Pídeme lo que Quieras (Freen Becky) G!p

Summary

Freen es una empresaria de mundo, se cruza en el camino con Rebecca una mujer que hasta ahora no había conocido lo que era realmente el placer y disfrutar de la sexualidad, hasta que Freen la lleva por un camino a descubrir el verdadero placer....

Status
Ongoing
Chapters
26
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Chapter 34

Continuare la historia desde el Capitulo 34 para que no pierdan la secuencia...


—Soy una mujer normal, sin grandes pretensiones, que trabaja para tu empresa.

Tengo un padre, una hermana y una sobrina a los que adoro y, hasta ayer, un perroque era mi mejor amigo. Soy entrenadora de fútbol de un equipo de niñas y no cobro un duro por ello, pero lo hago porque me hace feliz. Tengo amigos y amigas con los que disfrutar de partidos, de vacaciones, de ir al cine o de salir a cenar.

Ahora te preguntarás por qué te cuento todo esto, ¿verdad? —Freen mueve la cabeza afirmativamente—. No soy despampanante, no me gusta vestir provocativa y ni siquiera lo intento. Mis relaciones han sido normales, nada del otro mundo. Ya sabes, chica conoce chico, se gustan y se acuestan. Pero nunca nadie ha conseguido sacar de mí la parte que tú en pocos días has sacado. Nunca pensé que el morbo me pudiera volver loca. Nunca pensé que yo pudiera estar haciendo lo que estoy haciendo contigo. Me impones y me sometes de tal manera que no puedo decir que no. Y no puedo decir que no porque mi cuerpo y toda yoquiere hacer lo que tú quieras. Odio que me den órdenes, y más aún en el plano sexual. Pero a ti, inexplicablemente, te lo permito.

En la vida me hubiera imaginado que yo permitiría que una desconocida como tú eres para mí, que no sabe casi ni cómo me llamo, ni mi edad, ni nada de mi vida, me exigiera sexo con sólo mirarme y yo se lo permitiría. Todavía me cuesta comprender lo que ocurrió el otro día en la habitación de tu hotel y…


—No, déjame terminar —le exijo y coloco mi mano en su boca—. Lo que ocurrió el otro día en tu habitación, me guste o no reconocerlo, me encantó. Reconozco que cuando vi las imágenes me enfadé. Pero cuando he vuelto a pensar en ello, en aquel momento, me he excitado y mucho. Incluso el domingo utilicé el vibrador pensando en ti y tuve un orgasmo maravilloso al imaginar lo que ocurrió con aquella mujer en tu habitación. —Freen sonríe—. si quieres volver a jugar conmigo en ese plano, te exijo que antes me

consultes. Como te he dicho al principio de esta conversación, no soy una especialista en sexo, pero lo vivido contigo me gusta, me pone, me incita y estoy dispuesta a repetir.

—¿Incluso sin compromiso por mi parte?

Deseo decir que no, que la quiero sólo para mí. Pero eso significaría perderla y eso sí que no lo quiero.

—Incluso sin eso.

Freen mueve su cabeza, comprensivo.

—Y, por favor… te libero de no tener que tocarme. Bésame y dime algo porque me voy a morir de la vergüenza por la cantidad de cosas locas que te acabo de decir.

—Me estás excitando, pequeña —murmura.

Saco de mi mochila un abanico y le sonrío, avergonzada.

—Pues ni te imaginas cómo estoy yo sólo de decírtelo.

Freen me devuelve la sonrisa y se retira el pelo de cara.

—Tu nombre completo es Rebecca Patricia Armstrong. Tienes veinticinco años, un padre, una hermana y una sobrina. Por lo que he visto no tienes novio, pero sí hombres que te desean. Sé dónde vives y dónde trabajas. Tus teléfonos. Sé que conduces muy bien un Ferrari, que te gusta cantar, y que no te da vergüenza hacerlo delante de mí, y hoy he sabido que eres entrenadora de fútbol. Te gustan las fresas, el chocolate, la Coca-Cola, las chuches y el fútbol y, si te pones nerviosa, te salen ronchas en el cuello y te puede dar ¡el nervio! —Sonrío—. Por la manera en que tratabas a tu mascota sé que amas a los animales y que eres amiga de tus amigos.

