....
—Profesor Michaelis este traje es algo atrevido, ¿no cree?
Es la pregunta que escucho en la tímida voz de Joanne Harcourt, este joven de inocente belleza y carácter tranquilo, quien agachando su cabeza me muestra el vestuario que usará como parte de nuestra misión encubierta, ser un miembro de los Phantomfive. Parece que estar solos en una de las habitaciones asignadas en la mansión para las pruebas de vestuario, muestra algo de confianza para cuestionar aquello.
Puedo notar el acentuado rubor en sus mejillas incluso el temblor en su cuerpo al sentir mi mirada fija en su frágil figura, esbozo una sonrisa al pensar que posiblemente este sea uno de esos humanos tan tímidos por naturaleza que se estremecen hasta por el aire que roza su suave y blanca piel. Empiezo a dudar si su pregunta es por sincera ingenuidad o su discreto coqueteo, sin importar el motivo ha logrado captar mi interés.
Provocativamente sus delgadas piernas son expuestas a diferencia del vestuario de los demás jóvenes que están dentro del grupo, posee una sensualidad extrañamente marcada por la profunda pureza de su alma, volviéndolo deleitable a mis demoniacos sentidos.
—Te queda bien. —Le halago con sinceridad, aunque no es mi joven amo siento que no puedo mentirle, de todas formas ciertamente se ve encantador.
Veo como sus labios esbozan una sutil sonrisa como una silenciosa forma de agradecerme, ya que su timidez le impide expresarlo en palabras. Por la forma en que se comporta conmigo, no tengo dudas de que este niño estaría dispuesto a hacer lo que yo le pida y no me molesta en absoluto su sumisión. Su alma cerca de mí, parece emanar un sabor dulce tal vez algo empalagoso para mi gusto, pero no por eso es un dulce que no quisiera devorar lentamente. —¿Tienes frío? Estás temblando.
Pregunto con una sonrisa muy cerca de su oído haciendo que ante mi peligrosa cercanía solo se sonroje más y nervioso parece tambalear, es simplemente adorable.
—Un poco, profesor Michaelis.
Responde apenas en un murmullo sin atreverse a mirarme, entonces con mis enguantadas manos lo tomo del mentón delicadamente para levantar su rostro y obligarlo a verme. —Llámame Sebastian, no soy más tu profesor— Aclaro cerca de sus labios, puedo sentir su respirar agitado mezclarse con el mío.
—¿No sería una falta de respeto hacerlo?
—¿Hacer qué? —Atrevido le insinúo con un tono coqueto que parece entender, para mi sorpresa como respuesta siento sus suaves labios rozar los míos en un torpe beso, un aparente impulso que escapó de su marcada timidez.
Un beso dulcemente inocente que duró escasos segundos y del cual muy avergonzado se aparta casi en un sobresalto. Adorable niño revestido de inocencia que ignora que con este contacto ha despertado más el interés de un demonio insaciable, que hambriento podría devorarlo de un bocado.
—Lo - lo siento... No quise hacerlo.
—¿No quisiste hacerlo?.
—Si, pero no es eso... Es solo que... — Nervioso, avergonzado y más sonrojado titubea mientras me acerco de nuevo a su rostro— Usted me gusta demasiado.
—¿Te gusto? ...No lo había notado.
—No se burle de mí, yo...
—Tranquilo, no hay nada más halagador que gustarle a alguien como tú. —Con una sonrisa susurro sobre sus labios para calmar su nerviosismo— Entonces, ¿si quisiste besarme?
—Si... Pero... No es correcto, además eso ni siquiera puede llamarse beso... Debió ser desagradable para usted... —Con lágrimas en los ojos decía, mostrando frustración se reprochaba pareciendo odiarse a si mismo al creer que no me había complacido, siento como su alma no deja de vibrar de forma cautivadora.
—Me gustó mucho. —Susurrante sobre sus labios confieso, rozándolos con firmeza siento su estremecer mientras esboza una sonrisa dejándose consentir. —Pero si te preocupa tanto, puedo enseñarte a besar, si quieres.
Cuestiono con el afán de provocarle más vergüenza y sentirlo vibrar a la vez que mis manos acarician sutilmente sus delgadas piernas que tanto le incomoda mostrar. Después de todo, ¿no es mi deber como instructor afirmar su autoconfianza?.
