Capítulo 1
Su corazón golpeaba fuertemente contra su pecho, haciendo que cualquier otro sonido fuera opacado a su alrededor. Su aliento era pesado, el sudor recorría por su rostro haciendo que tuviera que entrecerrar los ojos. Su cabello negro se le pegaba a la frente haciéndole picar, la necesidad de quitarlo era tan insoportable como el dolor en sus músculos.
Llevaba corriendo mucho tiempo, tanto que había perdido la noción de cuánta distancia recorrió desde el inicio. Su cansancio solo era superado por el terror que llenaba todo su cuerpo y que le impulsaba a seguir corriendo hasta que no diera más. El solo recordar esos aterradores ojos dorados que le miraron con la intensidad del fuego hizo que su estómago se hundiera.
Tropezó con la raíz de un árbol, instintivamente colocó las manos en el suelo para amortiguar su caída, logrando solo que sus palmas se rasparan tan profundo que soltaran sangre. Todo su cuerpo dolía, intentó ponerse de pie sintiendo el peso de toda su carrera colina abajo, el cielo estaba comenzando a tomar tonos rojizos y naranjas anunciando la pronta llegada de la noche, un sollozo escapó de sus labios por todo lo que estaba pasando
Las copas de los árboles se agitaban de forma violenta.
Se levantó luego de mucho esfuerzo; sus piernas ya no podían más, así que tuvo que arrastrarse hasta detrás de uno de los árboles que estaba más cerca. El terror invadía cada parte de su cuerpo, aún sentía la adrenalina golpeando su cuerpo haciéndolo temblar.
Llevó las manos a la boca, lodo ensangrentado se posó sobre sus labios, la parte de enfrente de su ropa estaba manchada de tierra, también se había raspado una de sus rodillas y al parecer perdió uno de sus zapatos, arriba de su cabeza las copas de los árboles se agitaron más. Algunas hojas y ramas cayeron muy cerca de donde estaba escondido.
Cerró los ojos escuchando como varias criaturas corrían por los árboles, se encogió sobre sí mismo intentando estar lo más callado posible. Las lágrimas se derramaron ante la desesperación, rogando a quien fuera que no escucharan los fuertes latidos que golpeaban su caja torácica, casi no respiró por miedo a que el más ligero de los suspiros pudiera llamar la atención de las criaturas.
Cuando el ruido fue alejándose hasta dejar el silencio total, retiró las manos de su boca, soltando un largo suspiro, observo por el lado derecho del árbol el camino por el que había corrido, estaba ahora lleno de hojas, miro sus manos con algo de esfuerzo porque la oscuridad volvía todo un montón de barro negro, solo sabía de sus heridas porque le ardían las manos, apoyo la cabeza contra el tronco del árbol, soltó una risa un tanto histérica, aliviado de escapar. Entonces una rama se partió justo a su lado izquierdo haciéndole volear la cabeza violentamente, sintiendo como los músculos protestaron dolorosamente por ese tirón, pero ese dolor quedó olvidado por la silueta apenas visible debido a la oscuridad de la noche y el par de ojos dorados que le miraban desde lo alto. Su cuerpo se enfrió a pesar del calor que hacía, y el temblor en sus manos que apenas se había calmado regresó junto al terror en su corazón.
Todo este lío comenzó cuando se separó del grupo que estaba de excursión, se encontraban visitando una reserva natural por parte de su gira por lugares míticos de china por parte del departamento de antropología de la universidad, no debió escuchar a su madre que le dijo que debía ir porque le darían punto extras por ese viaje y sería una gran forma de conectar con las raíces de sus antepasados, no le gustaba mucho el aire libre y el salir a caminar montaña arriba en medio del aire caluroso de finales de la primavera no valía la pena a su parecer, se quedó muy atrás al estar atándose una de las agujetas suelta, cuando todos sus compañeros tomaron un sendero con una bifurcación, él tomó el lado equivocado y para cuando quiso volver solo se perdió aún más en la montaña
Se había acabado el agua de la botella que traía junto con su bolso de la escuela, algunos lápices y un libro de notas, su teléfono estaba sin señal. Se arrepintió mucho de no empacar mejores cosas como algo que no fueran papas fritas y dulces.
