Angeleyes ✦˟⊹ ﹕dealor 🪽

Summary

🪽◟ F A N F I C T I O N! 𓄳 ★ ﹆ׂ ✦˟⊹ ﹕ Todo en la vida de John había dado un giro extraño en poco tiempo. Todo se volvió algo loco, en el peor sentido. Hasta que conoció a Roger. ¿Quién hubiera dicho que eso volvería todo aún más extraño? 🪽 ⨾ 30/04/2024 - ××/××/×××× 🪽 ⨾ John Deacon × Roger Taylor 🪽 ⨾ Queen ★ 1970

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

🪽◟ O O 1!  : In the woods

☄️




John se sentía fuera de lugar.


Todos a su alrededor hablando y riendo mientras que él estaba sentado solo, al fondo del salón de clases. Nadie solía acercarse a él a menudo, y si lo hacían posiblemente era para pedirle algún lápiz o uno de sus cuadernos para copiar una tarea que les faltara. Pero en si, él nunca se encontraba con un grupo de amigos. No era parte de los grupos que se sacaban fotos con algún filtro gracioso mientras no había ningún maestro en el salón, ni entre los que se veían los fines de semana en alguna cafetería o iban al único centro comercial de la ciudad para conversar de cualquier cosa que se les pasará por la cabeza, y tampoco estaba entre los que se reunían a ver alguna película o serie en casa de otro mientras comían pizza, dulces y más. Él simplemente estaba solo con las cosas que escribía de vez en cuando.


Miraba con aburrimiento su cuaderno. Los bordes habían sufrido las consecuencias de su aburrimiento con varios rayones y alguna que otra frase al azar que se le hubiera quedado en la mente, algunas de las cuales eran mejores que otras. John resopló de nuevo y apoyó su cabeza en sus brazos. No era raro que el maestro de arte se tardará unos minutos en llegar, pero él sentía que está vez el tiempo pasaba aún más lento que de costumbre. Su cuerpo se sentía pesado gracias al hastío mientras todo se movía a su alrededor, con su presencia pasando desapercibida. Era como si él fuese invisible... un sentimiento al cuál ya se había acostumbrado para ese momento.


El crujido de la puerta hizo que todos se movieran a gran velocidad hacía sus puestos. Teléfonos siendo guardados y sillas arrastrándose por el suelo de un lugar a otro en un sonido ciertamente desagradable. Todo a la velocidad de un parpadeo. Antes de que la puerta se terminará de abrir el lugar estaba cambiado.


Ojos marrones con un brillo amable y alegre asomaron apenas la puerta de madera clara se abrió. El cabello azabache, corto y perfectamente peinado del maestro haría que cualquiera pensará que era una persona estricta y exigente, todo lo contrario a su verdadera personalidad; una actitud extravagante, amigable y que a más de uno le sacaba una sonrisa. John no pudo ocultar su sonrisa al ver a Freddie Mercury, su maestro de arte. Una de las pocas personas que notaba su existencia y con las que se daba el lujo de compartir algunos de los escritos que creaba.


Plumillas, marcadores y un portafolio, lleno de hojas archivadas de manera individual, fueron dejados en el escritorio cerca de la pizarra. Mercury soltó un suspiro y se arregló la camisa otra vez. Giró sobre sus tobillos y miró al grupo de alumnos.


—Set de lápices o lápiz 8B sobre la mesa y una hoja en blanco. Hoy veremos sombreado en grafito —fue lo primero que dijo para luego reír ante la queja colectiva que el salón dejó escapar —. La próxima clase veremos pintura si hacen bien está actividad —prometió, mirando al grupo de adolescentes.


John sacó el juego de lápices de su mochila y una carpeta de la cuál sacó dicha hoja, guardando su cuaderno tras hacer eso. Rápidamente se puso a bocetar las figuras que pedía Mercury, las cuales luego tendría que manchar de grafito oscuro para crear las sombras y dar un efecto de tridimensional.


Miró a través de la ventana por el rabillo del ojo y exhaló. Volvió a centrar su atención en la actividad dada, queriendo terminar rápido para poder lavarse las manos y quitarse los rastros de polvo gris oscuro de las yemas de los dedos.


( ☄️ )



El reloj marcaba las dos y media de la tarde. John caminaba a casa solo, sabía que su hermana se había ido con unas amigas y volvería un par de horas después, cosa que pasaba a menudo. No se preocupaba tanto, Julie solía mandarle un mensaje cada treinta minutos para informarle donde estaba o si es que ya iba a volver. Ella sabía bien como cuidarse; desde la muerte de su padre tres años atrás ambos habían aprendido a valerse por su cuenta. Su madre se había vuelto ausente por tomar dos trabajos y luego por una mejor oferta terminaron por mudarse a esa ciudad hace apenas un par de meses. Ambos se terminaron volviendo –de un modo u otro– independientes a temprana edad.


