Rojo

Summary

Gun amaba el color rojo en sus labios, su ropa y sus tacones. A Off también le gustaba, principalmente si era la sangre de quienes se atrevieron a dañar a su angelito.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Rojo sangre: Asesinatos


Gun conocía muy bien el color rojo, desde pequeño lo ha visto cubriendo el rostro pálido de su madre cuando su padre la golpeaba o cuando la sangre salía por su nariz de manera totalmente inesperada.


Veía el color rojo en los medicamentos de su madre y en los tacones de las mujeres que su padre traía a casa, también había rojodel labial de dichas mujeres en el cuello de las camisas de su padre.


Cuando cumplió 7 años vio rojo por primera vez saliendo de su propio cuerpo, mientras se bañaba y el color caía en líneas sangrientas por sus pálidas piernas temblorosas.


No recuerda mucho de lo que pasó el primer día en que su padre decidió que le daría el mismo trato que le daba a su madre, talvez su memoria estaba bloqueada por su propio bien, talvez el recuerdo era demasiado doloroso para un niño tan joven.


Niño.


Gun nunca se sintió identificado con esa palabra.


Niño.


Gun nunca lo fue, siempre fue simplemente un adulto en crecimiento, sufriendo en silencio para sobrellevar la vida, por su hermana y por su madre.


Gun sabía que su padre tenía necesidades, asquerosas y dolorosas necesidades pero alguien debía satisfacerlas. Se dio cuenta rápido que si aquel hombre se cansaba lo suficiente después de hacerle… eso, ya no tenía fuerzas para hacérselas a su madre, se dio cuenta también que su hermana era mucho más hermosa que él y aunque la niña solo contaba con 3 años, pronto crecería y se volvería más una víctima de las necesidades atroces de su padre, tal como pasó con él.


Y eso no lo permitiría.


Gun también de dio cuenta mientras crecía que las mujeres que lo visitaban a menudo y dejaban el lugar apestando a humos y licores no eran mujeres realmente, solo hombres con vestidos y maquillaje.


Su padre tenía necesidades, y su padre tenía preferencias, adivino Gun con miedo y determinación en su corazón.


Desde una edad demasiado temprana el hermoso chico se decidió a cuidar de su familia como el hombre de la casa, el verdadero hombre de la casa, y las cuidaba del monstruo que vivía con ellas, sabiendo que la única manera de lograrlo era complaciéndolo.


Si su padre quería golpearlo él se dejaba golpear, si quería beber se encargaba de que su vaso nunca esté vacío, si se drogada él se aseguraba de que esté lejos de su madre y hermana.


Y si quería hacerle eso… también dejaba que lo haga.


De esa manera Gun creció fortalecido por su propia miseria en su eterno purgatorio. Gracias a sus sacrificios,  aquel hombre enfermo que se decía su padre había desarrollado por él una cierta simpatía, si no es que obsesión.


Dejaba que vaya a la escuela, derecho que su hermana no tenía, le daba dinero para comprar ropas y comida a cambio de su silencio y su sumisión. Gun aceptaba callado lo que podía conseguir, y cuando su madre enfermó él tuvo que usar las mismas técnicas asquerosas para convencerlo de costear el tratamiento.


Gun preferiría romperse en pedazos si esos pedazos podían reemplazar las piezas perdidas de su madre, la única que cargada de culpas y en medio de llantos lo consolaba y curaba sus heridas, susurrándole promesas de un futuro mejor, que aunque Gun sabía eran falsas, hacían que por unos minutos olvide de su dolor.


-Más una botella, ATP- aquel hombre pidió en una voz ronca y lenta, antes de darle una fuerte palmada al glúteo derecho de su propio hijo.


Aquello apenas causó en el joven de 16 años una reacción, estaba tan acostumbrado que ya ni se inmutaba.


Gun vestía una camiseta hecha totalmente de encaje color rojo, pantalones cortos negros y sus labios decorados de labial rojo sangre.


Con el tiempo Gun había desarrollado una obsesión enfermiza con el color que lo había acompañado durante toda su trágica vida.


-Korn, ese idiota- el hombre bebió de la botella que Gun le había entregado- era un inútil pero no creí que terminaría así- seguía hablando enojado y ebrio.


Esa mañana frente al club ilegal que su padre manejaba habían encontrado muerto,  degollado y nadando en el charco de su propia sangre a uno de los socios de su negocio.


Una felicidad enfermiza se apoderó de Gun cuando vio el cuerpo sin vida de aquel hombre, pues era igual o más vil que su padre, cuando iba a su casa no se contenía al tocarlo e incluso también  había abusado de su cuerpo, porque su padre no dudaba en compartirlo con aquellos a quienes consideraba que le habían “servido bien” en sus negocios.


