Peaches ©

Summary

❝Si este es mi mundo ahora, a la primera persona que quiero en él... es a ti.❞ //CREADA EL 16 DE OCTUBRE DE 2016. (a través de WATTPAD) OBRA EDITADA Y RE-SUBIDA. 09 DE FEBRERO 2021//. //NÚMERO DE REGISTRO: 80529765//. All Rights Reserved ©

Status
Complete
Chapters
60
Rating
n/a
Age Rating
18+

capítulo 1 ➵ entre versos

Alzó el lápiz de la hoja cuando finalmente terminó y se quedó analizando la hoja de papel unos segundos. Había borrones y marcas de sus lágrimas esparcidas por toda la hoja, pero había valido el desvelo. La joven, ajena al ruido que emitió su celular cuando recibió un mensaje, comenzó a leer la carta en voz baja y temblorosa.

Hey.

Sé que no me quieres ver después de lo que hice y está bien, cavé mi propia tumba al mentirte, pero te juro que no pasa día en el que no me acuerde de ti y de la manera en la que te rompiste frente a mí.

No pude atraparte mientras caías porque yo fui quien te empujó y me sigo odiando por eso.

Te extraño tanto, ¿no te das cuenta?

Bueno, obviamente no.

Estás construyendo tu vida lejos de mí y estás teniendo el éxito que mereces, me enorgullezco de ti. No es un secreto que estoy al tanto de tu vida y que, ocasionalmente, me rompo el corazón buscando noticias sobre ti, escuchando tus canciones o revisando nuestro propio baúl de recuerdos.

¿Recuerdas que solíamos llamar esta casa un hogar? Que equivocadas estábamos, cariño. Este lugar ya no se siente como un hogar desde que te fuiste.

A veces odio que este lugar me recuerde tanto a ti, ¿sabes? Es como si aún estuvieras aquí.

Y duele saber el que no lo estás, que no volverás.

Ahora mi vida es una farsa que todo el mundo se cree, excepto yo. Y lo sé. Te mentí y lo terminé haciendo tan bien que hasta yo me lo creí.

Sé que no puedo cambiar lo que hice. No puedo borrar ese día ni todo lo que te hice sentir. Pero me arrepiento tanto. Me arrepiento de haber arruinado lo nuestro porque no solo rompí tu corazón, sino que también rompí el mío.

Sé que ya hice suficiente. Pero necesito verte una vez más, aunque sea la última.

Lo siento, cariño, lamento todo lo que te hice. Pero también merezco que me escuches y sepas la verdad.

¿Podrías darme una última oportunidad de acercarme a ti?

Tan solo una más y te dejaré en paz.

xx, Rowan.

Soltó la carta sobre el escritorio y se puso de pie un minuto, caminando hasta el sillón y poniéndose las manos en la cara. Rowan no quería ir a entregarle esa carta, no quería ser rechazada, pero sabía que esa sería la última que mandaría. Rowan es una persona muy emocional y perseverante por lo general, pero también estaba harta de estar corriendo detrás de alguien que ni siquiera se volteaba a mirar atrás.

Hoy finalmente había llegado a su límite.

Quitó las manos de su rostro y mirando hacia la ventana soltó un denso suspiro. Estaba tan cansada de sí misma. Pudo haber invertido su tiempo estudiando el guion para su película, pero no, había preferido escribir una carta que —por más que odiara admitirlo— terminaría en la basura.

Al oír unos golpecitos en la puerta, se puso de pie rápidamente y con su cuerpo cubrió el escritorio en el que reposaba la carta.

—Hola —saludó su hermana—. ¿Estás bien?

—Sí —respondió—. Solo estaba... pensando. ¿Ya nos vamos?

—Obviamente, venía a buscarte —le dijo riendo—. Mamá pondrá la misma playlist que lleva poniendo desde hace una semana, así que es mejor apurarnos si no queremos escuchar eso.

Le dio una sonrisa forzada.

—Voy enseguida. —asintió, pero al ver que su hermana no se mueve y la mira con detención, vuelve a hablar: —Estoy bien, Car, solo debo... agarrar algo.

—De acuerdo.

Carmen salió de la habitación, consciente de que su hermana no había dormido y de que algo no estaba bien con ella, así que se quedó en el pasillo a esperarla.

