Prólogo
Prologo
«En estos días lluviosos últimamente te pienso.»
Tengo la certeza de que cuando nos vamos de este mundo terrenal nos convertimos en lo que más anhelamos ser, no simplemente polvo, sino más bien ir a un lugar mejor o un lugar donde te sientas pleno; también está la opción de reencarnar, ya sea en otra persona, animal o planta.
Lo que trato de decir es que no solo somos cuerpo, sino también espíritu; nuestro cuerpo con el paso de los años decae y muere, pero nuestro espíritu no, es increíble como nuestras almas se mantienen; se puede decir que el alma es eterna en comparación al cuerpo.
Por ejemplo, puedes ser una anciana de ochenta y cinco años que sufre de enfermedades crónicas debido a su avanzada edad, pero no te importa, no te interesa en lo absoluto que sea así ¿Por qué? Porque sabes que en cualquier momento tu alma se liberará y podrás estar expedito del dolor y el agotamiento que tu cuerpo proporciona, ya nada dolerá.
¿Pero qué pasa cuándo es un niño? ¿Qué pasaría cuándo a tan temprana edad la muerte ya lo desea? Sucede lo mismo; a ellos no les importa, solamente quieren ser felices para luego ser libres de la agonía.
Una anciana que tenía casi toda su vida sumergida en la espiritualidad me miró y advirtió lo siguiente:
"― Pequeña niña, eres hermosa muy hermosa. Llena de juventud y luz. Con todo eso puedes enamorar a quién sea incluso a la muerte ¿No lo has pensado? Que la muerte se ha enamorado de ti pero no puede llevarte porque aún no es tu momento. Quizás hace todo lo posible para que sufras, para que agonices en vida, para que seas tú quién la busques. Pero todo gira alrededor de una pregunta: ¿Estás enamorada de la muerte?"
Nunca lo había pensado de esa manera, quizás la muerte esta enamorada de mí o este enamorada de ella...
Las personas y los momentos son tan efímeros como las mariposas. Ellas duran pocas semanas, inclusive meses, pero nunca pasan del año. Quizás nuestras vidas son muy similares a su existencia, pasamos tortuosos cambios y agonizantes transformaciones para tan solo presenciar el mero apogeo de nuestra realidad que al poco tiempo se desvanece, dejando el simple pensamiento de que quizás, tan solo quizás todo pudo haber sido diferente; quizás deseamos que seamos mariposas y dejar todo el dolor atrás para tan solo extender nuestras alas y volar por el extenso azul del cielo.