THE RIGHT THING TO DO (Julie and The Phantoms)
Nombre: THE RIGHT THING TO DO
Advertencias: Boypussy, Sexo vaginal, Doble penetración, Trío, Masturbación, Sexo oral, Celo de omega, Felaciones
Fandom: Julie and the Phantoms
Ship: Luke x Reggie x Alex
Sinopsis:
Reggie oculta a sus bandmates que es un omega. Su celo llega inesperadamente durante un ensayo.
Todo sucede antes de que los chicos mueran. También es omegaverse.
Luke alfa x Reggie omega x Alex alfa

—Pero esas son cosas de omegas, ¿no?
Alex atinó a reírse y le dio un golpe sordo a la batería. Reggie estaba especialmente sensible ese día y el ruido lo hizo estremecerse. Agradecía haberse tomado los supresores esa mañana o la sala de ensayo apestaría a omega en celo. Bobby se le había adelantado, por eso no asistió al ensayo.
Bobby era un omega y estaba en celo. Y Reggie también, a diferencia de que Alex y Luke no sabían que lo era.
—Cosas de omegas —repitió Reggie—. ¿Por qué no lo dicen abiertamente?
—¿Decir qué? —preguntó Alex, distraído.
—Que Bobby está en celo. Parece que tienen un problema con esa palabra. Celo. Una vez al mes. Su cuerpo preparándose para reproducirse.
—Venga, estamos bromeando…
—Es incómodo mencionar que Bobby se pone cachondo una vez al mes —dijo Luke.
—Ustedes los alfas son tan tontos.
—Lo dices como si tú no fueras uno.
Mentira número dos. Para Reggie, no era suficiente mentir diciendo que no era un omega, sino que también mentía diciendo que era un alfa. En su defensa, aunque Luke y Alex fuesen geniales, eran alfas y medio bobos, su sensibilidad casi nula, característica de su casta, lo incomodaba. Además, sus padres no estaban orgullosos de tener un hijo omega y lo obligaban a ocultarlo.
—Ya. ¿Continuamos?
—Como quieras.
Ensayaron hasta que un retortijón en su vientre bajo los detuvo. Reggie se excusó para correr al baño. Se encerró bajo llave y se bajó los pantalones. Estaba empapado. Debía irse a casa cuanto antes o los chicos se enterarían de su gran mentira. Tomó un poco de papel higiénico y limpió lo que pudo. Lucía fatal, pero bastaría para llegar a casa.
Golpearon la puerta.
—¿Está todo bien allí dentro, Reggie? —Era Luke—. Esa pizza fría no tenía muy buena pinta…
—¡Estoy bien! —Inconscientemente, su omega empezó a ronronear al oler a Luke. Su olor era bastante suave—. Va para largo. ¿Me dejan solo?
—Bien, Alex y yo iremos por algo de comer. No tardamos.
—¡Sí, sí!
Volvió en sí cuando Luke solo dejó un imperceptible rastro de sus feromonas. Limpió el sudor de su frente y se sentó en el suelo, con la espalda apoyada en la puerta. Apenas Alex y Luke abandonaran el garaje, tendría que correr. Después podría inventarse una excusa para su repentina ausencia.
Salió del baño, supervisando que ninguno de los chicos llegara por sorpresa y arruinara la huida. Guardó el bajo en su estuche, pasaría a recogerlo después, y tomó su mochila del viejo sofá donde solía tomar siestas junto a Luke. Sobó su barriga inflamada por última vez y se dispuso a irse a casa, pero sus planes fueron interrumpidos por Luke.
—Hey, saliste del baño —rio—. Olvidé la cartera y dejé a Alex en la fila de la pizzería.
—Ah, sí, no me siento bien, me voy a casa.
—Eh, Regg… —Luke lo cogió del brazo y luchó con todas sus fuerzas por no gemir—. ¿En serio estás bien? Carajo, estás sudando.
