena de besos por todo su rostro, cuello y termina en su mordida. Lo alza y empieza a dar vueltas sobre su eje. Louis solo puede reír y llorar, ese definitivamente va a ser uno de los recuerdos que quiere guardar en su memoria para siempre.

—Te amo, tanto que ya no me entra en el cuerpo, Lou.



Harry no puede contener sus gruñidos, se siente impotente, su pareja está en el hospital luego de notar que tenía una pérdida. No puede protegerlo, no puede calmarlo, su preocupación e histeria provocaron un ataque de nervios en Louis y lo tuvieron que sedar para poder hacer un chequeo completo de salud de ambos.

Intenta mantenerse positivo a pesar de insultarse a sí mismo. Su pareja tiene mucho estrés en su trabajo, está expuesto a información confidencial sobre lo que hacen ciertos grupos terroristas alrededor del mundo y se preocupa por todos ellos. Lo último que lo alteró fue ver vídeos de un grupo ruso violentando a un par de deltas en San Petersburgo.

—Parientes del señor Tomlinson.

El alfa se acerca a la doctora que atiende a Louis, la mujer lo lleva a un consultorio y se sientan enfrentados.

—Harry, ¿cierto? —El hombre asiente. —Bien, por lo que dice el expediente, ustedes consultaron durante todo el proceso de Louis. Como sabrás, Louis es delta hace muy poco y apenas pasó su primer celo.

—No lo diga, ya… Ya lo sé —pide el alfa con sus ojos cerrados, no quiere escuchar que pueden perder a su cachorro.

—Es un embarazo de riesgo muy alto, Harry —continúa la médica—. Ya tuvieron su primera consulta después de enterarse del embarazo, incluso un ultrasonido. ¿No le recomendaron reposo?

—Sí, ha hecho reposo. Redujimos sus horas de trabajo, intentamos no estresarnos con nada, no peleamos, llevamos una vida lo más tranquila posible.

—Louis deberá permanecer en reposo absoluto en las próximas semanas hasta que se decida lo contrario. Reposo absoluto implica solo caminar del dormitorio al baño y al comedor y nada más.

—¿Tendrá una dieta más estricta?

—No, eso está bien, el bebé está sano. Solo nada de actividad, nada de estrés, nada de nada. Eres su alfa, yo creo que podrás con ello.

Harry asiente de inmediato. Haría todo lo posible para que su pareja y su hijo estén bien y sanos.


—Haz —lo llama el delta con lágrimas en sus ojos.

—No, no, no llores, todo está bien, están bien —intenta calmar el alfa, se acerca a su pareja, lo abraza y marca con su olor para que se relaje.

—¿No lo perdí?

—No, Lou. Y no lo perderás.

—Tengo miedo, ¿y si mi cuerpo aún no está listo?

—Lo está, tranquilo, solo deberás descansar más que un omega. Eso no será problema. Podemos pedirle a nuestros amigos o familia que vengan a verte mientras no estoy en casa.

Harry besa el puchero en los labios de Louis y acaricia sus mejillas.

—Te amo, Haz.

—Te amo, Lou.


Cuando vuelven a su hogar, el delta se sienta en el sofá y se queda dormido mirando una película. Harry aprovecha ese tiempo para hacerle caso a su alfa y proporcionarle a Louis un lugar cómodo y seguro. Toma todas las sábanas de su hogar y elige las que considera más confortables para su pareja. Cuando el ojiazul se despierta, se extraña por no tener a Harry encima. Puede escucharlo en su habitación, se levanta y camina hasta allí.

El alfa está guardando lo que no utilizó cuando nota a Louis en la puerta del cuarto.

—Haz.

—Amor, ven.

—Haz, eso es un nido.

—Lo es. Quiero que estés seguro aquí, pasarás mucho tiempo en él —dice Harry, toma la mano del chico y lo ayuda a entrar al nido. —¿Es cómodo? Si quieres puedo cambiar todo o puedo ir a comprar más almohadas o...

