Capitulo unico
Quizá fui yo quien tuvo la culpa, vestirme de esa forma, caminar a esas horas, ser mujer y creer que el mundo es un lugar seguro, eso podría justificar muchas cosas en ciertas ocasiones.
Pero ¿qué pasa si confío en la persona incorrecta, si le abrí mi corazón a alguien que creí sería mi puerto seguro y se convirtió en mi más grande infierno?
—Estas mejorando— escuché la voz de mi mejor amigo, me encogí en mi sitio y dejé que las lágrimas causadas por el miedo hicieran acto de presencia.—Oye lo siento, no quería hacerte sentir mal.
—Perdóname a mí— susurré bajito, aún dándole la espalda— sé que tú no eres así pero mi cabeza estúpida me hace reaccionar— Jadee con ira y miedo mezclados— sho ya no quiero sentir esto.
Rompí en un llanto crudo y doloroso, en mi cabeza aquellos recuerdos aún golpeaban cómo si fueran recientes, las heridas casi sanas por completo arden y queman como si las estuvieran haciendo una y otra vez sin parar.
Cómo pude confiar en Kai, como pude ser tan idiota para dejarlo entrar en mi vida, para creer que era amor.
—Zuzu— Shoto bajo la voz, era el único de todos los que conozco que no se fue, que estuvo ahí desde el día que mi padre le avisó, después que ellos se enteraron— la policía vendrá hoy, debes hablar lo sabes.
—te quedarás conmigo?— susurre girando lentamente en su dirección
—Siempre— susurro y yo, yo no pude evitar sentir que estaba en un lugar seguro con mi mejor amigo a mi lado.
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Conocí a Kai una tarde de verano a mis dieciséis años, él era mayor que yo, tenía diecinueve, fue encantador y dulce, un príncipe azul que me conquistó con detalles y palabras bonitas.
Le creí, le ame, me entregué ciegamente a esos ojos ámbar y aquellos brazos que creí seguros.
Miles de veces escuché de otras chicas y personas en general decir que los abusadores siempre dan señales, lo que ellas no saben es que en realidad son maestros del engaño, como camaleones que se adaptan a sus alrededores,que te muestran colores bellísimos y que sutilmente te van dañando.
Lo comprendí muy tarde, cuando entendí que esos comentarios curiosos y filosos disfrazados de dulces mentiras eran una señal, lo entendí cuando por primera vez la piel de mi pómulo izquierdo ardió por culpa de su mano y yo tuve que mentirle a mi padre alegando que fue un accidente en deporte.
Fue tan silencioso que creí que esos apretones en mis brazos eran comunes y los cardenales escondidos en mi cuerpo eran ya algo normal.
Me volví su lienzo y él el artista que dibujaba con mi sangre plasmando sus aterradoras obras sin piedad en mi piel, borrando y renovando cada vez, hasta que un día al fin vi la luz al final del túnel y salí.
Creí que finalizar aquella relación era todo lo que debía hacer, fue difícil salir de cuatro años de esos tratos pero continúe mi vida creyendo que él ya era un sucio y grotesco recuerdo en mi pasado.
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—Señorita Midoriya— un médico de cabellos cenizos posó su mano en mi hombro sacándome de mis pensamientos— ¿se encuentra bien?— preguntó
Yo no pude procesar al momento la pregunta, mi cuerpo reaccionó instintivo ante el toque de aquel hombre, brinque y me encogí en mi sitio mientras mis lágrimas escapaban de mis ojos
—perdón— le dije una vez caí en la cuenta que solo era el doctor—Que pregunta— susurre y el me miro extraño
—Lo lamento— dijo al caer en cuenta de mi estado— es fuerte ¿sabe?
—A veces me gustaría no serlo doctor Bakugo— suspiré mirando a otro lado— solo quiero dormir y no volver a despertar, al menos ya no habría dolor ni de mi cuerpo y menos de mi alma.
—Lo entiendo, pero saldrás adelante, ya verás— aseguro, como si eso fuera posible pensé en ese momento, como si de verdad fuera tan fácil.
Suspire mirando a la ventana y dejando en claro que no quería escucharlo más, él que sabría de lo que estoy pasando, de la forma en que me arrebataron tanto
El suspiro que soltó me hizo saber que entendió la señal que le di, agradecí que siguió trabajando en silencio, era vergonzoso verlo, era joven y me había visto en un estado tan deplorable, no quería que más personas creyeran que era mi culpa, quizá eso pensaba, no lo sé.
