Capítulo único
Dazai entró alegremente a la Agencia. Saludó a todos, estaba sonriendo y no había intentado molestar a Kunikida para nada.
-¡Buenos días, Atsushi-kun!- dijo Dazai sentándose junto a él y comenzando a hacer garabatos en una hoja de papel.
-Buenos días...- contestó Atsushi, un poco sorprendido y confundido por la situación.- Ah... ¿sucedió algo importante?
-Hoy es un día especial.- dijo Dazai sonriendo y doblando la hoja de papel dos veces.
-¿Es su cumpleaños?
Dazai hizo una mueca.
-Sí hay un cumpleaños, pero no es mío.
-¿Entonces?- preguntó Atsushi.
-Es un secreto~
Atsushi solo suspiró, sin entender nada.
(•••)
Dazai caminaba feliz por Yokohama. Mirando a su alrededor, buscando algún regalo que pudiera molestar a Chuuya.
Después de un rato no encontró nada que pudiera comprar.
-Debí pedirle a Atsushi que me prestara dinero...
Dazai estaba pensando en que hacer, cuando de repente notó a un vendedor en un callejón. Dazai estaba acostumbrado a ver pequeños negocios así, aunque este estaba en un lugar menos oculto que los negocios que el conocía.
Decidió ignorarlo y seguir su camino, pero escuchó la voz del hombre.
-Parece que buscas algo, ¿qué es?
Dazai sonrió ligeramente y se acercó al hombre.
-Es cumpleaños de... un viejo compañero.
-¿Es alguien especial?
Dazai recordó la estatura de Chuuya y no pudo evitar reír un poco.
-Sí, se podría decir que es alguien especial.
-Supongo que buscabas un regalo.
-Cualquier cosa que pueda molestarlo.
-¿Bombas?
-Ya he hecho eso. Pensaba en algo... un poco más discreto. No tengo mucho dinero, así que será algo sencillo.
-¿Qué tal un pastel y una vela?
-Un pastel de lodo y una vela explosiva.
El hombre rió al escuchar a Dazai.
-Parece que esa persona debe soportar muchas de las cosas que haces.
-Tal vez... pero es divertido.
El hombre sonrió, pero Dazai no lo notó.
-Bueno, en ese caso, ¿por qué no te llevas esta vela?- dijo el hombre, mientras sacaba una pequeña caja de su abrigo y se la mostraba a Dazai.
-¿Qué tiene de especial?
-Nada. Pero te la daré gratis. Después podrías hacer el pastel de lodo que planeabas y no tendrás que gastar nada.
Dazai vio sospechosa toda la situación. Pero, ya que se trataba de una "sorpresa" para Chuuya, no le importó.
-Está bien, me la llevaré. ¿Tiene más cosas que ofrecerme?
-¿Qué tal unos gusanos para el pastel? Hay unos en esa caja de allá.- dijo el hombre señalando una pequeña caja del otro lado del callejón.
Dazai se acercó cuidadosamente y destapó la caja con su pie. Y efectivamente, habían gusanos ahí. Al parecer era la mascota muerta de alguien.
-Excelente.- dijo Dazai con una mueca de asco.- Gracias.
El hombre le sonrió a Dazai.
-De nada.
(•••)
Dazai estaba terminando su pastel de lodo cuando recibió una llamada. Contestó después de quitarse unos guantes sucios.
-¡Atsushi-kun!- saludó.
-Dazai-san, ¿dónde está? Acabo de volver con Ranpo de un caso y usted ya no está aquí, ¿a dónde fue?
-Estoy en casa.
-¿Qué? Debería volver, Kunikida... ¡ah!
Se escuchó un pequeño grito de Atsushi y un momento después, Dazai ya no estaba hablando con él.
-¿Dónde estás?- preguntó Kunikida.
-Oh, Kunikida, ¿no lo sabes? Hoy es un día festivo.
-¿Qué? ¿De verdad?
-Sí. Es el día de... la pequeñez y el enojo.
-¿Qué? ¿Algo como eso existe?
-¡¿No lo sabías?! Kunikida, debes informarte mejor, porque...
-Un momento.- dijo Kunikida.- Me diste una excusa parecida el año pasado.