Su aliento es dulce, me provoca de una manera que no logro explicar mientras seguimos en el roce inocente de nuestros labios. Tímidamente asiente su cabeza para afirmar la pregunta implícita que hice antes, no puedo evitar sonreír ante su afirmación, era mejor empezar nuestra clase especial pronto. Me aparto para dirigirme a la puerta y asegurarla, no era conveniente que alguien interrumpiera mi instrucción sobre cómo besar apropiadamente.
Al terminar me acerco con prisa y con algo de rudeza lo acorralo a la pared más cercana, escucho como se le escapa un gemido, del que se avergüenza aún más. Probablemente está confundido por mi repentino arrebato, pero no muestra intención alguna por apartarse.
—¿Le parezco lindo? —Cuestiona.
—Claro que si, eres muy lindo.
—Desde que me ayudó ese día no he dejado de pensar en usted, y cuando se fue de la escuela de repente me entristecí al pensar que no lo volvería a ver.
—Pobre niño, lamento haberme ido así.
—No se preocupe, porque esa tristeza se convirtió en alegría cuando vino a buscarme... Más feliz me sentí cuando dijo que me necesitaba, por fin podré agradecerle como se merece.
Musitó estremecido con mis sutiles besos y firmes caricias, sumiso me miraba queriendo hacer algo para corresponder mi afecto. Guié sus brazos para que cariñoso se enredaran alrededor de mi cuello, nuestras miradas se fijaron entre si y pude sentir un extraño estremecer al perderme en el brillo de sus ojos, pensé que lo mejor era separarnos. —Puedes seguir agradeciéndome después, ahora debo marcharme.
—¿Por qué?
—Soy un mayordomo, debo preparar la cena y ya estoy un poco atrasado. Lo siento.
Él desvío la mirada quedándose callado por unos segundos, me preparé para escuchar un ruego de que no me marchara de su parte, como era natural en los niños de su edad, pero solo vi una sutil sonrisa dibujarse en esos labios de los que probé su dulce sabor. —Está bien, no quiero interferir en su trabajo.
—Por ser un buen niño te recompensaré con un beso de despedida.
Sobre sus labios susurré, como afirmación a mis palabras sentí como sus brazos ejercieron algo de fuerza en ese abrazo que presionaba mi cuello, acercándonos más. Su confianza crecía, parecía relajarse más con el pasar de los segundos, empezando a disfrutar este torpe beso y creo que de alguna forma yo también. Noto como se esfuerza para no abrir los labios, ¿a qué le teme si nuestro beso profundiza? Parece leer mis intenciones. En un descuido, se sobresalta al sentir mi lengua rozar la suya, nervioso se aparta.
—Tranquilo, así se hace pero si te incomoda no lo haré. —Le insinúo mientras siento su aliento agitado, por alguna razón no puedo dejar de acariciar sus piernas, su piel es tan suaves.
—No... Usted continúe. Me -me gusta...
—También me gusta, tu boca es deliciosa —Dije antes de volver a besarlo, con torpeza trataba de corresponderme, su lengua se enredaba con la mía en un juego travieso que se tornaba apasionado, en medio de sus débiles jadeos nos separamos unos segundos después.
—Debe ir a trabajar.
Me susurró en un tono suave sin dejar de abrazarme y verme fijamente, tener a mi disposición a un humano tan hermoso, atento y comprensivo me era inusual. Con la promesa de continuar esta sesión de besos nos veríamos de forma discreta más tarde en la noche, después de todo era invitado de la mansión por unos días, podía colarme en su habitación cuando quisiera. Despidiéndonos en un pequeño roce de labios me marchaba mientras él se quedaría allí cambiándose de ropa.
Ese fue nuestro primer encuentro de algunos que tuvimos por casi una semana, con el pasar de los días su confianza hacia mi era evidente, no era tan tímido y me agradaba. Se preocupaba por mi, tratando de cuidarme cuando no era necesario, pero eso era algo que él no lo sabía, incluso dejó de llamarme "profesor Michaelis" para dirigirse cariñoso hacia mí por mi nombre, aumentando la
En nuestros ensayos grupales sentía que cada baile y canto me lo dedicaba, su voz era hermosa, me embelesaba la pureza de su alma que al cantarme alguna melodia al acariciar mi cabello cuando estábamos a solas, me reconfortaba. Era un poco extraño que alguien me mostrara tan sincera devoción siendo un vil demonio sentía no merecer tan puro sentimiento, es lo que pensé al escuchar de sus labios un "te amo, Sebastian", susurro dulce a mi oído junto a un abrazo afectuoso y un beso cariñoso en esta fría noche.
