Remind Us; Camren

Summary

En un verano todo puede cambiar para Lauren.

Genre
Drama/Romance
Author
ivy
Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
13+

Inicio



—¿Realmente quieres ir?— preguntó mi madre con preocupación, pues era la primera vez que me separaba de ella y de mi padre.


—Ella está segura. Como sea, yo la protegeré— Paul infló su pecho con orgullo mientras me atraía hacia él. Mis padres nos observaron con una sonrisa.


—Me recuerdan tanto a nosotros y a nuestro amor demente de adolescentes— mi padre palmeó el hombro de mi novio mientras hablaba con nostalgia —. Ya que no se puede volver al pasado, solo puedo ver la mujer en la que te conviertes y la manera en la que estás aprendiendo a amar.


Me abrazó cariñosamente.


—Diviértete en ese campamento, Lauren— mi madre besó mi mejilla.


—Prometo hacerlo— tomé mi mochila y la mano de Paul —, ¿Vamos?


—Vamos.


Caminamos hacia el autobús amarillo que nos llevaría al campamento de verano 'Sunnyle'. La emoción me llenaba y el calor veraniego me alegraba.


Esta era mi época favorita del año. Amaba todo lo que tuviera que ver con ella, la música, la ropa, la comida, y el clima. Todo me parecía tan maravilloso y único. Tenía tantas anécdotas graciosas de esta estación, recuerdos con mi familia y expectativas para el siguiente. Mis amigos conformaban gran parte de la diversión que vivía diariamente, sus vivencias y estupideces eran inigualables.


—Espero que sea divertido, sino será una pérdida de dinero— Paul habló mirándome con sus ojos verdes penetrantes y sedientos. Empezó a besarme intensamente en cuanto estuvimos sentados a la par en el autobús.


Muchos chicos y chicas también estaban dentro, algunos hablaban, otros dormían y unos cuantos miraban sus celulares. Aunque yo sabía que a estos últimos se les iba a arrebatar ese adictivo dispositivo ya que no estaban permitidos en el campamento, que objetivamente, era para socializar y participar en actividades, no para navegar en el internet.


Me alejé un poco de él —Paul, ¿de qué hablamos?


Él bufó y cruzó sus brazos en su pecho.


—No entiendo por qué no aceptas mis muestras de cariño.


—Son invasivas en ocasiones— dije divertida y esto al parecer lo irritó. Volteó su cuerpo hacia el pasillo y decidió ignorarme, sabía que estaba enojado.


Me giré también y abrí la ventana para aliviar un poco el fuerte calor. Afuera había decenas de adolescentes esperando los otros tres autobuses que llegarían para llevarlos al campamento. La mayoría vestía de manera colorida, alegrando el paisaje. Los encargados vestían con un chaleco verde y mantenían el órden para abordar. Miré por unos instantes más, detallando por última vez la escuela. No la vería por ocho semanas y eso era genial.


Una blusa rosa llamó mi atención, era fosforescente y algo infantil. Aunque la portadora era más interesante para mí.


Camila.


Ese era su nombre, dulce y rosa. ¿Tal vez era mi perspectiva? No lo sé, pero para mí era inocente. La conocía desde hace unos largos cuatro años, era mi vecina desde ese entonces. Pero cruzamos palabras muy pocas veces, las ocasiones eran casi nulas. Siempre me había parecido interesante, pero para ella yo parecía una amenaza; agachaba la cabeza en cuanto me veía y eso era confuso para mi yo de doce años. Concluí que no le agradaba y eso era todo.


En el momento en que trató de subir al autobús hizo un movimiento torpe y cayó en la escalera, causando la risa de los ocupantes y de los que estaban esperando. Siempre tan torpe.


—¡Qué tonta!— Paul reía a carcajadas mientras la miraba. Sentí pena por ella. Parecía tan frágil e indefensa.


—Deja eso, no es divertido— traté de levantarme para acercarme a ella, pero en cuanto me vio acomodó su apariencia y empujó mi hombro para ir a los últimos puestos.


—Ven y siéntate, Lauren.


El autobús comenzó a avanzar y el guía subió rápidamente para tomar lista de los presentes.


El largo viaje inició y mi historia también. En todo el trayecto cantaban canciones alegres y divertidas, todos parecían felices.


Todos menos alguien... Camila.


