I
Desde pequeño Chifuyu había sido demasiado tímido, el pensar hablar con alguien que no conocía lo ponía mal. Debido a ello le costaba mucho hacer amigos, a lo largo de su vida académica siempre fue el 'callado' de la clase, a quien 'el ratón le había comido la lengua'.
Aquellos comentarios lo llevaron a cohibirse aún más.
Es por eso que en esos momentos a punto de terminar la escuela secundaria se arrepentía por ser como era, tal vez si hubiera contestado los mensajes en el chat grupal cada vez que lo invitaban a alguna reunión hubiera podido hacer un amigo, pero no lo hizo, ignoró los mensajes y se encerró en su habitación a leer manga.
Se arrepentía mucho tiempo después, le gustaría poder regresar el tiempo para tratar de cambiar las cosas.
Así que cuando una de sus compañeras de clase coloco en su pupitre una libreta que con una etiqueta grande justo en el frente que decía 'chismografo', se dijo a si mismo que trataría de averiguar de lo que se trataba.
Chifuyu observo confundido la libreta, desconocía lo que tenía que hacer con ella. Trató de abrirla para hojear el contenido, pero la mano de Emma su compañera lo había detenido.
–Solo puedes abrirla si estás dispuesto a participar.
Chifuyu se encogió en su lugar y apartó la mano de inmediato. Le avergonzaba mirar a los ojos a Emma, ella era la que siempre buscaba incluirlo en cualquier actividad que sus compañeros organizarán, también le mandaba mensajes comprensivos, pero Chifuyu no se había atrevido a contestar más de la cuenta. Pero por primera vez en mucho tiempo quería hacerlo, quería incluirse en lo que sea que estaban haciendo sus compañeros.
– ¿De qué se trata? –preguntó, en un tono demasiado bajo, tratando de sonar interesado.
Emma sonrió al obtener respuestas positivas.
–Solo tienes que elegir uno de los números que están escritos aquí adentro –Emma abrió la libreta mostrándole la primera página, unos cuantos nombres conocidos ya estaban escritos ahí –escribes tu nombre junto al número que elegiste y después contestas las preguntas con total sinceridad en el mismo número que elegiste desde el principio, no puedes leer lo que los demás ya escribieron, ¿está bien?
Chifuyu creyó entenderlo, no leer más de lo debido y contestar con honestidad. Asintió tratando de ocultar el entusiasmo que sentía al por fin tomar el valor para participar.
–Bien, cuando termines lo llevas a mi asiento, te dejo –sin más Emma le dio su espacio para contestar aquel 'chismografo'.
Decidió esperar el descanso, podría tomarse su tiempo para contestar así que en cuanto escucho el timbre que anunciaba el receso guardo un bolígrafo en la bolsa de su pantalón y salió del salón con la libreta en brazos.
En cuanto llego al patio caminó apresurado para ganar una de las pocas mesas que estaban libres, tomó asiento y colocó la libreta en esta.
Meditó un rato con la primera hoja, tratando de elegir un número, muy pocos estaban ocupados para su suerte el número trece aún no tenía dueño. Tomó su lapicero y escribió su nombre.
Listo, estaba haciendo algo junto a sus compañeros, Chifuyu sonrió satisfecho. Pasó a la siguiente página para leer la pregunta, se sorprendió al ver que se trataba solo de preguntas básicas, casi como una presentación.
¿Cuántos años tienes?
–quince –escribió confundido, ¿A caso a alguien le interesaban estas cosas?
¿Tienes mascotas?
–Si, un gato –Chifuyu no pudo evitar pensar en Excalibur.
¿Qué materia crees reprobar?
–Ninguna –el rubio arrugó la nariz de solo pensarlo, era muy dedicado con sus estudios y reprobar le daría directo en el orgullo.
Chifuyu continúo respondiendo, hasta ahora todas las preguntas eran tan banales, se preguntaba si verdaderamente a alguien le interesaba saber esas cosas.
Estuvo a punto de concluir el 'chismografo' pero la última pregunta lo descolocó un poco.
¿Quién te gusta?
Las mejillas de Chifuyu se pintaron de rojo, no se creía capaz de escribir el nombre de la persona que le gustaba. Se atrevió a mirar si los demás habían escrito algo ahí y se llevó la sorpresa de ver nombres escritos, se sorprendió aún más ver su nombre escrito en el número siete.
Apartó la mirada por la vergüenza, había alguien que gustaba de él y no se había percatado de ello, además lo había escrito ahí justo en aquella página que ahora él estaba leyendo.
La curiosidad lo invadió, ¿quién podría ser?
Una idea cruzo por su mente, pero se detuvo al recordar las palabras de Emma, no podía leer quien lo había escrito. Maldijo internamente y apretó fuertemente el bolígrafo que tenían en su mano.