Julie se había adaptado rápido. John aún tenía dificultades para aceptar el cambio.


Al llegar a casa lo primero que hizo fue anunciar su presencia, esperando que haya alguien, mas no se sorprendió al no recibir respuesta. Se dirigió a su habitación y ahí arrojó su mochila en dirección al rincón de siempre antes de tirarse en la cama y relajar todo su cuerpo ahí. Con su mente en blanco mientras presionaba su rostro en las suaves mantas que se hundían bajo su peso.


Estuvo así unos minutos, en un limbo entre el mundo de los sueños y la consciencia. Al final se levantó de la cama otra vez y tomó su teléfono para ver la hora otra vez. Seguía siendo relativamente temprano y las únicas notificaciones que tenía eran el mensaje de su hermana y uno de su madre, quien avisaba que volvería a casa más tarde que de costumbre. Suspiró, dejando el dispositivo en el colchón. Se despojó de su uniforme escolar y abrió su armario para buscar algo más cómodo: un jean y una camisa blanca de The Beatles fueron su primera opción... también fue la única que se molestó en buscar.


Ató otra vez los cordones de sus zapatos una vez terminó de vestirse y añadió a su vestuario un suéter azul marino que tenía a la mano. Tomó su teléfono otra vez y sus llaves, guardó ambos elementos en su bolsillo para luego salir de la vivienda.


Era una ciudad algo pequeña, pero lo suficientemente grande como para ir tener uno que otro lugar al que se podía ir a pasar un buen rato. Tenía un bosque cercano, que rodeaba de enormes árboles la zona y era atravesado por un río poco profundo y que desaparecía durante el infernal calor del verano. Por la ventana de su habitación lograba ver con frecuencia a chicos de su edad salir y volver a sus hogares antes de las siete de la noche. A veces siendo acompañados de algunos amigos y a veces solos. Eso lo había animado a salir con más frecuencia a dar paseos al bosque que había cerca del lugar. Tomaba fotos de lo que veía mientras caminaba e imaginaba nuevas cosas que escribir acerca de algo que haya llamado su atención.


Eran las tres y diez cuando llegó al bosque. Ahí respiró relajado, empezando a adentrarse cada vez más en la espesura frondosa. Mirando a sus alrededores. Las enormes ramas de los árboles cubrían el cielo y las hojas secas cubrían el piso. Sus ojos grises recorrieron el lugar, que seguía siendo desconocido a pesar de haberlo visitado con anterioridad; el paisaje cambiaba siempre, cambios pequeños, que apenas eran visibles, pero eran cambios después de todo.


Su mente estaba en blanco mientras caminaba, apenas evitando tropezar. Pensaba en todo y en nada, con un sentimiento de profunda calma mientras las hojas crujían bajo sus pisadas. Su curiosidad no paraba, perseguía el viento que movía su cabello y que al rozar con las ramas hacía música sin necesidad de partitura, sus pisadas se unían a la melodía, creando un ritmo suave y el sonido lejano del riachuelo se unía a esa armonía.


John soltó una risa, se había alejado lo suficiente como para saber que nadie lo escuchaba más allá de las aves que trinaban alegres. Aquello le dio la confianza para permitirse tararear una canción, sin miedo de que alguien escuche su voz (que él afirmaba era horrible); sin embargo al acercarse al río se detuvo abruptamente y un tinte rojizo pintó sus mejillas por culpa de la vergüenza.


No estaba solo.


Ahí, en cuclillas en la orilla lodosa, había un chico de más o menos su edad. Le estaba dando la espalda a John, ignorando por completo su presencia mientras miraba algo en el agua. Se encontraba tan ensimismado en eso que a John le pareció un poco extraño, aquello solo hizo que unas nuevas ganas de descubrir lo que estaba observando ese niño de cabello rubio.


Se acercó sin cautela alguna y adoptó la misma postura al lado del muchacho, casi resbalando al tratar de hacer eso. Fue ahí donde su nuevo acompañante reaccionó por primera vez, dirigiendo su mirada al castaño que luchaba por retomar el equilibrio para no manchar sus pantalones. El rubio soltó una risa, infantil y genuina. John finalmente cayó, aunque poco le importó pues su carcajada se sumó a la del chico a su lado.


Pocos segundos después él habló, aún conteniendo la risa: —¿Estás bien? —le preguntó con voz calma el otro chico.