Me giré a verla unas cuantas veces y siempre estaba con cara de "pocos amigos", aunque yo creía que era tristeza. Nadie hablaba con ella.


Paul dormía en mi hombro, su cabeza era pesada y picosa, algo incómodo. Sabía que si lo movía se enojaría, por lo cual el pensamiento de ir a acompañarla era una idea complicada.


Pero, ¿Por qué no tomar el riesgo?


—Paul...— moví sus cabellos rubios un poco.


—Mmh...— contestó medio dormido.


—Iré por agua— levantó su mirada y recostó su cabeza de nuevo sin decir nada. Suspiré.


───✱───


Llegamos al campamento dos horas después, aún era temprano pero tenía hambre.


Había muchas cabañas por doquier, eran de madera gruesa y algunas tenían bases de piedra. En la entrada se encontraba nuestra bandera y el nombre del lugar “Sunnyle”, después había un camino de rocas que conectaba todo el lugar y algunas lámparas lo acompañaban.


Tan pronto como bajamos todos de los autobuses, los guías empezaron a gritar nuestros nombres junto a nuestra cabaña. El ruido era abrumador, así que tan pronto me dieron la llave corrí a refugiarme allí, dejando a Paul solo.


Mi valija era bastante grande, por lo que la dejé en una esquina olvidada, no fue movida de ahí hasta que terminó todo.


La cabaña estaba adornada con cuadros de rosas y literas de madera gruesa, los colchones parecían bastante cómodos y suaves. Me tiré ahí oliendo el aroma a madera y lavanda. Las sábanas limpias eran un placer necesario para mí de vez en cuando.


Estaba restregándome en la cama cuando la puerta se abrió lentamente. Me levanté de la cama sin darme la vuelta y traté de acomodar un poco las sábanas. En cuanto terminé, volteé y la ví allí.


—¿Camila?


Apenas me miró y me asintió.


—Qué genial. Compartiremos cabaña— traté de sonar natural pero mi sonrisa me delataba. Ella hizo una mueca sin soltar palabra alguna.


—¿Podría dormir en esa cama?— señaló la parte baja de la litera izquierda —. Puedo caerme sí estoy arriba.


Por primera vez había dicho algo más que monosílabos.


—Por supuesto, elige la que desees.


Caminó para dejar la pequeña valija que llevaba y su mochila. Yo miraba atentamente sus movimientos, ella parecía concentrada mientras desempacaba su ropa.


—Tendremos que compartir cabaña con otras dos chicas— me daba la espalda —. Lo sabes ¿No?


Asintió en silencio. Me acerqué a ella y traté de tocar su hombro.


—¡Hey, hey, hey!


Una chica rubia había entrado en la cabaña sacudiendo su sombrero de sol con alegría. Camila y yo pegamos un brinco y ella rió.


—Parecen asustadas chicas— mantenía su actitud —. Soy Gwendie , es un placer conocerlas — estrechó mi mano y se quedó contemplando a Camila.


—Uhm, ¿Eres Camila?— asintió —. He oído bastante sobre ti.


Camila cómo siempre no respondió nada y se limitó a seguir en lo suyo.


—Soy Lauren.


—Lo sé, Paul me ha hablado de ti.


—¿Conoces a Paul?


—Conozco a todos aquí.


Sonrió con amabilidad. Sus ojos negros se achinaron y eso me recordó a la anciana que vendía flores a dos calles de mi casa. Siempre que le compraba flores me sonreía y achinaba los ojos, casi volviéndolos diminutos. Pensé que podría ser su nieta.


—¿Qué litera escogerás?— pregunté  caminando a mi cama.


—Una de abajo, me da vértigo las alturas, por más mínimas que sean.


Se acercó a donde estaba Camila e intentó poner su mochila ahí.


—Aquí voy yo— murmuró Camila.


—¿Te importaría elegir otra? Le temo a las alturas.


—Puedo caerme sí escojo una de arriba y Lauren ya ocupó la otra cama de abajo— mi nombre en sus labios provocó un cosquilleo en mi cuerpo.


Gwendie abrió su boca para intentar protestar pero antes hablé yo.


—Puedes dormir en esta Camila, ocuparé la cama de arriba.


Nos miramos por unos segundos hasta que ella tomó sus cosas y las puso a mi lado.


—Gracias...