—Debes descansar, mañana es la gran noche. —Acerté a decir, esquiva respuesta ante su confesión de amor, él desvío la mirada muy probablemente desilusionado al esperar que expresara de igual forma mi ferviente amor.
Podía mentir de muchas formas, pero cómo podía corresponder un absurdo sentimiento que no entendía y no creía tener en mi sombrío corazón, lo más real que podía ofrecerle era mi atención y trato cariñoso que tampoco se lo ofrecía a cualquiera, y lo tenía porque para mi de alguna forma él era especial. Noté su forzada sonrisa al darme nuestro ya acostumbrado beso de buenas noches, sin querer profundizar esta incómoda charla solo le susurré un afectuoso "descansa cariño" mientras rozaba sus labios.
En un intento descarado para no mandarlo a la cama con ese malestar, sé que estaba enojado, y ese enojo se convertiría en tristeza que lo deprimiría al punto de que podía retraerse, algo que no necesitabamos ahora con una importante presentación en unas horas. Joanne podía ser muy sensible, un chico emocional, que podía sentir todo para encerrarlo en su interior y provocarle dolor. Ni siquiera sé por qué me preocupaba lo que sintiera, tampoco entendía el motivo por el que le llamé "cariño", solo se me escapó, tal vez solo quería reconfortarlo, y que no se enojara conmigo, ¿por qué me importaba eso también?.
Animado me abrazó sin decir nada para enseguida empujarme y hacerme salir de su habitación, era adorable que se enojara conmigo pero a la vez no, así que no pude evitar sonreír. La noche siguiente como se esperaba sería ajetreada al ser el debut programado de los Phantomfive, mi joven enamorado junto a los demás estaba muy nervioso tras bambalinas, tiritaba aún más al escuchar al público en un eco abrumador llamarlos.
—Tengo miedo, Sebastian. —Me decía apretando mi mano con la suya que temblaba, estaba tan nervioso que olvidó la discreción que caracterizaba lo que podíamos llamar "relación". Los demás del grupo no pudieron evitar mirarnos con extrañeza, aunque debía suponer que no les sorprendió demasiado por como siguieron en lo suyo enseguida, tampoco es cómo si pudieran reprocharme algo.
—Estarás bien, te ves perfecto. Cautivarás a todos, como lo hiciste conmigo. — Susurré acomodando el pequeño gorro en su cabeza— Si lo haces bien, cuando terminemos esto regresemos a la mansión y estemos solos en tu habitación te daré una buena recompensa.
—Si, lo haré bien por ti, lo prometo.
Suponía que entendió a lo que me refería por la forma en que me miró ante mi insinuación, esa sería su motivación sin duda alguna, o probablemente no debí prometer nada porque sabía que lo haría bien al ser un chico talentoso muy exigente consigo mismo, motivo por el que lo elegí. Minutos después al ver la excelente actuación del grupo, su desenvolvimiento que cautivó al público que no dejaba de aclamarlos, debo admitir que me sentí satisfecho por la labor que realicé con ellos, especialmente en ese joven de quien no aparté la mirada, no me decepcionó es más me sentí algo orgulloso al ver como venció sus propias inseguridades en esta presentación.
Casi a medianoche llegamos a la mansión luego de un cansado día, el joven amo también satisfecho por el éxito de su grupo apenas llegamos cayó rendido en su cama. Dejándome así libre para mi idílico romance con Joanne que en su habitación me esperaba, era momento de cumplir mi promesa, darle su recompensa que bien merecida la tenía, incluso me sentía motivado tal vez un poco excitado por poseer su cuerpo esa noche.
Apenas entré a su habitación fui recibido en su cama, él estaba nervioso pero a la vez ansioso por entregarse a mi, después de todo, en su cabeza llena de cursis pensamientos, esta sería la mayor prueba de su amor. Así ante el tenue destello de la luna que por la ventana se colaba esa noche hice mío el delicado cuerpo de este niño, quien no solo me entregó su cuerpo también por completo su corazón. Podía sentirlo vibrar en cada beso, cada caricia, cada gemido, cada lágrima que expresaba el dolor mezclado con placer al arrebatar su inocencia.
