P R O L O G O
VERLO tan concentrado en aquellas máquina de juegos, solo provocó que mi corazón doliera como hace tiempo lo hacía, y la nostalgia regresará con la sed que jure aguantar. Las ganas de llorar combinados con la impotencia de no poder acercarlos a mi vida por nuestro pasado y presente.
—Aaaah, casi lo tenía! —chillo, golpeando levemente el vidrio que separaba los muñequitos de nosotros.
-—Entonces, haz que salga está vez —palmeo su espalda. Su frustración no disminuye.
La garra regreso a su sitio, sonrió de lado al ver venir su siguiente conflicto.
-—Demonios, tengo que conseguir más dinero.
Lo detuve, extraigo de mi bolso aquel monedero de tigre, mostrándose lo.
—-Con esto estamos a mano, Baby —-me agachó a colocar dos monedas dentro de la máquina.
-—Jajaja. No, en lo absoluto -—me contradice, volviendo a intentar sacar ese feo peluche rosado.
Hace más o menos treinta minutos; nos encontramos en el ascensor del centro comercial, ¡asombroso! si me preguntan.
Llevamos casi dos años sin vernos, y es lógico vivimos en lados opuestos de Tokyo; sumando la razón de distanciarse.
"Oh, aque venía yo? ".
Mi teléfono vibra en mi bolso, al mismo tiempo que la máquina frente a mi estalla en ruidos de felicitaciones al ganador.
—-¡Si! -—grita, sacando su peluche. Gira a mirarme contento. —-Sabía que traías mi buena suerte -—comenta con una mano detrás de su nuca aparentemente apenado.
Niego con la cabeza, sacando mi teléfono.
DON DINERO 💸
—-Ahorra te los halagos. Haz que valga la pena mis yenes -—le di la espalda. -—Confiesa te ya, bobo.
Comienzo a caminar lejos de los juegos, tan rápido como contestaba la llamada.
-—Hola...estoy en camino -—los gritos del otro lado me confirmó que he ganado unos 1000 yenes. —-...debiste haberte negado...no seas marica, ya voy.
-—¿Por qué te vas tan rápido? —-pregunta una voz conocida inoportuna.
Así que, instintivamente golpe su pie izquierdo, y gracias al cielo logro intuir mi siguiente golpe que iba directo a su estómago, todo por haber aparecido de la nada detrás de mi.
-—Tonto, porque hiciste eso.
-—Ay! -—se queja arrodillado. —-¿Cuando ganaste tanta fuerza?.
Tranquilizando me, guardo mi monedero de vuelta a mi bolso.
-—Ocurrieron muchas cosas, y no te golpe tan fuerte. Respondiendo a la primer pregunta, ¿si recuerdas que no venía por ti? -—evado su mirada. —-Habiendo aclarado todo, nos vemos por ahí en otro momento -—levante mi mano libre.
Y esta vez, no me siguió.
Cinco minutos después me encontraba en el aparcamiento del centro comercial, en una mano con las bolsas grandes y en la otra mi teléfono pegado a la oreja, esperando que el dichoso rubio con mirada de cachorro abandonado contestara.
«Señora Shiba, ¿Donde esta?».
-—Te notifique que en el aparcamiento A.
«Oh, si. Ya la vemos».
Cuelgo, girando para todos lados, buscando el auto perla con ventanas polarizadas por algún lado, pero no es así. Me sonó la frente al notar la tercera llamada entrante que va del quien menos quería hablar.
-—Aveces me pregunto, ¿Por qué acepte todo esto? -—con pesar, recuerdo tan claramente la respuesta.
"Por desesperación" -—pienso, contestando la llamada.
«¡Dijiste que estarías aqui, me crees idiota!¡Lo estás asiendo de nuevo!. ¡Me engañas Tao!»
Incluso puedo imaginarme su expresión tan bien. Ahg, cuanto odio no poder soltarlo.
-—Deja decir estupideces, te lo he dejado muy en claro. No soy como tus putas —-alzo mi brazo, notando el auto venir. —-Asi que deja de compararme con ellas, estúpido Taiju.
«ENTONCES COMO EXPLICAS TUS MALETAS HECHAS, DEMONIOS MUJER. ¡¿QUIEN ES ESTA VEZ?!»
-—No me hagas una escena, no cuando estoy fuera de casa -—le recalco.
