Capítulo único
—Louis, ¿al menos has buscado a tu destinado?
El ojiazul suspira, no quiere hablar del tema con su médico, no quiere saber nada más con el hospital. Asiente pero mantiene sus labios cerrados.
Por supuesto que buscó a su destinado, lo buscó incluso a través de aplicaciones de citas. Está desesperado, pero todos sus intentos fueron en vano. Una vez su mente le hizo creer que lo había encontrado, se encontró con Michael y lo único que obtuvo fue el desprecio de su lobo por al menos un día.
Han pasado ocho meses desde que fue diagnosticado con privación de contacto, él había ido al hospital por una incansable comezón que dejaba roja su piel y con leves marcas de sangre en ciertas zonas de su cuerpo. Entró pensando que se llevaría algunos antibióticos y una pomada y se fue sabiendo que en dos años podría estar muerto.
Su familia lo mira con lástima desde entonces, intentaron hacer terapia de tacto con él pero fue inútil, sus olores eran conocidos y reconfortantes pero no los que quiere su lobo. Se distanció de todo para dejar de sentir la constante mirada en él, incluso pidió trabajar remoto para no tener que darle ninguna explicación a sus compañeros de trabajo.
Tuvo dos celos desde el diagnóstico, uno peor que él otro. Ha pasado mucho tiempo sin una pareja durante su calor, la última vez tenía apenas diecisiete años y fue con un omega. Su lobo y él descubrieron en ese momento que ellos no se sentían atraídos por ellos, sino que estaban a la espera de un alfa. Un alfa que los cuide y los mime durante todo un día.
Durante los últimos años ha intentado buscar una pareja pero todos resultaron ser unos idiotas que solo querían una experiencia nueva, que ni siquiera le iban a los dos, sino que solo le gustaban los omegas. Fue solo un morbo. Desde allí dejó de intentarlo, no quiere pasar de nuevo por ello.
No pensó que su decisión traería consecuencias tan graves.
En su último celo supo que se desmayó por primera vez. Tuvo la suerte que su madre pasara por su hogar para dejar comida para él y lo vio en el suelo con todos los síntomas de calor presentes pero inconsciente. Los médicos dijeron que esa era una alarma, la primer advertencia de que está por atravesar la tercer etapa.
Han pasado dos semanas de ello y se está realizando todos los controles posibles para saber si se encuentra en la última fase de su condición.
—Louis, ¿entiendes la gravedad del asunto?
—¡Por supuesto que lo hago! ¡No me tome por estúpido!
Ese es otro problema. Junto con la privación de contacto se volvió irascible. Su lobo está en estado de alerta todo el tiempo y provoca reacciones en él que no son usuales. Nunca se le cruzaría por la cabeza gritarle a un médico, incluso cuando es insistente con un tema grave.
—Necesitamos encontrar a tu destinado, pídele ayuda a tu familia, amigos, a quien sea. Queremos ayudarte —continúa el médico, ignorando sus palabras. Sabe que Louis no puede controlar la ira, su alfa no se lo permite.
—Tal vez realice un nuevo viaje.
—Ve acompañado. Todo indica que aún estás en la segunda etapa pero no podemos arriesgarnos.
El alfa asiente a las palabras del beta, se despiden y Louis vuelve a su casa. Puede sentir a su lobo llamar a su compañero pero no recibe ninguna respuesta. Su aroma se vuelve amargo cada vez que sucede, la tristeza le recorre el cuerpo y no le permite pensar en otra cosa que no sea su compañero.
Al llegar nota a una mujer de una edad similar a la de su madre en su puerta, tocando el timbre. Se apresura y toca el hombro de la señora. La castaña lo observa con una pequeña sonrisa.
—¿Se le ofrece algo?
—Sí, ¿vives aquí?
Louis asiente.
—Verás, mi hijo se mudará a ese departamento, quería saber cómo es el edificio, el barrio, esas cosas.
—Puede estar tranquila que yo no molestaré —empieza el alfa, la omega le sonríe con cariño.
