Almas Gemelas

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Summary

Ameline ira de intercambio y conocerá a un chico llamado Matteo, nadie sabe su verdadera historia.

Genre
Romance
Author
Bell<3
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Mentiras y verdades

– ¡Ameline, esto es importante, presta atención!- dijo la señora Williams, profesora de idiomas-. Como ya he dicho, esta tarde tendréis que estar en la puerta del instituto a las 5 p.m, sed puntuales.


Esta tarde nos íbamos de intercambio a Italia, Roma, qué locura.


– Italia, un poco lejos,¿no crees?


Isabella, mi mejor amiga, dijo apenas entrando al bus para dejarse caer a mi lado.


-Sí, pero espero que valga la pena.


-Te digo yo que sí va a valer la pena, imagínate que me toca con un tío súper atractivo, me desmayaría en la puerta.- Comentó entre risas, muy entusiasmada.


-A mí me estresa pensar que me toque con un tío bueno. Isabella, son 4 semanas, que incómodo.


-A ti todo te parece incómodo-. Resopló.


-Bueno, bueno... En fín, me bajo aquí, te veo luego, bebé.- Dije sonriéndole.


Llegué a casa, mis padres salían del trabajo más tarde, entonces no me daría tiempo a despedirme de ellos, lo cuál era una pena. Comí, preparé mis cosas, me vestí y fui a recoger a Isabella.


-Holita, vámomos, nena. Como lleguemos tarde…


-Que no... ya verás que llegaremos muy pronto.


Nos montamos y estuvimos jugando a besar, casar o matar hasta el instituto.


-... Jason, Enzo y Ezra.

-Mmm... besaría a Enzo, está loco pero es buena persona, me casaría con Jason, no hay otra opción y mataría a Ezra, lo odio, es la persona más egocéntrica que he conocido.


-Estás loca, Ezra no es tan malo…


-Isa, es horrible, solo piensa en sí mismo, además es un mujeriego-.le solté


Estábamos a punto de llegar cuando vimos a la señorita Williams muy arreglada, típico de ella.


-Vale, estamos todos, voy a hacer las parejas.

Un escalofrío me recorrió el cuerpo, nunca pensé que ella haría las parejas, siempre nos dejaba escojer con quién queríamos ir, estaba rezando para que me tocara con una persona decente. Empezó a decirlas y después de unos cuantos minutos, me tocó a mí, el corazón me dió un vuelco.


-Ameline y... Ezra.


Me estaba jodiendo, me giré a él y puso una cara de asco, eso me hizo levantar las cejas.


-Señora Wlliams, ¿no puedo cambiar de pareja?


-No, me temo que no señorita, Ross. – ni siquiera giró a mi dirección.


-Pero...


-Ameline, dije que no, ahora sube y siéntate con tu pareja.


Escuché a Isabella reírse, le lancé una mirada asesina y me mandó un beso con la mano. Tiré mucho aire por la nariz, frustrada, y sin muchas ganas, avancé por el ruidoso pasillo hasta llegar a mi asiento. En eso, Ezra se cruzó en mi camino y con nota de cero entusiasmo, dijo:


-Ameline, déjame en la parte de la ventana.


-Ja, no.


Me observó con ojos fríos por eternos segundos, pero no dejé que me intimidara. Ignorando mi comentario, se posicionó delante de mí, dispuesto a tomar su lugar.




-¡No!- grité tan alto que todo el autobús nos miró.


-Vale, vale tranquilizate...


Después de unos minutos de arrancar, vi que Ezra sacó un vape.


-¡Qué haces, estás loco!- murmuré.


-No sabes lo bien que sabe, Ameline- dijo acercándose a mí. “Ew” pensé-.¿Quieres?


Lo miré con cara de asco y negué con la cabeza. Los 30 minutos que faltaban se iban a hacer eternos. No quise intentar mantener una conversación con él. Ambos sabíamos que la presencia del otro no nos agradaba del todo.


Después de unos 10 minutos, él empezó a echarse desodorante.


