El Llanto del Lobo; Aemond Targaryen

Summary

Disclaimer: Este fic no seguirá originalmente la historia de HOTD [En la mayoría de los casos] pero si se retomarán algunos acontecimientos de la obra original. Esta historia no es sobre incesto como TODAS las demás historias de Aemond tf, me aventuré a escribir algo entre Stark x Targaryen. Enjoy. ⚠️Durante el desarrollo de la trama se involucrará un triángulo amoroso entre Aegon, Aerith (OC) y Aemond⚠️

Genre
Romance/Scifi
Author
Status
Ongoing
Chapters
20
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 0; "Son of Mine"

[por favor voten y comenten para continuar fluidamente con las actualizaciones❤️‍🩹]

AERITH Stark era la única hija legítima de Rickon Stark y hermana menor de Cregan Stark. Fue concebida en el año 111 d.C., tres años después que su hermano mayor. La llegada de Aerith había sido inesperada, sus padres lo consideraron como un regalo de los Dioses y por ello, fue tratada como tal.

Ambos hermanos crecieron con verdadero amor de sus padres. Lastimosamente, Rickon murió en el año 121 d.C., 4 años después de la muerte de su hijo más joven, quedando Aerith y Cregan como la única descendencia reconocida por el Lord del Norte.

Lógicamente, tras la muerte de Lord Rickon Stark, el Guardian del Norte; su primer hijo varón, Cregan Stark, heredaría su lugar como Lord de Winterfell.

Cregan era muy joven para cumplir con ese cargo, pues tan solo tenía catorce años en aquel entonces, por lo tanto su tío Bennard Stark tomó el puesto por algunos años hasta que Cregan cumpliera la mayoría de edad y tuviera el poder suficiente para despojarlo de lo que era suyo, la herencia de su padre. Tanto así que en el año 126 d.C, a sus dieciocho años se rebeló contra su tío y lo encarceló junto a sus tres hijos, tomando el gobierno del Norte por su propia mano.

Aerith siempre había sido el arma de doble filo de Cregan porque no era más que su confidente y su recurso más fiel para obtener información confidencial de quien se le ocurriera. No importaba a donde tuviera que viajar, ella siempre obtenía lo que su hermano necesitara, sigilosa y calculadora como cualquier lobo.

Año 128 d.C.

Winterfell (Invernalia)

Aerith se mantuvo parada en un rincón de la habitación de su cuñada, quien se encontraba dando a luz a su primer hijo. La castaña se miraba completamente perturbada por la escena, no podía emitir palabra alguna siquiera. Sus ojos no podían dejar de mirar la traumática escena; sirvientas cambiando las sábanas de la cama entintadas en sangre y el Maestre limpiando el sudor con su antebrazo, observando con un gesto tenso la entrepierna de Arra.

La mujer de su hermano emite un grito desgarrador mientras puja por milésima vez durante su labor de parto. Cautelosamente uno de los ayudantes del boticario se acerca hasta dónde Aerith para informarle algo.

— Me temo hacerle saber que la madre está teniendo complicaciones para dar a luz a su hijo, Milady. —informa en un murmullo, causando un ligero temblor en el labio inferior a Aerith.

— ¿El bebé se encuentra bien? —preguntó, haciendo uso del mismo tono y concentrada en las maniobras de las sirvientas auxiliares.

— Si la madre continúa de esta manera, no le quedará mucho tiempo y el oxígeno se reducirá hasta matarlo.

Los ojos azules de la Stark brillan por alguna extraña razón entre las sombras de aquel rincón. Relame sus labios y al poco tiempo con determinación se acerca hasta su cuñada.

— Arra... —menciona su nombre suavemente, mientras limpia con un trapo el sudor que reposaba en la frente de la cobriza.

Aturdida, la mencionada lleva su vista hasta Aerith.

— No puedo hacerlo, Aerith... —balbucea débilmente y con la respiración acelerada— Estoy exhausta... —toma una larga bocanada de aire, haciendo su mayor esfuerzo por mantener sus ojos abiertos.