Eres curiosa y cabezona, a veces en exceso, y eso me saca de mis casillas, pero también eres la mujer más sexy y desconcertante con la que me he encontrado en la vida y reconozco que eso me gusta. De momento, eso es lo que sé de ti y me

vale. ¡Ah! Y a partir de ahora prometo consultar contigo todo lo referente al sexo y nuestros juegos. Y ahora que me has liberado de mi promesa, te besaré y te tocaré.

—¡Bien! —afirmo levantando los brazos.

—Y una vez solucionado ese tema necesito que aceptes la proposición que te hice para conocerte mejor y para que me acompañes durante el tiempo que esté en Inglaterra —añade—. Esta semana viajaremos a Inglaterra. Tengo dos importantes reuniones el jueves y el viernes. El fin de semana lo dedicaremos, si tú quieres, al sexo. ¿Te parece?

—Tu nombre es Freen Sarocha Chankimha —respondo, sin importarme su frialdad—.

Eres Tailandesa y tu padre…

Pero él tuerce el gesto e interrumpe mi discurso.

—Como favor personal, te pediría que nunca menciones a mi padre. Ahora puedes continuar.

Esa orden me deja cortada, pero sigo:

—Eres una mandona patológica y no sé nada más de ti, excepto que te gusta el morbo y jugar con el sexo. Aun así, me gustaría conocerte un poco más.

Siento su mirada penetrarme. Me traspasa y sé que tiene una lucha interna por abrirse a mí o continuar como estamos. Entonces se levanta y tira de mí. Me besa y yo le correspondo. ¡Dios, cuánto lo echaba de menos! Pocos segundos después, separa su boca de la mía.

—Mi madre es Tailandesa . Duermo poco desde hace años. Tengo treinta y un años. No estoy casado ni comprometido. De momento, poco más te puedo decir.

Emocionada por aquella pequeñísima confidencia, sonrío y, feliz como si me hubiera tocado la Bonoloto, añado haciéndolo reír:

—Señora Chankimha, acepto su proposición. Ya tiene acompañante.

Mi jefa se vuelve loca cuando Freen le informa de que yo lo acompañaré en su viaje a las delegaciones. Heng se alegra de no ser él. Mi jefa intenta convencerlo de mil formas para que yo no lo acompañe. Argumenta cosas como mi falta de experiencia o mi poco tiempo en la empresa, pero al final desiste. Freen manda y ella debe aceptarlo. ¡Toma ya!

Llamo a mi padre el miércoles y le explico mi retraso de las vacaciones por el viaje. Le parece bien y me anima a hacer un buen trabajo. Si él supiera el trasfondo de todo, me metía en una caja y la embalaba para que no pudiera salir. Mi hermana, en cambio, se enfada conmigo. Marcharme durante varias semanas fuera de Tailandia para ella es desquiciante. ¿A quién le va a explicar sus problemas?

El jueves, Freen pasa a recogerme con su chófer a las seis de la mañana. Viajamos en su avión privado y tanto lujo me escandaliza. Parece que acabo de salir del pueblo. Miro todo con tanta curiosidad, que creo que Freenhace esfuerzos por no reír.

Cuando llegamos a Inglaterra, un coche nos recoge en el aeropuerto del Prat y nos lleva directos al hotel Arts. ¡Casi nada! Lo mejorcito de la ciudad. Allí nos alojamos en la última planta en dos suites. Ha cumplido su promesa: habitaciones separadas. Cuando el botones cierra la puerta tras de mí y me quedo en medio de aquella enorme habitación, miro a mi alrededor. Todo es grande, espacioso. Y lo mejor, hay unos grandes ventanales que me permiten ver el mar.

Alucinada por el lujo que me rodea, suelto mi maleta y me acerco a la ventana.