John asintió rápidamente, por fin logrando ponerse de pie y alejarse un poco del barro para no volver a caer y mancharse más de lo que ya estaba. —Sí, sí. Gracias por preguntar —rió al decir aquello. Ató su suéter alrededor de su cadera para ocultar la mancha que se había formado en su pantalón, aunque las mangas de la prenda tampoco se salvaron del lodo.


El chico se levantó y John lo miró; era apenas más bajo que él, su cabello era dorado, rebelde y le llegaba hasta la nuca. Sus ojos eran de un azul precioso que John podría comparar con facilidad con joyas de zafiro o el océano, tenían un brillo extraño, difícil de descifrar exactamente que reflejaba; ¿nostalgia?, ¿añoranza?, ¿tristeza?, ¿alegría? No podía decirlo con exactitud. Su piel era pálida y parecía ser extremadamente suave, tenía algunos moratones en sus brazos y las venas en sus manos eran visibles a medida que jugaba con ellas. Era

bonito

.


Él extendió su mano. —Soy Roger —dijo él con una sonrisa simpática.


—Soy John. John Richard Deacon —tomó la mano ajena en un apretón agradable, sintiendo la piel fría de su contrario, dedicándole una sonrisa de igual manera, mostrando el pequeño espacio entre sus incisivos frontales.


El rostro de Roger se iluminó al ver la sonrisa ajena.


El resto de la tarde ambos conversaron y rieron. Ambos eran igual de solitarios... o al menos eso pudo deducir John, pues Roger apenas hablaba de si mismo. Era agradable poder hablar con alguien acerca de sus gustos, desde música hasta autos. Ambos tuvieron una conexión instantánea. De esas en la cuál hay confianza desde el primer momento. Era una sensación a la que John no estaba acostumbrado, pero era agradable.


John volvió a mirar la hora, notando que ya mismo eran las seis. El tiempo pasó más rápido que de costumbre...


—Me tengo que ir —suspiro. Sacudió un poco del lodo seco de sus pantalones. Roger también suspiro.


—¿Vendrás mañana?


—¿Ah?


—¿Vendrás mañana? —repitió.


John sonrió al escuchar aquello, sintiendo que por fin tenía un amigo en ese nuevo lugar. —Si no dejan tarea lo haré. —afirmó, a lo cuál Roger esbozó una sonrisa.


—Nos vemos, John —dijo, para luego irse en dirección contraria.


John no pudo evitar que los músculos de su cara dibujaran una sonrisa. Tenía un amigo... o algo así. Se quedó quiero un par de segundos, procesando aquello para luego salir corriendo hacía las afueras del bosque, en dirección a su hogar.


( ☄️ )



Al llegar entró de golpe, ignorando a su hermana. Se quitó la ropa terrosa y la arrojó toda al cesto de ropa sucia. Se pegó una ducha rápida para quitarse las manchas de barro secas que quedaron en sus antebrazos gracias a la caída. Al salir se puso el mismo pijama que había usado el día anterior, importándole poco o nada si aún seguía empapado y con su cabello goteando.


Tomó su teléfono y puso alguna canción que dejó de fondo antes de tomar su cuaderno, donde solía escribir cualquier cosa que pasará por su mente. Con un bolígrafo negro garabateó las letras hasta formar palabras; tachó algunas hasta que quedó conforme con lo que había escrito. Un párrafo minúsculo que plasmó en papel, describía su encuentro con Roger, desde su risa contagiosa hasta su casi nula capacidad de concentración. Redactaba nimiedades sobre todas las cosas, animales o personas que le parecían interesantes, los inmoralizaba con papel y tinta para no olvidarlos en el futuro. Lo hacía con la intención de no olvidar un instante en que descubrió algo agradable. De revivir un rato de alegría cada vez que leía lo que estaba plasmado en las hojas del cuaderno. Para poder revivir el pasado, aunque fuera por un momento efímero.


John dejó su cuaderno a un lado. Julie entró en ese momento.


—Tengo hambre —se quejó la menor. Tirándose en la cama del otro castaño.


—Hazte un sándwich —espetó, riendo ante la expresión que ella puso cuando dijo eso —. Creo que aún hay un par de rebanadas de pizza que sobraron del domingo.


—Gracias —con eso, Julie se retiró. John reaccionó segundos después.


—¡Déjame un pedazo!


—¡No!


John giró los ojos, levantándose de la cama, empezando a correr en dirección a la cocina donde trataría de robar la comida antes que la "pequeña rata" (como solía decirle para sacarla de sus casillas) de su hermana.


No fue un día tan malo después de todo.


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