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—¿Podría decirnos que recuerda?— el oficial me miró, en la sala estaba el doctor Bakugo, mis padres, mi abogado y Shoto.
¿Qué recuerdo? ¡Todo! Cada detalle, cada palabra, cada caricia dolorosa, todo está tan grabado en mi cabeza que si cierro los ojos puedo volver a oler incluso el hedor de ese lugar. Mire mis manos, recordarlo era volver a vivirlo, que asco era esto, tener que contarlo una y otra y otra vez para que al final de cuentas solo me digan "Ya pasará" si, pasará para ustedes pero ¿y para mí? ¿Algún día pasará?
Al final me armé de valor, era la segunda vez que contaba esto, el primero fue mi abogado Mirai.
—Caminaba de vuelta a casa, había salido por unas diligencias cuando un coche se emparejó a mí, avance más rápido pero no había a dónde entrar en esa calle, tenía miedo pero seguí caminando, no vi en que momento alguien bajo del auto, todo fue tan rápido, de pronto una mano presiono mis labios y otra me rodeo de la cintura y me alzó, me metió en la cajuela de ese auto, sabía que condujo bastante, yo tenía miedo— hice una pausa por culpa del temblor en mi voz.
—Señorita Izuku, sé que es difícil pero es necesario— susurró el policía y yo asentí.
—Era una casa o un lugar abandonado, Kai y sus cuatro amigos cercanos estaban ahí, yo tenía miedo y luego fue peor, los golpes que Kai me dio dolían horrible y cuando sentía mi mandíbula por romperse y un dolor en el pecho donde había golpeado, él me quitó la ropa, la rasgo con furia antes de tirarme sobre el piso lleno de porquería, fue el primero en tomarme, sus amigos me sostenían, pusieron algo en mi boca para que no gritara, cuando terminó, ellos marcaron mi cuerpo, mordieron y lastimaron y…yo…sentí como se empujaban dentro de mí, dolía tanto, los cuatro tomaron turnos más de una vez.— mi pecho dolía y apenas podía respirar así que hice una pausa nuevamente
—no se cuanto tiempo paso, perdí la conciencia en algún punto, la oscuridad me impidió sentir que más hicieron antes de dejarme ahí tirada como si no valiera nada, supongo que creyeron qué estaba muerta, había mucha sangre y mi cuerpo dolía, a poca distancia de mi estaba mi ropa, mi teléfono y mi cartera también, llamé a papá, no sabía dónde estaba, sentía que moría, el frío llenaba mi cuerpo cuando de pronto papá y la policía llegaron— trate de mantener las lágrimas a raya pero era imposible— no supe mucho, tampoco era consciente de la gravedad de las heridas en mi cuerpo hasta que llegue al hospital y me contaron.
El policía tomaba nota y el resto me miraba con pena.
El interrogatorio llegó a su fin y yo estaba agotada por completo.
Inocentemente creí que eso sería todo, pero vamos, las cosas no son fáciles para uno como mujer.
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Kai nació en el seno de una familia adinerada, su madre una abogada de renombre y su padre un gran empresario le acostumbraron a recibir todo lo que pedía sin importar que fuera.
Eso le hizo creer que por derecho todo cuánto quería y deseaba le pertenecía, entre eso estaba yo, era claro que le molestó que yo renunciará a él, que no me quedé para morir en sus manos y decidió que tomaría de mi cuánto quería, me arrebató mi dignidad y mi alma, me arrebató mi vida aunque sigo respirando.
Fueron ciclos enteros de tratamientos dolorosos, de visitas a los tribunales, demandas y nuevamente contar una historia que mientras más la hablaba más lento sanaba, quería solo olvidar todo.
En ese proceso de desear silencio me perdí más, cuántas veces no intente ir por la puerta fácil, cuántas veces no desee haber muerto ese día.
Y él, sigue ahí afuera, libre sin remordimiento de lo que hizo,burlándose de mí, regodeandose de que se salió con la suya.
Quizá ya no debería continuar más.
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Tomar terapia fue un paso difícil pero nuevamente no estuve sola, hubieron personas que sostuvieron mis manos y me animaron a seguir avanzando.
Lentamente me quite aquel peso de mi cuerpo, mi vida comenzó a tomar su rumbo y un día todo mejoro.
