Las aventuras de Naruto ladybug y cat noir
Hace siglos, en los albores de la civilización, se forjaron joyas de un poder inimaginable: los Miraculous. Los kwamis, diminutos seres cósmicos, otorgaron su poder a héroes para proteger a la humanidad.
De entre todos los Miraculous, dos destacaban por su fuerza y significado: los aretes de la mariquita, símbolo de la creación y el Yin, y el anillo del gato negro, emblema de la destrucción y el Yang. Se decía que quien poseyera ambos podría pedir un deseo, pero a un alto costo. Un deseo que, al romper el equilibrio universal, exigiría un sacrificio que nadie podría prever.
Sin embargo, esta creencia no era toda la verdad. Había un tercer Miraculous, más antiguo y poderoso que los otros dos: el collar del Kyubi, el zorro de las nueve colas. Su kwami, Kiuby, representaba el equilibrio absoluto, capaz de unir todas las fuerzas en armonía… o anularlas por completo. A diferencia de Plagg, el kwami del Yin, y Tikki, el kwami del Yang, Kiuby existía más allá de la creación y la destrucción. Este Miraculous ocultaba un secreto aún más profundo.
Según una antigua profecía, quien reuniera los tres Miraculous y revelara el verdadero nombre del kwami del Kyubi podría hacer un deseo sin las consecuencias fatales de desequilibrar el universo todo esto lo decía Un diminuto ser de color morado flotaba frente a una figura ensimismada en sus pensamientos.
La sombra permanecía inmóvil, con la mirada fija en la fotografía de una mujer sonriente. Una voz cargada de obsesión como a las ves tristeza susurró:
—Necesito ese deseo, Nooroo. Necesito esos Miraculous.
Sus ojos reflejaban una determinación inquebrantable.
Nooroo, el kwami de la mariposa, flotaba a su lado, visiblemente preocupado.
—Pero, maestro… nadie sabe dónde están esos Miraculous —respondió con voz temblorosa.
La sombra giró con brusquedad y atrapó a Nooroo entre sus dedos.
—Pero a ti te encontré, mi pequeño Nooroo —dijo, acariciándolo suavemente—. Recuérdame tus poderes.
Resignado, Nooroo explicó con voz baja los efectos de sus poderes Akuma, capaces de corromper objetos para otorgar poderes oscuros. La sombra sonrió con malicia y se volvió hacia un antiguo libro.
—¿Y qué mejor manera de atraer héroes que creando villanos? —murmuró, mientras su expresión helaba el aire a su alrededor.
—¡No! —protestó Nooroo con horror—. Los Miraculous no deben usarse para el mal.
La sombra rugió de frustración.
—¡Necesito poder absoluto! ¡Ahora tienes que obedecerme soy tu maestro quedo claro!
Pisoteó el suelo con furia, haciendo que las mariposas revolotearan frenéticamente. Nooroo, aterrorizado, asintió con un débil movimiento de cabeza.
— ahora .....Nuru, alas oscuras… ¡elévense! —ordenó el hombre, colocando el Miraculous. Una energía oscura lo envolvió, transformándolo.
Con una nueva apariencia y una sonrisa cruel, se dirigió a la ventana. Sus ojos brillaban con ambición desbordante.
—Conseguiré los Miraculous de Ladybug, Cat Noir… y el Kyubi. —Sus labios se curvaron con arrogancia—. Seré conocido como… Hawk Moth.
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En un taller oculto de París, el maestro Fu, un anciano de mirada sagaz, trabajaba con precisión. A su lado, Wayzz, un pequeño kwami con forma de tortuga, irrumpió, agitado.
—¡Maestro, maestro! ¡El Miraculous de Nooroo ha caído en malas manos! Siento una energía oscura…
Fu detuvo su labor y frunció el ceño.
—Creí que se había perdido para siempre… —murmuró mientras acariciaba su barba blanca—. Pero esa presencia… es maligna. Nooroo ha sido corrompido.
Wayzz agitó sus aletas con inquietud.
—Debemos detenerlo, maestro. París está en peligro.
El maestro Fu asintió con gravedad.
—Sí… pero no podemos hacerlo solos. Necesitaremos ayuda.
Wayzz lo miró con preocupación.
—¿Está seguro, maestro? Ya no es tan joven como antes.
Fu esbozó una leve sonrisa.
—Wayzz, tengo 186 años. Mientras aún respire, protegeré los Miraculous. —Con un gesto ágil, deslizó su brazalete—. ¡Wayzz, Carapa…! Un dolor agudo lo detuvo, obligándolo a arrodillarse.
—¡Maestro! —gritó Wayzz, alarmado—. ¡Debe descansar!
—Tienes razón, mi pequeño amigo… Necesitamos un plan —jadeó Fu, poniéndose en pie con esfuerzo. Se acercó a una caja fuerte oculta y la abrió con cautela. Dentro, una colección de Miraculous brillaba como estrellas. Entre ellos, destacaban los aretes de Ladybug, el anillo de Cat Noir… y un collar dorado con un resplandor místico: el Miraculous del Kyubi.
En otro lado de la ciudad
un rubio dormía profundamente. Su cuerpo estaba relajado, con un brazo colgando del borde de la cama y un hilo de baba deslizándose por la comisura de sus labios. Roncaba ligeramente, sumido en un sueño tranquilo. Sin embargo, su paz fue interrumpida por un agudo sonido: el despertador comenzó a sonar con insistencia.
—Mmm… —murmuró Naruto, moviendo una mano a ciegas hasta que logró apagar la alarma tras varios intentos fallidos.
