Délai
El terminal de autobuses de Reims se encontraba hasta el tope de personas, con varias barricadas y vehículos del gobierno rodeando todo. Según un anuncio de la alcaldía, ya no era seguro permanecer en la ciudad por lo que se había preparado una evacuación hacia la capital. Eran largas filas interminables con familias y maletas, esperando su turno para abordar uno de los buses.
Estaba de pie junto a alguien que no logro visualizar bien, no me sonaba de nada y su cara estaba borrosa. Pero hablábamos con la misma familiaridad que tendrían amigos de toda la vida.
— Oye, toma esto.—me dijo la persona en plena conversación, entregándome algo entre mis manos.
Cuando miré las palmas de mis manos solo había arena de playa, estaba confundido y cuando levanté la mirada para preguntarle directamente qué significaba ésto, estaba en medio de la playa de una isla.
Aún más confundido que antes, me puse a mirar a todo mi alrededor y solo estaba yo sin nada de lo que traía antes. Solo noté en medio de la arena una bandera ondeante de la República de Martinica.
Realidad
Abrí lentamente los ojos, hasta que estaban abiertos completamente y solo pude observar el techo blanco de mi habitación. Me incorporé en mi cama y me senté el borde de la misma, me estiré buscando desperezarme y observé el reloj digital en mi mesa de noche.
- 9:10 AM - Jueves -
— Otro día en este país. —pensé, antes de ponerme de pie.
Caminé hacia la puerta del baño, la abrí y entré. Procedí a quitarme la ropa y entrar en la ducha, girando la llave. El agua fría cayó sobre mi cuerpo como un balde de hielo, me estremecí un poco pero rápidamente me acostumbré a la temperatura.
Extendí mi mano hacia la barra de jabón pero dejé de sentir el agua impactar sobre mi cuerpo unos pocos segundos después, levanté la mirada para observar la regadera y ví como el potente chorro se había transformado en unas pocas gotas que en un momento se volvieron nada.
— Hm, no esperaba tan temprano el racionamiento. —murmuré mientras bajaba mi mirada y salía de la ducha.
Al salir simplemente tomé la toalla y salí de nuevo hacia mi habitación, procediendo a vestirme. Nada tan excéntrico, unos simples jeans oscuros, zapatillas negras y una camiseta verde. Posteriormente, caminé hacia la cocina de mi apartamento y abrí la nevera buscando algo para comer.
Sorpresa, no hay casi nada. Dentro de la nevera solo hay una jarra de dos litros con agua hasta la mitad, una bandeja de jamón de espalda y una barrita de mantequilla abierta, solté un suspiro de resignación antes de tomar la bandeja de jamón y la mantequilla, cerrando con el pie la puerta de la nevera.
Los precios de la comida han subido, hay una increíble inflación del euro y solo gano dinero de unos trabajos informales cada cierto tiempo. Me niego completamente a unirme a las Brigadas de Aseguramiento a pesar del salario, he escuchado de las horribles cosas que han hecho esos cerdos con apoyo de la FIT, no puedo quejarme completamente de ellos porque gracias a sus malditas cosas tenemos ciudades seguras, no como en el Norte. Pero no me voy a ensuciar las manos.
Puse las cosas sobre el mesón de la cocina, y del gabinete saqué un cuchillo y lo que me queda de pan tajado. Tres estúpidas piezas de pan, les eché mantequilla y las lonjas de jamón frías, se dañó la tostadora y ayer no comí nada.
Algo vibró en mi bolsillo, y saqué mi celular mientras que con la otra mano me llevaba un pedazo de pan a la boca. Cuando encendí la pantalla ví una notificación de WhatsApp, era mi amigo Joan.
''Oye Émile ¿No tienes algo para hacer por ahí? Me queda poco dinero.''
Terminé de tragar y dejé el pan sobre un plato, llevando mis dos manos al celular para poder responderle a Joan.
''No, no tengo nada. Y esta vez no puedo darte dinero, estoy igual de corto.''
