Destino Incierto

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Summary

Beth, una chica tranquila y amante de los libros clásicos de 17 años de edad, tiene una tranquila y apacible feliz vida en Northfield Minnesota junto a unos sobreprotectores padres que la aman con locura y unos amigos que siempre están a su lado para apoyarla cuando los necesita. Pero su feliz y tranquila vida cambia por completo cuando inesperadamente conoce al apuesto y engreído Steve Jones. Un chico coqueto de 24 años hijo de la familia más rica del pueblo. Al conocerse aquella tarde en el pequeño refugio privado de Beth, inmediatamente ambos sienten una increíble, magnética e inexplicable atracción el uno por el otro que los llevara a una alocada, tierna y apasionante relación amorosa un tanto prohibida llena de riesgos, secretos y mentiras.

Status
Ongoing
Chapters
13
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1

Verano 2015

De pronto entreabro un poco lo ojos y siento que los reflejos del sol me queman la piel. ¡Dios! Sí que hace mucho calor esta mañana. Aquí en el pequeño pueblo de Northfield, Minnesota, el sol está en todo su maldito apogeo allá afuera, reluciendo en las paredes azules claro de mi pequeña y desordenada habitación. Poco a poco abro los ojos completamente y suspiro al ver la habitación tan iluminada. Este verano será increíble e inolvidable. Lo sé. (Al menos, eso es lo que quiero). Tengo un buen presentimiento, ya que, al finalizar este verano, entrare en el último año de preparatoria y después, no más escuela. ¡Si!. Soñolienta y bostezando, me levanto de un salto de la cama y camino hacia el espejo de cuerpo entero que está a un lado de mi guardarropa y veo con el ceño fruncido, el reflejo de una chica pequeña, pálida, flacucha de cabello muy rizado castaño oscuro alborotado, ojos grises y nariz respingada.

Resoplo frustrada con los brazos cruzados sobre mi pecho.

Soy completamente diferente a mi madre cuando tenía mi edad y ahora. Mi madre tenía y sigue teniendo el pelo rubio, nariz pequeña, piel bronceada y ojos verdes azabache. Ella es una mujer extremadamente elegante y segura de sí misma. Y sus rasgos son mucho más perfilados que los míos. Lo sé porque, he visto un montón de fotos de ella que mi abuela me mostro la última vez que fuimos a visitarla a su casa en Florida hace unos meses atrás. Frunzo el ceño. Vaya, sí que necesito tomar sol y engordar un poco, me digo molesta y me paso una mano por el pelo suspirando resignada, tratando que controlarlo un poco y viendo en mi guardarropa que ropa ponerme en un día especial como el de hoy.                                         Se supone que hoy viernes termina la antepenúltima semana de clases en el instituto así que, tengo que ir más o menos “presentable”. Todos los alumnos muestran siempre sus mejores galas los últimos días de clases. Esto es algo que he notado durante todos estos años en el instituto. Es como una tradición estudiantil. Hoy comienzan a despedirse los alumnos de último año ya que, algunos empiezan clases en la universidad. Lo bueno de todo esto es que a partir de la próxima semana inician oficialmente las vacaciones de verano y, podre hacer lo que se me antoje, cuando se me antoje. Me visto rápidamente para encontrarme con mis padres abajo en la cocina. Mis padres son muy poco liberales conmigo a pesar de que soy una chica muy tranquila que pasa la mayor parte de su tiempo libre leyendo y, sospecho que desearían que las cosas siguieran como están hasta que cumpla los treinta. A veces, mi padre es extremadamente sobreprotector conmigo. Soy su única hija así que, supongo que esto es normal. Bajo a la cocina con pasos lentos, saco un plato de la alacena y lo dejo en la mesa. Tomo la leche del refrigerador y me siento a la mesa. Me preparo unos cereales para desayunar y miro a mi alrededor. Qué extraño. Mis padres ya se han marchado. Ellos nunca salen a sus trabajos tan temprano. No le tomo demasiada importancia. A lo mejor tuvieron que irse a una reunión muy importante. Continuo desayuno en silencio mi cereal Complete. Carajo. Estoy muy llena. Me levanto de la mesa y lavo el plato en el lavavajillas. Subo despacio a mi habitación y recojo mi bolso junto con mi teléfono. Mmm, veamos, veamos… Al parecer no se me queda nada. Bien. Con una última mirada, me retiro de la habitación a toda prisa por las escaleras de dos en dos y salgo de casa. Camino despacio hasta llegar a la parada de autobuses y me voy al colegio donde seguro me espera un día muy largo y monótono como el de todos los días. Al llegar a los estacionamientos del colegio busco a Rose o a Dylan con la mirada pero no los veo por ninguna parte. Aún es muy temprano. Lo más probable es que no hayan llegado al colegio. Con un suspiro entro colegio para ir a mi casillero a buscar mis libros de las primeras clases de hoy. Mientras camino lentamente por los pasillos con las manos metidas en los bolsillos de mis vaqueros hacia mi salón de clases, noto como los alumnos de último curso van sacando sus pertenencias de sus respectivos casilleros e intercambiando anuarios firmados con dedicatorias. Es algo emocionante ver tanto entusiasmo por parte de los alumnos en esta época del año escolar aunque, claro, a mí me falta un año para experimentar ese entusiasmo con Dylan y Rose.

Ninguno de los dos me ha hablado sobre las universidades que tienen planeado enviar solicitudes este último año. Supongo que Dylan ganara una beca universitaria para jugar futbol americano y Rose ha mencionado que le gustaría mudarse a Nueva York. Durante la clase de literatura de la profesora Miller hicimos una pausa para hablar sobre las posibles universidades en las que podríamos mandar solicitud de ingreso ya que, según la profesora, deberíamos empezar los trámites durante el primer periodo del próximo año escolar. Pienso que es un poco precipitado hablar de universidades estando en el penúltimo año de preparatoria pero, ya tengo muy claro a cual deseo ir.

—Sé que para ustedes pueden parecerles muy pronto para hablar de universidades pero, mientras más pronto empiecen a mandar sus solicitudes. Mejor. –La profesora Miller camina por todo el aula mientras nos pasa a cada uno de nosotros folletos de distintas universidades.

Me entrega varios folletos muy interesantes sobre universidades muy buenas y los miro detenidamente cada uno de ellos con el ceño fruncido analizando cada una de mis otras posibles opciones como: Harvard, Princeton, Columbia, Stanford, Brown, Michigan, Washington, Florida, Maryland. La verdad, todas estas universidades son muy buenas con excelentes planes académicos. Pero después de ver todos estos folletos, solo hay una a la que realmente deseo ir. Bueno, dos en realidad. La campana que indica el final de clases suena sacándome de mi ensoñación. Espero a que todos los demás alumnos salgan del salón para poder hablar a solas con la profesora Miller antes de que se marche. Me levanto de mi asiento con mi mochila en los hombros y camino hacia ella.

—Profesora, ¿podría hablar con usted con minuto?

—Claro Beth dime, ¿qué se te ofrece? –Se gira hacia mí y me ofrece una calidad sonrisa que hace que me relaje.

—Quería saber cuáles eran los requisitos para mandar solicitud de admisión en la universidad de Nueva York.

—Bueno, de esa no estoy muy segura. Tendría que hablarlo con un gran colega que trabaja allí. Quizás la próxima semana traiga esa información

— ¿En serio?, se lo agradecería mucho. –Casi chillo agradecida.

—De nada, para mí es un placer. Ahora dime. ¿De verdad quieres entrar ahí?

—Sí. –Le contesto determinadamente.

— ¿Y no tienes otras opciones?

—Sí. La de Washington. –Esta es mi segunda opción directa.

— ¿Algún motivo en especial?

¿Motivos? Muchos

—Porque ofrecen un gran programa para la carrera de literatura.

—Con que literatura. Vaya, veo que sabes muy bien lo que quieres.

—Sí. Lo vengo planeando desde hace mucho.

—Me alegra mucho oír esto. No todos los chicos de tu edad saben con tanta determinación, que carrera estudiar en la universidad.

—Gracias.

—Bueno, nos vemos la próxima semana. Tengo que ir a una reunión muy importante.

Dicho esto se marcha del salón.

