El Secreto del Vino || Stray Kids One-Shot ✓

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Summary

» Temática: SKZ Mafia x Oc (Claire) » Género: Poly, Fluff, angst, ¿triller? (Si me olvido de algo, decidlo) » Warning: Sangre, muerte, insultos. » Tipo: One-Shot. » Sinopsis: "La huérfana de los Lee, Claire, se descubre como heredera de la familia mafiosa extranjera más poderosa de Corea del Sur. Entregada a SKZ por testamento y bajo la protección de estos, la chica empieza a formar un gran vínculo físico y emocional con todos ellos. Tras meses de sufrimiento, tristezas y mucho amor, consiguen reunirse con el asesino del padre de Claire. Una reunión que, por supuesto, dejará varias bajas."

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EL SECRETO DEL VINO || STRAY KIDS ONE-SHOT

En la mafia, hay dos formas de hacer saber a los demás que alguien de la mesa en la que comes no es de fiar y solo traerá problemas. ¿La primera? Acabar con su vida. Simple. Rápido. Un trabajo para Hyunjin. O para Changbin. O incluso para Minho en caso de necesitar un asesinato silencioso o “accidental”.

¿La segunda forma? Por la inclinación de la botella de vino que vas a servir. No es una orden para matar, ni siquiera una amenaza para quien recibe ese gesto. Es un mero hecho, un aviso al resto de que dicha persona no es bienvenida.

En el caso de SKZ, la postura significaba ambas cosas.

Chan se levantó de la silla y agarró la botella de Château Lafite Rothschild 2010 con la mano derecha y fue sirviendo a los invitados de la casa: Una copa entera para Changbin, media para Claire, Minho y Seungmin, y un cuarto a Han, Felix y Hyunjin. Luego inclinó la mano con la palma hacia arriba a fin de servir al hombre de dientes amarillentos sentado en la esquina de la mesa, mostrando así el nombre del licor y las uñas pintadas de negro.

Era todo lo que tenía que hacer. Esa era la señal.

Changbin carraspeó y cató el licor, tranquilo y sereno en apariencia. Bajo la mesa, apretaba con fuerza su Sonny Capone’s Colt, la pistola de su padre, y sus dedos bailaban entorno al seguro. Minho examinó al invitado, ladeando ligeramente la cabeza e inclinándose hacia la chica.

— Si las cosas se ponen feas, vete al coche. —le susurró al oído, provocándole un escalofrío—. Felix y yo cubriremos tu retirada.

— No pienso dejaros aquí. Esto es por mi culpa. —replicó, preocupada. Minho le dio un suave beso en los labios antes de contestar.

— No tienes culpa de nada, gatita. —las palabras sonaban dulces y melosas, diferentes a la expresión insondable que solía tener—. Prométeme que te pondrás a salvo.

Claire asintió, tragando saliva. Si seguía temblando delataría lo que planeaban y trató de controlarse, sin éxito. Por suerte, la mano de Felix dejó el tenedor en el plato y se posó sobre su muslo, calmando el ataque de ansiedad que empezaba a formarse en su pecho. Supo que las cosas iban a salir bien. No tenía nada que temer.

— ¿Qué me decís, mis honorables compatriotas, mis allegados y vecinos? ¿Os gusta mi propuesta? —clamó el señor Kim. Para ser el líder de una de las familias de la mafia más poderosas del país era bastante repugnante.

— ¿Y después? —quiso saber Seungmin, con los codos apoyados en la mesa, los dedos entrelazados y la barbilla sobre estos. Pese a ser el segundo más frío del grupo, su sangre bullía en una rabia silenciosa y mortal. ¿Cómo se atrevía a hacer siquiera esa sugerencia? No, sugerencia no. Solo había una opción a lo que solicitaba—. ¿Qué recibimos si te la entregamos?

Claire lo miró, horrorizada. Después de todo por lo que habían pasado juntos, con lo que se habían divertido, llorado, peleado… amado. ¿Iba a negociar su vida con ese capullo integral? Hasta I.N se había puesto nervioso, desconocedor de las intenciones tras las preguntas, y escrutaba al segundo más joven con ojos inquietos.

