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Las Vegas, 26 de Enero de 2016
Un divertido grupo de jóvenes amigos, todos coreanos, entraron en el hall del impresionante Hotel Caesars Place de Las Vegas. Sus caras, al ver la majestuosidad de todo lo que les rodeaba hablaban por si solas.
—Wow ¡esto es una pasada! — Gritó Yugyeom, el joven más alocado del grupo.
Todos asintieron boquiabiertos.
La recepción del lugar era impresionante. El mármol color marfil y las esculturas romanas eran tan increíbles que parecían estar en la antigua roma. Jung Yoon, Seokjin, Yugyeom y Jungkook habían viajado desde Corea del Sur para celebrar la despedida de soltero más sonada de todos los tiempos. Habían planeado minuciosamente ese viaje y allí estaban, dispuestos a disfrutarlo.
Seokjin se casaba el 17 de febrero y sus amigos de toda la vida habían decidido darle aquella sorpresa.
¡Las Vegas!
Un lugar del que habían hablado mucho durante su adolescencia, y al que habían prometido ir juntos algún día.
—Hermano ¿has visto al chico ese? Por dios ¡que culazo! — Soltó Jung Yoon, conocido por todo aquel que lo conocía como Jaehyun.
Sin perder un segundo todos miraron en dirección a un muchacho impresionante. Era un rubio espectacular que iba vestido de romano. Este al pasar junto a ellos les guiño un ojo y se marchó con dos chicos que lo esperaban vestidos de griegos.
El futuro marido y Jungkook, los más sensatos, al ver aquel rubio alejarse sonrieron, mientras los otros dos silbaban como locos.
—Recuerda lo que hablamos — le murmuró Jin a Kook. —No me dejes hacer ninguna tontería, que como se entere mi muñequito cuando llegué a Seúl, ¡me mata!
Jungkook sonrió al oír aquel comentario y fue a contestar a su mejor amigo cuando Yugyeom, quién también lo había oído, dijo colgándose de su cuello:
—Aprovecha tus últimos días de soltero y no me seas aburrido. Hermano estamos en Las Vegaaaas. Nos rodean un montón de nenes preciosos y sexis. Además, prometimos que lo que pasara aquí, aquí se quedaría.
Yugyeom era el típico amigo divertido pero problemático. En un principio pensaron viajar sin él, pero su amistad desde niños y el cariño que le tenían, al final consiguió que no lo dejasen de lado. Sin embargo, todos sabían que debían andarse con cuidado. A Yugyeom le gustaba demasiado la juerga, la bebida y las drogas, por todo eso era que él era un especialista en liarla en cualquier momento.
—Joder ¿han visto qué trasero se maneja ese muñequito? — dijo Yugyeom sin un ápice de vergüenza.
Jungkook sonrió. Sus amigos eran un caso aparte, pero les quería. Nada tenían que ver con él, ni con su manera de ser, ni con su personalidad, pero para él eran los mejores del mundo, aunque también fueran los más escandalosos del universo. Por ello, y consciente de que los cinco días que estarían ahí iban a ser gloriosos, cogió su bolsa de deporte y dijo antes de que alguno comenzara a decir burradas:
—Venga, vamos a buscar la llave de nuestra habitación para dejar el equipaje.
Yugyeom cogiendo su mochila lo siguió e indico:
—Diablos Kook, tu amiguito de la agencia de viajes nos ha conseguido un hotelazo tremendo. Recuérdame que le lleve un souvenir de agradecimiento.
—Eun Woo es muy simpático.— dijo Jungkook divertido.
—Y está muy bueno, ¿sales con él?
—¡JA! Ya quisiera él — se mofó Jin que conocía a fondo la vida de su amigo.
—¿No estás saliendo con el monumento de la agencia? ¡Pero si está tremendo! — exclamó con entusiasmo Yugyeom sacando una botellita de whisky que le había comprado al taxista.
—No… No estos saliendo con él — respondió Jungkook dejando sobre el mostrador su pasaporte.—Estoy cansado por las pruebas para entrar en la agencia policial. ¿Lo recuerdas?
—Sinceramente, creo que te falta un tornillo.— se mofó Yugyeom.— Y no lo digo porque quieras ser policía, sino por no estar enrollado con ese monumento.
Tras soltar una carcajada, Jungkook miró a sus amigos y exclamó:
—¿Quieren dejar de molestar y sacar sus pasaportes?
Si la entrada al hotel, el hall y la recepción les pareció alucinante, cuando llegaron a la habitación, se asomaron al balcón y vieron las enormes piscinas fue él no va más. Aquella misma tarde la dedicaron a jugar en las máquinas del hotel, y cuando se enteraron que en la sala de actuaciones actuaria el cantante Drake, no se lo pensaron y fueron allí a cenar.
La actuación fue impresionante. Drake estuvo magnífico y ellos se divirtieron a rabiar, y más cuando descubrieron en la mesa de al lado un grupo de chicos dispuestos a pasarlo tan bien como ellos.
Como era de esperar, Yugyeom iba más bebido que ninguno, se levantó y se dirigió en dirección a la mesa de los chicos. Dos segundos después regreso con los cuatro chicos a su lado.
—Colegas os presento a Seo Joon, Woo Shik, Taehyung y Hyung Sik.— dijo mientras los señalaba a cada uno.—¡Son estudiantes Californianos!
—Wooow — exclamaron al escuchar su efusión.
Los muchachos les saludaron y pocos segundos después estaban sentados con ellos. Una vez acabo el espectáculo de Drake unos músicos empezaron a tocar y los chicos los invitaron a bailar.
Yugyeom y Jaehyung aceptaron. Seokjin y Jungkook se limitaron a ver balar a sus dos amigos con los cuatro muchachos, que parecían bastante animados.