El resto de las clases en el instituto transcurrieron de manera normal, lenta, aburrida y monótona como me esperaba que fueran o, al menos para mí lo fueron ya que, a juzgar por el frenesí de los otros alumnos, el día fue realmente emocionante para ellos. Después de despedirme de algunos compañeros de clase, me dispongo a ir a tomar el autobús para ir a casa. Mientras espero pacientemente el autobús, veo a varios chicos y chicas de último año preparatoria marcharse en sus respectivos autos. Yo, probablemente, dentro de muy poco seré una chica como ellos. Iré a fiestas, conoceré chicos y luego, la universidad, me uniré a una fraternidad y por fin seré totalmente independiente como deseo. En ese momento llega el autobús que me saca de mi ensueño y subo rápidamente.

Maldita sea. Necesito un coche urgentemente. Esto de estar viajando en bus, me tiene harta. Bueno, los días en los que no puedo irme con Rose en su coche. Saque mi licencia a los dieciséis pero, no tengo dinero para comprarme un coche así que, uso el de mi padre de vez en cuando. Afortunadamente, el bus no demora en llegar y me encamino hacia mi casa.                                                                       Media hora después llego a mi pequeña casa. Cuando entro, mis padres ya están en casa esperando y preparando la cena para esta noche.                                                                       —Hola cielo. –Me saluda mi padre dándome un beso en la frente.                                                    —Hola papa — ¿Cómo te fue hoy en el colegio? —Pues, muy bien la verdad. Las clases estuvieron aburridas pero, tolerables.                  —Me alegra escuchar eso — ¿Y el trabajo? –Hoy se fueron más temprano más de lo normal. Sospechosamente muy temprano pero, decido omitir esto. No es asunto mío si salen más temprano al trabajo o no. —Bueno, hoy tenía una reunión muy importante a primera hora con el señor Erick Jones. Y ahí está la razón. Frunzo el ceño. No tenía idea que el jefe de mi padre estaba en el pueblo. Esto sin duda será el tema de cuchicheo de muchas mujeres el día de mañana.                                                  — ¿Y mama?                                                               —Aquí.  —Sale de pronto alegremente de la cocina. – ¿Cómo te fue hija?                                       —Por favor, no la misma pregunta.                            —Ok, digamos que te la hice por mera cortesía. ¿Me la responderás?                                                    —No. –No quiero sonar grosera pero, la misma pregunta ya me aburre un poco.                          —Ya decía yo. Bueno la cena estará lista en unos minutos.                                                           — ¿Y que hay para cenar? –Olisqueo distraídamente tratando de adivinar la cena.      —Tú cena favorita. Pasta con salsa blanca y brócoli. Suena delicioso pero, mi madre no tiene gran habilidad culinaria y temo por mi estómago.                                                                 —Vaya. Gracias mama.                                               —De nada cielo. Ve y deja tus cosas en tu habitación para que cenes.                                      —Ok. Subiré a mi habitación. –Pongo los ojos en blanco algo frustrada por la orden. Camino hacia las escaleras para subir a mi habitación.—No tardes mucho.

No lo hare. –Y dicho esto, salgo volando a mi habitación a cambiarme de ropa.

—Eso espero o, la cena se te va enfriar.

—Si mama, ya entendí

La cena estuvo deliciosa, (sorprendentemente) y, siento que el estómago me va a reventar de tanta comida. Diablos, no debí haber comer demasiado. Después de cenar, mis padres y yo vemos unos de esos espantosos reallity shows sobre mujeres extremadamente delgadas que desean ser modelos. Es lamentable el estereotipo con el que se ha clasificado a las mujeres “guapas” hoy en día. Más bien parecen esqueletos andantes. Gracias a Dios no soy como esas mujeres que se obsesionan con esas tonterías todo el tiempo. Suspiro. Deseo pasar un rato más con mis padres viendo la televisión pero, estoy muy cansada asique me despido de ambos con un beso y me voy a mi habitación.

Me quito los tenis, lo pantalones, el sujetador y me meto a la cama solo con la sudadera puesta. El día de hoy fue muy, muy largo y extenuante para mí. Y estoy realmente aliviada de que al fin haya acabado esta semana. Mientras miro hacia el techo, medito en todo lo que pueda ocurrir en este verano. Bueno, las posibilidades de que ocurra algo emocionante son pocas pero, no pierdo las esperanzas de que ocurra algo que me cambie la vida por completo. Y me quedo dormida al instante.

Hoy sábado por la tarde tengo planeado ir al arroyo con mi rubio y pálido mejor amigo Dylan y disfrutar de este hermoso y fastidiosamente caluroso día. Es perfecto para ir dar una vuelta además, estamos en verano y hay que disfrutar de este clima antes de que llegue el triste y húmedo invierno aunque, para eso, aún falta mucho. Así que me cambio rápidamente de ropa decidiéndome por una blusa violeta de tirantes, unos vaqueros, mis Converses y me dispongo a salir de mi habitación, ahora muerta de hambre.

Cuando bajo hacia al comedor mi alocada madre y mi taciturno padre, las personas que más amo en este mundo están terminándose el desayuno y hablando sobre el nuevo alcalde del pueblo. Fue elegido por mayoría de votos asique, es muy bien aceptado por los ciudadanos.

—Pienso que será un buen alcalde. –Dice mi madre tomando su taza de café matutino.

—Ojala lo sea, no necesitamos a otro vago corrupto que maneje las leyes de este pueblo, de esos, ya hemos tenido suficientes. –Mi padre toma el periodo y empieza a leerlo con el ceño fruncido.

Al verme mi madre entrando me dedica una enorme sonrisa diciéndome:

—Cariño, hoy te has levantado de la cama más temprano de lo normal. –Dice mi madre al verme entrar en el comedor.

Le unta mantequilla a su pan tostado y se lo lleva a la boca.

—Sí, me he levantado por el calor que hace. –Me abanico el rostro con las manos de manera exagerada y tomo asiento a su lado.

—Bueno cariño, estamos en época de verano, acostúmbrate.

—No pienso acostumbrarme a semejante calor mama, sabes que no lo soporto.

—Y esa es la razón por la que estas tan pálida hija.

Pongo los ojos en blanco.

—Beth, ¿qué piensas hacer este verano? –Pregunta mi padre mientras tomo una tostada y me lo llevo a la boca.

—Ehhh… ¿tomar el sol? No. –Contesto con la boca llena de pan tostado.

—Tienes que encontrar otra actividad para hacer, aparte de estar en tu habitación todo el día leyendo esas novelas raras.

—No son novelas “raras” papa, además, siempre salgo al arroyo con Dylan.

—Me alegro mucho de oír eso hija, pero hablo en serio, sal y distráete un poco en estas vacaciones.

—Vamos papa, tampoco soy una ermitaña

—Casi casi hija

Pongo los ojos en blanco al oír esto y me voy arriba a mi habitación a terminarme el desayuno tranquila, porque si continúo aquí, tendré que aguantar más de la charlatanería de mi padre, así que me dispongo a escuchar un poco de música con el iPod mientras me termino el desayuno. Mientras “One love” de U2 suena en mis oídos, pienso en lo mucho que les agradezco eternamente a mis padres por inculcarme el buen gusto por la música. Sus gustos musicales son muy ecléctico de modo que, desde muy pequeña escucho esta clase de música todo el tiempo.

Media hora más tarde decido llamar a Dylan a su casa para confirmar nuestro encuentro en el arroyo esta tarde.

—Familia Gray, ¿en que la puedo ayudar?            —Buenos días señora Gray, habla Beth, se encuentra Dylan?

— ¡Hola! Bethy, si, en un momento te lo paso.

Después de unos segundos me contesta Dylan.

—Hey tonta, ¿qué cuentas?

—Hey tonto, la verdad nada, ya lo sabes. –Y automáticamente noto su sonrisa detrás del teléfono, y no puedo evitar sonreír yo también.

— ¿Y qué planes hay para hoy?

—Me preguntaba si querrías ir al arroyo esta tarde.

—Mmmm sale, pero nos vamos por la parte trasera de mi casa. Hay un atajo que podríamos tomar.

—De acuerdo. –Le respondo entusiasmada ante la idea de pasar la tarde en el arroyo con él.