Había pasado ya bastante tiempo de eso, ahora puedo hablar de aquel hecho sin llorar, aún es difícil por qué entre el relato el dolor en mi pecho se instala y el peso de los hechos me aplasta, pero sigo de frente día a día.
—Te ves bien hoy— Shoto me miro con ese brillo que siempre me regalaba, solo a mi, y yo sonreí encantada.
Deje un beso en su mejilla, Shoto, mi querido Shoto que estuvo ahí desde el día uno, que me pidió mil veces perdón por no protegerme, que sufrió en silencio el que yo tuviera miedo de él, bueno, tenía miedo de todos los hombres inclusos de papá que siempre había sido mi lugar seguro.
Pero se quedó, ambos me recordaron que también existen hombres buenos, hombres que son capaces de amar infinitamente y ayudar a sanar.
—Gracias, cómo estás, cuéntame cómo te fue con Momo, ya es tu novia?— sonrió tomando asiento en la silla, era una cafetería no muy lejos al hospital donde tomaba mi terapia.
—Esta noche la invite a cenar, ahí le dire— sonrió feliz y yo sonreí por verlo así, Momo era una dulzura, y sabía que amaba a Shoto desde hace mucho, que bendición verlos juntos, merecían esa felicidad.
—Mas te vale cuidar de ella Sho— susurre con tranquilidad y el asintió sabiendo que me refería a que se volviera el lugar seguro de ella, ese espacio apartado del mundo donde no hay males y ella se sienta cómoda.
La charla siguió tranquila mientras tomábamos nuestro café, el tiempo vuela cuando disfrutas las cosas.
Caminábamos de salida cuando empuje la puerta, no vi que había alguien ahí hasta que fue muy tarde.
—Maldición— escuché decir y cuando alce la vista vi a ese hombre que creí jamás volvería a encontrar, era ese doctor que en aquel tiempo me vigilo con paciencia y tranquilidad.— fíjate donde…. Olvídalo.
Lo vi darse la vuelta y volver al estacionamiento, el charco de café se extendía en el suelo, me sentí culpable de haberle hecho perder su café.
—Te veré mañana Sho— susurré volviendo al local y el asintió despidiéndose de mí.
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Hacía más de cinco años que no veía a esa chica, estoy seguro que era ella, la recibí una noche en urgencia, en ese entonces yo era residente de traumatología,estaba en mi primer año asi que era joven e inexperto, fue doloroso verla cuando llegó.
Su cuerpo pequeño y delgado estaba manchado de sangre, su piel tenía grandes manchas que se volvían púrpura con el paso del tiempo, costillas rotas, así como la cadera dislocada, el sangrado en su zona íntima era profuso pero algo que me llenó aún más de ira fue ver las mordidas, que tan mierda debe ser alguien para lastimar, profanar y desechar a alguien de esa forma.
La admiré cuando despertó y se mantuvo entera tanto como pudo, aún estando rota ella seguía de pie, lloraba en silencio pero no se dejaba caer, fue una mujer muy fuerte.
Escuché el relato cuando la policía llegó, habían pedido a un médico en la sala de ser necesario, pobre chica, tan joven y tan herida.
No volví a verla desde que le dieron el alta, yo fui transferido a otro hospital pocos meses después, volví hace poco, ya como todo un especialista, tenía un mal inicio de semana, las cosas no habían salido del todo bien, pase por un café pero olvide la crema, volvía por ella cuando la puerta fue abierta y mi café terminó en el suelo
Estaba por gritar y maldecir cuando vi esos ojos verdes, era ella, la mire rápidamente sin detenerme a detallar para no incomodarla, se veía hermosa y fuerte.
Me fui de ahí, bueno tan mal no fue mi día ahora que lo pienso, la vi, después de mucho.
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—Hola, disculpe el doctor Bakugo?— pregunte en la recepción del hospital, la señorita me miró y sonrió, ya me conocía.
—Sexto piso en el edificio de consultas— me informo y yo agradecí esperando que no hubiera mucha gente.
Para mí suerte solo esperé menos de media hora. Me acerque y toque la puerta suavemente escuchando un pase un poco brusco.
—Espero que sea una mierda importante estoy en mi descanso antes de seguir con las consultas— gruñó recargado en su asiento con los ojos cerrados.