Vago sin rumbo fijo durante mucho tiempo, el sol y el viento cálido hicieron su trabajo llevándolo al comienzo de la deshidratación y si no encontraba agua en cualquier momento sucumbiría por un golpe de calor. Con cada paso que daba los bordes de su visión se oscurecían más y más; un zumbido en sus oídos opacaba a cualquier otro a su alrededor hasta que de un momento a otro la tierra desapareció bajo sus pies.
Se hundió en agua fría que le regresó la lucidez de golpe, giro y pataleo, intentando salir del agua de forma desesperada, temiendo ahogarse ya que no sabía nadar, logrando poner los pies en el fondo, notando que era poco profunda, ya que logró ver el lecho del río nada más se paró. Juntó sus manos, tomando una buena cantidad de agua del río para después tragarla. Lo hizo unas cuantas veces más hasta saciar su sed, la temperatura de su cuerpo también se despejó haciéndole sentir mejor.
Caminó hasta dejarse caer en la grava cálida de la orilla, fue cuando escuchó el fuerte sonido de agua caer que había pasado desapercibido por el zumbido en sus oídos, un poco más adelante había una cascada enorme que volvió un poco más fresco el ambiente a pesar del calor, era muy ruidoso como si estuviera en medio de una lluvia torrencial, pero también era muy relajante. Se recostó boca arriba tomando un respiro, no le importaba la ropa mojada, seguro de que con este sol que estaba haciendo se le secaría rápidamente, tomó aire y lo soltó despacio intentando detener los escalofríos que recorrían su cuerpo por lo fría que estaba el agua del río; entre la relajación y el calor del sol se quedó dormido.
Un ruido le hizo levantarse de un solo, mirando a su alrededor. Apenas despertando su cerebro de la bruma del sueño, noto como algo estaba metido en su bolso. Que alguien se lo había quitado sin que se diera cuenta mientras tomaba una siesta.
Era un mono pequeño que se había hecho de la bolsa de papas que había sobrevivido al chapuzón en el río. Se acercó despacio para tomar su bolso, el mono podía quedarse con las papas, le interesaba más recuperar la botella de agua, este lo ignoró mientras comía muy quitado la pena.
Jaló el bolso y se acercó hacia la cascada. Observó que había más monos no muy lejos de la cascada bañándose para refrescarse, sacándose piojos o alguna otra cosa, sintió algo de náuseas al pensar que tomó agua que posiblemente tuviera pelos o bichos, pero se las aguantó porque era peor la deshidratación. Los monos ni siquiera le prestaron atención mientras abría el bote para atrapar algo del agua de la cascada para llenarlo, ahora consciente de su alrededor, el ruido de los monos jugando y conviviendo le recordaba al bullicio que hacían sus compañeros cuando llegaron a la excursión. Luego de que descansara y llenara con suficiente agua, su bote seguiría río abajo esperando encontrar el lugar donde se estacionó el autobús o llegar al pueblo más cercano y de ahí buscar el centro de visitantes donde los recibió su guía.
Cerró la tapa del bote y lo metió en su bolso, unas cuantas crías le miraban curiosas e intentaron acercarse revisando a este tipo extraño que llegó del bosque, paseándose por el río y la cascada como si nada, se sentó lejos de los monos y cerca de la orilla para quitarse los zapatos y los calcetines, torció estos últimos sacándole toda el agua. Estuvo tentado a sacarse la camisa verde que traía, pero no sabía si los monitos intentarían ponérsela y no quería arriesgarse a una quemadura grave de sol…
Dejó que las crías revisaran sus zapatos y les dio los dulces que aún quedaban en el bolso, sabía que tenía más, pero seguro se perdieron río abajo o el primer mono que asaltó su bolso se los llevó. Intentaba que no se acercaran mucho porque escuchó por ahí que los monos se ponían violentos si lucías amenazador para las crías.
Observó la cascada por un largo tiempo; era una vista bastante impresionante, una enorme pared de agua de la que salían numerosos arcoíris, las gotas que se desprendían al llegar a la base hacían parecer que el lugar tenía un brillo sobrenatural, como si esa cascada no fuera agua, si no una cortina que escondía detrás el brillo del mismo sol. Un fenómeno natural bastante impresionante, y era de los pocos privilegiados de encontrar este lugar aunque fuera en las peores circunstancias.