Se sentó en la cama, estirando los brazos y bostezando con fuerza. Sus ojos seguían medio cerrados mientras se levantaba tambaleándose rumbo al baño.
Ahora, quizás te preguntes quién es este rubio. Naruto Agreste, hijo adoptivo de Gabriel Agreste y hermano mayor de Adrien Agreste. Pero para entender cómo llegó a formar parte de esta familia, debemos retroceder en el tiempo.
Flashback
Era un día perfecto en París. Gabriel y Emily Agreste paseaban por la ciudad, disfrutando de la brisa fresca y del placer de caminar sin la compañía de su habitual limusina. Emily llevaba en brazos a Adrien, un bebé de mejillas rosadas que miraba el mundo con curiosidad.
Al pasar junto a un callejón estrecho, un sonido quebró la armonía del momento: el llanto débil de un bebé resonaba entre las sombras. Emily se detuvo de golpe.
—Gabriel, ¿oíste eso? —preguntó con un tono de preocupación, colocando a Adrien en los brazos de su esposo.
—Sí, pero... —empezó Gabriel, mirando a su alrededor con el ceño fruncido.
Sin esperar respuesta, Emily avanzó hacia el callejón. La penumbra envolvía el lugar, y el eco del llanto la guio hasta una pequeña figura envuelta en una sábana desgastada. Allí, sobre el suelo frío y sucio, yacía un bebé solitario.
Emily se arrodilló lentamente, con el corazón apretado. Cuando sus manos tocaron al pequeño, el llanto cesó de inmediato. El bebé abrió los ojos, grandes y llenos de inocencia, y levantó las manitas hacia ella, buscando su rostro con dedos diminutos.
—Oh, mi pequeño… —susurró Emily con una calidez infinita. Sus labios se curvaron en una sonrisa tierna mientras lo envolvía en sus brazos con cuidado.
—Emily, ¿qué piensas hacer? —preguntó Gabriel al llegar junto a ella, Adrien aún en sus brazos. Sus ojos serios se clavaron en el bebé.
Emily lo miró con determinación. —Adoptarlo.
—¿Estás segura? —arqueó una ceja, incrédulo.
—No puedo dejarlo aquí para que muera solo, Gabriel. Mira… —acarició la suave mejilla del bebé—. Tiene frío, hambre… necesita amor. Y siempre quise otro hijo. Puede crecer junto a Adrien, como hermanos.
El bebé comenzó a moverse, y al ver a Gabriel, extendió las manos hacia él. Emily rió suavemente.
—Mira, quiere ir contigo.
Con cierto recelo, Gabriel tomó al pequeño en sus brazos. El niño suspiró, acurrucándose contra él con total confianza, y pronto volvió a dormirse.
—Bien —dijo Gabriel con voz baja, acariciando la cabecita rubia—. Es… lindo. Muy bien, llevémoslo a casa.
Así, el bebé fue nombrado Naruto, un nombre que Emily había tomado de una novela que le había conmovido profundamente.
Los años pasaron, y los hermanos crecieron juntos. Naruto era un niño lleno de energía, siempre corriendo de un lado a otro, con una risa contagiosa que iluminaba cada rincón de la casa. Adrien, por su parte, tenía un espíritu tranquilo, pero compartía la misma bondad y nobleza que su hermano mayor. Juntos, enfrentaban el mundo, inseparables y unidos por un lazo inquebrantable.
Sin embargo, la felicidad de la familia Agreste fue efímera. La tragedia golpeó sin piedad el día que Emily falleció.
Los niños quedaron devastados. Naruto lloraba en silencio durante las noches, abrazando a Adrien mientras ambos intentaban consolarse mutuamente. Pero fue Gabriel quien sufrió la pérdida de manera más profunda. Su corazón se endureció, y la calidez que alguna vez había definido su hogar se apagó. Se volvió distante, sumido en sus propios demonios, y dejó a sus hijos bajo el cuidado de Nathalie, su asistente personal.
Con el tiempo, Naruto y Adrien encontraron fuerza el uno en el otro. Sus risas volvieron, aunque llevaban en sus corazones las cicatrices de la pérdida.
La alarma de la casa resonó de nuevo. Naruto, ahora completamente despierto, sonrió con melancolía al recordar el pasado.
—Mamá —murmuró, mirando hacia la ventana donde la luz del sol iluminaba el nuevo día—, espero que estés orgullosa de nosotros.
Naruto, ya vestido y preparado, se deslizó por los pasillos de la mansión Agreste con el sigilo de un gato. Su misión: salir sin ser visto. Era el primer día de clases, y no pensaba perderse la oportunidad de asistir, aunque sabía muy bien que su padre jamás lo permitiría. Él y Adrien tenían una sesión de fotos programada, como de costumbre. Ser el "Dúo Agreste" los había convertido en íconos de la moda gracias a Gabriel, el diseñador más prestigioso del mundo.
—No hoy —murmuró para sí mismo, con una sonrisa traviesa en los labios.
El rubio logró evadir a Nathalie y al imponente guardaespaldas conocido como "Gorila". Pasó como una sombra silenciosa, tomando su patineta y desapareciendo por la puerta principal. El aire fresco de la mañana lo recibió mientras patinaba lejos de la mansión.
Dentro, Adrien despertaba con un bostezo, su rutina marcada por la misma inquietud. Se vistió y fue al cuarto de su hermano, solo para encontrar la cama vacía.
—¿Se fue sin mí? —susurró, frunciendo el ceño.