¡Increíble! Tras disfrutar durante un rato del paisaje, comienzo a buscar y a curiosear. Abro la nevera y veo chocolate. Me lanzo a por él. Cuando descubro la zona de mi habitación donde se encuentra la cama, un silbido de camionero sale de mí. ¡Es preciosa! Grandes ventanales que dan al mar y moqueta violeta a juego con

un diván precioso. La cama es enorme y me tiro en plancha sobre ella. ¡Qué pasada! El baño es otra maravilla. Madera clara y una bañera rodeada por espejos.


Al salir del baño, el teléfono suena. Es Freen.

—¿Qué tal tu suite?

—Alucinante. Enorme. Es como cinco veces mi casa —me mofo.

Oigo cómo ríe al otro lado de la línea.

—En media hora te espero en recepción —me dice—. No olvides los documentos.

Llego a recepción puntual y veo a Freen hablando con una mujer. Alta, glamurosa y rubia. Rubísima. Cuando ella me ve, me invita a acercarme a ellos y nos presenta:

—Amanda, ella es mi secretaria, la señorita Flores.

La tal Amanda me hace un escaneo en profundidad y me da mal rollito, pero, en un gesto de profesionalidad, las dos nos damos la mano y Freen añade en Tailandes:

—Señorita Armstrong, la señorita Fisher ha venido desde Berlín. Ella estará unos días con nosotros. Amanda es la encargada de ver si podemos suministrar nuestro medicamento en el Reino Unido.

Sonríe mientras la rubia de piernas largas mueve su cabeza en gesto afirmativo.

Sin embargo, percibo algo raro en su mirada. No sé lo que es, pero no me gusta. Un hombre se acerca a nosotros y nos indica que nuestro vehículo nos espera. Los tres caminamos hacia una enorme limusina negra. Freen se sienta junto a aquella mujer y se olvida de mí. Eso me inquieta. Pero lo que más me molesta es percibir que entre ellos hubo o hay algo. Me lo dicen las miradas de la rubia. De todas formas, como

soy una profesional, mantengo la compostura mientras miro por la ventanilla e intento pensar en mis cosas.

Cuando llegamos a las oficinas centrales de Inglaterra, nos recibe el jefe de la delegación, Xavi Dumas. Nada más verme, me sonríe, y luego saluda a la jefaza y a Amanda.

—Hola, Rebecca —se dirige a mí, después de saludarlos—. ¡Qué alegría volver a verte!

—Lo mismo digo, señor Dumas.

Seguidamente, me saluda Jimena, su secretaria.

—Bec, ¿por qué no me has dicho que venías?

—Porque hasta ayer no sabía que tendría que venir —respondo mientras la abrazo.

Jimena, con el gesto divertido, observa a Freen, para luego mirarme a mí con picardía.

—Vaya, vaya, con la jefaza … ¡Está potentón!

Ambas nos reímos, pero nos dirigimos sin demora hacia una salita que ella me indica.

Instantes después, varios directivos, entre los que se encuentran Freen y Amanda, entran en la estancia. Es una sala rectangular de paneles oscuros y una cristalera que da a un monte. En el centro de la estancia hay una larga mesa con varias sillas y, en un lateral, varias mesitas más pequeñas. Me siento a una de esas mesitas y

Freen preside la mesa justo frente a mí. Su mirada implacable me hace recordar el mote que le puso Miguel: Iceman. Al recordarlo, no puedo evitar sonreír.

La reunión comienza y Jimena, avisada por su jefe, se levanta de mi lado y se sienta a la mesa. Su jefe quiere que ella traduzca todo lo que él vaya diciendo para

la tal Amanda. Atiendo a lo que dicen y observo que Jimena es una excelente traductora. Pero ocurre algo que me sorprende. En un momento dado, el señor Dumas menciona al padre de Freen y ésta, muy seria pero también muy educadamente, le pide que no vuelva a nombrarlo. ¿Qué habrá pasado entre padre e hijo? Una hora después, mientras la reunión continúa su curso, recibo un mensaje en mi portátil..