Su lobo lo deja en paz mientras le explica a la mujer sobre el edificio, los vecinos, las reglas y el vecindario. Se siente como una persona normal mientras sigue la conversación, incluso invita a la mujer para tomar un té. Ella le comenta sobre su hijo, él vuelve a su hogar luego de recorrer gran parte de Europa durante su año sabático luego de finalizar su carrera universitaria. Harry será su único vecino y comprará el departamento. Si tiene suerte, sólo serán el chico, él y su destinado en el piso.
Una vez que se despiden, Louis vuelve a trabajar porque tiene proyectos que entregar pronto. Está trabajando en el área de marketing en una multinacional. Consiguió el título y el puesto hace unos años y lo fue complementando con estudios sobre redes sociales, diseño gráfico y edición. Su trabajo a veces es colaborativo y debe asistir a reuniones al edificio principal de la compañía, pero en general es tranquilo y en su hogar.
Pasa al menos una semana hasta que su vecino se muda al departamento, no puede verlo porque ese día tiene que ir a varias reuniones de trabajo. Cuando sale nota el camión de la mudanza y los empleados esperando a que llegue el alfa. No vuelve hasta la noche, tuvo que ir al hospital luego de las reuniones. Su lobo estaba demasiado inquieto y no le permitía funcionar, le dieron unas pastillas para adormecer a su animal interno cuando fuera demasiado para él.
Llega a su hogar y lo único que quiere hacer es descansar. Duerme hasta tarde y se levanta extrañado al notar que no se despertó con ninguna de sus alarmas. Desayuna y empieza a trabajar, nota que sigue cansado pero se concentra en terminar con sus tareas del día. No puede postergar nada, es un proyecto en conjunto con fechas límites inamovibles.
Su semana continúa de la misma forma, se levanta agotado, como si no hubiera dormido ocho horas, para mantenerse igual de cansado todo el día. Está preocupado por ello, pero no puede ir al médico de nuevo solo por cansancio. El sábado se despierta desorientado, la cabeza le duele y nota que está en el suelo de la cocina. No sabe cómo llegó allí, su último recuerdo es cuando se acostó a dormir la noche anterior.
El pánico crece en su pecho. ¿Así será de ahora en adelante? ¿Se desmayará en cualquier momento y no recordará qué sucede? Se sienta en el frío piso y se apoya en la pared, las lágrimas corren por sus mejillas, siente impotencia por no poder hacer nada al respecto, no sabe dónde está su destinado, no sabe dónde buscarlo. El tiempo se acaba y él no sabe qué más hacer.
El sonido del timbre lo hace saltar y contiene un jadeo. Atiende el intercomunicador y un repartidor le avisa que su pedido ha llegado. Hace una semana había pedido un nuevo televisor porque el anterior se cayó y se rompió. En realidad él tropezó y terminó tirando el aparato.
Camina hacia la gran caja que se encuentra en la entrada del edificio. Cuando intenta levantarlo no puede hacerlo, ni siquiera puede moverlo ni un centímetro. Está sudando y con su respiración agitada. Su lobo le recrimina por estar aún más cansado. Sabe que tiene menos fuerza pero pensó que levantar un televisor era algo posible.
El aroma amargo a cedro se puede sentir en los pasillos del edificio. Cuando llega a su puerta se frena y no ingresa a su departamento, no quiere llamar a ningún familiar para que lo ayude, todos ellos lo mirarán con lástima y no necesita eso hoy. Voltea y ve la puerta de su nuevo vecino. Tal vez Harry pueda ayudarlo, es un alfa y él necesita a alguien fuerte.
Toca la puerta de su vecino y espera unos segundos. Escucha unos pasos acercarse a la puerta y ésta se abre. Louis se paraliza cuando siente el aroma a sándalo y bergamota, su lobo gime y se remueve sin parar.
Frente a él está Harry Styles. Un chico bellísimo, alto, esbelto, cabello rizado y ojos verdes.
