Capítulo 1
El hombre, de nacionalidad colombiana, suspiró de manera molesta, parecía que había soltado alguna especie de gruñido, su cuerpo se vio más aprisionado contra la pared del sofá, incluso llegando a hundir un poco el objeto.
Con su mano tomó el cigarro que se encontraba en su boca y la separó de esta, acto seguido dejó soltar el humo tóxico que tenía en su interior. Pasó la palma sobre su rostro con brusquedad, y con su pulgar e índice masajeo lentamente su tabique nasal; su temperamento reflejaba la frustración que sentía por la situación que estaba pasando, su mente daba mil y un vueltas intentando, regular sus pensamientos.
De repente, comenzó a darse pequeños golpes con la palma de su mano en contra de su frente, soltó un último suspiro de molestia, se sentía enfermo, y no medicamente hablando. El colombiano intentaba idearse que era exactamente lo que sentía por su hermano menor, sí, era asqueroso lo que por su mente pasaba, pero ni él podría evitar dichos pensamientos morbosos.
Con brusquedad se paró de donde estaba, soltó el cigarro y dejó que este se cayese al suelo, como continuidad lo terminó pisando y restregando contra el duro suelo de la habitación. Se detuvo por breves segundos en su lugar, apretando sus puños con molestia, para acto seguido golpear una parte del sofá y hasta patearlo con fuerzas; necesitaba calmar su estado, y atacar algo era lo único que lo distraída por breves momentos.
Al parecer soltó un último suspiro frustrado, pasó por el sofá y tocó la baranda de las escaleras. Observó por última vez el sitio en donde estaba, para luego comenzar a subir los escalones. Pasó por un largo pasillo, tomándose el tiempo para apreciar las fotografía del lugar, nada del otro mundo, sólo imágenes de él y sus tres hermanos menores. Sus ojos se fijaron en el venezolano, un sonrojo apareció en sus mejillas, para acto seguido apartó bruscamente la mirada de aquel lugar.
Siguió con su caminar e intentó quitar todo los pensamientos que tuviese en ese momento, pero todo se volvió un caos en su cabeza cuando estuvo al frente del cuarto de Miguel; Carlos frunció el ceño, mordió su labio inferior y miró otro lado, sus pupilas se dilataron un poco, pasando su vista nuevamente hacia la puerta ──Me voy a arrepentir de esto. ──se dijo para sí mismo en un susurro. Con sus dedos tocó la perilla, lentamente, apretó su mejilla interna de manera pensativa, a la final terminó por cumplir su cometido. La habitación del venezolano no era la gran cosa, era sencilla y cómoda, y en medio de esta se encontraba el dueño de dicho lugar, descansado plácidamente. Carlos examinó aquello con detenimiento.
El colombiano caminó lentamente hacia la cama, ahora llegando a estar frente de uno de los lados y cerca del rostro de su hermano. Con su mano acarició el cabello marrón del ajeno, una extraña excitación apareció en su cuerpo, y, por ende, no pudo evitar morder su labio inferior; su mano viajó hasta la mejilla del venezolano, acariciándolo, aquello le causó ciertas cosquillas al chico durmiente —Uuum. —soltó Miguel, acomodándose más en su lugar. Una pequeña sonrisa apareció en el rostro del cafetero.
Carlos se sentó sobre la orilla de la cama, hundiendo un poco esta, por suerte el venezolano no sintió aquello y no se despertó. La ágil mano del hombre siguió bajando, quitó un poco la cobija y acomodó el cuerpo ajeno para que estuviese boca arriba, ahora se atrevió a subir aquel nivel de manera rápida, metiendo lentamente su mano sobre la camisa del menor, pudo sentir como la piel del venezolano se estremecía y se colocaba como gallina; a Carlos le pareció entretenido el gesto.
Sus pensamientos dieron varias vueltas sobre su cerebro, sabía que se metería en muchos problemas por hacer aquello, pero para este punto ya todo le daba igual, de todos modos nada malo saldría si Miguel no se enteraba de lo sucedido.
Lentamente se acomodó en su lugar para colocarse encima del moreno, agarró las piernas del contrario y las subió un poco para que estuviera a la altura de sus caderas; el venezolano soltó un leve gemido, demostrando incomodidad, pero todo eso no logró despertarlo. Carlos siguió toqueteando el pecho del ajeno, se acercó a él y comenzó a dejar leves besos sobre el cuello del muchacho, logrando que este soltara más sonido hasta el punto de fruncir el ceño a pesar de estar dormido.
──Interesante. ──susurró de manera casi inaudiblemente, sus labios subieron y se toparon con la boca ajena, sus ojos evaluaron brevemente las facciones el venezolano, lo pensó por breves segundos, pero luego fue decidido y acto seguido lo besó. El gesto comenzó lento, pero al pasar los segundos la paciencia del colombiano iba desapareciendo, ahora su acción se volvió profunda y con algo de desespero.
Con su mano apretó las mejillas del contrario, haciendo que la boca de Miguel se abrió para él, aquello lo aprovechó Carlos y adentró más su lengua en el venezolano; se le notaba ansioso. Aquel acto de fuerza sí logró despertar al moreno, el cual se mostraba asustado ante la imagen que estaba teniendo; rápidamente empujó al mayor, haciendo que el colombiano se notara nervioso.
Los dos se miraron, uno más asustado y el otro con rabia. La expresión del venezolano cambió drásticamente ──¡Maldito enfermo!. ──gritó, mientras tomaba una almohada y se dignaba a lanzarla contra el rostro ajeno, tumbando a Carlos con levedad. Rápidamente se levantó de su lugar, saliendo por la otra esquina de la cama y automáticamente abandonó la habitación.
El corazón de Carlos se agitaba cada vez más, sin saber que sentir con exactitud, si miedo o excitación.