-Es porque esta festividad obviamente es anual.
Hubo un pequeño silencio del otro lado de la línea. Mientras tanto, Dazai guardó el pastel en una caja limpia.
-Bien, creo que puedes tomarte el día.- dijo Kunikida.- Pero si descubro que es mentira...
-Claro que es mentira.- dijo Dazai y después colgó.
(•••)
Chuuya estaba saliendo de una tienda cuando vio a Dazai del otro lado de la calle, sonriendo y saludando.
-Qué asco.- dijo Chuuya y comenzó a caminar, ignorándolo.
Pero Dazai lo estaba siguiendo.
Después de una par de calles, Chuuya se detuvo y miró a Dazai.
-¿Qué quieres?
-¿Ya lo olvidaste? Hoy es tu cumpleaños.
-¿Y qué con eso?
-Vamos a celebrar.
Chuuya miró la caja que llevaba Dazai y suspiró.
-¿Qué es esta vez?
-Un pastel.- dijo Dazai.- Lo juro.
Chuuya seguía inseguro.
-¿Por qué sigues celebrando mi cumpleaños? Obviamente planeas algo malo.
-Chuuya, prometo que este pastel no te matará.
-¿Seguro?
Dazai sonrió.
-¿Por qué no lo pruebas?
Chuuya lo miró fijamente y después siguió caminando.
-No necesito un pastel.- dijo Chuuya.- Mori-san me dará uno.
-Chuuya, me esforcé preparando esto para ti, al menos sopla la vela.
Chuuya se detuvo de nuevo y se acercó a Dazai.
-Bien, pero solo eso.
(•••)
Ambos estaban en casa de Dazai. Chuuya miraba todo frunciendo el ceño.
-¿Vives aquí?
-Sí.- dijo Dazai mientras abría la caja y sacaba el pastel para ponerlo en una mesa, frente a Chuuya.
-Se ve asqueroso.
-No estoy demasiado tiempo aquí, así que nunca he pensado en limpiar.
-No hablaba de tu casa, hablaba del pastel. Se ve asqueroso, ¿qué tiene?
-Ah, ya sabes... cosas de pastel.
-Incluso apesta.
Dazai sonrió satisfecho.
-Lo sé, es genial, ¿no lo crees?
-De todos modos no lo comeré. ¿Dónde está la vela?
Dazai sacó la cajita de su bolsillo y la abrió. Había una vela roja que puso en el pastel y después encendió.
-Feliz cumpleaños, Chuuya, otro año sin crecer.
-Bastardo.
-No olvides pedir un deseo.- dijo Dazai sonriendo.
-Desearía que fueras amable y honesto...- murmuró Chuuya molesto y después sopló.
La vela se apagó y de repente cambió de color. Ya no era roja, ahora era azul.
-¿Qué rayos...?- preguntó Chuuya confundido.- ¿Dónde conseguiste esta vela?
-Me la... me la regaló un sujeto en la calle.- admitió Dazai.
Chuuya la miró y luego la quitó del pastel.
-Ah, Chuuya, no comas eso.
-¿El pastel? No iba a comerlo de todos modos.
-Perfecto, porque está hecho de tierra y tiene gusanos y...
-¿Acaso tienes tres años?- le preguntó Chuuya.
-Lo siento, Chuuya.- dijo Dazai avergonzado.- Por molestarte hoy, en tu cumpleaños.
Después de eso frunció el ceño confundido, como si acabara de darse cuenta de lo que dijo.
-¿De verdad acabas de disculparte?- preguntó Chuuya inseguro.
Dazai agachó la mirada, sintiéndose humillado.
-Sí, lo siento.
Chuuya notó que algo no andaba bien.
-¿Estás... pidiendo disculpas? ¿A mí?
-¡Sí, Chuuya, a ti! Me disculpo por esta broma infantil, por querer arruinar tu cumpleaños cada año y por abandonar la Port Mafia.
Dazai rápidamente se tapó la boca con ambas manos y los dos se miraron sorprendidos.
-Tú...- comenzó a decir Chuuya.- ¿Por qué mencionaste eso?
