Capitulo 1
Lisa pov
Una hoja tras otra, revisaba los estudios de la paciente en estado crítico. ¿Cómo podía empeorar tanto en un par de horas? No había forma de salvarla. Sus pulmones estaban encharcados, tenia hemorragia cerebral y su cuerpo no respondía a ninguno de los tratamientos que le dábamos. "Danielle Fawler" ponía en la casilla de nombre.
Bueno, Danielle, ahora solo puedes luchar tú.
Bebí un poco de café, saboreando un poco de este en la boca, rellenando algunos formularios y devanándome los sesos para que aquella mujer se salvase, pero no había forma. Odiaba cuando no podía hacer nada, odiaba cuando se iban sin intentar siquiera quedarse aqui. Su cuerpo lo rechazaba todo.
- Doctora Manoban. — Levante la cabeza y era uno de los enfermeros. Rubio de ojos azules, bastante adorable a decir verdad. — Tiene que hacer una visita a un paciente del doctor Parker. — Asentí mirándolo. — Habitación 72.
Me levanté y me quite las gafas y las puse en el borde de mi camisa, caminando con el enfermero a lo largo de todo el pasillo. Las luces parpadeaban y se veían esas caras largas de preocupación en todos ellos, algunos a punto de llorar o, con los ojos enrojecidos y húmedos indicando que acaban de hacerlo.
Cuando llegamos, el enfermero me dio los informes del doctor Parker y abrió la puerta, dejando que yo entrase. Era una chica, rubia de piel pálida que yacía en la cama.
-Bueno.. Vamos a ver cómo te llamas. — Pasé una de las páginas y leí. — Roseanne Park. —
Alcé las cejas porque su nombre era bastante bonitos. — Un nombre precioso. — Seguí leyendo un poco más.— Estás en coma desde hace tres semanas...
¿Qué te pasó, cielo? — Pregunté en voz baja, buscando por el informe de Parker. — Ajá.. un accidente en moto.— Hice una mueca porque aquellas cosas solían ser bastante peliagudas. Además de doctora, también era pediatra, por lo que la positividad y alegría a veces me desbordaba. La habitación estaba oscura, solo con ña luz artificial.
Estábamos en Los Ángeles, y el sol primaba aquí. Abrí la ventana y la persiana, dejando que entrase un poco de aire fresco. — Así estarás mejor, ¿Verdad? — Me senté en la cama mirando a la chica.
No era una chica normal, era... Era preciosa. Tenia el mentón fino y recto, casi cincelado. Su nariz no era totalmente recta, pero eso hacía que fuese natural. Sus labios estaban secos, pero se podía apreciar lo carnosos que eran cuando estaban húmedos.
Escuché algunos suspiros de sus labios, cosa que era bastante buena señal.
- Te ha gustado sentir aire fresco, ¿Eh? — Sonreí con ternura, viendo al enfermero de nuevo parecer por la puerta
- ¿Qué le parece? — señaló a la chica con la barbilla y yo la miré, ladeando con la cabeza.
-Chica joven, accidente de moto... ¿Ha venido alguien en este tiempo? —Cogí de nuevo los informes frunciendo el ceño, repasando todas las lesiones que Rosé había sufrido.
-Uh... Sí, sus padres y hermanos.
-¿Y ha respondido a ellos con algún tipo de estímulo? Suspiros, quejidos, espasmos en los dedos... -Los familiares solían alarmarse cuando el paciente en coma hacia esas cosas y avisaban a los enfermeros.
-No, no ha respondido nada.
-¿Estas seguro? —Volví a preguntar, anotando algunas cosas en el informe.
-Totalmente. He estado curándola durante tres semanas. — Asintió él y me quede con la carpeta en la mano.
-Bueno, pues acaba de suspirar cuando he llegado. —Sonreí feliz, metiéndome el boli en el bolsillo y me dirigí hacia la puerta. —Vámonos, debe descansar. Dile al doctor Parker que yo me encargo de esto.
Llegue a la cafetería del hospital y casi me tiré en la silla al lado de Jennie y Jisoo. Esta última llevaba el uniforme de enfermera con estampado bastante divertido, ya que trabajaba en la parte de pediatría.
-Me encanta tu uniforme de hoy, Jisoo. Es muy tú. —Asentí abriendo la bandeja de comida precocinada del comedor, escuchando la risa de Jisoo.
-Tú también eres muy tú con ese pin de mango en la bata. —Señaló con el tenedor, y no pude contener la risa. Jennie era una de las recepcionistas, que literalmente lo sabia todo en aquel hospital.
