Capítulo 1 - No todo es igual después de dos años separados
Por fin.
Por fin llegaban al Archipiélago Sabaody, estaba tan ansioso por llegar que incluso besó el suelo cuando bajó del barco, Sanji alzó la mirada encontrándose con la mirada de hombres y mujeres mirándoles con extrañeza.
- ¡MUJERES, MUJERES DE VERDAD! – gritó.
Se acercó a unas cuantas que escandalizadas le rehuían, pero eso no parecía importarle mientras se acercaba a otras con el mismo resultado.
- Ay Sanji-chan, de verdad parece que tengas tantas ganas de irte... te vamos a echar de menos, bombón.
- ¡Por supuesto que tengo ganas de perderos de vista, malditos okamas! – Regresó hacia estos que sollozaban y lloraban en sus pañuelos rosas con bordados – Por fin voy a reencontrarme con Nami-swan y Robin-chwan. Me pregunto si habrán cambiado mucho en estos dos años... sus cuerpos...
No hacía falta ser un genio para saber que se le pasaba por la cabeza en ese momento pues el chorro de sangre por la nariz lo decía todo. Los okamas se miraron entre ellos.
- Ahora que hemos llegado ¿No vas a...?
- No tengo tiempo que perder. – interrumpió Sanji alzando la mano para callarlo – Gracias por haberme traído hasta aquí y por todo lo que me habéis enseñado, pero ojalá no nos volvamos a ver en la vida.
- Ahhh, Sanji-chan es tan malo~ - se quejaron, al ver que se alejaba a toda velocidad, alzaron sus pañuelos a modos de despedida – Adiós, Sanji-chan.
- Ten cuidado, querida~
- ¡QUERIDA TUS MUERTOS! – le gritó desde la distancia enseñándoles el dedo corazón.
La mochila le pesaba como un demonio, llevaba todas sus pertenencias ahí dentro, su recetario nuevo y otras cosas, se moría de ganas de ir al punto de encuentro, pero antes tuvo que hacer una parada, no podía presentarse con esas pintas. Tenía que cambiarse de ropa.
Nadie diría que hacía dos años en ese mismo archipiélago fue una auténtica locura cuando los piratas de la peor generación se reunieron allí, la Marina y los Mugiwara. La situación les vino demasiado grande cuando Luffy desafió al Gobierno Mundial asestándole un puñetazo a un tenryubito, aparecieron los soldados, un puñado de Kumas mecánicos, y hasta un Almirante para ir a por ellos, tuvieron la suerte de que el Kuma original les salvase, aunque en ese momento no lo supiesen y los separasen a lo largo y ancho del mundo.
Para desgracia del rubio acabó en la isla de los Okamas, esos seres que intentaron convertirle en uno de ellos, hasta que apareció Ivankov con noticias de Luffy y todo lo que le sucedió en Marine Ford volviendo después para dejarles el mensaje de que se volverían a reunir en dos años en el mismo lugar. Tuvo que apretar dientes y resignarse, el propio capitán se había dado cuenta de que con la fuerza que tenían ahora no podrían derrotar a sus enemigos y seguramente estaría entrenando para poder hacerlo, por lo que él no se quedaría atrás, si esos tipos vestidos de mujeres tenían algo que enseñarle sin duda alguna lo aprovecharía con tal de poder convertir a Luffy en el Rey de los Piratas y reencontrarse con los demás.
Encontró el bar de Shakky con facilidad, recordaba perfectamente donde estaba y en su interior estaba ella tras la barra como siempre.
- Los años no pasan para ti, mi hermosa Shakuyaku. – se acercó hasta ella y tomó su mano para besarla que esta la apartó con suavidad.
- Eh... ¿Te conozco? – frunció ligeramente el ceño echándole una mirada de desconfianza.
- Oh, lo siento querida. – se encendió un cigarrillo – Comprendo tus dudas, tu caballero pronto estará como siempre, es solo algo temporal.
- ¿S-Sanji? – abrió los ojos con sorpresa - ¿Qué te ha pasado?
- Nada que merezca la pena explicar. ¿Soy el primero en llegar?
