Subconsciente | kidkiller

Summary

Después de la muerte de Killer, Kid lucha con su dolor y su trastorno mental, manteniendo conversaciones imaginarias con su pareja.

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1
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n/a
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16+

𝐏𝐞𝐫𝐝𝐢𝐝𝐨

–Mugiwara-ya, creo que deberías quedarte aquí –le acarició el cabello con ternura –Iré a hablar con él.

–Yo también quiero ir Torao, hace mucho no lo veo –hizo un puchero adorable, con los labios ligeramente fruncidos –Él también es mi amigo.

–Déjame ir primero, luego vas ¿si?, este es un tema muy delicado, no sabemos en qué estado se encuentra –noto el rostro preocupado de Luffy –Tranquilo ya pasó un tiempo tal vez esté mejor.

–O peor –dijo con tristeza.

–Oye desde cuando tu eres el negativo aquí –abrazó al menor con fuerza, transmitiendo seguridad –Nos vemos dentro de un rato, solo espera una media hora y puedes ir, ¿de acuerdo?

Se separó del pelinegro viendo como este asentía en aprobación. Se alejó y comenzó a caminar en busca de un viejo amigo.

Eustass Kid había decidido aislarse en alguna isla en medio de la nada; era lo mejor, nadie quiere estar con un loco, o eso decía él.

Cuando llegó a la casa en la que lo encontraría, quedó impactado al ver que el pelirrojo estaba de espaldas, ocupado en la jardinería, con las manos hábiles entre las flores. Eso era raro, pero lo más sorprendente fue escuchar que estaba hablando solo.

–No lo hago mal, es solo que tú eres más delicado que yo –se quejó, frunciendo el ceño ligeramente –Es un simple tulipán –añadió con una sonrisa traviesa –Oye, no me digas así.

–¡Ejem, ejem! –carraspeó para llamar la atención del otro, aunque parecía que no funcionó, ¿no había notado su presencia? –Eustass-ya.

–“Kid, Law está hablando contigo”

Kid volteó a mirar a Trafalgar con una expresión de sorpresa mezclada con irritación –¿Qué demonios haces aquí? –preguntó, dejando escapar un gruñido de frustración.

–Vine a ver cómo estabas, hace mucho que no sabemos de ti y ya ha pasado un tiempo desde que nos vimos por última vez –alzó los hombros con indiferencia, su voz llevaba un tono de preocupación apenas perceptible.

–Bueno, ya me viste, estoy en la mierda, pero lamentablemente sigo vivo –dijo molesto, su voz cargada de amargura –Puedes largarte cuando quieras.

Law bufó con una mezcla de exasperación y cariño –Sigues siendo el mismo idiota de siempre –sonrió ligeramente mientras negaba con la cabeza.

–No me regañes, él fue quien vino aquí a molestar, yo no dije nada malo –hizo un puchero infantil.

El pelinegro alzó una ceja, sorprendido por el comentario –Kid, sabes que aún sigo aquí, ¿verdad? Solo estamos tú y yo.

–Trafalgar, el que creas que estoy loco es el menor de mis problemas –contestó indiferente, con los brazos cruzados sobre el pecho.

”Oye no seas grosero, el solo se preocupa por ti”

–Perdón –se disculpó cabizbajo, desviando la mirada hacia el suelo.

Nadie había comprendido por qué uno de los más grandes de la nueva generación desapareció repentinamente. La respuesta era más simple de lo que parecía: había perdido a su alma gemela.

Kid perdió a Killer en una batalla, y desde entonces, ya no volvió a ser el mismo.

–Al parecer sigues teniendo alucinaciones –dijo, frunciendo el ceño con evidente preocupación, aunque después de lo que vio, era más que obvio.

–Síp, y cada vez son más vívidas –respondió sin prestarle mucha atención, con la mirada perdida en el horizonte como si estuviera viendo algo que los demás no podían.

Law suspiró tristemente. Este no era ni de cerca el pelirrojo que alguna vez conoció. Después de su pérdida, Kid había empezado a perder la cabeza poco a poco. Hasta que un día, repentinamente, dijo “Killer, no puedes decir eso” en voz alta frente a un grupo pequeño de ellos. Después de eso, se alejó, dejando a todos desconcertados y preocupados por su estado mental.