Frente a él está su destinado.
Y es lo último que ve antes de desvanecerse.
Harry se preocupa cuando ve a su vecino caer y lo toma entre sus brazos antes de que toque el suelo. Sabía de Louis, su madre lo describió con lujo de detalles, el alfa que vive frente a su departamento. Su lobo se remueve cuando escucha los gemidos que salen del más bajo, nunca se sintió tan afectado por los llamados de otra persona. Parpadea cuando la necesidad de ayudarlo, de llevarlo al hospital y de protegerlo le recorren el cuerpo y no puede pensar en nada más.
Está frente a su destinado y no puede permitir que algo malo le suceda. Toma a Louis en brazos y sus llaves y sale del edificio. Se encuentra con otro vecino que le informa que dejará el paquete del ojiazul en su baulera.
Los gemidos de Louis son inusuales, jamás había escuchado algo así, y tarda en darse cuenta que él está gruñendo en respuesta.
Una vez en el hospital le informan la condición del alfa. Harry se pega a él, sin poder dejarlo ir, sabiendo que solo necesita a su destinado. Sólo lo necesita a él. Gruñe cuando lo separan de Louis, dos guardias tienen que sostenerlo mientras varias enfermeras se alejan por un pasillo llevando al chico en una camilla.
Lo obligan a quedarse en una sala de espera, su lobo está inquieto y él no puede permanecer sentado por más de cinco minutos. Un médico llega corriendo hasta él y lo abraza. Harry vuelve a gruñir y se aleja del hombre.
—Lo siento, soy el doctor Evans, el médico de Louis —se presenta. El ojiverde asiente y lo mira con atención. —Tuvimos que controlar todos los signos de Louis una vez más, es un paciente con un diagnóstico delicado. Todo está bien aunque debe quedarse aquí al menos esta noche, su recaída fue fuerte, su lobo estaba muy débil cuando te encontró y fue mucho para él.
—¿Puedo pasar?
—Puedes. Aún está dormido pero su lobo necesita que estés con él. ¿Te han explicado lo que tiene?
—Algo así, cuando lo traje las enfermeras me dijeron lo básico.
—Ven, vamos a su habitación —le dice el médico y comienza a caminar—. La privación de contacto no es usual en alfas, Louis ya estaba por iniciar su última etapa, la etapa terminal, ¿sabes? Él estará encima de ti, podemos buscar formas para que no sea abrumador, sé que tal vez puede ser incómodo para ti.
—No lo es, mi alfa… Mi alfa está muy inquieto, me preocupa.
—Aunque es inusual en alfas, son destinados, tu alfa querrá proteger y cuidar a Louis. Sin embargo, sé que no te conocía hasta hace unas semanas.
—Hoy, nos conocimos hoy.
—¿Hoy? —pregunta sorprendido—. Bien, ¿tu nombre?
—Harry.
—Bien Harry, Louis necesitará de ti, mucho, por lo menos las primeras semanas. Lamento que sea así, no creo que nadie espere conocer a su destinado y deba prácticamente vivir con él sin siquiera conocerlo.
—Vivimos en el mismo edificio.
—Eso es muy positivo —comenta con una pequeña sonrisa—. ¿Tienes algún problema con estar tanto tiempo con un alfa? Podemos buscar alternativas ahora que sabemos quién es su destinado.
—No, no tengo ningún problema —responde luego de unos segundos. Está tratando de procesar toda la información.
—Él buscará estar encima de ti, esos gemidos que escuchaste es su lobo llamándote, pueden suceder de nuevo, por cualquier cosa. Tal vez solo vas al baño, pero él querrá estar encima de ti. ¿Me entiendes?
—Lo hago.
—Disculpa por ser tan insistente, hemos tenido casos en los que han dicho que sí y luego desaparecieron y la recaída fue muchísimo peor.