- Ah, no. Otros han llegado antes que tú, el primero fue el espadachín Roronoa. Aún faltan otros por llegar, Luffy tampoco ha llegado.
- ¿En serio? Que el marimo llegue el primero sí que es para sorprenderse. – se rio de su propio comentario – Entonces tengo tiempo para ir a comprar provisiones. Volveré en un par de horas, preciosa.
Dejó allí la mochila, de lejos vio a Duval, no tenía ganas de enfrentarse a ese tipo en esos momentos, era demasiado pesado y tenía cosas mejores que hacer. Fue al mercado, pero no vio nada bueno allí y se encaminó a una zona más apartada donde vio a un señor bastante agobiado.
- Ey, viejo ¿Qué te pasa? – le preguntó.
- U-Un joven me pidió una caña de pescar y se la dejé al igual que mi barca, pero se ha equivocado y ahora está atrapado en un galeón que se dirigía a la isla Gyojin.
- Jajajaja pero quien es tan idio... - se calló de repente – oye... ¿Ese tipo tenía el pelo verde y tres espadas?
- ¿Eh? ¿Cómo lo sabes?
- Joder, ese inútil... - chasqueó la lengua – Pues nada, le veremos cuando vayamos nosotros allí, que remedio.
Estaba a punto de alejarse de allí cuando unas enormes burbujas comenzaron a explotar en la superficie marina y de repente un enorme barco salió partido en dos dejando a más de uno con la boca abierta, no fue el caso de Sanji que solo suspiró, pues a lo alto de una de las mitades estaba Zoro envainando la espada.
- Ah, me equivoqué de barco. – se rascó la nuca sin decírselo a nadie en concreto.
- Ey, marimo de mierda. – exhaló el humo lentamente hasta que la mirada, ahora tuerta del espadachín, se fijó en quien le hablaba - Sólo tu podías equivocarte tan estúpidamente para confundir un galeón con un barco de pesca.
- ¿Quién co...? – se calló, al principio no le reconoció, pero solo había una persona en el mundo que le llamaba así - ¿Cociner...o?
- En carne y hueso. – le sonrió.
Eso decía, había cambiado en esos dos años, su cabello rubio ahora estaba peinado en el sentido contrario, igual que su absurda ceja en espiral que ahora se torcía hacia el entrecejo, su ojo visible como el que ocultaba bajo su flequillo era también azul... era lo único que podía decir que se mantenía igual porque por lo demás jamás le habría reconocido, ya que ahora era una mujer. Vestía con una minifalda negra de tubo con una chaqueta americana que se abotonaba bajo ese generoso pecho que ahora sobresalía en esa camisa naranja abierta un par de botones y dejaba ver algo de escote.
- Ey, marimo. ¿Dónde tienes los ojos puestos? – sonrió de lado.
- ... ¿Tanto te gustan las mujeres que te has convertido en una, Cejas de mierda?
- ¡Imbécil! – le arreó una tremenda patada que de nuevo lo mandó al mar, al viejo que le prestó la caña de pescar a Zoro casi le da un infarto al corazón - ¿Crees que estoy así por gusto? ¡Sal del agua para que pueda patearte otra vez el trasero!
- Ah. En eso sigues igual, número 7. - dijo cuando salió de nuevo, Sanji podría jurar que se le había formado una sonrisa.
- ¿Número 7? – repitió ese extraño mote plantándole cara, demostrando también que en ese tiempo también había crecido, de hecho, por llevar tacones le sobrepasaba unos centímetros.
- Eres el séptimo en llegar, así que eres el número siete.
- ¡Déjate esa mierda, para una vez que llegas el primero a algún sitio no nos enumeres!
- ¿Y bien? ¿Vas a contarme por qué ahora eres una mujer? – se cruzó de brazos.
- Pues... - iba a empezar, pero vio que el hombre seguía atento a ellos - ¿Qué pasa? ¿Quiere palomitas o qué?
- N-No... - Vaya carácter tenía la chica, iba a preguntar por la caña, pero mejor no.
- Tsk, hablemos en otro sitio.