-Porque sé que aún te duele y es mi culpa.- dijo Dazai destapando su boca, pero volvió a taparla de inmediato.- ¿Quéf mef pafsa?
Chuuya miraba extrañado y confundido toda la situación, aunque en el fondo le gustaba todo lo que estaba pasando.
-Creo que... estás siendo muy sincero.
-Odio esto.- dijo Dazai, destapando su boca.- Es como si fuera contra mi voluntad y dijera estupideces. Chuuya, te hice un dibujo.
-¿Qué?
Dazai intentó tapar su boca, pero sus brazos buscaron una hoja de papel en sus bolsillos y se la entregaron a Chuuya.
-¡No lo veas!- dijo Dazai.
-¿Por qué no?- preguntó Chuuya y después tomó la hoja de papel.
-Porque lo hice para molestarte.
Chuuya miró el dibujo. Era un dibujo de Dazai burlándose, mientras junto a él había un Chuuya más pequeño que estaba lllorando.
-Es... es estúpido.- dijo Chuuya y después lo arrugó para lanzarlo al rostro de Dazai.
-Lo siento.- se disculpó Dazai y luego se arrodilló frente a Chuuya.- ¡Ayuda! No sé por qué me estoy disculpando, Chuuya, creo que hay algo mal conmigo.
-¿Apenas te das cuenta?
-Chuuya, es en serio, simplemente... ¡No, no lo diré!
-¿No dirás qué?- preguntó Chuuya.
-Que te trato muy mal y no merezco tu perdón.
Dazai volvió a tapar su boca y miraba a Chuuya con unos ojos que decían "Ayuda".
-Bien, definitivamente te pasa algo malo. Actúas extraño, dices cosas que no quieres decir y de repente te has estado disculpando demasiado.
-Ayudafme...- dijo Dazai, ligeramente asustado y preocupado.
-Yo... no sé cómo puedo ayudarte. ¿Qué podría hacer yo?
-Mátame...- dijo Dazai dramáticamente.
Chuuya se puso de pie y comenzó a caminar hacia la salida.
-Ser amable no te va a... matar.- dijo, pero se detuvo antes de abrir la puerta.- Dazai, creo que...
-Sí, pensé lo mismo.- dijo Dazai mientras tomaba la cajita donde venía la vela.- Todo comenzó después de que apagaste la vela. Así que probablemente algo extraño sucedió a causa de eso.
-¿Insinúas que es mi culpa?
-No.- dijo Dazai.- Es mi culpa. Me di cuenta de que había algo extraño con esta vela y el sujeto que me la dio, pero no me importó.
Chuuya se acercó a Dazai para examinar la caja.
-¿Dice algo importante?
Dazai terminó de leer un lado de la caja que decía "Vela de cumpleaños. Sólo para personas de buen corazón. Pide un deseo y seguramente se cumplirá." Volteó la caja y ambos se acercaron más al leer las palabras "Instrucciones y advertencias".
-¿Una vela normal dice eso?- preguntó Chuuya.
-No lo sé...
Instrucciones y advertencias:
1.- La vela será de color rojo cuando no haya ningún deseo en proceso.
2. Tome la vela, enciéndala, pida su deseo y sople.
3. Es importante que el deseo sea dicho oralmente.
4. Una vez pedido el deseo, la vela se volverá azul. Lo que significa que su deseo se cumplió.
5. El deseo sólo dura hasta la medianoche. Después de eso, todo volverá a la normalidad.
6. No se puede pedir más de un deseo por día ni en un día diferente al del cumpleaños.
7. Úselo sabiamente, y ¡Feliz cumpleaños!
Dazai y Chuuya miraron la vela, que ahora era azul.
-¿Qué deseo pediste?- preguntó Dazai.
-Yo... pedí que fueras más amable y honesto.
-¡¿Por qué?!- preguntó Dazai asustado.- ¿Yo qué te hice?, ¿por qué me involucras en esto?
-¿Qué dices? Tú me involucraste en esto, yo no esperaba que mi deseo se hiciera realidad. ¡En lugar de desperdiciarlo en ti habría pedido un buen vino!
Dazai estaba a punto de quejarse, pero por alguna razón no podía decir lo que había planeado decir. Sólo hacía ruidos extraños.