—Es perfecto —lo corta y acerca su nariz a la sábana que está más cerca. El olor a café es intenso y está por todos lados, es todo lo que necesita para relajarse y sentirse completo. Sonríe cuando nota que Harry está fuera del nido. —Puedes entrar alfa.

El ojiverde se acomoda junto a su pareja y lo abraza, sus manos acarician el estómago de Louis con cariño. El delta se duerme a los pocos minutos, feliz y sin estrés. El alfa cae rendido un tiempo después cuando la tensión abandona su cuerpo y nota lo tranquilo que está el ojiazul.

Los siguientes dos meses son difíciles, Harry intenta no estresarse demasiado para no pasarle las emociones a Louis y trabaja lo justo y necesario. Le es difícil adaptarse a la nueva rutina, no recuerda la última vez que estuvo sin el delta a su lado, ayudándolo y organizando todo. Louis está cansado del reposo, su mal humor es palpable y se queja con su alfa por no poder hacer nada.

Una vez que entra al cuarto mes de embarazo, Louis puede pasearse más por su hogar y no es necesario estar siempre acostado. Su estómago creció y su redondez tiene a Harry enamorado. El delta está aburrido, incluso con su familia y amigos visitando su hogar casi a diario. Ya leyó muchísimos libros, vio series y películas, llenó carritos de compras para su bebé y aprendió a tejer.

Esa noche está inquieto, su alfa está durmiendo a su lado pero él no puede pegar un ojo. Quiere algo, necesita algo pero le da vergüenza pedirlo. Vuelve a moverse buscando una posición cómoda cuando Harry abre los ojos.

—¿Qué sucede? —pregunta el ojiverde con voz ronca, sintió todos los movimientos de su pareja pero no quería despertarse por completo.

—Amor… Quiero fresas con chocolate —dice en un tono dulce. Harry cierra sus ojos y suspira, creyó que los antojos empezarían más adelantes. —No, no, mejor pizza con chocolate.

—Lou… ¿Qué?

—Una pizza con mucho queso y salsa de chocolate —imagina el delta en voz alta, su boca se hace agua de solo pensarlo.

—¿Dónde consigo eso? ¿Por qué no mejor dormimos un poco más y mañana lo conseguimos?

Los ojos de Louis se llenan de lágrimas y su aroma se vuelve amargo. Harry se insulta a sí mismo y no sabe si levantarse primero o consolar a su pareja.

—Alfa…

—Te lo conseguiré. no te preocupes.

El ojiverde abraza a Louis, lo marca con su olor, besa su mordida y su estómago antes de levantarse de la cama. Se viste con lo primero que encuentra y sale a buscar un lugar que vendan pizza. Eran las tres de la mañana, casi todo está cerrado en la ciudad. Logra comprar la pizza y la salsa de chocolate por separado y vuelve a su hogar de inmediato, deseando cumplir las expectativas de su pareja y volver a dormir.

Cuando llega deja las compras en la cocina y busca a Louis. Está en el nido, durmiendo plácidamente, como si no hubiera pedido nada. Suspira y se acerca para volver a dormir, el delta puede sentir la presencia de su alfa y se despierta.

—Amor —lo llama—, ¿me has traído lo que pedí?

—Sí, Lou —responde con los ojos cerrados.

Louis se coloca sobre él y lo llena de besos por su rostro y cuello, las manos del alfa acarician sus caderas y estómago. El ojiazul se levanta para disfrutar su comida con una sonrisa, llena cada rebanada de pizza con salsa de chocolate. Harry no puede ni pensarlo sin sentir náuseas.