Luke jaló su maleable cuerpo al sofá. Sudaba a chorros, tanto que su ropa ya estaba empapada, ni hablar de su ropa interior. Quería alejarse, el aroma de Luke lo estaba volviendo loco y no quería ceder a su omega. Lo odiaba. Reggie odiaba perder el control de su cuerpo y volverse sumiso.
Vio cómo la nariz de Luke se arrugaba al olfatearlo. Por más supresores que tomara, su celo estaba en su punto máximo. Necesitaba un nido y un alfa, o caería en la locura. El ronroneo que abandonó su pecho fue vergonzoso, pero eso enterneció a Luke, que lo acunó en sus brazos y le permitió frotarse en su camiseta.
—¿Por qué no nos contaste, Regg? —murmuró—. Nosotros podemos cuidarte.
¿Cuidarlo?
Perdió la conciencia unos segundos. Luke hablaba con Alex por teléfono, aunque no escuchó bien lo que decían. Se dejó llevar por las caricias de Luke en su cabeza. Su omega estaba tranquilo en presencia de un alfa. Agradecía que fuese Luke, porque sino estaría en problemas. Los alfas no eran tan buenos, incluido su padre, así que siempre huía de ellos. Alex y Luke eran diferentes. Lo sabía. Incluso Bobby se sentía cómodo cerca de ellos.
—Alex ya viene —le dijo y Reggie asintió—. Te ayudaremos, ¿sí? Iremos a un hospital…
—No… —balbuceó—. Aquí, contigo… Alfa.
Esa palabra se sintió extraña en su lengua. Sabía a sal y deseo. Nunca la había pronunciado de esa manera. En sus celos no pensaba en un alfa en específico para tocarse. Pero prefería atiborrarse de supresores, aunque le hicieran daño, que masturbarse por la necesidad de un alfa entre sus piernas.
—¿Qué dices, Reggie?
Respondió con más balbuceos y ronroneos. Se desconocía. Solía ser distraído, a veces un poco tonto, y bromeaba demasiado. Ahora era un simple omega necesitado de cariño, con la entrepierna hinchada y goteante. Dios, deseaba tanto frotarse en el muslo de Luke en ese mismo instante. Llevó una de sus manos a su coño y masajeó el área, sobre el pantalón. Un gemido salió de sus labios y Luke entró en pánico.
—¿Reggie?
—Fóllame.
—¿Q-qué?
Alex entró por la puerta, con una caja de pizza entre las manos. Olfateó el lugar y no pudo apartar la mirada de Luke y Reggie.
—¿Es un…?
—Omega, sí.
—¿Por qué…?
—Son preguntas que tendremos que hacerle cuando esté lucido.
—¿Llamo a una ambulancia?
—No… —titubeó—. Hay que ayudarlo.
—¿Cómo?
Bastó una mirada para entender.
—¿Lo dices en serio?
—Él acaba de pedírmelo.
—No es consciente de lo que pide, Luke. Vamos al hospital.
—¿Alfa?
Reggie salió de su escondite, el hueco que había entre la mandíbula y el hombro de Luke. Tenía los ojos vidriosos, lucían más pequeños de lo que ya eran. Sus mejillas estaban coloreadas de un tenue melocotón, sudorosas e hinchadas. Alex lo sintió y al parecer Luke también. Reggie los necesitaba, no como amigos, sino como alfas.
—¿Estás seguro?
—No podemos dejarlo solo.
Claro que no podían, pero Reggie no estaba consciente y era su maldito-mejor-amigo. Nunca pensó en cogerse a su mejor amigo que, aparentemente, era un omega.
—Tengo miedo.
—Yo también, pero Reggie sufre.
El recién descubierto omega lloriqueaba de dolor, aferrándose a la camiseta de Luke, que ya estaba muy arrugada. Olía a celo, demasiado fuerte, Alex jamás había olido algo similar. Usualmente le desagradaban esos olores, no se sentía atraído hacia ningún omega, solo alfas, pero el olor de Reggie causaba estragos en su cuerpo que no creía posibles. Colocó la caja de pizza encima del piano de cola y jugó con sus dedos, nervioso.
