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Era un viernes por la noche, negocios comenzaban a cerrar pero la vida nocturna en Seúl apenas estaba empezando. Lee Jeno se preparaba para empezar su turno, era bartender de medio tiempo en un bar algo concurrido por la zona de Itaewon. El sueldo no era malo y el horario se acomodaba a sus estudios, aunque principalmente buscaba la experiencia. Ayudó a limpiar las mesas y desempolvar las decoraciones antes de abrir; eran cuatro empleados, él y sus compañeros: Jung Jaehyun, quien se la pasaba en la cocina, no era un menú muy selecto porque el mayor atractivo eran las bebidas, pero sin duda disfrutaba su trabajo; Lee Donghyuck, un entusiasta mesero; y Kim Doyoung, un barman profesional quien le daba tutorías de vez en cuando, aunque también en un par de ocasiones su jefe Johnny Suh estaba presente para supervisar y asistirlos en lo que fuese necesario. Las horas pasaban, era la noche más ocupada de la semana y todas las mesas estaban llenas, los rostros pasaban desapercibidos entre tantos clientes, pero hubo uno que destacó del resto. Jeno ayudaba a Hyuck a recoger los vasos cuando Doyoung notó algo. —¿Ya viste quién llegó? —intentando disimular.
Ambos voltearon hacia atrás con sigilo, al instante lo reconocieron. Era ese chico castaño claro de nuevo, aquel que siempre se sentaba en el mismo asiento de la barra y pedía la misma bebida: una copa de vino rosado, siempre al mismo empleado: Lee Jeno. Desde las primeras noches se destacó entre los demás, Jeno no entendía cómo era posible que teniendo toda esa selección de licores y cócteles siempre pidiera el mismo trago. «¿Por qué no solo se compra una botella y ya?, es mucho más conveniente», pensaba mientras servía su copa cuidadosamente, pero las cosas se volvieron un poco más... curiosas, por decirlo de alguna forma, cuando Doyoung intentó atenderlo y él preguntó por el barista rubio que le sirvió la noche anterior, lo que los dejó a todos desconcertados. Desde entonces sus compañeros están convencidos de que el objetivo de ese chico no es exactamente una copa; pero claro, Jeno no los escucha; y claro, esto no los detiene de molestarlo con eso a cada oportunidad. —Ya llegó tu príncipe —dijo Hyuck en tono burlón.
—Basta —dijo Jeno avergonzado, sus amigos rieron discretamente pero Doyoung se puso serio en cuanto Hyuck fue a lavar los trastes.
—Oye, fuera de broma —susurró Doyoung sosteniéndolo del antebrazo antes de que se fuera—, ¿te gusta o no?, si te molesta lo atenderé yo, creo que entenderá el mensaje.
—Uh... —Jeno se sintió algo nervioso—, ¿cómo podría saber si me gusta?, ni siquiera lo conozco.
—¿Pero quieres conocerlo? —cruzando los brazos e inclinando su cabeza. Jeno lo pensó un poco, en realidad ese chico le parecía atractivo, tenía ojos grandes con largas pestañas y labios perfectos que formaban una sonrisa tan contagiosa. Además era risueño, solía reír por cosas pequeñas que pasaban a su alrededor, algunas que ni siquiera Jeno, el observador silencioso número uno, alcanzaba a notar. Vaya que había captado su atención, pero era demasiado tímido para siquiera pensar en iniciar una conversación.
—Bueno... sí, pero en realidad no estoy seguro de que él quiera eso, podríamos estar malinterpretando todo esto...
—¡Por dios Jeno, es tan obvio que le interesas, ni siquiera intenta ocultarlo a este punto!, ¡te está mirando fijamente ahora mismo!
—¿En serio...? —ruborizándose, pero incluso sabiendo eso sus pensamientos seguían sin permitirle sentirse confiado—, pero es que yo...
Doyoung giró los ojos. —Mira, ¿por qué no lo sigues atendiendo y vemos qué sucede?
Jeno volteó a verlo con discreción, el chico realmente lo estaba observando y no se molestó en fingir que no era así, lo que hizo sonrojar aún más a Jeno, pero tenía que ser profesional. —De acuerdo —dijo respirando hondo.
—Bien —dándole un par de golpes en el hombro—, iré a hacer apuestas con Hyuck —bromeó, aunque en realidad no porque eso de verdad fue lo que hizo.