Los monitos le tocaron el pelo y se subieron en sus hombros, seguro le parecía interesante su poco pelo, los adultos de la zona no parecían preocupados por lo que hacían los jóvenes o el intruso que se acercó a su lugar de reunión, seguramente acostumbrados a que humanos aparecieran por ahí de vez en cuando como el templo de los monos en Tailandia, cuando estuvo seguro de que sus calcetines estaban lo suficientemente secos. Se los puso junto con sus zapatos, estiró su mano para tomar su bolso, notando que ya no estaba donde lo dejó.
—¿Alguno de ustedes tomó mis cosas? Les di todo lo que pudiera interesarles-
Se levantó rápidamente, colocando las manos en la cintura haciendo que los bebés monos se alejaran un poco haciendo ruidos, gruñéndose entre sí, echándose la culpa unos a otros como si en verdad le entendieran. Cuando estos dejaron de hacer ruido notó que los demás monos se detuvieron de lo que estaban haciendo, dejando todo en un silencio ominoso, un silencio apenas roto por el sonido de la cascada…
Los monos tenían su vista fija en la cascada, salvo por los pequeños junto a él, todos se quedaron callados mirando directamente hacia la cascada, esperando algo. Algo salió de la pared de agua, los aullidos emocionados de los monos reventaron en sus oídos, obligándolo a tapar sus orejas con las manos.
Algunos brincaron de la emoción, los monos bebés se subieron sobre sus hombros de nuevo haciéndole tropezar hacia adelante por el peso inesperado, el mono más grande que había visto en su vida salió de la cascada apartando las aguas como si tuviera control sobre ellas con su bolso en mano, su pelo era de un tono más oscuro que el resto de los monos del lugar
—Veo que tenemos un visitante no invitado-
Sintió que su boca se seca y un hueco se habría pasado en su estómago, escuchar otra voz a sabiendas de que no era humana, era lo más aterrador; darse cuenta que le entendía a pesar de saber chino básico. Comenzó a sentir que la horrible verdad de estar en el peor momento, en el lugar equivocado sería la menor de las cosas que le pasarían si se quedaba aquí más tiempo.
-yo- o lo siento si cause alguna molestia, llegue por accidente, pe-pero ya me iba-
-¡¿ACASO TE DI PERMISO DE HABLAR?!-
Su cuerpo se tensó de una manera que no podía mover un solo músculo. Aun cuando los monos bebés jalaban su ropa, como si un hechizo le impidiera siquiera que una pestaña se moviera al parpadear, su garganta se vio apretada apenas dejándole respirar. Los bebés parecían muy alterados de que su nuevo amigo no se moviera por mucho que tiraran y se colgaran.
El mono enorme se le acercó tan rápido que en unos parpadeos ya estaba frente a su cara, tomándole de la barbilla con una fuerza aplastante. Logró ver unos ojos dorados que se quemaban con el mismo fuego del infierno y su cara se veía demasiado humana para ser solo un simple mono sobrealimentado, toda la sensación de valle inquietante le golpeó con toda su fuerza algo que se ve humano, pero sabes que no lo es, su rostro podría haber sido atractivo si no fuera un mono. Las lágrimas bajaban por sus mejillas ante el temor que llenó su corazón al observar a semejante monstruo.
—Ese humano está vivo, así que no se preocupen; su carne estará tierna todavía-
Las crías comenzaron a ponerse más inquietas.
—¿Qué no quieren? Solo es un humano estúpido perdido en el bosque; seguro nadie lo extrañará hasta dentro de unos años-
Con ese comentario no pudo resistir más y empujó al ser frente a él, tomándolo por sorpresa a este y a los monos, logrando soltarse del agarre en su quijada, también haciendo que los pequeños cayeran, alterando a la manada. El joven se tropezó un par de veces mientras corría como alma que llevaba el diablo, nunca mejor dicho, adentrándose en el bosque, pero escuchó ruido que algo le perseguía…
—¡¡por favor, por favor, yo no he hecho nada malo!!-
Se retorció intentando salir del agarre de ese mono que le traía sobre su hombro como un saco de papas. No importaba cuanto pataleara, suplicara y se retorciera, no logró zafarse como la última vez. No dejó de luchar hasta que se quedó sin energía.