Siempre cuando podía ayudaba económicamente a Joan, incluso desde antes de la caída del Norte, Joan perdió su trabajo y su estabilidad monetaria bajó a los niveles de Haití. Pero yo estoy igual en la mierda; desde hace un mes no he pagado la mensualidad del internet y he vivido de paquetes de datos bartos (Igual la velocidad es una completa basura ¿En dónde estamos? ¿Venezuela? Es demasiado dinero por menos de 5mbps), apenas he logrado pagar el alquiler y los servicios, y de la comida ni hablar, he hecho más bien magia con mis gastos.
''Vale, está bien. Igual, si sabes de por ahí de un trabajo que no sea estar con un palo buscando infectados casa por casa, me avisas.''
Ni siquiera le respondí, solo le reaccioné con un pulgar arriba y apagué la pantalla del celular, y seguí desayunando. Ni siquiera me molesté en sentarme, y me comí los panes como si fuera la primera vez que comiera en semanas.
Cuando no quedó nada más que simples migajas, tomé el plato y comencé a lamerlo comiéndome las migajas, me sentí como un puto desesperado pero no podía desperdiciar nada y hoy voy a estar casi todo el día en la calle. Tengo que tener la mayor cantidad de energías posible.
Tiré el plato en el fregadero y caminé hacia la sala, igual de triste que el resto de mi apartamento. Un sofá destartalado, un par de plantas secas, y la mesa que sostiene mi televisor de pantalla plana. La televisión por cable es más cara que el mismo internet, y solo pasan las mismas cosas desde que comenzó todo. El nuevo canal de gobierno es gratuito, pero no quiero escuchar las falsas promesas de Montebourg.
Me sorprende como solo ha pasado apenas un mes desde que cayó el Norte, y tras el establecimiento de Lyon como capital, todo se ha deteriorado tan rápido. Aún recuerdo como los medios pintaban la ''Gran Guerra por Francia'' cuando los casos de Somnia comenzaron a ser masivos en el Norte y la gran idea de Macron fue iniciar una movilización masiva del ejército y la policía, por esa mierda las mafias lograron ganar más poder, vaya imbécil.
Sacudí la cabeza después de perderme demasiado en mis pensamientos contemplando mi deprimente sala, y me acerqué a la puerta, abriéndola y tomando las llaves que colgaban al lado. Salí del apartamento y cerré la puerta con llave, para luego voltearme a ver el pasillo.
Igual de triste que mi apartamento, la pintura blanca comenzaba a caerse y algunas luces parpadeaban. No ví ni a un solo vecino, así que simplemente me acerqué al elevador y presioné el botón. Después de esperar unos minutos las puertas se abrieron y entré al interior del ascensor.
Era lo único que mantenía su anterior lujo, limpio y con sus paneles bien cuidados. Quizás sea porque con esta cosa es que los ricos del piso 10 en adelante pueden subir y bajar, pero el maldito dueño no ha querido arreglar el resto del edificio con lo caro que cobra. No me he mudado por temor a encontrarme viviendo en esos apartamentos baratos donde siempre se mete la FIT a ejecutar sospechosos de estar infectados con el Somnia.
Miré como un imbécil el panel mientras pensaba, luego fue que finalmente reaccioné y le dí al botón de planta baja. Mi apartamento está en el piso 8, por lo que es un dolor tener que estar bajando y subiendo por las escaleras si el ascensor falla, y oh sorpresa; ha pasado muchas veces.
Cuando llegué a la planta baja las puertas se abrieron y di un paso para salir del elevador, cuando ví en la entrada del vestíbulo a varios agentes de policía y dos funcionarios de la FIT sentados en una mesa.
Confundido miré a mi alrededor, pensando que había ocurrido algo grave, y solo estaba la señora de la limpieza trapeando el piso. Sin querer acercarme a los del gobierno me apresuré hacia donde la señora, y le hablé.
— Buenos días, señora Marie —la saludé amablemente, aunque mi tono de voz era un poco tembloroso— ¿Qué hacen los de la FIT aquí? —añadí mientras miraba de reojo a los policías de la entrada.
La señora Marie levantó la mirada y me observó con sus ojos cansados, ya es algo mayor y la conozco trabajando aquí desde antes de la Gran Crisis. Me sorprendió realmente que no la despidieron cuando comenzó la recesión económica por la paralización del comercio internacional, pero a la vez me alegró. Ella es como una madre para mí.