El hombre sonrió, viéndose victorioso.

— Si me la entregáis, os daré un tercio de mis terrenos y el veinte por ciento de mis posesiones.

Seungmin arqueó las cejas, fingiendo aprobación.

— No es un mal trato. Significaría que la familia Bahng obtendría más poder y estatus que la familia Kim. ¿Estás dispuesto a perder tus pertenencias por una simple muchacha huérfana y una herencia nunca vista?

El señor Kim entrecerró los ojos, golpeando la mesa con los nudillos sebosos.

— Existe, créeme que existe. Huérfana o no, su padre me traicionó a mí. ¡A mí! Y no se le ocurrió otra cosa que fastidiarme aún más los planes legando lo que me robó a esta zorra estúpida, a una chica de campo que no sabe ni dónde caerse muerta.

Hyunjin encajó la mandíbula de manera tan sonora que algunos creyeron que se había partido los dientes. Jugueteó con el cuchillo de la mesa, buscando su reflejo en el lado más amplio y metalizado de este. Miró a Chan, y este le hizo un gesto para que no moviera ni un dedo. Él también estaba furioso a causa de la cantidad de palabras despectivas que había soltado para referirse a Claire.

— Eres consciente de que el mismo testamento nos incluye a los Bahng como sus protectores, ¿verdad? —declaró el líder, intentando controlar la rabia en sus palabras. Como cabeza de la familia debía dar ejemplo, por mucho que deseara estamparle la botella de trece mil dólares en la cabeza y escupirle en la herida.

— Siempre podéis renunciar al testamento. Nadie os juzgaría. La niña no os ha traído más que problemas, ¿me equivoco?

Minho se llevó la mano a la cadera donde, a través de la tela, podía notar la recién curada herida que se extendía en un relieve rosado sobre la blanca piel hasta la mitad del abdomen. Una puñalada que debería haber sido mortal para Claire si el chico no se hubiera puesto en medio en el momento justo.

— Problemas provocados precisamente por usted, señor Kim. —siseó Hyunjin.

Cómo se atrevía. ¿Cómo se atrevía a hablar así de su chica? ¿De la chica de todos?

El hombre alzó las manos en señal de rendición.

— Lo sé, y me disculpo de antemano. Me cegó la ira al saber que este ser escurridizo seguía con vida. Si hubiera muerto junto con sus padres en el accidente, ahora las propiedades de la familia Lee serían mías. Alec Lee me lo debía. Quería retirarse de la mafia y donar el dinero a la caridad. ¿Os lo podéis creer? ¡A la caridad! —se rio a carcajadas. Nadie más le siguió. Luego, señaló a Claire con aire de desdén—. Tu padre era débil, niña. Recibió lo que se merecía, y tú… Tú firmarás la renuncia al testamento y me darás hasta el último centavo si no quieres morir.

Los ojos de la chica se inundaron de lágrimas. No recordaba los rostros de sus padres ni nada pertinente a ellos salvo algún que otro flash en su memoria, pero el hecho de haberse criado sola y saber por fin que la habían querido hasta el último aliento le dieron el valor para investigar su pasado y seguir adelante como la nueva miembro de la familia Bahng.

Jamás creyó que pertenecería por sangre a una mafia, y menos a una importante como la de los Lee. Si Shinyeul Kim creía que iba a obligarla a firmar nada, estaba muy equivocado. Moriría antes de ser necesario.

— Pero el hecho de poseer la herencia de los Lee te convertiría no solo en el hombre más rico del país, sino en el más poderoso de la mafia coreana. Tu fortuna relegaría a segundo plano al actual número uno, BTS. ¿Saben ellos lo que sus aliados más cercanos planean? —los ojos de Seungmin iban del hombrecillo patético a la cara de consternación de Chan. Nadie se atrevería a ir en contra de Namjoon y su banda. Era pedir la muerte a gritos.

El Shinyeul rio entre dientes.