—Todo estará bien —consoló Luke—. Es lo correcto.
—Es lo correcto —repitió, autoconvenciéndose—. Sí, lo es.
—Acércate.
Se acercó a Luke y el alfa posó la mano detrás de su nuca. Lo acercó para un beso. Ya se habían besado antes, incluso se masturbaron el uno al otro; a Alex le gustaban los alfas como él, tarde o temprano terminaría gustándole Luke.
—No sean así… —lloriqueó Reggie—. Yo también quiero un beso.
Ambos chillaron enternecidos. De por sí Reggie era toda una ternura andante, en celo mucho más.
Primero lo besó Luke, fue suave, pero firme y Reggie pareció disfrutarlo. Alex dudaba, no tenía experiencia con omegas. Fue Reggie quien lo besó primero. Sabía a miel con menta y su respiración se sentía tibia contra su piel. No estaba mal. Nada mal.
Entre los dos desnudaron a Reggie y lo recostaron en el sofá cama extendido. Cogieron algunas sábanas, almohadas y ropa que a veces olvidaban en la sala de ensayo. Armaron un nido alrededor del omega, que ronroneaba y se restregaba en las olorosas telas. Lo único que cubría el esbelto cuerpo de Reggie eran sus calzoncillos, que estaban empapados.
Se recostaron junto a él, Luke del lado derecho y Alex del izquierdo. Uno besó el cuello de Reggie, mientras que el otro besaba su pecho y mordisqueaba sus pezones. El omega era muy sensitivo, respondiendo a cada una de sus caricias, besos y mordidas. De repente ambos estaban muy duros y Reggie lo notó.
—Quiero —Jaló la pretina del pantalón de Alex, sin mucho éxito. También estaba débil—. Quítatelo.
Alex dudó, pero la mirada cómplice de Luke lo tranquilizó. Se deshizo del pantalón y al ropa interior, liberando una dolorosa y punzante erección. Reggie casi chilla de la emoción, tomando el falo entre sus manos y comenzando a lamerlo. Su aterciopelada lengua le hacía cosquillas. Cosquillas muuuuy placenteras.
—Relájate —Luke dijo—. Ven aquí…
Acunó su mejilla y lo besó. Estaba acostumbrado a los besos de Luke. Le gustaban mucho, bastaba un roce de labios para excitarlo, así que estaba a punto de explotar. Avisó que iba a correrse, pero Reggie no se alejó hasta que el nudo se expandió dentro de su boca y Alex derramó toda su semilla. Escurría de las comisuras de su boca, hasta su barbilla y cuello. Lucía exquisito y Alex sintió muchas ganas de besarlo. De besar a un omega.
Reggie lo recibió en su labios como el más delicioso elixir. Alex probó sus propios fluidos, mezclados con la dulce saliva del omega. Disfrutó cada beso, tibio y blando, derritiéndose en los brazos de Luke.
—Nada mal, ¿eh? —Luke tarareó.
—Reggie es tan lindo —Bebió un poco más de su boca y a duras penas se alejó—. Tan, tan lindo…
—Sabía que iba a gustarte.
—Hagámoslo nuestro.
—Suyo —ronroneó el omega en celo—. Lo quiero. Los quiero.
—Démosle lo que pide.
Alex sonrió y Luke le correspondió. Juntos sonrieron tanto que les dolía la cara.
El cuerpo de Reggie era distinto a lo que estaba acostumbrado: menudo, pálido y suave. Pero lo que más llamaba su atención era aquel coño suplicante y húmedo. Lo tocó con desconfianza, recibiendo quejas de parte del omega, que ansiaba ser tocado.
—Hey… —musitó Luke—. Yo te enseño, tranquilo. Hazlo así…
Usó sus dedos índice y medio entre los pliegues rugosos del omega. Reggie gimió.
—Aquí —Señaló un bultito rosado; Alex sabía lo que era un clítoris, pero nunca lo había visto en vivo y a todo color— les gusta mucho.
Probó su teoría presionando el bulto, provocando que Reggie chillara y lubricara más. Todo era tan surreal.