Rowan agarró la carta para doblarla y guardarla en el bolsillo de su chaqueta de cuerina, sabiendo que su hermana seguía afuera, se echó perfume y agarró su celular antes de salir al pasillo. Su hermana le tomó la mano y Rowan le besó la cabeza a la menor, tratando de actuar lo más normal posible mientras caminaban hacia la puerta principal.

Desde que Rowan se había mudado a la ciudad que nunca duerme junto a su pareja, muchas cosas cambiaron. Su vida cambió apenas entró a la industria, la cual intentaba por todos lados controlarla, por lo que empezó a darles pelea. No quería la vida que habían creado para ella, pero eventualmente cedió y esa decisión la condujo a una caída libre de la cual no pudo salvar nada ni a nadie. Ni siquiera a ella.

Rowan, a diferencia de sus dos hermanes, había nacido y crecido hasta los seis en California. No fue hasta que su padre dejó a su madre cuando ella tenía seis, que se mudó a Pensilvania y conoció a su mejor amiga. Ella junto a la chica siempre soñaron con escapar de Pensilvania y recorrer el mundo, tal vez mudarse juntas a otra ciudad para cumplir sus sueños, así que apenas se presentó la oportunidad, juntas se mudaron al lugar que no solo dejaría en evidencia sus sentimientos mutuos, sino que, desgraciadamente, también las separaría; Nueva York.

A días después de la ruptura —que jamás fue pública al ser una relación en secreto— Eli se enteró de lo que había pasado cuando su hija, hipando y tartamudeando, se lo confesó mientras desayunaban en una cafetería de Nueva York. Eli estaba al tanto de la relación, pero jamás esperó que el dúo terminase al poco tiempo de haberse confesado lo que sentían.

Eli le reprochó lo que había hecho, pero también la aconsejó. Por supuesto que Rowan no escuchó ni la mitad de lo que la mujer le dijo, estaba tan perdida entre sus pensamientos —que giraban en torno a su ex pareja— que era incapaz de razonar en situaciones de la vida cotidiana. Hasta que, en un momento de luminosidad, escuchó a su madre decirle que lo mejor para avanzar era el escribir una carta en la que plasmara todo lo que sentía y que —si quería— se la fuese a entregar en persona.

Saludó a su madre con un gran abrazo y la mujer le dio unas palmaditas en la espalda para animar el espantado corazón de su hija. Shane bajó del vehículo y corrió hasta su hermana, ya que ésta, a pesar de haber estado conviviendo con él, su hermana y su madre por un largo tiempo, apenas había salido de su habitación.

—Buenos días. —saludó, recibiendo a su hermano con los brazos abiertos cuando éste corrió hacia ella.

— ¡Rowie! —chilló emocionado—. Te he extrañado tanto.

—Hemos estado en la misma casa todo este tiempo. —recordó Carmen.

—Pero, apenas la hemos visto. —rebatió con tristeza, haciendo que el nudo en la garganta de Rowan se agrandara.

—Tú, tal vez —se jactó—. Ya quítale tus manos. —le dijo antes de pegarle un guantazo en la nuca.

— ¡Oye!

—Perdón, fue un tic nervioso.

—No lo fue.

Rowan rio por lo bajo, soltando a su hermano.

—Sí, lo fue y punto.

—No es tu hermana solamente, ¿sabes? No puedes ser así de egoísta.

—Contigo sí.

—Estás así porque te di vuelta la leche en la mañana, ¿verdad?

—Sí.

— ¡Ya te dije que lo sentía! —repitió—. Fue sin querer.

—El golpe que te di también.

— ¡No es cierto!

—Lo es. Además, solo la abrazas así para que te dé algo, Shane, eres un interesado.

— ¡Que no!

—Sí, lo es.

—Suficiente —les regañó Eli—. Súbanse al auto y no quiero un solo ruido o pelea más, ¿estamos?

El dúo asintió y a regañadientes se subió.

—Más te vale esconderte. —le advirtió en voz baja Shane a su hermana.

Rowan se echó a reír, dándose cuenta de lo mucho que había extrañado eso. Carmen y Shane siempre discutían, pero nunca se lastimaban, es más, se cuidaban muy bien entre sí.

—Estarás bien. —la voz tranquila de su madre llegó a sus oídos y no fue capaz de voltearla a ver—Estás dando un gran paso con esto, ¿bueno? Así que, deja de sobre pensarlo y sube al auto.