-¿Dónde estabas? —Preguntó Jennie con el ceño fruncido. Tenía el uniforme azul de manga corta y cuello de pico y pantalón largo.
-Me han pasado a una paciente del doctor Parker. Me demoré un poco más, solo eso. —No le di importancia y removí la salsa de los macarrones mientras Jisoo se bebía un zumo de naranja de pajita.
-¿Quién era? —Dijo la más mayor.
-Roseanne Park. Tres semanas en coma y cuadro clínico que apuntaba a la muerte. Pero ahí sigue, aunque no daba signos de respuesta, la he escuchado suspirar.
Además, es... Preciosa. —Suspiré riendo, y Jennie me dio un golpe en el brazo con el ceño fruncido.
-Rosé.. Rosé.. Rosé. Oh si, mierda. Llegó hace tres semanas, si, les juro que no creía que saliese viva.
Cuando llegó aquí parecía que la habían cortado como a los kebabs. Era carne picada. —Fruncí el ceño y negué mientras comía lentamente. Estaba mucho mejor, sólo tenía varias heridas en los brazos, una en su pómulo, hematomas y fracturas en la pierna.
-Jennie estamos comiendo. —Le reprochó Jisoo con una cara de asco infinito.
-Oh, es verdad que tú eres la que trabaja con los niños.
Y las tres nos reímos a la vez. Aunque yo no dejaba de pensar en Rosé. Aquella chica me habia dejado algo impactada. Al igual que Danielle iba a morir en menos de un día, esa chica no se rendía y llevaba tres semanas luchando por su vida.
Me acerqué de nuevo a la habitación y cerré la puerta, viendo a Rosé tumbada.
-¿Quieres ver la tele? —Pregunté esperando algún estímulo, pero Rosé no respondía. —La pondré, las tardes aquí son aburridas, ¿sabes? Sólo te tengo a ti. —
Sonreí sentándome en el sillón de al lado, encendiéndola. Puse FOX y Rosé no dijo nada, así varias cadenas hasta que en HBO estaban dando un capítulo de Juego de Tronos. En ese momento Rosé soltó un suspiro que me hizo reír. -¿Te gusta esto? —Lo dejé puesto. Y Rosé se quedó en silencio toda la tarde, mientras ponían el capítulo de Juego de Tronos.
Al día siguiente volví, y esa vez simplemente me puse a leer a su lado. Como le dije el día anterior, las tardes en el hospital eran aburridas, y Rosé de alguna manera me transmitía esa tranquilidad. Leí un trozo de "El Diario de Noa" en alto. En voz suave para que me escuchase bien.
-"El mejor tipo de amor es el que despierta el alma y hace buscar más, que planta un fuego en el corazón y trae paz a la mente. Eso es lo que tú me has dado y lo que yo espero darte para siempre."
Rosé soltó un quejido de sus labios y reí, acariciándole con un toque suave la mejilla.
-¿No te gusta? Mira, esto mejor. —Me aclaré un poco la voz. —"Les costaba ponerse de acuerdo. De hecho, rara vez estaban de acuerdo. Discutían todo el tiempo y se desafiaban todos los días. Pero a pesar de sus diferencias tenían algo importante en común: Estaban locos el uno por el otro."
Y Rosé suspiró en modo de aprobación.
Al día siguiente, las chicas estaban libres así que decidí comer en la habitación de Rosé sólo por hacerle compañía. Me comí la pasta mientras veia un capítulo de la serie a la que me había enganchado por culpa de Rosé, que cada vez que pasaba por HBO suspiraba, y me parecía gracioso a la vez que rematadamente tierno.
Terminé el plato de verduras y filete dejándolo en la bandeja, sentándome en la cama junto a las piernas de Rosé. Tomé su mano y puse el pulgar justo dónde estaba su pulso, e iba acelerado.
-Eh, ¿Qué ocurre? —Acaricié suavemente su mano, pasando la yema de los dedos por la palma de ésta. Era suave y tersa, agradable al tacto. En aquel momento, los dedos de Rosé se aferraron a mi mano y empezó s toser, abriendo los ojos para mirarme desconcertada. Me levanté y me puse el fonendoscopio en las orejas, escuchando por primera vez la voz de Rosé.
-Agua... —Pedía con la voz totalmente ronca, y me hizo sonreír.
-Ahora te doy agua, corazón. —Le abrí la camisa del pijama y comencé a auscultarla con detenimiento. Su ritmo seguía igual que antes, y estaba totalmente bien. Cogí un vaso plástico con agua y le puse una pajita, acercándoselo a la boca oara que pudiera beber.
