El novio de Yusuke

Summary

Yusuke de alguna forma que ni él alcanza a comprender consiguió una pareja, una qué contra todo pronóstico no es su hermana, de su edad o siquiera mujer. Yusuke tiene N-O-V-I-O. Pero a pesar de que puede decir que fue fácil conseguirlo lo que no sabe es que lo difícil será mantenerlo, una labor ardua teniendo en cuenta que gradualmente todos sus hermanos comenzarán a interesarse en su novio, en quitarle a su novio. ¿¡No puede tener un enamoramiento normal sin que su insana cantidad de hermanos se enamoren de la misma persona que él!? ⊱ ────── {.⋅ ☕︎Kháos✌︎ ⋅.} ────── ⊰ ⊱ Harén/harem ⊱ Temática homosexual ⊱ Fanfic largo ⊱ Personaje Oc ⊱ Los personajes de Brothers Conflict no me pertencen

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Ongoing
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10
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18+

Capítulo 0 - La Declaración

NERVIOS, eso era todo lo que sentía desde que abrió los ojos esa mañana.

Desde el momento en que despertó, se levantó, se bañó, se vistió y se acicaló lo mejor que pudo revisando cada parte de sí mismo con esmero, sintió un nudo armarse en la boca de su estómago y un regusto amargo en su paladar solo con pensar lo que estaba a punto de hacer.

Se miró ansiosamente al espejo, encontrándose con sus brillantes ojos rojos devolviéndole la mirada con incertidumbre.

Hoy era el día.

Hoy se declararía al chico que le gusta.

Pasa saliva audiblemente sintiendo sus manos sudar y se limpia apresuradamente tallándolas contra los costados de sus pantalones antes de palmear sus mejillas hasta colorearlas de un suave rojo tratando de despejarse.

—Tú puedes, no puedes echarte atrás en esto —se anima a sí mismo con decisión. Llevaba una semana tratando de hacer esto, hoy estaba decidido a no dejar pasar la oportunidad.

Ese día salió temprano de casa con su mochila al hombro sin detenerse siquiera a pensar en esperar a sus hermanos para ir a la escuela, adelantándose él mismo a pie hasta el transporte público mirando ansiosamente a su alrededor en búsqueda de una mata de cabellos dorados y un par de ojos varios tonos más oscuros que los suyos, y aún así de un rojo intenso que hacía que sus rodillas perdieran sus fuerzas.

—¡Akemi! —el grito de una chica que entró con él al transporte lo hizo saltar en su lugar cuando la chica pasó frente a él entre pasos veloces y pequeños saltos hasta el otro lado del vagón donde por fin sus ojos encontraron lo que buscaba.

Akemi Shibata, de último grado, prácticamente recién llegado del extranjero hace dos meses y medio, y quien rápidamente se hizo uno de los chicos más populares del instituto y ahora es el capitán de los equipos de baloncesto y natación de la preparatoria. El nuevo centro de sus pensamientos y causa de sus suspiros y temblores.

Inmediatamente y como siempre, un suave sonrojo se instaló en sus mejillas mientras desviaba la mirada, renuente a llamar la atención del chico, no dudaba en que si Akemi lo viera lo saludaría, pero lo que menos quería Yusuke en ese momento era tartamudear frente a los amigos de Akemi, rojo como un tomate.

Sacudió la cabeza repetidamente tratando de acomodar sus ideas, Akemi estaba ahí, Akemi reía escandalosamente con sus amigos del equipo de baloncesto mientras acordaban alguna salida después de la escuela.

Y así, entre miradas furtivas, pequeños sonrojos y oídos atentos a todas y cada una de las risas del chico de cabellos dorados cuando menos se lo esperó ya habían llegado a la parada más cercana a la escuela y Akemi se disponía a salir al lado de todos sus compañeros con Yusuke varios metros detrás de ellos tratando de no ser notado.

Aquella era su rutina matutina desde hace un tiempo, despertar insoportablemente temprano y correr a la estación de trenes, siempre al mismo tren y vagón de en medio porque Akemi siempre llegaba ahí a esa hora para pasar la primera parte de su jornada escolar bromeando y jugando con sus compañeros de club.

