Capítulo I: Retorcida fijación
Deseaba tener una forma más profunda de explicarse la situación, en algún momento de las últimas semanas, había llegado a ser hiperconsciente de sus hermanos. Todo sobre ellos, su olor, sus cuerpos, incluso el sonido de sus voces se convirtió de repente en el foco de su universo.
Cuando lo pensó lo suficiente, estaba bastante seguro de que su obsesión comenzó noches después de la partida de su padre, Splinter había decidido visitar al maestro ancestral en Japón durante tres meses, ya que en sus propias palabras “ellos podían encargarse de si mismos”, el corto lapso tiempo que tenían viviendo solos hasta ahora había sido tenso, tras la última derrota de Shredder todo había estado relativamente en calma, dando pasó a las peleas recurrentes entre Raphael y Leonardo cuando el último no daba pasó para lo que el consideraba “patrullajes innecesarios”.
Observó cómo ambos hermanos peleaban incesantemente, la mirada obstinada y desafiante en el rostro de Raphael era fascinante, en ocasiones no podía apartar su vista. Incluso cuando Leonardo finalmente perdía la paciencia y arremetía contra el de rojo, y él terminaba separandolos para evitar altercados físicos e inconscientemente se encontró lanzando miradas furtivas a ambos. Los ojos dorados de Raphael brillaban bajo la adrenalina, toda su ira pura y elemental concentrada en su hermano mayor.
Sus orbes oscuros rastrillaron los cuerpos de sus hermanos y una voz desde algún lugar profundo dentro de su mente le susurró, “¿Cómo sería cuando llegara su época de apareamiento...?“, todos en las alcantarillas eran machos, eso en teoría era malo, había escuchado sobre el cambio de genero en muchas especies cuando no había hembras en el entorno, claro que eso solo había ocurrido en peces, rara vez en algunos reptiles pero no en tortugas, sin embargo, ellos no eran tortugas normales, lucho por dejar de lado ese pensamiento y concentrarse en el asunto que tenía entre manos, de pronto la imagen mental de un Raphael indefenso retorciéndose debajo de Leonardo espontáneamente golpeó en su mente. Casi podía sentir el latido acelerado del pulso de Leo cuando sus manos trabajaran para montar la furia animal de su hermano.
Comenzó a pensar que podría estar volviéndose loco. No podía concentrarse en su trabajo, cometiendo errores estúpidos que afortunadamente captó antes de que alguien se diera cuenta, pero, ¿Cuánto tiempo pasaría antes de que lo hicieran?, ¿O antes de que cometiera un error que le costará muy caro a su familia?
Él era el tipo de las respuestas, al que acudían todos los demás cuando se requería una solución a un problema. Si podía averiguar qué hacer por ellos, ¿por qué no podía encontrar una respuesta para su propio dilema particular?
No era como si pudiera ir con Raph y decirle: “Hola hermano, adivina, de repente he estado teniendo locas fantasías sexuales que por cierto, son sobre ti siendo penetrado brusca y fuertemente por Leonardo, me preguntaba, si ustedes podrían hacerlo mientras los observó.
No, eso no funcionaría en absoluto, una serie de escenarios le vinieron a la mente si hiciera una confesión como esa. El primero, Raphael lo miraría como si le hubiera crecido una segunda cabeza y luego lo golpearía tan fuerte que no se levantaría en tres días.
El segundo, Raphael lo arrastraría directamente hacia Leonardo y solo podía escuchar el comienzo de esa conversación. “¡Hola, Leo! Adivina, ya no soy la tortuga más jodida de la guarida”. Estaba seguro de que prefería recibir un puñetazo en la cara.
El tercer escenario incluía a Mikey corriendo para averiguar de qué se trataba toda la emoción. En ese punto había dejando de pensar en eso...
El cuarto escenario, Leonardo aplastaría a Raphael en sus brazos y expresarían su deseo mutuo con besos lo suficientemente calientes como para quemar la piel del contrario.
El último era el menos probable del grupo, pero aún estaba lejos de lo que soñaba despierto, no quería una relación típica de libros, su mente estaba llena de imágenes de como Leo dominaba a su hermano más grande y mucho más fuerte, tomándolo por completo. Él quería que Raphael peleara cuando Leonardo tomará el control, voluntad y el cuerpo del cabeza caliente. El genio quería escuchar la voz profunda y vibrante de Raph ordenando a Leonardo que dejara de tocarlo y finalmente rogándo por más.