Volvió a escuchar el sonido de la cascada, estaba regresando ahí, seguro sería su tumba y nadie encontraría sus restos hasta pasados tal vez siglos cuando esta cosa muriera. No pudo evitar echarse a llorar de nuevo, seguro había perdido la oportunidad de negociar por su vida en el instante en que se echó a correr, seguro eso solo alborotó más los instintos primarios de caza.
Recordó que en un video documental decían que los monos también gustan de casar pequeñas aves y algunos animales, aún si su dieta consiste en frutas y algunas plantas. Estos eran monos devoradores de carne, de carne humana, para ser más precisos. ¿Cómo demonios se atreven a abrir excursiones a lugares como estos? Donde gente que se perdía como él, serían cazados como conejos por lobos, le dio un último golpe a la espalda del mono antes de ser mojado por el agua de la cascada, que se sintió como si le dieran un golpe con un pedazo de concreto helado.
Él se quedó sin aire mientras entraban a una gruta escondida detrás de la cascada. Logró ver que estaba pasando sobre acero, un puente de acero, por debajo de este había una corriente de agua, cuando atravesaron el puente seguido por un grupo de monos que los seguían después de la cacería. Podía ver una columna de piedra que parecía tener un cartel de hierro, por desgracia, no pudo leer que decía por su posición.
Le dolía el estómago por la incómoda posición en la que estaba sobre el hombro del mono humanoide. Apretó el pelo de la espalda de este, que era de un tono marrón oscuro, maldiciendo su mala condición física que le hizo perder a su grupo. Y su suerte, que lo llevó a ser devorado por un monstruo y su ejército de monos, fue un milagro que no se hubiese desmayado para este punto
Pasaron por un arco de madera que resultó ser la entrada de una mansión enorme con diseños de flores y enormes jardines, le llevaron hasta lo que era un patio donde descansaba una mesa de piedra enorme, rodeada por un montón de sillas; fue arrojado sin ceremonia sobre esta haciendo que se golpeara un lado de la cabeza contra la piedra provocando que sangrara. Los monos que les seguían aullaron y gritaron emocionados por el derramamiento de sangre…
Giro sobre la mesa intentando gatear fuera de esta, pero los monos le atraparon por las extremidades, le desgarraron las piernas de los pantalones, el instinto de lucha y huida regresó alimentado con la adrenalina. Le dio un puñetazo en la cara a uno de los monos, sacándoselo de encima, pero rápidamente otro tomó su lugar rompiéndole la camisa desde el centro del pecho.
Un par de manos grandes con garras sostuvo su cabeza, obligándolo a dejarla quieta. Mirando directamente al mono humanoide que le había atrapado, su pulso se aceleró al volver a ver ese par de ojos dorados. Su respiración era apenas superficial al ver como esos ojos cambiaban, ya que la parte de la córnea era de un tono rojo sangre, sus mejillas se calentaron, no sabía si por el esfuerzo u otra razón.
Entonces un dolor punzante llegó desde su pierna izquierda, soltó un grito que hizo eco en el interior de la cueva, resonó en sus oídos y luego otro dolor por su costado. Intentó levantar la cabeza para ver qué pasaba, pero las manos en su cabeza no le dejaron, soltó otro grito, las lágrimas de dolor y terror bañaron su cara;
El gran mono rodeó su cuello con una mano, para mantener la cabeza quieta, tomó la mano derecha del chico que estaba manchada de sangre, ignorando los sollozos y los gritos. Pasó su lengua recogiendo la sangre con tierra en la palma de la mano. La estuvo saboreando por unos segundos, entonces se detuvo y bajó la mirada hacia el chico que estaba dejando de gritar.
Algo cambió en su mirada justo antes de que el chico se desmayara, reconocía ese sabor de algo que probó hace mucho tiempo, no era el mismo sabor de la típica sangre humana, esta era especial. Sentía cosquillas en el fondo de su garganta llenándolo de poder, soltó un grito y golpeó a los monos que estaban sobre el chico, los cuales tenían algo de sangre y carne en sus bocas.