—De acuerdo. –Me contesta el con el mismo entusiasmo.

—Y ¿tienes examen mañana?

—Sí. Tengo examen de biología.

—Ufff. Ese me toco hoy y, la verdad, estaba muy sencillo.

—Lo dirás tu que eres una come libros.

—No soy una “come libros” solo soy aplicada.

—Yo también lo soy. –Dice ofendido.

—Sí. Pero para el futbol americano será.

—Eso me dolió en el alma. –Suena aún más ofendido y no puedo evitar soltar una carcajada.

—Como sea. Te veo luego ¿vale? Tengo que estudiar.

—Ok, nos vemos luego. –Y cuelga.

Suspiro y me dispongo a estudiar para los últimos exámenes que, por cierto, están muy difíciles. Sobre todo el de cálculo. Definitivamente, las matemáticas no son lo mío. Me tardo unas dos horas y media en estudiar este examen. Cuando termino con cálculo, decido darle un repaso al material de literatura que, para mí es más sencillo. Amo la literatura, es algo que me ha gustado desde muy pequeña y, pienso que esto es lo que debería de estudiar en la universidad. He investigado algunas que son muy buenas y ofrecen un gran programa pero, la que realmente me atrajo fue la universidad de Nueva York. Me gusta mucho su programa y, lo más importante es que su campus está, obviamente muy lejos de este pueblo.

Tengo intenciones de irme muy lejos de aquí e independizarme por completo y, estando cerca no lo logre jamás. Aun no es como hablar del tema con mis padres ya que, ellos tienen la idea de que iré a la universidad de aquí. Como ellos. Y decirles que eso no va a pasar podría no agradarles demasiado. Bueno, lo siento mucho por ellos pero esta es una decisión que tome ya hace mucho tiempo y, no pienso echarme para atrás porque, si no me largo de aquí, quedare estanca en este pueblo. Deseo mudarme a otro estado y vivir en mi propio departamento. Y eso es lo que tengo planeado hacer.

— ¡Dylan!

Lo llamo a gritos mientras corre y huye de mí por el camino de verde césped hacia el hermoso arroyo que está situado en el jardín trasero de la enorme y misteriosa casa de la familia Jones. Admito que la casa es un poco intimidante pero es realmente preciosa. Es una casa enorme e imponente de dos plantas construida con ladrillo y cemento pintada de un blanco hueso con dos enormes ventanas frontales.

El frente de la enorme casa es un pequeño camino de gravilla rodeado por un precioso jardín cuidado con mucho esmero; en él abundan las rosas y las gardenias, que rodean una fuente en forma de hongo donde borbotea agua cristalina, traspasada por un puente de ladrillo y sus ventanas con un filo de hermoso oro que brilla constante cuando el sol le da luz.

Es la familia más adinerada del pueblo.

Han vivido en este pueblo desde hace muchos años, casi desde siempre cuando el señor Jones compro una pequeña fábrica de dispositivos de seguridad uniéndola a su emporio que ahora se llama Jones International Security Company y, desde entonces solo he oído cosas muy extravagantes y raras sobre ellos ya que no son particularmente “comunicativos” con los demás pueblerinos ya que, ellos viven en Seattle o eso creo y solo viene el señor Jones muy pocas veces al pueblo casi sin que nadie lo note, aunque la verdad no le prestó mucha atención a esos chismes mal intencionados sobre el señor y la señora Jones, ni de su hijo Steve, un chico de al menos veinticinco años muy pero muy apuesto… bueno eso es lo que dicen las demás chicas del pueblo porque, jamás lo he visto en persona en todo este tiempo así que, no tengo la más remota idea de cómo sea.

Ahuyento este pensamiento de mi cabeza porque no me gusta la dirección que van tomando. Dylan y yo siempre pasamos la tardes en ese arroyo casi todas las tardes cuando logramos escaparnos de nuestras casas después de regresar del colegio y “terminar“ nuestros deberes. Por suerte, el señor y la señora Jones jamás nos descubren, o fingen que no nos ven a Dylan y a mí, aunque pensándolo bien, no deberían enojarse, el arroyo es libre y lo puede visitar quien quiera que viva en esta zona además, son vacaciones.

—Alcánzame si puedes, tonta. –Me grita sin tan siquiera voltear su mirada hacia mí.

— ¡Eso hare!

No puedo evitar reírme, el muy arrogante sabe que nunca lo are, él es muy ágil y rápido y yo… bueno, digamos que no tanto como lo es él. Al detenerse de repente, se voltea hacia mí con sus enormes ojos azules y me mira con una mirada muy seria que me desconcierta por completo.

—Quiero que me prometas algo.

—Claro, dime, lo que sea. –Le digo extrañada frenando en seco a su lado.

—Quiero que me prometas que seguiremos siendo amigos pase lo que pase.

Esa es una promesa fácil de cumplir. Dylan y yo hemos sido mejores amigos desde siempre y eso no va a cambiar. O al menos no de mi parte.

—Claro que seguiremos siendo amigos Dylan, ¿porque dejaríamos de serlo?

—Porque a veces la amistad se rompe como una hoja de papel. Sobre todo si uno de los dos se pasa de la raya. –Se remueve de pronto muy incómodo.

— ¿Y quién se pasaría de la raya? –Le pregunto frunciendo el ceño

—Nadie. –Solo decía que, por algún motivo, las amistades se rompen

La verdad, no entiendo su repentino miedo por perder nuestra amistad. Ya le he dejado muy en claro que eso no va cambiar, pero aun así se lo digo con toda la franqueza que puedo:

—Sí, es cierto, pero la nuestra no, eres como un hermano para mí. –Le contesto, porque es cierto, él es mi mejor y único amigo que tengo y no quiero que eso cambie nunca.

—¿Solo me miras así?, ¿Cómo un hermano?

—Sí. ¿De qué otra manera te miraría? –Lo miro a los ojos con el ceño fruncido.                                 —Cierto tonta. – Me contesta con una sonrisa melancólica en el rostro.

Decido pasar por alto el extraño y repentino comportamiento de Dylan y, salgo disparada hacia el arroyo tratando de ganar ventaja pero, el me alcanza en poco tiempo sin ningún esfuerzo. Soy un lastre.

Al llegar al arroyo nos sentamos frente al agua en un viejo y enorme árbol de sauce que esta frente al lago desde hace mucho tiempo para contemplarla la imponente vista que eta frente a nosotros ya que, es una vista realmente preciosa: el agua pintada de un azul intenso que refleja el sol poniéndose y, más allá se ve el horizonte teñido de varias tonalidades de colores naranjas y púrpuras que significa que el crepúsculo está cerca y que pronto tendremos que volver a casa. Esta idea me desagrada mucho ya que, el crepúsculo es mi hora del día favorito, amo como el color celeste del cielo poco a poco se tiñe se diferente tonalidades naranjas y violetas mientras el sol se oculta más allá en el horizonte hasta llegar al color negro con la salida de la luna dándole la bienvenida a la noche, sé que suena un poco raro viniendo de una niña de doce años pero, me gusta mucho y, todos los días vengo al arroyo para contemplar este espectáculo divino.

—Ojala pudiera ver esta vista por siempre. –Dice Dylan sacándome de mi ensoñación.

—Preciosa, ¿verdad? –Miro hacia adelante, donde se alza la noche.

— ¿Qué piensas hacer este verano?

—Bueno pienso leer y admirar esta hermosa vista todos los días que pueda.

—Eso si no te atrapan los raros.

— ¿Por qué los llamas así? –Frunzo el ceño y me giro hacia él.

—Porque lo son. ¿No? No son muy comunicadores y, solo se les ha vito muy poco por el pueblo.

—Eso no significa que sean raros, quizás solo sean reservados. Además, son la familia más rica del pueblo. Obvio querrán mantener su privacidad en privado.

—No lo sé, a mí me parecen muy raros…

Y cuando estuve a punto de contestarle, mi padre me llama a gritos.

— ¡Beth! Es hora de la cena, ven ahora mismo.

—Enseguida voy, papa. –Le contesto exasperada o más bien muy irritada.

— ¿Mañana a la misma hora? –Pregunto esperanzada.

—Mañana a la misma hora. –Me contesta con una sonrisa.