Sabía que no debía, si Emma se enteraba no volvería a incluirlo en las actividades que organizaban. Pero no había manera de que ella se enterará, nadie parecía prestarle la suficiente atención como para delatarlo.
Inhaló profundamente y soltó el aire contenido ruidosamente, observó a su alrededor y una vez estuvo seguro que nadie lo veía regreso a las primeras páginas de la libreta. El número siete se repetía en su cabeza. Las manos le sudaban y los nervios los sentía a flor de piel, si alguien lo descubría moriría de pena. Estaba seguro.
Cuando llego a la primera página reunió todo su valor y observo el nombre escrito en el número siete.
7. Baji Keisuke.
Keisuke, le gustaba a Baji Keisuke.
Regresó las páginas rápidamente solo para reafirmar que era su nombre el que estaba escrito.
No podía creerlo, él había tenido un crush demasiado grande con Baji Keisuke el primer año de secundaria, sin embargo, decidió que era mejor dejarlo así, después de todo él era de un salón distinto y no olvidaba que lo vio muy demasiado cerca de Emma en varias ocasiones. En su momento llegó a pensar que alguien como Keisuke jamás sabría de su existencia, eran demasiado distintos. Keisuke era una mariposa social, tenía amigos por toda la escuela y siempre estaba presente en todas las reuniones que sus grupos hacían, era tan raro que alguien como él se hubiera fijado en alguien como Chifuyu, a quien se le dificultaba mantener una conversación de más de cinco minutos.
Se había hecho creer que la atracción por Keisuke había muerto en algún punto muy lejano, pero el leer su nombre escrito con la letra del pelinegro hizo su corazón bombear frenético, lo sentía salir de su pecho.
Lo pensó por un momento, reunió todo el coraje que necesitaba y escribió con honestidad la última respuesta.
13. Keisuke.
Se encontró con Emma en las escaleras que llevaban a su salón, minutos antes que el timbre que anunciaba el fin del receso sonará. Demasiado avergonzado por lo que había escrito y por haber hecho caso omiso a lo que su compañera le había dicho.
–¿Te sientes bien? –preguntó Emma al ver a Chifuyu –tú cara está roja.
Chifuyu asintió eufórico, tratando con todas sus fuerzas de no ponerse más rojo de lo que ya estaba. Le entregó la libreta a Emma y a pasó apresurado se dirigió hacía su salón. Estuvo a punto de entrar cuando lo vio.
Keisuke estaba justo frente a él, viéndolo.
Quería correr, pero sus tontos pies no se lo permitían.
–Hola –Baji lo saludó algo apenado –¿sabes dónde está Emma? Llevo buscándola hace bastante rato.
–Ella, e.... está, es decir... se quedó en las escaleras –susurro sin atreverse a mirarlo a los ojos, ahora se arrepentía de haber leído aquella información cuando claramente no debía hacerlo.
Ambos se habían quedado parados en su lugar, sin nada que decir, pero ninguno se negaba a irse. Chifuyu debido a la vergüenza y Keisuke quería decir algo más pero no sabía qué.
Por suerte para ambos, el receso dio fin, escucharon el ruidoso timbre sonar por toda la escuela.
Sin despedirse, Chifuyu se dirigió a su salón muerto de vergüenza.
Ahora que lo pensaba tal vez fue mala idea escribir lo que sentía por Keisuke en una libreta que seguramente toda la escuela tendría en algún punto. Y que probablemente existirían más personas como el que hicieran caso omiso de la regla, de no leer las respuestas de los demás.
Quería llegar a su casa y encerrarse en su cuarto, leer un poco del manga que había dejado inconcluso el día anterior y olvidar todo esto.
¿Qué es lo que haría si alguien leía su respuesta?
Probablemente intentaría sobornarlo.
Sólo esperaba que nada de eso se saliera de control, confiaba en qué Emma no leería nada, pero ¿y los demás?
Tal vez solo tenía que dejarlo pasar, solo se trataba de un tonto juego de adolescentes, ¿Qué es lo peor que podía pasar?
Tal vez que Keisuke se enteré.
Pensó.
Era la primera vez que se había animado a participar con sus compañeros y había resultado de esta manera. Con él hecho un manojo de nervios, tratando de ocultarse en la esquina de su amplió salón, evitando a toda costa cualquier cosa que lo alterará más.
Decidió que era inútil alterarse, lo hecho, hecho estaba, no podía hacer nada para cambiarlo.
Pero interiormente rogaba a todos los Dioses porque esa libreta no cayera en manos equivocadas. O para ser exactos en manos de Baji.