Harry los últimos días se encontró con Louis recostado en el sofá acariciando su panza de cinco meses, es la mejor vista para el alfa, su familia segura y en crecimiento. Besa a Louis en los labios, se asea las manos y vuelve con su pareja para masajear su estómago. Desde el mes anterior incorporaron a su rutina diaria las cremas para evitar que se formen estrías. El ojiazul no se siente inseguro por ellas ni le molesta verlas, pero fue Harry quien trajo el tema y empezó con los masajes, Louis no se pudo negar.

—Hola cachorro —susurra el alfa contra la piel y pasa sus manos por el estómago. —Hoy fue un día agotador, ¿sabes?

—Me encantaría estar allí.

—No, Lou. Los árabes están siendo alfistas, no quieres estar allí. Insultaron a Michelle, trataron mal a un beta, al pasante.

—¿Qué les está pasando?

—No lo sé, no eran así. Pero si supieran que eres delta…

—Los pondría en su lugar.

Se miran unos segundos, Harry sabe lo que piensa Louis, pero no quiere que esté expuesto a esa discriminación. Tampoco sabe cómo se sentirá al respecto y cómo reaccionará. Suele ser un alfa tranquilo, que evita la confrontación física, pero será violento si agreden a su pareja. Ambos se sorprenden cuando sienten un pequeño movimiento en el estómago de Louis.

—Hola, bebé. Papá está aquí —susurra contra la piel.

—Le gusta escuchar su voz, siempre se mueve. Estoy muy feliz que al fin puedas sentirlo.

Harry se acerca a los labios de Louis y los besa, sus feromonas de felicidad y protección hacen ronronear al delta.

—No puedo esperar a tenerte en mi brazos, cachorro.

Habían decidido esperar al nacimiento para saber el sexo de su cachorro pero Louis se arrepintió desde las veinte semanas de embarazo. Tiene mayor libertad para moverse e incluso ya puede salir de su hogar, ir a locales para comprar artículos para bebé le llena el corazón pero también le da deseos de saber si es niña o niño.

Cuando los siete meses de embarazo llegan, Louis ya no sabe qué hacer con sus pies. Harry masajea sus pies cada día, en un intento de hacerlo sentir mejor, pero ya nada sirve. No puede caminar mucho y se siente molesto todo el tiempo. Su lobo necesita cada vez más la presencia del alfa, su nido no es suficiente. En días malos, su ropa tampoco lo es. El delta está estresado sin la presencia de su pareja en su hogar.

Su alfa se tomó unos días de vacaciones para poder estar a su lado y empezar a decorar la habitación de su bebé. Habían decidido que se instalarían en su casa de Bristol de una vez por todas. Pintan el cuarto de un amarillo suave y Harry coloca todos los muebles con ayuda de su suegro. Louis, por su parte, crea nidos en su cuarto y en el de su cachorro para poder sentirse cómodo dentro de su hogar.

Louis se levanta temprano esa mañana, su cachorro no deja de moverse y su vejiga es la más afectada por ello. Prepara el desayuno para ambos con parsimonia, es sábado y no tienen nada planeado para hacer. El delta nota que su alfa está despierto cuando el olor a café es más intenso en la parte baja de la casa.

—Buenos días.

—Buenos días, Lou. ¿Has podido dormir?

—Algo, recién ahora está quieto —responde mientras termina de cocinar los huevos para el desayuno.

—Ayer leí algo que podía hacer para ayudarte.

—¿Sí?

—Sí, es muy sencillo en realidad —habla Harry y se coloca detrás de su pareja. —Simplemente tengo que colocar mis manos aquí —continúa, colocando sus manos por debajo de la barriga—, y sostener.

Louis puede sentir como el peso de su bebé desaparece, no recuerda la última vez que se sintió así de liviano. Gime de satisfacción y deja caer su cabeza en el hombro del alfa. Harry sonríe al sentir las emociones de Louis a través del lazo y lame su mordida para que la relajación sea completa.

—Ni se te ocurra soltarme —consigue decir Louis, ambos se ríen.

—Esta puede ser nuestra nueva rutina.

—Me gusta como suena eso, amor.