-¿No puedes parar quieto?, me has echado todo desodorante en la boca. Eres insoportable, Ezra, ¿qué te pasa?


-Es que te vuelvo loca, eso es lo que pasa.


- Loca me voy a poner si no paras de moverte.


- ¿Sabías que una persona puede enamorar a alguien solo con el contacto visual? -Dijo mirándome a los ojos. Me quedé viéndolo, pero con cara de asco.


Pues a ti no te funciona. - Solté con hastío. Mi cara cambió cuando vi el aeropuerto-. Por fin.



- Te veo después, loquita.


Puse los ojos en blanco. Que asco me daba Ezra. Era un chico demasiado engreído como para amistar con alguien, tan coqueto y mujeriego como para ser capaz de tener una pareja. Se aprovechaba de su buen físico. Porque sí, eso no se le podía negar: algo alto, llegaba algo más del metro setenta, pelo y cejas abundantes, oscuras como el carbón, combinaba con sus chispeantes ojos grises, llenos de deseos y lujuria y lo que más atraía era su cuerpo bien formado y robusto. Sin embargo, su ego se lo jodía.


Se levantó sin decir más, esperé a que estuviera lo suficientemente lejos como para hacerlo yo también. Salí del autobús y busqué con la mirada a la castaña y al encontrarla, me acerqué.


-Chicos en el avión podéis sentaros con quién queráis, pero solo en la fila F-111.


-Al menos nos podemos sentar juntas.- sonrió.


El aeropuerto era inmenso, Isabella y yo nos aferramos como garrapatas la una de la otra durante todo el trayecto de espera. El tiempo transcurrió sin muchos problemas hasta que llegamos al interior del avión. Me senté al lado del pasillo, suspiré para relajar mi cuerpo y me coloqué los cascos, ignorando a las azafatas que daban las instrucciones sobre cosas que no entendía, ni me interesaba.


Me desperté justo antes de llegar, vi a Isabella dormida en mi hombro. Se veía muy tranquila, era tan linda. Le saqué una foto divertida, para después sacudirla ligeramente por los hombros.


-Tía, despierta que estamos a punto de llegar- le susurré.


Ella me hizo caso, abrió lentamente sus ojos y le enseñé la foto, me dio un pequeño golpe en el hombro. Isabella era bastante guapa, tenía el pelo castaño ondulado que le llegaba por debajo de los hombros, los ojos marrones claros y era bastante alta.


Salimos uno a uno, juraría que fueron 2 horas, se me hizo eterno, pero por fin habíamos llegado.


-Seguidme todos al aparcamiento, tenéis que buscar a vuestra familia que tendrá agarrada un cartel con vuestros nombres y apellidos-.

Dijo la señorita Williams.


Estuve media hora buscando el dichoso cartel con mi nombre, pero no estaba, entonces, me senté en una barra de metal mientras los esperaba, tenía la cabeza agachada, cuando noté unos toques en mi hombro, haciendo que subiera la cabeza en un sobresalto.


-Hombre, loquita ¿Qué haces aquí?


Apreté los labios, con disgusto y pasé la mirada por encima de sus hombros, evitando su mirada.


-Esperando a que me caiga un meteorito en la cabeza, ¿no lo ves?


- Que irónica – rodeó los ojos – Aún falta una familia al final del aparcamiento, creo que debe de ser tuya.


-¿Al final? – repetí como estúpida.


-Sí, estás sorda o qué– suspiró y apretó ligeramente los ojos–. Mira, olvídalo, te acompañaré.


Dudé un momento, pero en el momento en el que me dio la espalda, lo seguí. Me llevó hasta el final del aparcamiento en donde, obviamente, estaba la familia, que agarraban un cartel que ponía “Benvenuti a Roma, Ameline Ross”. Vi a un chico pelinegro y a su madre, él tenía el pelo ondulado, era alto y con ojos verdes – Oh mierda, me había tocado con un chico realmente atractivo–. Pensé.