-Me ibas a insultar, ¿no es cierto?- preguntó Chuuya.- Pues no puedes, gracias a ese deseo.
-¡Antes te estabas quejando!
-Antes, ahora sé que me gusta más que seas amable.
Dazai se cruzó de brazos.
-No me gusta esto.
-No importa. Ahora vamos, es mi deseo de cumpleaños y lo aprovecharé.
-¿Cómo?
Chuuya no contestó y solo caminó hacia la salida, abrió la puerta y esperó a que Dazai caminara hacia afuera también.
Y gracias a su deseo, Dazai obedeció.
(•••)
-No.- dijo Dazai.- No usaré eso.
-¿Por qué no?- preguntó Chuuya viendo un traje elegante café.- Pienso que es bonito. Probablemente te haga lucir menos como un vago.
-Me gusta mi ropa.- dijo Dazai abrazándose a sí mismo.
-No puedes usar eso si estás conmigo. Ahora, ve al vestidor y ponte el traje.
Dazai siguió quejándose, pero igual caminó al vestidor.
La chica que trabajaba ahí y los estaba atendiendo, solo veía emocionada toda la escena. Repitiendo las palabras "No puedes usar eso si estás conmigo." en su mente, imaginando muchas cosas.
Finalmente Dazai salió y miró a Chuuya frunciendo el ceño.
-Me siento ridículo. Creo que me parezco a t...
Dazai no pudo terminar su frase.
-No te ves tan bien como yo.- dijo Chuuya.- Pero funcionará. Ahora vámonos.
-¿A dónde?- preguntó Dazai.- Además, ¿por qué tengo que usar un traje? ¿Acaso sí estás pensando en matarme?
-Cállate, sólo sígueme y pórtate bien.
Dazai y Chuuya caminaron por un rato. Hasta que Dazai se detuvo.
-Ya sé a dónde vamos...
-Necesito ir por algunas cosas.- dijo Chuuya.
-Te espero aquí.
-No, vas a escapar.
-Chuuya, recuerda que no puedo decir mentiras. Realmente te esperaré aquí.
Dazai se veía serio, así que Chuuya decidió confiar en él.
Caminó hacia la Port Mafia y entró.
Mori había pedido verlo, y era lo mismo de todos los años. Recibiría un pastel, regalos y felicitaciones. No es que a Chuuya no le gustara, pero... aún así faltaba algo.
Después de un rato, llegó a la oficina de el jefe, y se le permitió entrar.
-Jefe.- dijo Chuuya.
-Oh, estás aquí.- dijo Mori, quien estaba cargando muchos vestidos.- Lo siento, ahora mismo estoy ocupado, pero tú pastel y regalo están en el escritorio.
Chuuya se acercó al escritorio, tomó sus cosas y miró a Mori.
-Muchas gracias.
-No es nada, simplemente un pequeño detalle. Feliz cumpleaños, Chuuya-kun, disfruta tu día.
-Gracias.
Chuuya salió de la oficina mientras escuchaba a un niña quejándose porque también quería un pastel.
Caminó hacia la salida, pero fue detenido por alguien.
Tachihara estaba frente a él, parecía que había estado corriendo.
-Nakahara-san,- dijo Tachihara.- creímos que se quedaría más tiempo. Tenemos sus regalos guardados, ¿tal vez querría llevárselos ahora...?
-Está bien.- dijo Chuuya y siguió a Tachihara a una habitación que Akutagawa parecía estar cuidando.
-¿Se llevará los regalos?- preguntó Akutagawa.
-Sí.- dijo Chuuya.- ¿Son demasiados?
-Sí.- contestó Akutagawa.
Akutagawa abrió la puerta y habían unos treinta regalos. La mayoría pequeños, pero habían unas enormes cajas que resaltaban. Chuuya sabía perfectamente que era ropa, y sabía quién se la regalaba.
Chuuya solo tomó unos cuantos regalos.
-¿Dejará los demás?- preguntó Akutagawa.
-Sí, probablemente venga por ellos después.
-Podemos ayudarlo a llevarlos.- ofreció Tachihara.
