Chapter 1
Start writing herLA GRAN ODISEA DE LA VIEJA BETSY.
¡ Diablos! Éste videojuego ya se me hace aburrido, pero en algo me tengo que entretener, mientras a "La vieja Betsy", mi destartalada nave es cargada con cápsulas de helio 3 presurizado.
Antes, los juegos tipo free fire eran más fáciles de conseguir online. Ahora ya escasean. Ni modo.
Cuando más metido estaba en el juego, mi jefe, Rodolfo, me habló a su oficina. Me comentó de la misión. Entregar un importante paquete que ya estaba listo y asegurado en la nave.
Equipado con mi traje presurizado, camino rápido rumbo a mi destino, la estación orbital lunar 4.
Grandes nubes de gas refrigerante se mueven perezosas en la base de "La vieja Betsy", una reliquia que aún sobrevive desde los inicios de La gran guerra contra los piratas espaciales. Guerra que por cierto, aún continúa hasta más allá de la órbita de Neptuno.
Aún recuerdo cuando ésta estalló. Los entonces gobiernos separados de la Tierra, se hartaron de todas las atrocidades cometidas por los piratas.
Yo tenía 6 años cuando, en represalia, ellos lanzaron desde el espacio los misiles cinéticos con los que con su gran velocidad, arrasaron con poblaciones enteras.
La ciudad donde vivía, San Francisco, fue destruida por éstos misiles. Mi madre y yo apenas logramos sobrevivir gracias a los viejos bunkers construidos durante la Guerra fría del siglo pasado.
Desde entonces nos trasladamos a Ellam city, donde he vivido casi toda mi vida.
Ya dentro de la cabina de mi nave, compruebo que todos los sistemas estén en estado óptimo.
El conteo regresivo automático para el despegue inicia y cuando los motores de fusión me elevan a gran velocidad, pongo todos mis sentidos en alerta. Todo se pondrá feo una vez que salga de la órbita de la tierra.
Y cómo lo supuse, la guerra continúa en el espacio.
Mis manos sudan al cambiar los controles táctiles de automático a manual. Mi deber es atravesar el área ileso, hasta la estación orbital lunar 4.
Por el movimiento de las naves, sé que me detectaron.
Ya sé que no intentarán entablar comunicación alguna por radio. Ambos bandos creen que soy el enemigo. No me es nuevo. Solo me resta como de costumbre, esquivar sus láseres. Nunca han podido con la velocidad y maniobrabilidad de una nave tan pequeña. Lo único que logran es acertarse los unos a los otros.
¿ Qué? ¡ Se han activado las alarmas de aproximación de misiles, debo ser más veloz que ellos!
La enorme fuerza G me aplasta contra mi asiento al realizar las maniobras evasivas, pero los misiles continúan siguiéndome. Un sudor frío llena mi frente.
¡ Ya sé! Aunque es arriesgado, me aproximaré a los cruceros, para que al girar bruscamente, los misiles impacten con ellos... Sólo un poco más... Ya casi... Casi... ¡ Sí, dió resultado!
Me alejo veloz de él entre la confusión del impacto. Supongo que sus alarmas se han activado, no lo sé, pero ellos se lo buscaron.
He vuelto escapar ileso. sólo me resta recorrer algunos miles de kilómetros hasta mi destino.
¡ Uuuf! Después de hora y media, por fin llego.
Pido autorización para aterrizar y ya fuera de mi nave, en el hangar, avanzo con paso apresurado hacia el elevador.
Tres pisos arriba por fin llego a la puerta del cliente.
El tipo que me recibe, uno mal encarado y desaliñado, examina el paquete y molesto me dice:
—¿ Y la salsa? No esperarás que coma mis tacos al pastor sin salsa.
— ¡ De veras, se me olvidó la pinche salsa, maldita sea!
— Pues si quieres que te dé una buena propina, consíguemela, si no, le pondré una estrella en la aplicación.
— Sí, sí, señor. En un rato se la traigo.
¡ Demonios! Ahora tendré que regresar en chinga a la Tierra, en busca de la maldita salsa.
Bueno, ése es uno de los problemas que llegamos a tener los repartidores de Fubber eats. Ni modo...
FIN.....