Zoro se rio entre dientes mientras se alejaban del puerto en el que tanto revuelo habían causado. Sanji se le había adelantado unos pasos, ahora podía ver su nueva figura de espaldas, su cabello era ahora un poco más largo, le llegaba por el final de la nuca y sus hombros eran más estrechos, su cintura siempre fue estrecha, pero ahora estaba más acentuada, eso o eran las caderas que ahora eran más anchas por ese trasero redondo que se contoneaba por sus largas piernas que ahora dejaba visibles y terminaban en unos botines negros.
- ¿Disfrutando las vistas, marimo? – se giró sobre sí mismo con una sonrisa burlona en los labios.
- Vale que ahora eres una tía, ¿pero por qué vistes como tal?
- No podía ir con mi ropa, no me quedaba bien.
- Tan presumido como siempre...
- Puede que haya cambiado de género, pero eso no significa que deba ir como un fantoche como tú.
- ¿Ya tienes ganas de pelear?
- Que susceptible. – fue su turno de reírse, se alegró ver que en eso Zoro tampoco había cambiado.
- Habla de una buena vez.
- Ah, sí. – apagó el cigarro con la suela de zapato – No sé cómo lo tuviste tú de complicado para llegar hasta aquí, pero en la ruta que tomé para venir hasta aquí me crucé con una flota de la Marina que iba dirigida por un Vicealmirante. No podía arriesgarme a que me descubriesen y... digamos que mis compañeros de viaje me ayudaron a “disfrazarme”, por suerte no fue el abuelo de Luffy, él me habría reconocido seguro.
- Entiendo. – La Marina vigilaba muchas rutas y después de estar tanto tiempo separados no podía retrasar a los demás o que estos le persiguiesen, tomó la mejor decisión... aunque acabase así.
- Tú también has vuelto con unos buenos pechotes, ¿eh?
- ¿PERDONA! – exclamó enfurecido al ver como señalaba hacia su cicatriz – Se llaman pectorales.
- Ponles el nombre que te dé la gana, como si quieres llamarlas Kuka y Monji, pero son más grandes que las mías, jajajaja. – se rio con ganas acercándose hacia él – Déjame tocarlas.
- ¡Vete a la mierda! – se apartó.
- Vamos, solo un poquito~ -hizo el gesto de estrujarlas en el aire.
- ¡Que te he dicho que no, Cejas de mierda! – tuvo que esquivarle de nuevo - ¿Qué te parecería si te dijese de hacerte lo mismo?
- Ah, que marimo más pervertido... Así que esas eran tus intenciones.
- ¿Q-Qué? Y-Yo no...Yo n-no. – se sonrojó a más no poder sin saber que decir.
- ¿Ahora te pones tímido después de tal petición? Venga, ya que tienes tanta curiosidad... - alzó los brazos echándose las manos hacia la cabeza creando una bonita pose con mayor escote como había visto en alguna modelo de sus viejas revistas eróticas del Baratie.
- ¿Q-Qué dices? - ¿Se había vuelto loco?
- Venga, vamos... No me tengas así. – suavizó su voz y se mordió el labio inferior de forma erótica.
- ... - Estaba sin habla, lo último que esperaba era, para empezar, era volver a ver al rubio como mujer y que encima le hiciese tal propuesta.
El cuerpo de Sanji empezó a temblar hasta que no pudo aguantar más y estalló a carcajadas, doblándose por la mitad de la risa que tenía. Zoro, por su parte, hinchó las mejillas, notando él mismo lo rojas que estaban por la vergüenza que estaba pasando por la humillación que le había hecho pasar el otro. Se dio la vuelta para irse, pero el cocinero le detuvo sosteniéndole por el antebrazo.
- Ay, ay, perdona... - intentaba dejar de reírse, hasta estaba llorando de la risa y tuvo que limpiarse los ojos – es que no me esperaba que te fueses a poner así. Que adorable por tu parte, marimo.
- Tsk, no iba a tocarte. – Respondió todavía sin mirarle a la cara.
- Ya lo sé, hombre. Tú jamás harías algo así. Es que vas provocando y claro... no podía resistirme...