El médico abre la puerta de la habitación y puede ver a Louis acostado en la camilla con varios cables midiendo sus signos vitales. Su lobo le pide que se mueva, que se acerque a su destinado, que haga lo posible para sacarlo de esa situación. Harry avanza unos pasos y toma la mano del ojiazul, su pulgar acaricia los nudillos.
—Hasta que despierte puedes ir despacio. Puedes liberar feromonas, acariciar su mano e incluso puedes acostarte con él y permitirle acercarse a tu fuente de olor. Todo servirá. Cuando se despierte por favor llámanos, con ese botón —señala.
Una vez que Harry asiente, el hombre se va.
El ojiverde frunce el ceño, tomándose su tiempo para analizar la situación. Había recorrido Europa, buscando algo, lo que sea, que le hiciera sentir aunque sea un cuarto de lo que sintió desde que vió a Louis. Conoció alfas, betas y omegas, ninguno fue compatible con su alfa hasta que el ojiazul tocó su puerta.
Lo observa con atención mientras libera sus feromonas. Es un chico atractivo, sus facciones son definidas, perfectas. El color de sus ojos es magnífico, no necesitó mucho tiempo para notarlo. Su aspecto es frágil, delicado, y puede ver que su enfermedad estaba consumiéndolo. Se levanta decidido y se sienta en la camilla. Mueve al alfa con cuidado hasta que su rostro esté en su cuello y continúa liberando feromonas.
Louis se despierta con un jadeo sorprendido y se encienden las alarmas del monitor cardiáco. Harry se sobresalta y libera más feromonas para que el alfa se relaje pero no funciona. Los ojos azules lo analizan con cautela y se separa de él.
—Louis, soy Harry, ¿te acuerdas de mí? —pregunta el ojiverde, manteniendo un tono suave. Louis asiente—. Necesito que te relajes, debo llamar a los médicos pero ellos necesitan que estés tranquilo.
El menor observa al otro alfa apretar el botón que llama a las enfermeras. Mira a su alrededor y puede notar que está en el hospital. El denso aroma a sándalo y bergamota le ayuda a no tener un ataque de pánico en ese momento, puede notar que el chico liberó su olor para ayudarlo, su alfa está tranquilo, sin recriminarle nada.
—¿Qué sucedió?
—Te desmayaste cuando nos vimos y…
—¡Mi televisor!
—Tranquilo, está en tu baulera —dice de inmediato con una sonrisa—. Te ayudaré cuando vuelvas a cargarlo.
—Gracias Harry, por todo. Sé que esto debe ser muy incómodo para ti. No me creo que aún no hayas huido.
—No quiero huir, Louis.
—Seguro te han hablado de todo esto y…
—No me molesta, quiero ayudarte, necesito ayudarte, mi alfa me lo exige. No te preocupes.
Louis parpadea, el alfa de Harry necesita ayudar al suyo. No sabe qué responderle, quiere llorar de alegría, quiere abrazarlo, besarlo, agradecerle de todas las formas posibles. Su médico entra a la habitación con una sonrisa, sostiene la carpeta con todos los análisis que se ha hecho últimamente. Harry se mueve y vuelve a la silla designada para el acompañante.
—Louis, me alegra verte aquí por este motivo —empieza el doctor Evans—. Por suerte no has llegado a la última etapa, por lo que tu recuperación… —el profesional se frena al ver la mueca de su paciente.
—He estado cansado últimamente… —inicia Louis, jugando con sus dedos—. A la mañana, antes de ver a Harry, me desperté en el suelo de la cocina. No sé cómo llegué allí —confiesa avergonzado.
Los ojos del doctor lo escanean, preocupado, antes de mirar al otro alfa. Harry puede notar con una simple mirada que el panorama que le describieron antes empeoró. El ojiverde asiente y toma la mano de Louis con delicadeza.
—No te preocupes Louis, ¿es la primera vez que pasa? —pregunta, el chico asiente—. Quedarás en observación unas horas más, luego irás a casa. Será un proceso intenso pero te recuperarás.
—Pero…
—¿Sí?
—¿Qué debo hacer luego?
—¿A qué te refieres?