—No sé porqué tienes esa cara, Haz.

—Estás comiendo un pepinillo a las dos de la mañana, así, directo del frasco —dice sin poder quitar su mueca de asco.

—Es riquísimo, es lo que quiere tu hijo.

—Hija —le contradice con sus facciones relajadas, como cada vez que habla de su cachorro.

—Si soy honesto, nunca pensé que comería esto así.

—No es normal.

—Gracias amor, me haces sentir mejor.

Sus risas resuenan en la sala.

—¿Quieres algo más?

—Quiero helado de fresa y chocolate. También quiero unas papas fritas de jamón serrano.

Harry mira el techo del living y suspira.

—¿Acaso existen esas papas?

—¿No existen? Deberíamos inventarlas.

—Traeré el helado.

—Haz, te amo muchísimo.

—Yo te amo mucho más, los amo.

Deja un beso en su frente y se aleja para tomar las llaves.

—Alfa, bésame.

—Ni loco, odio el gusto del pepinillo.

Una almohada cae en su cabeza antes de salir de su casa para ir a buscar lo que su pareja le pide. Le quedaba un mes más de todo eso, está seguro que lo extrañará a pesar de lo asquerosas que suenan las mezclas que hace el delta. Aún le quedan dos semanas más de trabajo antes de tomarse licencia por paternidad, sus ojeras se hacen notar y su alfa está cada vez más insoportable respecto a la seguridad de su familia.

Tiene que ir a tres tiendas distintas hasta que consigue las papas de jamón serrano, la tienda está al otro lado de la ciudad por lo que compra todas las bolsas para no tener que volver en el futuro cercano.

El brillo en los ojos y la sonrisa de Louis es el mejor agradecimiento.



—Harry, tengo miedo.

Están en el hospital esperando al obstetra de Louis, ya les habían avisado que tendrían que hacer una cesárea porque no querían que el delta tuviera más complicaciones y no podía realizar esa enorme cantidad de esfuerzo.

—Tranquilo Lou, todo estará bien, todo está controlado.

—Prométeme que si sucede algo no me elegirás.

—Lou, sé que los planes de tu cesárea se han adelantado, pero no llegaremos a eso —intenta decir en un tono tranquilo. Besa sus labios y la marca mientras acaricia el estómago duro del delta.

El médico entra con rapidez a la sala junto a varios enfermeros, el obstetra le sonríe e intenta tranquilizar a Louis también. Tendrá una anestesia completa, para evitar riesgos, y Harry podrá estar allí todo el tiempo. Repasa todo el plan que tenían y le comenta las leves modificaciones que se harán. Louis parece relajarse con el nuevo panorama.

—Estaré a tu lado, todo saldrá bien, Lou.

—Todo saldrá bien.


La cesárea se realiza con éxito, su bebé está sano y no necesita ningún tipo de cuidado en neonatología. Harry por fin puede permitir relajarse cuando sostiene a su cachorra en sus brazos, tenía miedo al igual que Louis, no quería perder a ninguno, no quería que ninguno tuviera alguna complicación, su alfa lo estaba ahogando.

La pequeña apenas lo mira con sus ojos grisáceos antes de volver a dormirse. Es diminuta y perfecta, todo lo que soñó y más.

Se mantiene sentado junto a la cama de Louis hasta que despierta, el delta lo ve con una sonrisa cansada. Sus emociones a través del lazo multiplican y profundizan las suyas. Harry se levanta, coloca el pequeño bulto entre los brazos de su pareja y seca sus lágrimas.

—Hola bebé —saluda el ojiazul en voz baja—, hola Casiopea.

—Es perfecta, como tú.

Las mejillas de Louis se sonrojan.

—Lo hemos logrado, Haz, somos una familia.

—Lo somos Lou.



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Espero que les haya gustado el OS.

De nuevo, créditos a @Louis4larrie por el prompt.


Nos leemos, cuídense ♥