— Una vez tenga en mi mano tal poder, BTS será historia. Los erradicaré de la faz de la tierra. Ya he tenido bastante, siempre acatando las órdenes de esos criajos insolentes y limpiando la mierda que dejan detrás. Estoy harto. Seré el Capo di tutti capi cueste lo que cueste. —señaló a Claire—. Y tú, ramera desvergonzada, vas a hacer mi sueño realidad.

— ¡He oído suficiente! —gruñó I.N, poniéndose de pie y sacando la pistola tan rápido que los guardaespaldas del señor Kim tardaron medio segundo más de lo habitual en hacer lo mismo, apuntándole a la cabeza. No continuaría escuchando cómo la insultaban, no a ella.

En nada, la habitación entera se había sumido en el silencio, roto únicamente por el sonido metálico de los seguros de las pistolas al ser retirados.

Una exhalación de sorpresa.

Una pequeña gota de sudor que le bajaba por la sien.

Chan entornó los ojos e hizo chasquear la lengua.

— Guarda la pistola, Innie. —le ordenó al menor.

— Pero, hyung… —se quejó.

— He dicho, que guardes la pistola. —insistió. No lo iba a repetir.

Jeongin bajó la vista y se guardó el colt en el cinto. Luego se sentó y le lanzó una mirada de disculpa a Claire. Era obvio lo que pensaba, porque era lo que los chicos habían querido hacer desde el principio. A veces, I.N podía llegar a ser bastante impulsivo e irracional, sin embargo, sabía acatar las órdenes mejor que Changbin.

El señor Kim le hizo a una señal a los suyos para que lo imitaran y el peso de la situación se aligeró un tanto.

— Me alegra que entres en razón, Christopher. Bien, prosigamos con…

— No va a haber trato. —lo cortó el líder, colocándose los guantes negros con parsimonia.

Shinyeul parpadeó.

— ¿Perdona?

— ¿Es que acaso me has oído tartamudear? Seungmin nunca dijo que aceptaríamos, pedazo de inútil. —le espetó.

Hincó los nudillos en la mesa y lo contempló con aire amenazador.

— Claire Lee es propiedad de los Bahng, así lo certifica el testamento de sus progenitores. Es la protegida de la familia desde que Alec Lee la confiara a nuestros padres. Es nuestro deber protegerla, cuidarla, y… amarla, como a una más. —con eso último Chan la miró tan intensamente que un suspiro murió en sus labios, ruborizada—. Jamás lograrías comprenderlo.

— Serás…

Hyunjin hundió el cuchillo en la mesa, haciendo un agujero en la madera.

— Un poco de respeto a nuestro jefe. —soltó, susurrante—. O el próximo cuchillo que clave será en tu garganta.

Han sonrió, divertido, y colocó las piernas encima de la superficie con los brazos cruzados. La cara del líder mafioso era para retratarla, roja como un tomate y asquerosamente sudorosa de la cólera. Tenía ganas de usar en él los nuevos utensilios de cirugía que había encargado por Amazon.

El hombre se levantó, serio.

— Estáis firmando una sentencia de muerte contra la familia Kim. Si BTS se enterase de que alguno de nosotros ha caído, no pararán hasta haceros trizas.

— ¿Sentencia de muerte de quién? Yo solo veo un posible cadáver aquí. —se mofó Seungmin.

Automáticamente, siete puntos rojos iluminaron el pecho de los guardaespaldas, que se miraron entre ellos, confusos. El Shinyeul clavó la vista en los presentes con los ojos como platos.

— ¡¿Qué estáis haciendo?! —bramó, fuera de sí.

— Seamos sinceros, Kim. —habló Han, quitándose la pintura de las uñas en aire distraído—. En esta conversación has cometido tres errores que van a costarte la vida. Avvocato, ¿te importaría explicar qué tres errores? Tengo muy mala memoria…

Felix se enderezó un tanto y se colocó mejor las gafas.