—¿Qué pastillas tomaré? ¿Necesito venir más seguido?
El doctor Evans sonríe.
—La cura la tienes a tu lado —responde, su llamador le comunica sobre una urgencia y suspira—. Vendré a darte el alta en unas horas y hablaremos de todo lo que pasará de ahora en adelante.
El médico se retira de la habitación y Louis mira a Harry con el ceño fruncido.
—¿Qué te dijo?
—Debemos estar juntos, pero no es un problema, yo…
—No quiero que pases tiempo conmigo por lástima, estaré bien.
—No es lástima —asegura, apretando su mano—. Necesito ayudarte, ya te lo he dicho.
—No, no pondrás tu vida en pausa por mí, un extraño que conociste hoy.
—No la pondré en pausa, además, somos vecinos de piso, estaremos cerca de todas formas.
Louis se queda en silencio, sabe que tiene un punto, siempre que lo necesite podrá ir al hogar de Harry y callar a su alfa. Asiente y acepta a regañadientes, tampoco tiene muchas más opciones. El ojiverde suelta su mano, acaricia su mejilla y se aleja de él para irse al baño. El alfa de Louis entra en pánico y suelta un gemido. El ojiazul se tapa la boca pero los llamados salen de todas formas.
Harry se acerca preocupado y lo abraza. Louis se aferra a él e inhala su aroma, su rostro se refriega en el pecho del otro alfa.
—Tranquilo, sólo iré al baño.
—Lo siento, lo siento.
—Fue mi error, Louis, te tendría que haber dicho.
—No quiero que tengas que vivir así por culpa de alguien que ni siquiera conoces.
—Basta, no me molesta.
Se separa de Louis a pesar de que él ponga resistencia, los ojos verdes se encuentran con los azules. Harry decide que su alfa tome las riendas y lo deja actuar. Sus manos toman las de Louis y las besa, se inclina y coloca su rostro en el cuello del más bajo. Con su nariz frota la zona, el alfa del ojiazul ronronea, relajándose.
—Ya vuelvo, no serán ni cinco minutos, ¿sí? —susurra, Louis asiente y Harry se aleja de él.
Louis siente la desolación de su lobo. Harry está en la habitación de al lado, no puede quitarle también su privacidad. Sus manos se aferran a la camilla, no sabe si podrá vivir así, la necesidad de estar encima del otro alfa lo sobrepasa.
Espera que su lobo se calme pronto para el bien de ambos.
Hace dos días regresó a su hogar, Harry no ha podido alejarse de él en lo absoluto. Su lobo chilla cada vez que el alfa no está en la misma habitación. Esa mañana se levantó y el alfa no estaba en el cuarto, casi tuvo un ataque de pánico. Su lobo se calmó cuando lo vio en su cocina, preparando el desayuno.
Ahora están en la sala, viendo una serie en su televisor nuevo. Louis puede notar que está mucho mejor, tiene mucha más energía, incluso cree que tiene más fuerza. Pero sabe que se debe a que su cabeza está apoyada al hombro de Harry. El alfa resultó ser una persona muy agradable, tranquilo y con gustos similares a los suyos.
—¿Crees que eso pueda ser real? —pregunta el ojiverde, Louis lo mira con el ceño fruncido—. Cersei y Jaime dicen ser destinados, ¿crees que pueda pasar entre hermanos?
El menor se ríe y se encoge de hombros.
—No lo creo, sería demasiado raro.
—Lo sé.
—Además de que deberían pasar sus celos juntos.
—Claramente —coincide y se miran unos segundos. —Sería muy extraño —terminan diciendo al unísono.
—¿Cuándo debes ir a trabajar? —pregunta Louis. Ambos ya habían visto la serie, por lo que no les molesta charlar durante los episodios.
—Mañana, no puedo retrasarlo más.