- Cejillas... - le gruñó con tono de advertencia.
- Ah, por fin me miras. – le sonrió – Perdona, solo estaba bromeando. – le sacó la lengua de forma juguetona.
- ... - sus mejillas aún estaban encendidas y se rascó la nuca – Está bien.
- Oh. – Se sorprendió, no esperaba que fuese a ser tan fácil. Todavía le notaba nervioso y evitaba mirarle, ¿Sería por su forma femenina?
- ¿Qué? – preguntó malhumorado.
- Nada. Ven conmigo a por provisiones, no quiero que te vuelvas a perder.
- Yo no me pierdo.
- Son los caminos que se mueven... ya, lo que tú digas.
Llegaron hasta una parte del mercado que el cocinero todavía no había visto, esperaba tener mejor suerte que antes, pero ahora tenía que estar pendiente de algo más.
- ¡Oye, cabeza de musgo! – echó la mirada hacia atrás – No te alejes de mí, no quiero que te pierdas
- ¿Con quién crees que estás hablando, Cejas barbudas?
- ¿Qué has dicho? – enseñó sus dientes, hasta que un olor captó su atención – mmm, algo huele bien.
Un puesto ambulante de pinchos de carne estaba en un lado de la calle, donde una señora de cabello rizado estaba justo dándoles la vuelta para que se cocinasen por el otro lado justo cuando apareció una cliente.
- Buenos días, prueba un poco. – Aunque al ver a la joven babeando le impactó un poco.
- ¡Es deslumbrante, hay una mujer a mi alcance!
- ... - La mujer no supo que decir.
- Ey, marimo ¿Quieres...? Argh ¿Dónde se ha metido ese desgraciado? Bah, ¿Quién lo necesita?
Se compró un par de pinchos y curioseó por los alrededores, los dependientes de otros puestos fueron muy amables con él, más que de costumbre, e incluso alguno le rebajó los precios y hasta otros le dieron comida extra. Eso era nuevo.
Al conseguir algo de provisiones se topó por fin con el espadachín perdido y le asestó un rodillazo en el trasero que le hizo levantarse del suelo.
- ¿Qué haces imbécil! – gritó este enfadado.
- ¡Deja de perderte, musgo de mierda!
- ¿Por qué diablos debería de hacerte caso?
- No puedes irte por ahí solo porque eres capaz de perderte en una habitación cerrada y no quiero tener que ir a buscarte por ahí, solo faltan unos cuantos para poder irnos de aquí, así que te toca quedarte conmigo.
- ¿Crees que quiero ir caminando contigo?
- ¡Causarás más problemas si sigues deambulando por la isla, musgo extraviado!
- ¡Que no me llames así, Cejas ridículas!
- Oye, oye, oye... - intervino una tercera voz que hizo que estos se girasen a ver. Era un tipo corpulento, era evidente que era pirata por las ropas que llevaba puestas y su aspecto al igual que los otros cinco que le acompañaban. – Ey, guapa ¿Te está molestado este fantoche?
- ¿A quién le hablas? – preguntó Sanji.
- A ti, preciosa.
- ¿Cómo que preciosa, imbécil! – le gritó.
- Eres una tía, Cejillas. Claro que te habla a ti. – Bufó molesto por la interrupción.
- Mierda, es verdad... Sí, me está molestando este idiota, pero es asunto mío. Piérdete.
- No te pongas así, rubita. – se acercó hasta Sanji para imponer su corpulencia, medía dos metros y sus músculos eran el doble que los de Zoro – Yo puedo cuidar de ti.
- Deberías preocuparte más de ti mismo y que no seas tú el que nos moleste.
- No te hagas la dura, deja que te salve y pasemos un buen ra... - iba a coger el brazo de Sanji, pero no pudo terminar la frase, Zoro le asestó con el pomo de la katana en su costado y lo mandó a volar.
- ¡Te me has adelantado, marimo de mierda!
- Hablaba demasiado, ¿vosotros tenéis algo que decir? – el resto negó con la cabeza y fueron a ayudar a su capitán.
- Joder, lo que yo decía. Vamos al barco, todos vendrán enseguida.
