Yakuza pess

Summary

[Alltake] Hanagaki Takemichi es un hombre inocente que por injusticias de la vida termina llendo a prisión. Muchas cosas empezaran a cambiar en su vida de ahora en adelente, sobre todo su manera de pensar cuando se da cuenta que tiene que sobrevivir ante los lobos llamados "Pricioneros"

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo

Los murmullos se escuchaban en toda la sala, podía escuchar a algunos de ellos hablar de lo atroz y desagradable que era. Las miradas decepcionadas hacían que se sintiera de alguna forma alguien repugnante. Una persona malvada en todas las palabras.


Takemichi estaba más que consciente de que no era culpable de ninguno de los cargos de los que se le acusaban, sin embargo, las pruebas y los testigos que supuestamente lo vieron en la escena del crimen, hacían dudar a todos de su inocencia.


Takemichi, preocupado con un leve nerviosismo que hacía temblar sus dedos; mira hacia el juez, quien severamente lo cuestiona con la mirada. Las palabras del testigo sonaban en todo el tribunal, aunque la decepción acumuló su mente cuando nuevamente Takemichi se fijó en que él, ni siquiera lo miraba.


Pasados unos minutos, después de que el hombre con túnica negra terminó de escuchar atentamente las palabras de él y de la mujer que entre lágrimas acusa al culpable, aparta la vista de Takemichi para mirar a las pocas personas presentes que se encuentran en el tribunal.


El hombre se queda en silencio un momento, no necesita retirarse del tribunal para saber cuál era su veredicto final, por lo que no hace esperar a nadie en el juzgado.


Takemichi en su estupor oye las palabras del juez como algo lejano, su voz fuerte y autoritaria es casi borrosa para sus oídos cuando oye su sentencia. Rápidamente sin ningún estribo el martillo del juez golpea la mesa durante, sentenciando y manchando su vida permanente. Takamichi se queda en silencio un largo rato, los presentes poco a poco se van levantando, dejándolo por un momento en soledad consigo mismo.


No tarda mucho en salir de sus pensamientos cuando su abogado, que estaba a su lado guardando sus pertenencias, le toca suavemente el hombro. Takemichi alza la mirada de la mesa y mira al hombre de gafas y traje gris, con una mirada afligida y casi nostálgica.


—Siento mucho no haber podido hacer más, chico—Menciona. Takemichi sonríe suavemente despidiéndose y rápidamente se levanta de su posición cuando los guardias se acercan para guiarlo hacia la salida. Cuando está finalmente a pocos pasos de las puertas del tribunal, otros dos hombres se acercan y se posicionan detrás de él; custodiando su espalda.


Al salir del lugar, escoltado por los guardias ya acomodados en su posición, la gente no demoró en tomarle fotos para los titulares y las variedades de cadenas televisivas. Los flashes uno por uno cegaron los ojos de Takemichi, impidiendo ver correctamente lo que sucedía por sus alrededores.


Las voces, sin embargo, nuevamente le ayudaron a sentir esa sensación de amargura en la boca del estómago. Takemichu frunció un poco el ceño, sintiendo suavemente como era escoltado hacia el asiento policial que lo esperaba a las afueras del juzgado.


Al estar más consciente y más clara su vista, Takemichi solo pudo volver agachar la cabeza cuando a los lejos pude divisar a sus padres, aquellos que aunque no estuvieron presentes en muchos aspectos de su vida, siempre estuvieron allí apoyándolo en todo. Ahora, con un flash estridente solo quedaba una mirada decepcionada y una espalda alejándose entre la multitud.








El auto policial lo llevó hacia un lugar aparentemente apartado de Tokio a las afueras en un pueblo casi desierto que ahora era regido por militares. A lo lejos, en los más alto de la pequeña “civilización” Takemichi pudo notar la enorme construcción por la que de ahora en adelante tendría que sobrevivir.


Aparentemente, aunque Takemichi se veía (Como él lo suponía) indiferente a todo lo que pasaba a su alrededor, su nerviosismo estaba presente en lo profundo de su interior. Era de su sabiduría que aquel lugar que llaman prisión era altamente conocido por su extrema seguridad, aunque el problema no era ese según el criterio de Takemichi, el problema era que el lugar tenía un sistema jerárquico que poco o nadie sabía. Para beneficio o maldición para él, su abogado le había advertido de eso cuando estaba en la celda de espera para su juicio.