-Ahí están – dijo mirando al italiano-. En fin, que te diviertas, no seas una carga para ellos también ¿quieres?.



Me acerqué con paso indeciso hasta llegar a la familia. Saludé y la señora me recibió con un cálido abrazo. Se presentó su madre, Violetta, que era muy maja, un poco bajita y pelinegra también. Su hijo se llamaba Matteo, quien solo me dio su nombre, con cara seria y fría, se parecía bastante a su madre, solo que era más alto, por lo menos llegaba al metro setenta.


Cuando llegamos al coche, Violetta me ayudó a meter las cosas al maletero, él siguió sin reaccionar, sentándose atrás. Su madre me dijo que era algo tímido pero que seguro se le iba yendo la vergüenza.


La casa en donde vivían no estaba lejos, llegamos al instante, era agradable y muy grande, Violetta, le dijo algo a su hijo que no logré comprender muy bien, después de eso, Matteo se fue. Violetta me dirigió una sonrisa y me enseñó la casa. Tenía un baño, tres habitaciones, una para su madre, otra para él y una para los invitados, esta última iba a ser mía. Además tenía un patio, un salón enorme y una cocina.


–Ameline, cariño, ve a desempacar las cosas y a dormir un poco, deberías de estar cansada–me dijo yéndose a la cocina para preparar la cena.


Le hice caso y empecé a colocar mis cosas en la habitación, era amplia, tenía una cama grande, un armario de dos puertas, una mesa y una ventana. Me tumbé en la cama y le escribí a Isabella.


“Isa, adivina con quién me ha tocado”

“Dime que con un chico sexy plz”


“Pues sí, pero es muy raro, no me habla, ¿y tú?”


“Pues a mí con una chica que se llama Helena, es muy guapa,supongo que iremos en el mismo instituto todos por que si no”


“Yo creo que sí, en fin nos vemos”


Dejé el móvil en la mesita de noche e intenté dormir, pasaron unos 5 minutos cuando vi una silueta de una persona entrando por la puerta, me apresuré a levantarme para ver quien era, vi como se acercaba a la mesa que había en la esquina, encendí la luz y vi a Matteo.


-¿Qué haces?


-Oh, perdón por levantarte, solo vine a dejarte los libros del instituto, mi madre me obligó, yo ya me voy- dijo rápido.


-Ah, gracias- contesté.


-Ya está la cena… por si quieres comer.


-Vale, ahora voy.


Eso fue bastante raro, tenía una voz suave y grave, tenía el acento italiano muy marcado, pero hablaba el inglés muy bien. Me dirigí a la cocina, busqué a su madre con la mirada pero no la encontré, entonces decidí preguntarle a él.


-Matteo, ¿y tu madre?


-Ah, ella está trabajando, vendrá por la mañana, sientáte, te pondré un poco de pasta en el plato- me contestó-. Amelie, ¿te gusta la pasta, verdad?


-Sí, sí, me encanta.

-Ah, bueno, aquí tienes.


Le contesté con un humilde “gracias” mientras se sentaba enfrente mía, me estuvo sosteniendo la mirada varias veces, pero yo cortaba el contacto visual, tenía una mirada muy potente, de repente habló.


-Y, ¿cuántos años tienes?


-Em, 16.


-Ah, tampoco eres tan pequeña, pensaba que eras más mayor, ¿quieres que te ponga alguna serie o algo?


-No sé, lo que quieras tú.


-Ameline, para que crees que te he preguntado, como sea, pondré alguna serie que me guste a mí- dijo resoplando y enfadado.


Me quedé mirándolo sorprendida, nunca pensé que podría ser así, me lo imaginaba más tranquilo. Él recogió la mesa y le dije que se sentara, ya lavaría los platos yo. Mientras él veía la televisión, yo estaba lavando los platos. No paraba de reírse y eso me irritaba, pero decidí tranquilizarme. Cuando terminé me fui a la habitación y escuché la puerta de afuera cerrarse, entonces asumí que Matteo, se fue de casa.


