Copo de nieve.

Summary

The Walking Dead. — Juzgame por lo que he hecho y por lo que soy... No por mi padre. — Pidió con firmeza observando fijamente a la mujer que tenía enfrente de él, Maggie Rhee. Dinámica hijo de Negan. °•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°• — P-por favor... Misericordia... Sólo tengo doce años...— Susurro asustado el niño de ojos avellana. •°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•° — Yo no atacó a quien no se pueda defender, no me compares con mí padre. Maggie. — Casí escupe la última parte, odiaba a esa mujer con cada maldita fibra de su joven cuerpo. •°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•° — Te amó, aunque la muerte nos separe siempre te amaré, Lydia. — Murmuró rozando sus pálidos y quebrados labios junto con los de la chica.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
13+

1. Mal momento

Corría todo lo que su debilucho cuerpo le permitía, tratando de no ser atrapado.


Se habían cruzado con un loco con una ballesta.


Esquivaba cada árbol o obstáculo que se atravesó en su caminó, imploraba que no se cruzará con el loco de la ballesta o con algún caminante.


En ese momento no sabía cuál era peor.


Se detuvo por un momento para poder tomar aire.


Su pequeño cuerpo estaba bastante adolorido, habían tenido un "accidente" de auto. Habían algunos autos de los soldados del Santuario, los Salvadores. Algunos de los Salvadores estaban en esos autos.


Alguien con un basuca había disparado hacía el auto que estaba enfrente de donde iba él, la explosión tomó por sorpresa al conductor del auto donde se transportaba el joven hijo de Negan.


Haciendo que se desviarán de la carretera, callendo hasta el fondo de la desviación, callendo directamente hacia el bosque. Murieron todos con los que iba en el auto, a excepción de uno, Anthony.


Osea él.


Él al ser más pequeño que los demás había salido volando por la ventana, un Salvador lo había aventado antes que el auto se estrellará.


El niño de doce años tenía rasguños, cortadas, moretones y heridas al alrededor de su cuerpo. Pecho, mejillas, brazos, espalda y piernas.


Estaba muy mal herido.


Aparte sentía cómo tenía incrustados en su estómago un pedazo del vidrio de la ventana del auto.


Pero con las pocas fuerzas que le quedan tenía que seguir escapando por su vida, con todo lo que tiene.


No quería morir.


No aún.


Se arecargo de un árbol, jadeaba demasiado. Abrazó con fuerza al árbol se sentía demasiado frustrado y aterrado.


Extrañaba mucho a su mamá y sus abrazos.


Pero los muertos no pueden hacer nada por tí.


—Mamá...te necesito aquí... conmigo...— Soltó un pequeño sollozó, sintió como pequeñas lágrimas salían de sus ojos avellanas, estaba llorando, se secó las lágrimas con sus manos.


Ahí se dió cuenta que tenía sus manos todas raspadas, llenas de sangre. Sangre. Era su propia sangre.


Quizo llorar aún más.


Pero se contuvo, sí su padre lo viera así se decepcionaría tremendamente de él.


Talvez le daría una paliza.


...Lo golpearía...


Él no era así... Había cambiado desde que mamá murió.


Extrañaba tanto su vida antes de que su padre se volviera así.... Antes del apocalipsis... Antes de que a su madre le diagnosticaran cáncer.


Tenía mucho miedo.


Estaba pasando por un mal momento.


Sólo quería un lugar donde se sintiera seguro y cómodo, en el Santuario tenía miedo, se la vivía con miedo, su vida se basaba en estar asustado.


Tenía doce años, seguía siendo un niño. Tenía todo el derecho del mundo al tener miedo.


Todos lo tenían.


Nunca es demasiado viejo para estar asustado.


Tembló al escuchar los gemidos de un caminante cerca de él.


Ahogó un sollozo. Tenía miedo.


No tenía nada para defenderse, no tenía ningún arma, igual si le tuviera no sabría cómo usarlas, su padre había criado un inútil.


Él mismo se avergonzaba en ser un inútil.


Dejó de abrazar el árbol, con las fuerzas que le quedaban siguió corriendo. Pero él se cansaba, un caminante no.


Quería su vida de regreso, sólo tenía ocho años cuando había comenzado el apocalipsis.


Estaba seguro que él no merecía vivir así.


Nadie lo merecía.


Corría tan rápido, con tanta desesperación y miedo que ni siquiera se dió cuenta que había un agujero en el suelo del bosque. Su pie se atoró dentro del agujero, no se dió cuenta hasta que cuando quiso seguir corriendo se le había safado su pie.


Soltó un grito desgarrador, dolía. Cada parte de su cuerpo...de su alma, dolía demasiado.


Cayó al suelo por el dolor.


Su respiración estaba muy agitada.


No podía correr, no podía escapar. Con su pie herido ya presentía el final.


Lágrimas de dolor... dolor físico salieron de sus ojos avellanas.


Miraba impotente cómo el caminante se acercaba lentamente hacía el.


Tirado en el suelo, reflexionando su vida entera, joven y corta vida se puso en duda muchas cosas.