La Stark algo temblorosa sujeta entre sus manos la mano de su cuñada y con cariño deposita un beso sobre sus nudillos.

— Yo sé que puedes hacerlo. —aprieta su mano con fuerza— Puja lo más fuerte que puedas, Arra. Cuenta conmigo, ¿si? —a duras penas, la cobriza logra asentir con su cabeza— 1... 2... 3... ¡Puja! —y nuevamente esos gritos llenos de dolor hicieron eco por toda la habitación y pasillos. Despertando la preocupación en Cregan, quien esperaba ansioso fuera de su habitación.

Las sirvientas se acercaron a hacer maniobras hacia la madre primeriza, estrujando y presionando su barriga hacia el lugar de salida.

— 1... 2... 3... ¡Puja, Arra! —grita con exigencia esta Aerith, mezclando su voz con los alaridos de su cuñada.

Aerith no supo cuántas veces repitió la misma cuenta de números. Se estaba quedando sin aliento y este definitivamente es arrebatado cuando los chillidos de un recién nacido hacen eco dentro de su cabeza, dejándola desconcertada por un momento.


Una nueva vida había sido enviada por los Dioses.


Una sonrisa se extiende por el rostro de Aerith cuando lleva su vista hacia donde se encontraban atendiendo a su sobrino. La castaña regresa su atención a Arra, pero de forma instantánea su expresión se borra, dando paso a un gesto completamente contraído.

— Arra. —el nombre de su cuñada es expulsado con angustia y las puertas de la habitación son abiertas con brusquedad por su hermano, mientras el rostro de Aerith refleja pérdida.

Finalmente, la mano de Arra pierde fuerza alrededor de la de Aerith y en cuestión de segundos el cuerpo completo de la esposa de Cregan Stark pierde totalmente fuerza sobre la cama.

La Stark supo solamente una cosa en ese instante.

— Es un varón, Milord. —llega el Maestre con su hijo en brazos hasta Cregan, quien mira completamente destrozado a Arra.

— ¿Qué hay de mi esposa? —interroga en un tono desesperado, ignorando por un momento los chillidos de su recién nacido.

Aerith con pena endereza su postura y suelta la mano de su hermana política y con una posición algo encorvada, se acerca a su hermano.

— Arra ha muerto, hermano. —informó en un hilo de voz y una fina línea en sus labios — Lo dio todo en su parto... —desvía su mirada de él, no quería ver cómo el rostro de su hermano mayor se desencajaba. La ojiazul solo escuchó como Cregan corría hasta el borde de la cama para arrodillarse ante ahora, su difunta esposa.

Aerith escuchaba todo de forma borrosa. Llantos de su sobrino y los lamentos de su hermano hacia su esposa.

— ¿Cómo será nombrado su hijo, Milord? —el boticario le interroga a Cregan, quien limpia sus lágrimas y deja de mirar a Arra.

— Rickon... Rickon Stark, como mi padre. —asiente con su cabeza por inercia, sorbe su nariz y devuelve su atención hacia su joven y amada esposa, Arra Norrey.










Aerith se encontraba ayudando a dormir a su sobrino Rickon, a un costado de las cálidas brazas de la enorme chimenea del aposento de su hermano.

Le tarareaba dulcemente una nana que había escuchado hace un par de años atrás cuando estuvo en Desembarco del Rey.

Recordaba esa noche tranquila, cuando escapó de esa gigante pero horrorosa casa en la que se estaban hospedando para hacerle una visita al Rey Viserys, aún su padre vivía en aquel entonces... incluso su hermano menor. En su travesura, había logrado acercarse un poco a la ciudad y su curiosidad terminó por descubrir esa nana que una madre le tarareaba a su hijo mientras le daba pecho. Lo demás se torna borroso y aburrido.

— Algún día serás una gran madre, hermana. Quizás pronto.—la voz de Cregan interrumpe los recuerdos de Aerith, sobresaltandola un poco.

