El más amado

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Dean recibe una sorpresa en el cielo luego de reencontrarse con su hermano en aquel puente. Los deseos de cumpleaños sí se hacen realidad.

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n/a
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16+

ulo único

Dean sentía que su mundo estaba casi completo luego de recibir a su hermano en el cielo que Jack se había esmerado tanto en crear. Se abrazaron y se miraron un largo período de tiempo sin decirse nada, puesto que tampoco había mucho qué decir. Dean había cumplido su misión más importante: había cuidado a su hermano y gracias a eso, el menor tuvo la posibilidad de tener todo lo que siempre había soñado: una familia, hijos, una vida normal que creía imposible debido a su vida de cazador. Era duro de admitir, pero incluso Sam sabía que con la muerte de su hermano, ya no había razón para seguir en aquella vida arriesgada...y Dean se sentía satisfecho de haber ayudado a su Sammy hasta el fin de sus días.


Todo estaba perfecto.


—Estás tal cual te vi por última vez, Sammy...


El menor sonrió.


—Tú luces más viejo... —dijo Sam en son de broma.


Dean sonrió tristemente ante su comentario.


—¿Viviste cien años, Sammy?


—No viví tanto, pero fui muy feliz. Eso es suficiente.


Antes de que la charla pudiera continuar, una presencia que ellos muy bien conocían se manifestó en escena. Sam sonrió enormemente y corrió a abrazar al recién llegado. Dean estaba gratamente sorprendido, pero no dejaba de tener aquel semblante de tristeza, como si estuviera lidiando con un vacío difícil de llenar. Siguió los pasos de Sam y esperó que el prolongado momento de chicas entre su hermano y el visitante terminara.


—Vas a desintegrar al chico, Rapunzel. Nadie quiere que dejes al cielo sin su nuevo Dios...


Jack sonrió y cortésmente deshizo el abrazo para ir a abrazar a Dean. El ex cazador le dio unas palmaditas en la espalda y eso fue todo. Jack se separó sonriente.


—¿Qué hace el nuevo Señor aquí, deleitándonos con su presencia? —preguntó Dean.


—Hay un lugar al que quiero llevarlos. La única condición para ir hasta allá es que no hagan preguntas.


Dean arqueó una ceja.


—Bueno, con que no nos eches al infierno o al purgatorio, créeme que me puedes llevar a donde sea... —volvió a decir el mayor.


Sam asintió y ambos hermanos emprendieron la marcha al lado del nephilim.


Dean sentía que quería preguntarle tantas cosas a Jack, pero no sabía cómo empezar. Bobby le había dado a entender que Castiel, Cas, su mejor amigo, había participado activamente en la nueva reforma del cielo, por lo que supuso que él estaría finalmente a salvo del vacío. ¿Jack lo habría sacado de ahí? ¿Cas estaba de vuelta en el cielo? Y si era así ¿por qué no lo había buscado?


Quizás sintió que realmente no era correspondido por él.


Mientras el chico seguía perdido en sus pensamientos, Jack no era totalmente ajeno a los sentimientos de Dean, era Dios...¡Podía tener el control de todo! Y claramente sentía la angustia de Dean respecto al paradero de quien él consideraba su padre.


—No comas ansias, Dean...Todas tus preguntas tendrán respuesta dentro de poco.


Dean lo miró sin entender y se detuvieron cuando Jack lo hizo.


—Hemos llegado...—dijo el Dios.


Los tres estaban frente a una pequeña casa, un hogar que tanto a Sam como a Dean se les hizo muy conocida.


—¿Es nuestra casa? —preguntó Sam, intentando ocultar su emoción.


Jack asintió.


—Se podría decir que es el cielo de sus padres, por lo tanto es su casa. Pasemos, nos están esperando... —dijo suavemente Jack, brindándoles el pase a los hermanos.


Ambos Winchester entraron con un poco de dudas y sí, reconocieron la entrada. era la casa de sus padres.


—¡SORPRESA!


Ambos voltearon asustados, encontrando a un grupo de personas reunidas en el pequeño comedor. A Dean le costó contener la emoción de ver a sus padres, a Jess, a Bobby y Rufus con sus esposas, a Jo y Ellen, a Ash, Kelly y a la hermosa Charlie Bradbury recibiéndolos con una sonrisa. Dean corrió hacia la mesa sin saber qué decir, qué hacer o a quién abrazar primero. La pelirroja se adelantó a sus acciones y corrió a abrazarlo entre lágrimas.


—Esta es la parte donde lloras, perra...—dijo ella, lagrimeando a más no poder.


El chico sonrió y rompió a llorar mientras se perdía en ese abrazo. John y Mary se unieron al emotivo momento mientras Bobby y Rufus brindaban con una buena cerveza y los demás les hacían compañía viendo como la familia se reencontraba en tan emotiva escena. Sam dejó la reunión un momento para dirigirse a Jess, quien lo miraba con una enorme y amorosa sonrisa.


—Bienvenido de vuelta, campeón. —musitó Jess en tono bajo para luego fundirse en un gran abrazo con su querido Sam.


Dean tuvo el tiempo suficiente para abrazar a todos los demás y jugarse bromas con Ash y Charlie mientras disfrutaban de un delicioso banquete, cortesía de Kelly y Ellen. Todo era risas y felicidad en ese momento, el mayor no podía sentirse más bendecido, pero pese a todo el amor que sentía rodeándolo en ese momento, era más que consciente que el momento distaba de ser perfecto.