Cosas que antes no era capaz de cuestionar.


¿Su padre lo quería? ¿Lo seguía queriendo? ¿Alguna vez lo quizo? ¿Sólo fue responsabilidad?


Cerró los ojos.


Estaba cansado de ésto, del mundo y de todo.


El dolor lo estaba sobrepasando, era demasiado para él.


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Hace cuatro años.


Él apocalipsis había comenzado cuando tenía apenas unos ocho años de edad.


Había escuchado a su mamá hablar con un ¿abogado? Había entendido extremadamente poco pero lo poco que le había entendido era algo sobre separación de bienes y custodia.


Todo era muy extraño, no le tomó importancia.


Era un niño, de seguro sólo eran problemas de adultos como decía su mamá.


No tenía ni menor idea que sus padres estaban pensando en divorciarse.


Que du madre tenía cáncer.


Y.... Que su padre le era infiel a la hermosa y maravillosa mujer que tenía cómo esposa.


No lo sabía.


Él apocalipsis había comenzado hace siete meses, era otoño casi invierno.


Su padre se había ido a buscar los medicamentos que su mamá necesitaba para ganar la batalla contra el cáncer.


Pero...se había ido hace seis semanas.


No regresaba.


Se había acabado la comida hace ya dos días, pero tenían que seguir resistiendo

.


En ese momento el pequeño niño de ojos avellanas se encontraba sentado en la cama que estaba en el sótano junto a su enferma madre.

Mientras el dibujaba un árbol ante la atenta mirada de su madre.


Lucille: Tony... Hijo...— Soltó en un susurro, acarició delicadamente el cabello castaño oscuro de su pequeño, apartando lo de su pequeña cara.


Anthony: ¿Que ocurre? — Preguntó sin apartar su mirada de su libreta donde dibujaba.

Estaba concentrado.


Lucille: Anthony. — Lo llamó por su nombre, algo inusual ya que siempre lo llamaba por apodos como "Tony" o "Anth". Era extraño.


Eso hizo que Anthony la volteara a ver.


Anthony: ¿Que pasa necesitas algo? ¿Te duele la cabeza? — Preguntó preocupado, dejó su libreta de un lado y la colocó en su mesita de noche.


El niño se levantó de la cama.


Lucille: Hey, tranquilo. — Dijo deteniendo lo, tomándolo del brazo. — Ven. — Palmeo su propia pierna, indicándole que se acostará en ella.


Era extraño.


Anthony sin hacer preguntas ni cuestinar nada, colocó su cabeza arriba de la pierna de su madre. Ella comenzó a acariciar su cabello.


Lucille: Anthony... — Comenzó a hablar en susurros, con una suave y delicada voz. — Te voy a pedir que me prometas algo....y por favor, cumplelo.


Anthony: S-si... Lo que tú me pidas, mamá — Susurro con suavidad, puso mucha atención, no estaba seguro lo que le iba a decir. Pero parecía importante

.


Lucille: Hijo, yo

...

Te quiero pedir que, por favor

...


=====================================


Abrió los ojos.


El caminante se acercaba lentamente, soltando gemidos. Estaba mucho más cerca que hace unos minutos.


Eso

interrumpió

su recuerdo.


Recordó lo que su madre le había dicho.


Tenía que seguir adelante, por lo que quedaba. Por lo poco bueno que quedaba de ese maldito mundo.


Se medio sentó y comenzó a retroceder en el suelo, no le importó que mientras retrocedía hojas y ramas se enredaran en su cabello castaño súper sucio y un poco manchado de su propia sangre.


Aparte la herida que tenía en su estómago, que se filtraba atraves de su camisa, ahora empapada de sangre y demás suciedad. Eso solamente hacía el olor aún más atractivo para que fuera comida del caminante.


«

Estoy muerto.

»


Pensó Anthony, sentía que pronto moriría. El caminante se seguía acercando. Siguió retrocediendo.


Con ayuda de sus brazos se comenzó a arrastrar por el suelo, de vez en cuando le aventaba al caminante una que otra piedra o hojas secas que estaban por el suelo.


— Q-quieres.... matarme...— Le susurro al caminante, dejó de arrastrarse hacía atrás. — Y- yo hice lo que pude.... Perdón... mamá. — Cerró sus ojos, comenzó a esperar su inminente final.


El sonido de una flecha siendo disparada se escuchó en el orizonte.


Abrió los ojos.


El cadáver del caminante estaba tirado en el suelo, junto a él. Pero había una flecha incrustada en la cabeza.


Alguien le había disparado.


— ¿Quien eres? ¿Cuántos son? — Escuchó pasos acercándose hacía el. No lo había volteado a ver pero sabía que tenía una ballesta. Y que era el loco de la ballesta.


—Y-yo.... No quiero volver con ellos...— su voz salió entre cortada. Comenzó a llorar, se sentía muy mal. Muy mal en todos los sentidos tanto física, mental y psicológicamente. Sólo tenía doce años y todo eso había comenzado hace cuatro años, a sus ocho. Era demasiado para él.