Sin perder tiempo, Adrien intentó seguir los pasos de Naruto. Sin embargo, esta vez no tuvo tanta suerte. Nathalie lo vio y sin dudarlo le aviso ah Gabriel
Mientras tanto, Naruto avanzaba por las calles de París, disfrutando la libertad que sentía al deslizarse con su patineta. El sol comenzaba a iluminar la ciudad, y una sonrisa se dibujaba en su rostro. Sin embargo, algo captó su atención: un anciano cruzaba lentamente la calle mientras un automóvil se acercaba a toda velocidad.
El rubio sintió cómo la adrenalina invadía su cuerpo. Sin pensarlo dos veces, corrió hacia el hombre.
—¡Cuidado! —gritó, lanzándose hacia él.
El impacto fue fuerte, pero Naruto logró empujar al anciano justo a tiempo. Su patineta quedó atrapada bajo las ruedas del auto y se destrozó con un crujido seco. Miró los restos con una mueca de tristeza.
—Oh, no... —murmuró.
El anciano, aún tembloroso, lo miró con gratitud. —Muchas gracias, joven. Qué torpe soy… No me di cuenta del peligro.
Naruto sacudió la cabeza con una sonrisa amable. —No se preocupe, no fue nada. Lo importante es que está bien.
Con cuidado, lo ayudó a levantarse, sujetándolo con firmeza para que recuperara el equilibrio.
—Tenga cuidado la próxima vez, ¿sí? Que tenga un buen día. —Le dedicó una última sonrisa antes de salir corriendo.
—¡Gracias! —alcanzó a decir el anciano, observando al rubio mientras se alejaba y desaparecía entre la multitud.
A medida que retomaba su camino, una pequeña figura asomó la cabeza desde su bolsillo: Wayzz, el kwami de la tortuga, miraba con curiosidad.
—Maestro Fu, la caja de kiuby está… ¡brillando! —dijo, con sus ojos fijos en el resplandor anaranjado que emergía de una caja especial.
El anciano acarició su barba con una sonrisa intrigada. —Ah, así que ha encontrado a su nuevo portador… Muy interesante.
Sus pasos, que antes parecían lentos y pesados, ahora se volvieron ligeros. Caminaba como si el bastón que llevaba fuera solo un accesorio.
—Solo queda uno.
Y con una última mirada hacia donde Naruto había desaparecido, continuó su camino con la certeza de que el destino ya había empezado a tejer su hilo.
Después del incidente, Naruto finalmente llegó a la escuela, dejando escapar un suspiro de alivio. A unos metros, divisó a su amiga Marinette, que corría a toda prisa con una caja de galletas en las manos. Los pies le temblaban al tropezar ligeramente.
—¡Te ayudo, Marinette! —dijo él, sujetando la caja antes de que cayera, regalándole una sonrisa cálida.
—¡Oh, Naruto! Muchas gracias —respondió ella, rascándose la nuca con una sonrisa apenada—. Siempre soy tan torpe...
—No te preocupes. Todavía llegamos a tiempo. Vamos —le dijo, haciéndole un gesto para entrar juntos al salón.
Una vez dentro, Naruto notó que la clase ya estaba casi llena. Hasta había una chica nueva.
—Venga, sentémonos —propuso, eligiendo un lugar al frente.
Justo cuando Marinette pasó junto a Chloé Bourgeois, la rubia estiró el pie para hacerla caer. Marinette soltó un pequeño grito, pero Naruto la atrapó por la cintura antes de que tocara el suelo. El calor subió a las mejillas de la joven.
Chloé soltó una risita burlona, pero Naruto se giró hacia ella con la mirada seria.
—Chloé, eso es muy bajo —le espetó—. Todos estamos cansados de tu actitud. ¿Podrías, por favor, dejar de ser... tan tú? Es un nuevo año escolar. Madura.
La rubia abrió la boca para responder, pero Naruto la ignoró por completo y se sentó junto a Marinette. Ella trataba de calmarse mientras él comenzaba a ayudarla a repartir las galletas.
De pronto, vio a una chica de piel morena y cabello oscuro recogido en una coleta, que estaba absorta en su celular. Tomó una de las últimas galletas y se acercó a ella.
—Hola —le dijo, ofreciéndole la galleta—. Tú eres...
Ella levantó la mirada y sonrió ampliamente, aceptando la galleta con gusto.
—Soy Alya Césaire, mucho gusto —respondió, extendiendo su mano—. ¡Y gracias por ponerle un alto a Chloé! Desde que llegué no ha dejado de molestarme. Si tú no lo hacías, créeme, yo misma la habría puesto en su lugar.
Naruto soltó una ligera risa. —Así es Chloé. Ya estoy acostumbrado, pero siempre estoy encantado de ayudar a mis amigos. —Le devolvió la sonrisa, estrechando su mano—. Soy Naruto Agreste.
Antes de que pudiera continuar, Alya comenzó a bombardearlo con preguntas. Naruto se las arregló para responder como pudo, hasta que sonrió divertido, levantando las manos en un gesto de rendición.
—Vaya, tú sí que eres curiosa, ¿eh? —dijo él, con una sonrisa maliciosa mientras se apoyaba en el respaldo de una silla—. Si me haces más preguntas, vas a descubrir todos mis secretos antes del almuerzo.
Alya le devolvió una mirada astuta, inclinándose ligeramente hacia él. —¿Y qué pasa si ya quiero conocerlos? —preguntó con una ceja levantada, cruzándose de brazos.