Me fijé en sus ojos, eran totalmente Cafés, penetrantes, con las pestañas largas y finas. Sus ojos eran preciosos. La forma, todo lo que los formaban lo hacían perfectos.
-¿Lisa? —Rosé habló con la voz suave y una sonrisa, asentí.
-¿Me recuerdas? —Reí un poco y le peiné el cabello a un lado, ladeando la cabeza oara observar a la chica que estaba debajo de mi.
-Escuchaba tu voz.
* * *
Pasaron unos cuántos meses tras aquello en los que no volví a saber nada de Rosé, aunque me apenaba, seguí con mi vida. Informes, formularios, pacientes que entran y salen, pero ninguno me llegó tanto como ella.
Eran las doce de la mañana y las visitas de niños habían terminado, y como era viernes era totalmente libre. Me quité la bata y la puse en el perchero de la consulta, escuchando tres toques en la puerta. Suspiré porque como fuese otra madre preguntando por qué su hijo se mordía las uñas, iba a matar a alguien. Abrí la puerta y mi rostro cambió por completo.
Pelo ondulado, liso, brillante cayendo por sus hombros. Una australiana ajustada a su cuerpo, encima de una camisa blanca que dejaba ver su escote, subida encima de unos tacones negros y pantalones de pinza ajustados del mismo color.
-Rosé.. —Me quedé un poco sin aliento porque era la fantasía sexual de cualquier persona.
-Doctora Manoban. —Esbozó una sonrisa y mis ojos se fijaron directamente en sus labios recubiertos por una leve capa de gloss. Dios era tan sexy y elegante, y yo con un simole vestido corto blanco.
-Creí que ya me habias olvidado. —Sonreí y ella negó sin borrar aquella sonrisa de su rostro.
-Sólo estaba esperando recuperarme para verte y agradecerte lo que hiciste por mi. ¿Interrumpo alguna consulta? —Negué mirándola, cogiendo mi bolso y colgandomelo en el brazo.
-No, de hecho ya he terminado por hoy.
-Bien, porque iba a invitarte a comer.
Rosé conducía un Mercedes-Benz, pero ko sabría decir que tipo porque de coches sabía poco. Sin querer, me quedé observándola mientras conducía y no quería eso. Tenía el gesto serio, impasible, concentrada. Su mirada fija en la carretera y a veces su mano cambiaba de marcha con la palanca. ¿Podía haber algo mas sexy que aquella mujer conduciendo?
-¿Y cuántos años tienes? —Preguntó, y le aclaré la garganta.
-Veintiséis. ¿Y tú? —Me atreví a preguntar. Giró el volante con las manos hasta aparcarlo frente al restaurante. Giré la cabeza y tenía una gran cristalera desde la que se podía ver un restaurante de alta cocina, y yo casi ni sabía que era eso, ¡Comía bandejas precocinadas!
-Veintisiete. —Arqueó una sonrisa wue le hizo sentir cosas que no debia, porque había sido mi paciente. Pero en teoría ahora no era nada, era una chica que me habia sacado a comer
Entramos al restaurante y me senté frente a Rosé con las manos en el regazo, intentando no desencajar allí.
-¿Seguro que puedes permitirte esto? No hice nada psra que me lo agradezcas asi. —Dije con voz baja, y Rosé me miró directamente a los ojos de forma penetrante con una suave risa.
-No me conoces, ¿Verdad? —Negué lentamente.
-¿Conoces la cadena de hoteles Marriot? —Asentí lentamente. El camarero fue a echarle vino en la copa pero Rosé puso la mano para que parase, sin dejar de mirarme. —Bueno, ya conoces a su dueña. —Sonrió girándose al chico, eligiendo vino blanco para aquella ocasión. Abrí los labios y los ojos mirándome las manos, intentando encajar aquello.
-Yo soy una simple doctora, en comparación.. —Reí porque sonaba absurda diciéndole aquello a la dueña de los hoteles que se habian extendido a todo el mundo como pólvora.
-No deberías decir eso. En ese caso yo soy una simple empresaria. Túe salvaste la vida. —Rosé puso las manos encima de la mesa, y enlazandolas entre ellas. —Además, cuando me desperté no esperé que mi doctora fuera preciosa, ¿Sabes? —Tomó un sorbo de vino y la comida llegó. Mis mejillas se pusieron del color de la carne que había en mi plato.