— El inquilino del apartamento 416 resultó estar infectado, lo mataron y como medida de seguridad ahora ellos revisan personalmente si hay más personas infectadas —me respondió con voz seria, viéndome fijamente— Pero no te preocupes por eso, yo sé que te cuidas mucho y no debes de tenerles miedo —agregó, su voz y expresión suavizándose.
— Está bien, que tenga un buen día señora Marie —dije asintiendo la cabeza y alejándome.
La señora Marie simplemente me observó con una sonrisa y siguió con su trabajo. Cuando llegué a la entrada un policía me detuvo, y me pasó un pequeño frasco de vidrio.
— Escupa aquí. —pidió firmemente, después de entregarme el frasco.
No quería discutir, así que simplemente cumplí la orden y escupí en el frasco, dándole el mismo de vuelta al oficial.
Éste lo colocó sobre la mesa donde estaban los dos funcionarios de la FIT, y uno de ellos; una mujer, tomó el frasco e introdujo mi saliva en una pequeña máquina en la mesa. Después de unos segundos, una luz verde parpadeó.
— Está libre de infección, puede pasar. —dijo formalmente la mujer, lavando el frasco de un pequeño lavamanos portátil instalado al lado.
Sin decir nada caminé a paso rápido y salí del edificio, siendo recibido por un paisaje urbano desolador. La colorida ciudad de Lyon se había vuelto gris y semejante a una ciudad de la Francia de Vichy, teñida por el autoritarismo del nuevo gobierno.
En esta parte no se ven muchas personas, vivo en el sur. Pero las cosas son muy diferentes en el centro y el norte. A lo lejos aún se pueden observar algunos helicópteros volando y aviones aterrizando en el aeropuerto, el gobierno se las arregló para poder colocar camaras en toda la ciudad y los puestos de seguridad están por todos lados, marcando los inicios y finales de los "Sectores".
Mi zona es el Sector 18, es uno de los más seguros y menos poblados por el hecho de que no todos pueden pagar residencia aquí.
Para evitarme perder más el tiempo, decidí irme por la calle de la izquierda en vez de la derecha. A la derecha lleva a la Avenida Revolución, la cuál marca el inicio del Sector 17, hay un punto de control en dónde los guardias se toman muy en serio su trabajo.
Mientras caminaba miraba a mi alrededor, locales cerrados, unos pocos comercios abiertos y las zonas residenciales desoladas a pesar de que se sabe que hay gente viviendo ahí. Algunos postes de luz tienen pegada propaganda y algunos anuncios. Desde trabajo hasta sobre por quién votar y como identificar infectados, es toda una amalgama de los mismos papeles amarillentos. Los únicos papeles a color que he visto en este tiempo han sido del oficialismo, quizás sean las únicas personas con los recursos para poder imprimir tantos panfletos a color.
Me detuve en una esquina, miré hacia los lados para asegurarme que no viniera un auto, pero al girar a la derecha pude observar como un encapuchado saltaba desde el segundo piso de un edificio y caía sobre bolsas de basura.
"¡POLICÍA, AYUDA! ¡ROBARON MI CASA!"
Gritaba el dueño del apartamento, que asomó la cabeza por la ventana, enfurecido mientras lanzaba algunos objetos contra el ladrón.
"¡MALDITO DE MIERDA!"
Los objetos se rompieron al impactar contra el suelo, eran botellas de cerveza vacías. Por suerte o mala puntería del dueño, el ladrón no fue alcanzado por ninguna de las botellas y salió de entre las bolsas de basura lleno de cáscaras de huevo, papeles higiénicos usados y ese liquido asqueroso tan característico de la basura. Comenzó a correr hacia la dirección en dónde estaba yo, y por miedo retrocedí, preparándome para salir corriendo.
Pero de repente, se escuchó un estruendo y el criminal cayó al suelo de espaldas, soltando la mochila que tenía en manos. Fue un disparo. Cuando me volteo a ver observé un oficial de policía empuñando su pistola humeante, no hubo una persecución o una advertencia; simplemente disparó.
No quise detenerme a ver más la escena y crucé la calle, por cierto, no pasó ni un solo auto o moto. Caminé a ritmo acelerado y miré a otro policía corriendo para alcanzar a su compañero que recién disparó.