Naruto se quedó mirándola por un segundo, fingiendo ponderar su respuesta, y luego dejó escapar una carcajada. —Bueno, los secretos son algo complicados... Pero tal vez podría revelarte uno —murmuró, inclinándose hacia ella con un aire conspirador.
—¿Ah, sí? —respondió Alya, levantando las cejas—. ¿Cuál?
Naruto bajó la voz como si fuera un asunto de máxima importancia. —Mi debilidad son las galletas de chocolate. Si alguna vez quieres que te deba un favor, ya sabes qué traerme.
Alya se echó a reír, relajada y divertida. —De acuerdo, señor "secreto". Voy a recordarlo. Aunque espero que también tengas una debilidad por las aventuras, porque donde yo estoy, siempre pasa algo emocionante.
Naruto sonrió, sus ojos brillando con emoción. —¿Aventuras, dices? Me encantan las aventuras. Especialmente si incluyen a alguien con tanta energía como tú.
Alya se sonrojó levemente pero no perdió la compostura. —Entonces estás advertido, Agreste. Si te quedas cerca de mí, prepárate para la acción.
—Acepto el reto —respondió él, guiñándole un ojo antes de tomar un paso atrás y hacerle una leve inclinación de cabeza—. Será interesante ver si puedes seguirme el ritmo.
Alya sonrió, sus ojos chispeando de diversión. —Oh, créeme, Naruto. Tú eres el que tendrá que alcanzarme.
Los dos compartieron una sonrisa cargada de química antes de que Naruto regresara a su asiento, dejando en el aire la promesa de una conexión que apenas comenzaba.
—Ven, quiero presentarte a alguien —dijo, llevándola hacia donde estaba Marinette, que escribía en su libreta con concentración.
Marinette levantó la vista cuando los vio acercarse.
—Marinette, te presento a Alya. Es nueva aquí. Estoy seguro de que se harán grandes amigas. —Naruto les dedicó una última sonrisa antes de dejarlas conversar y regresó a su lugar. Desde ahí, las observó intercambiar palabras y reírse. Sintió una calidez en el pecho. Sabía que Marinette necesitaba una amiga como Alya, alguien que pudiera inspirarle confianza y valor. Se permitió sonreír, satisfecho.
Momentos después, la maestra Caline Bustier entró al aula, y todos tomaron asiento. Marinette quedó junto a Naruto, mientras Alya se sentó justo detrás de ellos.
—Nino, ¿por qué no te sientas al frente este año? —le pidió la maestra.
Nino dejó escapar un suspiro de resignación y cambió su lugar a regañadientes, acomodándose junto a Alya.
Marinette, todavía un poco nerviosa, le dirigió una mirada agradecida a Naruto.
—Gracias por ayudarme con Chloé —le dijo, con un leve rubor coloreándole las mejillas—. Siempre eres tan bueno conmigo.
Naruto le puso una mano en el hombro y le sonrió con calidez.
—No es nada, Marinette. Para eso estamos los amigos.
Ella bajó la mirada, insegura. —No sé si podré enfrentarla algún día. Chloé siempre me ha molestado. No creo que pueda...
Naruto la miró con firmeza, su sonrisa se amplió mientras levantaba el pulgar.
—Yo sé que un día dejarás ese miedo atrás. Le mostrarás a todos quién eres en realidad, Marinette. Lo sé.
Sus palabras, cargadas de confianza y apoyo, iluminaron el rostro de Marinette. Por primera vez en mucho tiempo, creyó que tal vez tenía una oportunidad de ser fuerte.
Después de clases
Por favor, los que tengan educación física vayan con el profesor Carlos -dijo la profesora con firmeza-. Él los esperará afuera. Los demás, por favor, diríjanse a la biblioteca.
Mientras los alumnos empezaban a levantarse, un sonido de tensión llenó el aire. Iván, un chico robusto de cabello negro con un mechón amarillo y una camiseta oscura, tenía el puño alzado, a punto de golpear a Kim, un muchacho de cabello corto y sudadera roja.
-¡lván, qué está pasando! -demandó la profesora, mirándolo con seriedad mientras el puño de Iván se detenía a centímetros del rostro de Kim.
-¡Es Kim! -rugió Iván, temblando de furia-. ¡Voy a golpearlo!
La maestra lo sostuvo con una mano firme. ¡lván, ve con el director ahora mismo!
A regañadientes y con los nudillos aún apretados, Iván arrugó una hoja de papel y se dirigió hacia la puerta, con su mochila colgando de un hombro. Kim esbozó una sonrisa burlona, pero la profesora lo fulminó con la mirada, haciendo que se callara de inmediato.
Cambio de escena
En la biblioteca, Marinette, Naruto y Alya conversaban animadamente.
-Así que esa es tu historia más reciente para el blog de la escuela, ¿eh? preguntó Naruto con una sonrisa, mientras sus ojos brillaban con interés-. Suena como una gran aventura.
Alya se encogió de hombros, jugando con el bolígrafo entre sus dedos. -Lo es. Pero lo emocionante sería si pudiera cubrir algo realmente increíble. Algo fuera de lo común.
-¿Más emocionante que ponerle un alto a Chloé? -bromeó Naruto, inclinándose hacia ella con una sonrisa juguetona.
Alya arqueó una ceja, sus labios curvándose en una sonrisa confiada. Oh, créeme, Agreste. Poner en su lugar a Chloé es solo el calentamiento.
Naruto la miró por un momento, una chispa de diversión en sus ojos. -Voy a tener que ver eso con mis propios ojos murmuró, el tono suave de su voz añadiendo un matiz casi desafiante.
