𝙽𝚘𝚜 𝚟𝚘𝚕𝚟𝚎𝚛𝚎𝚖𝚘𝚜 𝚊 𝚟𝚎𝚛
Quién diría que su aniversario terminaría de esa forma...
Estaba celebrando cinco años de noviazgo con su pareja, un logro que consideraba un récord dado su carácter. De hecho, le sorprendía que alguien tan maravilloso como Luffy lo soportara.
Decidieron celebrar haciendo lo que a Luffy le apeteciera. Así que su maravilloso día comenzó con el monito arrastrándolo de un lado para el otro, lleno de emoción. Y él estaba encantado de complacerlo en todo lo que quisiera.
En un abrir y cerrar de ojos, la tarde había llegado y tenían que volver a su departamento. Se suponía que prepararían la cena juntos para tener una velada romántica y que su día terminara con ellos dos haciéndolo el amor.
Pero las cosas no siempre salen como a uno le gustaría...
En ese momento, se encontraban a unas cuantas calles de su departamento. Luffy lucía una hermosa sonrisa que competía contra la luz del sol.
–Apresúrate, Torao. Tenemos que llegar a preparar la cena –exclamó Luffy, lleno de entusiasmo.
–Ya te dije que no corras –respondió Law, tomando la mano del menor y acercándolo para abrazarlo –Voy a preparar tu favorito. Sanji me dio la receta.
–¡Genial! –contestó con ilusión.
Estaban a punto de cruzar la calle cuando, de repente, vio luces que venían directamente hacia ellos. Al parecer, alguien se había pasado la luz roja. Todo pasó tan rápido que no le dio tiempo a reaccionar.
Despertó al lado de Luffy, sintiendo un nudo de miedo en el estómago. Sin saberlo, le dijo con voz tranquilizadora –Todo estará bien.
Vio como Luffy le sonrió débilmente. Y luego, todo se volvió oscuro, sumiéndose en la inconsciencia.
Al abrir los ojos, Law miró a su alrededor y dedujo que estaba en el hospital. Estaba acostumbrado a estar en ese lugar, pero no en una camilla. Intentó levantarse, pero de repente comenzó a tener flashbacks de la noche anterior.
–Luffy –murmuró, con la voz llena de preocupación.
Una enfermera que aparentemente lo escuchó decidió llamar a uno de los doctores. Law sentía que el tiempo pasaba muy lento mientras esperaba a que uno de sus colegas llegara para atenderlo. La incertidumbre le pesaba en el pecho mientras recordaba los momentos confusos previos al accidente.
Por suerte, no tardó mucho en llegar. El doctor comenzó a hacerle preguntas que ya conocía, lo que resultaba irónico dado que él era el doctor, no el paciente. La revisión fue rápida, afortunadamente sus heridas no eran graves.
–Me sorprende que tus heridas hayan sido mínimas, Trafalgar –apuntó algunas cosas en sus notas.
Law se acomodó mejor en la camilla –Me encuentro bien, Marco. No siento mucho dolor, solo un par de moretones y ya. Puedo sobrellevarlo –dijo, apretando los puños nerviosamente –Ahora dime, ¿dónde está Luffy?
El rubio mayor dejó de escribir y lo miró seriamente –A diferencia tuya, sus heridas fueron mayores.
–Su estado, Marco, eso es lo que quiero saber –exigió nervioso, con la voz tensa de ansiedad. No necesitaba saber los tecnicismos, necesitaba saber cómo estaba.
Marco suspiró –Su estado es delicado.
Aquella información lo dejó helado. De repente, comenzó a moverse en automático. No quería creer en lo que Marco le dijo. Necesitaba verlo con sus propios ojos y darle un diagnóstico él mismo. No le importó escuchar cómo los demás le pedían que se detuviera. No lo haría hasta que lo viera. Su determinación lo impulsaba a actuar rápidamente, ignorando cualquier precaución o consejo.
Al llegar a la habitación donde sabía que lo encontraría, lo vio postrado en esa cama, pálido y triste. Su Luffy no era así; siempre iluminaba el lugar donde estaba. Pero ahora, lo único que lo mantenía con vida era una máquina.