Después de unos minutos de caminata, llegué a la "Parada de Autobuses Designada Nº 15-18". Es la parada más cercana a mi residencia, por temas de combustible se han acortado o eliminado completamente algunas líneas del bus para poder mantener el transporte público funcionando, por lo que toca caminar hacia estas paradas o estaciones que el gobierno asignó.
Me detuve a un lado de la parada y solo habían cuatro personas presentes, una mujer de mediana edad y pelo castaño, y tres hombres que parecen rondar la misma edad (menos de 29 probablemente). Aunque la tez de uno de ellos es demasiado oscura como para ser un francés.
No quise comentar nada, antes de la Gran Crisis era común ver a muchos inmigrantes africanos y tambien latinos. Algunos tenían quizás mucha suerte, conocí a un sirio que vino huyendo de la guerra civil y en su trabajo ganaba el triple que yo. Aunque bueno, ese sirio es o era ingeniero petroquímico.
Saqué mi celular para ver la hora, encendiendo la pantalla y viéndolo disimuladamente. No es por racismo o xenofobia al tener a una persona oscura cerca mío, es por precaución general. He visto a demasiada gente robar objetos valiosos desde que aumentaron los precios de todo, desde inmigrantes latino-africanos hasta asiáticos y mismos franceses.
- 10:08 AM -
Guardé de nuevo mi celular tras ver la hora. Me tardé un poco, debí de haber llegado acá a las 9:50 y que el autobús pasara a las 10 en punto. Pero no me preocupo demasiado, a veces se demora en pasar. Aunque por dentro me carcome la ansiedad, hoy es mi primer día de trabajo en un puesto formal después de meses haciendo de todo. Hice cursos de arte y dibujo en mi tiempo libre antes de la Gran Crisis, y cuando perdí mi empleo en Reims llegué a vender pinturas en las zonas de clase alta.
Soy contador, trabajaba en una prestigiosa empresa en Reims. Pero con el inicio de la Gran Crisis ésta misma tuvo que cesar sus actividades por cuestiones de bioseguridad, y cuando cayó Reims por el avance de los infectados me evacuaron a Lyon. Bendita sea esa empresa y su CEO, el seguro recién renovado nos garantizaba protección y compensación en caso de ser afectados por la guerra. Y es por eso que estoy viviendo en una zona relativamente decente.
Pensé que la empresa había caído en bancarrota por el cese del comercio internacional, pero no lo hizo. Tienen una sucursal acá en Lyon, en el Sector 12. Me contacté con el gerente, es un tipo llamado Paul, le conté de mi experiencia en la sede de Reims y me contrató inmediatamente.
Levanté la mirada cuando escuché un vehículo acercándose, era el autobús. Y aunque el semáforo cercano marcaba rojo el conductor pasó de largo hasta la parada, igual no hay mucho tráfico en estas zonas.
Las puertas se abrieron y fuí el primero en subir.
"10 euros hasta la Av. Constantino - 15 euros más allá."
Habían aumentado el pasaje, ayer estaba a 5 y 10 respectivamente.
— Maldición —murmuré entre dientes mientras sacaba mi cartera.
Tengo solo 175 euros en efectivo, y quizás 42 en tarjeta pero una buena cantidad de estos autobuses ya no les funciona el punto de pago electrónico. Saqué tres billetes de cinco y se los extendí al conductor, el conductor los recibió y colocó en una pequeña caja metálica, luego me hizo un gesto con la cabeza para que abriera paso en el pasillo y me sentara.
Después de pagarle me aparté para darle espacio a los otros que se iban a subir, pero mi queja se apaciguó considerablemente al notar que el bus contaba con aire acondicionado. Solté un suspiro de satisfacción y caminé rápidamente hacia el final del autobús, procediendo a sentarme al lado de la ventana.
El autobús tiene capacidad para aproximadamente 50 personas sentadas, pero está un poco vacío. Incluyendo a los que recién se subieron logro contabilizar a 32 personas a bordo.
Después de que el marroquí (no sé de dónde será así que asumiré es marroquí) pagó y se sentó, las puertas se cerraron y el conductor empezó a manejar el autobús de nuevo. No había mucho más que destacar en el paisaje urbano, más de lo mismo: comercios abandonados, sí, abandonados, edificios destartalados, unas cuantas personas por las calles y alguna que otra patrulla de policía.