Apretando los dientes, se inclinó y se golpeó la cara con las manos. Era tarde y todos estaban en la cama, todo era oscuro y silencioso. La obsesión que llenaba su cerebro se estaba volviendo tan mala que ya ni siquiera podía dormir, al principio, la fantasía había sido lo suficientemente leve como para que masturbarse le diera la liberación mental necesaria para descansar un poco, ahora ya no funcionaba, su orgasmo lo dejaba jadeando y exhausto, pero no había alivio mental.
Su mente acelerada no podía dejar de lado las imágenes de un Raph indefenso atado y abierto a cualquier cosa que Leo deseara hacerle. Había llegado al punto de que solo momentos después de llegar al clímax, estaría duro como una roca y desesperado nuevamente, insultandose a sí mismo por lo que estaba seguro que tenía que ser una fijación retorcida, volvió a buscar en Internet algún tipo de solución a su problema mental. Por supuesto, él y sus hermanos no eran normales, pero estaba seguro de que su mutación no era responsable de su horrible y enfermiza necesidad de ver a uno de sus hermanos superar al otro
Cada sitio que visitó le recomendó buscar terapia, sólo podía reírse. ¿Terapia de quién exactamente? Esa no era una opción viable. La idea de que debería hablar con el Maestro Splinter sobre esto y buscar su guía y consejo cuando regresará cruzo por su cabeza pero descartó esa idea rápidamente. No quería pasar el resto de su vida volteándose para encontrar los ojos sospechosos y vigilantes de su Padre sobre él, incluso si juntos encontraban una manera de superar su rara fijación, además arruinaría su diversión actual.
Corriendo a través de páginas de dogma psicológico, revisó el texto que ya había leído más de cien veces. Nada lo ayudó. Finalmente comenzó a hacer clic en los numerosos artículos de noticias y trabajos de investigación que se habían escrito sobre desviaciones sexuales, con la esperanza de encontrar algo que lo devolviera a la realidad. Después de una hora más o menos, comenzó a sentarse lentamente, sus ojos cansados se abrieron un poco. Había encontrado una historia que tenía sentido para él, un artículo que estaba demostrando ser más útil que todo lo que había leído hasta la fecha.
Se dio cuenta de que estaba lidiando con sus deseos de manera incorrecta. Había pasado días torturándose a sí mismo cuando la solución era muy simple y directa, no necesitaba renunciar a su compulsión. Solo necesitaba encontrar una manera de hacerla realidad, sin que sus hermanos lo supieran.
¿Cómo es que no había pensado en eso antes?, Era demasiado sencillo, de hecho, estaba seguro de que con un pequeño empujoncito, ayudaría para que la situación mejorará entre ellos.
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Respiró hondo mientras cuadraba los hombros. Sus hermanos lo estaban esperando en la entrada de las alcantarillas, sin embargo, había una cosa que no cuadraba con la explicación que le dió Donatello para explorar un viejo edificio que los Utroms habían utilizado para investigar un tal proyecto S.H.P.
— Ya tengo el mapa del edificio — soltó Donatello interrumpiendo sus pensamientos, mientras lo veía enfocarse mentalmente en el porque estaban saliendo de las alcantarillas esa noche.
— Bien Don, tú tomas la iniciativa entonces, te seguiremos.
La caminata a través de las alcantarillas fue tranquila después de eso, siguieron a su hermano vestido de púrpura mientras él los conducía a la tapa de la alcantarilla más cercana al edificio al que apuntaban.
Raphael fue el primero en subir la escalera; siendo el más fuerte, podía levantar fácilmente la tapa de la alcantarilla y apartarla sin hacer mucho ruido. Levantando la cabeza y mirando a su alrededor, indica que la zona estaba despejada antes de subir el resto del camino. Sus hermanos no tardaron en seguirlo, él fue el siguiente, Donatello lo siguió con el mapa, dejando a Mikey en la retaguardia.
El edificio no parecía gran cosa, tablas cubriendo las ventanas y puertas, teniendo partes que parecían estar cayéndose. Toda la sensación gritaba “peligroso e inseguro”, sin embargo, eso parecía ser lo que los Utroms hicieron para mezclarse, disfrazaron sus bases como edificios antiguos, lugares no deseados o poco atractivos, de ese modo ningún humano medianamente cuerdo se atrevería a entrar.
