Unexpected Love

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Summary

Avery Cooper era una chica sentimental, pero le huía a los líos amorosos. A ella no le gustaba nadie, tampoco sentía un poco de atracción por algún chico. Samuel Wright lo tenía todo menos estabilidad, todo el mundo pensaba que él estaba bien, pero en realidad anhelaba sentirse amado por alguien. Avery creía que lo peor que le podía ocurrir era que sus secretos quedaran expuestos ante los demás, sin embargo, se dio cuenta de que había algo peor: Que secretos ajenos se le atribuyeran a ella. Samuel creía que Avery estaba enamorada de él, pero eso no era así. Avery quería proteger el secreto de su mejor amigo, así que todos terminaron pensando que ella estaba enamorada de Samuel en secreto. Samuel deseaba al fin tener suerte en el amor, y veía a Avery como una oportunidad de oro. El destino tejió sus hilos para que Avery y Samuel se encontraran, y una vez lo hicieron era imposible evitar ese amor inesperado.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Capítulo 1 

“Lazos”

— ¿No te parece una abominación eso de la homosexualidad? —Su pregunta venía acompañada con una facción de asco—. Tengo la teoría de que si que volviese a nacer y en esa vida fuese mujer, sería lesbiana.

En ese momento le di gracias a Dios que semejante idiota hubiera nacido hombre, así dejaba en vergüenza al su propio sexo y no al femenino. Además ¿Cómo le explicaba que ser lesbiana también era ser homosexual?

Todo iba tan malditamente bien en esa cita, nos llevábamos de maravilla y teníamos tantas cosas en común. Las conversaciones parecían ser tan naturales y poco forzadas, pero en ese momento sentí todo el progreso desvanecerse frente a mis ojos.

—Pues yo en cambio no tengo nada en contra de ellos. —Sonreí con suficiencia—. Mi filosofía se basa en que cada quien puede hacer con su vida lo que quiera siempre y cuando no afecte a los demás.

Al notar mi postura firme ante el tema supuse que quiso enmendar el daño, pero ya era demasiado tarde, había descubierto que era un cretino. Él simplemente dejó el tema atrás pero nada en la cita volvió a ser igual, la ligereza y complicidad que teníamos se había convertido en tensión y para el final de la tarde cada quien siguió su rumbo sin ni siquiera prometer vernos para una segunda cita.

No era extraño para mí haber terminado la cita de esa manera, mi prioridad no era conseguir una pareja, nunca la había sido. Rara vez alguien me convencía de salir en una cita, y las pocas veces que aceptaba una terminaban en decepción. Trataba de convencerme a mí misma de que no era una insensible que le buscaba defecto a cualquier hombre que se le cruzara, y es que para muchos era extraño que a mis veinte años no hubiera tenido una relación estable.

Yo no quería salir con alguien que no hiciera estragos en mi corazón, que pusiera mi mundo de cabeza solamente con un gesto o sonrisa. También temía terminar tan enamorada que no fuera capaz de tomar ni una decisión sensata.

Sí, parecía una contradicción inmensa, porque en toda relación había cosas buenas y malas, no podía simplemente obtener una parte sin aceptar también la otra.

Así que luego de una cita fallida en la tarde de un sábado, llegué a mi residencia y repetí las cosas que solía hacer los fines de semana cuando me encontraba en absoluta soledad. Aquel día me convertí en la chica que hacía una rutina de cuidado facial mientras escuchaba canciones de amor y desamor que fingía entender, luego podría pasar horas leyendo alguna novela cliché, hasta que me ardieran los ojos y no pudiera hacer otra cosa más que dormir

Porque aunque nunca hubiese experimentado el amor en carne propia igualmente quería sentir, y mis pasatiempos podían al menos hacerme imaginar cómo sería vivir de aquella manera. Como siempre terminé llegando mi vida a un lado en el cual me sentía segura, en el que no tendría sufrimiento alguno y mi corazón estaría salvo.

***

El inicio de semestre podía resultar abrumador, luego de unas merecidas vacaciones de verano los estudiantes dejábamos atrás nuestras preciadas horas de sueño y las comidas a las horas reglamentarias. El lunes a primera hora de la mañana tuve que someterme al retorno de mi vida de estrés, cuando estaba de camino a la universidad aprecié los privilegios que volvía a perder. Era el precio a pagar por tener una profesión, y al fin y al cabo me acostumbraba a la rutina unos pocos días después.

Mientras tanto la universidad estaba abarrotada de estudiantes que se reencontraban con compañeros, o de los de nuevo ingreso que parecían totalmente perdidos en su intento de encontrar su aula de clases.

Yo en cambio en vez de asistir a clases como todos los alumnos me encontraba caminando hasta el patio central de la universidad para reencontrarme con mis amigos, esa era la parte bonita de volver. Ese día en específico íbamos a inscribir servicio comunitario, estábamos en un año óptimo para hacerlo y no desaprovecharíamos la oportunidad de cumplir con ese requisito de una vez por todas.