Agitados por el placer experimentado nos besamos al terminar, para mi sorpresa sentía el disfrute de este deleite que parecía ser más que físico, su cuerpo tembloroso en mi regazo se refugiaba, su exquisita alma más que nunca vibraba ante mis caricias y besos, era lo que mi demoniaco ser necesitaba para saciar un poco mi hambre. Seguramente la vergüenza le impedía decir algo, o tal vez callaba sus sentimientos por temor a mi silencio, al no expresar lo mismo y corresponderlo. Si quería alguna confirmación de mi afecto debía conformarse con lo que le brindaba ahora, la calidez de mi frío ser que lo reconfortaría, solo vi como con una sutil sonrisa se quedaba dormido.
A la mañana siguiente aparecí con el té ante mi joven amo, este malhumorado me miraba, gesto que para nada me sorprendía, ese era a diario su acostumbrado recibimiento. No pude evitar compararlo con Joanne, quien en los pocos días de convivencia al verme cada mañana aún con toda su timidez se lanzaba a mis brazos para saludarme.
—Cuando acabemos todo este show terminarás de jugar con ese niño.
Era la orden de mi amo interrumpiendo mis pensamientos, con una inusual seriedad decía mientras leía el periódico donde se anunciaba la noticia del éxito de nuestro début musical, yo solo esbozé una sonrisa ante su extraño comportamiento.
—Si, como diga. —Respondí sin darle mucha importancia, lo que al parecer le molestó más, tal vez notó la burla en mi gesto al sospechar que su orden era impulsada por celos aunque no había motivo para tal sentimiento. No tenía sentido cuando fue él quien ordenó que hiciera lo necesario para sacar lo mejor de nuestros prospectos de artistas, cuando el mismo consideró al menor del grupo el más débil y por ello ordenó que le diera mi tratamiento especial de motivación, no entendía el por qué de su reproche camuflado en orden.
—Parece que él te gusta, ¿no?
—Los demonios no tenemos gustos de ese tipo.
—Entonces, ¿si te ordeno que lo mates lo harías sin dudar?
—Lo haría aunque no le veo necesario para nuestros planes, ¿tanto le asusta perder el control sobre mi?, ¿un muchacho ilusionado lo hace dudar? —Sin borrar mi sonrisa cínica respondí— Dígame.
—¿Me estás desafiando?
Me cuestionó enojado con esa afilada mirada que asustaría a cualquiera, menos a un demonio como yo que se disponía a responderle con una socarrona sonrisa. Nuestra incómoda conversación fue interrumpida por Soma que atrevidamente entraba sin avisar a la habitación de mi señor, aproveché aquello para escabullirme y seguir con mis labores, no tenía sentido pelearnos en un punto clave de nuestra misión.
Minutos después me dirigí a la habitación de Joanne para despertarlo, a quien por cortesía lo dejé dormir un poco más teniendo en cuenta el ajetreo de horas atrás, al acercarme me abrazó cariñoso para enseguida dedicarme un puchero infantil.
—Me duele... —Susurró avergonzado en la cama mientras tocaba sus caderas—¿Cómo actuaré así hoy?
—¿Te arrepientes de lo que hicimos?
—No, nunca, es solo... —Me susurró antes de regalarme uno de sus dulces besos que correspondí de igual forma, me atraía de una forma que no podía explicar, y saber que nuestra furtiva relación enojaba a mi amo me despertaba una emoción más profunda.
Unos pocos días pasaron entre Ios tontos reproches de mi celoso joven amo, las entregas furtivas con el dulce Joanne y las presentaciones del grupo, una vez alcanzado el objetivo que nos fijamos era hora de despedir a los jóvenes que nos sirvieron bien, ellos debían seguir con sus vidas y nosotros con la nuestra. Esa última noche tendría que despedirme de mi joven amante, quien regresaría a la escuela la mañana siguiente.
—Joanne debes saber que eres especial para mi.