Acarició su mejilla delicadamente, sintiendo la frialdad de su piel –Tienes que despertar –murmuró con voz temblorosa –No puedo perderte a ti también –le besó la frente con ternura, deseando con todas sus fuerzas que su gesto fuera suficiente para traerlo de vuelta.
Comenzó a sentir una angustia abrumadora, preguntándose por qué la muerte parecía perseguirlo de esta manera. Siempre se llevaba a los que amaba y lo dejaba solo y devastado. La injusticia de la situación lo agobiaba, haciéndolo sentir impotente y desesperado.
Se encontraba sentado a un lado de la cama de Luffy, tomándolo de la mano con firmeza, con la esperanza de que en cualquier momento despierte. Había decidido quedarse a su lado acompañándolo para que no se sintiera solo.
Mientras estaba sumido en la lectura, de repente se percató de la presencia de un hombre más alto que él, con cabello rojo y ropa negra, rondando por la habitación.
–¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? –preguntó nervioso, observando al intruso con cautela. Era obvio que ese tipo no era parte del personal del hospital.
Aquel chico lo miró sorprendido –¿Puedes verme? –inquirió, con una expresión de desconcierto en el rostro.
–¿Sí? –por qué no debería poder verlo, era jodidamente llamativo a la vista. Frunció el ceño –Responde, ¿quién eres?
–No sé, tú dime, quién crees que soy –el pelinegro lo miró extrañado –Te daré una pista, siempre he estado ahí, en el deceso de tus padres y hermana. Cuando Cora murió, un gran hombre, tuvimos una buena conversación. En fin, he estado en cada uno de esos acontecimientos y en cada uno de ellos te has burlado de mí Law, y una vez más lo has vuelto a hacer –miró al chico en la camilla –Pero no creo que él pueda.
Law abrió los ojos sorprendido –Eres la muerte –contestó, su voz apenas un susurro incrédulo.
–Ding, ding, ding, diste en el blanco –le dio la espalda y se sentó en el sofá de la sala –Si que eres inteligente amigo.
–¿Qué haces aquí? –preguntó nervioso.
Miro al pelinegro en la cama –¿Qué crees que hago aquí?
Law se paró frente a la camilla y se puso a la defensiva –No permitiré que te lo lleves a él también –dijo molesto.
–A no, ¿y quien va a evitarlo? tú –lo señaló –No me hagas reír –sonrió burlón, con una mirada desafiante que parecía atravesar el alma.
–Haré lo que sea –respondió serio, con la mandíbula tensa –Te daré mi alma a cambio de la suya –ofreció.
–Oh, eso me interesa –se levantó del sofá con un brusco movimiento –Sabes Law, no eres el primero que pide algo así –su voz resonaba con un tono siniestro mientras se acercaba lentamente, cada paso era como el eco de un reloj de arena que marca el tiempo final –Muchos ruegan e imploran gritando “Oh, mi señor, por favor, no me lo arrebates... –extendió su mano hacia la derecha, y con un chasquido siniestro, hizo que de repente apareciera una guadaña, como si la misma oscuridad hubiera tomado forma.
Después de ver eso, confirmó que frente a él estaba la muerte, tragó grueso, este será su fin. Tan solo espera que Luffy encuentre la felicidad con alguien que realmente lo merezca y pueda protegerlo.
–por qué no mejor me llevas a mí” pero cuando estoy frente a ellos y les doy la opción de cumplir su deseo, simplemente se arrepienten –apuntó la guadaña a tan solo centímetros del cuello de Law, la hoja reflejaba la luz de manera amenazante –Aun puedes cambiar de opinión.
El pelinegro se paró firme, con los músculos tensos y la mirada decidida –Si es lo que tengo que hacer para que Luffy sobreviva, lo haré –contestó sin dudar.
El pelirrojo sonrió levemente, como si encontrara cierto placer en la respuesta –Bien dicho –alzó la guadaña con un movimiento fluido, listo para atacar, y en ese instante, el aire se cargó de tensión, anunciando un desenlace rápido e indoloro.