Harry observa el puchero que hace Louis, su alfa quiere besar esos labios y marcarlo con su aroma. Tiene que contener esos deseos, no es apropiado. Si bien ya tienen más confianza entre ellos, hay límites que ni siquiera se establecieron. Además, ser destinados no implica que deban ser una pareja, pueden complementarse y solo mantenerse como amigos.
—No sé cómo haremos, yo…
—Tranquilo, tenemos las pastillas, puedes ir a mi casa y me puedes llamar. Le comenté a mi jefe sobre la situación y puedo volver a casa si es demasiado para ti.
—Intentaré no llamarte, lo prometo.
—Louis…
—No, debes trabajar, volver a tu vida normal.
—Tú también, iremos de a poco, si necesitas que vuelva, lo haré.
El día continúa normal, terminan la temporada y empiezan la que sigue. Cocinan juntos entre risas y cantando las canciones de la playlist del ojiverde. Los alfas se sienten bien junto al otro, se siente correcto y no desean separarse para tener un respiro del otro.
Las noches son el momento favorito de Louis y su lobo, Harry le permite dormir abrazado a él, pegado a su glándula de olor. Duerme tranquilo luego de tantos meses, sin llamar a nadie, sin llorar, sin pesadillas. El aroma de Harry incluso opaca al suyo pero no le molesta, no desea tener ningún tipo de conflicto de poderes con el alfa del ojiverde.
Se despierta asustado y solo a la mañana, su alfa quiere llamar a Harry pero puede escuchar la ducha correr. Había llegado a un acuerdo con su lobo y es no molestar a Harry cuando está en el baño, sin importar lo mucho que lo necesite. Entierra su rostro en la almohada que desprende el olor a sándalo y bergamota. No quiere despedirse de Harry, no quiere pasar horas sin él.
—Buenos días —saluda con voz ronca.
El ojiazul le sonríe desde la cama.
—Buenos días.
Harry siente a su lobo removerse en su pecho.
—Hice el desayuno.
—¿A qué hora te irás?
—Louis…
—¿En media hora?
—Un poco más, tal vez en una hora.
El menor se levanta y abraza al otro chico.
—Lou, serán solo unas horas, podrás hablarme, puedes ir a mi casa, puedes pedirme que vuelva, tranquilo.
—Lo sé, pero tengo miedo.
—No tienes por qué. Si te sientes mal, me llamas y vuelvo.
—¿Y si no llego a llamar?
Harry suspira.
—Hablé con el doctor Evans. No volverás a donde estabas por unas horas, necesitas al menos dos días sin ningún tipo de contacto.
Se mantienen abrazados unos minutos antes que Harry insista en desayunar. Louis está cabizbajo, no puede entablar una conversación con el ojiverde. No quiere quedarse solo, no quiere decirle a Harry pero tiene miedo que él salga por la puerta y no vuelva a verlo.
Harry besa su mejilla y frente cuando se va, su alfa quiere besarlo, marcarlo con su aroma y pegarlo a él pero no quiere que Louis esté peor después. En realidad, Harry desea quedarse con él y no irse nunca, pero debe ir a trabajar. El ojiazul solo lo ve irse y cierra la puerta con cuidado. Su hogar ya no se siente como uno, la soledad es lo único que le hace compañía y su lobo vuelve a enojarse con él.
Intenta concentrarse en otras cosas, limpia todos los ambientes e ignora los dolores en su cuerpo, al igual que ignora los lamentos de su lobo. Cuando termina se dirige al departamento de Harry. Su olor es tenue porque lleva viviendo con él una semana, pero es el único olor que se encuentra allí y le da confort.
Camina a la habitación del ruloso y se acuesta en la cama, el aroma a bergamota aún se siente allí y sus ojos se cierran disfrutando del olor. Su lobo lo sigue molestando hasta que concilia el sueño por una hora.
Tiene que llamar a Harry al mediodía, escuchar su voz no lo reconforta, es más, su lobo lo llama y el alfa le dice que estará en casa en una hora.
En casa.
Se siente extraño.