— Primer error: Atentar contra la integridad física de una familia aliada, directa o indirectamente. Lee Know estuvo a punto de morir protegiendo a Claire de uno de sus sicarios. Changbin casi pierde el brazo por culpa de la misión que se torció porque usted dio el soplo a la mafia de YG. Seungmin permaneció en coma tres días tras su secuestro. El chantaje le salió mal, señor. A I.N no le costó nada rastrear los números de serie de las armas y así saber dónde las habían comprado, quién y con qué dinero. Por supuesto, fue usted.

“Segundo error, aunque podría entrar dentro del primero: Toma de posesiones ajenas sin consentimiento o contrato. Ha tratado de arrebatarnos lo que es nuestro por derecho, poniendo en nuestra contra a ATEEZ e incluso a ITZY. Por descontado, son asuntos resueltos y las cosas entre las tres familias vuelven a ser como antes. Nada que una buena botella de licor y una explicación con pruebas no sea capaz de arreglar.

Los puntos rojos no se movieron ni un ápice, acechando las vidas de los pobres diablos.

— Tercer y último error, posiblemente el peor de todos: Traición.

Felix rebuscó en el bolsillo de su americana blanca y extrajo un pequeño y diminuto micro que había pasado desapercibido en el chequeo inicial. Era plano, más que una ficha de póker y más pequeño que esta. Shinyeul perdió el color de la cara.

— ¿Qué…?

El móvil de Minho sonó, interrumpiendo la tensión. Nadie se movió mientras el sottocapo descolgaba el auricular y lo ponía en altavoz.

— ¿Sí?

— Lo hemos escuchado, Lee. —dijo la voz de Namjoon al otro lado—. No estabais equivocados.

— Nunca lo estuvimos, para empezar. —comentó Minho, en tono desenfadado—. Somos la única mafia que hace las cosas ilegales de la manera más legal y decidís ponernos en duda.

— El daño emocional os costará un millón, para empezar. —añadió Hyunjin de la manera más dramática en la que pudo pensar.

— Reconozco que teníamos nuestras reservas, sí. —Namjoon se rio—. Pero el asunto está aclarado. Muchas gracias por la información.

— ¡Felix! La próxima vez que nos visites, ¡trae más brownies! SUEÑO con ellos, los NECESITO para seguir viviendo. —escucharon gritar a Hoseok de lejos.

El rubio se sonrojó hasta la punta de las orejas.

— Por supuesto, hyung. Cuando quieras. —balbuceó, tímido.

— Dicho eso, volvamos al punto en cuestión. —la voz del líder de BTS se tornó fría y oscura—. Señor Kim. ¿Algo que decir al respecto?

El hombre, que se había quedado petrificado sacó la pistola y la apuntó a Claire. Esta no se movió, no porque no quisiera, sino porque Minho la mantenía agarrada por la cintura contra él. La visión del cañón la tendría llorando y gritando si no fuera por las suaves caricias que estaba recibiendo por su parte.

— ¡Debería ser mía! —rugió, el arma temblando—. ¡Era mi derecho! ¡Mi fortuna!

— ¿Es lo único que tienes que decir?

— ¡Maldito…!

El tiro atravesó la ventana y se incrustó en el entrecejo del señor Kim. Sus ojos rodaron hacia arriba y su cuerpo sufrió un espasmo antes de caer al suelo, muerto. Un hilo de sangre le bajó por la recién abierta herida en el cráneo, empapando el suelo. Uno a uno los guardaespaldas del mafioso fueron reducidos implacablemente. Claire enterró el rostro en el pecho de Lee Know, que la sostuvo así hasta que el sonido sibilante de los disparos con silenciador se detuvo.

Al acabar, los cuerpos se amontonaban delante de la puerta y a lo largo y ancho de la habitación, testigos de una masacre sin precedentes.

— ¿Confirmación de muertes? —quiso saber Namjoon.

— Confirmadas. —contestó Chan, levantándose del asiento y recogiendo el pañuelo del bolsillo de la solapa del señor Kim. Serviría como prueba.

— Bien. Nos veremos muy pronto. Hay que hablar de qué hacer a partir de ahora.