- Tsk, ¿Por qué el número 7 es tan mandón con el número 1? – se dio la vuelta.
- ¿Por qué nos clasificas según el orden de llegada? – preguntó exasperado - ¡Llegaste el primero de casualidad, que no se te suban los humos!
- Lo siento mucho, número 7. – dijo con la boca pequeña con gran sarcasmo.
- ¿Con que esas tenemos? Está bien, ya me has calentado. – apretó el puño señalándole - ¡Pelearé contra ti! ¡Estuve dos años entrenando mis piernas en el Infierno!
- ¡Adelante, te cortaré por la mitad! – Desenvainó una espada.
Sanji fue el primero en lanzarse al ataque sin importarle llevar las burbujas flotantes con las provisiones, tomó impulso a como estaba acostumbrado hacer, lo que no se esperaba es que fuera a ser tan potente y no le dio tiempo de maniobrar absolutamente nada y se lanzó a bocajarro hacia el peliverde que tampoco esperaba ese ataque tan patoso por parte del rubio y acabó estampado contra el pecho de Zoro que lo tiró al suelo.
- A-Ay... - se quejó adolorido poniendo su mano en la frente por el posible chichón.
- ¿Q-Qué mierda de ataque ha sido ese? – preguntó todavía en tierra con Sanji sobre su cuerpo que se había sentado sobre su estómago.
- He cogido demasiado impulso... ahora por lo visto peso menos y he calculado mal.
- Vaya mierda de entrenamiento has hecho, Cejillas. – sonrió con aires de superioridad.
- ¡Idiota, tengo este cuerpo desde hace unas horas, todavía no sé cuáles son mis límites! – le apretujó la nariz.
- Vaya excusa de mierda. – dijo cuándo se libró del agarre con prisas, pues Sanji no paraba de removerse encima suya - ¿Hasta cuándo piensas estar ahí? Bájate ya.
- ¿Eh? – se dio cuenta entonces de que estaba sentado suya con las piernas rodeando la cintura de Zoro por los lados, se sonrojó un poco, pero vio otra perfecta oportunidad de molestarle - ¿Qué te pasa? ¿Te pone nervioso tener a un bellezón como yo sobre ti?
- ¡Q-Que dices? – sus mejillas sí que se sonrojaron más, por suerte al ser su tez más oscura no se notaba tanto. - ¿Qué bellezón ni que mierda? ¡Baja!
- No desenfundes la cuarta espada que de la patada que le doy la convierto en una daguita ridícula como la que llevaba Mihawk y te pinchó con ella. – amenazó con una sonrisa traviesa en los labios.
- Cocinero... - su paciencia estaba llegando a su límite.
- Bere, bere, bere, bere~ – sonó el Den Den Mushi.
- Oh, me llaman. – ignoró al espadachín poniéndose en pie para sacarlo de su chaqueta - ¿Qué ocurre?
- La Marina está en marcha y Luffy debe de andar por ahí. – informó Franky - Vamos a llevar el Sunny al manglar 42, así que reuníos allí.
- Entendido. – Colgó el aparato.
- ¿Qué quería? – preguntó Zoro ya en pie de brazos cruzados.
- ¿No estabas escuchando? – suspiró – A ver... Marina. Viene. Nosotros. Barco. Huir. – Hizo mímica con los brazos - ¿Lo has pillado?
- ¡Pues no! ¿Por qué hablas así! ¡Haz una frase entera!
- Supuse que un cabeza hueca como tú no podría entenderlo.
- Bien. Tú. Luego. Rebanado.
- Sí, sí... - puso ojos en blanco ya sin ganas de continuar con eso.
- Por cierto, ¿has oído ese escándalo?
Si algo habían aprendido en todo el tiempo que llevaban siendo Mugiwaras, es que si había jaleo, entonces estaba el capitán, por lo que no dudaron en dirigirse hacia allí y encontrarse con un montón de piratas reunidos que habían sido convocado por los falsos Mugiwaras que no tenían ni idea de qué diablos estaba ocurriendo, pero sí de que la Marina les estaba atacando y pudieron ver a Luffy alejarse de allí.