— Debería haber una entrada secreta — dijo, caminando hacia una pared de aspecto sólido, mirándola, con el ceño fruncido.
— A mí me parece una pared, Don —Raph se rió entre dientes — ¿Estás seguro de que esa cabeza de huevo tuya no se averió?
— Averiado o no, mi cerebro claramente recibe más oxígeno que el tuyo —, bromeó, ignorando como Raph resopla a modo de respuesta, presiona su mano contra la pared, sonriendo cuando la atravesó.
— No importa cuántas cosas raras haya visto, cuando las paredes hacen eso es espeluznante — Mikey se estremeció, y él solo ríe ante esas palabras.
— No seas un gato asustadizo — bromeó Raphael.
— Si tuvieras algo de sentido común, también estarías asustado, hermano — replicó Miguel Ángel tres segundos estaba corriendo a través de la pared checando levemente contra su caparazón antes de que Raphael pudiera responder con un golpe en la cabeza.
— ¡Ese pequeño...!
— Déjalo, Raphael, vamos a terminar con esto para que podamos llegar a casa — mencionó, indicando que entrara delante de él.
Raphael entrecerró los ojos hacia su dirección, mirandolo con esos ojos que demostraban tanta molestia — ¿Por qué tienes tanta prisa por llegar a casa?
— Porque esto no me da buena espina.
— A ti todo te da mala espina — Raphael gruñó.
— Sabes que no es así como funciona. Ahora, por favor, acabemos con esto de una vez.
Sin otra palabra, Raphael siguió a sus otros dos hermanos, tomó la retaguardia esta vez. Mirando a su alrededor para asegurarse de que nadie los había visto y se deslizó por la entrada.
Habían estado deambulando por las instalaciones durante lo que parecían horas, sin embargo, sabía que solo podrían haber sido menos de diez minutos, simplemente no le gustó la sensación del lugar, con sus manos apretando sus nunchakus intentando calmarde, a pesar de que no se habían topado con nada que pudiera considerarse armado y peligroso.
Mirando hacia atrás, frunció el ceño cuando todo lo que vio fue el pasillo vacío por el que acababan de caminar.
— ¿Soy solo yo, o este lugar es súper espeluznante? — cuestionó, volviendo su atención hacia sus hermanos, quienes estaban unos pasos por delante de él.
— Casi tan espeluznante como cualquier otra instalación de los Utroms, Shredder o los dragones púrpuras — le respondió Raphael, mirando a su alrededor, con el ceño fruncido — Casi tan aburrido como uno también.
— Eso no significa que no haya nada peligroso aquí —, advirtió Leonardo, adelantándose para detenerse cerca de una esquina. Miró a su alrededor, comprobando el pasillo que tenía delante.
— Lo sabemos Leo, ya no tenemos 15 años — replicó Raph acercándose a su hermano mayor, oh no y ahí iba otra pelea de ese par — ¿Ves alguna cosa?
— No, no hay nada —, dijo Leonardo, girándose para mirar a Raphael, bueno al menos no habían discutido está vez, pero ambos tenían esa mirada tensa entre ellos — Tenemos que subir.
— ¿Por qué? — y ahí iba Raph de nuevo, por momentos creía que ambos no estaban satisfechos a menos que pelearán al menos 2 veces al día.
— Porque los laboratorios generalmente están más cerca del último piso — explicó Leo entre dientes, haciendo que los hombros de su pusieran tensos, entrecerro los ojos sin querer ver quién daba el primer golpe.
— Necesitamos algo de información del laboratorio — Don intervino, y los hombros de Raphael se relajaron un poco, haciendo que su propio cuerpo se relajara por el regreso de calma entre sus hermanos mayores, aún que Leo no se veía tan feliz.
Estaba frustrado, molesto, incluso admitiría que estaba un poco celoso por la facilidad con la que Raph escuchaba a Don a veces, sin cuestionar su razonamiento detrás de las cosas, tantos años trabajando como equipo y su hermano de rojo insistía en pelear con él, pensó que tras vencer a Destructor por lo que esperaba fuera la última vez todo estaría más en armonía con Raph pero se equivocó, empezó a caminar otra vez tratando de no dejar que eso lo molestara, al menos no mientras estaban fuera de la guarida, podría abordar sus problemas más tarde, en la privacidad del dojo o su habitación.