— No contestaste mis preguntas. — Le era raro tratar así a un niño. Pero tenía que sacar toda la información posible de esas personas.— Responde.— Exigió.


— L-los...son malos... El lider es malo...— Susurro Anthony mientras seguía llorando, tenía terror, pánico y ansiedad en ese momento.


Sólo quería desaparecer de ahí.


— ¿Cómo? ¡¿Cómo se llaman?! — Grito. Ese interrogatorio no lo estaba llevándo hacía ninguna parte


— S-se...llaman... los ... — Se levantó y comenzó a correr cómo podía, estaba seguro que du padre lo mataría si llegaba a revelar más información.


Sabía que corresr era inútil ya que estaba muy lastimado.


—Regresa. Oye te puedo alcanzar en dos segundos, así que mejor regresa tú. — Dijo mientras comenzaba a seguirlo.


No le importó las palabras de ese hombre, siguió corriendo.


De repente un caminante apareció de la nada, el caminante se le aventó. Tirando a Anthony al suelo del bosque, cuyó había una piedra. La cabeza del chico cayó justo en el lugar donde estaba la piedra.


Anthony se desmayo.



En otra parte, horas después.


—Simón. Dwigth. — Musitó el hombre del bate adornado con alambre de púas, recargado sobre su hombro.


—¿Sí, señor?


— ¿Sí, señor?


Preguntaron ambos hombres detrás de el, ambos hombres estaban sumamente atentos al lenguaje corporal que estaba haciendo el hombre del bate. Sabían que expresión tenía aún que estuviera de espaldas en la barra del pequeño bar.


Estaban en el salón donde estaban las esposas del líder del Santuario.


Todos en ese lugar estaban atentos a los movimientos de Negan.


— Me podrían decir...— Su voz salió fría y espera. Mientras se seguía tomando el baso de whisky que tenía desde el principio. — ¿Dónde está mi hijo?


— Su... El camión dónde fue transportado debe de llegar en cualquier momento. Volverá pronto. — Ni siquiera el mismo dueño de esas palabras que era Simón estaba seguro de ellas. El camión dónde estaba Anthony había salido de la otra base a las nueve de la mañana, eran ya las una de la mañana. El tiempo del camino para llegar de esa base al Santuario eran sólo de cinco horas.


Hace casi diez horas debió haber llegado, junto con esos camiones.


Todos los integrantes de cualquier base de los Salvadores, conocían a Anthony. En especial personas cómo las esposas de Negan, el doctor Carson, Dwigth y Simón.


Se preguntarán. ¿Por qué Anthony estaba en otra base y no junto con su padre en el Santuario?


Fácil. Habían descubierto a Anthony llevándole un poco de comida y agua a los prisioneros del Santuario. Algo que había "molestado" mucho a Negan. Que ordenó llevárselo a otra base de los Salvadores. Aún que todos sabían, incluso el mismo Anthony que solamente era una excusa más para no tener que cuidarlo, ni pasar tiempo con el.


Pero claro, cómo Negan, era Negan nadie le iba a decir que era un mal padre.


¿Mal? Que digo

¡Horrible, padre!


— De seguro no tardan en venir. — Trató de autoconvencerse Dwigth. Estaba bastante nervioso.


Apenas salieron salieron esas palabras de la boca del hombre rubio Negan aventó su baso de Whisky contra la pared.


Eso hizo asustar a todos los presentes.


— Van a ir allá afuera...— Su voz salió fría y tranquila, algo que inquietó a los presentes. No era para nada normal en el hombre — No importa si llueve, granice, una tormenta eléctrica se desate o cualquier otra mierda... Ustedes me van a traer a mí hijo...

¡

AHORA

!


Ese gritó los hizo asustarse aún más no era normal que Negan gritará.


— ¡Sí, señor!.


— ¡Sí, señor!


Gritaron ambos al mismo tiempo. Para después salir casi corriendo de la habitación.

Antes de irse Dwight le dió una rápida mirada a Sherry. La amaba, pero ya no era suya.


Ni siquiera podía cuidarla, era un fracaso.


Sin más se marchó, siguiendo de cerca a Simón.


Negan tomó la botella de whisky que estaba en la barra y le dió un sorbo. Se sentó en la barra.


De algo se percató.


Había una esfera de nieve colocada en la barra, la tomó entre sus fornidas manos. Sabía que su hijo la había puesto ahí.


Sabía que a su pequeño hijo le gustaban ese tipo de cosas, ese tipo de decoraciones, esos pequeños detalles.


Lo observó más de cerca.


Era un

copo de nieve.






























Está historia se me ocurrió mientras escribía el hijo de Negan. Perdón!!! Tengo muchas ideas para historias!!! Esta era parte de un universo paralelo.


Decidí poner una, raya.


"—" Por qué ví el video de una escritora dando consejos para tus historias y decía que era mejor poner una raya que el nombre del personaje que habla.


Voy a usar esa técnica para esta historia, voy a ver si me acomodó o no. Si no voy a seguir con el mismo modeló de narración y si sí, pues nos vamos a cambiar.


Los quiero desconocidos!! Mua!!!


Palabras: 2,500.

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