Y se fue.


—Es tan extraña ¿No crees?— no respondí y subí a la cama superior. Me recosté para descansar un poco, pero el sueño me fue venciendo lentamente y dormí por unas cuantas horas.


───✱───


Pasados unos días me empecé a adaptar a la rutina del campamento.


Nos despertaban a las siete de la mañana, nos preparábamos y a las ocho y media teníamos que estar en el comedor para desayunar. Después comenzábamos las actividades que duraban hasta el almuerzo que iba de doce y media a dos de la tarde. Pasada esa jornada podíamos divertirnos en el lago, el río y una piscina inflable que la mayoría del tiempo estaba ocupada.


—¡Eso estuvo de locos!— Paul secaba su cabello mojado con su camisa. Acabábamos de salir del lago que se encontraba lleno de pelotas coloridas. El calor era horrible y por eso la mayoría se estaba divirtiendo ahí, los otros pocos estaban en la piscina y el río. Aunque el último no era muy concurrido ya que a veces se hacía de corrientes un poco fuertes.


—Fue increíble— lo abracé y besé su hombro.


Él me vio con picardía —Iré por sodas. ¿Quieres?


—Claro.


—No me tardo.


—Estaré aquí cuando regreses.


Él me sonrió y se fue. Me senté en una roca que se encontraba al lado de la bandera de América. Mi cabello mojaba mi espalda y eso me refrescaba, aunque el sol en la tarde no solía ser tan caluroso como el del medio día.


—Lauren...— una mano caliente tocó mi hombro.


Me giré y encontré a Camila mirándome con cansancio, su rostro estaba rojo parecía enferma.


—¿Estás bien?


Negó rápidamente —Me duele la cabeza... siento que me desmayaré.


—Vamos a la enfermería ¿sí?— apoyé su brazo por encima de mi hombro y abracé su cintura. Empezamos a caminar mientras ella recostaba su cabeza en mí.


—¿Qué sientes?— pregunté preocupada.


—Siento que voy a vomitar— de verdad parecía que en cualquier momento iba a perder el conocimiento.


—¿Estás embarazada?— levantó su cabeza rápidamente y me miró con los ojos muy abiertos.


—¡No! ¡Claro que no!— negó levantando un poco la voz.


—Lo siento, fue una suposición tonta— la miré apenada —. Quiero decir, ¿por qué estás así? ¿Comiste algo que te hizo mal o algo así?


—No...


—¿Te asoleaste demasiado?


—Creo que sí...


Algo hizo click en mi mente, sonreí con pena mientras cubría su cabeza con la toalla que anteriormente estaba en mi cintura.


—Tienes insolación. La enfermera de seguro te ayudará.


No dijo nada y solo se dejó guiar. Caminamos unos minutos por el camino rocoso que nos guiaba a la cabaña de la enfermera.


—Esto se siente de la mierda.


—Lo sé, cuando tenía once sufrí de eso. Pero nadie me auxilió hasta que me desmayé— ella soltó una pequeña risa.


Llegamos a la cabaña y toqué la puerta con la herradura que estaba adherida. No tardaron mucho en abrir. Una mujer baja y algo gorda se asomó abanicándose, parecía haber estado durmiendo.


—¿Necesitan algo?— preguntó amablemente.


—Mi amiga tiene insolación, se siente muy mal.


—Oh, cariño— se acercó a Camila y quitó la toalla para tocar su frente —, estás hirviendo. Sigan rápido.


Entramos y la enfermera se encargó de sentar a Camila en la camilla. Le indicó como respirar correctamente y puso compresas frías en su nuca, frente y pecho.


—Mi niña, ¿cuál es tu nombre?


—Camila. ¿Y el suyo?


Empezaron a hablar entre ellas.


—Marie. Tu nombre es hermoso, ¿Cuánto tiempo estuviste expuesta al sol?


Yo estaba recostada a un lado de la camilla.


—Un par de horas.


—¿Por qué no fuiste a refrescarte con los otros campistas?— Marie cambiaba sus compresas por unas nuevas cada ciertos minutos.


—No sé nadar— Camila respondió algo apenada.


Marie se acercó a mí con una jarra.


—Trae un poco de agua para Camila, mi niña.