Jeno lanzó un suspiro y se dió la vuelta, listo para enfrentar la situación. Dió un par de pasos hasta quedar frente a él. —Buenas noches —haciendo una corta reverencia—, disculpa la tardanza.
—Oh, no te preocupes por eso —dijo sonriente—. Una copa de vino rosa, por favor.
A este punto ya había adquirido el derecho de decir “lo de siempre”, pero prefería seguir especificando. Jeno cumplió con su petición y dejó su orden sobre la barra para después tomar asiento al no tener más pedidos, lo que activó el instinto del castaño. «¿Debería...?», tomando un sorbo sin despegar la vista de su objetivo. Él ha tenido a Jeno en la mira desde la primera vez que lo vió, había estado intentando ser sutil para no asustarlo pero parecía que Jeno no captaba sus señales y se estaba volviendo difícil controlarse escuchando a las chicas hablando sobre él desde las mesas. Quería conquistarlo antes de que fuera muy tarde, pero debía asegurarse de que él también quisiera eso primero; y bueno, ya iban tres fines de semana completos y no había mandado a su compañero en su lugar, así que quizá de verdad tenía oportunidad. «No perderé nada al intentarlo, pero existe la posibilidad de perder todo si no lo hago», pensó dejando su copa sobre la madera. Estiró sus brazos para después recargarlos sobre la barra, era hora de aprovechar el efecto del alcohol. —Oye —posando su cabeza sobre la palma de su mano—, he venido aquí tantas veces y ni siquiera sé esto, pero me gustaría saber ¿cuál es tu nombre?
—Oh —la pregunta lo tomó desprevenido, pero se sintió aliviado de que fuera él quien diera el primer paso—, soy... Jeno, Lee Jeno, ¿y tú?
«¡Preguntó de vuelta, gané!», pensó, algo tan simple como eso era suficiente para alimentar sus ilusiones. —Na Jaemin, un gusto —sonriéndole, Jeno no tardó en devolverle la sonrisa—. ¿Desde hace cuánto trabajas aquí?
—Uh... unos meses —intentó calcular con sus dedos pero no era muy bueno con las fechas o los números—, ¿tres?, ¿cuatro? No lo sé.
—Oh, creí que llevarías más tiempo —dando vueltas a la copa.
—Bueno, tuve que tomar un par de cursos primero —cruzando sus piernas—, en cuanto fui mayor de edad lo hice y en cuanto terminé entré aquí para ganar experiencia, pero probablemente me quede un buen rato, no es fácil encontrar lugares disponibles por esta zona y en realidad estoy muy cómodo.
—Oh —tomando otro trago y sintiéndose intrigado—, se ve que te gusta tu trabajo.
Jeno lanzó una risita. —Sí, honestamente no me veo haciendo otra cosa —levantándose para quedar enfrente de él—. ¿Pero qué hay de ti?
—¿De mí? —ocultando gran parte de su emoción por la correspondencia del interés.
—Sí, ¿qué es lo que haces? —recargando sus codos sobre la barra.
—Pues... soy fotógrafo de eventos —desviando la mirada.
—¿En serio?
—¿Por qué crees que vengo tan tarde? —cruzando las piernas.
—No lo sé, no se me ocurrió —jugando con sus dedos sobre la barra, como si fueran las teclas de un piano. Jaemin lo imitó, pero su mano se iba acercando lentamente a la suya.
—Y bien... —casi rosando sus dedos—, quiero saber más de ti.
—¿Cuánto...? —empezando a ponerse nervioso.
—Todo —respondió con seguridad—, tu historia, tus miedos, las cosas que te gustan...
Jeno tragó saliva, la confianza de Jaemin lo hacía temblar, pero por supuesto que le daría lo que quisiera a ese rostro. Jaemin sabía lo que quería, y en cuanto vió la forma en que Jeno se agitó cuando pasó uno de sus dedos entre dos de los suyos supo con certeza que lo iba a obtener, pero tendría paciencia. Quería sumergirse en Jeno profundamente, no solo nadar por una noche. Quería que Jeno fuera suyo, no tener que devolverlo al día siguiente.