–Kid, detente –se detuvo de golpe, con un movimiento brusco que casi desequilibró su posición, y la guadaña volvió a quedar a tan solo centímetros del cuello de Law –¿Qué estás haciendo? –la persona detrás del pelirrojo se escuchaba molesta, con un tono que resonaba con autoridad y disgusto.
Kid se encogió de hombros con desdén –Estoy cobrando un alma por otra –contestó indiferente, su mirada fija en el chico frente a él.
En ese momento pudo verlo, un rubio de cabello largo, vestido con ropa blanca que contrastaba con la oscuridad del ambiente.
El rubio frunció el ceño –Law no está en tu lista y Luffy tampoco, deja de mentir –se quejó.
Puso los ojos en blanco con exasperación, como si estuviera acostumbrado a las interrupciones –Le quitas lo divertido a mi trabajo, Killer –dijo con un tono sarcástico, y con un chasquido rápido, la guadaña desaparece en un destello oscuro que corta el aire.
Law solo puede observar la escena en silencio, con una mezcla de confusión y preocupación. No entiende nada, ¿está a salvo? y lo más importante, ¿quién es ese chico que parece tener tanto control sobre la situación?
Al parecer, el rubio lo notó y volteó a verlo con una sonrisa cálida –Law, cariño –lo tomó de la mano con ternura –Cuánto has crecido, la última vez que te vi apenas eras un niño pequeño.
El pelinegro lo miró extrañado, con las cejas ligeramente fruncidas –Disculpa, pero no te conozco –se disculpó con sinceridad, aunque podía sentir la mirada del pelirrojo clavada en él, como si estuviera esperando a que el rubio se distraiga por un instante para matarlo.
–Oh, claro, yo soy... –Kid lo interrumpió abruptamente, apartándolo de Law con un gesto brusco que denotaba impaciencia.
–A quien desprecias –terminó de decir, su voz cargada de un tono oscuro y acusatorio.
Law frunció el ceño –Yo no desprecio a nadie... –murmuró. Lo único que ha despreciado es su... vida... Imposible, no puede ser la vida. Aunque considerándolo mejor tiene sentido que la vida haya detenido su muerte.
–Él te odia –Kid continuó hablando, su tono firme y directo –Bueno, te odiaba, hasta que ese chico apareció en su vida –señaló a Luffy.
–¿En serio? –preguntó, su voz cargada de confusión y una pizca de tristeza –¿Por qué? –la pregunta flotaba en el aire.
–Porque es un mal agradecido, mi vida –tomó a Killer de las caderas con delicadeza, obligándolo a mirarlo directamente a los ojos, mientras una chispa de intensidad ardía en su mirada –A la primera que pudo, iba a desaprovechar todas las oportunidades que le has dado de vivir. Yo no lo perdonaría si fuera tú –sus palabras brotaban con desdén, como si no estuviera dispuesto a tolerar ninguna falta de respeto.
El rubio miró al pelirrojo con una mezcla de sorpresa y confusión, como si estuviera tratando de comprender las palabras que acababa de escuchar. Luego, se alejó de él para encarar al pelinegro –¿Eso es cierto, Law? –su voz denotaba preocupación, como si temiera lo que pudiera descubrir.
–Yo... –su mirada decayó, como si el peso del pasado se hiciera más evidente en sus hombros –Él tiene razón, pero fue porque en ese tiempo era muy joven y perder a las personas que amaba fue muy difícil para mí –sus palabras fluían con una mezcla de pesar y nostalgia, mientras su mirada se perdía en un recuerdo lejano. Luego, volteó a mirar al chico en la camilla con un brillo de gratitud en los ojos –Pero luego llegó Luffy a mi vida y aprendí a amar de nuevo. Si no hubiera sido por ti, nunca lo hubiera conocido, así que gracias.
Killer lo miró con ternura, sus ojos brillando con empatía –Qué bonito es el amor –dijo conmovido, dejando entrever una expresión cálida en su rostro.
El pelirrojo simplemente rodó los ojos con desdén –El amor te hace vulnerable. Abre tu pecho y abre tu corazón, lo que significa que alguien puede entrar en ti y deshacerte –se alejó fastidio.