-Sí.- dijo Akutagawa.- Dos personas podrían llevarse todo esto.
Chuuya suspiró, porque sabía que probablemente seguirían insistiendo. Pero entonces recordó algo.
-Solo ayúdenme a llevarlos afuera, hay alguien más que me ayudará.
-Muy bien.- dijeron ambos.
Akutagawa tomó los regalos más ligeros y pequeños, dejándole a Tachihara los más grandes y pesados.
Cuando salieron, Dazai estaba esperando.
-Chuuya, no soy tu sirviente.- dijo cuando vio todos los regalos que traía, se imaginaba qué tenía que hacer.
-Ya sé.- dijo Chuuya.- Pero ayudar a alguien a cargar sus regalos es amable.
-Es abuso de poder.- dijo Dazai.
Akutagawa estaba mirándolo. Quería impresionar un poco a Dazai, así que con su habilidad tomó los regalos que Tachihara cargaba.
Dazai finalmente lo notó.
-Ah, parece que al fin tu habilidad es útil para al...- comenzó a decir, pero no pudo terminar su oración.- ¿Cuál es el problema? Lo que dije no es ment... ¡Agh!- se quejó y después volvió a mirar a Chuuya para quejarse.- No esperas que cargue todo yo, ¿verdad?
-No, solo me ayudarás.
Dazai no dijo nada más y sólo le quitó algunas cajas a Akutagawa. Después miró a Chuuya.
-Vámonos, no me gusta este lugar.
(•••)
Chuuya y Dazai caminaban juntos, cargando todos los regalos. Dazai quería quejarse, molestar a Chuuya o dejar los regalos en el suelo y huir, pero no podía.
Miró a Chuuya y notó algo extraño. Se veía... triste.
-¿Estás bien?- preguntó Dazai, aunque él no pensaba preguntar.
-¿Qué?- preguntó Chuuya, sin mirarlo.
-Te ves... te ves triste. ¿Te molesta que esté contigo? Puedo irme si quieres.
Chuuya se detuvo.
-Si te molesta puedes irte.
Dazai quería irse, lo habría hecho, pero tenía curiosidad.
-Chuuya, ¿qué sucede?
-Te dije que puedes irte. No eres una molestia porque te estás portando de una manera amable, pero no quiero que vengas conmigo sólo por eso...
-Chuuya, hay algo más además de eso, dime que es.
Chuuya miró a Dazai. Tenía una expresión de enojo, pero parecía que en cualquier momento comenzaría a llorar.
-No es como si te importara.
-Me importa.
-Mientes.
-No puedo.- dijo Dazai.- Es la verdad, quiero saber.
Chuuya no contestó, siguió caminando, y Dazai lo siguió en silencio. Al final ambos llegaron a un edificio donde Chuuya tenía su apartamento.
Mientras iban al apartamento, Dazai no dejaba de ver a Chuuya. Lo conocía desde hace mucho tiempo, pero este momento... era diferente a lo que habían vivido antes.
Cuando entraron al apartamento, dejaron los regalos en el suelo y el pastel en la mesa. Dazai se sentó frente al pastel y lo miró detenidamente.
-¿Crees que esté envenenado?- preguntó Dazai.
-No lo creo. Pero al menos no tiene gusanos.- dijo Chuuya mientras comenzaba a encender las luces.
-¿Esa es una queja de mi pastel? Tuve que ensuciarme las m... use guantes, ¡pero fue asqueroso!
-Pues no debiste hacerlo entonces.
-Lo hice por ti, Chuuya, especial para tu cumpleaños. Hasta salí temprano de trabajar.
-Oh, vaya, estoy conmovido.- dijo Chuuya sarcásticamente.
-¿Puedo abrir tus regalos?- preguntó Dazai mientras tomaba una caja envuelta en papel azul y la agitaba junto a su oído.- Creo que son muy caros.
-Deja eso, lo vas a romper.
Dazai obedeció y Chuuya lo miró con curiosidad.
Había estado acompañado de Dazai todo el día porque no podía ser molesto. Pero apenas se estaba dando cuenta de que también se había vuelto obediente.
Chuuya se sentó junto a él.
-¿Puedes traer un par de platos?