— Creo que primero deberíamos dirigirnos a la sala de energía — explicó mirando a sus hermanos ignorando la mirada intensa que tenía Leo sobre él — Nuestro objetivo principal es desactivar esta instalación desde la fuente, también necesitamos extraer muestras y datos informáticos del laboratorio. Como mínimo, deberíamos tratar de averiguar para qué se estaba utilizando esta instalación.
— ¿Por qué importarían los datos que hay aquí si esto está cerrado desde hace años? — le cuestionó Raph, empujando a Mikey hacia un lado cuando el menor de apoyo en su brazo.
— Porque Don necesita algo nuevo para jugar — respondió Mikey con una sonrisa juguetona mientras lo miraba y quiso sonrojarse ante el comentario.
Leonardo suspiró exasperado mirandolos con una mala expresión extendiéndose en su cara — Tenemos que asegurarnos de que personas peligrosas no encuentren estos lugares, es nuestro trabajo cerrarlos antes de que personas inocentes resulten heridas — explicó, usando voz pesada y demandante mirando a Raph a los ojos.
— Luego iremos al laboratorio, y veremos qué podemos encontrar en sus computadoras — ordenó su hermano mayor, todo era tan fácil con esos tres.
Raph miró a Leo con ceño fruncido, tenía la boca abierta para hacer algún tipo de comentario sarcástico detiendose cuando Mikey lo empujó en el costado, resopló ante eso, él realmente quería ver una discusión sucediendo entre ellos.
Raph le dio otro empujón a Mikey, poniendo algo de distancia entre ellos. Le dio a Leo una mirada más, luciendo como si estuviera debatiendo si decirle algo más a du líder de azul, antes de decidir no hacerlo.
— Terminemos con esto de una vez —, dijo Raph, — Si esto termina siendo una pérdida de tiempo, me enfadaré mucho.
Leonardo miró hacia su dirección, haciendo una mueca, incluso cuando llegaron a su destino su lider permaneció cerca mientras trabajaba para obtener toda la información que pudiera de las computadoras de los Utroms, sin embargo, tras unos minutos Leo le informo que en su opinión, “ya habían estado allí demasiado tiempo”.
— Será mejor que te apresures Don — ordenó Leonardo mientras escaneaba el área, por unos segundos se preguntó por qué no había decidido ir solo.
— ¿Cuánto tiempo más, Donnie? — preguntó Miguel Ángel, mirandolo expectante.
— Casi termino... — respondió entre dientes, mirando la pantalla atentamente.
Suspiró con fuerza, estaba encontrando todo esto un poco fácil, aunque asumió que era porque todavía estaba demasiado acostumbrado a estos lugares llenos de enemigos, y el hecho de que no había visto ninguna trampa, o escuchado alguna alarma era desconcertante. Tal vez su suerte estaba en su mejor momento.
— Listo, ahora vamos al laboratorio — Don tomó la memoria USB que había estado usando y la guardó en el bolsillo de su cinturón antes de agarrar su bastón bo, que había dejado a un lado mientras trabajaba.
— No toquen nada — recordó Leonardo, cuando llegaron, apretó los dientes ante la advertencia, acción que había pasado por alto antes de que Mikey encontrará un botón al lado de otra puerta.
— ¡Oh, creo que encontré algo! — gritó su hermano menor atrayendo la atención de todos, presionó el botón, pudo ver el enojo en la mirada de Leo cuando puerta se abrió para revelar otra habitación más pequeña adentro, cuando ingresaron las luces se encendieron, iluminando un gran tanque empotrado en el suelo.
— Uh..., huele raro, es como una especie de pegote verde y negro aquí! — volvió a hablar su hermanito arrodillándose en el suelo del balcón para ver más de cerca la sustancia.
— ¡Que no toquen nada! — fue la respuesta de su temerario lider.
— Parece un poco, no sé, alquitrán, mezclado con algo — Mikey frunció el ceño, viendo burbujas aparecer en la superficie.
— Parece que los Utroms dejaron algo “cocinándose”,— mencionó parándose junto a Miguel Ángel, tan cerca como estaba, podía ver cómo burbujas salían a la superficie y explotaban.