Los puntos de control en los límites de sectores no representaban un problema, las rutas de autobuses siguen circulando por sus vías propias en las calles. Y ante la sugerencia de varios políticos de implementar medidas de seguridad en los transportes públicos, Montebourg respondió con: "Hasta el momento no han habido incidentes, Lyon es una de las ciudades más seguras en toda Francia. Las medidas de seguridad serán en el transporte ferroviario y los viajes que salgan o entren de la ciudad". Así que simplemente el conductor los pasa de largo.
Cuando ya íbamos por el Sector 15, en una de las paradas se subió una mujer joven y delgada, de rasgos finos y cabello rubio ondulado, visiblemente mejor vestida que el resto de personas presentes. Se me hacía conocida, hasta que confirmé mis sospechas cuando la mujer al notarme sonrió y se acercó apresuradamente a mí.
— ¡Hola, Émile! Tiempo sin vernos —dijo ella, procediendo a sentarse a mi lado.
— Oh, hola Adelyn ¿Cómo estás? —contesté con un deje de emoción en la voz, hace tiempo que no la veía.
— Yo estoy mal... —respondió con fingida tristeza, se le notaba en la voz— ¡Y es porqué no me has llamado, imbécil!—añadió, con cierto reproche mientras procedía a golpearme suavemente el hombro.
Adelyn es mi hermana, a diferencia de mi ella ha tenido una mejor vida. Antes de la Gran Crisis conoció a un hombre bastante adinerado que le resolvió la vida, hasta el momento, ella sigue con él. Casi no hablo con ella, solo ambos sabemos que seguimos bien porque ella sube en sus estados las fotos de sus salidas y yo cuando no tengo nada que hacer simplemente los veo. Sí, ésta tipa se ha paseado por centros comerciales y fincas de millonarios a pesar de toda la situación. Tiene otras redes pero es más de lo mismo, así que no me molesto en verlas.
— ¿Para qué, si casi siempre estás ocupada o no contestas? —pregunté con una leve sonrisa, siempre me causa gracia cuando se pone así.
— ¡Pero la intención es lo que vale! ¿O acaso ya no te importo? —sus últimas palabras cambiaron a ese tono de aflicción falsa.
Me reí un poco ante sus palabras, pero luego me percaté de que se había subido al autobús en el Sector 15, cerca de la calle 7. Ella vive en el Sector 31 ¿Qué hace tan lejos? Este sector no es como que sea muy comercial o activo de interés para una persona como ella, lo más cercano es el mencionado Sector 12.
— Oye Adelyn ¿Qué hacías en el Sector 15? ¿Abrieron algún bar o algo así? —pregunté con curiosidad, para mí es poco común verla tan alejada de los sectores acaudalados.
Su expresión cambió repentinamente, a una más apagada. Estuvo en silencio varios segundos, como si le estuviera costando responderme o estuviera pensando alguna respuesta.
— Yo, eh... Estaba visitando a una amiga... —murmuró en voz baja, desviando la mirada— Un familiar suyo falleció y como no tiene a nadie más quise ir a consolarla... —agregó, aunque había algo en sus palabras que me hacía dudar.
No tuve tiempo de profundizar o cuestionarla, porque justamente habíamos llegado al Sector 12, en la parada de la Calle Moreau. Me puse de pie y apresuradamente caminé hacia al pasillo.
— Fue un gusto verte de nuevo, Adelyn. Pero acá me bajo. —le dije mientras me levantaba del asiento.
— Yo también me bajo aquí. —me respondió rápidamente, levantándose del asiento también.
Nos abrimos paso entre las personas paradas en el pasillo del autobús, que se había llenado más considerablemente entre todos los Sectores que atravesamos. Luego de bajar del autobus nos habíamos quedado en la esquina.
— Yo me voy por aquí. —comenté, señalando hacia la dirección izquierda de la Calle Moreau.
— Ah, yo tengo que ir a la Av Independencia. —me dijo, para después dar un paso adelante y abrazarme.
Yo quiero mucho a Adelyn, a pesar de no hablar mucho con ella y ser algo frío. Es natural de mí, no expreso demasiado mis emociones sino con seres muy cercanos. Cuando sus brazos me rodearon, yo correspondí al abrazo con un poco de fuerza, pero escuché un ''¡Ouch!'' saliendo de sus labios. Me empujó y me iba a disculpar por haberla abrazado con tanta fuerza, pero me interrumpió con un fugaz ''¡No es nada! ¡Adiós Émile!'' y alejándose a paso apresurado sin darme oportunidad de responder.
