▹ Prólogo
— Por un segundo una cola dorada se asomó por sobre la superficie, ningún ojo curioso avistó este singular hecho.
En las misteriosas y oscuras profundidades un cuerpo femenino y delicado se movía con la rapidez de una bala en el agua seguido por otro par de... "personas" que la seguían al mismo paso, prácticamente le pisaban los talones, si tuviera unos.
Los ojos lila de la mujer se movían de un lado a otro frenéticamente buscando una manera de salvación, un escondite, algo que la protegiera.... Que los protegiera. Al no encontrarse con dicha suerte se refugió en una espaciosa cueva marina, cosa que pareció despistar a los hombres que la seguían; por fin sola ahogó un suspiro entre sus finos labios y fue sorprendida por una voz ajena que aunque no era muy fuerte la tomó desprevenida. — ¿Cariño...? - Llamó el castaño con notable preocupación y la mujer pegó un pequeño saltito —
— ¿Que? Oh, cielo no deberías estar aquí. — Advirtió mirando alrededor con paranoia y luego a su marido que se veía afectado por la situación — No tengo mucho tiempo, t-tú... ¡Tú y Luci deben escapar ahora!
— No te dejaré sola-
— ¡Ya hemos hablado de esto antes! — Se acercó comprensiva al hombre frente a ella y tomó ambas de sus manos con ternura. — Es un niño fuerte... Podrá cuidarse... A él y a este reino. — Habló desviando la mirada hacia la pequeña cuna de algas donde un bebé de cabellos dorados dormía plácidamente ajeno a todo lo que pasaba a su alrededor.
Debes-debes darle esto. — Abrió las manos del castaño y colocó en ellas un colgante de oro y una pequeña caja de madera. —
.... Espero que pueda perdonarme alguna vez...
— Tomó aire y le dedicó una última sonrisa a su marido que intentó detenerla inútilmente, cuando Lilith se alejó por completo fue él quien miró a su primogénito que descansaba y le mostró una sonrisa débil acercándose y jurando... — No dejaré que nada ni nadie te lastime jamás, 𝑳𝒖𝒄𝒊𝒇𝒆𝒓.