La llamada se cortó, y Claire empezó a temblar. La tensión, el miedo que había contenido hasta ese momento salieron de ella como un torrente. Minho la abrazó, susurrándole palabras dulces.

— Ya está, querida, ya está. —iba diciendo—. Se acabó. No más persecuciones.

— Estás a salvo. —le aseguró Felix, haciendo lo mismo desde atrás. Le depositó dulces besos en los hombros, en la nuca y en la espalda, buscando brindarle algo de confort.

— Lixie… —gimió entre sollozos.

Los labios de I.N encontraron los suyos por encima del hombro de Minho, obligándola a olvidarse ni que fuera por unos instantes de la muerte a su alrededor.

— Changbin, ¿podrías llevártela al coche? Que no vea… esto. —Jeongin arrugó la nariz. Jamás se acostumbraría al olor metalizado de la sangre.

Notó los brazos del recién nombrado alzándola de la silla y llevándosela fuera. Una vez en el ascensor, Changbin se quedó atrás y dejó que Hyunjin y Seungmin los flanquearan en caso de que hubiera más agentes de la mafia Kim. Por suerte, no.

El hombrecillo había estado tan confiado en que conseguiría la vida de la muchacha que se había olvidado de traer refuerzos. Grave desliz por su parte. Para cuando llegaron a la recepción, Claire había dejado de temblar.

— Binnie, ya puedo caminar. —le dijo.

— ¿Tan rápido? Con las ganas que tenía de seguir así un rato más… —le apretó el muslo que sostenía, arrancándole una protesta sonora. Le encantaba que hiciera eso… en otras situaciones.

— Por favor…

No podía resistirse a sus súplicas. La puso en el suelo con cuidado, aunque no se separó de ella demasiado. Hyunjin le rodeó los hombros con el brazo y Seungmin le besó la mejilla.

— Eres más fuerte de lo que creía. —se sinceró.

— Estoy con vosotros. Por supuesto que tengo que ser fuerte. ¿Quién va a cuidar del grupo si me vengo abajo y no me recupero pronto?

Changbin soltó un bufido a modo de risa.

Una vez dentro del coche, Claire suspiró, cansada, cerrando los ojos. El último asunto con el que tendrían que lidiar iba a ser con BTS, pero como se suele decir, eso era problema de la Claire del futuro. El peso de alguien a su izquierda la distrajo de sus pensamientos y los orbes castaños de Han la observaron, llenos de comprensión.

— Se hace más ameno con los años, créeme. —le dijo. La chica le apartó unos rizos de la cara y este sonrió, encantado—. ¿Qué te parece esto? Cuando lleguemos a la mansión nos tumbamos en el sofá, agarramos una manta, ponemos la película de El Padrino y nos abrazamos hasta caer rendidos… O hasta que alguno de los dos quiera hacer algo más… peligroso. —su mano describió una línea entre sus pechos y bajó hasta el abdomen, deteniéndose allí.

La mirada de Claire se encendió, borrándole de la mente todo rastro de miedo pasado. Un nuevo sentimiento se alojó en su cuerpo y dejó escapar un tembloroso suspiro. La segunda opción le parecía mejor idea.

Chan, que lo había escuchado, se subió al asiento del conductor y los miró a través del retrovisor.

— Nada de liaros en el coche. —los reprendió—. Sé cómo acaba, y no me apetece tener que volver a llevar a esta preciosidad a la lavandería por vuestra culpa.

— Channie-hyung solo está celoso porque le toca conducir y no puede flirtear con Claire. —se burló I.N, a la derecha de la muchacha.

— ¡Manos quietas hasta que lleguemos a casa! —gritó Changbin, que ocupaba ahora el asiento del copiloto. El resto vendría en el otro vehículo justo detrás de ellos.

Claire descansó la cabeza en el hombro de Jeongin y sonrió. Iban a casa. Con suerte esa noche podrían abrir una botella de Château Lafite Rothschild 2010 y esta vez, la mano que les serviría el vino no giraría para nadie.