Vio a su madre abrirle la puerta del auto y tomó aire antes de subir. Durante el viaje a Manhattan, no podía evitar pensar en cómo Fobos y Deimos habían hecho un complot para atacarla. Era media hora de viaje, solo eso, y estaba aterrorizada ante la idea de cruzarse con ella. Por lo que pasó media hora mirando el cielo gris por la ventana, pesando en cómo el invierno no se sentía igual sin ella.

Miró a su madre y la sonrisa empática que le regaló la hizo sentir bien, un segundo, porque el miedo seguía allí. Volteó a ver por la ventana, presionando repetidas veces el botón para subir y bajar la ventana en un intento de calmar su ansioso corazón.

Heart Like Yours comenzó a sonar en la radio y sus ojos se nublaron al recordar todas las veces que cantaron juntas aquella canción. Amaba y odiaba esa canción porque se había vuelto una condena, ya que esa canción siempre le recordaría a ella.

Siempre habría cosas que le recordarían a ella.

Rowan nunca dejó de escribirle cartas. A veces escribía cosas hirientes, en un inútil intento de lastimarle para que sintiese el mismo dolor que estaba sintiendo y otras veces abría su corazón a tal punto de sentirse desnuda. Lo cierto era, que no importaba cuántas veces plasmase su dolor en papel, ella no podría jamás explicarlo del todo y nadie podría sentir la magnitud de su dolor.

Es triste darse cuenta que, sea intencional o no, siempre estamos hiriendo a alguien. Para evitar que nos hieran, por venganza o por cualquiera que sea el motivo. Siempre lastimamos a otras personas. Rowan pensó en lo que Rachel le dijo Ross cuando rompieron y en lo mucho que le dolió; «Solía pensar en ti como alguien que nunca, nunca me lastimaría.» porque le recordaba a lo que Sabrina le dijo a ella cuando rompieron. Y puede que sí haya personas que merezcan ser lastimadas, pero ella no lo merecía y Rowan lo había hecho. Y, a decir verdad, Rowan era la única que sabía el verdadero porqué de lo que hizo.

Rowan entró en pánico cuando vio que ya estaban a un par de metros de la casa e intentó abrir la puerta para saltar del auto y evitar ir, pero su madre se percató de su acto.

— ¡Rowan, no! —le gritó su madre agarrándola del brazo—. ¿Qué rayos haces?

—No puedo hacerlo —balbuceó, respirando cada vez más rápido y apretó la carta entre sus dedos, cerrando los ojos—. No puedo. No está bien. Me va a odiar. No puedo.

El vehículo se detuvo afuera de la casa.

—Tampoco está bien que saltes del auto —la regañó—. Tienes que hacer esto, ¿de acuerdo? La carta no viajará por sí sola allí.

—No estoy lista.

—Escúchame, Rowan, te amaneciste escribiéndole y no vas a retractarte ahora que estamos aquí —le habla su madre, obteniendo la atención de la joven—. Sé que puedes hacerlo.

Rowan respiró hondo antes de mirar hacia la casa. Conocía esa casa, de revés y derecho. Incluso se sabía el camino de memoria y fue por eso que entró en pánico. Ella había estado allí porque esa era la casa que había escogido junto a su ex para mudarse fuera de Nueva York una vez que expusieran su relación, pero no lograron llegar hasta allí y la casa terminó siendo el hogar de la persona que amaba. La habían comprado y adornado juntas, la convirtieron en el escondite perfecto del mundo, uno que duró hasta que se separaron.

Bajó del vehículo, caminando hasta la casa con el nudo en la garganta estorbándole y se detuvo cuando estuvo frente a la puerta. Depositó la carta y exhaló lento. Llevó sus dedos hacia la puerta y rozó sus dedos, creyendo así, que se llevaría consigo los rastros de las huellas de ella.

Eli, notando la angustia en la chica mientras caminaba y se subía al vehículo, decidió quedarse en silencio y mover el vehículo lejos de aquellos suburbios. Rowan se puso el cinturón y miró sus dedos, ese era el primer contacto que tenía con Sabrina y ni siquiera era del todo uno porque solo había tocado la puerta. ¿Cuántas eran las probabilidades de que las huellas digitales de la mujer estuviesen grabadas en la madera? Esperaba que hartas.

Le subió el volumen a la radio a medida que iba perdiendo de vista la casa de la persona que más amó, la casa Sabrina Carpenter.