Me tumbé en la cama y puse un poco de música, me quedé dormida, cuando un ruido que provenía de la ventana me despertó.


-¿Quién anda ahí?- pregunté.


-Ameline no grites soy yo, Matteo.


-Pero que.. ¿Qué haces aquí?, vas a despertar a tu madre, hace nada volvió del trabajo.


-Lo sé Amelie, no soy tonto, sabes, eso es lo que no qiero hacer, despertar a mi madre, así que tendrás que dejarme dormir aquí, mi habitación está cerrada con llave y la ventana no se puede abrir.


-Pero, como sea duerme en el suelo, saca las sábanas que hay en el armario.


-A todo esto, ¿dónde estabas?


-Estaba con un amigo jugando a, quien le da más caladas a un cigarro- dijo mientras sacaba las sábanas.


-¿Qué juego es ese?, nunca lo había escuchado, yo también quiero jugar.


-No es un puto juego, estaba fumando, ¿vale?- soltó enfadado.


-Ay, no jodas, claro que lo he pillado Matteo


Se tumbó en el suelo a mi lado.


-La calle por la noche es muy peligrosa- soltó de repente.


-¿Y eso por qué?


-Vi a unos chicos que querían colarse por tu ventana y los ahuyenté.


-Uhm, les habría tirado la lámpara.


-Que violenta eres, sabes, yo les habría invitado a un té, Ameline, a veces pareces un poco tonta, cualquiera le habría tirado cualquier cosa.


Será memo.


-Como no te calles y te duermas yo si que te tiraré la lámpara, ilegal.


-¿Ilegal de que, tu nunca has fumado o que?

-Si te digo la verdad, no


-Oh- fue lo último que soltó antes de dormirse.


Por la mañana, vi que las sábanas estaban recogidas y Matteo no estaba, supuse que se habría ido a su habitación.” Pero, por qué no se fue la noche anterior”, me pregunté.


Me dirigí a la cocina en donde estaban Violetta y Matteo sentados bebiendo una taza de café.


-Buenos días, ¿qué tal dormiste?- me preguntó la pelinegra.


-Bien , gracias, ¿y usted?.


-Igual, anda ven a sentarte a desayunar, luego Matteo te enseñará la ciudad.


Dirigí la mirada a Matteo, mientras se sentaba y vi que ponía los ojos en blanco.


Cuando terminé de desayunar, él y yo salimos por la ciudad, me mostró donde quedaba la biblioteca,los parques y las tiendas.


-Ameline, tengo que ir a por una cosa a la casa de un amigo, acompáñame, pero quédate abajo del apartamento, ¿entendido?


-Vale, vale


Fuimos andando por varias calles hasta llegar al apartamento.


-Quédate aquí, ya vengo, no te muevas eh- dijo mientras se iba.


Esperé varios minutos cuando vi a alguien caminar hacia mí, era…¿Ezra?


-Ey Ame, ¿qué haces por aquí?

-Acompañar a mi compañero de intercambio, ¿y tú?


-El mío vive ahí arriba. Oye, ven, aquí hay bancos para que te puedas sentar- dijo mientras me arrastraba del brazo.


Vi a Matteo por atrás, pero no le hice bastante caso, entonces sentí como se caía Ezra al suelo. Cuando me giré vi que el pelinegro le había empujado.


-Matteo estás loco, es mi amigo.


-¿Amigo, de qué lo conoces?


-Va a mi instituto- dije mientras lo ayudaba a levantarse.


-Uh como sea, tenemos que irnos- me miró-.


-No, espera, llevaré a Ezra al banco.


-Ameline, no, corre, vámonos- dijo apresurado-.


-Pero, ¿por qué estás tan nervioso?


-Solo vámonos,¿quieres?


-Como sea, adiós Ezra- dije mentiras Matteo me arrastraba por un brazo.


-Vale, ¿qué te pasa?- le pregunté-. Y qué fuiste a hacer.


Dije mientras andábamos.


-Cuando lleguemos a casa te diré.


-Uhm.