Me levanto de un solo salto, me despido de Dylan con la mano y salgo disparada hacia mi casa donde probablemente ya este la cena lista y mis padres enfadados por mi tardanza. Vaya, mi padre sí que esta enfado esta vez, bueno siempre lo está cada vez que me fugo de casa y tardo un poco más de la cuenta pero, como siempre, nunca le presto demasiada atención a su enfado. Mis padres jamás están lo suficientemente enfadados conmigo como para impartirme algún castigo. Tengo diecisiete años casi dieciocho y, ya va siendo hora de que lo entiendan de una buena vez.

Sentados en la mesa, mi madre me pregunta que tal me fue con Dylan en al arroyo esta tarde.

—Bien. –Sonrió con cariño.

—Más de la cuenta, diría yo. –Dice mi padre de pronto con un extraño tono en su voz.

— ¿Por qué lo dices? –Le pregunto a mi padre

—Porque te has tardado mucho esta vez.

—Ya no tengo cinco años. No es necesario que me esperen.

Con el tenedor, tomo un bocado de ensalada de lechuga.

—Me mucho alegra oír eso cariño, pensé que te convertirías en una ermitaña este verano. –Ufff, Lo dice como si realmente lo pensara.

Pongo los ojos en blanco.

—Bueno madre, el verano aún no termina. –Digo de broma y veo que frunce el ceño al oírlo. Se lo tomo en serio, diablos, tengo que aprender a decir chistes.

—Mama, era solo una broma. –Le digo para tranquilizarla y, veo que se relaja un poco.

—Por favor, no me vuelvas a asustar de esa manera Beth.

—Vamos mama, no fue para tanto.

— ¿Y cómo esta Dylan? –Pregunta de pronto mi padre interesado.

—Está muy bien. –Qué extraño. Mi padre nunca pregunta por Dylan. Nunca.

Después de la cena, me voy ver Los expedientes secretos X, en la televisión de la sala principal junto con mis padres porque quiero pasar un rato con ellos. Esto es agradable porque, siempre están tan absortos en el programa, que nunca dicen una sola palabra. Dos horas después, cuando decido que ya he visto suficiente de eso, me despido de mis padres dándoles las buenas. Subo directo a mi habitación, me cambio de ropa, me meto en la cama pero no logro dormir. Es un fastidio. Doy vueltas y vueltas en mi cama pero no sirve de nada. Así que, decido ir al grano y ordenado despacho de mi padre para buscar un buen libro que leer. La lectura siempre me ayuda con mis ataques de insomnio. Es algo que me relaja profundamente. Desde muy pequeña la lectura ha sido como un refugio privado para mí. Ya dentro en el despacho miro todos los libros aquí dentro y me decido por Ana Karenina de León Tolstoi. Si, este es bueno.

Salgo del despacho y, noto unas pequeñas luces amarillas que se cuelan tímidamente por las ventanas de la sala principal que provienen de afuera. Al acercarme a la venta no distingo de donde provienen así que decido salir al jardín en total silencio y, estando allí, me doy cuenta de que esas pequeñas luces que veía en el despacho de mi padre, provienen de la casa de los Jones. Qué raro, ¿Qué narices harán a las 3:00 de la madrugada esta gente? Bueno entonces los rumores son ciertos, esta gente es rara.

Salgo de la casa con el libro en manos hacia el jardín. Intento acercarme un poco más lentamente tratando de no hacer ruido a esa casa para poder ver mejor que es lo que ocurre allí adentro pero, de pronto se apagan todas las luces de la casa dejándome a oscuras en el jardín así que, salgo disparada hacia mi casa con la esperanza de que no me hayan sorprendido espiándolos a esta horas de la madrugada. Ya en mi habitación me dispongo a leer un rato y, una hora después me quedo completamente dormida.

Mi madre entra muy feliz en mi habitación esta mañana radiante vestida con un elegante traje gris, pelo perfectamente arreglado y zapatos de tacón alto, para indicarme que ya es hora de levantarme. Dios, mi madre a veces es como un reloj despertador. Pero ha de ser muy tarde para que tenga que entrar a mi habitación a despertarme. El sol de domingo entra en mi habitación mientras mi madre abre las cortinas. ¿Mencione ya que odio las mañanas?