Solté una risita baja que supongo eso lo hizo abrir los ojos de golpe— lo siento, tire tu café está mañana y no podía dejarte sin él, recuerdo que siempre tenías un vaso con ello en mano, no se de cual tomas pero traje uno americano y un sándwich.
Lo vi observar las bolsas y sonrió— Me alegra verte, hace varios años sin saber de ti— lo escuché y sonreí
—El tiempo vuela—le dije con una sonrisa y él asintió.
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Ese día con ella en mi consultorio descubrí que no solo era una mujer fuerte, también era dulce y amable aún cuando la vida le ha golpeado duro.
No pude sacarla de mi cabeza y curiosamente volvió un par de días después y así comenzaron nuestros encuentros, charlas tranquilas, un par de salidas a comer, intercambio de números.
Jamás le pedí que me contara su historia aunque sí que me contara el después, lo hizo con una bella sonrisa en su rostro sin dolor, sin tristeza.
Varios meses después de aquel encuentro me arme de valor
—¿Zuzu?— hable mientras admiraba su perfil, ella se giró y me miró— eres hermosa— susurre— saldrías conmigo.
—Estamos saliendo Kacchan— dijo divertida y yo sonreí— sé a qué te refieres, ¿estás seguro? No soy un buen modelo de novia, me dan miedo muchas cosas aún.
—quiero que busques en mí el apoyo para salvar esos miedos— hice una pausa— sé que jamás hablamos de ese tema y no necesito que lo hagas si no estás lista, pero te vi en ese momento, vi una mujer que luchaba contra ella misma, que se consumió en el fuego del dolor pero que resurgio de las cenizas, más fuerte, más valiente, más hermosa, te admiro por todo ello, por qué eres valiente y no necesitas de nadie para ser feliz pero quiero ser a quien elijas por qué te sientes cómoda a su lado.
Ella me miro, habían lágrimas en esos ojos que aprendí a amar con el tiempo a los que quería ver hasta el último día de mi vida.
—Aun me da miedo que me toquen— susurro.
—No tengo prisa Zuzu— le dije y eso bastó para que sonriera de forma espectacular
—Entonces si quiero Kacchan— me dijo, me perdí en las constelaciones de sus mejillas.
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Tenía un año saliendo oficialmente con Kacchan, fue mi primera vez en muchas cosas después de aquel tiempo, la primera vez que tome la mano de un hombre que no fuera papá o Sho, la primera vez que me sentí cómoda completamente, la primera vez que refugiarme en unos brazos se sintió como un dulce bálsamo a mi magullado corazón.
Con él a mi lado me siento fuerte y hermosa, me siento una mujer amada.
Y dar este paso fue quizá el mayor logro de mi vida en el aspecto personal.
Kacchan amo mi cuerpo la noche anterior, beso cada una de mis cicatrices y me recordó que soy hermosa, que soy fuerte, que soy digna de la vida y la segunda oportunidad que tengo, sobreviví y sigo luchando.
Fue la primera vez que me sentí completa, al fin liberé a mí alma de las pesadas cadenas que tenía, al fin puedo decir que estoy aquí, en el lugar correcto con la persona perfecta y que estoy sanando, aún me queda camino por recorrer, pues hay días que la vida se empeña en recordarme lo que viví, en que mi alma se hunde pero al menos ya no estoy sola.
No todos son malos eso lo se, tengo a mi alrededor a varios de ellos que se que me protegerán, aún así, fue duro descubrir que el abuso puede venir de cualquier lado.
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"Sé que es difícil, salir a la calle y enfrentarse al mundo después de un evento que marca toda tu vida, pero puedo asegurarles que las cosas un día mejoran, de pronto despiertas y la noche se ha ido dando paso a un sol cálido que baña el alma. Nunca será fácil el camino, sanar es una cuesta accidentada pero no imposible de subir, todo está en el apoyo que tenemos, en la motivación, así que no se rindan, no se caigan, sean el fénix que renace de sus cenizas y alcen el vuelo dejando ver esas vibrantes llamas de la vida"
Los aplausos llenaron el foro, comencé a dar pláticas en grupos de apoyo para mujeres como yo, para personas que han sufrido y luchan por seguir adelante.
—Eres maravillosa— Kacchan me recibió en sus brazos y yo solo atiné a sonreír.
Quizá no lo soy, pero estoy aquí, contando mi historia para que sepan que no están solas, que siempre vendrá un mejor comienzo.