— Bueno, sea lo que sea, deberíamos deshacernos de él. Quién sabe para qué estaban tratando de usarlo — fue lo único que Leo dijo y debía admitir que tenía razón.
— ¿Hey Donnie quieres un poco? — preguntó Mikey, mirando más cerca el borde del tanque, bien, esto comenzaba a ser aburrido.
— Ni siquiera tenemos una forma de transportarlo — señaló Don y Mikey solo suspiró asintiendo con la cabeza en acuerdo.
— Cierto, ¿Entonces que hacemos con esta cosa?
— Destruirlo, luego nos vamos — volvió a repetir su hermano mayor, ¿Por qué Leo era tan paranoico? Esa cosa no siquiera era lo más raro que habían visto.
— Está bien —, dijo Mikey, sostiendo su brazo para ayudarse a levantarse y eso en teoría habría sido una buena idea, si hubiera estado parado firmemente, sin embargo, tan distraído como estaba, el tirón inesperado en su cuerpo hizo que cayera hacia adelante con los ojos muy abiertos cuando golpeó contra la baranda rompiéndola en el proceso arrastrando a Miguel Ángel hacia abajo con él.
Ambos cayeron en el líquido, hundiéndose al instante, sintió su cabeza rompiendo rápidamente contra la superficie del espeso líquido antes de hundirse, jadeando mientras tragaba la sustancia que había en el tanque, sacando la cabeza en pocos segundos.
— ¿Mikey? — gritó, volviendo la cabeza a un lado y luego al otro.
— ¡Mikey! ¡¿Sigues conmigo, hermano?!”
Su preocupación crecía cuando no vio a su hermano pequeño en absoluto. Estaba pensando que tendría que bucear por él y esperar encontrarlo en el fondo del tanque cuando algo toco su pierna.
— ¡Mikey! — llamó, sumergiéndose y envolviendo su brazo alrededor de su hermano, arrastrándolo a la superficie con él.
— ¡Oh, esta mierda es desagradable! — Mikey se quejó, farfullando mientras escupía lo que había tragado.
No dijo nada, llevándolos a los dos a la cornisa. Se aseguró de que Mikey se levantara y saliera primero y luego, con la ayuda de Leonardo, salió también. Mikey seguía tosiendo y sacudiendo la cabeza.
— Lo siento amigo —, dijo Miguel Ángel, mirandolo, estaba molesto, obviamente, pero por el momento estaba más preocupado por revisarse a sí mismo. Se dio unas palmaditas en la cara, los brazos, el plastrón, todo se sentía como si todavía estuviera en su lugar, y no brotaba nada extraño en ninguna parte.
— Deberías tener más cuidado, esa cosa podría haberles derretido la piel por lo que sabíamos — mencionó Donatello
Mikey hizo una mueca y agachó la cabeza mientras murmuraba — Dije que lo sentía...
— Un lo siento, no habría arreglado nada si tuviera un brazo extra creciendo desde mi cabeza — gruñó, limpiándose la cara
— Cierto, pero entonces habrías tenido una mano extra para estrangularme — señaló Mikey, moviéndose para ponerse de pie, usando a Don cómo palanca está vez, bien, el mocoso tenía un punto.
Tan pronto como pensaron que estaban bien toda la habitación se iluminó con luces rojas intermitentes, y una fuerte sirena comenzó a zumbar en la distancia.
— ¡Se nos acabó el tiempo chicos! — dijo Leo, empezando a correr.
Empezaron a moverse para seguirlo antes de que Don intentará hablar corriendo como locos por el edificio, cuando lograron salir comenzaron a deslizarse por los callejones alejándose lo más que podían. Ninguno sabía cuán poderosa iba a ser la explosión, y pusieron tanta distancia como pudieron entre ellos y el edificio.
Subiendo a la azotea más cercana, siguieron corriendo, saltando de un edificio a otro, Leo como su líder ahora escaneaba el área, esperando que estuvieran lo suficientemente lejos.
Como era de esperarse la explosión sacudió los edificios a su alrededor, e incluso a unas pocas cuadras de distancia, podían sentir el calor de las llamas mientras veía todo lo que había adentro quemarse. Sabiendo que estaban a salvo se detuvieron tomando unos minutos para orientarse.
Ya más tranquilo miro directamente a Leo, su mirada solo significaba una cosa, Mikey estaba en problemas.
...