— ¡Buenos días cariño! –Me despierta mi madre abriendo todas las malditas cortinas de la habitación haciendo entrar la luz cegadora del sol mañanero. —Ufff. — ¿Qué te pasa cielo? —Mama, por lo que más quieras en este mundo, cierra esas malditas cortinas, por favor. –Le suplico echándome las sabanas sobre la cabeza para protegerme de la luz del sol. —Hija, no seas tan dramática, ya es tarde y, además, a esta habitación necesita que le entre un poco de sol y ventilación. —Lo que necesito mama, es dormir. –Le gruño pero ni al caso. —Ya es muy tarde. Creo que has dormido lo suficiente. Levántate ya de esa cama. Sale de la habitación con paso firme y, por supuesto, dejando las malditas cortinas abiertas. Así que me toca levantarme de la cama y cerrarlas yo misma mientras el reflejo del sol me ciega la vista por unos segundos. Después de un buen rato cuando ya estoy completamente despierta, consulto la hora en el pequeño reloj negro que está en la mesita de noche al lado de mi cama. Vaya, son las 12:45 del mediodía, sí que he dormido hasta tarde, me da igual, estoy en casi verano y puedo levantarme muy tarde si quiero. De modo que salgo de la cama, me cambio de ropa voy hacia la cocina y decido prepararme un par de sándwiches para el almuerzo mientras enciendo la televisión para ver cualquiera de esas tonterías que dan hoy en día. Como siempre, la programación es un asco y apago la televisión. Ufff, ¿Qué nunca transmiten algo bueno e interesante? me paso una mano por el pelo y me concentro en mi almuerzo. Mis padres ya se han marchado. Mi madre, a sus clases de yoga y, mi padre a una reunión de negocios que, según él, es muy importante para la empresa de productos de alta seguridad en la que trabaja. Termino de almorzar. Decido mover mi trasero y ponerme a estudiar un poco más para los exámenes de mañana. Tengo que sacar buenas calificaciones para mi historial académico si quiero entrar en una buena universidad. Sobre todo en la que tengo mi vista fija. Después de casi cuatro horas seguidas de estudio, salgo de prisa hacia el arroyo donde me encontrare con Dylan esta tarde. Camino por el verde pasto disfrutando de la cálida frisa veraniega que roza suavemente sobre mi piel pero, al llegar allí, veo la silueta de una persona que está sentada en el viejo tronco donde Dylan y yo siempre nos sentamos justo al frente del lago. Primero pienso que son solo imaginaciones mías pero, al acercarme un poco más me doy cuenta de que en realidad si es una persona, un hombre, joven, como de unos veintitantos años, alto de espalda ancha, pelo negro como la noche y cuerpo fornido pero no tanto o por lo menos así se ve de espalda. Esto sí que no me lo esperaba. Maldita sea. Esta tarde el arroyo estará ocupado por lo que veo. Será mejor que me marche y llame a Dylan para decirle que se suspende nuestras tarde juntos. Cuando trato de dar media vuelta para irme hacia mi casa, piso una maldita rama en el suelo con mis zapatillas haciéndola grujir muy fuerte y, el joven da media vuelta al escuchar el ruido y me ve. ¡Mierda! Se me seca la boca literalmente y mi ritmo cardiaco se ha acelerado violentamente con mi corazón golpeándome descontroladamente contra mi pecho. Estoy completamente petrificada y muda con los ojos como platos. Una gota de sudor se resbalada por toda mi espalda y trago con dificultad. Oh mí Dios… Este chico es realmente guapo. Tan guapo que es la reencarnación de la perfección. Y me quedo corta. He visto muchos chicos guapos antes pero, no le llegan ni a los talones a este. ¿Qué mierda me pasa? ¿Por qué de pronto estoy tan nerviosa y sudando como si hubiera corrido una maratón de treinta kilómetros? No puedo dejar de mirarlo. Es ridículamente imposible no mirarlo. Este hombre es mucho más guapo de lo yo podría creer si no lo estuviera viendo en estos momentos. Tiene nariz recta y respingada, largas y espesas petallas negras que caen al parpadear como cortinas sobre unos preciosos e increíbles ojos verdes como el pasto en verano y un suave pelo negro ligeramente alborotado por la brisa veraniega que le llega a las orejas, cejas pobladas, mandíbula cuadrada, piel blanca como la cal y cuerpo fornido y muy tonificado. Tiene pinta de estrella de Rock de los ochenta pero, más guapo, sin tatuajes (aparentemente) y limpio. A este chico jamás lo había visto en mi vida. No está en el instituto. Eso es obvio. Si no lo reconocería. Claro que lo reconocería. Y muy bien. Además, parece muy mayor como para estar en el instituto. Me mira directamente a los ojos quedando completamente mudo como yo y tengo que apartar la mirada de el avergonzada. Cuando me dispongo a marcharme el joven me dice con una profunda, muy profunda y sensual voz: —Tú debes ser Beth, ¿cierto? –Me mira de pies a cabeza con una sonrisa muy sexy. ¿Cómo es posible que esta estrella de Rock ochentero sepa mi nombre.                                                    —Mmm, sí. –Me tiembla la voz un poco nerviosa y meto las manos en los bolsillos de mis vaqueros bajando mi mirada. —Vas al Northfield Town School ¿verdad? —Sí. ¿Cómo lo sabes? –Me armo de valor y alzo mi mirada a su rostro. —Se muchas cosas de ti Beth. —Eso no responde a mi pregunta. –Contraataco con las cejas arqueadas aunque por dentro tengo los nervios de punta y está a punto de hacerme pis en los pantis. —Lo sé pero, al fin te conozco en persona. —¿Por qué lo dices? —Porque deseaba conocerte, solo que no había tenido la oportunidad de encontrarte a solas. ¿Pero qué diablos está diciendo este tipo? Lo más probable es que sea algún sádico o depravado que me estado investigando. Pero lo que me resulta aterrador es que sepa quién soy y que ha estado esperando conocerme. — ¿Cómo sabes mi nombre? – Le pregunto muy extrañada. —Eres mi vecina, vives aquí en el pueblo, claro que se tu nombre. –Me dice con una sonrisa increíble que hace ver sus blancos dientes perfectos. Si este chico tiene más de veinticinco años, yo soy Madonna. Hay algo en este atractivo chico que me resulta misterioso y sexy al mismo tiempo. Cosa que me cala los huesos. Es muy inquietante y no me cuadra nada de esto. No sé muy bien cómo explicarlo. Mi cuerpo esta hiperventilando y no logro pensar con mucha coherencia. Sé que no es buena idea quedarme a solas con este tipo que no conozco en este sitio tan apartado. De hecho, es una estupidez monumental. Pero aun así, me quedo. Necesito saber más de este tipo. Necesito saber quién es. Es muy extraño que este chico sepa quién soy, nunca he hablado con él, sino, lo recordaría. Sí, claro que lo recordaría, y muy bien. Me armo de valor y tomo asiento a su lado en el viejo tronco para seguir charlando con él. —Tengo muchos vecinos y, no recuerdo haber hablado contigo nunca. Lo miro de modo acusatorio con el ceño fruncido y cruzando ambas manos en mí pecho. ¿Cómo demonios sabe este chico mi nombre si nunca en la vida he hablado con él? De hecho, estoy completamente segura que no vive en el pueblo, bueno hasta ahora. —Eso es verdad. –Sonrie picaronamente cosa que me extraña mucho. — ¿Y bien? –Arqueo las cejas esperando impaciente su respuesta. —Mi nombre es Steve, acabo de llegar al pueblo hace unos días. –Me dice con esa increíble sonrisa torcida en sus labios mientras se levanta para darme la mano. —Mmm, mucho gusto Steve. Le devuelvo el saludo de mano. Vaya está muy pero muy fría y, al percatarse de mi reacción, me suelta la mano automáticamente sin apartar sus ojos de los míos. —Lo mismo digo Beth. He escuchado cosas de ti desde que llegue a este pueblo y por eso he deseado conocerte. —¿Qué cosas has oído de mí? –Pregunto intrigada. —Que eras muy guapa. –Me quiña el ojo y me mira de pies a cabeza descaradamente. ¿Pero qué mierda se cree este tipo? —Debes de estar de joda. –Le digo algo molesta por el comentario —No lo estoy. Se los escuche mencionar a mis padres una noche y, sentí curiosidad por conocerte. —¿Y por qué tus padres hablan de mí? Eso es muy extraño. No conozco a sus padres. Sus padres nunca me han visto ni yo a ellos, no tendrían por qué hablar de mí a su hijo. Esto ya me está preocupando y mucho. —Porque tu padre ahora trabaja para mí. — ¿Cómo? –Sonríe ante mi cara de estupefacción. Esto no me gusta nada. —Sí. Tu padre trabaja para Jones International Security Company ¿no es cierto? —Espera…. ¿acaso eres…?. ¿Cómo no fui capaz de reconocerlo antes? Pero que estúpida. —Sí. Lo soy. –Responde engreídamente. — ¿Y que hace un empresario tan éxito como tú en este pueblo? —Mmm. Vine a ver como estaban los negocios de mi empresa, por supuesto. —Claro…

—Además, hace muchos años que no venía. Aunque no lo creas disfruto estar aquí. –Dice mirando hacia el horizonte.

—Sí, supongo.

—Quería saber cuánto había cambiado el pueblo mientras no estuve aquí.

Este tipo seguro se habrá llevado una decepción al llegar. Este pueblo no ha cambiado casi nada.

— ¿Has vivido aquí en el pueblo?

—Sí. Viví unos años aquí antes de tener la edad suficiente e irme definitivamente del pueblo.

¿Me está jodiendo? Nunca vi a este tipo en mi vida. ¿Cómo es esto posible?

— ¿Cómo es que nunca te vi?

—Bueno. Digamos que mis padres eran extremadamente sobreprotectores conmigo así que, siempre estaba en casa sin salir o siempre estaba de viaje con ellos.

— ¿Y nunca asististe al colegio? –Pregunto intrigada.

—No. Siempre tuve profesores particulares. Eso forma parte de la sobreprotección de mis padres.

—Conozco la sobreprotección. –Digo molesta.

Supongo que un chico como el, con su apellido, es normal que los padres lo sobreprotejan mucho.

—Y dime Beth, que te trae por aquí. –Me mira nuevamente a los ojos.

— ¿Acaso tengo que tener un motivo para venir aquí y estar a solas un momento?

—Todos tenemos algún motivo para hacer cualquier cosa Beth.

— ¿El arroyo quizás?

— ¿El arroyo? –Me pregunta intrigado

—Es precioso y, en las tardes, con el crepúsculo, la vista es simplemente imponente.

—Cierto, eso no te lo niego, la vista aquí es hermosa, y ¿tu novio sabe que estas aquí sola?

— ¿Que novio?

—El chico rubio y pálido que te acompaña todas tardes aquí.

— ¿Enserio quieres hablar tú de palidez?, Dylan no es mi novio, además, no estoy sola, estoy contigo. —Buena puntualización, chica lista.

Me mira admirado con las cejas arqueadas hacia mí ante mi insolencia. Este chico es realmente muy extraño.

— ¿Cómo sabes que vengo todas las tardes con Dylan? –Pregunto aún más intrigada que antes.

—Porque los he observado desde que llegue al pueblo. –Sonríe muy tranquilo, como si expiar a las personas fuera algo de lo más normal en el mundo.

Este tipo me está poniendo los pelos de punta. Y me quedo corta.

—Sabías que, ¿los acosadores pueden ir a la cárcel? Ese hábito es muy malo, sobre todo si se trata de adolescentes. –Le pregunto arqueando una ceja.

— ¿Y sabias que, irrumpir una propiedad privada, también es delito? Ese hábito es muy malo. –Pregunta el con tono sarcástico.

—No estoy “irrumpiendo” tu propiedad, solo vengo aquí a ver la vista aquí en el arroyo.

—Si tú lo dices….

—Sí, lo digo. Además eres tu quien me ha estado espiando estos días. Me lo acabas de decir.

—Eso es cierto. Aunque tú también me has estado espiando.

—Eso no es cierto.