Aún era temprano para la primera clase, se distrajo a sí mismo dirigiéndose a su salón de clases queriendo aprovechar la falta de alumnos para tomarse un tiempo y pensar, aún estaba a tiempo de arrepentirse, aún podía desistir de su decisión como lo había hecho durante toda la semana, mantener la boca cerrada y nadie más que él mismo lo sabría, pero su pecho se estrujó con incomodidad ante la idea, porque la verdad era que a pesar del miedo, incertidumbre y vergüenza quería hablar sobre sus sentimientos con alguien más que su almohada, quería soltar aquellos sentimientos desbordantes que nacían en su pecho, pesaban como si cargara el mundo en sus manos y ardían como llamas dentro suyo, quería... Al menos una vez... Decirle a Akemi lo enamorado que estaba de él.

Aquella valentía que pudo reunir en su pequeño momento de soledad fue suficiente para lograr resistir la primera mitad de la jornada escolar, con todo y mejillas sonrojadas y miradas ansiosas por la ventana. Por fin eral el momento.

No era como que se le iba a declarar a un completo desconocido como quien profesa un amor platónico que ha llegado demasiado lejos, pues desde hace casi un mes habían compartido la hora del almuerzo, e incluso el chico había mostrado cierta preferencia por pasar el rato con él en vez de tontear al lado de sus amigos del club y él siempre estaba encantado cada vez que podían tener esas tardes, y hoy sería la más especial de todas. Sus manos comenzaron a sudar de nuevo.

Avanzó por los pasillos de la escuela esquivando a sus amigos con prisas por llegar al pequeño rincón de la escuela donde se hallaban unos de árboles de cerezo y casi nadie iba por lo apartado que estaba, lejos de los lugares común de reunión de la escuela. Se sentó sobre las raíces de uno con las piernas cruzadas y las manos juntas casi en una plegaria que más que nada era para controlar los estremecimientos nerviosos de su cuerpo.

Es entonces que logra ver por el rabillo del ojo ese destello dorado de los cabellos de Akemi antes de que las risas llegaran a sus oídos conforme se acerca junto a su equipo de basquetbol jugando con un balón en sus manos haciéndolo rodar sobre sus dedos distraídamente mientras sigue el hilo de lo que sea que el resto estaba conversando hasta que hacen amago de dar la vuelta e ir a la cafetería, entonces sus ojos aún más rojos que los de Yusuke se desvían hacia donde se encontraba y el menor suelta un respingo involuntario, sus mejillas rojas como fresas mientras desvía la mirada rápidamente.

Akemi sonríe antes de dejarle el balón a sus amigos y despedirse con un gesto de su mano sin dar mayores explicaciones para encaminarse hacia donde se encontraba Yusuke, quien ya se había levantado de su lugar en el césped y se retorcía las manos nerviosamente.

Akemi es alto, casi tan alto como su hermano Subaru, su piel era de un bronceado dorado y tenía un caminar que hacía parecer que el mundo era suyo, despreocupado y confiado a cada paso que daba.

—Hola Yuu —lo saluda con su voz suave y ligeramente grave no hace más que provocar que un nuevo estremecimiento que se detiene abruptamente cuando una cálida mano revuelve sus cabellos rojizos provocando un ardor en sus mejillas por el sonrojo que invadió su rostro.

Yususke mordió su labio inferior con fuerza sin atreverse a levantar la cabeza.

—¿Pasa algo? —Akemi busca su mirada, pero Yuusuke rehuye de sus penetrantes ojos, sintiendo en poco tiempo cómo toma su mentón con sus dedos y le obliga a mirarle, es entonces que no puede evitar pensar que no hay forma de que acepte sus sentimientos y sus ojos se cristalizan ante la repentina negatividad que lo invade, el motivo por el que se ha acobardado toda la semana.

Todo el valor que había reunido durante la mañana de esfuma en cuanto lo ve a los ojos, tan parecidos y a la vez tan diferentes a los suyos.

“¿Cómo alguien tan perfecto podría conformarse con alguien como yo?”