Dazai lo miró molesto antes de ponerse de pie e irse a buscar los platos.
-También un par de copas, apuesto a que hay un vino entre estos regalos.
Dazai obedeció y puso las cosas en la mesa frente a Chuuya.
-¿Necesitas algo más?- preguntó Dazai.
-Sí, apaga las luces.
Dazai obedeció y después se sentó junto a Chuuya en la oscuridad.
-Bien, ¿y ahora qué?
Chuuya no podía ver nada en la oscuridad, pero podía sentir la presencia de Dazai junto a él. Oía su respiración y el ligero sonido de los latidos de su corazón.
Estiró su mano y la metió dentro del abrigo de Dazai.
-¿C-chuuya?
-Espera, sé que debe estar por aquí.
Dazai sonrió y después tomó la muñeca de Chuuya para llevar su mano hacia uno de sus bolsillos.
Después Chuuya sacó la cajita donde estaba guardada la vela de cumpleaños. Pero entonces se dio cuenta de que no tenía forma de encenderla.
-¿Tienes fuego?- le preguntó a Dazai.
Dazai lo dudó un momento y después sacó algo de su bolsillo, lo abrió y sacó algo de allí.
Chuuya escuchó como Dazai raspaba algo y después la luz de un cerillo alumbraba sus rostros.
-¿Fumas?- preguntó Chuuya.
-No. Eran... Son un recuerdo especial.
Chuuya no preguntó más.
Dazai encendió la vela y la puso sobre el pastel, después le sonrió a Chuuya delicadamente.
-Feliz cumpleaños.
Chuuya jamás había pasado un cumpleaños así. En los últimos años siempre comía el pastel a solas mientras tomaba vino y se embriagaba.
Pero ahora Dazai estaba encendiendo una vela para él.
Hoy no estaba solo.
-Deseo que este día nunca termine.- dijo antes de soplar la vela y de nuevo volver a la oscuridad.
Sabía que su deseo no se haría realidad esta vez, sabía que en unas horas Dazai se volvería insoportable de nuevo y se iría... otra vez.
Solamente en la oscuridad de su departamento se dio cuenta de cuán solo estaba realmente.
-Chuuya.
-¿Qué?
-¿Puedo quedarme a dormir?
-¿Qué? Tienes tu propia casa, ve a dormir allá.
-Pero no quiero dejarte solo... podría pasarte algo peligroso, quedarme contigo sería algo amable, ¿no?
Chuuya no podía ver a Dazai en la oscuridad, no podía ver su expresión... ¿estaba siendo sincero o era por el deseo?
-Ya has estado todo el día conmigo. Come un poco de pastel, bebe un poco de vino y después vete a casa.
-¿Es un orden?
Chuuya lo pensó. Si le decía que sí entonces Dazai obedecería y se iría, pero si le decía que no entonces Dazai decidiría por sí mismo, era tan sencillo...
-Es una orden.- respondió.
Dazai se puso de pie, y por un segundo Chuuya sintió una incómoda sensación de angustia. ¿Se iría ahora mismo? Todavía no quería que se fuera, no quería estar solo, no en su cumpleaños...
Las luces se encendieron y Chuuya miró a Dazai con aflicción.
Dazai fue muy amable fingiendo no darse cuenta, simplemente le sonrió a Chuuya.
-¿Podemos abrir tus regalos mientras comemos pastel?
-...sí.
(•••)
Chuuya y Dazai estaban comiendo y bebiendo. No sabían cuántas copas llevaban ya, pero a Chuuya no le importaba, sólo quería desmayarse bebiendo y no estar triste cuando Dazai se fuera.
Porque iba a estar triste.
Dazai era insoportable, era ruidoso, era grosero, era odioso. Pero antes... había sido su amigo. Habían jugado juntos, habían pasado tanto tiempo juntos que se conocían a la perfección.
Habían sido imparables.
Y después Dazai se fue.
Chuuya no diría que estuvo triste cuando se fue, pero tal vez sí lo estuvo. Después de todo eran amigos, habían estado juntos tres años... y cuatro separados.
Estar de nuevo con Dazai justo ahora era surrealista. Compartir un pastel, beber juntos, bromear sobre los regalos, oír sus absurdas historias, recordar el pasado...