— ¿Y lo de anoche, no lo llamas espiar? Otro habito muy malo. –Ahora, está muy serio mirándome los ojos.

Mierda, mierda, mierda. Tierra trágame. Se dio cuenta de que estaba espiando su casa anoche. Tengo que apartar la mirada de el para que no se dé cuenta de lo sonrojada y apenada que estoy.

—Lo siento mucho, no quería espiar, es que, me desperté y cuando estaba por irme a la cama vi las luces, pensé que pasaba algo malo. Balbuceo.

—No te preocupes, no pasa nada. –Me dice de modo tranquilizador ante mi notable nerviosismo.

Se gira hacia mí y me mira a los ojos.

—Y ¿Por qué me espías?

—Porqué me intrigas. Y mucho.

— ¿Yo te intrigo? –Esto tiene que ser una broma. Lo miro de hito en hito.

—Sí. De una manera que aún no logro comprender. Lo haces ahora que te conozco.

— ¿Acaso he hecho algo malo?

—Un chico que es mucho mayor que tú, te dice que te ha espiado porque le intrigas y, ¿tú te preguntas si has hecho algo malo?

—Sí, supongo que si

—Eres extraña ¿lo sabias?

—Eso me han dicho algunos.

De repente escucho que alguien grita, casi irreconociblemente mi nombre, pero no distingo quien es y, Steve no me responde la pregunta.

— ¡Beth!

Ahora que escucho con más detenimiento, me doy cuenta de que es Dylan. Claro, habíamos acordado encontrarnos aquí esta tarde.

—Parece que tu novio te está buscando. –Steve de pronto parece molesto, muy molesto.

¿Pero qué diablos le pasa a este tipo?

—Que no es mi novio. –Le digo sorprendida ante su repentina molestia. ¿Pero qué demonios le pasa a este sujeto?

— ¿Y él lo sabe?

—No. pero…

—Bien. Me parce que deberías aclarárselo antes de que se haga falsas ilusiones contigo.

¿Pero qué carajos…? Como se atreve a decirme algo así, el, que es un completo desconocido para mí. Decido ignorarlo y llamar a Dylan para que sepa que estoy aquí.

—Nos veremos chica lista.

—Pero ¿Qué…? –Y antes de que acabe la pregunta, se marcha muy veloz hacia lo profundo del bosque y lo pierdo completamente de mi vista.

—Hey tonta, ¿estás bien? –Me pregunta Dylan ya a mi lado.

—Sí, estoy bien.

Miro hacia el boque con la esperanza de verlo, pero no es así. Aun confundida, trato de asimilar lo que acaba de ocurrir hace quince minutos atrás, pero, no le encuentro lógica.

—Tierra llamando a Beth… Dylan está agitando sus manos frente a mi rostro sacándome de mi ensueño.

— ¿Que hay en el bosque? –Mira a todos lados en busca de algo que ya no vera.

—Nada, nada.   — ¿Segura? –De reojo veo que arque las cejas y me giro completamente hacia él.

—Sí. Segura.

— ¿Estabas sola aquí?

—Sí. –Le contesto automáticamente porque no quiero que sepa de mi encuentro con Steve. – ¿Por qué me lo preguntas?

—Porque no dejas de mirar hacia haya. –Dice señalando hacia el bosque con cierto escepticismo.

—Es que me pareció ver una ardilla. –Diablos, miento fatal.

—Mientes fatal. –Suspira poniendo los ojos en blanco.

—Lo sé.

—Anda ya. –Me pasa un brazo por encima de mi hombro, y nos sentamos para ver el crepúsculo.

En cuanto terminamos de cenar, les doy un beso de buenas noches a mis padres y me encierro en mi habitación. Ya sola y tranquila, puedo meditar mejor sobre lo que paso esta tarde en el arroyo con Steve, ya que, no he dejado de pensar en eso todo el maldito día. De acuerdo, es guapo, muy guapo pero, eso no es lo que me intriga de él. Lo que más me asusto o más bien me sorprendió de todo esto es que, me ha estado espiando, lo ha admitido y, quien sabe desde cuándo, sino, ¿Cómo demonios sabia el que yo iba a arroyo con Dylan todas las tardes? O ¿Cómo sabía que aquella noche yo estaba espiando su casa? Y, que era eso de “Nos veremos pronto chica lista”.

La verdad no tengo ninguna respuesta ante estas preguntas que me carcomen el cerebro y no me dejan en paz así que, decido expiar otra vez esa casa, esta noche, para tratar de averiguar un poco más sobre Steve y su familia pero, pensándolo mejor, con mis fatídicas destrezas de detective y de espía que poseo y, dado que me descubrió la última vez que expíe su casa, desisto de la idea del espionaje.

Me meto a la cama para tratar de dormir pero no lo consigo ya que, unos perturbadores ojos verdes y una sonrisa torcida me miran directamente a los ojos. Doy vueltas y vueltas sobre la cama pero no me ayuda a conciliar el sueño. Me levanto de la cama y salgo hacia la cocina para tomar un vaso de agua con la esperanza de que eso me ayude pero, tampoco lo logra. Maldita sea. Otra noche de insomnio. Justo lo que me temía. Hace mucho que no sufría ataques de insomnio Entonces tomo mi libro de Ana Karenina de mi mesita de noche y me dispongo a leer para despejarme un poco la mente. Después de leer dos capítulos lo ojos ya no aguantan un minuto más abiertos y me quedo profundamente dormida.

Hoy lunes empieza la penúltima semana de clases y, eso significa que tenemos examen toda esta semana. Qué alivio que solo falte poco para las vacaciones de verano. Esta idea me pone de muy buen humor esta mañana. Al fin podre disponer de mi tiempo en lo que sea. Este verano pienso pasarlo muy bien junto con Dylan y mi mejor amiga Rose. Esta semana en el instituto no haremos mucho. Solo buscar algunas calificaciones. Y hacer los exámenes finales que nos faltan. Aunque el alboroto y las bromas de despedidas de los alumnos estarán al día. Mientras me pongo las Converse, oigo que tocan el timbre de la puerta y, eso solo puede significar que se trata de Dylan mí ya no tan pálido y flacucho mejor amigo que ahora juega para el equipo de futbol del colegio asique, bajo a toda prisa para recibirlo. Al verlo, me sorprende lo mucho que él también ha cambiado sin darme cuenta de ello. Ahora es alto, cuerpo fornido y su pelo rubio siempre está perfecto e impecable. Si, otro milagro de la pubertad. Supongo.

—Hey tú. –Me dice con una enorme sonrisa en su rostro. –Lista para la penúltima semana de clases.

—Claro que sí. –Le respondo mientras le doy un fuerte abrazo. – ¿Y tú?

—Yo siempre estoy listo para todo, ya lo sabes. – Me responde de manera arrogante. –Además, llevo esperando este día desde hace mucho tiempo.

— ¿En serio? ¿Por qué?

Y justo en ese preciso momento mi madre nos interrumpe.

—Hola Dylan, ¿Cómo estás?

—Muy bien señora Thompson.

—Dylan, llámame Stephenie. Mi madre siempre le dice lo mismo pero, Dylan insiste en llamarla “señora”

—Stephenie.

—Y ¿estas emocionado por el último día de clases?, ¿tienes planes para el verano?

—Sí, señ… Stephenie. Mmm bueno, pienso pasar las vacaciones aquí una semana y luego me voy a casa de mis abuelos en Los Angeles.      Cierto. Se me había olvidado por completo que Dylan se marchaba a casa de sus abuelos este verano. Maldición, definitivamente, serán unas vacaciones aburridas sin él a mi lado, sentado en el arroyo charlando y viendo el crepúsculo. Asique, lo tomo del brazo y salimos juntos hacia el colegio. Nos damos prisa en llegar ya que, las nubes grises pronostican que lloverá en cualquier momento y, no quiero llegar al colegio con toda mi ropa empapada. Afortunadamente llegamos, por muy poco antes de que ocurra esto.

Como ha de esperarse en estos últimos días de clases en Northfield Town School Dist los alumnos están más que emocionados y revoloteando por todo el colegio, mientras sacan sus pertenencias de sus respectivos casilleros y hablan hasta mas no poder de todos los planes que tienen para estas muy esperadas vacaciones y, los profesores mientras tanto, están más que felices de .librarse de nosotros durante una temporada.