Nadie sabía dónde estaba, excepto algunos de sus nakamas, hasta que un día, mientras iba de aventuras con Luffy, se toparon con él. Estaba completamente demacrado, y al principio fue hostil con ellos. Sin embargo, luego permitió que Law lo atendiera, claramente por insistencia del pequeño Mugiwara.

Una vez que habían ganado más confianza, el pelirrojo les confesó que periódicamente veía a Killer, para él era como si nunca se hubiera ido.

El médico le informó que estaba teniendo alucinaciones, y el ex-capitán pelirrojo simplemente lo miró y sonrió con resignación. “Creo que es lo único que me mantiene con vida”, dijo sin más, con una mirada perdida que revelaba la profunda melancolía que lo invadía.

Law y Luffy no pudieron quedarse por más tiempo en ese lugar, así que se despidieron de Eustass deseándole suerte. Desde aquella última vez ya había pasado bastante tiempo y muchas cosas habían cambiado.

Y al parecer, Kid estaba peor que en ese tiempo. Ya no le importaba nada, solo el hecho de que podía tener conversaciones con Killer y que siempre estaba con él.

Dejó de pensar en aquello y se concentró en el pelirrojo sentado en el jardín. Empezó a contarle lo que había sucedido en su ausencia y cómo habían cambiado las cosas. Las charlas con el pelirrojo eran más calmadas que cuando aún era capitán. La única diferencia era que, de vez en cuando, miraba hacia la nada y contestaba repentinamente, como si estuviera reaccionando a algo que solo él podía ver.

–Si sabes que él ya no existe y no se encuentra aquí verdad –dijo de la nada.

–La mayor parte de mi vida, él siempre estuvo aquí conmigo y se siente como si nunca se hubiera ido –sonrió nostálgicamente hacia la nada –Claro que sé que no está frente a mí –extendió la mano hacia el aire, como si intentara tocar algo –¿Crees que no me doy cuenta de que estoy en decadencia? Ya ni me importa.

Bufó al aire, expresando su frustración y resignación. Kid era consciente de su trastorno y, aun así, le daba igual. Ya no había vuelta atrás para él, y al parecer, no le importaba. Así que no podrían hacer nada para cambiarlo.

Sintió la presencia de Luffy acercándose y decidió romper el silencio –Estoy aquí con Mugiwara-ya –decidió decirle al pelirrojo.

–¿Así? ¡Qué genial! –dijo con ironía, con una mueca de sarcasmo evidente en su rostro.

–¿Acaso no lo notaste? –preguntó incrédulo, frunciendo el ceño mientras observaba cómo el otro negaba con la cabeza –Eustass-ya, no estás usando tu haki. Eso es peligroso. Alguien podría venir y atacarte de sorpresa.

–Trafalgar, ¿crees que me veo como alguien a quien le importe vivir? –dijo indiferente, con un tono de resignación en su voz, como si ya hubiera aceptado su destino.

Tenía razón, tal y como está, en parte hasta le sorprendió verlo mejor de lo que esperaba –Tú no has intentado, ya sabes...

–Más veces de lo que te puedes imaginar –sonrió con amargura, sus ojos reflejando una mezcla de dolor y resignación.

–¿Qué pasó? –preguntó Law, con curiosidad.

–Killer nunca me lo perdonaría –miró de reojo hacia un lado, como si estuviera evitando mirar directamente a una presencia invisible.

Law identificó que ahí era donde estaba Killer, según el menor.

No pasó mucho tiempo desde que le informó sobre Luffy para que este llegara –¡Buaaa, Jaggy, te ves fatal! –gritó desde la entrada del jardín.

–Tan estúpido como siempre, Mugiwara –rodó los ojos con exasperación hasta que notó a alguien detrás del pelinegro –¿Quién es ese? –alzó una ceja, claramente sorprendido.

–Él es nuestro hijo –Luffy tomó la mano del niño y lo acercó, dejando que Kid lo mirara mejor.

Kid se quedó mirando en silencio. Así que era su hijo. Eso era completamente nuevo para él.

–“¡Aww, es muy adorable!”

–Sí –estuvo de acuerdo en voz alta, con una sonrisa suave.