—Por cierto ¿Qué pasó con el pastel? —reclamó Charlie, mirando a Jack.


El chico rio y miró hacia la entrada, en donde hizo su aparición quien menos esperaban ver.


—Juraba que pondrían mejor cara al verme, mis niños...


La mismísima Rowena, reina del infierno, venía a compartir el célebre momento.


—¿Visita express, Rowena? —bufó Dean.


Sam se acercó cortésmente a la mujer, ayudándole a sostener lo que parecía ser un pastel de fresas. La pelirroja acarició su brazo con dulzura.


—Me asignaron el pastel y vine con él. Soy invitada de lujo, niño. —le dijo a Dean. 


El menor de los Winchester dejó que su madre acomodara el pastel mientras se dirigía a abrazar a la recién llegada, quien tuvo que ponerse de puntillas para alcanzarlo.


—La muerte te ha hecho más alto, Sam. Por favor ya no crezcas —rio la mujer.


Rowena volteó hacia la puerta y gritó, sorprendiendo a los presentes.


—¿Qué tanto haces, cariño? Vamos a empezar sin ti.


El tiempo se detuvo...y el corazón de un Winchester también.


Un hombre bien parecido, pelinegro y de ojos de ensueño apareció por la puerta. 


Sin la gabardina parecía un extraño, pero Dean lo reconocería de todas maneras y en todos los universos, aun si luciera más casual, en camisa, polera o en camiseta. Para él, Castiel era Castiel en cualquier lado, en cualquier momento. 


Caminaba con dificultad cargando unas bolsas de compras consigo.


—¿Cómo esperas que agilice el paso si quieres que traiga todo este bulto, Rowena? Soy un arcángel, no tu esclavo.


La mujer ignoró sus quejas y volteó nuevamente a ver a Dean. 


—¡Taráááán! Le pedí a tu regalo que cargara tus otros regalos. De nada.


No hubo risa ni carcajada que Dean pudiera escuchar en ese momento. Jack dio una idea después de mirarlos fijamente y propuso salir y usar los fuegos artificiales que Rowena había traído como regalo especial de Crowley para Dean. Todos entendieron que debían abandonar el sitio, incluso John fue obligado por Mary y Ellen a salir de ahí, aun sin entender por qué debía salir de su propia casa. Todo el ruido era ajeno para Dean.


—Pensé que ya no te vería más...—empezó Cas.


—Saliste del hoyo ese y no se te ocurrió venir a verme. Obviamente no ibas a verme...


Cas sonrió...y Dean estaba maravillado como una colegiala mirando a su crush.


—Tenía mucho que arreglar, Dean...Jack y Rowena me dieron una nueva oportunidad. Tenía que compensar de alguna manera todo lo que hice para llevar al antiguo cielo a su declive. Se lo debo a mis hermanos que creyeron en mí...


—Pues has hecho un trabajo maravilloso. Este paraíso es espectacular.


—Lo es, y habría sido mucho mejor si a alguien que conozco no se le hubiera ocurrido morir tan rápido.


Dean rio sonoramente, frotándose la nariz con nerviosismo


—¿Me pregunto quién habrá sido ese hijo de perra?


Castiel no contestó, pero sí lo miró y Dean se dio cuenta de que debía decir algo respecto a su último encuentro.


—Cas, sobre ese día...


El arcángel negó.


—No necesito escuchar lo que ya sé...


—¡Pero necesito decirlo!


El ojiazul se tomó la confianza necesaria para acariciar la mejilla de su humano favorito.


—Sé que me amas, Dean...Lo supe en el purgatorio, y también lo supe cuando morí, pero sabía perfectamente que tu odio hacia ti mismo no te iba a permitir aceptarme...


Dean quitó la mano de Castiel suavemente y lo abrazó con apego.


—Sin ti no soy yo mismo, Cas...Es cierto que aún me odio a mí mismo por muchas cosas, pero dame tiempo, por favor, necesito trabajar en mí mismo para decir con orgullo un día que merezco ir de la mano contigo a donde sea...


Cas correspondió el abrazo y Dean lo escuchó sollozar. ¿La había cagado? Se había preparado mentalmente para su confesión y terminó por hacerle daño a Cas.


—Lo siento, Cas...No era mi intención...


El ex cazador deshizo el abrazo y vio a Castiel lagrimeando, pero con una sonrisa en su rostro.


—Tenemos toda una eternidad para trabajar en ello, Dean...


—¿Podrás esperarme, Cas?


—He esperado toda una vida por ti, Dean...Puedo esperar mil vidas más...


Dean sonrió.


—No, tampoco te haré esperar tanto, viejo...


Cas le devolvió la sonrisa y comenzó a disminuir el espacio personal entre ellos.


—Y mientras tú trabajas en tu amor propio, yo me esmeraré cada día para seducirte, Winchester..., porque eres el más amado para mí. Feliz cumpleaños, Dean...


El humano estaba complacido y ni siquiera se enfadó cuando el ser divino eliminó la distancia y marcó aquella promesa con un fantástico beso. Bien, posiblemente Dean podría ir dándole un adelanto de lo que sería una eternidad juntos, así que cedió ante el primer beso y los que le siguieron luego de ese. Y lo único que se podía escuchar era el ruido de afuera y la voz de Sam, comentándole a Jess que sospechaba que incluso en el cielo no se salvaría de ser el violinista de su hermano y el ahora arcángel del Señor.