Antes de que la conversación pudiera avanzar, un estruendo sacudió la escuela. Todos los estudiantes se levantaron alarmados, y los tres amigos corrieron hacia una pantalla para ver qué estaba ocurriendo.
En las noticias, una criatura enorme hecha de piedra con ojos verdes llenos de furia avanzaba destruyendo todo a su paso.
-¡Es Iván! -gritó Marinette, horrorizada al reconocer la voz de la criatura.
Naruto frunció el ceño, sus ojos afilándose mientras analizaba la imagen. -Algo le pasó. Esto no es normal...
-¡Es como si se hubiera transformado en un supervillano! -exclamó Alya, su voz vibrando de emoción. Giró hacia sus amigos con una sonrisa emocionada-. ¿No lo ven? ¡Este es el momento que he estado esperando!
Sacó su teléfono y lo alzó como si empuñara una espada. -¡GPS listo, cámara lista! ¡Esto es oro puro! -Miró a Naruto y le guiñó un ojo-. Nos vemos, Agreste. No me esperes despierto.
Naruto soltó una risa breve. -No me digas eso, Alya. Nunca se sabe cuándo podría sorprenderte.
Ella le dedicó una sonrisa descarada antes de correr hacia la salida, dejando a Marinette y Naruto intercambiando miradas preocupadas.
-Ella tiene un don para buscar problemas -comentó Naruto, cruzando los brazos.
-Y tú tienes un don para meterte en ellos con ella -replicó Marinette, intentando sonreír aunque sus ojos seguían llenos de preocupación.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Marinette, girándose hacia Naruto con los ojos llenos de preocupación.
El rubio mantuvo su mirada fija en la pantalla, donde el monstruo de piedra continuaba destruyendo todo a su paso. Sus puños estaban apretados, pero su voz permaneció calmada.
—No lo sé… —murmuró, tomando aire profundamente—. Pero ahora necesitamos ponernos a salvo.
Miró a Marinette directamente a los ojos, la seriedad en su expresión contrastando con el habitual brillo de humor que solía tener.
—Ve a tu casa. Ahí estarás más segura. Yo iré a la mía. Vamos.
Sin soltar más palabras, empezó a correr, y Marinette, aunque llena de dudas, lo siguió.
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Cambio de escena
Fu, el anciano guardián, sostenía las dos cajas idénticas que contenían los Miraculous. Observaba la mansión Agreste con una leve sonrisa al reconocer al mismo chico que había intervenido valientemente en su ayuda hacía solo un rato.
Dentro de la casa, Naruto entró intentando no hacer ruido. Su intento falló cuando se topó con Nathalie y su padre, Gabriel Agreste, regañando severamente a Adrien.
—¡Y tú, Naruto! —rugió Gabriel, su dedo apuntando con dureza hacia su hijo mayor.
Naruto sintió el peso de la mirada de su padre, y un sudor frío recorrió su espalda.
—Desobedeciste mis órdenes. Te dije que no salieras, y aun así lo hiciste. ¡Ninguno de ustedes volverá a salir de esta casa ni a esa escuela! ¿Entendido?
Adrien frunció el ceño, apretando los labios sin decir una palabra. Naruto, sin molestarse en responder, le lanzó una mirada cargada de frustración antes de dirigirse a su cuarto.
Una vez allí, se dejó caer sobre la cama, suspirando con pesadez. No le preocupaba el enojo de su padre; eso ya era habitual. Lo que le pesaba era cómo Adrien había tomado el regaño.
Se levantó al escuchar el sonido de un estruendo distante. Intrigado, se asomó por la ventana y vio al monstruo de piedra peleando en las calles. Frunció el ceño, se apartó y se sentó en el sofá, sacando su teléfono para enviarle un mensaje a Marinette.
Naruto: Mary, ¿estás bien? ¿Viste lo que está pasando?
Marinette: Sí, estoy en mi cuarto. ¿Y tú? ¿Estás bien?
Naruto: Sí, pero no salgas. Esperemos que el gobierno haga algo pronto.
La conversación continuó por unos minutos, con Naruto asegurándose de que Marinette estuviera a salvo. Cuando terminó, dejó el teléfono a un lado y se dispuso a relajarse… pero algo en la mesa llamó su atención.
—¿Qué es esto? —murmuró al ver una pequeña caja que no recordaba haber visto antes.
La tomó con curiosidad y la abrió. Un destello naranja y amarillo iluminó el cuarto, haciéndolo retroceder de golpe y cubrirse los ojos.
Cuando la luz se desvaneció, abrió los ojos lentamente y se quedó sin aliento al ver una pequeña criatura flotando frente a él
Naruto observó la criatura flotando frente a él, sin entender qué estaba sucediendo. Cuando la pequeña figura se estiró y se rascó, la miró con más atención. Con cuidado, extendió las manos para tomarla.
—¿Qué eres tú? —preguntó, aún confundido, mientras el pequeño zorro seguía observando todo a su alrededor con curiosidad.
—Soy tu kwami —respondió el zorro, estirándose perezosamente—. El kwami de Wa Chi, el collar del zorro de las nueve colas. Mi nombre es Kurama. Solo los portadores como tú tienen el honor de saber mi verdadero nombre.
Naruto frunció el ceño, procesando las palabras mientras Kurama se estiraba aún más, como si no tuviera prisa por explicar nada.
—Hace mucho que no salgo de ese collar —dijo, bostezando—. Pero ahora quiero saber todo lo que ha pasado, ¡cuéntame!
Naruto, que aún no comprendía del todo lo que tenía frente a él, sonrió con una mezcla de diversión y fascinación.