Faltaba por lo menos media hora antes de la charla inicial, por lo que tendría algo de tiempo de ponerme al día con mis mejores amigos.

—Dime por favor que te lo pensaste en estas vacaciones y tú sí te inscribirás conmigo los sábados. —La voz varonil cerca de mi oreja hizo que me sobresaltara—. Vaya Avery, por el susto que tuviste me imagino que esa mentecita tuya no está tan libre de pecados.

—Cabrón de mierda —siseé furiosa—. Obviamente que me iba a asustar si me hablas así al oído de la nada Mitchell. No me esperaba que me aparecieras así de la nada.

— ¡Avery Cooper diciendo malas palabras! Esto pasa una vez al año así que me siento honrado de ser el responsable. —Se cruzó de brazos y levantó una ceja, rayos yo nunca aprendí a hacer eso—. Dejando de lado todo el drama de lado, debes admitir que es una excelente idea inscribirte conmigo para ir los sábados.

—Te quiero a montones amigo, nunca dudes eso —dije con dulzura—. Pero no sacrificaré mis preciadas horas de sueño del día sábado.

—Eso mismo le dije al pesado de Mitchell —exclamó Destiny llegando a mi lado dándome un abrazo—. Las muestras de afecto solo serán por el día de hoy porque realmente te extrañé.

Mitchell y Destiny eran mis dos mejores amigos de la universidad, éramos como tres polos totalmente opuestos, que cuando se juntaban hacían la mejor de las combinaciones.

Mitchell con veintitrés años era el mayor y más experimentado, tenía una personalidad que fácilmente lo hacía encajar en cualquier grupo de personas. Aparentaba ser el chico que cualquier padre deseaba como novio de su hija, solamente que seguro Mitchell se interesaría más en los hijos y no tanto en las hijas.

Destiny tenía más pinta de odiar todo lo que la rodeaba, y hasta cierto punto eso era cierto. Emanaba un aura de chica mala misteriosa que atraía a muchos chicos, ella podía aprovecharse de esa situación para poder disfrutar de ellos, no era como que se quejara de la situación.

Yo era más la chica entusiasta y positiva que amaba ayudar a los demás, la que evitaba los problemas y el drama a toda costa.

Mitchell de tez morena y sonrisa pícara, Destiny alta, delgada y con cabello color rubio; yo bajita con ojos cafés y mucho cabello castaño éramos sumamente diferentes. Pero de alguna extraña manera habíamos encajado perfectamente y estaría siempre agradecida por ello.

—Se comportan como unas perras conmigo —Mitchell no iba a dejar de hacer drama, no sería digno de él—. Trabajo por las tardes así que estoy obligado a inscribirme los sábados, ustedes deberían compadecerse de mí y acompañarme.

—Amorcito yo a veces trabajo los sábados en casa de los Miller —le contesté—. Estamos en igualdad de condiciones si analizamos el caso.

—Yo en cambio no suelo hacer nada los sábados en la mañana, pero igual pienso dormir. —Mi amiga se encogió de hombros—. Estarás solo Mitchell, lo superarás.

—Conseguiré nuevos amigos, igual no me cuesta tanto —suspiró resignado—. Conoceré chicos calientes y me tendrán mucha envidia.

—Y vuelves a ser Mitchell —culminé la conversación antes de que nos llamaran a todos para la charla.

***

Era casi mediodía y todavía me encontraba atrapada en la charla de orientación, estábamos en un auditorio extremadamente grande que estaba abarrotado con aproximadamente cien personas. El orador repetía cosas que lo más probable era que seguramente olvidaríamos un par de horas después, o capaz si teníamos suerte podíamos recordarlas en un futuro, pero llegar a ponerlas en práctica tampoco era un hecho muy certero.

—Ustedes creen que esto será un desperdicio de tiempo para sus vidas, que tienen cosas mucho más importantes que hacer —continuó vociferando el profesor—. Los invito a dejar de un lado los prejuicios, a vivir de lleno esta experiencia.

»En ella podrán conocer a muchas personas que les ayudarán a encontrar sus lados más humano, uno que ustedes poseen pero que seguramente no han notado. Aprenderán a saber manejar sus tiempos, y lo más seguro es que crearán lazos con otros alumnos de la universidad que tal vez ni pensaban conocer.

“Lazos con otros alumnos”

En aquella ocasión lo escuché como algo poco probable, mi objetivo era cumplir con un requisito que me exigían para algún día poder graduarme. Nunca había estado negada a conocer nuevas personas o a compartir parte de mi vida con ellas, pero en aquel momento tampoco me pareció como que si eso fuera a ser algo trascendental.

Pero en ese entonces yo no tenía idea de la locura que se avecinaba, jamás me imaginé que mi vida cambiaría por completo.

Un lazo me uniría a alguien más.

Me uniría como nunca pensé estar unida a alguien.