-Yo no te salvé la vida, estaba allí cuando te despertaste. —Me encogí de hombros dándole un bocado al carpaccio de ternera que tenia sobre la mesa, pasándome la lengua por el labio.
-¿De verdad crees que no escuché nada de lo que le decías? Lo recuerdo todo, recuerdo tu voz, y como me animabas siempre a seguir intentando despertarme. Podía sentir tus manos, podía... Sentir que estaba allí contigo, y que podía conversar aunque solo fuese con suspiros o quejidos. —Sonreí porque, Rosé me estaba diciendo cosas que jamás me habian dicho. Ni la estúpida de mi ex novia, ni las tías con las que salí en la universidad.
-Es muy dulce de tu parte. Sólo hice mi trabajo. Tú luchabas por no irte y solo te di un empujón para que volvieras. —Bebí un poco de vino dejándolo en la mesa, volviendo a comer algo de aquel carpaccio que me estaba deleitando el paladar.
-¿Cómo estaría aquí si no hubieses estado tú para darme un empujón? —Me quedé en silencio y seguí comiendo hasta que tragué, negando.
-No lo sé. —Dije en voz baja, cruzando las manos encima de la mesa.
-Vale, sólo... Déjame recompensarte como yo quisiera. Mi novia está fuera de la ciudad unos días, -eso dolió más que nada en el mundo- y doy una fiesta en mi casa mañana por la noche. Champán, sushi, canapés de salmón, lo que desees, pero ven.
-Me mordí el labio mirando a Rosé, que me cogía las manos encima de la mesa.
Tenía novia, tenia una maldita novia. ¿Cómo no lo hania supuesto? Lisa, piensa. Es sexy, guapa, lista, amable, provocativa, RICA. No podía estar soltera de ninguna manera, pero, tenía ganas de salir, además su novia, la maldita novia no estaba.
-Está bien. —Di como respuesta, Rosé sonrió y se quedó mirando su plato, haciendo una mueca.
-¿Te apetece un mcdonald's?
Acabamos en un Mercedes-Benz cerca de Santa Mónica viendo la playa mientras nos comíamos un Big Mac. Rosé tenía la risa más contagiosa del mundo, y yo no podía parar de reirme. La verdad es que aquel carpaccio estaba bueno, pero sólo me había dado para empapelar las paredes de mi estómago.
La rubia dió un bocado enorme al Big Mac, manchándose las mejillas de salsa. Se había quitado la americana y llevaba la camisa remangada ajustada a su cuerpo, enseñando el sujetador de color negro. Mi mirada se centraba en su escote y no quería ser tan descarada.
-Asi que, dime, ¿Tienes novio? —Preguntó en voz baja mientras se comía una patata a mordisquitos y me moraba de soslayo.
-No. —Respondí contundente. —Me gustan las chicas. —Aclaré escuchando toser a Rosé que se había atragantado con la patata. —Eh, eh, cielo toma. —Le acerqué el vaso con la pajita y reí. Aquella escena me era familiar a la de hacía unos meses.
-Vuelves a salvarme la vida, ¿Eh? —Rio ella, mirándome a los ojos. Nos quedamos en silencio un momento, y por fin habló. -¿Puedo decirte algo? —Asentí lentamente. —Eres preciosa. Pero, eres.. Preciosa. Es decir... No necesitas maquillaje para ser preciosa, porque, lo eres sin más.
Me limité a sentir cómo la calidez se instalaba en mis mejillas y por consiguiente debia estar roja como el sobre del ketchup que estaba justo encima de la bolsa.
-Gracias. —Susurré mordisqueando la patata algo tímida.
-No te lo dicen mucho por lo que veo. —Dio otro mordisco a su hamburguesa y seguía con la boca manchada de salsa.
-Rosé.. Tienes toda la boca manchada de salsa. —La señalé y comencé a reírme porque parecía un payaso. En cuánto se limpió se giró encima de mí y comenzó a hacerme cosquillas.
-¿¡De qué te ríes tú!? ¿¡Eh!? —Me decía sonriendo mientras yo no podía contenerme más y me retorcía en mi sitio casi llorando de la risa.
-¡Rosé para! —Soltaba carcajadas apretando sus hombros para que se separase. -¡Rosé! —Seguía riéndome hasta que paró.
Nos miramos a los ojos agitadas, bastante cerca la una de la otra. Con Rosé encima podía observar cómo sus labios estaban húmedos y su aliento salía de su boca inestable, al igual que el mío.
-¿Me crees cuando te digo que eres preciosa? —Preguntó con la respiración agitada, quedándose pegada a mi sin distanciarse un momento.
-Te creo.