Sinopsis
No importaba cuánto tiempo hubiera pasado, tampoco las circunstancias en que se había enamorado, no se arrepentía de haberse casado con “él”; lo único importante para él era salvar la vida de su hijo, darle una oportunidad a la humanidad. Ahora su hijo deberá tomar su lugar, pero de una forma muy distinta y diferente.
—Escúchame bien, de ahora en adelante nadie debe saber jamás cuál es tu nombre, de ahora en adelante todos te conocerán como Saniwa—
—Pero ¿por qué? No entiendo, padre—
—Lo sé, mi amor, sé que no puedes entender lo que te digo, pero escúchame atentamente. Los Revisionistas Históricos y su Ejército de Regresión deben ser detenidos. Yo me convertiré en la Barrera que protegerá el espacio-tiempo; lo que haré, se supone que está prohibido, el pasado no debe ser cambiado, pero no quiero esta vida para ti. Sé que pondré mucho peso sobre tus hombros, pero confío en que podrás hacerlo; con tu poder deberás traer a la vida a los Touken Ranbu, deberás darles un cuerpo humano y proteger la Historia—
Zero sabía que le estaba dando una tarea sumamente pesada a su hijo, pero mientras pudiera mantenerlo a salvo, mientras pudiera darle una oportunidad de cambiar ese futuro, a Zero no le importaba sacrificarse.
—¿pero cómo cambiará eso nuestra vida?—
—No nos queda mucho tiempo, la barrera está por caer y debo crear una nueva y muy poderosa para que tú puedas vivir y hacer lo que te pido, mi pequeño. Deberás proteger la Historia hasta que nuevamente nos encontremos. Cuando vuelvas a verme, ese será el momento clave para ir a ese tiempo y deberás hablar de nuestro futuro con una sola persona. Esta llave deberás entregársela junto a este pequeño cofre; a tu abuelo Yagari Toga. Cuida muy bien esta llave y no abras el cofre hasta que el momento llegue.—
El sonido de fuertes impactos se hacía cada vez más fuerte; él sabía que aquella barrera no resistiría. Debía darse prisa para poner a salvo a su hijo, así que, acercándose para darle un último abrazo, le susurró-te amo hijo, te amo más que a mi propia vida-.
—Recuerda que nadie debe saber lo que le dirás a tu abuelo, seguramente él querrá contárselo a Cross, pero no es una persona de confianza. Mi pequeño, cuando llegues a esa época conocerás a los que iniciaron todo esto. En esa época la verdadera batalla se llevará a cabo; deberás llevar a tus mejores Unidades y confía en todo lo que tu abuelo te diga que hagas, pero nunca, nunca confíes en Cross, Yuuki o Kaname.—
—Está bien… papi, pero al menos dime ¿Quién es mi papá?—
—No puedo decirte su nombre, si te lo digo, podría cambiar el que nazcas y eso es algo que no puede pasar, mi bebé.—
Un último beso y un abrazo fue aquella despedida dolorosa junto a cristalinas lágrimas, pero las cuales guardaban una esperanza para cambiar aquel espantoso futuro. La guerra había consumido casi todo en el planeta y no importaba si sacrificaba su vida con tal de cambiar aquel horrible panorama.
Con paso firme se alejó de su hijo y fue al centro de la Ciudadela, desató todo su poder para crear una barrera única y poderosa, pero también para brindarle el poder suficiente a su hijo.
El sacrificio de su padre le había dado todo el tiempo para fortalecerse y comenzar con su labor, ahora él se encargaba de proteger la Historia con la ayuda de sus Touken Ranbu.
El sacrificio de su padre le había dado todo el tiempo para fortalecerse y comenzar con su labor, ahora él se encargaba de proteger la Historia con la ayuda de sus Touken Ranbu.
¿Cuánto tiempo había pasado desde aquel día? Parecía una eternidad, pero el peso de la responsabilidad lo mantenía en pie. Hace apenas unas horas tuvo que intervenir directamente con sus Touken Ranbu; la Batalla de Hakodate se había convertido en un momento decisivo y, aunque salieron vencedores contra mil soldados del Ejército de Regresión, sabía que la lucha aún no terminaba. Decidió que la Primera Unidad debía regresar mientras enviaba a la Segunda a investigar una nueva distorsión en el Espacio-Tiempo. Al revisar las imágenes que Konnosuke le envió, la sorpresa fue abrumadora: ahí estaba su padre, capturado en una fotografía que parecía anunciar el inicio de una nueva etapa.
Sin perder tiempo, apoyó a los heridos y reunió a sus unidades. —Sé que acaban de regresar de una misión extenuante, pero debemos partir de inmediato hacia donde se encuentra la Segunda Unidad. El momento de actuar ha llegado; vamos a una época clave para impedir que los Revisionistas Históricos sigan existiendo—, anunció con determinación. Aunque el grupo permanecía incrédulo, sabían que era la única oportunidad para acabar con el Ejército y sus creadores. La próxima batalla, colosal e incierta, representaba la esperanza de un futuro mejor y, por ello, estaban listos para arriesgarlo todo.
Yagari Toga estaba incrédulo de aquella historia, pero haber bebido la sangre que Zero le dejó le había dicho todo; la sangre de Zero le había revelado cosas desgarradoras, y decidió que no permitiría que existiera aquel amargo futuro. Sin duda era un desafío enorme, pero no dejaría que ninguno de sus hijos muriera; salvaría la vida de Ichiru, Kaito y Zero. Tampoco dejaría que su pareja Cross hiciera aquellas cosas tan terribles junto a los hermanos Kuran. Lo de Cross le partía el alma y el corazón, pero si Cross no había tenido piedad de sus hijos, él tampoco la tendría con él y mucho menos dejaría que ese mocoso enfrente de él sufriera tanto.
—¿Me cree ahora?—
La pregunta resonó en el aire como un eco de dolor y esperanza, mezclando el pasado y el presente en un instante de vulnerabilidad. Yagari asintió lentamente, sintiendo el peso de todo lo que ahora sabía y lo que estaba dispuesto a sacrificar. Por primera vez, se permitió mostrar su determinación, esa que lo impulsaría a cambiar el destino, sin importar el costo.
Tomó un respiro profundo y, sin apartar la mirada de aquel joven, sus palabras brotaron con una mezcla de resolución y pesar: —No importa cuán difícil sea, ya tomé mi decisión. Haré lo que sea necesario para corregir el rumbo de nuestra historia, aunque tenga que enfrentar a quienes alguna vez amé. No habrá más sacrificios injustos—. El ambiente se impregnó de tensión y melancolía, pero también de una renovada determinación que iluminó sus ojos.-










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