No se lo había dicho por que el abogado creyera que iba a perder el juicio, si no por que él mismo se lo había preguntado (Y no por que fuera culpable, porque hasta el final siempre peleo para mostrar su inocencia) la razón principal fue porque muy en el fondo de sí mismo supo que no ganaría, sobre todo porque el sistema prefiere gastar menos en juicio que buscar a los verdaderos culpables, basándose simplemente en “acabar todo rápidamente’ para seguir con la vida cotidiana.


Takemichi suspira exasperado cuando uno de los guardias de seguridad lo saca en un movimiento duro del auto. Takemichi frunce el ceño y a paso pesado por las cadenas que sujetan sus pies comienza a caminar detrás del guardia de seguridad. El lugar por el que entra es desolado, cada rincón del lugar está iluminado por lámparas en los techos, haciendo ahora imposible distinguir si es de día o de noche para aquellos que llevan mucho tiempo en el lugar.


Takemichi nota vagamente la tecnología del lugar, las puertas parecen tener detector de movimiento porque se abren cuando algún guardia sale o entra. Hay varios monitoreos por los alrededores, siendo casi nula la privacidad por los pasillos.


Definitivamente el lugar era tan grande como el exterior lo prometía. Todo era (para su sorpresa) limpio, sin ningún sinónimo de suciedad por los alrededores, incluso Takemichi respiro el aire cómodamente, sintiendo los suaves aromas de los químicos con los que limpiaban.


——Esta es tu celda, 234—Dice el guardia sin mirarlo. Takemichi se siente amargado, pero no dice nada y se acerca a la celda con cuidado, rápidamente como lo suponía, las puertas se abren al detectar su movimiento. Dentro de la habitación había cuatro camas distribuidas en la habitación, no había nada más relevante, salvo dos hombres, mucho más grandes que él mirándolo fijamente. Takemichi traga saliva y entra a la habitación cuando el guardia le da un no amistoso empujón—Este es su nuevo compañero. Les recuerdo una vez más que no se permiten peleas. Las sustancias y armas de igual forma están prohibidas, cualquiera que tenga una en su deposición será enviado a aislamiento preventivo. Las puertas estarán abiertas hasta la 9:00 de la noche y nuevamente estarán abiertas a las 9:00 de la mañana—El guardia se mantiene monótono mientras se agacha para quitar sus cadenas de las piernas, al finalizar sale por la puerta sin dirigir nada más.


Takemichi vuelve si vista al frente, en el silencio de la habitación se encuentra así mismo nervioso, aunque trata de ocultarlo por medio de una cara seria. La atención de los dos hombres ya no está dirigida a él, al parecer su curiosidad del principio rápidamente se volvió una desinteresada, lo cual, Takemichi agradece enormemente.


El hombre sentado en una banca pequeña leyendo una revista lo mira por el rabillo del ojo cuando se percata que no se mueve. Takemichi trata nuevamente en no ceder a sus instintos asustadizos cuando el brillante ojo amarillo lo amenza silenciosamente. Contrario a lo que débilmente su mente le advertía, Takemichi mira curiosamente el excéntrico tatuaje tribal brasileño en el lado derecho de la cara y cien del hombre que lo devora con la mirada.


Por otro lado, el hombre que está recostado en la cama leyendo una biblia, es igual de grande, aunque no tanto como el otro hombre de cabello rubio. Su mirada se mantiene fruncida, casi como si estuviera enojado con la vida, y sus ojos algo aburridos simplemente miran el libro.


Takemichi se queda en silencio, parado como una estatua cerca de la entrada de la celda. No sabe qué decir, ni siquiera cómo presentarse. ¿Siquiera debía presentarse? Estaba viendo a dos jodidos hombres que de molestarlos podría darle un golpe que lo mandaría al otro lado del mundo. Y él sinceramente se considera alguien demasiado joven para morir.


—¿Te vas a quedar como idiota hay mirandome o que?—Takemiche se sobresalta, encongiendose un poco ante la fuerte y dominante voz del hombre de cabello azul.


—Lo siento—Dice cortante. Pasando solo un momento, Takemichi aprieta suavemente sus manos y camina hacia la cama que está desocupada. Se acuesta lentamente en ella, y mira la pared que está enfrente suyo como modo de distracción.


Es de cierta forma algo extraño. Pasar de estar en una casa solitaria a una prisión en tan solo un par de meses era muy desconcertante para cualquiera, sobre todo por el hecho de que está en ese lugar sin siquiera haber hecho algo. Takemichi no supo cómo digerir todo lo que le había pasado en cuestión de días, por lo que se siente muy frustrado en ese momento en el que el silencio lo comienza a envolver.