Gun sabía que vender drogas en un club ilegal no era la mejor manera de obtener dinero, pero si con eso se podía costear los gastos médicos de su madre, él no se quejaría.


De todos modos jamás se quejaba de nada en su vida, simplemente sobrellevaba los días como un frágil barco de papel tratando de navegar las violentas aguas del océano.


-Aquí no, Fai nos puede ver- susurró la helada y calmada voz de Gun cuando el hombre intentó jalarlo a un beso.


Todo lo que ellos hacían lo hacían dentro del cuarto de su depravado padre, jamás dejaría que su hermana viera qué cosas hacía para que ella siga pura hasta esa edad.


El hombre le tenía cierta piedad, como Gun nunca se quejaba al complacerlo de vez en cuando accedía a sus peticiones.


-Tráeme un cigarrillo- dijo en cambio, aceptando a regañadientes esperar un poco para volver a profanar aquel cuerpo usado y maltratado que era su hijo.


Sin embargo, aún después de tantos daños el chico se las arreglaba para seguir siendo tan hermoso y seductor, eso era a la vez su maldición y su única arma para sobrevivir.


Gun obedeció con prisa y luego dejó que el hombre se queje en voz alta para ir hasta su habitación y prepararse para ir a trabajar. Él también bailaba en el club de su padre, para lograr un poco de dinero extra y así comprar algunos lujos o cosas para su hermana.


No vendía su cuerpo, sin embargo, y Gun no estaba seguro si aquello se debía a la obsesión y posesión enfermiza que tenía su padre sobre él o a que nadie pagaría para tener a un chico tan usado como Gun.


Le daba igual sinceramente, en su vida todo le daba igual.


-Luce enojado- su hermana le dijo cuando entró a la vieja habitación compartida, Gun le obsequió a la niña una sonrisa plástica al pasar al cuarto.


-Murió más uno de sus socios- explicó a la chica que para tener 12 años apenas, tenía una madurez que solo una vida llena de sufrimientos te podía otorgar.


-¿Cree que él será el siguiente en morir?-preguntó de nuevo la chica.


Era asustador cómo una niña tan joven podía hablar de la muerte con tal frialdad, pero esa era su realidad.


-Talvez- Gun respondió, empezando a desvestirse frente a su antiguo armario para ponerse la ropa para ir a trabajar, no tenía tiempo para darse una ducha.


-Sería bueno si lo matan- dijo de nuevo la niña y Gun volteó a ver a su hermana con ojos vacíos.


-No digas eso, Fai- le dijo Gun en un tono neutro, frío- es un idiota pero lo necesitamos, para que mamá se cure, para que tengas comida y ropa, para no vivir en la calle.


-Pero el te toca- reclamó su hermana, Gun tragó seco ante su tono enojado- él te hace llorar, él no es bueno para ti, y se ha puesto peor desde que mamá no está.


Su madre actualmente se encontraba hospitalizada, su cáncer había llegado a un estado demasiado avanzado, era obvio que para esos dos niños nada podía salir bien en su vida.


-Pero sigue siendo mejor que vivir en la calle y dejar que otros me toquen y me hagan llorar, es mejor él solo que muchos a la vez- explicó antes de continuar vistiendo sus prendas.


Gun sabía que su vida era una mierda total, que más bajo no podía caer como ser humano, pero al menos su madre recibía tratamiento y su hermana no pasaba hambre ni tampoco tenía que sufrir las mismas miserias que él, no había sido corrompida como él.


-Debo ir Fai, cuídate y no lo molestes, no salgas de tu cuarto y si duerme déjalo tirado hasta que desperté él solo ¿Está bien?-dijo con preocupación.


La chica asintió como siempre hacía cuando su hermano le daba instrucciones y Gun intentó sonreírle antes de despedirse de su hermana con un beso saliendo de prisa del cuarto.


Atravesó la sala donde su padre estaba tirado con la cabeza sobre la mesa, probablemente delirando gracias a la droga.


Ignoró aquella conocida imagen y salió de su casa camino al club donde debía bailar casi desnudo para complementar sus ingresos y brindarle a su hermana y madre al menos unos billetes a más.


-P’Jennie ¿Qué pasa aquí?- preguntó Gun cuando llegó a la entrada del club donde un tumulto de gente se reunía.


La mujer mencionada volteó hacia el joven con una mirada atónita y pálida.


-Otro ha muerto, parece ser la misma persona- explicó, con rastros de susto en su voz.