—Si, lo sé y tú lo eres para mi... Esta es una despedida de nosotros ¿verdad? —Me decía entre lágrimas de profundo pesar, al aferrarse a mi cuerpo en un fuerte abrazo podía sentir su alma vibrar por esta tristeza. Este niño podría parecer ingenuo pero era listo, por lo que sabía que una relación formal entre nosotros sería imposible aunque lo quisiera, era consciente de ese hecho desde el principio. Sabía el riesgo al enamorarse de un simple mayordomo, siendo él un joven parte de una familia prestigiosa.
Como despedida una vez más lo hice mío en esa nostálgica noche, parecía que la frustración, la tristeza y el amor que yo le provocaba lo motivaron más de lo usual en nuestra entrega, parecía querer marcar mi cuerpo con sus besos, como una intención silenciosa de que lo recordara aunque ya no estuviera cerca, entre gemidos expresaba cuanto me amaba rogando a la vez que no lo olvidará, era difícil que lo hiciera.
—No quiero dormir, no quiero que llegue la mañana, la mañana que me apartará de ti.
—Por tu bien es mejor separarnos, aunque no descarto que volvamos a encontrarnos alguna vez...
—Ese día me salvaste, si estoy aquí es gracias a ti así que espero poder salvarte un día también.
No entendí el significado de sus palabras, pero tal fue su sinceridad que no me importó que trató de decir, por su gesto me dio la impresión de que este niño intuía que yo no era alguien normal, ¿y aún así me amaba?.
—Ya me salvaste. —Susurré con una sonrisa casi sin pensarlo antes de atrapar sus temblorosos labios en un apasionado beso. Tampoco entendí el significado de mis propias palabras que lo hicieron conmoverse más, lo percibí al sentir la forma en que lloraba, esa fue nuestra despedida, en que nuestros cuerpos desnudos y agotados se aferraron en un abrazo bajo las sábanas.
Sus ojos llorosos parecían no querer cerrarse esa noche, sin embargo, entre sollozos finalmente se quedó dormido y yo permanecí a su lado para velar su melancólico sueño.A la mañana siguiente nos despedíamos como un mayordomo debía despedirse de su invitado, Joanne disimulaba cuánto le afectaba separarnos y yo...Yo pretendía ser lo más normal posible.
—Ciel, fue un gusto ayudarte en tu misión, espero que puedas invitarme de nuevo a tu mansión algún día.
—Si, yo te enviaré una carta. Agradezco tu ayuda, buen viaje. —Eran las palabras de fingida amabilidad de mi mentiroso amo, era obvio que no lo invitaría de nuevo aunque tuviera la oportunidad de hacerlo. Minutos transcurrieron al ver su carruaje alejarse sentí una extraña sensación invadirme, un frío casi desolador que no entendía.
—¿Ya lo extrañas? —Era la burlona pregunta de mi amo, con mi sonrisa usual negué en un sutil movimiento de cabeza— Agradece que no te ordené matarlo, no lo hice por tí solo pensé que significaría problemas para mí al hacerlo.
—Se lo agradezco. —Murmuré sarcástico mientras vi ese carruaje perderse de mi vista y a mi altivo joven amo entrar a la mansión delante de mí, sabía aún sin verlo que sonreía jactancioso, porque se creía ganador de este absurdo juego que él supuestamente creó para fastidiarme.
Si le hacía feliz creer el tener control sobre mí incluso de mis "sentimientos", él rebajarme a discutir aquello solo avivaría su malicia y en su intención por lastimarme me obligaría hacer algo que no quisiera. Por lo pronto para no arriesgar su vida no me acercaría más a Joanne Harcourt, ese humano especial que sufriría mi ausencia por un tiempo, a quien tal vez no le quité la vida como quiso mi amo, pero eso no significaba que no lo hubiera matado de alguna manera, después de todo, ¿no es el olvido una de las peores muertes?.
‧͙⁺˚*・༓☾ 𝑀𝑢𝑐ℎ𝑎𝑠 𝑔𝑟𝑎𝑐𝑖𝑎𝑠 𝑝𝑜𝑟 𝑙𝑒𝑒𝑟 ☽༓・*˚⁺‧͙
Este es un one shot que escribí hace unos años, ahora lo corregí y edité un poco para compartirlo por aquí. Tengo una idea para una segunda parte, tal vez la escriba, pueden dejarme su comentario de apoyo para animarme. Gracias por leer, espero sinceramente que les haya gustado 💖