- ¡Luffy, sabía que eras tú! – corrieron ambos en su dirección, felices de verle de nuevo después de dos años - ¿Por qué siempre estás metido en problemas?
- ¡Esta vez no hay duda! ¡Cuánto tiempo, chicos! – exclamó.
No hubo tiempo para abrazos, la Marina reconoció de inmediato a Roronoa Zoro y mandaron a por él a un Pacifista para que lo capturasen, lo que no esperaban es que de una simple patada y un profundo corte, se deshicieron pronto de él.
- ¡Lo he rebanado!
- ¡No, yo le he partido el cuello! – Discutieron por ver quién de los dos le había dado el golpe de gracia.
- Oye, Luffy. Tú eres el noveno. – siguió Zoro a lo suyo.
- ¡Silencio, deja de presumir! – le regañó el rubio - ¡Luffy, deprisa, los demás nos están esperando!
La Marina iba a ir tras ellos, pero Rayleigh se interpuso para poder darles tiempo para que pudiesen huir. Luffy le dio las gracias por todo lo que hizo por él durante esos dos años y así, echaron a correr hasta que Chopper fue a buscarlos con uno de sus amigos que hizo en la isla, una enorme ave que cargó con ellos y los llevó hasta el barco donde ya estaban todos esperándolos.
Sanji, todavía desde el ave, pudo ver a Robin y a Nami, le pareció que estaban todavía más hermosas que cuando se separaron y un potente chorro de sangre le salió por la nariz con tanta fuerza que cayó al agua y Usopp tuvo que ir a rescatarlo, al llevarlo a cubierta fue entonces cuando se dio cuenta del nuevo aspecto de su amigo, no tuvo tiempo de decir nada, pues el cocinero escuchó que la preciosa Boa Hancock estaba allí para ayudarlos a escapar, fue verla y quedar petrificado.
- ¿Qué hace aquí la Shichibukai? – preguntó Nami sorprendida.
- ¡Ah, son Hancock y las chicas! – dijo Luffy – Han venido a ayudar ¡Vamos a zarpar!
- ¿La conoces?
- Si, fui a la Isla de las Doncellas y me hice su amigo.
- Esa es la legendaria isla donde solo hay mujeres, ¿no? – comentó Usopp. – No sabía que fuera real.
- ¿Te hiciste amigo de la Emperatriz Pirata? – rugió Sanji para luego lloriquear - ¡Oye! ¿De verdad estuviste entrenando duramente?
- Sí.
- Maldición... ¡No es justo! – se tiró al suelo dando puñetazos a la cubierta.
- ¿Qué te pasa, Sanji? – preguntó inocentemente el capitán.
- ¡S-Sanji-san? – preguntó asombrado Brook ante el nuevo aspecto de su nakama - ¡Ahora eres una mujer!
- ¿Eh, en serio? – se hurgó la nariz Luffy.
- ¿Cómo que en serio? ¿Es que no te habías dado cuenta, zoquete? – preguntó Nami exasperada.
- Menudo súuuper pibón, jajajaja. – dijo Franky con su pose.
- ¡No es tiempo para eso, nos bombardean! – gritó Usopp al escuchar más cañonazos.
- ¡A sumergirnos! – Ordenó finalmente el chico de goma.
El Sunny se sumergió en el agua, que con la ayuda del revestimiento que hizo Rayleigh se convirtió en una burbuja que pudo adentrarse sin problemas y huir de sus enemigos, algunos suspiraron más aliviados que otros, pero ya relajados cuando vieron las nuevas vistas que se les presentaba frente a ellos.
- ¡Mirad que bonitos esos árboles! – señaló Luffy - ¡Ah, no! ¡Son raíces!
- Ahora que caigo, Sabaody está formado por manglares gigantes. – comentó Sanji apoyado en la barandilla contemplando esa maravilla.
- Ya había visto esto. – Dijo Zoro con indiferencia.
- ¡Porque fuiste en el barco equivocado! – gruñó - ¡Cállate, no jodas el ambiente!