–¡Holi! Tú eres amigo de mis papás, ¿verdad? –saludó el niño, animado y con una sonrisa radiante.

Igual de confiado que Mugiwara, suspiró cansado –Hmh, no –se llevó la mano a la barbilla, como si estuviera pensando –Lo odio a él –señaló a Luffy con un gesto de desdén –Y a él –esta vez señaló a Law con una mueca de disgusto –Pero mi esposo insistió en que debería confiar en ellos, así que los dejé entrar en mi vida –se encogió de hombros con indiferencia –No me arrepiento de haberlo hecho, a veces son... agradables.

–Y ¿dónde está tu esposo? –preguntó el pequeño, curioso e inocente.

Ambos padres entraron en pánico por la pregunta del niño. Kid estaba en una situación en la que en cualquier momento podría explotar. Sin embargo, lo que ellos no tenían en cuenta era que este Eustass ya no estaba más a la defensiva. Ya no tenía a quién proteger.

–Murió –dijo sin más, su voz pesada con el peso del recuerdo –Hace un tiempo atrás, y lo único que me queda de él es este anillo –le mostró su anillo al niño con un gesto melancólico –Y mi trastornada subconsciente que se empeña en no dejarlo ir. Lo veo siempre conmigo, y es como si todavía estuviera aquí –sonrió con amargura, como si la sonrisa fuera un intento de disimular el dolor que sentía.

El pequeño no entendió aquello, así que no dijo nada más. En cambio, sus padres miraban al pelirrojo con lástima, reconociendo la carga que llevaba consigo. Definitivamente, ya no era lo que alguna vez fue.

–“Eso fue muy lindo, sabes siempre quise tener un hijo contigo

Claro que lo sabía. Una de sus tantas noches juntos, el rubio se lo había confesado con mucha pena. Eso le pareció adorable. Killer solo actuaba de esa forma cuando estaban solos. Era algo que solo él tenía la dicha de ver.

Luego de la confesión, le preguntó qué nombre le gustaría ponerle a su hijo, y el otro simplemente contestó “Kiki”.

Él se rió y lo miró a los ojos. “¿Por qué Kiki?”, preguntó, intrigado. Y el mayor lo señaló. “Kid”, luego se señaló a sí mismo. “Killer”. Besó al pelirrojo. “Kiki”.

Sonrió a la nada, recordando aquel momento lleno de ternura y amor –Kiki –murmuró.

–Kid, estás llorando –informó preocupado el pelinegro, notando las lágrimas que surcaban las mejillas del pelirrojo.

Esto lo tomó por sorpresa. Tocó su mejilla, notando que estaba mojada, y maldijo entre dientes –Mierda –desvió la mirada y se levantó del suelo –Vuelvo en un rato –y entró a la casa, cerrando la puerta tras de sí con un golpe suave.

Ambos pelinegros lo miraron con preocupación y un poco de lástima. Ninguno de los dos sabría cómo sería si se perdieran el uno al otro.

–¿Cómo lo notas? –preguntó el menor, con curiosidad y preocupación.

–No has visto nada, Mugiwara-ya. Puede estar hablando tranquilamente y de repente empieza a hablarle al aire. Para él, en estos momentos, no solamente somos tú y yo, también está Killer –acarició el cabello del pelinegro con ternura –Lo más raro es que él es consciente de su realidad, es solo que la mezcla con su imaginación.

Kid volvió con ellos, disculpándose una vez más por lo sucedido. Los tres adultos comenzaron a conversar, mientras dejaban que el niño jugara en el jardín. En su plática, Luffy pudo ver en carne propia lo que le había dicho Law. El pelirrojo estaba bien y de la nada tenía conversaciones con alguien que no estaba ahí. En parte, era doloroso de ver.

Ya estaba por despedirse cuando Kid les pidió algo –Les puedo pedir un favor –habló avergonzado.

–Claro –dijo Luffy, ofreciendo una sonrisa comprensiva.

–Si llego a morir, ¿podrían cuidar este lugar? –señaló el jardín con un gesto serio –Killer se molestaría si dejo esto abandonado. Él amaba nuestro pequeño hogar.

–No te preocupes, trataremos de no dejarlo abandonado –Law le aseguró con una sonrisa tranquilizadora.