“Pudiendo tener a cualquiera...”

“No hay forma de que tenga oportunidad”

Aquellas palabras se repitieron en bucle dentro de su cabeza. En su interior siempre se había sentido inferior e inseguro por muchas cosas en su vida, pero ese chico rubio, de ojos escarlata y notas perfectas, capitán de los equipos más reconocidos de la escuela, que ha vivido en el extranjero la mitad de su vida y que tiene a casi todo el instituto babeando por él, hacía que de verdad se sintiera por los suelos. Su pecho dolía ante la simple idea del rechazo.

Él no era nadie en esa escuela, era un chico más del montón que trataba de mantener un promedio decente y no meterse en problemas, no estaba en ningún club o equipo deportivo y nunca había sido popular como el resto de sus hermanos eran en sus entornos.

Llevó una mano temblorosa hasta la muñeca de Akemi tratando de tragar el nudo en su garganta.

Él mismo sentía que era exagerada su reacción, solo era una declaración de amor, técnicamente no iba a morir si era rechazado, pero cuando se trataba de Akemi no podía evitar todos los pensamientos pesimistas que lo abordaban sintiéndose cada vez más inferior frente a aquel chico que le gustaba mientras mil y un preocupaciones se agolpaban en su cabeza junto al irrefrenable miedo al dolor y las consecuencias del rechazo.

“Yusuke, no pienses así, tienes que intentarlo al menos”

“Nunca sabrás el resultado hasta que lo intentes”

Las palabras de aliento de Emma surcan fugazmente sus pensamientos, por supuesto que no le había dicho a quién se le declararía, pero un vago planteamiento hipotético había bastado para que la castaña no insistiera mucho en saber los detalles y decidiera apoyarlo con dulces palabras como la buena hermana que siempre intentaba ser.

Ella tenía razón, al menos tenía que intentarlo ¿No?

—¿Yuu... —No lo dejó terminar de hablar y se lanzó hacia él abrazándose con fuerza a su cuello antes de plantarle un beso torpe en los labios, su primer beso, que no fue nada más que una presión sobre los labios ajenos y aún así lo hizo estremecerse con un ligero hormigueo que inició en sus labios y se expandió al resto de su cuerpo erizando los cabellos de su nuca y poniéndole la piel de gallina.

Bien, no se había declarado, pero lo había besado... No tardó en recriminarse a si mismo por su torpeza e impulsividad, si Akemi no lo odiaría por sus sentimientos lo haría por haberlo besado sin su consentimiento.

Lentamente se separó del más alto con la cabeza gacha y sus ojos mirando fijamente al césped mientras el sonrojo más grande que había tenido en su vida se instalaba desde la punta de sus orejas hasta su cuello. Espera, pero no hay nada más que silencio de parte de Akemi.

Sin duda una mala señal, una horrible, seguramente ahora sería odiado, se burlaría de él y había perdido la pequeña y hermosa amistad que había conseguido con aquel chico de ensueño. Desconsolado cubrió su rostro con ambas palmas en cuanto sintió las lágrimas de vergüenza inundar sus ojos.

Culpable balbuceó una disculpa a medias antes de decir:

—Me gustas.

De nuevo se hizo el silencio mientras nada más que sus respiración torpe en un intento de llorar patéticamente frente a Akemi llenaban el lugar y no supo si habían pasado tan solo un par de minutos o largas horas las que llevaban ahí parados.

—Yusuke —el suave, pero repentino llamado lo hizo dar un minúsculo salto en su lugar.

Ay, no, ya no era “Yuu”, eso era una mala señal sin duda. No atendió, temeroso de mirarlo a la cara, temeroso de escuchar su rechazo y de haber arruinado la amistad que había atesorado tanto.

Akemi no espera más antes de tomar sus muñecas con suavidad hasta lograr que dejara de cubrirse el rostro antes de tomarlo por los hombros y acercarlo a su cuerpo envolviéndolo con cuidado hasta ocultarlo contra su pecho, Yusuke aún temblaba, pero se permitió cerrar los ojos con fuerza e inhalar un poco del suave aroma a naranja del otro que picaba suavemente su nariz.