—Entonces, ¿qué puedes hacer? —preguntó, sin dejar de mirarlo—. eres... ¿un tipo de genio? O quizás... ¿un padrino mágico?
Kurama lo miró de arriba a abajo como si estuviera viendo a alguien un poco tonto, pero su voz era amable.
—No soy un genio ni un padrino mágico —respondió, levantando una pata como si fuera a darle una lección—. Pero puedo copiar los poderes de otros kwamis. Por ejemplo, el poder de el kuami Tikki.
Naruto lo miró fascinado.
—¿Puedes copiar todo tipo de poderes? ¿Como los de Tikki? —preguntó emocionado.
Kurama asintió, volando a su alrededor con agilidad.
—Exacto. Pero hay una pequeña diferencia. El poder de Tikki otorga lo que el usuario necesita en ese momento. El mío... —Kurama voló frente a Naruto— ...te permite obtener lo que tú quieras, aunque, si lo usas en exceso, la energía de tu miraculous disminuirá rápidamente.
Naruto frunció el ceño.
—¿Y eso significa que, si uso demasiado poder, tengo poco tiempo antes de transformarme de nuevo?
Kurama asintió, rascándose la cabeza.
—Así es. Las nueve rayas desaparecerán y tu transformación se desvanecerá. Yo necesitaré descansar y recuperar energías.
Naruto pensó por un momento, evaluando la carga que Kurama le estaba dando. Finalmente, una sonrisa confiada se dibujó en su rostro.
—Muy bien —dijo, levantándose de un salto con determinación—. ¡Tengo que detener a Iván y salvar París!
Kurama lo miró con una sonrisa satisfecha, acercándose al rubio con un brillo en los ojos.
—Solo tienes que decir "Let’s go, Kurama", y yo te otorgaré los poderes —dijo el kwami, preparándose para actuar.
Naruto, con una sonrisa llena de determinación, alzó los brazos.
Perooo antes de que quieras actuar te tengo que decir algo dijo deteniendo ah el rubio que lo miró con una ceja alzada —Mira —dijo Kurama, su voz llena de gravedad mientras Naruto se preparaba—, lo que te he otorgado tiene un profundo significado. Literalmente, "Wu Chi" significa "Sin Límites" o "Vacío Supremo". Es el estado primordial del universo, la unidad perfecta donde no existe la dualidad. Es de donde surgen el Yin y el Yang como fuerzas opuestas pero complementarias.
Naruto lo miró, intrigado por la explicación.
—¿Así que... soy parte de eso? —preguntó, sintiendo el poder fluir por su cuerpo.
Kurama continuó, ahora más serio.
—El Wu Chi es el equilibrio absoluto, más allá de la dualidad. Representa la fuente de toda creación, el poder infinito que da lugar a la existencia y la no existencia. En otras palabras, lo que tienes es la singularidad de la creación misma por ese motivo puedes copiar todo tipo de miraculous entiendes
Naruto asintió, asimilando la magnitud de lo que Kurama le había dicho.
—Entiendo... —dijo con una sonrisa confiada—. Ahora, ¡es hora de detener a Iván y salvar a todos!
Con ese pensamiento, Naruto estaba más decidido que nunca a enfrentarse a lo que fuera necesario, armado con los poderes del Kwami Kurama y la sabiduría de Wu Chi.
—Let’s go, Kurama En ese momento, el collar de Naruto cambió de color, transformándose en un amarillo brillante con nueve rayas naranjas, mientras una energía vibrante rodeaba al rubio. Kurama voló hacia el collar, dejando un destello brillante. Naruto ahora vestia un traje ceñido de color amarillo intenso, adornado con símbolos negros , Sus ojos brillan con un intenso color dorado y su cabello se eriza aún más de lo normal. Lleva brazaletes y sandalias, y empuña dos largos bastones. Su apariencia general es poderosa y divina, envuelta en un aura de chakra amarillo.
ahora con los poderes de Kurama,
“Me veo genial, ¡simplemente épico!” dijo Naruto, posando de distintas formas, disfrutando de su transformación. Con una sonrisa confiada, dio un paso atrás y, antes de salir, fue a cerrar su puerta con llave. Luego, se acercó a la ventana y la abrió de golpe.
“Como dije… así,” murmuró, y en ese instante, las partículas amarillas que rodeaban su cuerpo se transformaron en un intenso rojo con puntos negros. Desde su espalda emergió una esfera que rápidamente se transformó en un yoyo, el cual cayó en sus manos. Naruto lo miró con fascinación y una amplia sonrisa, luego observó la ventana, listo para saltar.
“Muy bien, pero antes necesito un nombre...” dijo, rascándose el mentón mientras pensaba. Después de unos segundos, una chispa de inspiración iluminó su rostro. “¡Ashura! Eso es. ¡Vamos!” exclamó, girando el yoyo y lanzándolo hacia un poste, balanceándose por él con destreza y velocidad, dirigiéndose hacia el enfrentamiento.
Mientras tanto, en otro lugar, en los cuartos de Adrien y Marinette, los dos jóvenes estaban indecisos. Dudaban en usar sus miraculous, cuando de repente, la televisión interrumpió sus pensamientos.
“¡Miren, alguien se acerca hacia el villano!” exclamó la reportera, mientras apuntaba su cámara al héroe Ashura, que se columpiaba en el aire con su yoyo, acercándose al monstruo.
“¿Será un héroe que ayudará a París? ¿O será un nuevo aliado del villano que está destruyendo la ciudad?” dijo la reportera, con tono preocupado. La cámara giró para mostrar a Iván, el villano, lanzando carros por los aires.