Tomó al chico en sus brazos, mirando todo el daño en su cuerpo. Las lágrimas secas y nuevas que manchaban su cara eran una vista tan similar que no sabe cómo lo pasó por alto.
-maestro-
¿Estaba muerto?
No, no lo estaba si el dolor era una prueba de vida, abrió los ojos notando que un techo le saludaba, se levantó usando sus codos como apoyo, aunque no llegó muy lejos por un dolor punzante en su costado. Se dejó caer en lo que suponía era una cama, era muy esponjoso y cómodo.
Se giró de costado para ver donde estaba, la habitación estaba iluminada con una lámpara de aceite que tenía pinta de ser antigua colocada en el suelo, no estaba muy lejos de su cama que parecía ser una mezcla de mantas y cojines grandes en un marco de madera. La cama tenía cuatro columnas que llegaban hasta el techo del que salían unas cortinas recogidas con cintas de un color dorado.
Noto que su cuerpo estaba cubierto de vendas, su pierna izquierda estaba completamente blanca con algunas manchas rojizas e inmovilizada con madera, su abdomen estaba vedado y sus manos también; al parecer le pusieron una especie de ungüento por el fuerte olor que desprendía y que le hizo sentir algo adormecidas las lesiones. Noto que estaba solo y que le faltaba todo salvo su ropa interior. Estaba agradecido de no poder ver que tan mal estaba su pierna por las vendas que sentía, tenía que ser a la que peor le fue.
No sabía por qué razón le perdonaron la vida, pero seguramente no sería algo bueno. Estaba ahora solo, podría intentar escapar, aunque en su condición seguramente no llegaría muy lejos, logró apoyar su espalda en una de las columnas, en su nueva posición pudo ver la gran puerta doble que daba entrada a la habitación, era de un diseño antiguo, tal vez de madera oscura, no podía decir bien qué diseño tenía por la tenue luz de la lámpara de aceite, pero seguro que tenían tonos dorados.
Estas se abrieron de repente, dejando entrar a los monos bebés que corrieron hasta la cama, haciendo que el chico se encogiera del susto y al hacer esto soltara un jadeo de dolor que los hizo detenerse y acercarse de forma más tranquila
-ellos no te harán nada, estaban preocupados por ti-
Detrás de los monitos apareció el mono humanoide con una bandeja que sostenía una taza humeante y una tetera que parecían ser de porcelana fina, retrocedió asustado cayendo por uno de los lados de la cama, pero no logró llegar al suelo. Algo suave y peludo le atrapó volviéndolo a colocar de nuevo en la cama.
—¡No me toques!-
El chico se alejó una vez que lo pusieron de nuevo en la cama y se adentró hasta quedar en medio, hundido en tan esponjoso material.
—Lo siento mucho, maestro, este discípulo le ha fallado en reconocerle-
Vio al mono caer de rodillas en el suelo, golpeando su frente contra este tres veces, dejando descolocado al joven que solo quería esconderse debajo de alguna sabana…
—¿Qué maestro? , ¡Yo no soy maestro de nada! ¡Apenas son un estudiante!-
El mono levantó la cabeza, mirando al chico con esos ojos dorados que le hicieron estremecerse de nuevo, queriendo esconder su desnudez. Al ver la reacción de este, el mono se encogió a una altura que no fuera tan abrumadora para el chico frente a él. Ahora que lo veía mejor notó que el mono llevaba unos pantalones holgados de color rojo que se mantenían en su lugar atado con un pedazo de tela negra. Había parches de piel entre todo ese pelo marrón que eran cicatrices, le hicieron pensar en que ese mono peleó contra muchas bestias, su cara también tenía al menos dos cicatrices, una en la mejilla derecha y otra en la frente…
—Maestro, ahora no lo sabe, pero con el tiempo entenderá de lo que hablo. Ahora ¿por qué no toma algo de té? Le ayudará con sus heridas y el frío por la pérdida de sangre-
—No soy nada y ¡no tomaré nada de ti!, ¡intentaste comerme junto con todos esos monos!-
—Entiendo que no confíes en mí, luego de lo que pasó, pero debes entender que este gran Sun solo quiere lo mejor para su maestro-
—Ya basta eso de decir maestro, ¡yo no soy maestro de nadie!-
—Tú eres mi maestro, la 15va reencarnación de la cigarra dorada, la quinta reencarnación del Buda del mérito del sándalo-
—¿Qué?-
Sintió un frío y calor en su pecho que no tenía absolutamente nada que ver con la pérdida de sangre al escuchar al mono decir esas palabras con admiración y entusiasmo.