La castaña sonríe sin mostrar sus dientes y al confirmar que su sobrino se encontrara profundamente dormido, lo deposita en su cuna y se gira a mirar a su hermano. Cregan acaba de ingresar a su dormitorio.

— Ahora mismo ni siquiera es un sueño para mí. —aclara ella en un murmullo, recordando el suceso de horas atrás.

— Pues... Debes de tener en mente que tu mano ya ha sido reclamada por el hombre al que nuestros padres se la prometieron. —le recuerda el castaño de forma algo seria — Ya no puedes continuar evitándolo, has crecido lo suficiente Aerith.

La mencionada rueda sus ojos con desinterés.

— No estoy preparada para abandonar el Norte, ni Winterfell. —objeta con cierta inseguridad en su voz.

— Ni yo a mi hermanita. —admite él — Has estado siempre a mi lado, apoyándome y siendo mi mano derecha. Por supuesto que me duele dejarte ir a un lugar opuesto a nuestro hogar.

— ¿Puedo pedirte nuevamente que anules ese matrimonio? —se acerca a su hermano, plantándose a un metro de distancia apartada de él — No quiero saber nada de los Hightower, ni siquiera del posible viejo con el que me quieren casar.

Cregan ve detenidamente a Aerith.

— No puedo. —suelta con algo de dificultad— Es una promesa que mantuvieron nuestros padres tiempo atrás, incluso antes de que nacieras.

— ¡No quiero ser una deuda, Cregan! —exclama en un intento de no gritar.

— No lo eres. —intenta de calmarla, colocando una mano sobre su hombro— Solo... piénsalo de esta forma. Serás familiar de la Reina Alicent y de sus hijos. Esto es bueno para ti y tus futuras generaciones.

— Me importa una mierda las siguientes generaciones. —escupe con amargura — Yo no quiero formar parte de esto.

— Tu viaje a King's landing (Desembarco del Rey) está programado dentro de cuatro días. Te encontrarás con Ormund Hightower en Desembarco del Rey y de ahí partirán a sus tierras. —le hace saber nuevamente, como si lo hubiese olvidado.

Para Aerith era triste estar de vuelta a Desembarco del Rey y tener que encontrarse con su futuro esposos, todo este tiempo lo había recordado como algo lindo. Ahora solo lo veía como su mayor desgracia.

— Tu esposa acaba de morir, Cregan. —le recuerda con notoria rabia en su voz — Es increíble que estés pensando en mi matrimonio antes que en el funeral de Arra.

— No confundas las cosas, Aerith. —la mira con ira pura — No he podido siquiera ver a mi hijo por estar preparando el cuerpo de su madre para su eterno descanso. —le clarifica golpeadamente— No quiero escuchar más reclamos ante tu matrimonio. Dentro de cuatro días vas a ir de camino a Desembarco del Rey, te encontrarás con Ormund Hightower y llegarás a Oldtown donde te casarás. ¿¡Entiendes!? —eleva con aquello último su voz, provocando que su hermana lo viera con desaprobación.

— Rezo todas las noches para que los Dioses me escuchen y me salven de mi propia tumba... —las lágrimas en los ojos de Aerith se hacen presentes— Buenas noches... hermano.

Lo ve por última vez para abandonar su aposento y dirigirse cabizbaja hacia el suyo y ahí poder desarmarse por completo, sin que nadie lo notase.

Aerith sabía que si ponía un pie dentro de Oldtown jamás volvería a estar de regreso a Winterfell. Tenía miedo, se sentía aterrada y todo su cuerpo se le erizaba de tan solo realizar que el día estaba cada vez más cerca, podía sentir la bilis comenzar a quemarle toda su garganta.

Ahora solo ponía toda su fé en sus plegarias... Sin embargo, desafortunadamente ninguna clase de milagro ocurrió para cuando su viaje hacia King's Landing emprendió.

Continuará…

como coño se centra aqui el texto 😭