–De acuerdo –suspiró y miró al niño con una ternura fugaz en sus ojos –Ten –le entregó sus gogles con un gesto amable –Devuélvemelos cuando vengas a verme de nuevo –le despeinó cariñosamente el cabello antes de dirigir su mirada hacia los padres del pequeño –Nos volveremos a ver –y se despidió de ellos con un asentimiento cortés.

Los tres pelinegros se despidieron del pelirrojo y se encaminaron de vuelta a su barco –orao, ¿crees que volveremos a verlo? –preguntó Luffy, con un destello de esperanza en sus ojos.

Law se encogió de hombros con gesto pensativo –No lo sé. Claramente, su futuro es incierto.


Por su parte, Kid los observaba alejarse, tomados de las manos, con una expresión melancólica en su rostro.

–“Siempre te dije que esos dos tenían algo, y no me quisiste hacer caso”

–Qué iba a saber yo. Tú eras quien notaba mejor las cosas –dijo con un suspiro resignado mientras entraba a la casa, dejando que la puerta se cerrara tras de sí.

Una vez dentro, comenzó a ocuparse de las tareas del hogar, pero como siempre, desde que no estaba con él, solo podía sentirse observado, una sensación que lo acompañaba constantemente, como una sombra que no lo abandonaba.

Cuando por fin pudo irse a dormir, simplemente se acostó en la cama, acomodándose de lado.

–Déjame ir contigo –murmuró en la penumbra de la habitación.

–“Ya estás conmigo, tonto” –sintió como si una ligera pluma acariciara su mejilla, una sensación reconfortante en medio de la oscuridad.

–Hablo en serio, quiero estar a tu lado, quiero rendirme –insistió, su voz cargada de anhelo y resignación.

“Estaremos juntos cuando llegue el momento, por ahora descansa” –respondió la voz en su cabeza, reconfortante y serena, como una promesa susurrada en la brisa nocturna.

Y con eso, cerró los ojos lentamente, dejando que su mente torturada descansara por fin, mientras pensaba en los buenos tiempos que había compartido junto a su pareja, reviviendo esos momentos como un suave bálsamo para su alma herida.

–“Te amo” –escuchó una voz suave y cálida en su mente.

–Te amo –respondió en un susurro, en la soledad reconfortante de su habitación, dejando que sus palabras se perdieran en el silencio, siendo escuchado únicamente por la nada, pero sintiendo la presencia reconfortante de su ser querido en su corazón.


Varios días habían pasado desde la última vez que había visto a sus amigos, y en ese momento se encontraba frente al Victoria, perdido en sus pensamientos, considerando si debería llevar a cabo su plan o no.

–“No deberías hacer eso” –escuchó una voz susurrante en su mente, interrumpiendo sus pensamientos.

–¿Cómo sabes en qué estoy pensando? –respondió, sorprendido, con una ceja arqueada.

–“Kid, soy parte de ti. Claramente sé lo que piensas” –la voz sonó tranquila pero firme.

–Claro que eres parte de mí, eres mi esposo, ¡Dah! –exclamó con frustración, sacudiendo la cabeza con una sonrisa.

–“No me refiero a eso, bobo. Digo que soy un producto de tu subconsciente” –la voz insistió, con un tono de paciencia.

–No digas esa mierda. Solo subamos al barco y seamos libres una última vez –respondió Kid, con una sonrisa desafiante, extendiendo la mano.

–“Estás demente” –la voz sonó dubitativa.

–Y aún así, nunca dejaste de amarme –añadió, con orgullo en su voz y una chispa de nostalgia en sus ojos.

Su plan era simple: volver a surcar el mar con Victoria Punk junto con Killer, como en los viejos tiempos, y luego de eso, ir a atacar una base de la Marina.

Lo hizo, aunque llevara tiempo sin luchar y usar sus poderes. Claramente dio una pelea digna, pero para él, ya todo estaba perdido. De todas formas, ya lo había perdido todo cuando Killer murió, y ahora solo quería encontrarse con él.

Fue una larga batalla en la que dio todo lo que pudo, pero no era suficiente. Así que, finalmente, solo sonrió con resignación y se dejó caer en el suelo frío de su barco. “Espérame, Kill. Pronto estaremos juntos” murmuró, con voz apenas audible.

