El último adiós

Summary

Desde el umbral de la eternidad observo mí propio funeral anhelando querer poder tocar a la persona que amo y dejarlo en claro mis sentimientos, sin embargo no puedo, el no puede verme. Ya no existo.

Genre
Other
Author
Milo
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Unico

Esto es difícil para mí, es difícil para todos. No soy al único al que están llorando hoy, pues más compañeros míos también dejaron el mundo terrenal. Es confuso por qué se supone que debería sentir paz absoluta, sin embargo yo no puedo sentir nada de eso ahora mismo.


Estaba allí pero a la vez no. El aire se sentía pesado. No todos lloraban pero su pesar reflejaba la tristeza del momento; habían 5 ataúdes listos para ser enterrados, en uno de esos estaba yo, mí cuerpo yacía allí, inerte, pero mí conciencia persistía atrapada entre 2 mundos.  Puedo ver a todos los sobrevivientes de esta batalla sanguinaria juntos compartiendo un mismo sentimiento, algunos parecían tener una sonrisa temblorosa, no sé qué estará pasando por su cabeza en ese momento, supongo que serán momentos felices con algunos de los caídos. Conmigo es muy poco probable, creo que nadie me recordara como un amigo o un compañero simpático, mientras estuve en el santuario me había abstenido a demostrar sentimientos algunos así que creo fervientemente que la mayoría de ellos me recordaran solamente como “el caballero de acuario”


Y digo la mayoría por qué hay alguien para el que fui más que un compañero de armas. Uno a uno fueron enterrando las cajas, algunos no soportaron y miraron para otro lado dejando que sus lágrimas fluyeran. Primero enterraron a saga, siguiente de él fue Death Mask y así fueron pasando hasta que finalmente me tocó a mí, a pesar de no haber pasado mucho tiempo con mis demás compañeros, no solo por el hecho de que yo no era muy sociable, sino también por el tiempo que permanecí fuera del santuario entrenando al futuro caballero de cisne, la persona a la que decidí dar mí vida.


Allí estaba el, Milo. Mí Milo. La única persona con la que tuve una relación estrecha de amistad, aunque me arrepiento que fuera por mí que esa relación no hubiera llegado a más que eso, una amistad, un “casi algo”. Lo vi parado frente a mí caja, mí cuerpo yacía allí listo para ser enterrado, pero mí corazón no podía dejarlo. Era evidente que el había llorado antes de llegar aquí, sus ojos rojos lo delataban pero ahora mismo parecía no sentir nada.


Verlo allí, aguantando sus lágrimas me partió el corazón, en un momento sentí que me miró a los ojos y me encontré frente a él, pero ya no era capaz de verme, pues para él me había convertido en un recuerdo.


En sus manos sostenía una flor un lirio, la misma flor que solía regalarme cada cumpleaños. Comencé a recordar cada momento que pase junto a él, parecía tan vividas todas esas imágenes que por un momento quise llorar. Todos los días Milo solía dejarme en claro de todas las maneras que me amaba, sin embargo no me lo dijo al instante, los días siempre fueron así, él hacía cosas que no hacía un simple amigo. Sin embargo llegó el día en el que el santuario se vio en una “amenaza” los caballeros de bronces llegaron con una chica que según el patriarca era una Athena impostora.


Unos minutos antes de que todo comenzará y que tuviéramos que mantenernos en nuestros templos a esperar a los caballeros de bronces, Milo me abrazó, me dijo que me amaba y yo a él, sin embargo me sentí insuficiente y se lo negué. Al rato mí hora había llegado y yo me fuí sin hacerle saber que yo también lo amé como mí universo entero.


Ahora que lo vi derramando lágrimas me siento tan culpable por hacerle creer que yo nunca lo amé. ¿Cómo podía decirle que no llorara?


Nuestra diosa pronunció unas palabras, pero mí mente divagaba. ¿Había algo después de esto? ¿Un lugar en donde pudiera seguir amando y seguir cuidándolo? ¿O simplemente se desvanecería mí esencia en la vastedad del universo?


Al parecer Milo se había amigado con Aioria, ya que este se acercó a palmear su espalda suavemente pero Milo no le prestaba atención. Finalmente dejó ese lirio sobre mí tumba una vez que me habían enterrado para proseguir con el funeral de Afrodita.


A mi perspectiva no tardó mucho, el funeral llegó a su fin y las personas comenzaban a irse a su templo dejándome solo allí. Me acerque a un charco pero mí reflejo no estaba allí, solo un eco de lo que fui. ¿Cómo podía romper el velo entre dos mundos para abrazar a Milo?


Me quedé en el umbral de la eternidad viendo cómo mí amado se alejaba. Y en ese instante mí corazón se rompió más de lo que ya estaba. No por mí propia pérdida, si no por el dolor que dejaba atrás por qué a pesar de que no podía abrazarlo, mí amor por él nunca moriría.


Todo principio tiene su final, como yo fui el final de tus llantos y Milo el inicio de mis sonrisas. Daría todo por volver a esos tiempos en donde trabas de decirme lo que sentías por mí, si pudiera hacerlo al menos por un momento, te abrazaría fuerte y te besaría, quizás todo sería distinto. Mí ser no resiste esperar verte. Extrañaré tu voz carismática y encantadora, tus ojos como dos delicados copos de nieve siendo iluminados por el sol.


Tal vez no sea en esta vida cielo… pero no tardes mucho en encontrarme en la siguiente.