Dioses, esto tampoco podía ser una buena señal ¿no?, pensó que seguramente solo se trataba de una forma de reconfortarlo antes del inminente rechazo con la dolorosa confesión de que el sentimiento no es correspondido, tal vez incluso con la decisión de que lo mejor sería que tomaran distancia y no volvieran a verse. Aterrado por sus propias cavilaciones se aferró a esa suave calidez que emanaba Akemi en su abrazo antes de tener que apartarse tal vez para siempre.

—Yusuke —escucha su nombre como si llevara un rato llamándolo mientras se perdía en sus pensamientos—. Yusuke, mírame.

Lenta y tristemente se aparta de los brazos de Akemi preparando su corazón para el golpe cuando el rubio acuna su rostro entre sus manos alzándolo hasta que sus ojos se encuentran, para él todo pasa en una tortuosa cámara lenta que pone sus nervios de punta hasta que pierde el aliento cuando siente las pequeñas caricias en sus pómulos.

Tarda un par de segundos en entender que se trata de Akemi besando sus lágrimas.

Se paraliza de nuevo con el rostro ardiente cuando Akemi se separa solo un poco esta vez llevando una de sus manos hasta su cintura sin dejar de acunar su rostro con la otra. Sus labios hormiguean de nuevo cuando Akemi los roza con los suyos al hablar.

—Yusuke, tú también me gustas.

Sus ojos se abren desmesuradamente ante la sorpresa que le provocan aquellas cinco simples palabras y pierde el aliento cuando Akemi cierra de nuevo la distancia entre sus labios en un nuevo beso, suave como un aleteo de mariposa y más largo que el primero, tan perfecto que cuando termina Yusuke suspira audiblemente sintiendo como si Akemi se hubiera robado un pequeño trozo de él con ese efímero contacto.

Lleva sus manos a la chaqueta de Akemi y se aferra a ella temiendo que se trate de un sueño, de una mala broma, era tan feliz que gritaría si resultaba ser cualquiera de las dos cosas.

—¿Ha-Hablas en serio?

Akemi le sonríe con ternura y acaricia el filo de su mentón con las puntas de sus dedos.

—Completamente.

¿Se podía morir de felicidad? Porque Yusuke sentía que se desvanecería ahí mismo.

No lo dudó antes de arrojarse a los brazos de Akemi, abrazando su cuello y alzándose para volver a besarlo, un beso largo que le hizo sentir que si Akemi no lo hubiera abrazado de vuelta caería de rodillas.

Se separó por la falta de aire y se dejó caer contra el pecho de Akemi mientras este se encargaba de recargarse en el árbol a sus espaldas y deslizarse hasta el suelo donde se acomodaron con Yusuke entre las piernas y brazos del rubio, oculto en la curvatura de su cuello mientras sentía suaves caricias ser dejadas en su cabello.

—¿Por esto estuviste tan raro toda la semana? —el susurro risueño de Akemi inundó sus oídos.

Yusuke soltó un gemido mortificado, ocultando su rostro sonrojado en el hombro de Akemi.

—Creí que... —no pudo terminar, balbuceando con torpeza mientras se levantaba para sentarse con sus manos sobre los hombros de Akemi—. Quiero decir... Eres muy popular —bufó—, puede que el más popular de la escuela en este momento—. Yo, realmente no esperaba mucho cuando decidí decírtelo, casi no lo hago porque...

Pronto la risilla de Akemi llenó el silencio, llamando la atención de Yusuke que volteó con la confusión escrita en su rostro, pero Akemi se acercó para borrar su mueca con un suave y rápido beso en sus labios al final del cual juntó sus frentes.

—Me alegra que lo hayas hecho —dijo por fin Akemi, tomando el rostro de Yusuke entre sus manos—. Me gustas mucho, Yuu.

Y así fue como comenzó todo.

Así Yusuke consiguió ser novio del chico del que se había enamorado tan perdidamente que logró que olvidara aquel enamoramiento imprudente que alguna vez tuvo por su hermanastra.

Este amor era real, era posible y lo adoraba.

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