Conforme pasaron las noches ellos no hicieron más que acercarse. Jeno se quedaba conversando con él desde el instante en que tomaba asiento, solo interrumpiendo de vez en cuando para atender a los demás clientes y ayudar en lo que hiciera falta, incluso estando completamente perdido en los ojos del atractivo chico frente a él no era capaz de descuidar su trabajo, lo que no molestaba a Jaemin, al contrario, solo lo atraía aún más. Sus conversaciones tenían tonos bastante diferentes, a veces eran graciosas y sin sentido y otras veces eran serias y complejas, pero siempre eran interesantes. En realidad sintieron una conexión inmediata, como si se conocieran de toda la vida. Sus palabras simplemente fluían y tomaban sentido, acomodándose a su alrededor, formando un pequeño mundo solo para ellos dos. Los compañeros de Jeno no paraban de molestar preguntando cuándo sería la boda y cosas similares, bromas que Jaemin llegó a escuchar y solo lo hacían reír con discreción.
Una noche, después de haber tomado confianza, Jeno le preguntó: —Oye, siento algo de curiosidad... —recargando su cabeza sobre su muñeca—, ¿por qué solo pides vino rosa?
—No lo sé, me gusta —acariciando la copa con la yema de su dedo—, en realidad no sé nada de bebidas, pero me gusta el contraste entre su color dulce y su sabor amargo.
—Oh... —Jeno quedó hipnotizado observando sus movimientos—. Para ser honesto, algo de ti que me llamó la atención de inmediato fue que habiendo toda una variedad de tragos por explorar siempre pidieras lo mismo.
Jaemin soltó una risita. —Bueno, así soy. Cuando encuentro algo que me gusta ni siquiera me molesto en volver a ver el menú.
No, Jaemin no estaba viendo su copa cuando dijo esa frase, pero Jeno era muy ingenuo para darse cuenta. —Entiendo, pero pienso que deberías probar con otros tragos también, digo, quizá te estés perdiendo de algo.
Jaemin pensó en negarse para seguir con su metáfora, pero creyó que sería más interesante cambiar la jugada. —Bueno, entonces sírveme algo.
—¿Uh?
—Recomiéndame alguna bebida y veamos si me gusta —sonriendo—. La pagaré, no te preocupes.
—Umm... de acuerdo —accedió. Jeno se quedó pensándolo un momento pero finalmente escogió una que creía que combinaría con él. Mientras la preparaba Jaemin discretamente desabrochó los tres botones en la parte de arriba de su camisa, solo quería jugar un poco. Ya era tarde y su paciencia se estaba agotando, empezaba a sentir desesperación cada vez que veía los jeans de Jeno burlándose de él cada vez que se inclinaba para buscar algo, quizá era momento de corresponder el gesto. Jeno colocó el vaso sobre la barra, era una bebida roja con mucho hielo y rodajas de fresa en su interior, decorada por hojas de menta y una rodaja de limón. —Es un mojito de fresa —mencionó notando el cambio inmediatamente, lo que le hizo difícil no perderse mientras decía la lista de los ingredientes—, es bastante dulce, tiene... menta, un poco de jugo de lima, soda, azúcar, ron y... fresa, obviamente... —soltando una risita. Se puso muy nervioso, no tanto por el hecho de que el escote de Jaemin se asomara sino por el hecho de que lo hizo a propósito, bueno, en realidad ambas cosas. Intentaba no prestarle atención pero estaba claro que eso era lo que Jaemin quería, así que tampoco estaba teniendo tanta discreción.
Jaemin dió un sorbo, aunque es difícil concentrarte en los sabores cuando lo único en tu mente son todas las cosas que le quieres hacer a la persona que está frente a ti. —¡Me encanta! —dijo sintiendo el frío del hielo traspasar el vidrio—, ¿quieres probar?
—Ya... ya lo he probado antes —respondió incapaz de pensar claramente, mucho menos después de su comentario siguiente.
—Pero no de mi boca.
Esto lo tomó desprevenido. Jeno se puso tan nervioso que ni siquiera podía parpadear, se paralizó por completo. Jaemin aclaró su garganta y desvió la mirada. —¿Fue demasiado...? —dijo temiendo haberlo incomodado.
—Oh, no, no —Jeno recuperó la movilidad y puso su mano en la parte de atrás de su cuello—, solo... me vuelvo muy tímido cuando me coquetean ya que yo no sé hacerlo...
Jaemin se sintió aliviado, eso era justo lo que quería escuchar. —En ese caso, no te preocupes —lamiendo sus labios—, me gusta ponerte así.