- ¡Vamos a celebrar una fiesta de reencuentro! – gritó de repente el capitán.
- ¡Eso, eso! – corearon Usopp, Chopper, Franky y Brook.
- Mirad toda la comida que me ha preparado Hancock. – abrió su mochila dejando ver la exagerada cantidad de bentos que había.
- ¡Fiesta! – sacó Brook su violín y comenzó a tocar canciones animadas.
- No tenéis remedio... - sonrió Sanji yendo a la bodega junto a Franky y sacaron cada uno todos los barriles que pudieron, los otros ya se habían encargado de sacar las jarras.
Las copas brincaban de un lado para otro, felices de verse e ir empezando a contar batallitas que les había sucedido a cada uno, los más ruidosos más bien se dedicaban a hacer sus payasadas de siempre y otras nuevas que habían aprendido.
Las horas pasaban y el alcohol embriagaba a más de uno en las profundidades del mar, Zoro estaba callado, era algo raro en él ya que cuando bebía solía tener una sonrisa tonta en la boca, pero no paraba de vigilar los movimientos del rubio que se dedicaba a atender sobre todo a las chicas y a contener sus ganas de derramar su sangre.
- Cocinero, – le llamó cuando vio que estaba un momento libre - ¿tienes un momento?
- ¿Eh? – le sorprendió el tono tranquilo de este y se le acercó - ¿Qué pasa?
- ¿Podemos hablar?
- ...¿Va todo bien? – se preocupó.
- A todo esto, Sanji-kun... – interrumpió la morena sin darse cuenta de que estaba cortando algo importante - Aun no nos has contado el motivo de tu cambio.
- ¡Eso, eso! Y lo más importante, Sanji- san... - dio un trago a su bebida Brook - ¿Me enseñas tus bragas?
- ¡Por supuesto que no! – le gritó para luego cogerse el borde de la minifalda y subírsela un poco – Llevo calzoncillos, idiota.
- Eso... eso es un insulto para los ojos. Ah, pero yo no tengo ojos, así que me vale ¡Yohohoho!
- Eso también es sexy, es como si llevara la ropa interior de su novio. – dijo Franky.
- ¡Os estáis yendo del tema en cuestión! – les atizó Nami a cada uno de ellos.
- ¡Un golpe de Nami-swaaaan! – lloriqueó de pura felicidad - ¡Los echaba tanto de menos!
- ¡Céntrate, maldita sea! – le regañó la navegante.
- No te preocupes por esto, - se encendió un cigarrillo nuevo – tuve que disfrazarme de esta manera porque la Marina estuvo a punto de descubrirme.
- ¿Disfrazarte? ¿Eso significa que volverás a la normalidad? – preguntó curioso Chopper.
- Sí, claro. Esto es temporal.
- ¿Temporal? – murmuró Zoro interesado.
- ¿Eh? Qué lástima... - se quejó Brook – Pensé que por fin podríamos hacer algo divertido juntos, Sanji-san.
- ¡No os pienso dejar hacer tal cosa, pervertidos! – amenazó Nami.
- Además sería muy raro... - dijo Usopp – al fin y al cabo, Sanji sigue siendo Sanji, ya sea hombre o mujer.
- Ah, Nami-swan está preocupado por mí, que feliz me haces. – se le ocurrió una idea de repente – Podría dormir con vosotras, ya sabéis, estaríamos entre chi...
No pudo terminar la frase del ostiazo que le propinó la pelirroja dejándolo hecho una pena en el suelo de la cubierta dando por zanjada la conversación.
- Ey, cocinero de mierda. – Zoro le pockeó con el pie para que reaccionase y este le miró con cara de pocos amigos - ¿Has dicho que vas a ser tía de manera temporal?
- No me des con el pie... - se quejó mientras se sentaba y se sacudía el polvo de la ropa – Sí, los efectos no son permanentes, mañana seguro que ya se me ha pasado.
- ... - Se quedó callado.
- Ah, sí. – recordó que les habían interrumpido - ¿Qué querías decirme?
- ... - Lo sopesó unos segundos, miró su entorno y finalmente tomó una decisión – Puede esperar.