Los kwamis observaron con interés, viendo que Kurama, finalmente, tenía un portador. Era evidente que Naruto había copiado el poder de Tiki, el de amuleto encantado, y ahora estaba listo para pelear.
Marinette, aún dudosa, observó la pantalla, mientras Adrien, decidido, se transformó en Cat Noir, con un fuerte sentido de justicia.
Ashura aterrizó con fuerza, enfrentándose cara a cara con Iván, o mejor dicho, con su alter ego: Corazón de Piedra. Los ojos de Ashura brillaban con resolución mientras se enfrentaba al monstruo.
"Iván, este no eres tú. ¡Cálmate!" gritó, extendiendo el yoyo hacia el gigante, quien
con un rugido salvaje, lo agarro y lo lanzo hacia un lado con una fuerza brutal. "¡No te metas, hermano!" gruñó Corazón de Piedra,
Ashura se levantó con dificultad, sobándose la cabeza. "Ay, esto me va a doler mañana…" murmuró, pero sin perder el foco. Se giró hacia sus amigos que en ese momento estaban en las gradas y les gritó. "¡Váyanse de aquí, es peligroso!"
Pero, en ese momento, Iván cambió de dirección al ver a Kim. ¡No! Ashura pensó rápidamente y, con un movimiento ágil, lanzó su yoyo justo frente a Corazón de Piedra, deteniéndolo a centímetros de golpear a Kim. Tiró de él con el yoyo, arrojándolo hacia el otro lado del estadio. "¡Corre, Kim!"
El rubio miraba al villano con una mirada fija y profunda. "Necesito un plan," pensó, esperando la llegada de sus compañeros.
En el aire, la voz de Ashura se ollo " Plagg resonó con fuerza. "¡Es hora de cambiar!" y al instante, el traje de Ashura se tornó negro, con los puntos que antes eran negros ahora transformándose en pequeñas patas de gato verdes. El yoyo se transformó en un bastón largo, y el rubio se colocó en una pose de combate, preparado para la siguiente fase.
"¡Bailemos!" gritó, mientras se abalanzaba hacia el monstruo. Usando el bastón con una destreza sorprendente, lo estiró con fuerza, mandando a Corazón de Piedra volando hacia la portería del estadio.
Pero Corazón de Piedra se levantó, más grande y más furioso que nunca. "¡No te creas mucho, cucaracha!" rugió mientras se lanzaba hacia el rubio con el poder de una avalancha. Cada golpe hacía temblar el suelo, pero Ashura, esquivando con una agilidad impresionante, sentía el calor de la batalla. "¡Un golpe más y todo se vuelve más difícil!" pensaba, mientras se deslizaba entre los puños del monstruo.
Sin embargo, una distracción fue suficiente. Alya, escondida entre los escombros, estaba grabando todo. La mirada de Corazón de Piedra se desvió hacia ella, y esa pequeña apertura fue todo lo que necesitaba Ashura. "¡No te distraigas!" gritó, aprovechando la oportunidad para barrer los pies del villano con su bastón, tirándolo al suelo con una gran sacudida.
Cat Noir apareció de repente, lanzando su propio bastón hacia el villano, mandándolo a volar hacia el otro lado del campo. "¡Métete con alguien de tu tamaño!" le dijo con una sonrisa burlona, viendo cómo Corazón de Piedra se recompuso, creciendo aún más, rugiendo de furia.
La batalla había llegado a un nuevo nivel de intensidad. Ashura y Cat Noir se enfrentaban juntos, mientras Corazón de Piedra se preparaba para su ataque final.
— ¡Venga, vamos compañero! —dijo Cat Noir con una sonrisa desafiante mientras miraba a Ashura, quien asintió con determinación. Ambos se lanzaron al ataque, abalanzándose juntos sobre Corazón de Piedra, el monstruo imparable.
A lo lejos, Ladybug observaba nerviosa, su mente llena de dudas. Recordó los momentos difíciles, los días en que había sentido que su vida era un caos, pero entonces pensó en Naruto y sus palabras de aliento: “Sé que un día dejarás ese miedo de lado y le demostrarás al mundo quién eres realmente”. Con esas palabras resonando en su mente, una chispa de valentía encendió su interior.
— ¡Vamos, bicho rojo, el mundo te está esperando! —gritó Alya desde el costado, mientras veía a Ladybug quedarse atrás, temerosa.
A lo lejos, la portería de fútbol estaba a punto de caer sobre una nueva amiga. Cat Noir, al percatarse de esto, giró con rapidez y lanzó su barra, deteniéndola a escasos centímetros de la cara de la chica.
— ¡Vaya, lo logré! —sonrió satisfecho, pero su momento de gloria fue breve, pues en ese instante, Corazón de Piedra aprovechó la distracción para atrapar a Cat Noir. Con una explosión de energía, el monstruo aumentó de tamaño, arrojando al héroe rubio hacia el otro lado del estadio.
— ¡No te preocupes! —gritó Alya a Ladybug, mientras la veía paralizada de miedo, sin saber qué hacer. Sin embargo, Ladybug recordó aquellas palabras de Naruto. Se levantó con una nueva resolución y, sin pensarlo más, se lanzó hacia el monstruo, su yoyo girando con furia.
— ¡Tienes razón! ¡Es hora de actuar! —dijo, arrojando su yoyo al brazo de Corazón de Piedra y empujando a Cat Noir para salvarlo. El yoyo giró con fuerza, enviando al monstruo al suelo momentáneamente.