— Creo que voy a recordar este viaje toda mi vida— dijo Jungkook mientras sonreía por ver a Yugyeom con una peluca a lo Elvis Presley bailando con los chicos. Aunque su mirada se detenía una y otra vez en el pelirrojo llamado Taehyung. Sus ojos llenos de vida y esa sonrisa descarada lo atraían… y mucho.
Jin que conocía bien a su amigo, al ver como aquel miraba al pelirrojo se acercó y le susurró:
—¿Es solo cosa mía o el pelirrojo te gusta?
Jungkook sonrió. Bebió de su cerveza y, por su gesto, su amigo lo entendió asi que solo se limitó a seguir en silencio, esperando su respuesta.
—La verdad es que tiene unos ojazos y una sonrisa impresionantes.—asintió de nuevo Jin.
Una hora después los ocho salieron del Caesars Place dispuestos a vivir la noche en Las Vegas. Primero pasaron por uno de los cientos de casinos donde tomaron unas copas y jugaron unas cuantas partidas al blackjack. Allí, de nuevo, Jungkook volvió a fijarse en Taehyung y comprobó como controlaba y ganaba ese juego.
Con las ganancias todos se dirigieron a una sala de fiestas donde un DJ tocaba mientras la gente bailaba al ritmo de la música. En esta ocasión y con unas copas encima, todos saltaron a la pista, incluido Jungkook, quien demostró ser un magnífico bailarín. A Jungkook se le resecó la boca en sobremanera cuando el de la impresionante sonrisa se le acercó y se contoneó bailando delante de el mientras le cogía de la mano. Lo siguió como pudo y comprobó lo fácil que era bailar con él.
Media hora después, sedientos y sudorosos, los dos se dirigieron a la barra para pedir unas copas.
— Taehyung, tu acento no es tan marcado como el de tus amigos, ¿por qué?— Preguntó Jungkook.
—Mi padre es americano, pero mi madre es coreana, de Daegu.— cuchicheó este.—Pero físicamente salí a la familia de mi mamá.
Jungkook sonrió y volvió a preguntar:
—¿Dónde vives?
—En los Ángeles y, por cierto, mi abuela, la madre de mi madre, es de Seúl.
—¿Seúl? — dijo sorprendido.
—Sip, un lugar que lleva clavadito en el corazón. Siempre me habla de aquella tierra como algo maravilloso y difícil de olvidar.
—¿Y como terminó una seulense en Daegu?
Retirándose con coquetería un mechón de la cara, mientras llamaba al camarero para pedirle de nuevo unas copas, murmuró:
—Por amor. Conoció a mi abuelo, se enamoraron y cuando el tubo que regresar a su ciudad se casaron y mi abuela se marchó con él.
—¿Y tu abuela ha vuelto alguna vez a Seúl?
—Sí… si. Ella ha viajado algunas veces allá, yo solo espero poder acompañarla algún día. Porque ahora con los estudios y eso lo tengo difícil.— respondió clavándole sus castaños ojos.
—Entiendo.—dijo Jungkook a la par que asentía — Sé que te estoy acribillando a preguntas, pero ¿qué estudias?
El joven al ver que el camarero preparaba sus bebidas lo miro y respondió con seguridad.
—Publicidad. Me gusta mucho ese mundillo.— y dando un giro a la conversación le preguntó —¿Y tú de que parte de Corea eres?
—Vivo en Seúl. Pero mi familia es de un pueblecito en Búsan. Donde, por cierto, hay un maravilloso castillo prehistórico que es una auténtica preciosidad.
—¿Un castillo? Yo adoro los castillos.— sonrió encantado —En uno de los viajes que tengo planeados hacer a Corea quiero conocer muchos monumentos históricos.
—Pues Corea está lleno de ellos.
—Lo sé. Mi abuela siempre me habla de Corea, de sus centros históricos, su comida, cultura y de su historia.
Su gesto aniñado al hablarle, sus ojazos castaños y sus bonitos labios enamoraban a Jungkook, y pasando su mano suavemente por el fino óvalo de su cara le susurró:
—Si alguna vez vienes a Corea, llámame, y yo te los enseñaré. ¿De acuerdo Taetae?
—¡¿Taetae?! — río el joven con las pulsaciones a mil.—Así me llama mi abuela.
Ambos rieron y se miraron a los ojos, deseosos de intimidad. Pero los dos sabían que era una locura. Por ello, para romper ese momento mágico, Taehyung preguntó:
—Y tú… ¿estudias o trabajas?
Jungkook sonrió. Ahora era el quién le preguntaba.
—Me estoy preparando para ser policía en mi país Bueno, en realidad, Jin y yo nos estamos preparando para ser agentes.
Sorprendido por esa contestación, él asintió y sin darle tiempo volvió a preguntar.
—¿Y qué hacen unos futuros agentes Coreanos en Las Vegas?
Dando un trago a su cerveza, Jungkook se acercó un poco más a él y decidió dejar de imaginar y pasar a la acción.
—Divertirse, ¿y ustedes?— preguntó con la voz ronca.
Taehyung al sentir su cercanía, olvidó sus precauciones y acercando sus labios a los de él susurró cautivado.
—Divertirnos.
Dejando su cerveza sobre la barra, Jungkook se acercó más al joven de sonrisa geométrica para tomar con avidez aquellos labios tentadores. Él era dulce, suave y olía a sensualidad, una sensualidad que a Jungkook lo volvió loco. Tras ese beso cálido y sensual llegaron muchos otros, regados con alcohol y sensualidad.
La noche enloqueció, llena de colores, música, risas, bebidas y descontrol. Por primera vez en su vida, Jungkook, el chico tranquilo, el muchacho que siempre controlaba sus actos, bebió tanto que llegó a un punto que perdió la razón y la noción del tiempo.