Louis por supuesto que se siente atraído a Harry, lo notó desde que despertó en el hospital. El chico no hizo nada más que profundizar su enamoramiento, siempre atento, siempre asegurándose que se sienta bien y que esté cómodo. Es atractivo también, no lo va a negar. Sin embargo, no puede confundir la amabilidad de Harry con amor.
Que sea su alfa destinado y que su olor sea todo lo que necesitó no significa que sean una pareja romántica. ¿O sí?
Cuando Harry llega a su departamento Louis salta sobre él, el alfa pudo sostenerlo y dejó que el ojiazul huela su cuello y se quede allí un momento. El lobo del más chico se remueve y gime, el rizado lo pega aún más a él, libera sus feromonas y deja pequeños besos en su hombro. Ambos lobos se necesitan, Harry necesitaba estar en casa desde que cruzó la puerta, no quiere pensar cómo se sintió Louis.
Entran al departamento del ojiverde y se mantienen juntos unos minutos más.
—Perdón, no puedo estar sin ti.
—Yo tampoco.
—¿Qué? —pregunta incrédulo después de unos segundos de silencio.
—A mí también me afecta, Lou. Ya te lo he dicho, necesito ayudarte.
Los ojos verdes estaban fijos en los azules, perdido en ellos. El camino al trabajo le ayudó a pensar en lo que siente sin tener al otro alfa pegado a él. Su mirada pasa a los labios del chico, los desea tanto, su parte animal y racional coincidían. Louis pasa saliva algo intimidado pero termina imitando a Harry y observa sus labios rosados.
Es Harry quien toma a Louis con determinación del cuello, sin presionar, y lo atrae hacia él. Ambos alfas pueden sentir una especie aún mayor de alivio recorrerles el cuerpo. Es lo que necesitaban, más, más contacto, más cercanía. El ojiazul se separa boquiabierto y se aleja unos pasos, su lobo le reclama para que vuelva con su destinado.
—Lo siento, debí preguntar —susurra Harry.
—¿Por qué…?
—¿No lo sientes? ¿No te lo reclama tu alfa?
Louis no responde, sabe que la respuesta es afirmativa.
—Lou, me gustas. Eres mi destinado, sí. Eso implica que mi alfa quiere estar contigo, protegerte, ayudarte pero… Siento más.
—Yo… Yo también.
—Me sentiría atraído a ti incluso si no fuera tu destinado, eres amable, confiable, hermoso, divertido, maravilloso.
Louis se sonroja sin poder evitarlo.
—Basta —lo frena el chico—. Tú eres perfecto, te has quedado, no te has quejado ni una sola vez, eres atento y…
El ojiazul se queda sin palabras. ¿Cómo se describe a una persona como Harry? Es el alfa ideal, es todo lo que debe ser y más. Su lobo se remueve, pidiendo permiso hasta que Louis le deja tomar el control de la situación. Desde que llegó el ojiverde tiene una relación más estrecha con su parte animal y puede confiar en él.
Sus labios se vuelven a encontrar, los brazos de Louis rodean el cuello de Harry mientras él rodea su cintura. Sus lenguas se encuentran por primera vez pero se siente conocido, correcto, mágico. Se siente en paz, no se había sentido así nunca. El ojiverde se separa con una sonrisa.
—Esto está mal —empieza, los ojos azules lo miran preocupados—. Tendríamos que haber tenido una cita o dos, conocernos y luego esto.
Louis se ríe y niega.
—¿Por qué hablas como si hubieramos tenido sexo? —bromea. —Ya nos conocemos Harry, vivimos juntos.
—Déjame llevarte a una cita.
—¿Y que cualquier persona pueda olerte y no poder estar encima tuyo cuando quiera? No, eso no va a suceder.
Ambos se ríen.
—Bien, ¿qué te parece una cena en casa?
La cena es una simple pasta con salsa, lo que tiene el alfa en su casa. Louis busca unas velas que guarda en su departamento y las coloca en la pequeña mesa blanca. Harry les sirve un vino blanco que le regalaron hace un tiempo y pone música ambiente. Es acogedor, es todo lo que necesitan. Hablan un poco más sobre sus carreras y sus ambientes de trabajo, también de sus familias y como ninguno de ellos le ha dicho nada a su familia sobre lo que está sucediendo.