«¿ESCENA?. TKS, ¿¡ACASO NO TERMINAS DE ENTENDER EN QUE POSICIÓN ESTOY, TAO!?. ¡DIME QUIÉN DEMONIOS ES!».
-—¡ESO MISMO DEBERIA PREGUNTARTE! -—grito, ignorando que el auto se aparca frente de mi.
Incluso como Inui baja para ayudarme con mis compras, o cuando trata de arrebatar me el teléfono.
—-AH?. PORQUE DEMONIOS SIGUES CREYENDO QUE ME ENREDARIA CON OTROS, ¿SOLO POR EL PASADO DE MI MADRE?... Y NO ME VENGAS CON TUS IDEALES DE MIERDA, PORQUE BIEN SABES; NI TU MISMO CREES EN ELLAS —-exclamo, agitada enfadada y apunto de llorar nuevamente por otro hombre. -—Y SI, MIS MALETAS ESTAN HECHAS, ¡¿ACASO OLVIDASTE QUE HARÍAS OFICIAL NUESTRO MALDITO COMPROMISO?!. PUDRETE SHIBA —-cuelgue.
Estrellando el teléfono contra el pavimento antes de siquiera volver a escuchar su cuarta llamada, no lo soportaba, no podría querer a ese hombre.
—-Señora, no debió hacer eso.
Me trague el nudo que iba en aumento en mi garganta, fulminando con la mirada al rubio teñido con expresión sepulcral temblar levemente.
—-Que no tengas las agallas de hacerlo, no, significa que yo sea igual —-le recriminó, haciéndolo aún lado.
—-Perdone mi intromisión, realmente estoy preocupando por la señora y su hijo.
Con mayor razón golpeó el techo del auto, el dolor no apacigua mi rabia ni mucho menos las ganas de ahogarme hasta el tope de vodka.
"Ni siquiera lo pienses. Juramos no volver a caer, que lo protegería con mi vida. No permitiré que pase por lo mismo, que crezca sin mi a su lado...mi pequeño Hope ".
-—Haff, de acuerdo. Perdóname —-me gire haberlo, notando que estaba como siempre inclinado hacia adelante pidiendo perdón. -—Sabes como me pongo, así que deja de hacer eso que no soy Taiju -—abro la puerta del auto, subiendo me para poder descansar lo poco que ahí para llegar a casa.
-—Si, señora —-veo de reojo como sube las bolsas en el maletero y a los pocos minutos, se sube como copiloto. —-Vayamos a la casa de la señora.
"Solo esperó que Don billetes haya tenido un poco de sentido común, y no diga que está con Tony a su Jefe. Lo dudo, mejor le pido a Mamá que vaya por él ".
-—Inui, préstame tu teléfono -—pido, y a los segundos me lo pasa.
Suspiro, marcando el número de Mamá. Una, dos, tres y cuatro pitidos después entra la llamada.
-—Madre, habla Ta-.
«Oh, santo cielos Tao. ¿Que hiciste?»
La voz aguda y algo rota salió de la Tía. Y por segunda vez en mi vida, temí de la siguiente respuesta.
-—Dime qué Tony está contigo.
Silencio, uno que me hizo comprender que algo malo ocurrió con el pequeño.
«...Nos encerramos en la habitación de tu primó, realmente creí que se iría después, pero no fue así. Tao, está armado...disparo a tú Madre...se lo llevó. ¡Ahí mucha sangre! »
Y mi corazón se detuvo, se detuvo cómo aquel día donde se llevaron al hombre más valiente que conocía esposado, repitiendo como un disco rayado y su mirada amorosa perdida en algún punto fuera de la realidad.
-—Cambio de planes -—me dirigí al conductor, colgando la llamada. —-Vayamos directo a la casa del Jefe. Vamos a la recidencial Shiba -—ordeno, colocando mi bota militar encima del asiento del conductor.
-—¿Que ocurrió señora?.
No le contesté, baje el cierre del lado derecho, sacando las piezas de mi revólver que armó ágilmente.
—-No estara pensando.
Saco los cartuchos de mi botin izquierdo recargando, noto el pánico del conductor más lo ignoro, apuntando al rubio.
-—Cruzo la maldita línea, así que no te metas o también mueres —-amenace.
CONTINUARÁ