[Im]perfect you | Omegaverse BL

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Summary

[Omegaverse, boy x boy, BL, original]. [Historia corta] Fabián siempre había tenido una muy fácil tendencia a ganar peso, por más que llevara una vida normal y saludable desde niño. Por supuesto, el nunca ser esbelto o avocar cada segundo de su día en molestarse por su cuerpo, siendo que los Omegas se esperaba cuadraran con altos cánones de belleza. Por supuesto, ni el mismo sabía que en el fondo era más frágil de lo que pensaba, y lo feliz que era en el presente; el Omega recuerda un poco el como acepto que podía ser amado.

Genre
Romance/Drama
Author
Soreto
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

0. After Us

Repasó las páginas del periódico con mesura, sonriendo satisfecho de que de que aparecieran en algún tabloide, aunque fuera un recuadro pequeño con una foto borrosa. Al menos ya era habitual ver los resultados de alguna protestas; la de esa ocasión con plastilina y pintura simulando mordidas en los carteles, con la frase de «te pertenezco tanto como la biblioteca pública me pertenece con esta mordida».

Los setentas estaban siendo un tiempo movido, donde todos estaban teniendo un lugar para quejarse; y él, por su parte, no desaprovechaba oportunidades.

Desde que les dieron libertad total sobre elección de profesión y acceso al voto a los Omegas (hace no más que unos años), no había sido más que un parteaguas para más cambios, y muchas más protestas.

Fabián se sentía un poco mal al no asistir a las protestas, las multitudes le generaban un poco de malestar, y es que de por sí los Omegas eran sensibles a los estímulos de su entorno, él era de los desafortunados que esa sensibilidad era un tanto más alta. No le había detenido de ayudar como podía: a través de grupos de lectura en la biblioteca que derivaron en muchos otros temas, terminaron por reunirse en su apartamento, escribiendo carteles para irse a parar frente a la oficina pública de policía.

Ya sea ayudando con material, ideando el tema de la protesta que surgiera, o dando asilo a Omegas en situaciones que los ponían en riesgo, es que intentaba cambiar las cosas. Los temas que usaban para irse a parar frente al tribunal de derechos humanos, o el departamento de seguridad, derivaban desde la equidad, hasta los cánones de belleza a los que ellos por su segundo género se veían obligados a acatar; «¿Qué tal si tú te polveas esta vez la nariz, cariño?» les había sugerido poner en los últimos carteles, y panfletos que iban pegando en bardas descubiertas de calles transitadas.

Antes de salir al trabajo, pensó en su reunión con el grupo de Omegas que habían formado derivado de las protestas, una clase de espacio de ayuda, donde podían hablar de sus problemas, y entre todos buscaban alguna solución. No pensó que crecería a ese punto sus acciones, y menos que tendrían un lugar seguro gracias a un Alfa.

Tomó su teléfono que tenía en una mesita junto a la puerta, y llamó a la universidad cercana.

—Bas —saludó con una sonrisa que no pudo ocultar, tiñendo sus mejillas de rojo, y revolviendo su cabello rizado un tanto nervioso. Podrían estar saliendo desde hace tres años, pero era difícil aún acostumbrarse.

Y es que no era fácil, no lo fue, pensó mirándose en un compacto espejo que tenía sobre el lugar donde colgaba sus llaves. Ni siquiera cuando fue pequeño, y sus padres veían con decepción que su hijo poco de un omega esbelto, o con tallas consideradas pequeñas, iba a entrar, no se cansaban de recordar cómo estaba fallando. Cuando se mudó, y pidió permiso para comprar supresores (y es que los omegas necesitaban autorización de sus guardianes para comprarlos), se sintió más ligero.

Sus padres lo querían, pero siempre estaba ese dejé de decepción de que no era lo mejor que podía ser.

Su rostro de curvas suaves, y mejillas regordetas, que era enmarcado por un bonito cabello castaño oscuro que se rizaba caprichoso en las puntas, siempre le causó un conflicto que se decía no le importaba; que estaba bien con como los demás decidían hablar de él, o decir si su cuerpo robusto era un fracaso para ser un Omega que un Alfa quisiera. Fue fácil mentirse, y creyó que poco de esos cánones le habían herido.

¿Cuantas veces no contestó altivo, confiado a quienes quisieran humillarlo? Sabía defenderse, y se pensaba feliz, sin miedos. Aún recordaba lo vulnerable que fue, descubriendo sus inquietudes como Omega, y su anhelo de amor que pensó no existía en él.

—Abi —saludó con cariño el Alfa al otro lado de la línea, nombrándolo por ese mote afectuoso que en un principio no le gustaba mucho; quizás porque nunca pensó que asociar aspectos que fueran adorables con su persona, fuera algo que él pudiera hacer—. ¿En mi casa, en la noche? Después de la reunión, claro, mi hermana quiere ir a vernos, dice que no puede estar tranquila hasta que te lleve a su restaurante favorito.

—Si fuera por ella, ya estaríamos casados —bromeó Fabián, riendo un poco más relajado. Pensó en sus planes de esa noche, y tomó un cabello que cayó sobre sus ojos para distraerse de sus nervios, o el recuerdo de la esencia agradable y hasta dulce del Alfa.

—Bueno, Abi, no es el único que quiere algo así —murmuró Sebastián en respuesta tras unos segundos de silencio.

Fabián balbuceo una despedida apresurada tras ese comentario. ¡No podía creer que fuera tan vergonzoso ese Alfa! Seguro estaba en la sala de profesores, y sus colegas escucharon. Y...no es que no quisiera eso —la marca de su cuello, muy reciente, indicaba que ya estaban juntos de forma absoluta—, pero era aterrador ser así de feliz, y necesitaba hacerse a la idea.

Aunque, recordó, existía algo muy importante que tenía que decirle a Bas. Mientras pensaba en la noche, en uno de esos inusuales días tranquilos en su trabajo, recordó el tiempo en que en el fondo, se sabía demasiado imperfecto, y se refugiaba en la soledad, viendo por la felicidad de otros.

Aún, a pesar de lo fuerte que podía ser, amarse fue difícil, y se negó a aceptar que era alguien frágil. Sebastián fue parte de ver que tan vulnerable en realidad era, y que tanto merecía ser querido.

¿Cuántos Betas y Alfas, no dejó como idiotas con alguna buena respuesta? Sonrió orgulloso, mirando por la ventana del bus, sumiéndose en sus recuerdos, y abrazando con suavidad su estómago.


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