En un poco más de tiempo, Takemichi oye pasos dirigiéndose hacia la puerta que suavemente se abre al detectar el movimiento. Takemichi alza la mirada y nota a un hombre de mechones negros y amarillos vistiendo con el mismo mono gris claro que llevan puestos los reclusos del lugar. Aunque lo que más destaca del nuevo individuo es el extenso tatuaje de tigre que está en su cuello.


El hombre sonríe ampliamente acercándose al hombre gigante de cabello rubio sostenido por un moño.


—Oye Sur, no si te habrás dado cuenta, pero lo que me diste de tomar hace rato estaba en mal estado, pensé que me iba a morir en el baño—El mencionado Sur, solo frunció el ceño mientras miraba al hombre de tatuaje de tigre que no dejaba de parlotear alrededor suyo.


—Eso era lo que trataba de hacer—Casi en un susurro, Takemichi oye mencionar a Sur. De alguna forma le parecía gracioso lo que estaba pasando. Aunque nuevamente y vacilante, Takemichi se da la vuelta en la cama y espera poder dormir hasta el horario de comida. No ha dormido correctamente desde hace meses, así que aprovechará para hacerlo ahora.


Incapaz de hacer su tarea. Takemichi se sobresalta en su cama cuando alguien muy descarado, lo abraza por la espalda.


—Hola nuevo. No me había dado cuenta de que estabas por aquí. Me llamo Kazutora, y ¿tu? ¿Cómo te llamas? ¿Acabas de llegar?—Takemichi se parta del hombre y sonríe nervioso ante los ojos amarillos de auto llamado Kazutora.


—Acabo de llegar—Kazutora entiende y asiente. Takemichi está en duda por un momento si presentarse también. No se siente lo suficientemente cómodo con el hombre que invade su espacio personal como si se conocieran de hace mucho tiempo. Aunque piensa un momento y termina vacilando—Yo, me llamó Takemichi—


—Oh, bonito nombre. Igual que tus ojos—Takemichi vuelve a sonreír nervioso ante el halago, aunque no dice nada al respecto —¡Ah!, ¿quieres que te presente a estos dos? Mmm, si. Ellos son Terano, es algo malhumorado pero es un buen tipo, creo. Y el otro es Taiju, y siempre trae cara como si tuviera un palo en el trasero—Antes de que Kazutora continuará, una alarma suena en la celda, provocando que el mismo hombre lo agarré de la mano y lo jale fuera de la cama para caminar hacia la salida de la habitación.


—Oye, ¿Qué estás haciendo?—Confundido, Takemichi trata de zafarse del agarre de Kazutora, quien al sentir su intención aprieta más el agarre.


—Vamos, ahora somos amigos. Es hora de recreo y me aburro mucho con esos dos tipos encerrados allí.


Takemichi solo suspira, apenas llevaba unos cinco o diez minutos desde que llegó a las instalaciones de la prisión y ya siente que está lidiando con alguien problemático. Aunque se siente algo mal por el hombre, por lo que solo decide caminar y darle una mirada a Kazutora para que le enseñe el camino.


El hombre extrañamente parece estar de alguna forma feliz por eso.






El suave viento pasaba por su rostro de una manera relajada que lo hacía sentir satisfecho. Takemichi suspira, con los ojos cerrados y esperando que ese momento de paz dure. Aunque no dura mucho cuando un dolor agudo vuelve a llegar a su estómago.


Kazutora no resultó ser como aparentaba hace rato. Era un hombre desquiciado que al primer momento de llegar a un lugar apartado de los guardias, comenzó a golpearlo sin ninguna razón. Su risa sonaba en el lugar cerrado mientras que los golpes resonaban al copaz. Takemichi no tiene ningún tipo de oportunidad de defenderse ante los golpes secos que llegan dolorosamente a su rostro.


Cuando se dio cuenta de que finalmente Kazutora ya no estaba encima de él fue que respiro tranquilo. Tosió suavemente, sintiendo dolor agudo en su pecho y garganta.


—Eres un tipo muy resistente. Eso es bueno—Kazutora que está sentada al otro lado mirándolo, dice con una expresión divertida. Takemichi por su lado no menciona nada al respecto. ¿Cuán jodida podría estar su vida ahora? Definitivamente parte de su existencia es sentir miseria tras miseria. Los estudiantes en su escuela siempre lo molestaban y lo acosaban hasta el punto en que pensó que ya no podía soportar.

Sus padres y los pocos amigos que había tenido lo habían abandonado y ahora estaba encerrado en prisión siendo culpado por algo que no había hecho, mientras que un psicópata lo golpea hasta dejarlo como pulpa en un almacén su primer día simplemente porque está aburrido.


¿Que debe sufrir más para que su vida mejore?