Chuuya había olvidado lo bien que se sentía a veces estar con Dazai. Le gustaba mucho estar con él, tal vez le gustaba...
-Bien, sólo falta un regalo más.- dijo Dazai, interrumpiendo los pensamientos de Chuuya.
-¿Qué? Pero ya abrimos todos... Espera, ¿escondiste uno? Ah, olvídalo, lo encontraré mañana.
-¿En serio crees que yo te haría algo tan cruel?
Chuuya lo miró fijamente mientras bebía el último trago de su copa de vino.
-No tienes que decir nada, entendí.- dijo Dazai y después suspiró.- Pero no escondí ningún regalo, ya abriste todos los de la Port Mafia.
-Sí.- coincidió Chuuya.- ¿Entonces por qué dices que falta uno?
-Bueno... te daré un regalo.
-No, gracias, preferiría rechazar tu peligroso regalo.
-No Chuuya, no es eso. Me porto bien, ¿sí? Todavía no es media noche.
Chuuya miró el reloj y vio que faltaban unos pocos minutos para la media noche.
-¿Entonces cuál es tu regalo?
-Te daré lo que sea.- respondió Dazai.- Todos tus otros regalos son cosas que escogieron otros para ti. Yo te dejaré que pidas lo que quieras.
-¿Y si quiero dinero? Eres pobre.
-Auch, eso dolió. Pero... podría estafar un poco a Atsushi-kun o a Kunikida-kun.- dijo Dazai pensando.
Chuuya lo miró con horror.
-No, deja en paz a tus compañeros de trabajo. No te pediré dinero.
-Bueno, entonces piénsalo, faltan pocos minutos para que deje de ser tu cumpleaños, perderás tu oportunidad~
Chuuya lo pensó seriamente. ¿Quería algo de Dazai? ¿Había algo que quisiera? ¿Había algo que sólo Dazai pudiera darle?
Si era una oportunidad única entonces tenía que pedir algo especial, algo que no pudiera pedir nunca de nuevo.
Miró fijamente a Dazai y diferentes pensamientos comenzaron a llegar. Él había cambiado en todos esos años que habían estado separados, ambos habían cambiado.
Su relación había cambiado.
Pero Chuuya no sentía que fuera correcto que estuvieran en bandos contrarios, funcionaban mejor juntos, tenían que estar juntos, le gustaba que estuvieran juntos.
Quería que estuvieran juntos, de todas las formas posibles.
Chuuya de repente tomó las manos de Dazai y las sostuvo sobre su cabeza mientras se acercaba rápidamente para besarlo.
No le pediría a Dazai un beso como regalo, le pediría que lo olvidara.
Solo tenía una oportunidad, solo un beso, por eso tenía que hacerlo durar.
Dazai había aceptado el beso, no tenía más opción. Por eso Chuuya aprovechó para hundir su lengua en la boca de Dazai y saborear el sabor del vino que aún quedaba en él.
Dazai correspondió ese profundo beso, Chuuya estaba satisfecho.
Se besaron un largo momento, Chuuya estuvo pendiente de la hora siempre, aprovecharía hasta el último minuto de su cumpleaños.
Justo a las 23:59, Chuuya se separó de Dazai y dio un gran respiro antes de hablar.
-Olvida ese beso y vete de mi casa.
Dazai lo miró con sorpresa y después sonrió.
-Claro, obvio que harías eso. Bien, lo pediste justo antes de media noche, obedeceré.
Dazai se puso de pie, tomó sus cosas y caminó hacia la salida.
Chuuya lo miró tratando de mantener la calma. Quería estar junto a Dazai, quería mantenerlo a su lado por más molesto que fuera, pero ya no eran compañeros, eran enemigos.
No estaba bien.
Dazai no se despidió, simplemente abrió la puerta y salió del departamento de Chuuya, ni siquiera lo miró una última vez.
Chuuya de nuevo sintió esa soledad de hace un momento. Siempre había estado solo, ¿por qué le molestaba tanto eso justo después de pasar tiempo con Dazai?
Se sentó en su sofá y dio un gran suspiro. No había sido un mal cumpleaños, al menos.