— ¿Emocionados por el verano? –Nos pregunta de pronto Rose. Mi pelirroja, pecosa y extrovertida mejor amiga vestida con su impecable traje de animadora mientras nos alcanza a Dylan y a mí en los abarrotados pasillos.

—Pues claro que sí. –Le respondo a la vez que le paso un brazo por los hombros y la abrazo. – ¿Por qué no íbamos a estarlo?

—Yo no lo estoy. –Dice Dylan un poco melancólico. –Tendré que pasar la mitad de este verano en casa de mis abuelos y, créanme, no es nada divertido, en absoluto.

—Animo Dylan, no puede ser tan malo. –Rose trata de animarlo un poco dándole palmaditas en el hombro pero el solo se limita a hacer un gesto de disgusto.

— ¿Malo? Para nada. Solo voy al país de aburrilandia.

—Al menos te quedas la mitad del verano. –Le digo y el me dedica una cálida sonrisa.

—Cierto. –Dice Rose. –Deberías aprovechar esos días antes de que te vayas.

Rose y yo hemos sido mejores amigas desde la secundaria, siempre hemos estado juntas y a veces pasa tiempo con Dylan y conmigo en el arroyo en sus ratos libres y, siempre ha sido una amiga incondicional para mí. Incluso planeamos ir a la universalidad de Nueva York y vivir en un departamento que no esté muy lejos del campus y que podamos pagar. Cuando entramos en tercero de secundaria, note que se comportaba un poco diferente cuando Dylan estaba con nosotras y, desde entonces sé que ella ha estado enamorada de él. Me lo confeso hace mucho tiempo en una de nuestras pijamadas y le conteste que me parecía genial ya que, en lo personal, pienso que ambos harían una muy linda pareja.

Ambos son el uno para el otro.

A ambos les gustan las mismas series televisivas, a ambos les gusta leer comics extraños y noto que se la pasan muy bien juntos. A ella le sorprendió mi reacción ya que ella penaba que entre Dylan y yo había algo y, me reí a carcajadas ya que me pareció lo más absurdo del mundo. Dylan es como el hermano que nunca tuve y, eso jamás va a cambiar. Espero.

—Al menos ustedes si disfrutaran este verano. –Dice Dylan melancólico

—Eso no lo dudes. –Le digo con una sonrisa

—Sí. Este verano tengo planeado presentarle un ligue a Beth.

A Rose se le iluminan los ojos.

—Rose, no te atrevas.

— ¿Por qué no? –Frunce el ceño dramáticamente y pongo los ojos en blanco.

—Porque a Beth no le interesa ningún chico de este pueblo. –Dice Dylan interviniendo entre la dos.

—Técnicamente, el chico no vive en el pueblo. –Dice Rose meditando al respecto

—Rose, te agradezco la intención pero…

—Pero nada Beth, te lo presentare y punto. Además tienen algo en común.

Me dice con una sonrisa maliciosa en el rostro y frotando ambas manos como si las estuviera calentando. Oh no, se adónde va a parar esto y, no me gusta para nada. Ya he pasado por esto y no pienso volverlo a hacer. Agradezco las buenas intenciones de Rose pero, eso sería demasiado vergonzoso para mí.

— ¿Qué cosa?

—Les gusta leer novelas aburridas. Aunque él es más del tipo Brant Stoker.

—Las novelas que leo no son para nada aburridas Rose, si las leyeras…

—Sí, claro. –pone los ojos en blanco de forma teatral.

—Rose es más del tipo “prefiero esperar a que salga la peli” –Dylan imita a la perfección la voz de Rose y lanzo una carcajada.

—Siempre he pensado que las pelis les dan otra perspectiva a las historias ya escritas. –Dice Rose a la defensiva.

—Las películas adaptadas de libros son un asco monumental sin mencionar un insulto al escritor del libro. No entiendo cómo te pueden gustar.

Hago un mohín disgustado al recordar las pésimas adaptaciones que he visto.

—Porque no soy “señorita bibliotecaria” como tú.

—Lo siento Beth pero, en esto ella tiene razón.

—No soy “señorita bibliotecaria” solo me gusta leer y ya. –Digo a la defensiva

—Chicos que les parece si después de clases nos vamos a comer pizza en Carbone`s Pizza después de clases –Sugiere Rose cambiando de tema. –Ya dejó de llover así que, podemos ir.

— ¿No tienes que estudiar para los exámenes finales? –Pregunta Dylan intrigado.

—No. Mañana no tengo examen. –Rose brinca muy alegre ante la idea.

— A mí me parece bien. ¿Y a ti Beth? – Dice Dylan girándose hacia mí mirándome a los ojos.

—Mmm, paso, tengo cosas que hacer en mi casa.

Miento. Aunque la idea de ir a comer pizza con mis mejores amigos me parezca muy tentadora, estoy segura de que Rose desea pasar un rato a solas con él, quizás si los dejos solos, esta se animara a dar el primer paso. Aunque lo dudo un poco.

—¿Segura? –Me pregunta Dylan tratando de convencerme de que vaya con ellos.

—Sí. –Le contesto acomodándome los libros en el pecho.

—Bueno. –Responde ya resignado.

—Ya nos reuniremos después. –Les digo quiñándoles el ojo

En ese preciso momento toca la campana que da inicio a la primera clase del día y, los tres nos vamos corriendo hacia nuestros respectivos salones de clases. Ninguno de nosotros tres, desea llagar tarde a clases, no si estamos en exámenes en donde cada minuto, es valioso para nosotros. El examen de cálculo estuvo muy, muy difícil aunque creo que saldré bien librada de él. Espero. Además aún falta el examen de literatura pero, ese es pan comido para mí. En la hora del almuerzo me encuentro con Rose en la cafetería que estaba sumergida en Matar a un Ruiseñor estudiando para el examen de literatura.

—Hola cariño

—Hey cielo.

— ¿Repasando para el examen?

Tomo asiento a su lado

—Ufff. –Resopla de manera exasperada.

—Oye, te ira bien, tranquila.

Le acaricio amistosamente su rojo pelo tratando de tranquilizarla

—Habla por ti señorita bibliotecaria

—A ver. ¿Leíste antes este libro?

—Sí. –Pone los ojos en blanco exasperada.

—Bueno, si lo entendiste correctamente, no tienes por qué preocuparte por el examen. –Digo para tranquilizarla. La literatura no es lo suyo.

—Si pero, aun así estoy algo nerviosa por este examen. Sabes que la profesora Miller tiene algo en contra mí. Lo sé.

—La profesora Miller no tiene nada en contra tuya. Esa es solo una idea tuya.

Esto es lo más estúpido que he escuchado. La profesora Miller no tiene nada en contra de cualquier estudiante.

—Si tú lo dices….

—Sí. Lo digo.

—Oye, ¿has visto a Dylan? Se supone que lo ayudaría con el examen de francés.

—No. no lo he visto desde que llegamos esta mañana.

—Qué extraño. –Dice frunciendo el ceño.

—Sí. –Reconozco yo con el ceño fruncido.

El resto del receso nos lo pasamos en silencio almorzando y estudiando cada una sumergida en su libro hasta que toca la campana. Ambas nos miramos unos segundos, luego nos levantamos y nos vamos a nuestro salón de clases. Estoy ansiosa por ver a la profesora Miller. Se supone que me traería la documentación que le pedí pero, al llegar al salón, Rebeca y yo vemos a un hombre alto, fornido de piel morena vestido con elegante traje color negro sentado en el puesto de la profesora.

Que extraño. Nunca había visto a este hombre en el colegio.

—Buenas tardes jovencitas. –Dice el hombre cuando nota la presencia de Rose y mía.

—Buenas tardes. –Respondemos al unísono. —¿Están en la clase de literatura de la profesora Miller? –Pregunta mirándome a los ojos.

Tengo que apartar la mirada. Este tipo no me quita los ojos de encima.

—Sí. –Responde Rose.

—Soy el sustituto de la profesora Miller. Mi nombre es Carlos White.

— ¿Sustituto? –Ay mierda. Esto no me hiele nada bien.

—Sí. La profesora Miller no podrá asistir el día de hoy.