Asentí y fui a la cocina. Puse la jarra en el grifo y lo abrí para que se llenara hasta la mitad. El agua estaba fría a diferencia de las otras cabañas, dónde salía tibia y era desagradable beberla.


Volví al lugar donde estaban mientras ellas aún hablaban. Camila sonreía un poco. Era la primera vez en cuatro años que la escuchaba hablar tanto.


Marie se acercó a mí junto a dos vasos de vidrio. Serví agua en ellos y ella le ofreció a Camila uno. Empezaron a beber agua mientras seguía hablando de cosas banales.


Marie hizo algunas recomendaciones y le dio una gorra para que se protegiera del sol en caso de que no fuera a nadar y tuviera que salir.


Camila en un momento me ofreció su vaso para que me sirviera agua y acepté de inmediato.


De repente recordé a Paul que de seguro debía estarme buscando por todos lados furioso. Cuando me iba a despedir de Camila y Marie, la última me interrumpió.


—¿Podrías llevar a Camila a su cabaña para que descanse?— nuestras miradas se encontraron y ella me vió con vergüenza, cosa que me hizo sonreír.


Paul podía esperar.


—Vamos Camila.


Salimos de la cabaña y ya el sol se estaba ocultando. Esta vez no cubrí su cabeza con nada, pues se veía mejor. Caminamos a paso largo hacia nuestra cabaña, en el recorrido pude notar como la mayoría de cabañas estaban vacías. Seguro seguían nadando.


—Gracias por auxiliarme, Lauren— dijo mientras acariciaba mi mano, cosa que me hizo sentir nerviosa.


—No hay de qué. A la próxima trata de protegerte del sol— me quedé mirándola por largos segundos, ella giro su rostro sonrojada.


—Lo prometo... Sabes, debería disculparme por mi actitud de siempre, eres amable conmigo y yo-...


Se detuvo de inmediato dirigiendo su mirada hacia delante, yo estaba tan distraída viéndola hablar que no había notado a un Paul furioso acercándose a ambas.


—¿Qué mierda Lauren?— vio a Camila y su expresión enojada se transformó en una mueca —. ¿¡Dónde mierda estabas!?


—Camila se sentía mal y tuve que auxiliarla, ¿Sí?


Se tranquilizó un poco, parecía haber perdido el interés en discutir.


—Ah, estabas ayudando a la rarita.


Camila se apartó de mí y se metió rápidamente a la cabaña. Fulminé a Paul con la mirada.


—Lo siento. ¿Quieres una soda?— extendió una lata hacia mí. La acepté y él me miraba sin expresión. Tomé un trago y él se acercó a mí para besarme profundamente.


—Te amo ¿Lo sabes?


Asentí y nos besamos por un rato.


—Tengo que ir a bañarme.


—Puedo ir contigo— ofreció.


Me negué y caminé hacia la puerta para dar tres golpes.


—Están las chicas ahí y no quiero incomodarlas. ¿Bien?


—Está bien...


Abrieron la puerta con lentitud y ahí estaba una tímida Camila.


Entré en la cabaña y me senté en la cama de Gwendie. En estos días no había llegado ninguna chica nueva a ocupar el espacio, así que solo éramos tres conviviendo.


—Gwendie aún no ha vuelto.


—No me interesa. ¿Cómo te sientes?— pregunté tocando su hombro descubierto. Ella había recogido su cabello.


—Mejor... Tu novio parecía molesto— comentó con timidez.


—Lamento su comportamiento. Él suele ser así de idiota la mayoría del tiempo.


—Tú no tienes porqué disculparte, no hiciste nada malo. Me ayudaste y cuidaste de mí— intenté acercarme a ella para abrazarla, pero se alejó rápidamente.


—¿Por qué eres así conmigo? ¿No te agrado?


Ella ensanchó sus ojos.


—Me agradas.


—¿Pero...?


—No sé— chasqueé mi lengua con fastidio.


Me alejé de ella para ir a mi valija y sacar champú y otras cosas de aseo personal.


—Lauren— trató de llamar mi atención pero la ignoré.


Entré en el baño y quité mi ropa rápidamente. Abrí la cortina de la bañera y me duché durante veinte minutos.


En cuanto entré en la habitación noté que Camila no estaba. Asumí que se había ido a cenar, cosa que me desanimó.


Tal vez me gustaba un poco para ese momento.


───✱───


Febrero 10, 2024.

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