—Inténtalo.
Retiró la mano y la sustituyó con la suya. Eran casi del mismo tamaño y estaban llenas de callos por la guitarra y la batería. Ese lugar estaba húmedo y caliente, pero la sensación no era desagradable. Encontró un agujero un poco más abajo. Oh, con que ahí era…
—Mételo con cuidado, eso es…
Cuando introdujo un dedo entero, se mantuvo quieto, atento a las reacciones de Reggie. El omega empezó a moverse contra sus dedos, dándose placer a sí mismo. Se veía tan sexy. Alex lo ayudó, moviendo sus dedos que eran apretados por ese cálido interior.
—No pares hasta que se corra, lo necesitamos relajado y abierto.
A la par que Alex masturbaba al omega, Luke lo besaba y pellizcaba sus tiernos pezones. Estaban erectos e hinchados por tantas mordidas. Reggie amanecería lleno de marcas.
El interior de Reggie se estrechó, anunciando un orgasmo. Sus dedos fueron apretados, era asfixiante. Aquella entrada derramó tanto lubricante que empapó las sábanas. Sacó los dedos con cuidado, rozando por accidente el clítoris del omega.
—A-alfa…
—Shhh —arrulló Luke—. Te haremos sentir muy bien.
—¿Nudo?
—Sí, omega.
Nunca había escuchado la voz de alfa de Luke, pero le atraía.
—Haznos los honores, Alex.
—¿Y-yo?
—Será tu primera vez con un omega. Debe ser especial.
Lo sería, porque sería con Reggie.
—S-sí.
Reggie permaneció acostado bocarriba, piernas abiertas y la mirada perdida en los guapos alfas que lo estaban cuidando en su celo. Alex se mostró tímido al principio, pero apenas ingresó la punta de su miembro en la vagina del omega, perdió toda vergüenza. Apretaba deliciosamente, tibio, pegajoso… Esperó unos segundos, porque temía correrse rápido. Reggie lo atrajo para un beso y se movió lentamente en su interior.
—Dale el nudo que tanto quiere, Alex —comentó Luke, recostado a un lado de Reggie. Los observaba, mientras se masturbaba—. Luego lo haremos ambos.
No respondió, no podía. Su cerebro esa una masa derretida bajo el sol, escurriendo por los bordes, manchando el suelo. Reggie pedía más y Alex luchaba por darle todo lo que tenía. Ahora entendía por qué muchos alfas se obsesionaban con los omegas. Eran adictivos, siempre lubricados y dispuestos a abrir las piernas.
Pero Reggie lo recibía tan bien, como si estuviera hecho para estar allí dentro. El placer nubló su juicio, llevándolo a un orgasmo intenso. Explotó en el interior de Reggie, lo llenó de su esencia hasta el último rincón de su cuerpo. El omega se corrió junto con él y el nudo se hizo presente en su plano abdomen. Era un bulto apenas perceptible, pero Alex se sintió dichoso. Él estaba allí, profundo y cálido, dentro de Reggie.
—Eso es… —halagó Luke—. ¿Crees poder recibir dos nudos a la vez, omega?
Reggie asintió y buscó los labios de Luke.
El nudo bajó y Alex volvió a tener otra erección gracias a la boca de Luke. Ambos dejaron que Luke los guiara. Las experiencias de Alex se reducían a alfas y Reggie era virgen. Confiaban en Luke y que haría que todos disfrutaran esta experiencia. Reggie no tardó en pedir atención, repartiendo mordiscos y jugueteando como un cachorro. Era adorable.
—Eres hermoso, omega —Alex usó su voz de alfa por primera vez. Solía ser el sumiso en sus relaciones con otros alfas, así que no necesitaba usarla, pero con Reggie era una experiencia placentera—. Vamos a cuidarte, ¿sí?