— ¡Eso es crueldad animal, lo sabías? —dijo Ladybug con burla, mirando al monstruo mientras se posicionaba junto a su compañero.
— ¡Otra cucaracha más! —bramó Corazón de Piedra, encolerizado, empequeñeciéndose aún más a medida que aumentaba su tamaño. — ¡Está bien! ¡Qué bueno que estén los tres! Así podré conseguir todos sus Miraculous.
— Perdón por llegar tarde —se disculpó Ladybug con Cat Noir, que aún estaba recuperándose.
— No hay problema, bicho maravilla —respondió Cat Noir, sonriente, mientras se ponía en pose de combate. — Gracias a nuestro amigo, esto será más fácil.
Ladybug asintió, pero su expresión cambió rápidamente al ver cómo Corazón de Piedra se hacía aún más grande con cada ataque.
— ¡No podemos seguir atacando así! —dijo Ladybug, preocupada. — ¡Está creciendo cada vez más!
Cat Noir miró confundido.
— ¿Cómo que no? ¿Qué vamos a hacer entonces?
Ladybug se quedó pensativa, buscando una solución. En ese momento, algo cambió: Ashura emergió de los escombros con un nuevo poder. Su traje había cambiado: los colores oscuros se transformaron en un amarillo brillante, las patas de gato se convirtieron en pequeñas abejas negras, y su yoyo adoptó la forma de un aguijón. Con un salto, aterrizó junto a sus amigos.
— ¡Qué bueno que todos estamos aquí! —dijo con entusiasmo. — ¡Ahora hay que idear un plan!
Ladybug y Cat Noir lo miraron asombrados.
— ¿Qué pasa, Ashura? —preguntó Cat Noir.
— ¡Escuchen! El Akuma está en la mano izquierda de Iván, quien es Corazón de Piedra. Si lo rompemos, podremos devolverlo a la normalidad —explicó Ashura con seguridad.
Ladybug y Cat Noir intercambiaron una mirada, entendiendo lo que tenían que hacer.
— ¡Vamos a hacer esto! —dijo Ladybug, mientras los tres héroes ideaban un plan en conjunto, con la ayuda del amuleto encantado de Alya.
Finalmente, con una coordinación perfecta, Ashura utilizó su aguijón de abeja para distraer a Corazón de Piedra, mientras Ladybug y Cat Noir se infiltraban. Alya, con su cámara, ayudó a guiarlos, logrando localizar la mano izquierda del villano. Ladybug aprovechó la oportunidad para destruir el Akuma con su amuleto en cantado , liberando a Iván del control del monstruo.
— ¡Lo logramos! —dijo Ladybug con una sonrisa de satisfacción, mientras Iván volvía a la normalidad, agradecido pero avergonzado por lo ocurrido
El rubio se dio cuenta de inmediato que el Akuma estaba a punto de escapar.
— ¡Rápido, compañera! ¡Atrapa al Akuma antes de que se escape! —gritó Ashura, mirando a Ladybug, quien, sin pensarlo, sacó su yoyo con determinación.
— ¡Es hora de terminar con la maldad! —dijo Ladybug, lanzando su yoyo con precisión hacia el Akuma. En un rápido movimiento, atrapó a la mariposa oscura, sujetándola firmemente con el yoyo.
— ¡Adiós, mariposita! —exclamó Ladybug mientras liberaba al Akuma, purificándolo con un toque decisivo. Ashura Con agilidad, atrapó la mariposa blanca antes de que pudiera escapar. Sabía que tenía el poder de copiar las habilidades de otros kuamis,
— ¡Miraculous Ladybug! —gritó Ladybug alzando su voz hacia el cielo, mientras lanzaba su amuleto encantado con fuerza. El amuleto se elevó, y de él surgieron mariquitas diminutas de color rojo intenso, que rápidamente comenzaron a reparar todo el daño causado, restaurando el orden y devolviendo la normalidad a París. La ciudad comenzó a celebrar, llena de alegría por ser salvada una vez más.
— ¡Ganamos! —exclamó Ashura, extendiendo su mano en forma de puño hacia sus compañeros. Ladybug y Cat Noir entendieron el gesto y chocaron las palmas con entusiasmo.
Poco después, varios camarógrafos llegaron y comenzaron a entrevistar a los héroes. Con una sonrisa, Ladybug, Cat Noir y Ashura se presentaron como los nuevos protectores de París, agradeciendo la oportunidad de defender a la ciudad y prometiendo estar siempre listos para el próximo desafío.
Después de la celebración, ahora Naruto se dirigió a la escuela, caminando por las calles como siempre, aunque sin su patineta, que había quedado rota tras un accidente con un carro. Al llegar al colegio, se encontró con Marinette, quien parecía estar desafiando a Chloe, ya que había ocupado su lugar, y ayla estaba sentada junto a ella. Sin perder tiempo, Naruto se acercó a las chicas.
— ¿Me puedo sentar aquí? —preguntó, sin querer quedarse solo, mirando a Marinette y ayla.
— Claro, puedes —respondieron las dos, sonriendo mientras hacían espacio para que él se sentara junto a ellas. Naruto se acomodó con una sonrisa, sintiéndose bien rodeado de amigos.
Poco después, vio a su hermano entrar al aula, dirigiéndose hacia Nino y sentándose a su lado. La clase transcurrió de manera tranquila, sin grandes sorpresas ni comentarios, pero Naruto no podía evitar sonreír al ver a sus amigos tan felices y la ciudad de París en paz, al menos por ahora.
Fin