De repente la puerta se volvió a abrir. Chuuya miraba con sorpresa a Dazai, quien estaba sonriendo y cerró la puerta detrás de él después de entrar.
-¿Por qué volviste?- preguntó Chuuya.
-Me voy a quedar a dormir.
-Te dije que te fueras.
-Sí, cuando aún era tu cumpleaños y yo estaba maldito por tu deseo. Pero ya no tengo que ser obediente ni amable.
-¿"Maldito..."? Bueno, entonces vete o te mataré.
-Eso tampoco funciona.
-¿Qué quieres?
-Dormir contigo.
Chuuya cerró los ojos.
-Voy a fingir que no dijiste eso.
-Y besarte, y acariciarte, y burlarme de ti, y reír contigo, y tener citas y... morir contigo.
-Ugh, había olvidado que estás obsesionado con el suicidio.
-Y contigo también, Chuuya.
Cuando Chuuya abrió los ojos Dazai estaba parado frente a él. Podría haberse lanzado sobre Chuuya y besarlo y acariciarlo como había dicho, pero no lo hizo.
-Yo no te gusto.- dijo Chuuya.
-Yo tampoco te gusto.
Chuuya lo miró fijamente, sabía que había un poco de verdad y un poco de mentira en lo que ambos dijeron.
-No me enredo con imbéciles.- dijo Chuuya.
-Ni yo con hombres. Pero... sí lo haría contigo.
Chuuya aún seguía mirando a Dazai.
-¿Seguro que no es porque te besé?
-¿Me besaste? Qué raro, no recuerdo ningún beso.
Chuuya recordó lo que le dijo a Dazai justo después de besarlo y no pudo evitar sonreír.
-Olvidaste el beso como dije, pero no te fuiste a casa.
-Tú eres mi casa.
Chuuya se tapó el rostro, sabiendo perfectamente que se ruborizaría y comenzó a reír.
-Dime que no dijiste eso... es tan cursi.
Dazai comenzó a reír también y después se sentó junto a Chuuya y separó las manos de Chuuya de su rostro y se acercó para darle un beso en la mejilla.
-No te dejaré solo de nuevo.
Chuuya lo miró y de repente todos sus pensamientos y emociones eran un caos. Debía alejarse y tal vez bromear un poco sobre el beso, pero quería acercarse a Dazai y besarlo de nuevo.
Quería abrazarlo y no dejarlo ir nunca.
Pasar más años juntos que separados.
-No te besé para seducirte.- aclaró Chuuya.
-Lo sé.
-Ni para jugar.
-Lo sé.
-Y no sé qué siento por ti.
-Pero yo sí lo sé.
Chuuya no dejaba de mirar a Dazai, le sorprendía la sinceridad con la que decía todo eso.
Dazai le sonrió y después Chuuya se acercó y se sentó sobre Dazai, quedando cara a cara.
-No me dejes solo otra vez.
-Nunca.
Chuuya besó de nuevo a Dazai, esta vez lentamente y con suaves caricias. Sus dedos se enredaban en el cabello castaño, las manos de Dazai acariciaban su espalda y sus alientos se mezclaban.
Pasaron la noche juntos, aunque no de esa manera.
Al día siguiente, Chuuya despertó y Dazai aún estaba ahí. Dormía a su lado mientras lo abrazaba.
Chuuya no podía creer lo que había pasado, ni lo que había dicho ni... nada. Todo era muy vergonzoso.
Pero en el fondo se sentía feliz, Dazai estaba con él, no lo volvería a abandonar.
Chuuya sonrió y después trató de levantarse, pero Dazai lo estaba abrazando. Intentó quitar su brazo de encima, pero notó que Dazai sostenía algo en su mano.
Chuuya le quitó con cuidado el pedazo de papel al que se aferraba y sonrió al ver lo que era.
Dazai había hecho un feo dibujo de ellos dos tomándose de las manos y con un corazón en medio.
Debajo había una nota escrita a mano.
"Yo también te quiero, no necesitas decir lo que ya sé."
Chuuya atesoraría esa hoja de papel por siempre, al igual que ese deseo de cumpleaños que lo unió a Dazai.