—Y el destino te ha traído de regreso a mí, ¡tú más fiel discípulo!-
-¿E- Eres el rey mono Sun Wukong? ¿Del viaje al oeste?-
Se llevó una mano al pecho, temiendo por la sonrisa desquiciada que apareció en el rostro del mono al entender que este joven sabía quién era aunque no de la forma que quería…
—Veo que mi nombre aún es recordado hasta el día de hoy-
El joven se desvaneció cayendo en la cama, sintiendo mucho más frío que antes, ¿cómo era posible que esa bestia que casi lo mata fuera el gran sabio igual al cielo? Recuerda que en las historias era un mono no más grande que un niño. Este ser no exudaba nada más que maldad y violencia. Sintió la cama hundirse a cada lado de su cuerpo, levantó la mirada hacia el rey mono con los ojos tan abiertos como un venado ante los faros de un auto.
Se quedó sin aliento al sentir esa mano con garras acariciar con gran ternura una de sus mejillas un poco regordetas. Luego fue bajando despacio por el cuello del chico, su rostro mostraba algo de arrepentimiento por el morado en su barbilla y cuello donde lo había sujetado con fuerza. Ignoro el temblor del cuerpo del chico mientras pasaba sus dedos por el pecho de este, revisando unas extrañas cicatrices que noto en este debajo de ambos pectorales, parecían viejas pero curadas adecuadamente.
El joven envolvió los brazos alrededor de su pecho al sentir que el mono tocaba sus cicatrices, Wukong se sorprendió un poco por la acción, pero no sería la primera vez que su maestro le sorprendiera, si logró escapar de su hechizo de parálisis aún sin conocer su naturaleza.
—Los cielos nos separaron tan egoístamente-
Tomó su tamaño anterior para poder rodear el cuerpo algo frío de su maestro, debía hacerle recuperar toda esa sangre que perdió y ejecutar a los monos que probaron la sangre y carne del joven.
-Por favor no-
Intento zafarse del agarre, pero estaba tan cansado y el abrazo era tan cálido y reconfortante que no sabía por qué; temía dormirse y que el mono cambiara de opinión e intentara comerlo como antes. Le tenía un gran miedo a este ser, que le aseguraba ser la reencarnación de un erudito muerto hace muchos siglos.
—tranquilo, maestro, voy a cuidarte, nadie volverá a separarnos, ni siquiera Tathagata volverá a ponerte un dedo encima-
El chico soltó un sollozo, negándose a mirar al rey, hasta que terminó perdiendo la conciencia del abrumador terror y que bueno que lo hizo. Porque de no hacerlo habría visto la mirada maníaca cuando hizo esta promesa. Los bebés monos soltaron unos chillidos para llamar la atención del rey, ya que el chico se había desmayado por todo el estrés
—Así que aún sigue muy cansado-
Wukong tomó una sábana y se la colocó encima al chico, le dio un beso en la frente y otro en los labios antes de ponerse de pie y salir de la habitación para buscarle algo de comer al joven, no sin antes dejarles dicho a los monos bebés que cuidaran de su maestro. El rey mono en medio del corredor solitario no pudo evitar saltar y reír como un animal loco, su maestro había vuelto a él luego de tantos años de búsqueda y asesinato de todo aquel que se negara a decirle donde terminó el alma de su maestro. Cuando estaba a punto de rendirse y sucumbir a la desesperación, este joven aparece atravesando el mismo río que siglos atrás lo trajo a él y un puñado de monos hacia la cueva de la cortina de agua.
Se sentía como una doncella emocionada luego de ver regresar a su marido de un largo viaje. Se llevó las manos a la cara riendo un poco más calmado, su pelo se esponjó de la emoción, por ahora tenía mucho que hacer y prepararse para una posible visita de algún entrometido del cielo. Si llegaran a enterarse de que ahora tenía a la nueva reencarnación de su maestro, quemaría los cielos de nuevo para mantener a su amado maestro entre sus brazos.