Una vez que terminan abren una segunda botella, cortesía de Louis, y pueden sentir los efectos del alcohol en su sistema. Harry cambia la música y bailan desinhibidos, con una gran sonrisa y ojos brillantes. Comparten una buena sesión de besos antes de que el ojiazul arrastre al ruloso a la habitación. Lo quiere tanto, lo desea, ya los besos no se sienten suficientes.
Harry lo cuida, deja caricias por toda su piel, lo adora como un dios, Louis se siente en el cielo desde el primer contacto. El ojiazul puede asegurar que no podrá despegarse de Harry nunca más, no cuando lo trata así, no cuando lo ama de esa forma. El primer orgasmo de Louis es celestial, pero quiere más, quiere todo lo que Harry pueda darle.
Harry le asegura con una sonrisa que apenas está empezando.
—Muy bien Louis, los análisis están perfectos, incluso mejor de lo que esperaba —comenta el doctor Evans mientras lee los resultados de los estudios del alfa.
—Me siento bien.
—Te ves bien —le dice con una sonrisa—. ¿Cómo está todo con Harry?
—Bien, hoy no ha podido venir por el trabajo pero estamos genial. A mi lobo todavía le cuesta la separación.
—Es difícil, estuviste en un estado muy crítico pero lo estás haciendo genial. Tu destinado te encontró en tu última etapa y en menos de seis meses estás como si nada.
—Creo que vivir juntos desde que nos conocimos influenció mucho.
Harry prácticamente se mudó al departamento de Louis cuando se cansó de ir cada mañana a buscar su ropa, llevó una valija llena de ropa y la dejó allí. Luego, solo volvió a su hogar a la otra semana, cuando decidió hacer un nido para el ojiazul que sería útil cuando él no esté. Al otro mes decidió que era un desperdicio seguir pagando el alquiler.
Su relación solo mejoró cada día, Louis tenía algunos días malos, donde no podía despegarse de su alfa aunque su cantidad de días buenos era cada vez mayor. Notó que estaba bien cuando pudo ayudar a Harry con su mudanza. También lo notó cuando pudo volver a la oficina y pasar el día entero allí. Lo pudo ver una vez más cuando tuvo que ayudar a Harry a moverse un día que estaba mareado y el peso del alfa no le afectó en lo absoluto.
Sus familiares tomaron bastante bien la noticia de que eran pareja, que eran destinados y que ya convivían. La madre de Louis lloró en los brazos de Harry la primera vez que lo vio y le agradeció incluso cuando se estaba yendo a su hogar.
—Ya no hay nada que pueda hacer yo, puedes volver a tu médico general. —El hombre se acerca al alfa y estrechan sus manos. —Louis, un placer conocerte, estoy muy feliz por ti y espero no volver a verte.
Ambos se ríen.
—Un placer, espero no volver a verlo tampoco.
El viento mueve el cabello de Louis ni bien sale del hospital, está con su teléfono en su oreja esperando a que lo atiendan.
—Hola, alfa.
—Hola, amor —responde el ojiazul con una sonrisa—. Acabo de salir de la consulta.
—¿Cómo fue?
—Muy bien, no tengo que volver más.
—¿En serio? Es una gran noticia Lou, deberíamos festejar.
—Suena tentador. ¿Qué ofreces?
—Una buena noche de hamburguesas, cerveza y Marvel.
—Es un buen plan aunque le falta el postre. ¿Mi destinado está en el menú?
Escucha la risa de Harry en la línea.
—Por supuesto, siempre está.
—Entonces es un sí. Nos vemos pronto Haz, te amo.
—Te amo, Lou.
~~~
Espero que les haya gustado el OS.
De nuevo, créditos a quien corresponda por el prompt.
Nos leemos, cuídense ♥