De pronto la noche no estaba tan fría. Jaemin terminaba con su bebida del mismo rojo que el rostro de Jeno, cuyos pensamientos impuros hacían todo menos nublarle la vista. La hora de cerrar se acercaba y con ella el momento de despedirse, Jaemin pensaba «¿Debería invitarlo?» observando a los hielos derretirse en el vaso vacío, pero no pediría otra bebida, no pensaba embriagarse más. Dejaron de permitir la entrada y empezaban a alertar a los clientes que se acercaba la hora de irse, si iba a actuar era el momento de hacerlo. —Oye...
—¿Si?
—¿Te molestaría acompañarme a casa? —pasando su cabello tras su oreja. Jeno estuvo a punto de preguntar la razón, pero en realidad no necesitaba una.
—Bueno, si estás dispuesto a esperarme...
—Claro que lo haré —recargando su mejilla sobre sus nudillos. Jaemin se quedó esperando en el exterior del bar mientras Jeno ayudaba a sus compañeros a preparar todo para terminar su turno, se sentía emocionado pero a la vez nervioso ya que las intenciones de Jaemin eran obvias, aunque ¿a quién podía engañar?, las suyas eran las mismas. Le costaba concentrarse, empezaba a soñar despierto, pero debía ser paciente. Ni siquiera escuchó las insinuaciones disfrazadas de chistes de sus amigos, no le importaban, no tenía espacio en su mente para eso. Después de minutos que se sintieron eternos finalmente cruzó la puerta con un abrigo y su mochila sobre sus hombros, Jaemin lo esperaba recargado en la pared.
—¿No tienes frío? —preguntó acercándose.
—No del todo —mirándolo de pies a cabeza, era la primera vez que no había una barra separándolo de él. Sus piernas eran más largas de lo que creyó, empezaba a preguntarse cómo se veían bajo esa capa de tela, pero debía calmarse, quería disfrutar del momento el mayor tiempo posible. Tomaron un taxi y Jaemin dió las indicaciones, Jeno se ofreció a pagarlo ya que se sintió algo mal por no invitarle el trago que le dió una hora antes, aunque quizá solo quería lucir como un caballero frente a él, y estaba funcionando muy bien. Jeno era todo lo que Jaemin imaginaba cuando pensaba en su tipo ideal y Jaemin era todo lo que a Jeno le parecía atractivo en alguien, era como si estuvieran diseñados para el otro. Al llegar Jeno lo acompañó hasta la puerta de entrada.
—Así que... ¿vives solo? —preguntó rompiendo el hielo.
—Sí, somos solo yo y mis gatos —abriendo la puerta—, ¿quieres verlos?
—Oh... —claro que tomaría cualquier excusa para entrar—, por supuesto.
Ambos cruzaron la puerta, los tres gatitos blancos se habían reunido para recibirlos. Jeno colgó su mochila y su abrigo en donde Jaemin le indicó para después ir a saludarlos. —Disculpa si hay desorden, no tuve tiempo de acomodar esta tarde.
Eso era mentira, hizo limpieza profunda y puso todo en orden antes de dirigirse al bar. No había tenido visitas en meses pero en el fondo sabía que pronto las circunstancias se darían, o bueno, él haría que se dieran. Jeno acarició a los gatitos. —¿Cómo se llaman? —rascando el cuello de uno de ellos.
—Ella es Luna, ella es Lucy y el que está frente a ti es Luke —apuntando hacia cada uno y acercándose a darles mimos también—, les agradas, estás aprobado.
Jeno lanzó una risita. —¿Y si no me hubieran aprobado?
—No te volvería a traer jamás —sintiendo el ronroneo de Lucy—, pero existen los moteles, así que...
Jeno volvió a reír, aunque se sintió algo tímido por la insinuación. Todo estaba implícito a este punto, solo era cuestión de que alguien diera un empujón para que cayeran los dominós; y por supuesto, todos sabemos quién iba a darlo. —Oye, ven aquí —dijo Jaemin levantándose y tomándolo del antebrazo.
—¿A dónde? —dejándose llevar.
—Solo ven —jalándolo cuidadosamente.
