Prólogo
Las miradas de asombro no se hicieron esperar ante la hermosa figura de aquel ángel que tras ser desterrado de sus páramos, renació en la divinidad que era ahora, y junto a él dos de sus caballeros más fieles.
La piel de Mikey se erizó al verle, cabello rubio con reflejos negros que indicaban la caída del tinte, ojos azules que brillaban con malicia y altaneria, y sobre sus hombros lo que más terror le había causado, una chaqueta tan roja como la sangre que en letras negras llevaba el nombre de la pandilla que alguna vez le perteneció a su ya fallecido hermano.
Black Dragon.
Una sonrisa con dejé de arrogancia se plasmó en su rostro, Chifuyu quien a su lado se mantenía firme, también sonrió.
- ¿Qué sucede Manjiro?
Su nombre salió de los labios contrarios con cierta repugnancia en su habla, un escalofrío recorrió su columna vertebral al escucharlo.
- Te dije que volvería.
Aquellas palabras eran tan simples como una rosa pero tan venenosas como sus espinas.
Y él lo sabía.
Sabía que aquello había sido su culpa por haber confiado en las ciegas palabras de un timador, y se arrepentía.
Pero había algo que le inquietaba, algo que le carcomía al intentar dormir. Él no habría podido hacer renacer a los Black Dragon él sólo, había alguien detrás de todo.
Y ante sus ojos se materializó una figura alta y musculosa, de apariencia espeluznante, con una mente que, escondida es los lugares más recónditos de su interior, podría gobernar todo Japón si se le antoja, y que seguía fielmente a aquel de ojos zafiro.
Ahora lo sabía. Él era el creador de aquella fiera que con uñas y dientes defendía todo lo que, por derecho, podía llamar como suyo.
Él era el creador del rey.
The king’s maker.