El chico que para sus 16 años había experimentado cosas terribles se adentró entre la multitud y abrió su boca con sorpresa cuando avistó nada más que el cuerpo de otro influyente hombre en los mundos bajos de Bangkok, más específicamente un comisario corrupto que custodiaba y encubría los negocios ilegales de la zona, a él también tuvo que entregarse un par de veces cuando su padre se metió en problemas con la ley porque el hijo de un importante juez fue encontrado consumiendo las drogas que su padre vendía y lo investigaron.


A cambio de que aquel comisario los encubra desviando la investigación,  su padre ofreció su cuerpo y el hombre lo aceptó gustoso, verlo tirado muerto y cubierto de su propia sangre era extrañamente satisfactorio para Gun.


-Es el tercero que tiene relación con este club, todos tenemos miedo de ser la próxima víctima… y esa palabra que escribieron en su sangre- con voz temerosa Jennie habló detrás de él.


En el charco de roja sangre que rodeaba el cuerpo había una palabra escrita como si alguien hubiese pasado el dedo sobre la mancha, eran palabras en japonés esta vez.


-Tenshi... significa ángel- comentó un empleado cerca de ellos.


Los otros dos cuerpos también tenían escrito esa misma palabra en el charco de sangre: ángel.


En diferentes idiomas sin embargo, el primer cuerpo tenía la palabra escrita en inglés, el siguiente en chino y este en japonés.


Gun lo creía un toque curioso.


-¿Esa palabra te suena de alguna manera?¿Te recuerda a algo?- preguntó Jennie de nuevo.


Gun negó enseguida, aquella palabra no le recordaba a nada… excepto a aquel apodo… así le decía él.


Pero eso no tenía nada que ver con los asesinatos.


-No creo que vayan por nosotros que somos simples prostitutos, P’Jennie- dijo Gun desinteresado caminando hacia dentro del lugar ignorando el cuerpo en el piso- sea quien sea el asesino, va por los peces grandes.


Jennie le siguió los pasos al chico.


-Te digo niño que tienes que encontrar un buen hombre con dinero que te saque de este basurero, eres hermoso y no te costará nada, huye de aquí antes de que te pudras con nosotros- Jennie lo seguía, diciendo lo que siempre le repetía a Gun.


La mujer no podía concebir la idea de que un niño tan joven e inocente tenga que estar en un infierno como aquel, lo que Gun había pasado durante toda su vida Jennie ni siquiera lo podía imaginar, y sabía que ofrecerse como mercancía a un hombre rico no era la salida más honorable, pero de manera realista era la única que el chico tenía.


-¿Y dejar a mi hermana sola con ese hombre?-Gun dijo mientras se cambiaba de ropa frente a la mujer sin pudor, no sabía lo que era eso-¿Abandonar a mi madre? Jamás P’- respondió Gun sin dudar mientras terminaba de vestirse en una malla roja transparente con varios cristales que lo hacían brillar y abrazaba su delgada complexión.


Jennie suspiró al ver la cantidad de moretones, chupetes y heridas apenas sanadas en el cuerpo del inocente chico, sentía una impotencia terrible al ver un alma tan pura ser corrompida de aquella manera sin poder interferir.


-Parece que a pesar de todo tendremos clientes esta noche-Ella decidió cambiar de tema, resignada.


Gun observó, desde detrás del escenario donde se presentaban las personas, que aquella noche todavía había gente que había venido para ver a pobres almas desahuciadas desvestirse y bailar sobre un escenario por miserias.


El epítome de la desgracia del ser humano.


-Ese hombre…- Gun exclamó en voz baja sorprendido.


Jennie siguió la mirada del chico hasta visualizar un hombre vestido con ropas de aspecto lujoso, la camisa de un vibrante color rojo se destacaba entre los demás clientes.


-Tumcial…- dijo Jennie sorprendida, no cualquier día se veía a tan importante y despiadado hombre en un club de mala muerte como ese.


-Off Jumpol- secundó Gun diciendo el nombre real del hombre-¿Qué hace aquí?-preguntó Gun perplejo.


-¿Lo conoces?- dijo Jennie sorprendida cuando el joven pronunció el nombre del temible hombre.


Gun asintió.


-Es el segundo al mando y hermano menor de Odd Samporn, se dice que es un maníaco sangriento- explicó Gun, aunque él lo conocía más que eso.


-De hecho ya no es el segundo a mando, mató a su hermano hace como un año y ahora él prácticamente controla todo el país- aclaró Jennie  para sorpresa del menor, mirando al hombre en cuestión con cierta admiración- ¿De dónde lo conoces? No muchos saben cómo luce.


-Él… también…- dijo con vergüenza.


Y Gun no tuvo que terminar la oración para que Jennie entienda.