¡Room!

El mundo se desvaneció en un destello de luz, y luego, nada más que oscuridad.


–¡Torao, tenemos que ir! –le gritó a su esposo, con urgencia evidente en su voz.

–Luffy, fue su decisión. No tenemos que interferir en eso –trató de calmarlo, con un tono sereno pero firme.

Luffy lo miró molesto, con los puños apretados –Es nuestro amigo. Por lo menos, merece terminar al lado de Killer –respondió con vehemencia, sin ceder en su postura.

–Tsk, de acuerdo. Solo observaremos a la lejanía y usaré mi poder para sacarlo de ahí –dijo Law, con un suspiro resignado, ofreciendo una solución para tranquilizar al otro y poner fin a la discusión.

Esa mañana se habían enterado de que Kid había sido visto una vez más en el mar, destruyendo todo lo que estuviera a su paso. Cuando les dieron esa noticia, ambos se quedaron helados, intercambiando miradas preocupadas que dejaban entrever la posibilidad de que el otro estuviera pensando en cometer alguna locura.

Y ninguno de los dos estuvo tranquilo hasta que volvieron a saber sobre el pelirrojo. Al parecer, tenían razón; les informaron que este se encontraba en una base de la Marina.

Para su fortuna, al parecer estaban cerca de dicha base, así que, a pedido del menor, se dirigieron allí para sacar al pelirrojo de ahí.

Cuando llegaron, desde lejos pudieron notar la destrucción y el metal volando por todos lados. Hasta que, de repente, todo el metal empezó a caer. Fue en ese momento que se dieron cuenta de que Law debería intervenir.

–¡ROOM!

En un abrir y cerrar de ojos, el cuerpo sin vida de Eustass estaba frente a ellos.

Sonrió al ver la sonrisa en los labios de Kid, reconociendo la paz en su expresión –Espero que ahora puedas ser feliz, idiota engreído –murmuró, con un nudo en la garganta.

–Shishishi –sonrió entre lágrimas –Creo que deberíamos llevarlo a casa.

Por suerte, la isla donde se encontraba Kid no se encontraba tan lejos de ahí, así que decidieron llevar el cuerpo junto a la tumba de su amado, para que pudiera descansar en paz, al lado de quien siempre fue su compañero y su amor más grande.

Ese lugar estaba lleno de flores, creando un paisaje precioso y tranquilo. En el suelo, pudieron ver el casco que siempre llevaba Killer, como un recordatorio tangible de su presencia y su ausencia.

Enterraron a Kid en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos, hasta que el pequeño niño que los acompañaba se acercó a la tumba. Con un gesto dulce y respetuoso, colocó los goggles del pelirrojo frente a su tumba.

–Dijo que se los diera cuando nos volviéramos a ver –explicó el niño, ofreciendo una sonrisa inocente a sus padres.

Ambos adultos también sonrieron con ternura ante el gesto del niño. Tomaron sus manos y se fueron de ahí, dejando atrás a un amigo muy preciado.


–Kid, despierta, querido. Es hora de irnos –murmuró con voz suave, acariciando suavemente el rostro del pelirrojo.

–¿Killer? Ir a donde, tú no... –comenzó a decir Kid, pero cuando sintió la mano de su compañero, comprendió todo. Había muerto.

Sonrió con serenidad, dejando que la aceptación llenara su corazón. Por fin, pudo abrazar a su compañero con ternura –Al fin estamos juntos –susurró, con un suspiro de alivio.

–Idiota, no debiste haber hecho eso. Por lo menos, esos dos te trajeron a casa –regañó con una mezcla de alivio y reproche, mientras miraba fijamente al pelirrojo.

–Deja de regañarme –respondió Kid, haciendo un puchero infantil –¿A dónde vamos?

Killer se encogió de hombros, con una expresión indescifrable en su rostro –No lo sé.

–Bueno, a quien le interesa. Estamos juntos, y es lo que importa –declaró Kid con determinación, mientras comenzaban a caminar hacia el horizonte, tomados de la mano.

Detrás de ellos, en la tumba adornada con flores, los goggles de Kid reposaban en silencio junto al casco de Killer.