Jaemin quería llevarlo a su habitación pero en el camino se puso demasiado impaciente y lo besó contra la pared del corredor a unos metros de llegar, aunque por otro lado, era una forma más entretenida de guiarlo hasta allá. Jeno correspondió, sintiendo como Jaemin pegaba su cuerpo contra el suyo con tanta fuerza que perdía el aliento. Después de un par de vueltas Jaemin tomó una pausa para tirarlo en la cama y cerrar la puerta. Jeno ni siquiera alcanzó a ver el color de la sábana, pero le interesaba más conocer el color de aquellos círculos marcándose en la camisa del ángel sobre él, la cual desabrochó un poco más hasta poder bajar de sus hombros y tocar su pecho libremente mientras Jaemin marcaba sus dedos en su cintura hasta bajar a sus muslos, lo que lo estaba haciendo enloquecer. Sus respiraciones se estaban acelerando, Jaemin lo empujó para acostarlo y abrió su camisa antes de terminar de quitarse la suya y aventarla al suelo. —¿Puedo...? —preguntó tomando el cinturón del contrario, Jeno asintió encajando sus uñas entre la almohada. Jaemin le bajó el pantalón hasta los tobillos y metió su mano dentro de su ropa interior antes de seguir besándolo, tocando cada zona de él hasta encontrar la que buscaba—. ¿Está bien ahí...? —haciendo pequeños círculos con la yema de su dedo.
—Sí... —hiperventilando y reemplazando la almohada por el brazo de Jaemin, dejándole marcas cada vez más profundas conforme él se adentraba más y más en él hasta hacerlo gemir. Jeno desordenaba la sábana con sus talones y Jaemin se sentía tan excitado al verlo reaccionar, siguió estimulándolo una y otra vez hasta que ambos tenían sudor saliendo como enormes gotas de su frente. Al no lograr volver a concentrarse en el beso Jaemin retrocedió para quitarle el bóxer y poder usar ambas manos, una en cada zona. Jeno no pudo más y empezó a sentir espasmos desde sus pies hasta su abdomen. Jaemin se detuvo y Jeno intentó recuperarse, era mil veces mejor que en cualquiera de sus fantasías.
A Jaemin le estaba costando permanecer al márgen, había esperado esto por tanto maldito tiempo, necesitaba que durara. Sacó un par de cosas de un cajón y se quitó la ropa que le quedaba, a Jeno se le erizó la piel al verlo acercarse. —¿Quieres? —mostrando una pequeña botella y un empaque, bastaba con ver la silueta para saber de lo que se trataba. Jeno estaba nervioso y en cierta forma avergonzado, estaba en una posición vulnerable en la cama de Jaemin después de todo, pero todo su cuerpo estaba sediento y sabía exactamente lo que quería.
—Hazlo —poniendo su antebrazo sobre su frente—, solo... ten cuidado —juntando sus piernas.
Jaemin empezó a prepararse. —¿Lo has hecho antes? —preguntó abriendo el empaque.
—Un par de veces, hace mucho tiempo, pero no me había preparado... —mordiendo el interior de sus labios.
—Espera, ¿te preparaste esta vez? —dijo sorprendido, Jeno se cubrió el rostro.
—Me gusta prevenir —ruborizado. Jaemin lanzó una risita.
—Creí que eras más inocente.
—Trabajo en un bar, ¿qué esperabas?
Jaemin mordió su lengua, retiró las inútiles prendas en sus tobillos y le separó las piernas, abriéndose espacio entre ellas. —Bueno, me alegra saber que tú también esperabas por esto.
Jeno, empezando a sentir el miembro de Jaemin rozando su interior y su corazón ir a mil latidos por minuto, susurró: —Solo fóllame ya.
Y eso hizo. Empezó lento, adentro y afuera, una y otra vez, pero la velocidad no tardó en subir para después empezar a alternar. Jeno se estremeció y empezó a arañar su espalda, lo que solo hacía a Jaemin ir más y más profundo. Jaemin posó su cabeza entre su hombro y su cuello, respirando el aroma de Jeno, esa mezcla de perfume caro y sudor impregnando la camisa que tuvo el infortunio de quedar atrapada debajo de él durante el acto. Empezó a lamer el costado de su cuello hasta subir al límite de su mandíbula, Jeno no pudo más y sintió los espasmos volver como una onda de electricidad recorriendo todo su cuerpo a la par de Jaemin dándole un último empujón. Ambos se quedaron paralizados intentando estabilizar su respiración, Jaemin sintió su cuerpo débil y se dejó caer al lado de Jeno, a quien le estaba costando un infierno recuperar el aliento. Después de un rato giró su cabeza para ver cómo se sentía, pero para su sorpresa Jeno tenía los ojos cerrados, se había quedado dormido. Jaemin rió y se levantó para limpiarse y buscar una cobija, no quería que se congelara; después de todo, aún quedaban muchos cócteles que probar.