Killer negó con una sonrisa juguetona –No le hagas caso, seguro está celoso –susurró con complicidad, acercándose lentamente a la camilla con movimientos suaves –Tranquilo, Luffy estará bien. Es más terco de lo que parece, es capaz hasta de luchar con Kid con tal de no dejarte solo.
Sus palabras lo reconfortaron, y una sensación de alivio lo invadió. Lu estará bien, y juntos podrán seguir siendo felices –Gracias –sus ojos se estaban empezando a llenar de lágrimas, su voz apenas lograba contener la emoción –Muchísimas gracias.
–Ves, el amor te hace débil –respondió Kid con un tono de superioridad, señalándolo como si fuera evidente.
El rubio hizo un puchero exagerado, arrugando la nariz con una mueca juguetona –Sabes que no es verdad –se acercó al pelirrojo con pasos suaves y colocó su mano sobre su hombro con delicadeza –Ahora vámonos y dejemos que Law descanse –añadió con una sonrisa tierna, mientras miraba a Kid con afecto.
Law había notado algo desde un principio, y eso era la mirada de Kid. Cuando hablaba directamente con él, su mirada demostraba desinterés, pero cuando se dirigía a Killer, su mirada cambiaba por completo.
–Nos vemos, Law. Espero puedas seguir viviendo tu vida al máximo –sonrió con calidez.
En cambio, el pelirrojo lo miró con una mirada penetrante como acero –Escucha bien, Trafalgar –dijo con voz firme, cada palabra resonaba con autoridad –La primera vez fue suerte, la segunda casualidad, la tercera es una burla. La cuarta... no habrá una cuarta. La próxima vez que nos veamos, te irás conmigo. Y en cuanto a él –señaló a Luffy –No habrá una segunda oportunidad. Así que cuídalo.
–Ya basta, Kid, lo estás asustando –se quejó con un puchero adorable, su gesto infantil contrastaba con la seriedad del momento.
El mencionado lo volteó a ver con una expresión suave y le acarició la mejilla con cariño –No es lo divertido de ser yo, ver el terror en sus ojos –respondió con una sonrisa burlona, aunque sus ojos brillaban con complicidad y afecto.
Law observaba la escena con una mezcla de incredulidad y asombro. Había cosas que nunca creía que vería en su vida, como tener a la muerte y a la vida compartiendo una misma habitación. Pero lo que definitivamente no esperaba presenciar era ver a la muerte besando a la vida.
–Adiós, Trafalgar –ambos se despidieron con un gesto sincronizado, y con un chasquido simultáneo, ya no se encontraban en la habitación.
Esta definitivamente había sido la noche más loca que Law había tenido en su vida. Tomó la mano de Luffy entre las suyas y la besó delicadamente –Tienes que despertar, tengo que contarte todo lo que pasó –susurró con ternura.
Se quedó un rato más vigilando el sueño del menor, hasta que inevitablemente se quedó dormido en su asiento, con la cabeza apoyada en la camilla.
Si algo pudo aprender de todo esto es que la única que puede engañar a la muerte es la vida. Y en ese momento, mientras descansaba junto a Luffy, Law sabía que la vida era algo por lo que valía la pena luchar, incluso en los momentos más oscuros y desafiantes.
A la mañana siguiente, Law despertó sobresaltado, su corazón aún latiendo rápido. ¿Aquello había sido un sueño? Se preguntó mientras parpadeaba.
Se estiró con cuidado, sintiendo cada músculo protestar por haber pasado la noche en una incómoda silla. Volteó a mirar a un lado y en la mesa de noche notó unas rosas blancas. Decidió tomarlas para ver quién las enviaba y para su sorpresa, en el medio había una rosa marchita, con una nota que decía “Nos volveremos a ver, viejo amigo”.
De repente, sintió un apretón en su mano. Al subir la mirada, se encontró con Luffy sonriendo con esa calidez tan característica suya –Hola, Torao.
Entonces, algo dentro de él se quebró y empezó a llorar, lágrimas de gratitud y alivio que habían estado contenidas por demasiado tiempo. Nunca había estado tan agradecido de estar vivo como en este momento, con Luffy a su lado, recordándole que la vida era un regalo que debía apreciar y valorar en cada instante.