Acomodaron a Reggie encima de Luke, que estaba bocarriba. El omega volvió a sentirse lleno. Extendió uno de sus brazos, el que tenía libre y no estaba apoyado en el pecho de Luke, para invitar a Alex a acercarse. Más confiado, Alex se acercó y unió sus labios a los de Reggie, distrayéndolo de la dolorosa intrusión en su coño. Ya tenía el miembro de Luke dentro, pero Alex pudo entrar después de unos cuantos empujones.
—Esto es lo correcto —decretó Luke.
—¿Lo es? —preguntó Alex.
—Míralo —Señaló al omega entre sus cuerpos—. ¿Quieres que lo sea?
Lo quería con todas sus fuerzas.
Podía sentir la polla de Luke frotarse con la suya, lo que hizo la experiencia mil veces mejor. Luke se asomó detrás del delgado hombro de Reggie. Sonreía como nunca antes lo había hecho. La chispa en sus ojos delataba que estaba planeando una travesura. Moría por saber cuál sería esta vez.
—¿Y si lo marcamos?
Esperaba de todo, menos eso.
—¿Qué?
—Sí, sí, sí —respondió Reggie, perdido en el placer que ambas pollas le propinaban—. Los quiero, alfas.
Probablemente, Reggie los mataría cuando su celo terminara, pero esos serían problemas del futuro. Prepararon sus colmillos y lamieron la zona donde morderían. El cuello de Reggie luciría dos marcas de apareamiento. Aunque lo viesen de lejos, esas marcas serían más notorias que un letrero de luces neón. El primero en morder fue Luke. Alex sujetó el cuerpo de Reggie, que convulsionó involuntariamente.
La sangre escurría de la mandíbula de Luke, evidencia suficiente de que ahora Reggie le pertenecía. Alex lo siguió, titubeante, pero toda duda se borró al enterrar el primer colmillo en el cuello pálido de Reggie. Fue como una explosión. Corrosiva. Escandalosa. Y muy dolorosa. Olió a Luke en Reggie, pero también se olió a sí mismo. Estaban unidos por algo más fuerte que su amistad. Ahora les pertenecía a Luke y Reggie, y ellos le pertenecían a él.
Cerraron su nueva unión anudando en Reggie. Recibió sus nudos como todo un campeón, corriéndose a la par que ellos. Se echaron en la cama, los alfas a los lados, y lo acariciaron hasta que su cuerpo dejó de temblar. El nudo tardaría en bajar unas horas, pero las aprovecharían para mimarse entre ellos y acostumbrarse al lazo.
—Esto es lo correcto —Luke saboreó cada palabra—. ¿No es así?
—Es lo correcto —segundó Alex.
—¿Por qué hablan tanto? Dejen dormir, estoy exhausto.
Rieron, porque Reggie volvía a ser él, al menos un rato. No se escuchaba enojado, solo cansado.
—Duerme, omega. Estamos aquí para lo que necesites.
Fue un celo agotador, pero Reggie despertó con fuerzas renovadas. Regresó a casa, sus padres ni siquiera notaron su ausencia, se duchó y vistió ropas nuevas. Extrañaba el olor de sus nuevos alfas, así que se apuró para regresar con ellos. Acordaron comer juntos antes del ensayo, Bobby ya había avisado que su celo terminó y que asistiría también.
—Hey —Lo recibió Alex, besando la marca de Luke—. ¿Todo bien?
—De maravilla —respondió—. ¿Dónde está Luke?
—Aquí.
El otro alfa lo abrazó por la espalda y se sintió como un sándwich.
—Me están aplastando.
Los alfas lo abrazaron más fuerte, sacándole el aire. Reggie atinó a reír y le dio un codazo a Luke en la barriga.
—Pronto llegará Bobby y no quiero que nos vea follando.
—Oh, podemos invitarlo.
—Ni se te ocurra.
—Posesivo, ¿eh?
—Que se busque otros alfas, yo…
La puerta del garaje se abrió de par en par. Bobby estaba del otro lado, cargando el estuche de su guitarra.
—¿De qué me perdí?
Por las marcas en el cuello de Reggie no necesitaba explicación, pero era chismoso, quería detalles.
—¿Tú qué crees?