Esto es realmente extraño. El día de hoy tenemos examen. La profesora Miller no faltaría al colegio en un día tan importante como el de hoy. Al menos, que le haya pasado algo muy importante y urgente. Pienso con el ceño fruncido mientras me meto las manos en los bolsillos de mis vaqueros.

— ¿Acaso le paso algo malo?

—No puedo hablar de la vida privada de mis colegas. –Dice secamente sin quitarme los ojos de encima.

—Entonces le paso algo importante. –Dice de pronto Rose interviniendo.

—Supongo. –Responde el sustituto.

— ¿Pero que podría ser tan importante como para faltar al examen final? –Pregunto tratando de sacar más información.

—Les repito señoritas, que no estoy autorizado para hablar de la vida privada de mis colegas.

—Pero…. –Empieza a protestar Rose pero, el profesor White la interrumpe

—Por favor tomen asiento, el examen está a punto de empezar.

Durante el examen, no logro concentrarme muy bien. De hecho, no logro concentrarme en lo absoluto. No, si este extraño hombre no me quita la mirada de encima durante las dos horas que nos toma hacer el examen. Estoy algo decepcionada. Tenía la esperanza de poder hablar con la profesora Miller. Sacudo la cabeza para sacarme este pensamiento de la cabeza mientras sigo con mi examen. Aún falta la clase del viernes. Lo más probable es que la vea hasta entonces. Con esta esperanza centro nuevamente toda mi atención en mi examen de literatura.

No pienso permitir que este tipo me desconcentre aún más.

Termina la clase y salgo casi corriendo del aula. Este hombre me inquieta y mucho. Por suerte, el resto de las clases de hoy transcurrieron de manera normal y excitante como se esperaba que fuera la última semana del año escolar. Los profesores dándonos consejos sobre pasarlo “sano” este verano y no cometer ninguna tontería de la que nos podamos arrepentir etc…mientras que los alumnos solo cuentan los minutos y segundos que faltan para que culminen las clases.

Al finalizar las clases salgo deprisa del aula junto con Rose con nuestros respectivos libros en mano y mientras tratamos de esquivar a los demás alumnos que andan revoloteando, saltando y gritando por todo el colegio como locos esquizofrénicos, nos encontramos con Dylan en los pasillos despidiéndose de sus compañeros del equipo futbol del colegio. Dylan me mira a los ojos como pidiéndome que los acompañe a comer pizza asique, me despido de ambos con un abrazo deseándoles que se la pasen bien esta tarde y me dirijo a toda prisa hacia la salida para irme a mi casa lo más pronto posible ya que ha empezado a llover a cantaros.

Otra vez.

Antes de ir directamente a casa, paso por un supermercado cercano y compro lo más rápido que puedo los alimentos y todos los condimentos que necesito para preparar la cena de esta noche. Dudo mucho que mi madre haya tenido tiempo de ir a comprar los víveres.

Llego a casa, subo a mi habitación directamente, me cambio de ropa poniéndome una sencilla camiseta purpura, unos shorts, unos tenis con suela de goma y decido prepararme un par de sándwiches para comer.

Estoy muerta de hambre.

Camino hacia el refrigerador y saco él y la mantequilla de maní y jalea y las llevo a la mesa. Me concentro en los sándwiches y la imagen de mis mejores amigos me viene a la mente

Me pregunto cómo la estará pasando Rose con Dylan en la pizzería, espero muy bien, no me gustaría que Rose salga lastimada si Dylan la rechaza por algún motivo en específico. No tendría porque, Rose es bonita, inteligente y nos conocemos desde primero de secundaria y, que yo sepa, a Dylan no le gusta ninguna chica que yo conozca del pueblo asique, podrían intentar salir juntos, por lo menos durante un tiempo y así ver cómo evolucionan como pareja pero claro, eso no es una decisión mía. En ese momento enciendo la televisión con la esperanza de distraer mis pensamientos pero, como de costumbre, solo dan basura en ella.

Apago la televisión con un bufido exasperado.

Subo a mi habitación para leer un rato y despejar mi mente pero, no logro concentrarme en Romeo y Julieta. No dejo de pensar en la profesora Miller. Es muy extraño que no haya asistido a clases hoy. Teníamos examen así que, algo muy grave le tuvo que haber pasado. Luego está el profesor sustituto. El tipo no me quitaba la mirada de encima durante toda la clase. Eso me hizo sentir un poco incomoda la verdad aunque, Rose estaba más que encantada de que no fuera la profesora Miller el día de hoy y estuvo mucho más relajada durante el examen aunque para mí , estuvo pan comido.

Cuando ya llevo dos horas de lectura ruge mi estómago como señal de que tengo mucha hambre. Me paro de la cama estirando ambas manos y pernas para desperezarme dejando mi libro en ella y salgo de mi habitación con pasos lentos hacia la cocina para prepararme un par de sándwiches para almorzar.

Me termino de comer los sándwiches de mantequilla de maní y jalea, me levanto de la mesa por fin satisfecha dejo la silla en su lugar y, llevo el plato al lavavajillas para lavarlo. Cuando termino, subo al cuarto de baño para limpiarme los dientes y cepillarme un poco el pelo y salgo del cuarto de baño. Luego decido ir un rato al arroyo, mi refugio, para despejar un poco la mente después de tantos exámenes finales, además mis padres no llegaran sino hasta tarde en la noche como es de costumbre así que, dispongo de un poco de tiempo libre antes de que me acribillen de preguntas tontas sobre “¿Cómo te fue en tu último día de clases cariño?” o “¿Qué piensas hacer en estas vacaciones?”. La verdad, estas preguntas me parecen que están de más ya que, en todos los veranos hago exactamente lo mismo: leer, salir con Dylan y Rose, leer y pasar las tardes en el arroyo.

Sé que es estúpido ir al arroyo después de un día lluvioso como el de hoy pero, aun así, decido ir sin pensarlo dos veces.

Hay algo dentro de mí, como una corazonada que me dice que debo ir allí esta tarde. No sé cómo explicarlo. Suena estúpido, lo sé. Quizás sea solo el aburrimiento que siento en estos momentos ya que estoy sola en casa y no tengo ningún tipo de ´plan para esta tarde de modo que, salgo de mi casa cerrando la puerta tras de mí y salgo hacia el arroyo.

Mientras camino por el húmedo y resbaladizo césped verde lleno de hojas verdes grandes y pequeñas caídas de los árboles de la colina hacia el arroyo, con las manos metidas en los bolsillos de mis vaqueros no puedo evitar el desasosiego que me causa recordar que este será el último verano completo que pasare aquí en el pueblo, que me quedan pocos días para disfrutar de mi refugio privado antes de comenzar las clases de último curso e ir directamente a la universidad. Sé que es un poco tonto sentir esto pero, este lugar ha sido mi hogar durante toda mi vida y, es inevitable no sentir algo de nostalgia y añoranza al respecto.

Sacudo la cabeza para sacarme esa sensación amarga y, sigo caminando hacia adelante cuando de repente, escucho un extraño sonido que proviene detrás de unos de los árboles de sauce que están en el bosque pero, al acercarme no veo absolutamente nada aquí. Quizás haya sido solo mi imaginación de modo que, sigo con mi trayecto. Estando en el arroyo, me dispongo disfrutar del hermoso espectáculo del crespúsculo sentada en el viejo tronco y mirando hacia el horizonte.

Suspiro melancólicamente.

No me canso de verlo nunca.

Es simplemente precioso e imponente. Es increíble como el sol se oculta lentamente en el horizonte tras esta preciosa y perfecta mescla de colores naranjas y purpuras teñiendo el cielo y poco a poco se oscurece y se ve iluminado por las estrellas rodeando la luna.

Paso un par de horas sentada en el viejo tronco admirando completamente embelesada el espectáculo de la hermosa mescla de preciosos tonos naranjas que van mezclándose el despejado y claro cielo azul. Por una extraña razón, ver el crepúsculo aquí sentada, me ayuda a pensar en muchas cosas. Además, es el único momento del día en el que estoy realmente sola y tranquila.

Cuando el cielo está completamente oscuro, decido que ya es muy tarde para estar por estos lados y me encamino hacia mi casa.