Estaba bastante confundido, pero le preguntaría después. Saqué mi celular nuevamente para ver la hora y el reloj marcó las:
- 10:59 AM -
— Mierda. —murmuré en voz baja para después guardar mi celular.
Se suponía que tenía estar ya en el trabajo a las 11 AM, y aún estoy a 7 cuadras de la surcursal. Comencé a caminar rápidamente, casi me caigo varias veces, pero trataba de no tropezarme nuevamente con la propia acera o personas en el camino. Antes hacía ejercicio e iba al gimnasio, pero cuando me mudé a Lyon mis ánimos estaban por el piso y el gimnasio está demasiado caro, por lo que tengo un físico de mierda. Ya estaba comenzando a sudar y respirar como si hubiera corrido una maratón.
Giré en una esquina a la séptima cuadra, finalmente llegando al sitio. Pero cuando crucé observé a varias patrullas de policía y blindados de la FIT estacionados afuera de la surcursal, con algunas ambulancias también. La zona estaba acordonada, cinta policial, barricadas y los mismos vehículos. Estaba estupefacto ¿Qué habría podido pasar? ¿Un brote? Estaba empezando a formular más preguntas en mi mente cuando volví al mundo real tras escuchar una voz grave hablándome.
— Señor, abandone el área. Ha ocurrido un incidente con infectados del somnia recientemente en este sitio. —me explicó un operador de la FIT que empuñaba firmemente su arma.
Su imponente porte, uniforme negro, equipo táctico, rifle más largo que mi brazo y su fría mirada a tráves de las gafas me hacía sentir escalofríos. Asentí temblorosamente y comencé a alejarme, viendo de reojo toda la escena hasta que observé a paramédicos saliendo de la sucursal con una camilla, y el que estaba acostado ahí era el mísmisimo señor Paul. No sé si estaba vivo o muerto, pero solo sé que hoy no será mi primer día si es que la empresa no cierra.
— Jesús... —susurré antes de retomar mi caminata y meterme en un callejón cercano.
Ni idea a dónde me metí, fue el primer camino que ví. Pero era algo estrecho, habían bolsas de basura y grafittis por todos lados. Después de caminar un rato el camino se bifurcó en dos, un giro hacia la izquierda o seguir derecho. Al frente habían dos personas de mala pinta con gorras y capuchas, apoyadas contra la pared. No quería arriesgarme a que me asalten así que me fui por el camino de la izquierda.
Mi sorpresa fue cuando ví que era un camino muerto. No había salida, solo un gran muro que daba a otra parte, pudiera treparlo si tuviera fuerza en los brazos. Me iba a devolver por el camino en el que vine cuando volteé y observé a los dos tipos bloqueando la salida.
— Dame la cartera. —ordenó secamente uno de ellos, que se subió un poco la camisa y mostró el mango de su pistola.
Solté un suspiro de resignación, procediendo a sacar mi billetera en un movimiento lento para que no se terminen alarmando y soltándome un par de disparos. Retiré los 160 euros que tenía guardado y se los extendí al otro asaltante que estaba más cerca. El chico, porque realmente se veía bastante joven me arrebató los billetes de la mano.
— ¿Esto es todo lo que tienes, imbécil? —preguntó con desdén después de contar los billetes.
Iba a responder afirmativamente hasta que escuchamos un grito ahogado y ambos volteamos hacia el primer asaltante, el de la pistola. Estaba tirado en el suelo con un desconocido encima suyo devorándole el cuello desesperadamente, se veía que el asaltante intentó defenderse porque tenía la pistola afuera en su mano derecha, pero el atacante fue más rápido.
— ¡Oh, mierda! —gritó el segundo, comenzando a correr con los billetes en mano.
El atacante, claramente un infectado reciente por somnia, levantó la mirada y lo vió alejarse. Se puso de pie rápidamente de su primera víctima y comenzó a correr detrás del chico, con sangre cayendo de su mandíbula. Se le notaban venas negras alrededor del cuello y la cara.